Un viajero estadounidense visitó Buenos Aires poco después de la independencia de Argentina y observó algunos aspectos de la vida cotidiana en ese momento. Notó que la ciudad parecía descuidada en comparación con ciudades estadounidenses, con calles sin pavimentar y sucias. También observó que la gente parecía más libre y franca que en otras partes, y que no había muchas muestras de nobleza. La siesta era una costumbre universal y la gente comía entre la 1 y las 2 de la tarde.