MARZO 11 
PROYECTOS AIRE 
¿CONECTADOS? LA TECNOLOGÍA INFLUYE EN LA PERSONALIDAD 
Anna Boluda 
Periodista 
Durante décadas paras y madres se han preocupado mucho 
por los efectos que podía tener el consumo de televisión en 
sus hijos. Ahora la inquietud se multiplica ante el alud de 
nuevas tecnologías que tienen a su alcance desde muy 
pequeños: consolas, ordenadores conectados a internet, 
teléfonos inteligentes y pantallas táctiles... Son nativos digitales 
y dominan todos estos artilugios con una facilidad que a 
menudo sorprende a los adultos. En el estado español, según 
un estudio reciente, tres de cada diez escolares están 
conectados a Internet mientras estudian o hacen los deberes. 
Y a partir de los 13 años, nueve de cada diez tienen un 
teléfono móvil. Pero, ¿qué consecuencias puede comportar su 
uso continuado? Es la pregunta de progenitores y 
especialistas en todo el mundo. 
El prestigioso diario New York Times ha dedicado 
recientemente un especial a este tema, y prácticamente todos 
los expertos consultados coinciden al afirmar que el uso de 
estas tecnologías comporta dificultades para concentrarse. El 
cerebro se acostumbra a saltar continuamente de una 
actividad a otra -de Facebook a YouTube, de escribir un 
Foto: saraab (vía Flickr) 
mensaje a cambiar de canción mientras se tiene en pausa un videojuego, y este funcionamiento 
“multitarea” lo hace menos capaz de centrarse en un solo tema y seguir un pensamiento complejo y 
profundo sin distracciones. Además, el aumento de estímulos informativos hace más difícil poder valorar 
adecuadamente qué es importante y qué irrelevante. 
Otros estudios destacan que el hecho de estar conectados influye en la personalidad: nos hace más 
impulsivos e impacientes, olvidamos antes las cosas e incrementa los niveles de estrés. Los efectos 
entre los niños se traducen en un menor rendimiento escolar, poco interés por la lectura de libros (muy 
largos en comparación a los textos cortos habituales en Internet), e incluso menos vida familiar. 
Limitar las horas de uso 
No se trata de eliminar las nuevas tecnologías de la vida de niños y adolescentes: forman parte de su 
cotidianidad, en la escuela y fuera de ella. Están presentes en la enseñanza, lo estarán en el trabajo y en 
buena parte de sus vidas. Pero esto no quiere decir que ahora tengan que ser el único centro de 
atención ni ocupar todas las horas del día.
La academia americana de pediatría propone que no se utilicen en absoluto antes de los dos años 
(algunos expertos recomiendan esperar a los tres), una hora al día entre los 3 y los 6, dos horas de los 6 
a los 9 y tres horas diarias a partir de esta edad, sumando televisión, ordenador para hacer los deberes, 
consultar Internet o jugar a las consolas, etc. 
En una entrevista publicada hace unos días en Le Monde, 
Serge Tisseron, psiquiatra especializado en nuevas 
tecnologías, es tajante: padres y madres tienen que regular el 
tiempo que los niños pasan ante una pantalla, sobre todo 
con los más pequeños. De los 3 a los 6 años es fundamental 
dedicar tiempo a las manualidades para desarrollar la parte 
del cerebro que se encarga de percibir e interactuar en tres 
dimensiones, y de manipular objetos con las manos. Las 
consolas o los ordenadores no hacen que se movilicen todos 
los dedos ni precisan de la coordinación que hace falta para 
recortar, modelar o hacer un collage. 
Contenidos de calidad 
Además de la cantidad de tiempo, es fundamental distinguir 
el tipo de actividad que se realiza con las nuevas tecnologías: 
no es lo mismo investigar en Internet sobre un tema que les 
interese que pasar horas con juegos repetitivos. Tampoco es 
igual jugar solo contra la máquina que compartir esta 
actividad con algún otro niño o niña, bien en la misma 
habitación o bien conectados online. 
La socialización vía Internet se incrementa sobre todo a partir de la adolescencia, y la gran mayoría usa 
las redes sociales para seguir en contacto con personas que ya conocen. En general, refuerzan los 
vínculos que ya tienen, pero los expertos indican que hace falta que los padres y madres supervisen con 
qué personas se comunican y qué contenidos consultan. 
La conexión constante puede derivar en el que algunos especialistas se atrevan a tildarla de adicción. Y 
en algunos casos en que los adolescentes tienen las tecnologías a su alcance sin control -ordenador en 
la habitación, teléfono móvil en el bolsillo- se ha detectado incluso que pierden horas de sueño. Es 
conveniente llegar a un pacto sobre a qué horas y de qué manera se pueden usar los diferentes gadgets. 
Ratos de relax sin estímulos digitales 
La exposición constante a contenidos digitales, la interacción mediante mensajes de texto y 
actualizaciones de estado en las redes sociales y la consulta del correo electrónico, vídeos, fotos y 
elementos multimedia suponen un alto nivel de actividad cerebral. Y hay que darle al cerebro un poco de 
relax. Se necesitan momentos al día lejos de todos los aparatos digitales, y también periodos de 
desconexión total durante las vacaciones.
Si bien las tecnologías, desde la 'vieja' televisión al ipad, forman 
parte del tiempo de ocio de pequeños y grandes, no tienen que 
ser el centro del ocio. Es preciso hacer actividades deportivas, 
al aire libre y con otras personas frente a frente. Una de las 
consecuencias directas del abuso de las tecnologías es el 
sedentarismo, causa también de la obesidad infantil. 
También a la hora de hacer los deberes hay que combinar el 
uso del ordenador para consultar información con los 
momentos en que éste no hace falta. Luciano Montero, 
psicólogo especialista en familia y educación y autor del libro 
“Mi hijo es un vago”, defiende que a la hora de estudiar hay 
que crear un entorno tranquilo y eliminar todas las 
distracciones: ni tele, ni música, ni móvil recibiendo mensajes. 
Y los padres y madres tienen que ser activos a la hora de 
conseguir este ambiente. 
El ejemplo de los adultos 
Como con el resto de hábitos saludables, la mejor manera de 
inculcarlos en los niños es dando ejemplo. Pero cada vez se detecta una dependencia más grande del 
email y los teléfonos móviles por parte de los adultos. Estudios recientes realizados en los Estados 
Unidos muestran que algunos padres y madres procuran menos atención a los niños porque están 
pendientes de iphones y blackberries, y que niños y niñas pueden llegar a sentirse desatendidos y 
celosos de estos aparatos. 
La conclusión parece clara: como casi siempre, la clave se encuentra en la moderación. Y no es sólo en 
el caso de los niños. Los adultos tendríamos que predicar con el ejemplo y reducir también el tiempo que 
pasamos conectados. 
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Conectados esp

  • 1.
    MARZO 11 PROYECTOSAIRE ¿CONECTADOS? LA TECNOLOGÍA INFLUYE EN LA PERSONALIDAD Anna Boluda Periodista Durante décadas paras y madres se han preocupado mucho por los efectos que podía tener el consumo de televisión en sus hijos. Ahora la inquietud se multiplica ante el alud de nuevas tecnologías que tienen a su alcance desde muy pequeños: consolas, ordenadores conectados a internet, teléfonos inteligentes y pantallas táctiles... Son nativos digitales y dominan todos estos artilugios con una facilidad que a menudo sorprende a los adultos. En el estado español, según un estudio reciente, tres de cada diez escolares están conectados a Internet mientras estudian o hacen los deberes. Y a partir de los 13 años, nueve de cada diez tienen un teléfono móvil. Pero, ¿qué consecuencias puede comportar su uso continuado? Es la pregunta de progenitores y especialistas en todo el mundo. El prestigioso diario New York Times ha dedicado recientemente un especial a este tema, y prácticamente todos los expertos consultados coinciden al afirmar que el uso de estas tecnologías comporta dificultades para concentrarse. El cerebro se acostumbra a saltar continuamente de una actividad a otra -de Facebook a YouTube, de escribir un Foto: saraab (vía Flickr) mensaje a cambiar de canción mientras se tiene en pausa un videojuego, y este funcionamiento “multitarea” lo hace menos capaz de centrarse en un solo tema y seguir un pensamiento complejo y profundo sin distracciones. Además, el aumento de estímulos informativos hace más difícil poder valorar adecuadamente qué es importante y qué irrelevante. Otros estudios destacan que el hecho de estar conectados influye en la personalidad: nos hace más impulsivos e impacientes, olvidamos antes las cosas e incrementa los niveles de estrés. Los efectos entre los niños se traducen en un menor rendimiento escolar, poco interés por la lectura de libros (muy largos en comparación a los textos cortos habituales en Internet), e incluso menos vida familiar. Limitar las horas de uso No se trata de eliminar las nuevas tecnologías de la vida de niños y adolescentes: forman parte de su cotidianidad, en la escuela y fuera de ella. Están presentes en la enseñanza, lo estarán en el trabajo y en buena parte de sus vidas. Pero esto no quiere decir que ahora tengan que ser el único centro de atención ni ocupar todas las horas del día.
  • 2.
    La academia americanade pediatría propone que no se utilicen en absoluto antes de los dos años (algunos expertos recomiendan esperar a los tres), una hora al día entre los 3 y los 6, dos horas de los 6 a los 9 y tres horas diarias a partir de esta edad, sumando televisión, ordenador para hacer los deberes, consultar Internet o jugar a las consolas, etc. En una entrevista publicada hace unos días en Le Monde, Serge Tisseron, psiquiatra especializado en nuevas tecnologías, es tajante: padres y madres tienen que regular el tiempo que los niños pasan ante una pantalla, sobre todo con los más pequeños. De los 3 a los 6 años es fundamental dedicar tiempo a las manualidades para desarrollar la parte del cerebro que se encarga de percibir e interactuar en tres dimensiones, y de manipular objetos con las manos. Las consolas o los ordenadores no hacen que se movilicen todos los dedos ni precisan de la coordinación que hace falta para recortar, modelar o hacer un collage. Contenidos de calidad Además de la cantidad de tiempo, es fundamental distinguir el tipo de actividad que se realiza con las nuevas tecnologías: no es lo mismo investigar en Internet sobre un tema que les interese que pasar horas con juegos repetitivos. Tampoco es igual jugar solo contra la máquina que compartir esta actividad con algún otro niño o niña, bien en la misma habitación o bien conectados online. La socialización vía Internet se incrementa sobre todo a partir de la adolescencia, y la gran mayoría usa las redes sociales para seguir en contacto con personas que ya conocen. En general, refuerzan los vínculos que ya tienen, pero los expertos indican que hace falta que los padres y madres supervisen con qué personas se comunican y qué contenidos consultan. La conexión constante puede derivar en el que algunos especialistas se atrevan a tildarla de adicción. Y en algunos casos en que los adolescentes tienen las tecnologías a su alcance sin control -ordenador en la habitación, teléfono móvil en el bolsillo- se ha detectado incluso que pierden horas de sueño. Es conveniente llegar a un pacto sobre a qué horas y de qué manera se pueden usar los diferentes gadgets. Ratos de relax sin estímulos digitales La exposición constante a contenidos digitales, la interacción mediante mensajes de texto y actualizaciones de estado en las redes sociales y la consulta del correo electrónico, vídeos, fotos y elementos multimedia suponen un alto nivel de actividad cerebral. Y hay que darle al cerebro un poco de relax. Se necesitan momentos al día lejos de todos los aparatos digitales, y también periodos de desconexión total durante las vacaciones.
  • 3.
    Si bien lastecnologías, desde la 'vieja' televisión al ipad, forman parte del tiempo de ocio de pequeños y grandes, no tienen que ser el centro del ocio. Es preciso hacer actividades deportivas, al aire libre y con otras personas frente a frente. Una de las consecuencias directas del abuso de las tecnologías es el sedentarismo, causa también de la obesidad infantil. También a la hora de hacer los deberes hay que combinar el uso del ordenador para consultar información con los momentos en que éste no hace falta. Luciano Montero, psicólogo especialista en familia y educación y autor del libro “Mi hijo es un vago”, defiende que a la hora de estudiar hay que crear un entorno tranquilo y eliminar todas las distracciones: ni tele, ni música, ni móvil recibiendo mensajes. Y los padres y madres tienen que ser activos a la hora de conseguir este ambiente. El ejemplo de los adultos Como con el resto de hábitos saludables, la mejor manera de inculcarlos en los niños es dando ejemplo. Pero cada vez se detecta una dependencia más grande del email y los teléfonos móviles por parte de los adultos. Estudios recientes realizados en los Estados Unidos muestran que algunos padres y madres procuran menos atención a los niños porque están pendientes de iphones y blackberries, y que niños y niñas pueden llegar a sentirse desatendidos y celosos de estos aparatos. La conclusión parece clara: como casi siempre, la clave se encuentra en la moderación. Y no es sólo en el caso de los niños. Los adultos tendríamos que predicar con el ejemplo y reducir también el tiempo que pasamos conectados. ir a PROYECTOS AIRE