El último grifo que quedaba en el valle vivía solo en una cueva y se alimentaba de pequeños insectos. Los aldeanos querían matarlo, pero un niño los convenció de dejarlo vivir por ser el último de su especie. Más tarde, un viejo amargado hirió al grifo con un disparo y este lo atacó, pero el niño curó sus heridas. Luego convenció a los aldeanos de cuidar al grifo hasta su muerte natural.