Las aventuras de
Robinson Crusoe
1
Nací en 1632, en la ciudad de York,
de una buena familia, aunque no de
la región, pues mi padre era un
extranjero de Brema que,
inicialmente, se asentó en Hull. Allí
consiguió hacerse con una
considerable fortuna como
comerciante y, más tarde, abandonó
sus negocios y se fue a vivir a
York, donde se casó con mi madre,
que pertenecía a la familia
Robinson, una de las buenas
familias del condado de la cual
obtuve mi nombre, Robinson
Kreutznaer. Mas, por la habitual
alteración de las palabras que se
hace en Inglaterra, ahora nos llaman
y nosotros también nos llamamos y
escribimos nuestro nombre Crusoe;
y así me han llamado siempre mis
compañeros.
2
Habiéndole dado de comer carne hervida y caldo, decidí que, al día
siguiente, lo agasajaría con un trozo del cabrito asado. Lo preparé
del mismo modo que lo había visto hacer a mucha gente en
Inglaterra. Colgué el cabrito de una cuerda junto al fuego, clavé dos
estacas, una a cada lado del fuego, y, apoyada entre ambas,
coloqué una tercera estaca, alrededor de la cual até la cuerda para
que la carne diera vueltas constantemente. Esta técnica sorprendió
mucho a Viernes y cuando probó la carne, me explicó de tantas
formas lo mucho que le había gustado, que no pude menos que
entenderlo. Finalmente, me manifestó que no volvería a comer
carne humana, lo cual me alegró mucho.
3
Este fue el año más agradable de todos los que pasé en este
lugar. Viernes comenzó a hablar bastante bien y a entender los
nombres de casi todas las cosas que le pedía y de los lugares a
donde le ordenaba ir y llegó a ser capaz de conversar conmigo.
De este modo, en poco tiempo, recuperé mi lengua, que durante
mucho tiempo no tuve oportunidad de usar, me refiero al
lenguaje. Aparte del placer que me provocaba hablar con
él,`sentía una particular simpatía por el chico. Su honestidad no
fingida se mostraba más claramente cada día y llegué a sentir
un verdadero cariño hacia él. Por su parte, creo que me quería
más que a nada en el mundo.
4
Le pregunté si podía decirme cómo llegar hasta donde
estaban aquellos hombres blancos desde aquí y me
respondió que sí, que podía ir en dos canoas. No pude
entender qué quería decir cuando hablaba de dos
canoas, hasta que, por fin, con mucha dificultad,
comprendí que se refería a un bote tan grande como
dos canoas juntas.
5
Intenté aclarar este fraude a mi siervo Viernes y le
dije que la pretensión de sus ancianos de ir a las
montañas a decir «¡Oh!» a su dios Benamuckee era
una impostura; así como las palabras que
supuestamente les atribuían, lo eran aún más; y que
si hallaban alguna respuesta o hablaban con alguien
en aquel lugar, debía ser con un espíritu maligno.
Luego hice una larga disertación acerca del diablo,
su origen, su rebelión contra Dios, su odio hacia los
hombres, la razón de dicho odio, su afán por hacerse
adorar en las regiones más oscuras del mundo en
lugar de Dios, o como si lo fuera, y la infinidad de
artimañas que utilizaba para inducir a la humanidad
a la ruina. Le dije que tenía un acceso secreto a
nuestras pasiones y nuestros sentimientos,
mediante el cual nos hacía actuar conforme a sus
inclinaciones, caer en nuestras propias tentaciones
y seguir el camino de nuestra perdición por nuestra
propia elección.

Compu y español

  • 1.
  • 2.
    1 Nací en 1632,en la ciudad de York, de una buena familia, aunque no de la región, pues mi padre era un extranjero de Brema que, inicialmente, se asentó en Hull. Allí consiguió hacerse con una considerable fortuna como comerciante y, más tarde, abandonó sus negocios y se fue a vivir a York, donde se casó con mi madre, que pertenecía a la familia Robinson, una de las buenas familias del condado de la cual obtuve mi nombre, Robinson Kreutznaer. Mas, por la habitual alteración de las palabras que se hace en Inglaterra, ahora nos llaman y nosotros también nos llamamos y escribimos nuestro nombre Crusoe; y así me han llamado siempre mis compañeros.
  • 3.
    2 Habiéndole dado decomer carne hervida y caldo, decidí que, al día siguiente, lo agasajaría con un trozo del cabrito asado. Lo preparé del mismo modo que lo había visto hacer a mucha gente en Inglaterra. Colgué el cabrito de una cuerda junto al fuego, clavé dos estacas, una a cada lado del fuego, y, apoyada entre ambas, coloqué una tercera estaca, alrededor de la cual até la cuerda para que la carne diera vueltas constantemente. Esta técnica sorprendió mucho a Viernes y cuando probó la carne, me explicó de tantas formas lo mucho que le había gustado, que no pude menos que entenderlo. Finalmente, me manifestó que no volvería a comer carne humana, lo cual me alegró mucho.
  • 4.
    3 Este fue elaño más agradable de todos los que pasé en este lugar. Viernes comenzó a hablar bastante bien y a entender los nombres de casi todas las cosas que le pedía y de los lugares a donde le ordenaba ir y llegó a ser capaz de conversar conmigo. De este modo, en poco tiempo, recuperé mi lengua, que durante mucho tiempo no tuve oportunidad de usar, me refiero al lenguaje. Aparte del placer que me provocaba hablar con él,`sentía una particular simpatía por el chico. Su honestidad no fingida se mostraba más claramente cada día y llegué a sentir un verdadero cariño hacia él. Por su parte, creo que me quería más que a nada en el mundo.
  • 5.
    4 Le pregunté sipodía decirme cómo llegar hasta donde estaban aquellos hombres blancos desde aquí y me respondió que sí, que podía ir en dos canoas. No pude entender qué quería decir cuando hablaba de dos canoas, hasta que, por fin, con mucha dificultad, comprendí que se refería a un bote tan grande como dos canoas juntas.
  • 6.
    5 Intenté aclarar estefraude a mi siervo Viernes y le dije que la pretensión de sus ancianos de ir a las montañas a decir «¡Oh!» a su dios Benamuckee era una impostura; así como las palabras que supuestamente les atribuían, lo eran aún más; y que si hallaban alguna respuesta o hablaban con alguien en aquel lugar, debía ser con un espíritu maligno. Luego hice una larga disertación acerca del diablo, su origen, su rebelión contra Dios, su odio hacia los hombres, la razón de dicho odio, su afán por hacerse adorar en las regiones más oscuras del mundo en lugar de Dios, o como si lo fuera, y la infinidad de artimañas que utilizaba para inducir a la humanidad a la ruina. Le dije que tenía un acceso secreto a nuestras pasiones y nuestros sentimientos, mediante el cual nos hacía actuar conforme a sus inclinaciones, caer en nuestras propias tentaciones y seguir el camino de nuestra perdición por nuestra propia elección.