DEBATE                                                                                       Introducción                                                                              Diana Lenton*
Genocidio y política indigenista:
debates sobre la potencia explicativa de
una categoría polémica



Editor                                                                                      En 1884 el Presidente de la Nación Argentina, Julio A. Roca, anunciaba a la Asamblea Legislativa: “No cru-
                                                                                          za un solo indio por las extensas pampas donde tenían sus asientos numerosas tribus...” (Diario de Sesiones
Diana Lenton (presentadora y comentarista)                                                del Congreso Nacional, sesión del 6/5/1884).
                                                                                            Esta afirmación, por encima de su veracidad en términos fácticos y de sus presupuestos axiológicos, de-
Autores y comentaristas (en orden alfabético)                                          cantó en el sentido común ciudadano, hasta consolidarse como discurso de verdad tanto entre los apologis-
Walter Delrio y Ana Ramos                                                                 tas como entre los detractores de las campañas militares en particular, y del proceso de expansión estatal en
                                                                                          general, sobre los territorios y los cuerpos indígenas.
Diego Escolar
                                                                                             Efectivamente, uno de los más clásicos tópicos del discurso que toma como objeto de referencia a los Pue-
Pilar Pérez                                                                               blos Originarios es aquel que habla de su acabamiento, concretado o próximo a realiz                     Este presup
Florencia Roulet y María Teresa Garrido                                                   ha convivido durante más de un siglo, no sin tensiones, con otras líneas argumentativas que negaron tal ex-
                                                                                          tinción, reunidas en torno a dos tendencias principales: una, que propugna la integración de los remanentes
Verónica Seldes
                                                                                          de las sociedades originarias a una pretendidamente desracializ                sociedad nacional, aunque sin prob
Liliana Tamagno                                                                           matiz               el proceso por el cual las otrora sociedades autónomas devinieron en “remanentes”, o sus miem
Julio Esteban Vezub                                                                       bros en “descendientes” a nivel individual. La otra, que por el contrario enfoca las llamadas Campañas al
                                                                                          Desierto para ofrecer una visión inversa de sus resultados –por ejemplo, las teorías sobre el “paseo militar”
                                                                                          sostenidas por el revisionismo histórico a mediados del siglo XX-, para deducir, aún desde la denuncia po-
                                                                                          lítica, la inexistencia del exterminio, sin problematiz
                                                                                            En los últimos años, y al calor de ciertas modificaciones tanto en el contexto de producción académica
                                                                                          como en el contexto sociopolítico más amplio –entre ellas, la recuperación de la democracia y la dinámica
                                                                                          intelectual que le siguió; las nuevas condiciones de participación de las organiz                     de militanc
                                                                                          gena; y una nueva concepción de la relación entre actividad científica y compromiso social- ha comenz




Corpus. Archivos virtuales de la alteridad americana, Vol. 1, N° 2, 2do. semestre 2011,
ISSN 1853-8037, URL: http://ppct.caicyt.gov.ar/index.php/corpus                           *CONICET / Universidad de Buenos Aires. Correo electrónico: dlenton@filo.uba.ar.
tomar fuerza la discusión en torno a la aplicabilidad del                           sidades Nacionales de La Plata, de Buenos Aires, de la          •	Descripción detallada de uno o más casos (presentes o
concepto de genocidio en relación a las políticas nacio-                            Patagonia San Juan Bosco, de Río Negro y de Cuyo, y a             históricos) que permitan dar carnadura a la discusión.
nales, regionales y locales respecto de los Pueblos Origi-                          las Universidades de Lausanne y Externado de Colom-             •	Si está de acuerdo con la categorización de genocidio (o
narios. La comparación con las políticas genocidas lle-                             bia.                                                              crimen de lesa humanidad, o…), ¿existe un marco tem-
vadas adelante por la última dictadura militar, así como                              Las “renuncias” registradas –así como la llana falta de         poral que limite la ocurrencia del genocidio (o crimen de
con procesos desarrollados en otras partes del mundo                                respuesta a la invitación en algunos casos-, son índices          lesa humanidad, o…)? ¿Cuándo empieza, y/o cuándo
–Armenia, Ruanda, nazismo europeo- es un tópico recu-                               de la falta de acostumbramiento a esta forma de interlo-          termina, en la historia argentina?
rrente en este debate.                                                              cución. Varios invitados, a pesar de ser profesionales de       •	Relación con conceptos de trauma, víctimas, agencia.
   Cuando el Consejo Editorial de Corpus me invitó a                                peso en la temática, expresaron no sentirse lo suficiente-
coordinar una discusión sobre el genocidio indígena 1 para                          mente seguros como para entrar en un debate calificado.         •	Posibilidades de reparación del genocidio (o crimen de
la Sección Debates de su segundo número, imaginé que                                                                                                  lesa humanidad, o…). Alcances y límites.
                                                                                       A todos los potenciales autores, junto con la invitación
la misma seguiría los carriles que suelen estructurar el                            a contribuir con un breve texto (aprox. 3.000 palabras), se     •	Implicancias políticas, cotidianas, prácticas y/o teó-
debate en ámbitos públicos. Acostumbrada a terciar en                               les habían sugerido ciertos ejes orientadores que en prin-        ricas de un eventual reconocimiento del genocidio (o
discusiones que suelen darse en los medios de comuni-                               cipio, estaban orientados a debatir entre académicos de           crimen de lesa humanidad, o…) por parte del Estado na-
cación masiva frente a una audiencia no especializada                               posiciones opuestas, teniendo en cuenta especialmente             cional o provinciales.
y entre opinadores que –al menos en una de sus par-                                 la presencia de profesionales del derecho implicados en         •	¿El des-encubrimiento del genocidio (o crimen de lesa
tes- suelen contribuir más al negacionismo llano que                                juicios por genocidio.                                            humanidad, o…) debe necesariamente estar unido a su
al esclarecimiento de ideas y procesos, pergeñé ejes de                                                                                               denuncia?
discusión y diseñé estrategias de argumentación que fi-
                                                                                    Dichos ejes eran:                                               •	¿El des-encubrimiento del genocidio (o crimen de lesa
nalmente, por el devenir del debate, resultaron innece-
sarias.                                                                             •	¿Cómo concibe el proceso histórico de expansión del             humanidad, o…) y su eventual denuncia responde a
                                                                                      Estado sobre los territorios y sociedades de los Pue-           una demanda de las víctimas? ¿Puede también impli-
   Mi intención era generar un encuentro entre acadé-                                 blos Originarios, en el período republicano?                    car violencia o revictimización?
micos de diferente orientación teórica o epistémica, con                            •	En relación a lo anterior, cómo evalúa la viabilidad /        •	¿Dónde debería estar localizado el motor de la de-
posición tomada y probada solvencia sobre el tema en                                  aplicabilidad de la categoría genocidio a las políticas es-     nuncia, la prueba, y el reconocimiento del genocidio (o
cuestión, con quienes se pudiera alternar no sólo desde                               tatales republicanas argentinas en relación a los Pue-          crimen de lesa humanidad, o…)? ¿En la Academia? ¿En
la propia definición del genocidio sino desde su ocurren-                             blos Originarios? ¿De qué hablamos cuando hablamos              los tribunales? ¿En las agencias estatales? ¿En las orga-
cia –o no- en términos fácticos y descriptivos. Por ello,                             de genocidio de los pueblos originarios / indígenas /           nizaciones representativas e instituciones de gobierno
convocamos a varios historiadores, etnohistoriadores,                                 sociedades americanas con presencia regional anterior           de los Pueblos Originarios? ¿Existen posibilidades de
historiadores del arte, politólogos, antropólogos socia-                              a la conquista? ¿Usted está de acuerdo con esta califi-         articulación entre estos sectores? ¿Hay un código com-
les, arqueólogos y abogados, de diferentes orientaciones                              cación?                                                         partido? ¿Hay expectativas compartidas? ¿Hay nego-
teóricas, a fin de garantizar un piso de diversidad.                                                                                                  ciaciones? ¿En qué consisten?
                                                                                    •	Razones de la elección del término en lugar de otras
   Inesperadamente, relativamente pocos aceptaron par-                                categorías jurídicas / sociales próximas, tales como             La declinación a participar del debate por parte de
ticipar del debate. Son ellas/os cuatro antropólogas/                                 masacre estatal o exterminio o crimen de lesa humanidad.      la mayoría de los profesionales del derecho, y de todos
os sociales, tres historiadoras/es, una arqueóloga y una                              O, si se prefiriera alguna de estas últimas, sustentar de     aquellos científicos sociales que han sostenido pública-
abogada, pertenecientes al CONICET y/o a las Univer-                                  modo similar a lo planteado en el primer eje.                 mente teorías opuestas a las que algunos de nosotros he-


2   Corpus. Archivos virtuales de la alteridad americana, Vol. 1, N°2, 2do. semestre 2011, ISSN 1853-8037
mos difundido, sobre los procesos históricos que aquí                               refritar textos pasados. Debo agradecerles a todos ellos      Agradezco profundamente a Diego Escolar y a Julio
se analizan, configuró un escenario en el que se dejó de                            por esto, más aun considerando el poco tiempo del que       Vezub que me hayan considerado para esta grata tarea,
discutir en los tonos habituales generados por el debate                            dispusieron.                                                y especialmente a Claudia Salomón Tarquini, por su de-
público, para convertirse en una indagación mucho más                                 Una vez recibidos los textos de los participantes, pro-   dicación a la tarea editorial.
fina en las representaciones y discursos de autores que,                            cedimos a realizar la segunda etapa del ejercicio, regi-      A continuación, se disponen los textos de la primera
en casi todos los casos, ya hemos coincidido en congre-                             rando los mismos a todos los autores para posibilitar la    ronda, seguidos por los de la segunda ronda (discusio-
sos y encuentros temáticos. Esto le dio un tono particu-                            discusión propiamente dicha. Aun con diferencias en el      nes y comentarios a los primeros), más el texto de cierre
lar a un debate que, si perdió algunos elementos, segu-                             apego a las reglas del debate y en el estilo de discusión   de la editora.
ramente se enriqueció en otros.                                                     elegido, todos los autores contribuyeron con elementos
   Como ya registró Axel Lazzari para su propia expe-                               de primerísima calidad, que seguramente pondrán este
riencia como coordinador del debate del primer número                               número de Corpus en un lugar importante en la biblio-
de Corpus, muy pocos participantes se avinieron a los                               grafía temática.
                                                                                                                                                Notas
ejes de discusión, prefiriendo organizar el relato según                                                                                        1 	 En realidad, este sintagma con el que se popularizó
sus propias tendencias argumentativas o estéticas. Sin                                 Los textos han sido ordenados siguiendo cierto hilo          esta discusión en los últimos años, es ambigua y de-
embargo, como también lo expresara Axel, hay que re-                                argumentativo, aunque pueden leerse en realidad, en             biera ser reemplazada por otros como “Genocidio
conocer el esfuerzo y el compromiso de los autores, que                             cualquier orden, ya que de cada uno se desprenden múl-          perpetrado por los estados coloniales o republicanos
en todos los casos redactaron textos ad hoc, sin resumir ni                         tiples líneas asociativas.                                      sobre poblaciones indígenas”.




3   Corpus. Archivos virtuales de la alteridad americana, Vol. 1, N°2, 2do. semestre 2011, ISSN 1853-8037
DEBATE                                                                                       Pueblos indígenas.                                                                                              Liliana Tamagno*
Genocidio y política indigenista: debates
sobre la potencia explicativa de una
                                                                                             Racismo, genocidio y represión.
categoría polémica



Editor                                                                                    Introducción
                                                                                            Antes de volcar las reflexiones que serán objeto de la discusión a que se nos convoca —y que entiendo
Diana Lenton (presentadora y comentarista)                                                como un interesante desafío— quiero expresar que atravieso un momento de particular sensibilidad per-
                                                                                          sonal ante lo que podríamos llamar la visibilidad de la cuestión indígena hoy. Una visibilidad que no es
Autores y comentaristas (en orden alfabético)                                             ajena ni a la trayectoria de lucha del movimiento indígena en su conjunto ni a los espacios generados por
Walter Delrio y Ana Ramos                                                                 las políticas estatales y en particular por aplicación de la Ley 26.160, de la Resolución 4811, del Programa de
                                                                                          Relevamiento Territorial y de la instrumentación del Consejo de Participación Indígena y que no está exenta
Diego Escolar
                                                                                          de violentas represiones.
Pilar Pérez                                                                                 Observar la etnicidad como una expresión política de la identidad conlleva a comprender el campo in-
Florencia Roulet y María Teresa Garrido                                                   dígena como un espacio de disputa en el que se conjugan —sin solución de continuidad— diversidad y
Verónica Seldes                                                                           desigualdad, etnicidad y clase, lógica de la acumulación y lógica de la reciprocidad (Bartolomé Miguel 1987;
                                                                                          Joao Pacheco de Oliveira 1999; Tamagno 1986,1996, 2001, 2008). Es por ello que mi trayectoria de investiga-
Liliana Tamagno                                                                           ción sobre la cuestión indígena me insta a detenerme en el análisis de los alcances y los limites de una coyun-
Julio Esteban Vezub                                                                       tura particular que comienza finalizada la Dictadura Militar 1976-1983 y en la que reemergen planteos reali-
                                                                                          zados en las décadas de 1960 y 1970, que vuelven a tener actualidad en el contexto de las aperturas políticas
                                                                                          representadas por los gobiernos constitucionales de la región y sus respectivas articulaciones. Entiendo ade-
                                                                                          más que los acontecimientos deben ser pensados inexorablemente en términos de “larga duración” (Braudel
                                                                                          1969) teniendo en cuenta no sólo las coyunturas en las que emergen, sino y al mismo tiempo las condiciones
                                                                                          estructurales en las que éstas se gestan y desarrollan. Ello me habilita a traer a este espacio de reflexión y
                                                                                          discusión parte del texto de la “Primera Declaración de Barbados por la liberación del indígena”, redactada
                                                                                          por antropólogos entre los días 25 y 30 de enero de 1971, en el marco del Simposio sobre la Fricción Interétni-




Corpus. Archivos virtuales de la alteridad americana, Vol. 1, N° 2, 2do. semestre 2011,
ISSN 1853-8037, URL: http://ppct.caicyt.gov.ar/index.php/corpus                           *Laboratorio de Investigaciones en Antropología Social LIAS. Universidad Nacional de La Plata. Correo electrónico: letama5@yahoo.com.ar
ca en América del Sur”, luego de analizar los informes                              su propio destino. Ante esta situación, los Estados, las      materiales para que las presencias y las demandas de
presentados acerca de la situación de las poblaciones in-                           misiones religiosas y los científicos sociales, principal-    los pueblos indígenas se expresen, contribuyendo a que
dígenas/tribales de países del área. Esta declaración es                            mente los antropólogos, deben asumir las responsabili-        la sociedad en su conjunto se sensibilice por una cues-
uno de los momentos síntesis en que se interpreta y se                              dades ineludibles de acción inmediata para poner fin a        tión largamente negada, silenciada, descalificada. Son
evalúa la situación de los pueblos indígenas, al mismo                              esta agresión, contribuyendo de esta manera a propiciar       ejemplo de ello la movilización generada por el proyecto
tiempo que se realizan recomendaciones a los estados, a                             la liberación del indígena.                                   de relevamiento territorial y por la puesta en acción del
las misiones religiosas y a los antropólogos:                                          En este sentido retomo la propuesta de la necesidad        Consejo de participación indígena; la movilización que
                                                                                    de un “dialogo con la academia” y un “dialogo con el          hizo posible la multitudinaria Marcha Indígena del Bi-
   Los indígenas de América continúan sujetos a una                                                                                               centenario en el mes de Mayo del 2010 y la recepción de
relación colonial de dominio que tuvo su origen en el                               campo” (Tamagno 2001). Aludiendo en el primer caso
                                                                                    a un repensar crítico, no sólo de las prácticas académi-      referentes indígenas en la Casa de Gobierno por parte
momento de la conquista y que no se ha roto en el seno                                                                                            de la Presidenta de la Nación; el espacio particularmen-
de las sociedades nacionales. Esta estructura colonial se                           cas sino de las narrativas con las que dichas prácticas se
                                                                                    expresan textualmente; un pensar que se profundiza en         te dedicado a lo indígena en la escenificación realizada
manifiesta en el hecho de que los territorios ocupados                                                                                            por el Grupo Teatral Fuerza Bruta como corolario de los
por indígenas se consideran y utilizan como tierras de                              un diálogo cotidiano, intenso y por momentos incluso
                                                                                    silencioso, ya que como es sabido no todo puede plas-         mismos festejos; así como también el espacio significati-
nadie abiertas a la conquista y a la colonización. El do-                                                                                         vo que la temática indígena ocupa en la programación
minio colonial sobre las poblaciones aborígenes forma                               marse en términos académicamente correctos cuando
                                                                                    los sentimientos bullen y el dolor de los otros se convier-   del Canal Encuentro del Ministerio de Educación de la
parte de la situación de dependencia externa que guar-                                                                                            Nación; esto para nombrar los que entiendo como de
da la generalidad de los países latinoamericanos frente                             te en nuestra desazón frente a violaciones de los dere-
                                                                                    chos indígenas, que no deberían suceder en tiempos en         mayor impacto en la sociedad argentina en los últimos
a las metrópolis imperialistas. La estructura interna de                                                                                          años.
nuestros países dependientes los lleva a actuar en forma                            que nos acercamos a cumplir 40 años de gobiernos cons-
colonialista en su relación con las poblaciones indíge-                             titucionales y los términos “democracia” y “derechos             Sin embargo y al mismo tiempo, no podemos dejar de
nas, lo que coloca a las sociedades nacionales en la doble                          humanos” habitan los relatos que sostienen las políticas      reconocer que esas mismas políticas han contribuido a
calidad de explotados y explotadores. Esto genera una                               sociales en general y las políticas indigenista en parti-     reproducir prácticas que habían sido, o estaban siendo,
falsa imagen de las sociedades indígenas y de su pers-                              cular. En el segundo caso y valorando significativamen-       repensadas y/o revisadas por las propias poblaciones
pectiva histórica, así como una autoconciencia defor-                               te el espacio de reflexión/discusión para el que se nos       indígenas en el marco de los procesos de transformación
mada de la sociedad nacional. Esta situación se expre-                              convoca en esta oportunidad, aludo a pensar en térmi-         y de las dinámicas socioculturales que los caracterizan y
sa en agresiones reiteradas a las sociedades y culturas                             nos de diálogo con los referentes indígenas con los que       que han dado lugar a múltiples respuestas organizativas
aborígenes, tanto a través de acciones intervencionistas                            trabajamos y con las situaciones que se desarrollan en        a lo largo de la relación con los otros conjuntos sociales
supuestamente protectoras, como en los casos extremos                               el contexto de la observación participante/participación      que conforman la Nación. Un ejemplo de ello son las
de masacres y desplazamientos compulsivos, a los que                                objetivante (Bourdieu y otros 1975), en la necesidad de       tensiones que genera al interior del campo indígena el
no son ajenas las fuerzas armadas y otros órganos gu-                               analizar tanto los alcances y los límites de las políticas    hecho de verse conminados a convertirse en “comuni-
bernamentales. Las propias políticas indigenistas de                                indigenistas actuales, como los alcances y los límites de     dades” y a designar un “cacique” y/o de tener que re-
los gobiernos latinoamericanos se orientan hacia la des-                            nuestras propias narrativas al respecto.                      conocer o enfrentar liderazgos que, gestados al calor de
trucción de las culturas aborígenes y se emplean para                                 Cabe señalar, teniendo en cuenta el impacto de toda         las pugnas político partidarias no representan los mo-
la manipulación y el control de los grupos indígenas en                             legislación indígena (Tamagno 1996), que las políticas        mentos más significativos de avances de las luchas indí-
beneficio de la consolidación de las estructuras existen-                           indigenistas devenidas de la aplicación de los marcos         genas; si es que por avance entendemos la búsqueda de
tes. Postura que niega la posibilidad de que los indíge-                            legales antes citados han generado espacios de recono-        autonomía y la consolidación de formas organizativas
nas se liberen de la dominación colonialista y decidan                              cimiento y legitimación y han posibilitado condiciones        guiadas por la lógica de lo colectivo comunitario. Lógica

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cuya significación ha sido históricamente negada, subes-                             IV Congreso Argentino de Antropología Social que tuvo        pública Argentina se refieren a sí mismos como “indios”
timada o descalificada (Tamagno 2001; 2010) y que aun                                lugar en la ciudad de Olavarría en 1994. Para quienes se     y enuncian como postulados fundamentales el respeto
está vigente en ciertas prácticas y representaciones que                             utilizaban el término “pueblos originarios”, la cuestión     por la persona y la personalidad cultural india, a su tie-
ordenan la existencia de los pueblos indígenas a pesar                               indígena debía resolverse internamente, prevaleciendo        rra como la tierra del indio, a la personería jurídica de las
de las presiones en contrario de un mundo globalizado                                una postura que tenía mucho de esencialismo y que se         comunidades indígenas, al libre empleo de los idiomas
—la sociedad nacional no es ajena a ello— guiado por el                              expresaba en desdeñar toda reflexión conjunta con los        indígenas; afirmando que son el “punto de mira que
individualismo, la competencia, el lucro y el enriqueci-                             no indios o con los blancos. Pensar en términos de etnici-   empleamos para apreciar la sinceridad de las intencio-
miento de algunos pocos en desmedro de las enormes                                   dad aparecía como excluyente de pensar en términos de        nes de los que no son indios que se incorporen a nuestra
carencias de muchos.                                                                 clase; algo que hemos planteado no es más que una falsa      tarea” (Grupo de Barbados 1979:73). Me pregunto cuál
                                                                                     antinomia (Tamagno 2001; 2008) que pretende ocultar          es la justeza y el rigor del término “originario”, cuando
Acerca de la convocatoria. El surgimiento de                                         la relación inescindible entre etnicidad y poder y entre     en tanto seres humanos todos provenimos de un origen.
                                                                                     etnicidad y economía. Me asombra y me inquieta la re-        O es que sólo tienen origen los pueblos preexistentes a la
una pregunta
                                                                                     pentina reaparición del término “pueblos originarios” y      conquista y la colonización?
   Si bien el objetivo de este texto es seguir el derrotero de                       su masificación en los medios de comunicación, sin que
la guía de preguntas que se nos ha enviado me detendré                               haya llegado a mis oídos información respecto del deba-
en el tratamiento del término “pueblos originarios” que                                                                                           Atendiendo a los tópicos de la convocatoria
                                                                                     te que volvió a colocarlo en escena con tanta contunden-
aparece ya en el título de las consideraciones mediante                              cia. Consultada una referente indígena participante de         Concibo los procesos históricos de expansión del Esta-
las cuales se nos convoca. Los que tenemos unos cuantos                              la Conferencias Regional y Ciudadana de las Américas         do sobre los territorios y sobre las sociedades indígenas
años en el tratamiento del campo de la cuestión sabemos                              —preparatorias de la Conferencia Mundial contra el Ra-       en términos de Miguel Bartolomé (1987), cuando refie-
de la casi unanimidad en el uso del término “pueblos in-                             cismo, la Discriminación Racial, la Xenofobia y las For-     re al modo en que lo que los “estados de conquista” se
dígenas” en nuestras producciones académicas. Basta re-                              mas Conexas de Intolerancia a realizarse en Durban, Sud      continuaron con los que denomina “estados de expro-
cordar la preferencia por el término “pueblos indígenas”                             África— que tuviera lugar en Chile en el 2000, donde al      piación”, proceso que tuvo como razón de ser la expan-
—compartido por las producciones de la mayoría de los                                parecer fue impuesto el término, informó que ni siquiera     sión de las relaciones de producción impuestas desde
pensadores latinomericanos que marcaron camino en el                                 se dio tiempo a la discusión e interpretó que el objeti-     Europa, en función de sus propias crisis y necesidades.
tratamiento de la situación de las sociedades que pobla-                             vo era distraer respecto de la incorporación de la varia-    En la concepción del conquistador el mundo se transfor-
ban el continente con anterioridad a la conquista y colo-                            ble desigualdad en el tratamiento de la diversidad. En       mó subjetivamente en uno y por lo tanto posible de ser
nización— reemplazando al término “aborígenes” cuya                                  este sentido se me aparece casi como una contradicción       conquistado, decidiendo sobre él y sobre sus habitantes
etimología remontaba a “sin origen” y al término “indio”                             pensar en términos de aniquilamiento, crímenes de lesa       e imponiendo una relación fatídica de inferioridad/su-
por connotar subestimación e inferioridad. También                                   humanidad o genocidio y aceptar acríticamente el térmi-      perioridad. Un mundo creado a imagen y semejanza del
quiero recordar las discusiones, de profundo contenido                               no “pueblos originarios” que, al menos hasta donde sé,       dominador y su ética (Worsley 1966; Said 1978). Un es-
político (político en términos antropológicos y no políti-                           parece haber sido impuesto desde miradas e intereses         tado nacional que se constituyo también sobre el geno-
co partidarios, se entiende) y por lo tanto estratégico que                          hegemónicos que pretenden escamotear del análisis la         cidio y el etnocidio (Tamagno 2002) y promovió la ocu-
se dieron entre quienes proponían el término “pueblos                                variable desigualdad.                                        pación del territorio, sobre el que impuso un régimen de
indígenas” haciendo referencia tanto a la variable diver-                                                                                         propiedad privada para beneficio de determinados sec-
sidad como a la variable desigualdad y quienes propo-                                  Me pregunto qué quedó del lema “como indios nos            tores, en nombre de la “civilización” y el “desarrollo”•
nían el término “pueblos originarios” poniendo énfasis                               dominaron, como indios nos liberaremos”. Qué quedó
en la diferencia, tal como quedara expresado en el panel                             de los planteos de la Segunda Reunión de Barbados en la        Siguiendo esta línea argumental y en tanto, la consti-
Etnicidad y Movimientos políticos en América latina del                              cual los representantes del Congreso Indígena de la Re-      tución de nuestro país como República independiente,

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implicó un plan sistemático de expropiación de los terri-                           que se presenta como inmutables. Un racismo que no                Por lo tanto es falso circunscribir el etnocidio a lo ocu-
torio ocupados por los pueblos indígenas —que fueron                                solo se expresa en odiar negros o judíos, sino que está        rrido en el Siglo XIX en Argentina y en especial a lo ocu-
diezmados, arrinconados, subestimados y abruptamen-                                 presente en las descalificaciones que cotidianamente jus-      rrido en la llamada Conquista del Desierto, ya que de
te privados de continuar reproduciendo su existencia del                            tifican la explotación de unos por otros (Tamagno 2002)        este modo quedan en el olvido y se desconocen hechos
modo en que lo realizaban en momentos anteriores a la                               en los términos expresados en la Segunda Declaración           ocurridos a lo largo de nuestra historia cercana, en que
conquista— podemos afirmar que se produjo un geno-                                  de Barbados.                                                   los pueblos indígenas se rebelaron para defender sus de-
cidio. Cabe aclarar que el genocidio es reconocido como                                                                                            rechos y fueron violentamente reprimidos. Así lo confir-
                                                                                       Respecto a las razones de elección del término geno-
delito a partir de la Convención de las Naciones Unidas                                                                                            man en el Chaco Argentino las represiones a los movi-
                                                                                    cidio/etnocidio en lugar de otras categorías jurídicas /
para la prevención y la sanción del delito de genocidio                                                                                            mientos que ya a principio del siglo XX se organizaron
                                                                                    sociales próximas, tales como masacre estatal o exterminio
en 1948, por lo que los antropólogos nos referimos a et-                                                                                           para enfrentar las imposiciones del blanco y que aunque
                                                                                    o crimen de lesa humanidad, habría que considerar —sobre
nocidio, entendido como las acciones que dan lugar a                                                                                               interpretados en términos de milenarismos fueron ver-
                                                                                    todo desde el punto de vista jurídico— los alcances y los
la destrucción masiva de un grupo étnico, o a eliminar                                                                                             daderos momentos de rebelión que implicaron reflexio-
                                                                                    límites de cada una de estas denominaciones. No soy
cualquier aspecto fundamental de su cultura y organi-                                                                                              nes críticas sobre qué hacer y cómo seguir, tales como los
                                                                                    especialista en cuestiones jurídicas por lo que entiendo
zación, como sucedió en la expansión colonial caracteri-                                                                                           de Napalpi en 1933, Zapallar en 1935, Rincón Bomba en
                                                                                    que no es pertinente en este caso opinar respecto de los
zada por la ética del conquistador (Worsley) que conti-                                                                                            1947 (Tamagno 2009). También se ocultan —más cerca-
                                                                                    alcances y los limites de cada uno de los términos en par-
nuó guiando el proceso de surgimiento y consolidación                                                                                              nas a nuestros días— las violaciones a los derechos hu-
                                                                                    ticular y de su operatividad; aunque es de destacar que
de la república con una mentalidad colonial (Quijano                                                                                               manos ante la ola de desalojos de población indígena y
                                                                                    pensando en términos antropológicos y desde el punto
1987; Escobar 2003). El término genocidio fue utilizado                                                                                            campesino indígena que dieron lugar a la Ley 26.160; la
                                                                                    de vista de que toda violencia estatal es reprobable y
conjuntamente con el término racismo en la declaración                                                                                             imposibilidad de dicha norma jurídica de frenar los em-
                                                                                    debe ser sancionada, estos términos podrían interpretar-
de principios y objetivos del Congreso Indígena de la                                                                                              bates del interés privado (las amenazas para que desalo-
                                                                                    se como sinónimos
República Argentina que tuvo lugar en la Segunda Reu-                                                                                              jen, la usurpación violenta de territorio, la práctica cons-
nión de Barbados (Grupo de Barbados 1978:74-75).                                       Afirmamos que estamos frente a genocidio cuando las         tante de corrimiento de alambrados); la represión de
                                                                                    poblaciones indígenas son condenadas a vivir en total in-      la Comunidad Qom de La Primavera, en Formosa que
   Es por ello que propongo pensar el genocidio en su                               digencia al ver abruptamente transformada su existencia        tomó estado público a través de lo que se conoció como
relación con el etnocidio y por lo tanto con el racismo,                            frente al avance de proyectos en cuya diagramación no          “Acampe Qom” en pleno centro de la ciudad de Buenos
definido por Eduardo Menéndez (1971) como la rela-                                  participan y que les son ajenos, no sólo porque no tienen      Aires; la muerte en condiciones sumamente confusas del
ción social impuesta en el mundo a partir de la expan-                              en cuenta sus presencias, sino porque desconocen los           referente Qom Mártires López con quien compartimos
sión colonial, legitimadora de la gestación, desarrollo y                           valores que a pesar de todo aun las sustentan. Valores         trabajo de campo y espacios académicos y por la cual se
consolidación de las relaciones capitalistas de produc-                             que se expresan en concepciones de vida, muerte, poder         está reclamando investigación y justicia; la violación a
ción y los modos particulares de apropiación de la natu-                            y naturaleza que son alternas a la concepción individua-       los derechos humanos sufrida por la población Wichi
raleza y de explotación humana que éste conlleva. Un                                lista que guía la expansión del capital y el desarrollo tec-   de Sauzalito, en la Provincia de Chaco; la ultima repre-
racismo que trazó y traza en términos de Edward Said                                nológico a su servicio. Las muertes por desnutrición y         sión en el Ingenio Ledesma; la desidia estatal frente a las
(1978:315) fronteras reales entre los seres humanos entre                           por enfermedades que no tienen condiciones para tratar,        traumáticas condiciones de existencia de las poblaciones
los cuales se construyeron razas, naciones y civilizacio-                           los casos de suicidio étnico, el arrinconamiento, el des-      Qom migrantes urbanas azotadas por la falta de trabajo
nes, que forzaron a las poblaciones humanas a desviarse                             alojo y la represión cuando se rebelan y se juntan para        digno y vivienda digna y convertidas en rehenes de toda
de las realidades humanas plurales, obligándolas a fijar                            deliberar sobre su existencia, son y continúan siendo          suerte de clientelismos y/o asistencialismos, que no sólo
la atención para “abajo” y para “atrás” de los orígenes                             una constante en el cotidiano de los pueblos indígenas.        no dan solución a dichas situaciones sino que atentan


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contra lo colectivo/comunitario y contra la lógica de la                            •	Profundizar el análisis crítico respecto de la concep-        jurídicamente y luego en la práctica y que por lo tanto
reciprocidad (Tamagno 2010).                                                          ción hegemónica de explotación de la naturaleza y de          es erróneo pensar a los pueblos indígenas como ais-
   Si pensamos en términos de Foucault cuando define la                               las poblaciones humanas (avance sojero, megamine-             lados de la sociedad en su conjunto, ya que nunca lo
política como la continuidad de la guerra por otros me-                               ría, megaturismo).                                            estuvieron y tampoco lo están y su existencia como in-
dios, podemos pensar en políticas de exterminio respec-                             •	Profundizar la crítica a la lógica individualista y libe-     tegrantes de la Nación es el producto de una relación
to de la población indígena; políticas de exterminio que                              ral fundada en el lucro, la competencia y la acumula-         compleja entre diversidad y desigualdad.
continúan en tanto no se revierte el modo de producción                               ción (Sahlins 1977)                                         •	Reconocer, por lo tanto, la representatividad política a
que los ha convertido en poblaciones totalmente empo-                                                                                               todos aquellos líderes originados en la organización y
                                                                                    •	Valorar las lógicas de la reciprocidad y las lógicas co-
brecidas y abandonadas a las presiones de los clientelis-                                                                                           la lucha y que son en la actualidad referentes de colec-
                                                                                      munitarias (Gordillo 1994; Tamagno 2010) presentes
mos locales (Tamagno 2001).                                                                                                                         tivos históricos; no forzar representatividades ni pre-
                                                                                      en las poblaciones indígenas o campesino/indígenas.
   Siguiendo la línea argumental que estoy desarrollando                                                                                            tender hacerlas compatibles con una democracia que
y valorando las rebeliones como respuestas a las impo-                              •	Eliminar el término “poblaciones vulnerables” pues
                                                                                                                                                    en la actualidad tiene muy poco de representativa y
siciones desde lo hegemónico, hemos propuesto pensar                                  impide reconocer el potencial de estas poblaciones
                                                                                                                                                    mucho de clientelar.
la dinámica de las poblaciones indígenas en términos de                               para participar activamente en las tomas de decisio-
complejos procesos de aceptación/rechazo del modelo                                   nes que conduzcan a neutralizar dicho modelo de ex-            Se trata entonces de pensar cómo superar todos los
impuesto (Tamagno 1991). En este sentido destacamos                                   plotación, superando todo “pensamiento único”.              esencialismos y por lo tanto cómo narrar y tratar a los
la necesidad de analizar las presencias actuales de los                             •	Revisar y quebrar el estereotipo descalificador que         pueblos indígenas en tanto constituyentes de la Nación
pueblos indígenas como presencias activas, pues activos                               pesa sobre las poblaciones indígenas y las miradas          Argentina y entendidos como categorías históricamente
han sido a lo largo de la historia. En este sentido enten-                            esencialistas que nacidas del colonialismo y de los         construidas, producto de procesos complejos de acep-
demos que se debe ser sumamente cuidadoso para no                                     preconceptos de Occidente en su impulso de describir        tación rechazo de los modelos que se les impusieron y
reducir a las poblaciones indígenas a su mera condición                               pero también de dominar, aún perduran y son fun-            se les imponen. He acuñado el término “censores de la
de víctimas. Es claro que son víctimas de una sociedad                                cionales a la reproducción de la desigualdad; ya que        indianidad” (Tamagno 1991) para señalar a todos aque-
altamente injusta y desigual y de constantes violaciones                              abonan relatos que bajo un presunto reconocimiento          llos que se arrogan el derecho de decir quién es indígena
a los derechos humanos, pero ello no excluye valorar                                  y una presunta solidaridad, desdibujan y ocultan las        y quién no lo es y propongo enriquecer este planteo con
sus presencias a pesar de la violencia colonial, a pesar                              trayectorias de lucha de los pueblos indígenas presen-      los aportes de Edward Said (2003) en el sentido de des-
de la violencia estatal y a pesar de la violencia a la que                            tando su existencia a partir de imágenes bucólicas y        tacar la operatividad y la funcionalidad del estereotipo
están sometidos en el cotidiano de sus existencias.                                   vinculados casi ingenuamente a la naturaleza más que        “indígena” para justificar las actuales relaciones de des-
                                                                                      a la sociedad y sus tensiones. Un relato que aunque re-     igualdad.
Qué hacer?                                                                            presenta un avance respecto del silenciamiento de eta-        En este sentido entendemos que un eventual recono-
  La reparación del genocidio debe ir más allá de la de-                              pas anteriores, impide comprender en toda su riqueza        cimiento del genocidio por parte del Estado Nacional y
nuncia ya que debe comprenderse como constitutivo de                                  y dinámica las múltiples expresiones y las múltiples        de los estados provinciales serían un paso significativo,
las relaciones capitalistas de producción. De todos mo-                               formas organizativas que presentan los pueblos indí-        pues la norma legal sienta las bases del reconocimiento
dos y como toda construcción histórica es realizada por                               genas y que son el resultado de síntesis particulares de    de la violencia sufrida, genera la posibilidad de forta-
hombres y mujeres, puede deshacerse y rehacerse y por                                 la historia compartida como ciudadanos de un país al        lecimiento de las victimas a partir del reconocimiento
lo tanto puede transformarse. Hay entonces acciones                                   que conforman desde su gestación.                           estatal y por lo tanto del reconocimiento social y torna
que pueden emprenderse en el sentido de la reparación                               •	Reconocer que son ciudadanos de un país que durante         legitimo demandar y exigir, sin estar sujetos a represión
histórica que los pueblos indígenas demandan.                                         décadas les negó la categoría de ciudadanos, primero        y violencia. Sin embargo ello no es suficiente si no se

5   Corpus. Archivos virtuales de la alteridad americana, Vol. 1, N°2, 2do. semestre 2011, ISSN 1853-8037
transforma el modo de producción –léase capitalismo—                                Referencias bibliográficas                                       Tamagno, L. (1986). Una comunidad toba en el Gran
que dio lugar al genocidio.                                                                                                                            Buenos Aires: su articulación social. Actas del II Con-
                                                                                    Bartolomé, M. (1987). Afirmación estatal y negación na-
                                                                                                                                                       greso Argentino de Antropología Social, Buenos Aires.
  Al mismo tiempo es de esperar que en el contexto ac-                                cional. El caso de las minorías nacionales en América
tual de mayor visibilidad y reconocimiento, el análisis                               Latina. Suplemento antropológico,vol. XXII Nr. 2.              Tamagno, L. (l99l). La cuestión indígena en Argentina y
interdisciplinar contribuya a construir un relato que se                                                                                               los censores de la indianidad. América Indígena, Vol LI
acerque a la verdad en términos de reconocimiento de                                Bourdieu, P., Passeron, J. C. y Chamboredon, C. (1975).            Nr.l Ene/Marzo l99l, 123/152.
los pueblos indígenas, sus presencias y demandas; un                                  El oficio del sociólogo, México DF: Siglo XXI.
                                                                                                                                                     Tamagno, L. (1996). Legislación indígena, dificultades
relato que profundice en los condicionamientos del ra-                              Braudel, F. (1969). La historia de las ciencias sociales. Ma-      para su reglamentación y aplicación: El caso de la Pcia.
cismo y la colonialidad; un relato que supere la denun-                               drid: Alianza.                                                   de Buenos Aires. En: Varesse, Stefano (comp.) Pueblos
cia puntual y que exceda el tratamiento meramente ju-                                                                                                  indios soberanía y globalismo. Quito: Abya Yala.
rídico de los hechos de racismo, etnocidio y genocidio.                             Escobar, A. (2003). Mundos y conocimientos de otro
                                                                                      modo. El programa de investigación de modernidad/              Tamagno, L. (2001). ´Nam Qom Hueta’a Na Doqshi Lma’.
   Retomando la posición de superar victimizaciones                                   colonialidad latinoamericano. Tabula Rasa. Bogotá -              Los tobas en la casa del hombre blanco. Identidad, memoria
y/o revictimizaciones, no creo necesario exponer a las                                                                                                 y utopía. La Plata: Editorial Al Margen.
víctimas al relato público de las vejaciones sufridas. Me                           Gordillo, G. (1994). La presión de los más pobres: reci-
atrevo a decir que todos y cada unos de los antropólogos                             procidad, diferenciación social y conflicto entre los to-       Tamagno, L. (2002). La historia del genocidio o una his-
que hemos trabajado largamente con población indíge-                                 bas del Oeste de Formosa. Cuadernos. Instituto Latinoa-           toria de genocidios. Coloquio Historia y Memoria. Fa-
na hemos sido testigos o hemos escuchado relatos de in-                              mericano de Antropología y Pensamiento latinoamericano.           cultad de Humanidades y ciencias de la educación
númeras situaciones de violación de los derechos de los                                                                                                UNLP. Editado en CD
                                                                                    Grupo de Barbados (1979). Indianidad y descolonización
pueblos indígenas. En ese sentido las demandas de los                                                                                                Tamagno, L. (2008). Diversidad/desigualdad en el es-
                                                                                     en América Latina. Documentos de la Segunda Reunión
pueblos indígenas, las denuncias por ellos realizadas y                                                                                                pacio nacional. Negación-Ocultamiento-Racismo-Vio-
                                                                                     de Barbados.México: Editorial Nueva Imagen.
su articulación con el saber antropológico, habilitan a los                                                                                            lencia. En José Nun y Alejandro Grimson (Comps.)
gobiernos a reconocer que la traumática transformación                              Menéndez, E. (1991). Definiciones, indefiniciones y pe-            Nación y Diversidad. Territorios, identidad y federalismo
de las condiciones materiales de existencia, el aniquila-                            queños saberes. Alteridades, N°1, 21 - 32.                        (pp.63-71). Buenos Aires: Edhasa
miento, la expropiación de los territorios que libremente                                                                                            Tamagno, L. (2009). Religión y procesos de movilidad
                                                                                    Pacheco de Oliveira, J. (Org.) (1999). A viagem da volta.
ocupaban, el arrinconamiento y la sujeción a mano de                                                                                                   étnica. La Iglesia Evangélica Unida, expresión socio-
                                                                                      Etnicidade, política e reelaboração cultural no nordeste in-
obra casi esclava, en pos de la imposición de un “mo-                                                                                                  cultural del pueblo toba en Argentina. Iztapalapa Nr.
                                                                                      dígena. Rio de Janeiro Brasil: Contra Capa.
delo civilizatorio”, es etnocidio e implica racismo. Los                                                                                               62 Año 28 Pp. 69-99.
antropólogos —muchos de nosotros trabajadores del                                   Quijano, A. (1987). Modernidad, identidad y utopía en
estado, en tanto pertenecientes a universidades y cen-                               América Latina. En: CLACSO 20 AÑOS Imágenes desco-              Tamagno, L. (2010). Pensando la nación. Cuestión indí-
tros de investigación estatales— podemos aportar a este                              nocidas. La modernidad en la encrucijada postmoderna              gena, cuestión de clase y cuestión nacional. En: Juan
reconocimiento y junto con los referentes indígenas ser                                                                                                Quintar y Carlos Gabetta (Compiladores) Pensar la
                                                                                    Said, E. (2010 [1978]). Orientalismo. O Oriente como in-           Nación. Conferencias del Bicentenario. Buenos Aires: Le
tenidos en cuenta por el estado a los fines de avanzar en
                                                                                      vençao do Occidente. Sao Paulo: Companhia de Bolso.              Monde Diplomatique y Centro Cultural de la Coope-
la materia.
                                                                                    Sahlins, M. (1977). Economía de la Edad de Piedra. Madrid:         ración.
                                          20 de septiembre de 2011.                   Akal.                                                          Worsley, P. (1966). El tercer mundo. México DF: Siglo XXI.



6   Corpus. Archivos virtuales de la alteridad americana, Vol. 1, N°2, 2do. semestre 2011, ISSN 1853-8037
DEBATE                                                                                       Arqueología y ¿genocidio cultural?                                                                         Verónica Seldes*
Genocidio y política indigenista: debates
sobre la potencia explicativa de una
categoría polémica



Editor                                                                                       El Estado Nación Argentino se conformó a partir de la construcción de un modelo de unidad territorial,
                                                                                          acompañado de un proceso civilizatorio con fuertes componentes de racismo, la institucionalizacion de un
Diana Lenton (presentadora y comentarista)                                                estado monoétnico y una supuesta “homogeneidad cultural” en su interior (Bechis 1992). En este proceso,
                                                                                          el estado se constituyó invisibilizando al “otro interno” desde una praxis y un discurso naturalizador y le-
Autores y comentaristas (en orden alfabético)                                             gitimador de un proyecto de país que subsumió su diversidad cultural bajo el discurso del “ser argentino”
                                                                                          (Delrio et al 2010).
Walter Delrio y Ana Ramos
                                                                                             Considerando que la ciencia construye discursos hegemónicos que responden a sus contextos sociopolí-
Diego Escolar                                                                             ticos de producción, y que esto tiene consecuencias tanto sociales como políticas (Endere y Curtoni 2006),
Pilar Pérez                                                                               en este trabajo nos centraremos en los discursos que produjo la arqueología en sus inicios y en cuánto con-
Florencia Roulet y María Teresa Garrido                                                   tribuyó con esto a legitimar y naturalizar una historia que podríamos denominar de “genocidio cultural”.1
                                                                                             En este sentido, resulta interesante el ejercicio de deconstruir los discursos hegemónicos de la ciencia rea-
Verónica Seldes
                                                                                          lizando una genealogía de su papel en la legitimación de un determinado proyecto de estado, a la vez que
Liliana Tamagno                                                                           una reflexión sobre la práctica arqueológica tanto en el pasado como en la actualidad.
Julio Esteban Vezub
                                                                                          Siglo XX, ¿cambalache?
                                                                                             El objetivo de la arqueología de principios del siglo pasado consistía en la identificación y clasificación de
                                                                                          los pueblos prehispánicos que habitaron el territorio argentino. La arqueología de esta época clasificó a las
                                                                                          culturas prehispánicas otorgándoles límites territoriales precisos. Estas supuestas fronteras culturales y te-
                                                                                          rritoriales no tenían asidero en lo que los restos arqueológicos evidenciaban, tratándose de fronteras “inven-
                                                                                          tadas”; sin embargo, se sostuvieron por mucho tiempo en las publicaciones científicas (Delfino y Rodriguez
                                                                                          1991, Zaburlin 2009).




Corpus. Archivos virtuales de la alteridad americana, Vol. 1, N° 2, 2do. semestre 2011,
ISSN 1853-8037, URL: http://ppct.caicyt.gov.ar/index.php/corpus                           *CONICET – Instituto Nacional de Pensamiento Latinoamericano (INAPL). Correo electrónico: vseldes@gmail.com
Casualmente estas fronteras arqueológicas coincidían                             cenizas milenarias de un pueblo muerto exhumaron las             nera acrítica, delimitando territorios y cortando los lazos
con las fronteras políticas de nuestro país (al menos en el                         culturas aborígenes dando eco al silencio”.                      históricos entre pasado y presente.
Noroeste Argentino). Esto implicaba unos límites para                                  …                                                               En la medida en que el olvido de la propia historia, y
nuestro estado – nación casi inmemoriales, naturalizan-                                                                                              de los significados de los rasgos de la cultura tradicional
do una frontera política que lejos estaba de representar                               Luego de tomarnos un momento otorgando un espa-
                                                                                    cio a ese “eco del silencio”, aquí nos interesa reflexionar      que sobreviven, cancela la posibilidad de reconocerse
una frontera histórica y mucho menos cultural (Zabur-                                                                                                como sujetos creadores y transmisores de aquellos sig-
lin 2009).                                                                          si con este tipo de práctica profesional no se ha colabo-
                                                                                    rado a ese proceso que hemos denominado “genocidio               nificados, es decir mutila las subjetividades, las acciones
   De esta manera la ciencia, que no estuvo desvinculada                            cultural”, mediante la negación, en este caso, del víncu-        que promueven ese olvido constituyen genocidio.
a lo largo de su historia de su contexto de producción,                             lo histórico entre los antiguos habitantes y los actuales:
de alguna manera avaló con su práctica un proyecto po-                              unas prácticas culturales “muertas”, “perdidas”; un pa-          Patrimonialización….¿De que? ¿Para quién?
lítico de época que necesitaba establecer límites territo-                          sado lejano del cual, para los arqueólogos de la época, no       La ciencia hoy
riales precisos para su reciente estado - nación (Trinche-                          quedaban más que sus restos materiales.
ro 2000).                                                                                                                                              La Quebrada de Humahuaca fue el centro de la esce-
                                                                                                                                                     na a partir de la declaratoria por parte de la UNESCO
                                                                                    Doble juego                                                      como “Patrimonio Cultural de la Humanidad” en julio
Ecos del silencio                                                                                                                                    del 2003.
                                                                                      En este punto podemos retomar las reflexiones de Za-
   Bien viene traer a colación la “exótica” construcción                            burlin (2009), quien refiere a la relación entre este tipo          No puede desconocerse que esto fue producto, en par-
de una pirámide en la cima del Pucará de Tilcara (Que-                              de práctica arqueológica y el proyecto político del pe-          te, de la voluntad política del estado de impulsar el desa-
brada de Humahuaca, Jujuy), monumento “emblemá-                                     ríodo. De acuerdo a la autora, es posible hablar de un           rrollo turístico de la región (Cruz y Seldes 2005).
tico” erigido en 1935. ¿Emblemático de qué? Probable-                               doble juego perverso en el cual la arqueología promovía
mente de la forma de pensar la arqueología de esa época                                                                                                Prometedor discurso sobre el turismo como genera-
                                                                                    una historia ficticia acerca de los límites del territorio del
(Belli et al 2005).                                                                                                                                  dor de mayor bienestar para la población. Sin embargo,
                                                                                    norte argentino (por su identificación una cultura = un
                                                                                                                                                     no debemos dejar de reflexionar sobre las condiciones
   Hay varias cuestiones interesantes para resaltar res-                            territorio) que justificaban por lo tanto esos límites na-
                                                                                                                                                     en las que se elaboró y presentó el proyecto frente a la
pecto a la famosa “pirámide del pucarà”, punto casi                                 cionales y, por otro lado, les negaba la historicidad a los
                                                                                                                                                     UNESCO. Si bien se realizaron talleres con la población
obligado para el turismo. Una de ellas es que esta forma                            pueblos originarios contemporáneos porque lo que los
                                                                                                                                                     local y se adjuntaron a la propuesta declaratoria los do-
constructiva no representa ningún aspecto de la arqui-                              “científicos” estudiaban, eran “culturas muertas”.
                                                                                                                                                     cumentos surgidos de esos encuentros, las perspecti-
tectura local; por otra parte, se diseñó destruyendo las                              Son estos algunos ejemplos que hemos elegido para              vas de las comunidades originarias no fueron tenida en
construcciones originales y colocando un monumento                                  dar cuenta de qué manera la ciencia, en este caso el dis-        cuenta (Belli et al 2005). Aquello a ser patrimonializa-
“importado” sobre lo que fue uno de los lugares cen-                                curso arqueológico, contribuyó de alguna manera a in-            do se decidió en instancias donde el actor local no pudo
trales del asentamiento (Zaburlin 2009). Sobre todo, ha-                            visibilizar la historia de las poblaciones locales quitán-       participar. Sus intereses, sus propias representaciones
biendo demolido las construcciones originales, se cons-                             doles su historia, porque a un “pueblo muerto” no se le          quedaron excluidas. Así, la población asistió a lo que
truyó en homenaje a los arqueólogos que allí trabajaron,                            busca la continuidad.                                            Machaca denomina “la folklorización de representacio-
poniendo en perspectiva central a los arqueólogos e in-
                                                                                      Esto es, la arqueología de principios del siglo pasado         nes del indio para su venta” (Machaca 2007).
visibilizando de esta manera la arquitectura prehispáni-
ca. Pero aún mas interesante resulta la placa colocada en                           terminó reproduciendo y reforzando el modelo civiliza-             No sólo esto, sino que, a casi diez años de la decla-
el frente de la pirámide cuya leyenda dice: “De entre las                           torio a través de la realización de clasificaciones de ma-       ratoria, es cierto que hubo grandes efectos económicos



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sobre la región. El problema es que no queda claro hasta                            cialice ni naturalice lo que es resultado de determinados   ria, con un fuerte apoyo del estado municipal (Dirección
qué punto esto constituye un beneficio para la pobla-                               procesos políticos (Trinchero 2000). La “construcción de    de Derechos Humanos de la Municipalidad de Morón),
ción local. El aumento del turismo es innegable, la reva-                           la argentinidad” es un ejemplo. La “patrimonialización      permitió por un lado que se acercaran ex detenidos a
lorización del valor de la tierra también. Sólo que ahora                           de una región” ¿podría ser otro?.                           dar su testimonio, otros a consultar sobre su probable
la misma se ha convertido en un recurso inaccesible: su                                Frente al reciente redescubrimiento de la arqueología    detención en el lugar, así como referencias de vecinos
valor se ha incrementado de tal manera que los compra-                              por parte de la comunidad en general y del lugar que        acerca del funcionamiento de Mansión Seré como cen-
dores ¿casualmente? son inversores no locales que cons-                             ahora se le otorga para acompañar el proceso de patri-      tro de detención. Al mismo tiempo las excavaciones han
truyen costosos hoteles para albergar al nuevo tipo de                              monialización de la región, el arqueólogo debería po-       permitido recuperar los cimientos de la casona y su só-
turista atraído por ver ese “paisaje de la humanidad”.                              sicionarse desde un lugar crítico frente a los discursos    tano y en conjunto con las declaraciones de los deteni-
                                                                                    triunfalistas acerca de los “beneficios” que este proceso   dos, rearmar el plano de la casa y la funcionalidad de los
  Esta reinserción de la región en renovados circuitos
                                                                                    tiene para la población local. Beneficios que no vaya a     espacios mientras funcionaba como centro de detención
de producción y consumo, de propuestas de desarrollo
                                                                                    ser que impliquen una nueva forma de encubrimiento          (Di Vruno y Seldes 2005, Di Vruno et al 2006).
económico provenientes de sectores hegemónicos (Belli
et al 2005), implica, es cierto, una revalorización de su                           de la diversidad cultural.                                     ¿Pero cuantos trabajos arqueológicos hacen referencia
historia. Lo que antes era invisibilizado ahora aparece                                                                                         a los procesos de genocidio de los pueblos originarios?
con un status especial, ahora tiene valor. “Hay que po-                             Veinte años no es nada                                        En este momento en el cual se están generando inte-
nerlo en valor”, se escucha recurrentemente, incluyendo                                                                                         resantes procesos, donde por un lado las organizaciones
                                                                                      En los últimos veinte años la arqueología ha comen-
propuestas arqueológicas de “puesta en valor del patri-                                                                                         indígenas reclaman su reconocimiento como actores so-
                                                                                    zado a cuestionar esa forma “tradicional” de ejercer su
monio”.                                                                                                                                         ciales, reclamando sobre derechos territoriales y reivin-
                                                                                    práctica, alejada del contexto y de la realidad en la que
  Ese patrimonio que antes estuvo desvinculado de la                                trabaja, promoviendo lo que antes era arqueología para      dicando el respeto por su cultura e identidad, solicitan-
historia de la población local y fue invisibilizado como                            especialistas y destinada a engrosar las vitrinas de los    do mayor participación y decisión sobre el manejo de
parte de un proceso legitimador del Estado – nación,                                museos. En este sentido distintos grupos de investiga-      los bienes culturales, de su historia y su presente y don-
hoy es recuperado y resignificado.                                                  ción han llevado adelante proyectos vinculados a gene-      de paralelamente a esto, y probablemente fuertemente
                                                                                    rar aportes en el esclarecimiento y difusión de procesos    vinculado, asistimos al resurgimiento de la “cuestión
   Por un lado, proponemos reflexionar sobre lo que sig-
                                                                                    genocidas recientes, más exactamente durante la última      indígena” como tema de las agendas gubernamentales
nifica implementar un proyecto patrimonializador des-
                                                                                    dictadura militar (1976 – 1983). Los trabajos en el “Club   (Delrio y Lenton 2008), la arqueología se encuentra con-
ligado de las propias representaciones de la población
                                                                                    Atlético”, “Pozo de Rosario”, “El Vesubio” y “Mansión       minada a comprometerse. Esto genera nuevos desafíos
(Belli et al 2005). A su vez sería interesante discutir so-
                                                                                    Seré” son algunos de los ejemplos que incluyeron en al-     para la disciplina a medida que se avanza en la reflexión
bre las consecuencias sociales de la práctica arqueológi-
                                                                                    gunos casos la participación de arqueólogos como peri-      sobre el respeto a las comunidades locales, su voz, su
ca: ser conscientes de la necesidad de que la ciencia no
                                                                                    tos y testigos de causas judiciales.                        relato; abandonando el monólogo arqueológico para
vuelva a repetir discursos “legitimadores” de prácticas
                                                                                                                                                transitar instancias de diálogo, de coproducción del co-
hegemónicas. La permanente autocrítica de las ciencias                                En el desarrollo del proyecto antropológico- arqueo-      nocimiento, y para evaluar cuánto puede hacer hoy la
sociales se impone como estrategia de evaluación de las                             lógico en Mansión Seré o Atila, que funcionara como         ciencia en pos de la visibilización de la diversidad que
implicancias de utilizar conceptos como “patrimonio” o                              centro clandestino de detención, por citar un ejemplo       engloba aquel “ser argentino”, acompañando el proceso
“puesta en valor”, desnaturalizando y deconstruyendo                                que podemos referir de manera directa, los trabajos ar-     que vienen realizando los pueblos originarios.
los propios discursos para que no se conviertan en nue-                             queológicos han generado (y aún lo siguen haciendo)
vas herramientas legitimadoras (Boasso 2005). En defi-                              importante evidencia para el esclarecimiento del geno-        En este sentido, es importante reconocer que se han
nitiva el desafío es trabajar por una ciencia que no esen-                          cidio. La visibilidad que adquirió este espacio de memo-    generado espacios en los eventos científicos para la dis-


3   Corpus. Archivos virtuales de la alteridad americana, Vol. 1, N°2, 2do. semestre 2011, ISSN 1853-8037
cusión acerca de las consecuencias sociales de la arqueo-                              Esperamos con estas reflexiones haber contribuido a           y R. Slavutzky. Instituto Interdisciplinario Tilcara, Fa-
logía, el trabajo en conjunto con las comunidades; y se                             la discusión sobre cuál es el lugar que actualmente pue-         cultad de Filosofía y Letras. UBA.
han desarrollado simposios y reuniones sobre el trata-                              de tomar la arqueología en el proceso de conocimiento          Cruz, P. y Seldes, V. (2005). Patrimonio, identidad y
miento de los restos óseos humanos y la ética profesio-                             de nuestra historia, nuestro presente, y los aportes que         práctica arqueológica en la Quebrada de Humahuaca
nal.                                                                                puede realizar al esclarecimiento de los procesos de et-         (Jujuy, Argentina). En E. Belli y R. Slavutzky (Eds.)
  Muchos de estos encuentros han generado arduos de-                                nocidio; más aún, continuar pensando para quiénes se             Patrimonio en el Noroeste Argentino, (pp. 167-195). Bue-
bates y han puesto en evidencia las diferentes posturas                             construyen los discursos científicos (Delfino y Rodríguez        nos Aires: Instituto Interdisciplinario Tilcara, Facultad
alrededor de los derechos de las comunidades a decidir                              1991) y qué es lo que se está legitimando con su práctica.       de Filosofía y Letras. UBA
sobre el destino de los restos recuperados por la arqueo-                                                                                          Delfino, D. y Rodríguez, P.G. (1991). Crítica de la arqueo-
logía (los restos humanos principalmente), poniendo                                                                                                 logía `pura’: de la defensa del patrimonio hacia una arqueo-
sobre el tapete la discusión acerca de la existencia de                             NOTAS:                                                          logía socialmente útil. Inédito.
una continuidad histórica de los pueblos originarios y
                                                                                    1 	 Somos conscientes de la superposición de los concep-       Delrio, W. y D. Lenton (2008). Negaciones y reconoci-
su vinculación con las comunidades actuales, un punto
                                                                                        tos genocidio cultural y etnocidio. Sin embargo, elegi-     mientos del genocidio en la política indígena del es-
que todavía sigue discutiéndose y donde lejos se está de
                                                                                        mos esta expresión dado que estamos convencidos             tado argentino. Trabajo presentado en 3ras Jornadas de
generar un consenso.
                                                                                        de que el etnocidio, en todo caso, es una manifes-          Historia de la Patagonia, Bariloche, 6-8 de noviembre de
  Estos debates evidencian que hay temas que no han                                     tación del genocidio. Nuestra expresión “genocidio          2008.
sido lo suficientemente problematizados por el conjun-                                  cultural” intenta enfatizar la vía cultural por la cual
to de la comunidad arqueológica. El punto de inflexión                                                                                             Delrio, W., Lenton, D., Musante, M., Nagy, M., Papa-
                                                                                        también se realiza el genocidio.
creemos que sigue siendo el “gran debate” que todavía                                                                                               zian, A. y Pérez, P. (2010). Prácticas genocidas y Pue-
se debe la arqueología, esto es, la reflexión acerca de                                                                                             blos Originarios en Argentina. Trabajo presentado en
cuánto podría contribuir hoy la arqueología para escla-                                                                                             III Seminario Internacional Políticas de la Memoria “Re-
                                                                                    Referencias bibliográficas                                      cordando a Walter Benjamin: Justicia, Historia y Verdad.
recer procesos genocidas vinculados a los actuales recla-
                                                                                    Belli, E., R. Slavuztky y C. Argañaraz (2005). Patrimonio       Escrituras de la Memoria”. Buenos Aires, 28, 29 y 30 de
mos de los pueblos indígenas.
                                                                                      y memoria: el problema de la tierra en Tilcara. En E.         octubre de 2010. Centro Cultural de la Memoria Ha-
  Concretamente algunos pasos se han dado en este                                     Belli y R. Slavutzky (Eds.) Patrimonio en el Noroeste Ar-     roldo Conti.
sentido. Algunos arqueólogos han participado en el                                    gentino, (pp. 65 – 126). Buenos Aires: Instituto Interdis-
proceso de restitución y en algunos casos reentierro de                                                                                            Di Vruno, A. y Seldes, V. (2005). Proyecto Antropológi-
                                                                                      ciplinario Tilcara, Facultad de Filosofía y Letras. UBA.
restos humanos; se han retirado cuerpos momificados                                                                                                  co – Arqueológico “Mansión Seré”. El Provenir de la
                                                                                    Bechis, M. (1992). Instrumentos metodológicos para el            Memoria: 137 - 152. Segundo Coloquio Interdisciplinario
de las vitrinas de algunos museos, algunos han partici-
                                                                                      estudio de las relaciones interétnicas en el período for-      de Abuelas de Plaza de Mayo “El Porvenir de la Memoria”,
pado como testigos en casos de disputas territoriales de
                                                                                      mativo y de consolidación de estados nacionales. En            8 y 9 de abril de 2005. Escuela Superior de Comercio
comunidades indígenas por la tenencia de la tierra…un
                                                                                      C. Hidalgo y L. Tamagno (Comps.) Etnicidad e identi-           Carlos Pellegrini. UBA.
largo camino aún por recorrer….mas sin un verdadero
                                                                                      dad, (pp.82-108). Buenos Aires: CEAL.
debate y sinceramiento, este tipo de prácticas podrían                                                                                             Di Vruno, A., Seldes, V., Noel, D.A., De Haro, M.T., Do-
perdurar en la historia de la disciplina como casos aisla-                          Boasso, F. (2005). Memorias del territorio. Patrimonio en el     val, J, Giorno, P., Vázquez, L. (2006). Arqueología en
dos con ese status periférico.                                                        Noroeste Argentino, pp. 197 – 217. Editado por E.Belli         un Centro Clandestino de Detención . El caso Mansión




4   Corpus. Archivos virtuales de la alteridad americana, Vol. 1, N°2, 2do. semestre 2011, ISSN 1853-8037
Seré – Atila”. III Congreso Nacional de Arqueología His-                         Machaca, R. (2007). La escuela Argentina en la celebración      Zaburlin, M.A. (2009). Historia de la ocupación del Pu-
    tórica. Rosario 18 al 20 de mayo de 2006.                                         del encuentro con el “nosotros indígena”. La Paz: Plural,        cará de Tilcara (Jujuy, Argentina). Intersecciones en An-
                                                                                      PROEIB Andes, UMSS, Ministerio de Educación cien-                tropología, 10 (1): 89 – 103.
Endere, M. L y Curtoni, R. (2006). Entre Lonkos y “ólo-
                                                                                      cia y tecnología. Presidencia de la Argentina.
  gos”. La participación de la comunidad indígena
  Rankulche de Argentina en la investigación arqueoló-                               Trinchero, H. (2000). Los dominios del demonio. Civilización
  gica. Arqueología Suramericana, 2 (1): 72 – 92.                                      y barbarie en las fronteras de la nación. Buenos Aires: EU-
                                                                                       DEBA.




5    Corpus. Archivos virtuales de la alteridad americana, Vol. 1, N°2, 2do. semestre 2011, ISSN 1853-8037
DEBATE                                                                                       El genocidio en la historia:                                                                                 Florencia Roulet*
Genocidio y política indigenista: debates                                                                                                                                                         María Teresa Garrido**
sobre la potencia explicativa de una
                                                                                             ¿Un anacronismo?
categoría polémica
                                                                                             A la memoria de Pedro Navarro Floria



Editor                                                                                      La aplicación del concepto de genocidio a la política seguida por el Estado argentino republicano contra
                                                                                          los pueblos indígenas libres de la Pampa, la Patagonia y el Chaco suscita a menudo vivas objeciones. La pri-
Diana Lenton (presentadora y comentarista)                                                mera consiste en afirmar que, so pena de anacronismo, no se puede usar una noción jurídica consagrada en
                                                                                          1948 por las Naciones Unidas para describir hechos acontecidos varias décadas antes.
Autores y comentaristas (en orden alfabético)                                              La segunda pretende que, en un contexto intelectual marcado por el darwinismo social que afirmaba la
Walter Delrio y Ana Ramos                                                                 superioridad de la raz         blanca y su derecho a someter a las demás por la fuerz        los responsables de la
                                                                                          lítica estatal no habrían tenido consciencia de cometer delito alguno. En toda legalidad, no habrían hecho
Diego Escolar                                                                             sino acelerar artificialmente el proceso natural de la “inevitable” extinción de las “raz         inferiores” y su
Pilar Pérez                                                                               sustitución por la raz
Florencia Roulet y María Teresa Garrido                                                     La tercera supone que, en la medida en que no se llevó a cabo la completa desaparición de los pueblos
                                                                                          indígenas, no se puede hablar de genocidio.
Verónica Seldes
                                                                                             Pretendemos desvirtuar estos argumentos desarrollando tres ejes de análisis. Quisiéramos determinar
Liliana Tamagno
                                                                                          en primer lugar si las prácticas que afectaron a la población indígena durante el proceso de expansión del
Julio Esteban Vezub                                                                       Estado nacional sobre los territorios y sociedades de los pueblos originarios caben en la actual definición de
                                                                                          genocidio. Nos interrogaremos enseguida sobre las nociones jurídicas vigentes en el siglo XIX para evaluar
                                                                                          si esos actos o algunos de ellos constituían entonces un delito de lesa humanidad. Concluiremos con una
                                                                                          reflexión acerca de si es jurídicamente adecuado y útil hoy calificar aquellos hechos como genocidio.




                                                                                          *Lic. en Historia, UBA. Correo electrónico: flo.roulet@gmail.com
Corpus. Archivos virtuales de la alteridad americana, Vol. 1, N° 2, 2do. semestre 2011,   **Lic. en Derecho, Universidad Externado de Colombia. Consultora en derechos humanos y en derecho internacional humanitario.
ISSN 1853-8037, URL: http://ppct.caicyt.gov.ar/index.php/corpus                           Correo electrónico: tegarrido@hotmail.com
1. Crimen de genocidio y delito de lesa huma-                                       Argentino Roca tenía como objetivo “extirpar el mal de       ganados de los indios resultaban “indispensables a su
nidad                                                                               raíz y destruir esos nidos de bandoleros que incuba y        existencia”. Sin ellos, “antes que morir de hambre en la
                                                                                    mantiene el desierto” (Roca 1948, p.454) 4. Si el discurso   selva, [el indio] vendrá cabizbajo y convencido” (Barros
   Considerado por la Asamblea General de las Nacio-                                oficial proponía “buscar al indio en su guarida, para so-    1975, pp. 108, 112, 207-208). La captura de la población
nes Unidas como un “odioso flagelo” que “en todos los                               meterlo o expulsarlo” al sur del río Negro -desalojando      no combatiente y el despojo de sus principales medios
períodos de la historia ha infligido grandes pérdidas a                             así quince mil leguas cuadradas de tierras (Roca 1948,       de subsistencia no eran, pues, el resultado colateral de
la humanidad”, el genocidio fue definido jurídicamente                              pp.445 y 455)-, extraoficialmente se hablaba de extermi-     las operaciones sino el principal método de las tropas en
en 1948 como un conjunto de actos “perpetrados con la                               nio, lo que entonces como ahora significaba “expulsión       campaña.
intención de destruir, total o parcialmente, a un grupo                             o destierro; desolación, destrucción total de alguna cosa”
nacional, étnico, racial o religioso, como tal”. Esos actos                                                                                         Una vez obtenida la victoria se debía acabar con el in-
                                                                                    (RAE 1869, p.349; el subrayado es nuestro). Ignacio          dio como tal desarticulando su organización social, po-
son: la matanza de miembros del grupo; la lesión grave a                            Fotheringham, que fuera ayudante y secretario de Roca
la integridad física o mental de los miembros del grupo;                                                                                         lítica y económica para impedirle perpetuar su cultura,
                                                                                    cuando éste se desempeñaba como Comandante en Jefe           obligando a los sobrevivientes a subsumirse individual-
el sometimiento intencional del grupo a condiciones de                              de la frontera sur de Córdoba, cuenta sin falsos pudores
existencia que acarreen su destrucción física, total o par-                                                                                      mente en los estratos inferiores del proletariado rural.
                                                                                    cómo preparaba ya entonces su jefe sus “proyectos au-        El destino que les esperaba era presentado en términos
cial, las medidas destinadas a impedir los nacimientos                              daces sobre el exterminio de los indios” (Fotheringham
en el seno del grupo y el traslado por la fuerza de niños                                                                                        que Pedro Navarro Floria calificaba como “uno de los
                                                                                    1970, p.373, 301 y 441). Y el propio Roca afirmaba que       más persistentes sofismas constitutivos del discurso de
del grupo a otro grupo1.                                                            el “mejor sistema de concluir con los indios, ya sea ex-     la conquista: la idea de que se podría incorporar esos
   En la medida en que estos actos de exterminio son co-                            tinguiéndolos o arrojándolos al otro lado del Río Negro”     territorios a la Nación sin afectar a sus habitantes” (Na-
metidos de modo sistemático y premeditado contra una                                era “el de la guerra ofensiva” y se ufanaba, ya concluida    varro Floria 2006, p. 9). Un claro ejemplo de ese sofis-
población civil, constituyen un delito de lesa humani-                              la campaña, de haber “hecho desaparecer las numerosas        ma se encuentra en la prosa de Alvaro Barros. Si bien
dad. Es decir, un crimen que por su naturaleza horrenda                             tribus de la Pampa que se creían invencibles” (Walther       proponía “hacer desaparecer”, “aniquilar”, “suprimir”,
agravia, lesiona y ofende a la humanidad en su conjun-                              1948, II, p.218, 250).                                       “extinguir”, “ultimar”, “someter”, “dispersar” y “absor-
to2. Si bien el derecho internacional brinda tardíamen-                                Consideremos en segundo lugar los métodos utiliza-        ber” al indio mediante el mestizaje, procuraba con una
te una definición que abarca -entre otros- los actos de                             dos. Como en todas las guerras, era lógico que en la lu-     pirueta retórica que su proyecto no fuera rotulado como
asesinato, exterminio, esclavitud, deportación o traslado                           cha se intentara poner fuera de combate a un máximo de       exterminio5:
forzoso, encarcelación ilegal, tortura, violación y pros-                           enemigos armados. Sin embargo, ésta no fue la táctica
titución forzada, la noción de crimen contrario a la hu-                            adoptada. Más que la batalla frontal, se procuró la de-        Estamos contra la idea del exterminio de los indios, por ser
manidad es antigua. La evocaba por ejemplo el virrey                                tención, dispersión y servidumbre de las mujeres e hijos       esto más que innecesario inconveniente, injusto y bárbaro,
Vértiz, para quien el degüello de indias ancianas era una                           de los indios para impedir su perpetuación como grupo;         pero estamos también contra la idea de conservarlos reu-
práctica “repugnante a la humanidad por más razones                                 la captura de sus ganados y demás bienes para obligar-         nidos, ya sea en poblaciones especiales con autoridades
que quieran alegarse en contrario”3.                                                                                                               propias, ya en cuerpos militares especiales también. Bajo
                                                                                    los a rendirse y la apropiación definitiva de los territo-
                                                                                                                                                   una u otra forma ellos pudieran conservar y conservarían
  ¿Correspondieron las políticas estatales republicanas                             rios que ocupaban. “Los indios -preconizaba el general         su carácter distintivo, su espíritu y sus hábitos de indepen-
argentinas hacia los pueblos indígenas a las modernas                               Alvaro Barros, uno de los ideólogos de la campaña al de-       dencia [...]. La absorción es el único medio seguro, justo,
definiciones de genocidio y crimen de lesa humanidad?                               sierto-, serían aniquilados si no cayendo inmediatamen-        económico y bajo todo punto de vista ventajoso, que tene-
Veamos en primer lugar las metas que éstas perseguían.                              te en nuestro poder los hombres [...] cayendo irremedia-       mos de acabar con los indios, mezclándose esta raza con la
Como las campañas previas de Martín Rodríguez y de                                  blemente sus familias y cuanto allí tuviesen”. Además          inmigración europea como se ha hecho en toda la América
Juan Manuel de Rosas, la del ministro de guerra Julio                               de ser los objetos que estos más amaban, las familias y        desde el principio de la conquista. (Barros 1975, p. 229)


2   Corpus. Archivos virtuales de la alteridad americana, Vol. 1, N°2, 2do. semestre 2011, ISSN 1853-8037
El mestizaje que preconizaba Barros no era una libre                               delitos enmarcados en los conceptos contemporáneos de         guna regla ni dan cuartel” era legítimo castigarlas en la
unión de indios e indias con inmigrantes de ambos se-                                genocidio y de crimen de lesa humanidad.                      persona misma de los cautivos que pudieran conseguir-
xos sino, como se había hecho en efecto desde principios                                                                                           se, para someterlos a las “leyes de la humanidad”. Con
de la conquista, la sumisión forzada y a menudo violen-                              2. Derecho de gentes y derecho de la guerra en                estas naciones “que parecen nutrirse de los furores de
ta de las indias a los hombres blancos. Durante la cam-                                                                                            la Guerra”, haciéndola sin otro pretexto o motivo que
                                                                                     los siglos XVIII y XIX
paña propiamente dicha, las prisioneras eran obligadas                                                                                             su ferocidad, era válido incluso recurrir al exterminio,
a seguir a sus captores a marcha acelerada. Las que no                                 Ahora bien, considerando el carácter históricamente         ya que se trataba de “monstruos, indignos del nombre
podían sostener el ritmo eran lanceadas. Las que aguan-                              contingente de toda formulación jurídica, ¿eran delicti-      de hombres [que] deben ser mirados como enemigos del
taban eran finalmente repartidas entre los soldados                                  vas estas conductas según la doctrina jurídica occidental     género humano” (Vattel 1983, p. 27, 106-108).
(Prado 1942, p. 125, 126). Los partes de guerra no men-                              vigente en la Argentina republicana? ¿Cómo calificaba el
                                                                                     derecho de la época una guerra que buscaba el extermi-           Esta licencia para el exterminio inspiró a los hombres
cionan el lado sucio de estos repartos –las violaciones y                                                                                          de Estado que en el siglo XIX, al norte como al sur del
otros abusos- sugiriendo incluso que las propias indias                              nio del contrincante y adoptaba como método la captura
                                                                                     de la población civil, su traslado forzado, su dispersión     continente americano, se proponían ocupar los territo-
consentían en la nueva suerte que les cabía o negando                                                                                              rios indígenas vaciándolos previamente de indios. En un
que hubiera intenciones de aprovecharse sexualmente                                  y su esclavitud? 7
                                                                                                                                                   largo proceso de elaboración discursiva que tenía como
de ellas6. Sin embargo, como en todos los tiempos, es-                                 En la mentalidad jurídica rioplatense estuvo vigente        finalidad la afirmación de soberanía estatal sobre territo-
tas prácticas eran moneda corriente. Uno de los pocos                                hasta entrado el siglo XIX el marco doctrinario del dere-     rios y pueblos hasta entonces pertinazmente externos a
testimonios explícitos con que contamos es el relato del                             cho de gentes elaborado por los juristas Samuel Puffen-       las repúblicas en gestación fue cobrando forma un mito
ex-cautivo Santiago Avendaño que narra cómo, duran-                                  dorf (Alemania, 1632-1694), Christian Wolff (Alemania,        que echaría honda raíz en el imaginario colectivo10. Se-
te una incursión de las tropas rosistas a los toldos ran-                            1679-1754) y Emer de Vattel (Suiza, 1714-1767) sobre          gún él, las naciones originarias soberanas con quienes los
quelinos, los soldados se habían emboscado junto a las                               la base de los escritos de Hugo Grocio (Holanda, 1583-        Estados coloniales y republicanos habían firmado trata-
aguadas esperando que las mujeres se acercaran a llenar                              1645). Los trabajos de estos tratadistas eran difundidos      dos de paz hasta la década de 1870, no constituían sino
sus odres vacíos.                                                                    en la Universidad de Buenos Aires por su primer rector,       hordas de salvajes morando en desiertos más allá de una
                                                                                     Antonio Sáenz8. Aunque aún sin carácter obligatorio,          “frontera interior” que amputaba al país una parte sus-
    Los soldados desenfrenados atropellaron a las chinas que                         esa doctrina se refería también a las costumbres obser-       tancial de los territorios que por derecho le pertenecían.
    temblaban de terror. Echando pie a tierra, les quitaron                                                                                        Reducidas a meras corporaciones civiles, se las privaba
                                                                                     vadas por los Estados europeos durante las hostilidades,
    cuanto tenían sobre el cuerpo y cometieron toda clase de                                                                                       de un plumazo de personería jurídica internacional. Un
                                                                                     tales como las treguas destinadas a recoger cadáveres y
    violaciones y de excesos brutales. Todas fueron conduci-                                                                                       elemento central de este mito es la caracterización de los
    das al campamento, donde sufrieron el doble de vejáme-                           a asistir enfermos9.
                                                                                                                                                   indios como salvajes sanguinarios que hacen de la gue-
    nes, porque se vieron pasar de mano en mano y en poder                             Para estos teóricos, las prácticas de la guerra entre Es-   rra y la rapiña un modo de vida11. La ferocidad indíge-
    de los hombres ‘cristianos’ más deshonestos, más brutos y                        tados soberanos debían ajustarse a las nociones de ne-        na se volvía necesaria y funcional a la legitimación de
    más obscenos que podían haber conocido. (Hux 1999, pp.                           cesidad militar y de proporcionalidad. “Todo lo que se
    129-130).                                                                                                                                      la guerra colonial12. De la empresa propagandística que
                                                                                     haga de más es reprobado por la Ley Natural, vicioso &        consagró el mito del “Salvaje Innoble” (Jennings 1975,
   Captura de familias, confiscación de bienes necesarios                            condenable ante el Tribunal de la Conciencia”. La inte-       p. 59) se encargarían estrategas, publicistas y la naciente
a la supervivencia colectiva, desmembramiento de gru-                                gridad del enemigo que se sometía y rendía las armas          historiografía nacional: “la conquista de la memoria fue
pos familiares, desarticulación de comunidades, viola-                               debía ser preservada a menos que hubiera cometido un          uno de los movimientos tácticos que formaron parte de
ciones, esclavitud sexual: los actos cometidos contra las                            grave crimen contra el derecho de gentes, en cuyo caso        la apropiación imaginaria de la Pampa y la Patagonia,
poblaciones indígenas durante su forzada incorporación                               podía ser esclavizado o ejecutado. Pero en el caso de una     que posibilitó a su vez su conquista material manu mili-
al Estado republicano constituyen, sin lugar a dudas,                                guerra contra “naciones feroces que no observan nin-          tari, entre 1875 y 1885” (Navarro Floria 2005).

3    Corpus. Archivos virtuales de la alteridad americana, Vol. 1, N°2, 2do. semestre 2011, ISSN 1853-8037
Frente a la construcción de ese mito que llevaba a pos-                             dios de la Argentina no desaparecerían por el filo de la      tención, debía ser correctamente alimentado, respetado
turas extremas como las de Domingo F. Sarmiento13, se                                 espada sino “por la absorción y asimilación”.15               en su integridad física y retribuido por los trabajos ci-
alzaron sin embargo algunas voces críticas que preanun-                                  Esta evolución de las mentalidades en Argentina            viles que realizara. Estaba prohibido ponerlo al servi-
ciaban el discurso que se iría imponiendo en la segunda                               acompañaba el desarrollo del pensamiento jurídico occi-       cio militar de la fuerza detentora y exigirle información
mitad del siglo, a saber que la “civilización” daba no                                dental con respecto a la guerra. Se impone en la segunda      militar sobre su país. En cuanto a la población civil no
sólo derechos sobre los pueblos “salvajes” juzgados infe-                             mitad del siglo XIX una dinámica tendiente a humanizar        combatiente, su vida, su honor familiar, así como sus
riores sino un deber de tutela y protección que excluía la                            los usos bélicos, que llevará a la creación del Comité        convicciones y prácticas religiosas debían ser garanti-
opción del exterminio14. En 1865, el historiador Vicente                              Internacional de la Cruz Roja (1863) y a los primeros es-     zados. La población de las regiones invadidas no podía
Quesada condenaba la campaña al desierto de Rosas en                                  fuerzos de reglamentación del derecho de la guerra. En        ser obligada a jurar obediencia a la potencia enemiga ni
duros términos:                                                                       Estados Unidos, el Código de Lieber elaborado durante         a someterse a sus órdenes. La propiedad privada tam-
                                                                                      la guerra de la Secesión aparecía como la primera tentati-    poco podía ser confiscada. Respecto de los medios y los
     Nada estable se funda sobre la iniquidad, y el propósito
                                                                                      va de codificación de las leyes de la guerra, de aplicación   métodos de hacer la guerra, la doctrina prohibía la des-
     de exterminar [a] los indios es un crimen, cuya sangre es                                                                                      trucción o apropiación de los bienes del enemigo que no
                                                                                      exclusivamente interna16. Siguió enseguida la Conven-
     ignominia para nuestras armas. Someterlos y atraerlos a los                                                                                    fuera imperiosamente dictada por las necesidades de la
     usos blandos de la civilización, mejorarlos y conquistarlos                      ción multilateral para mejorar la suerte de los militares
                                                                                      heridos en campaña (I Convenio de Ginebra), que la Ar-        guerra, lo mismo que el ataque o bombardeo de aglome-
     para el bien, ése es el único camino justo y digno” (Quesada                                                                                   raciones o poblaciones no fortificadas.
     1865, pp. 48-49).                                                                gentina ratificó en 1879. En paralelo a esos instrumentos
                                                                                      de cumplimiento obligatorio se fueron desarrollando              Este marco doctrinario y normativo muestra a las cla-
  En la Revista del Río de la Plata del 22 de agosto de 1869,                         declaraciones de principio que fundan la doctrina del         ras que las prácticas empleadas en particular durante la
su contemporáneo, el escritor y legislador José Hernán-                               actual derecho internacional humanitario17. Principios        campaña al desierto -captura de población no comba-
dez, coincidía:                                                                       como que “el único fin legítimo de la guerra es el debi-
                                                                                                                                                    tiente, su traslado forzado, dispersión, distribución y re-
                                                                                      litamiento de las fuerzas militares del enemigo” para lo
                                                                                                                                                    ducción a la servidumbre, su involuntaria conversión al
     Nosotros no tenemos el derecho de expulsar a los indios                          cual basta con “desactivar el mayor número posible de
                                                                                                                                                    catolicismo y los abusos sexuales contra las mujeres, así
     del territorio y menos de exterminarlos. La civilización sólo                    hombres” y que “las leyes de la guerra no reconocen a los
                                                                                                                                                    como la utilización de prisioneros de guerra desarmados
     puede darnos derechos que se deriven de ella misma [...]                         beligerantes un poder ilimitado en la adopción de me-
                                                                                                                                                    como guías e informantes, su detención en campos de
                                                                                      dios para perjudicar al enemigo” fueron consagrados ya
                                                                                                                                                    concentración y su ejecución arbitraria (cf. Lenton 2005
     ¿Pero qué civilización es ésa que se anuncia con el ruido de                     en la década de 1860. El empleo de armas que agravaran
     los combates y viene precedida del estruendo de las matan-                                                                                     y Delrio 2005)- eran violatorias de lo que entonces se en-
                                                                                      inútilmente el sufrimiento del enemigo puesto fuera de
     zas? (Hernández 1869).                                                                                                                         tendía como “leyes de la guerra” y “leyes de la humani-
                                                                                      combate o que causaran inevitablemente su muerte era
                                                                                      considerado “contrario a las leyes de la humanidad”.18        dad” y contrarias al “deber sagrado de civilización” que
  Hasta el propio Julio A. Roca -respondiendo a la in-                                                                                              se atribuían a sí mismas las potencias coloniales y sus
quietud de que se procurara “dominar a los indios por                                   Creado en 1873 en Gantes (Bélgica), el Instituto de De-     retoños en los países independientes. Así fueron percibi-
medios pacíficos” porque no convenía “extinguir esa                                   recho Internacional redactó un Manual de las leyes de la      das por varios observadores contemporáneos:
raza, que representa la soberanía de la Nación en el de-                              guerra terrestre que serviría como base para la elabora-
sierto”-, debió aclarar que “no hay ningún propósito de                               ción de la legislación interna de cada Estado. La doctrina      Veinte mil leguas de tierra arrancadas a la barbarie y de-
exterminar la raza”. De ello se encargaría “esa ley del                               sentada en estos primeros textos prohibía el asesinato de       vueltas a la civilización y algunos miles de Indios traidos
progreso y de la victoria, por la cual la raza más débil,                             un enemigo desarmado o que se hubiera rendido. Como             prisioneros y repartidos a diferentes personas como si fue-
la que no trabaja, tiene que sucumbir al contacto de la                               prisionero de guerra, debía ser tratado humanamente:            ran animales de labranza, he ahí el resultado de la campa-
mejor dotada, ante la más apta para el trabajo”. Los in-                              aunque se lo internara en un fuerte u otro lugar de de-         ña” (Zavalía 1892, p. 80).

 4    Corpus. Archivos virtuales de la alteridad americana, Vol. 1, N°2, 2do. semestre 2011, ISSN 1853-8037
En cambio de los tan mentados “beneficios de la civili-                             Tres elementos integran la justicia transicional: justi-   canismos que hicieron posible el genocidio y deconstru-
zación” se advierte un proyecto coherente de exterminio                             cia, verdad y reparación integral. La justicia puede ser      yen los mitos generados para justificarlo resulta de par-
que, si no busca sistemáticamente la eliminación física                             retributiva –la que busca el castigo de los criminales- o     ticular trascendencia. Esos trabajos deberían nutrir los
de los indios, se empeña en liquidar su existencia como                             restaurativa –un modelo alternativo que propende a la         manuales escolares y el debate público en los medios,
pueblos y en acaparar sus tierras, buscando sentenciar a                            reconciliación entre víctimas y victimarios. La verdad        revertiendo la práctica usual en dichos manuales de des-
muerte sus modos de vida, culturas e identidades espe-                              puede ser judicial –la que se establece a través de un        historizar o arqueologizar discursivamente a las naciones
cíficas.                                                                            proceso penal- o no judicial –es decir, la narración que      indígenas al presentarlas como objetos de un pasado re-
                                                                                    sale de las ciencias sociales y de las experiencias vividas   moto cuyo lugar está en los museos y al excluirlas de
3. Para qué hablar hoy de genocidio                                                 por las mismas comunidades victimizadas. En cuanto a          la representación de nuestro presente. “Una reconstruc-
                                                                                    la reparación integral, se manifiesta a través de medidas     ción de la memoria social sobre la cuestión indígena, y
  ¿Es válido entonces calificar de genocidio al proceso                             de restitución, de indemnización, de rehabilitación y de      por consiguiente una propuesta de enseñanza de esa
derivado de la conquista de la Pampa y la Patagonia en-                             satisfacción, así como a través de garantías de no repe-      historia, deberían comenzar por [...] rehistorizar lo dehisto-
tre 1875 y 1885?                                                                    tición.                                                       rizado, es decir restituir el régimen de historicidad, de contem-
                                                                                       En tanto aproximación esencialmente penal –conside-        poraneidad, a los pueblos originarios” (Navarro Floria 2006,
   La consagración jurídica de los conceptos que desig-
                                                                                    rando que la pena es individual e intransferible- resulta     p. 4, resaltado del autor). Fuera del marco académico
nan prácticas delictivas siempre es posterior a la gene-
                                                                                    físicamente imposible aspirar hoy a obtener cualquier         es también fundamental producir verdades sociales no
ralización de su uso, ya que el delito precede al concep-
                                                                                    forma de justicia retributiva respecto de las personas        institucionalizadas, mediante ejercicios de recuperación
to y éste precede al tipo penal. Lo reciente del término
                                                                                    responsables de los crímenes cometidos entonces. Tam-         de la memoria que asocien a diferentes organizaciones
genocidio no debe hacernos olvidar que se trata de un
                                                                                    poco es ya posible aspirar a la justicia restaurativa, en     indígenas, ONGs, comisiones de la verdad, iglesias, me-
nuevo nombre para un crimen tan viejo como el mun-
                                                                                    la medida en que, así como los victimarios, las víctimas      dios de comunicación y centros de investigación y edu-
do. Neologismo elaborado en 1943 por el jurista polaco
                                                                                    directas individualmente consideradas, también están          cación popular. La verdad así reconstituida transforma
Raphael Lemkin (1900-1959) para describir el exterminio
                                                                                    ausentes.                                                     el patrimonio colectivo de las víctimas y del conjunto de
sistemático de armenios por el Estado turco en 1915, el
                                                                                                                                                  la sociedad. Estos ejercicios deben permitir asimismo re-
concepto de genocidio fue formalmente invocado en el                                   Las posibilidades empiezan a abrirse, en cambio, en        pensar los guiones museográficos y la nomenclatura ur-
acta de acusación contra los criminales de guerra nazis                             el campo de la verdad. Si no es posible establecer hoy la     bana, concebir espacios públicos de homenaje, restituir
juzgados en Nuremberg en 1946, antes de ser tipificado                              verdad judicial, la ausencia física de los actores no obs-    topónimos, adoptar fechas conmemorativas, etc.
por la Convención para la Prevención y la Sanción del                               truye para nada las posibilidades de la verdad no judi-
Delito de Genocidio en 194819. Afirmar que la política del                          cial. Las víctimas en su dimensión colectiva, es decir los      Si bien varios aspectos de la reparación integral no pa-
Estado republicano argentino hacia los indígenas consti-                            descendientes y la sociedad en su conjunto, tienen un         recen ya factibles por la desaparición física de las vícti-
tuyó un genocidio no constituye, pues, un anacronismo,                              derecho inalienable a conocer toda la verdad sobre los        mas individuales, “una indemnización justa, imparcial
sino simplemente llamar a las cosas por su nombre.                                  acontecimientos. Esto es, en particular, a obtener infor-     y equitativa, por las tierras, los territorios y los recursos
   Dicho esto, ¿qué se puede hacer hoy, ante un genocidio                           mación sobre las circunstancias y motivos que llevaron        que tradicionalmente hayan poseído u ocupado o utiliza-
de ayer? Tomando prestados conceptos de la teoría de la                             a los victimarios a cometer crímenes aberrantes y a saber     do de otra forma y que hayan sido confiscados, tomados,
justicia transicional y sirviéndonos de los elementos per-                          de qué manera se produjeron los hechos, quiénes fueron        ocupados, utilizados o dañados sin su consentimiento li-
tinentes de los convenios y declaraciones vigentes relati-                          los responsables y qué destino se dio a las personas.21       bre, previo e informado” en favor de los descendientes
vos a los pueblos indígenas podemos explorar las posi-                              En este sentido, la labor de historiadores, antropólogos      es aún viable (Declaración de las Naciones Unidas so-
bilidades actuales de reconocimiento y de reparación.20                             y arqueólogos que en los últimos años analizan los me-        bre los derechos de los pueblos indígenas, art. 28.1). En


5   Corpus. Archivos virtuales de la alteridad americana, Vol. 1, N°2, 2do. semestre 2011, ISSN 1853-8037
cuanto a la rehabilitación y a la satisfacción, varios de                           nombre sería “una forma –limitada pero indispensable-                forestales, turísticos y de agronegocios son reveladores
sus aspectos son posibles, en particular lo concernien-                             de revertir el genocido material y simbólico cometido”               de un legado de injusticias y despojos siempre vigente,
te a la reputación y al nombre, es decir a la dignidad.22                           (Navarro Floria 2006, p. 7). Persistir en el no reconoci-            amparado en la prepotencia que brinda la impunidad
Un aspecto especial de la rehabilitación cuyo marco ju-                             miento equivale a perpetuar el delito y abre las puertas a           (cf. Roulet 2010). El presente nos ofrece así un terreno
rídico está dado por el Convenio 169 de la Organización                             la reiteración de esos mismos actos aberrantes:                      propicio para reflexionar sobre el legado de la historia
Internacional del Trabajo de 1989 y por la mencionada                                                                                                    y para no perpetuar bajo nuevas formas los horrores del
Declaración se concretaría a través de la institucionaliza-                            Si la dignidad de la persona humana es ultrajada por la           pasado.
ción de la enseñanza bilingüe, del fomento de escuelas                                 ejecución de crímenes contra la humanidad y genocidios,
concebidas y manejadas por las propias comunidades,                                    sean cuales fueren, también lo está por la negación de es-
                                                                                       tos mismos crímenes –el negador hace al testigo lo que el         NOTAS:
amén de otras iniciativas de divulgación e integración
de diversos aspectos del conocimiento de cada pueblo.23
                                                                                       verdugo hace a la víctima. [...]‘Consubstancial’ a los críme-     1 	 Artículo II de la Convención para la prevención y la 	
                                                                                       nes de los que se trata, su negación no es un acto ‘apar-             sanción del delito de genocidio de las Naciones Uni-
  Adicionalmente, la rehabilitación y la satisfacción                                  te’, es ‘part of it’: ‘asesinato de la memoria’, ‘atentado a la       das.
comportan los mecanismos de divulgación y de oficiali-                                 verdad’, destrucción de la prueba y del testimonio ligada
                                                                                                                                                         2 	 Para la definición del delito de lesa humanidad, véa-
zación ante la colectividad nacional de la verdad no ju-                               intrínsecamente a la criminalidad del Estado, la negación
                                                                                       es considerada generalmente como la etapa última de todo              se el artículo 7 del Estatuto de Roma de la Corte Penal
dicial obtenida. Un discurso historiográfico que restitu-
                                                                                       proceso genocida. Perpetúa el crimen, manteniendo a los               Internacional, de 1998.
yera la historicidad y contemporaneidad de las naciones
indígenas en la Argentina actual debería rehumanizar la                                sobrevivientes y a sus descendientes en la vergüenza, sin         3 	 Carta de Juan José de Vértiz a Joseph Francisco de
                                                                                       real acceso al duelo. (Garibian 2009, p. 11).                         Amigorena, 10.5.1780, en Archivo Histórico de Men-
imagen de los indígenas considerándolos “actores socia-
les en todos los campos de la economía, la sociedad, la                                Este reconocimiento público puede verse también                       doza, carpeta 46, documento 23. En 1892, el jurista ar-
política, el arte y el pensamiento”. Esa nueva narración                            como una primera garantía de no repetición, último                       gentino Eduardo Zavalía usaba la noción de “críme-
del pasado contribuiría asimismo a completar los avan-                              elemento de la reparación integral que nos queda por                     nes de lesa humanidad” para referirse a los abusos,
ces constitucionales de la reforma de 1994 reconociendo                             examinar. Se trata de desmontar los mecanismos que                       maltratos, explotación laboral y despojos a los que
la preexistencia de los derechos territoriales indígenas                            hicieron posible la comisión de los crímenes y de aque-                  habían sido sometidos los indígenas por los conquis-
y su exterioridad a los Estados hasta su conquista, así                             llos que aseguraron su impunidad, así como de revisar                    tadores españoles (Zavalía 1892, p. 48).
como la preexistencia y legitimidad de sus autoridades                              los actos institucionales que glorificaron esa gesta o ne-           4 	 En 1823 el gobernador bonaerense Martín Rodríguez
y su derecho a la libre determinación (Navarro Floria                               garon sus dramáticas consecuencias para los pueblos                      afirmaba su proyecto de exterminio: “La experiencia
2006, pp. 7-8), tal como lo consagran las normas interna-                           originarios. El ejercicio de este aspecto de la reparación               de todo lo hecho [...] nos guía al convencimiento de
cionales mencionadas.24 Leyes de reconocimiento oficial                             podría enfocarse en el estudio de la situación actual de                 que la guerra con ellos debe llevarse hasta el extermi-
del genocidio, a la imagen de la ley argentina 26.199 del                           las poblaciones indígenas, de la legislación que se aplica               nio. Hemos oído muchas veces a genios más filantró-
2007 sobre el genocidio armenio, pueden servir de refe-                             a ellas y de las políticas de inversión pública y privada                picos la susceptibilidad de su civilización e industria
rencia. Tal reconocimiento implica que el Estado acepta                             que afectan sus condiciones de vida, a la luz de los ins-                y lo fácil de su seducción a la amistad. Sería un error
que los hechos sucedieron, asume su responsabilidad                                 trumentos jurídicos internacionales relativos a los dere-                permanecer en un concepto de esta naturaleza y tal
histórica por el dolor y los sufrimientos infligidos a las                          chos pasados, presentes y futuros de esos pueblos (cf. en                vez perjudicial” (en Marfany 1944, pp. 1061-1062).
víctimas, que condena explícitamente los valores racis-                             particular el art. 4 y la Parte II., “Tierras” del Convenio          5 	 Para “hacer desaparecer” al indio, cf. Barros 1975, pp.
tas en que se fundó el genocidio y que se compromete                                169/89 y los arts. 10 y 25 a 32 de la Declaración del 2007).             77, 230, 235 y 350; “aniquilarlo”, pp. 107, 108, 110 y
a luchar contra la ideología de la negación y a favor de                            Los recientes conflictos derivados del recrudecimiento                   137; “extinguirlo”, p. 248; “suprimirlo”, pp. 138, 150
la dignidad humana.Volver a llamar a las cosas por su                               de los procesos de expropiación por intereses mineros,                   y 232; “ultimarlo en sus guaridas”, p. 342, “someterlo

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y dispersarlo”, pp. 258, 317, 319, 338 y 359 y “absor-                              1975, pp. 6-10. Para la Argentina, Delrio 2002 y 2005,          los Convenios de la Haya sobre la guerra terrestre de
    berlo” mediante el mestizaje, pp. 229, 249 y 358.                                   pp. 61-63 y Roulet y Navarro Floria 2005.                       1899 y de 1907. Estos primeros textos y tratados de
6 	 Mientras que el comandante Prado relata que ningu-                              12 	En 1820, el coronel Pedro Andrés García advertía “lo            derecho internacional humanitario se pueden con-
    na de las prisioneras rehusó vivir con los soldados                                 perjudicial que será siempre abrir una guerra perma-            sultar en http://www.icrc.org/dih .
    (Prado 1942, p. 126), el general Ignacio Fotheringham,                              nente con dichos naturales, contra quienes parece no        17 	La Argentina fue temprana signataria de la Declara-
    que veía a los indios del Chaco como “asquerosos ti-                                puede haber un derecho que nos permita despojarlos con          ción sobre diversos puntos del derecho marítimo en
    pos todos, aún los del bello sexo”, decía que las chinas                            una fuerza armada si no en el caso de invadirnos” (en Ba-       tiempos de guerra de 1856.
    “son muy feas y por cierto no inducen a cautivarlas”                                rros 1975, pp. 67-68, destacado nuestro).                   18 	Declaración sobre la utilización en tiempos de guerra
    (Fotheringham 1970, p. 569).                                                    13 	Sarmiento sostenía que el derecho de gentes no se               de proyectiles de 400 gramos de peso, San Petersbur-
7 	 Adherimos a la hipótesis del jurista Robert A. Wi-                                  aplicaba a los salvajes, se tratara de caudillos como           go, 1868 y Proyecto de declaración internacional re-
    lliams Jr. según la cual “la ley, considerada por Oc-                               Facundo o de indios de la pampa: “El derecho de                 lativa a las leyes y costumbres de la guerra. Bruselas,
    cidente como su instrumento de civilización más                                     gentes que ha suavizado los horrores de la guerra, es           1874.
    respetado y apreciado, era también el instrumento                                   el resultado de siglos de civilización; el salvaje mata     19 	El acta de acusación de los criminales de guerra juz-
    imperial más vital y eficaz durante su empresa ge-                                  a su prisionero, no respeta convenio alguno siempre             gados en Nuremberg en 1946 rezaba “los acusados se
    nocida de conquista y colonización de los pueblos no                                que haya ventaja en violarlo; ¿qué freno contendrá al           han hecho culpables de genocidio deliberado y siste-
    Occidentales del Nuevo Mundo, los indígenas ame-                                    salvaje argentino [en este contexto, Facundo], que no           mático contra grupos nacionales y raciales, contra las
    ricanos” (Williams 1992, p. 6).                                                     conoce ese derecho de gentes de las ciudades cultas?            poblaciones civiles de ciertos territorios ocupados,
8 	 Según Antonio Sáenz, el derecho de gentes o jus gen-                                ¿Dónde habrá adquirido la conciencia del derecho?               con miras a destruir razas y clases determinadas, y
    tium “es universal y sale de la naturaleza, dándose á                               ¿En la Pampa?” (Sarmiento 1990, p. 253).                        grupos nacionales, raciales o religiosos, más espe-
    conocer solamente por la recta razón [...] Es inaltera-                         14 	La noción de un “deber sagrado de civilización” que-            cialmente Judíos, Polacos y Gitanos, entre otros” (Cf.
    ble [...] y obliga á todos, porque en él habla la natura-                           daría consagrada en la Conferencia de Berlín sobre              http://www.ladocumentationfrancaise.fr/dossiers/
    leza y su Autor” (Sáenz 1939, p. 57).                                               Africa Occidental en 1885, que marcó la aceptación              justice-penale-internationale/definition-crimes.sht-
9 	 Estas costumbres serían erigidas en fuentes obligato-                               explícita, por parte de las potencias colonizadoras, de         ml).
    rias de derecho por el II Convenio de la Haya de 1899                               una relación legal de tutela entre los “Estados civili-
                                                                                                                                                    20 	La justicia transicional es definida como “los proce-
    relativo a las leyes y a las costumbres de la guerra                                zados” y sus pupilos, las “tribus aborígenes” (Snow
                                                                                                                                                        sos a través de los cuales se realizan transformacio-
    terrestre.                                                                          1919, p. 21). Esta noción sería retomada en el sistema
                                                                                                                                                        nes radicales del orden social y político, bien sea por
10 	Este proceso de transferencia gradual de las relacio-                               de mandatos de la Sociedad de las Naciones.
                                                                                                                                                        el paso de un régimen dictatorial a uno democrático,
    nes con las naciones indígenas del ámbito del dere-                             15 	República Argentina, Congreso Nacional (1879). Dia-             bien por la finalización de un conflicto interno arma-
    cho internacional al de la legislación interna se de-                               rio de sesiones de la Cámara Nacional de Diputados, 51°         do y la consecución de la paz.” Uno de sus desafíos
    signa como la “domesticación o internalización de la                                sesión ordinaria del 13.9.1878, p. 256. Buenos Aires:           más complejos es el inevitable dilema que suscita la
    cuestión indígena” (cf. Roulet y Navarro Floria 2005).                              Mayo.                                                           necesidad de equilibrar el derecho de las víctimas a
11 	De la población indígena no sometida Julio A. Roca                              16 	Las ‘Instrucciones de Lieber’ marcaron los intentos             obtener el castigo de los criminales –justicia- y las
    diría que “se dedican indistintamente a la guerra y al                              ulteriores de codificación de las leyes de la guerra.           condiciones impuestas por el régimen dictatorial
    robo, que para ellos son sinónimos de trabajo” (Roca                                Ellas integraron la versión original de un proyecto             para permitir la transición o por los actores armados
    1948, p. 451). Sobre el proceso de salvajización dis-                               de convenio internacional presentado a la Conferen-             para desmovilizarse –paz- (Uprimny 2006, p.13, 20,
    cursiva de los pueblos originarios, véase Jennings                                  cia de Bruselas en 1874 y estimularon la adopción de            Orozco Abad 2009).


7   Corpus. Archivos virtuales de la alteridad americana, Vol. 1, N°2, 2do. semestre 2011, ISSN 1853-8037
21 	Estos derechos se derivan de los instrumentos uni-                              Referencias bibliográficas                                     Jennings, Francis (1975). The Invasion of America. Indians,
    versales y regionales sobre derechos humanos, de las                                                                                             Colonialism and the Cant of Conquest. New York/Lon-
    jurisprudencias de las diversas cortes internacionales                          Barros, A. (1975). Indios, fronteras y seguridad interior.       don: W.W. Norton.
    y de las “líneas de los órganos intergubernamentales                              Buenos Aires: Solar/Hachette.
    de la ONU”, condensadas en una serie de principios                              Comisión Colombiana de Juristas –CCJ- (2007). Princi-          Lenton, D. (2005). La “cuestión de los indios” y el ge-
    relativos a la lucha contra la impunidad y a los dere-                           pios internacionales sobre impunidad y reparaciones, com-       nocidio en tiempos de Roca: sus repercusiones en la
    chos a la reparación, restitutición, indemnización y                             pilación de documentos de la ONU. Bogotá: CCJ.                  prensa y la política. Ponencia presentada en el Tercer
    rehabilitación de las víctimas (Cf. CCJ 2007).                                                                                                   encuentro de ‘La Historia de Nosotros’: Genocidio y pueblos
                                                                                    Convenio 169 de la OIT sobre pueblos indígenas y triba-          indios en los medios de comunicación. Comisión de Cul-
22 	La restitución consiste en devolver a la víctima di-                             les en países independientes (1989). en http://www.             tura Bloque 19 y 20, Legislatura de la Ciudad Autóno-
    recta su situación previa, es decir libertad, derechos                           ilo.org/public/spanish/region/ampro/lima/publ/                  ma de Buenos Aires, 14.10.2005.
    suspendidos, situación social, identidad, vida fami-                             conv-169/convenio.shtml.
    liar, ciudadanía, lugar de habitación o puesto de tra-                                                                                         Marfany, R. (1944). La guerra con los indios nómadas. En
                                                                                    Declaración de las Naciones Unidas sobre los derechos
    bajo, bienes confiscados, etc. En caso de desaparición                                                                                          Levene, R., Historia de la Nación Argentina, VI, pp. 1041-
                                                                                     de los pueblos indígenas (2007), en http://www.
    forzada, se trata de establecer la suerte corrida por                                                                                           1086. Buenos Aires: Academia Nacional de la Historia.
                                                                                     un.org/esa/socdev/unpfii/es/drip.html.
    la víctima. La indemnización atañe a la reparación                                                                                             Navarro Floria, P. (2005). La conquista de la memoria. La
                                                                                    Delrio, W. (2002). Indios amigos, salvajes o argentinos.
    del daño físico y/o mental así como los daños mate-                                                                                             historiografía sobre la frontera sur argentina durante
                                                                                     Procesos de construcción de categorías sociales en la
    riales y los perjuicios. La rehabilitación abarca tanto                                                                                         el siglo XIX. Universum (Universidad de Talca), 20-1,
                                                                                     incorporación de los pueblos originarios al Estado-
    los aspectos de salud física y/o psicológica, como la                                                                                           88-111, http://www.scielo.cl/scielo.php?pid=S0718-
                                                                                     nación (1870-1885), en Nacuzzi, L. (Comp.). Funciona-
    rehabilitación del buen nombre, la dignidad, la re-                                                                                             23762005000100007&script=sci_arttext .
                                                                                     rios, diplomáticos, guerreros. Miradas hacia el otro en las
    putación, entre otros. Por último, la satisfacción se
                                                                                     fronteras de pampa y patagonia (siglos XVIII y XIX) (pp.
    concreta mediante la verificación de los hechos y la                                                                                           Navarro Floria, P. (2006). El debate historiográfico sobre
                                                                                     203-245). Buenos Aires: Sociedad Argentina de Antro-
    difusión pública de la verdad; la búsqueda y hallazgo                                                                                           la conquista de la Patagonia en el contexto de la demo-
                                                                                     pología
    de las personas desaparecidas o de sus restos; el reco-                                                                                         cracia argentina post-dictadura. Ponencia presentada
    nocimiento público de la responsabilidad estatal y la                           Delrio, W. (2005). Memorias de expropiación. Sometimiento       en las 2as. Jornadas de Historia de la Patagonia. General
    presentación pública de excusas; la aplicación de san-                           e incorporación indígena en la Patagonia, 1872-1943. Ber-      Roca, noviembre del 2006, http://www.hechohisto-
    ciones judiciales o administrativas a los responsables                           nal: Universidad Nacional de Quilmes.                          rico.com.ar/Trabajos/Jornadas%20de%20Roca%20
    cuando es posible; la conmemoración de las víctimas                             Fotheringham, I. (1970). La vida de un soldado o reminis-       -%202006/NavarroFloria%28El%20debate%29.pdf
    y la rendición de homenajes públicos (Uprimny 2006,                               cencias de las fronteras, I parte. Buenos Aires: Círculo
    pp. 76 a 78).                                                                                                                                  Orozco Abad I. (2009). Justicia transicional en tiempos del
                                                                                      Militar.
                                                                                                                                                    deber de memoria. Bogotá: Universidad de los Andes y
23 Véanse en particular los arts. 4 y 5 del Convenio                                Garibian, S. (2009). Derecho, Historia, Memoria. El nega-       Editorial Temis.
   169/89, y los arts.11 a 14 de la mencionada Declara-                              cionismo: ¿ejercicio de una libertad o violación de un de-
   ción.                                                                             recho?,    en     http://www.cna.org.ar/wp-content/           Prado, M. (1942). La guerra al malón. Buenos Aires: Edito-
                                                                                     uploads/2010/03/Negacionismo-Sevane-Garibian.                   rial Americana.
24 	Cf. artículo 3 de la Declaración del 2007 y las dispo-
                                                                                     pdf .                                                         Quesada, V. G. (1865). Las fronteras y los indios. Apun-
    siciones previstas por esta Declaración y por el Con-
    venio 169 de la OIT acerca de los mecanismos de con-                            Hux, M. (1999). Memorias del ex-cautivo Santiago Avenda-        tes históricos. La Revista de Buenos Aires, vol. VI, pp.
    sulta y de consentimiento previo, libre e informado.                             ño. Buenos Aires : Elefante Blanco.                            39-64.

8   Corpus. Archivos virtuales de la alteridad americana, Vol. 1, N°2, 2do. semestre 2011, ISSN 1853-8037
RAE (1869). Diccionario de la lengua castellana por la Real                             na. Nostromo. Revista Crítica Latinoamericana, 3. México:   Uprimny R.et al. (2006). ¿Justicia transicional sin transi-
 Academia Española, 11ª. edición. Madrid: Imprenta de                                   Universidad Nacional Autónoma de México, http://             ción? Verdad, justicia y reparación para Colombia. Bogo-
 don Manuel Rivadeneyra.                                                                www.nostromoediciones.net/web/images/stories/                tá: Centro de Estudios de Derecho, Justicia y Sociedad
Roca, J.A. (1948). Mensaje y proyecto del Ministro de                                   numeros_revista/numero_3/nudos/volviendo_a_                  (DeJuSticia).
  Guerra Julio A. Roca al Congreso Nacional el 14.8.1878,                               erigir_fronteras.pdf
  en Walther, J. C., La conquista del desierto, vol. II. Bue-                                                                                       Vattel, E. de (1983). Le droit des Gens ou Principes de la Loi
                                                                                     Sáenz, A. (1939). Instituciones elementales sobre el Derecho    Naturelle appliqués à la conduite et aux affaires des Nations
  nos Aires: Círculo Militar, pp. 445-455.                                             natural y de gentes. Buenos Aires: Instituto de Historia
                                                                                                                                                     et des Souverains, ed. facsimilar, Slatkine reprints. Gi-
Roulet, F. y P. Navarro Floria (2005). De soberanos exter-                             del Derecho Argentino, Facultad de Derecho y Cien-
                                                                                                                                                     nebra : Henry Dunant Institute.
  nos a rebeldes internos: la domesticación discursiva y                               cias Sociales.
  legal de la cuestión indígena en el tránsito de los siglos                                                                                        Williams, R.A. (1992). The American Indian in Western
  XVIII al XX. TEFROS vol. 3, n° 1, http://www.tefros.                               Sarmiento, D.F. (1990). Facundo. Civilización y Barbarie.
                                                                                       Madrid: Cátedra.                                              Legal Thought. The Discourses of Conquest. New York:
  com.ar/revista/v3n1p05/completos/soberanosext.
                                                                                                                                                     Oxford University Press.
  pdf                                                                                Snow, A. (1919). The Question of Aborigines in the Law and
Roulet, F. (2010). Volviendo a erigir fronteras. La ofensi-                            Practice of Nations. Washington: Government Printing         Zavalía, E. (1892). Los indios ante la Constitución y las leyes.
  va mediática contra los pueblos originarios de Argenti-                              Office.                                                        Buenos Aires: ed. del autor.




 9   Corpus. Archivos virtuales de la alteridad americana, Vol. 1, N°2, 2do. semestre 2011, ISSN 1853-8037
DEBATE                                                                                      Historia y silencio:                                                                              Pilar Pérez*
Genocidio y política indigenista: debates
sobre la potencia explicativa de una
                                                                                            La Conquista del Desierto como
categoría polémica                                                                          genocidio no-narrado


Editor                                                                                       El campo de los estudios sobre genocidio ha venido creciendo sostenidamente desde principios de la dé-
                                                                                          cada del noventa descentralizando el monopolio de la atribución de genocidio, y de los estudios al respecto,
Diana Lenton (presentadora y comentarista)                                                al holocausto. La principal ventaja de que exista este espacio de debate radica en su carácter interdiscipli-
                                                                                          nario (ya que cuenta con contribuciones de la historia, sociología, derecho, ciencias políticas, antropología,
Autores y comentaristas (en orden alfabético)                                             demografía, entre otras). Estos enfoques enriquecen, sin duda, el estudio de un proceso social complejo que
                                                                                          lejos de circunscribirse a un evento violento –aislado y con un fin concreto- requiere del análisis de múltiples
Walter Delrio y Ana Ramos
                                                                                          niveles para ser comprendido y para sopesar su magnitud espacio temporal (Straus, 2006).
Diego Escolar                                                                               Por otra parte, la categoría genocidio es hoy invocada desde agencias muy distantes. En el caso argentino
Pilar Pérez                                                                               la denuncia por genocidio es sostenida por numerosas organizaciones indígenas y de derechos humanos
Florencia Roulet y María Teresa Garrido                                                   para referir al proceso de incorporación de los pueblos originarios al estado nacional. Por otra parte, en
                                                                                          términos de política internacional, la categoría está siendo apropiada desde estados poderosos, como los
Verónica Seldes                                                                           Estados Unidos –aunque no solamente- para justificar intervenciones armadas en países del tercer mundo1.
Liliana Tamagno                                                                           Por esto, una preocupación central de los investigadores comprometidos con su estudio orbita en torno a
                                                                                          la generalización indiscriminada del término. En gran medida porque al explicar diversos procesos como
Julio Esteban Vezub
                                                                                          genocidas –la trata esclavista, la colonización, las dictaduras latinoamericanas de segunda mitad del siglo
                                                                                          XX, etc- se corre el riego de diluir la especificidad del término o de equiparar procesos muy distintos entre sí.
                                                                                            Por supuesto existen numerosos intentos por clasificar los distintos tipos de genocidio. En este sentido,
                                                                                          cabe destacar, por un lado, la trascendencia y, por otro, las constricciones que emergen de la Convención
                                                                                          para la prevención y sanción del delito de genocidio propuesta por Raphael Lemkin y adoptada por la
                                                                                          Asamblea General de las Naciones Unidas en 1948. Genocidio, resaltan numerosos especialistas en el tema,
                                                                                          es un crimen antiguo al que se le otorgó un nombre por primera vez como consecuencia de los crímenes
                                                                                          nazis (Kuper, 2002).



Corpus. Archivos virtuales de la alteridad americana, Vol. 1, N° 2, 2do. semestre 2011,
ISSN 1853-8037, URL: http://ppct.caicyt.gov.ar/index.php/corpus                           *IIDyPCA UNRN CONICET. Correo electrónico: pezpil@gmail.com
En primer lugar, la Convención genera un piso de                                 temporal que abarca gran parte del siglo XX. En estas          do barbarismo o extranjería. Desde el poder soberano te-
discusión común para pensar las acciones, los grupos                                dos líneas se enmarca desde estudios recientes el pro-         rritorializado disputaba legitimidad a su autoridad por
y las responsabilidades en torno a un crimen perpetra-                              ceso que en Argentina se denominó “Conquista del De-           su sola presencia en el territorio y, conjuntamente, era la
do sobre un sector de la sociedad (ya no un individuo).                             sierto”.                                                       muestra viva de la incapacidad del estado de garantizar
Precisamente por este quiebre en el derecho liberal la                                                                                             el orden, los derechos de propiedad y en definitiva, el
Convención presenta numerosos problemas para su im-                                 El genocidio como fin: civilización y barbarie                 progreso. Como contracara, las campañas exitosas en el
plementación en la justicia, como ha sido demostrado                                                                                               sur demostraron la capacidad del estado de terminar con
-por ejemplo- en el Tribunal Penal Internacional para                                 Si bien desde principios de la década de 1870 el es-         el “problema del indio” y fueron motivo de legitimación
Ruanda (Magnarella, 2002). Más allá de los problemas                                tado argentino comenzó una ofensiva militar hacia las          en carreras políticas como la del propio Julio A. Roca.
de orden legal que la Convención genera en cortes na-                               “tierras de indios” no fue sino hasta fines de la misma
                                                                                                                                                     El proceso de ocupación y sometimiento llevó cerca
cionales e internacionales, el origen jurídico del término                          cuando la organización burocrática del estado y las ne-
                                                                                                                                                   de 5 años, en los cuales el ejército argentino sentó fuer-
impone ciertos límites propios del lenguaje que impiden                             cesidades del modelo económico permitieron al estado
                                                                                                                                                   tes y fortines estratégicos a lo largo del río Negro desde
la profundización en los procesos particulares. Uno de                              quebrantar todos los acuerdos y tratados firmados con
                                                                                                                                                   donde operativizó campañas sucesivas y garantizó el
estos límites estructurantes de los estudios sobre genoci-                          caciques representativos de parcialidades soberanas de
                                                                                                                                                   control de la Patagonia norte. La Conquista del Desierto
dio radica, a mi entender, en considerar al genocidio, en                           las pampas (Briones y Carrasco, 2000) y avanzar militar-
                                                                                                                                                   fue seguida desde la prensa porteña y fue acompañada
tanto crimen, como un fin en sí mismo y, en este sentido,                           mente sobre la Patagonia. La Conquista fue sustentada
                                                                                                                                                   por numerosos intelectuales reconocidos de la época, es-
reducir su estudio en demostrar la intencionalidad del                              en principio por medio de la Ley de empréstitos para
                                                                                                                                                   critores, fotógrafos, ingenieros, etc quienes buscaban en
mismo. De esta forma se asume la lógica del proceso ju-                             su financiamiento e ideológicamente fue fomentada por
                                                                                                                                                   esta marcha ser parte de un capítulo fundante del estado
rídico que deja de lado el motivo por ser irrelevante para                          intelectuales orgánicos al proyecto institucional desde
                                                                                                                                                   nacional (Navarro Floria 2007) y que oportunamente lo-
determinar al responsable del crimen. Sin embargo, para                             el Congreso Nacional. Paralelamente operó una singu-
                                                                                                                                                   gró sellar la idea de que la Argentina era un país distinto
las ciencias sociales y humanas el motivo es parte funda-                           larización del “indio” como un otro salvaje, extranjero
                                                                                                                                                   en Latinoamérica, esto es, libre de indios.
mental para comprender el proceso y su desenlace. De                                e indeseable –respecto del inmigrante blanco europeo-.
esta forma, Zygmunt Bauman (1989) propone pensar el                                 El territorio bajo su poder sometía el potencial de las tie-      En tanto, otras marchas se iniciaban para los indígenas
genocidio ya no como un fin en sí mismo, sino más bien                              rras argentinas en un desierto. En consecuencia el indio       en Patagonia. Aquellos que sobrevivían a las embestidas
como un medio cuyo fin es cambiar radicalmente una                                  encarnaba lo indeseable de lo que la comunidad ima-            militares eran trasladados de a pie por cientos de kiló-
sociedad y convertirla en algo mejor. En consecuencia,                              ginada -construida desde el estado- esperaba para sus          metros hasta los fuertes que funcionaban como campos
el genocidio es parte constituyente de un proyecto a fu-                            miembros (Lenton 2005).                                        de concentración. Como revela el estudio de Enrique
turo.                                                                                 Los indígenas a los que normalmente se les reconocían        Mases (2002), en tanto nuevos polos productivos, como
   Ambos enfoques tienen mucho para aportar cuando                                  adscripciones étnicas-territoriales (araucanos, manzane-       el norte azucarero o la región cuyana, demandaran fuer-
se propone analizar el caso argentino. Pensar el geno-                              ros, pampas, etc) comenzaron a ser nombrados simple-           za de trabajo, hombres jóvenes –en su mayoría- eran de-
cidio como fin nos permite destacar políticas de estado                             mente como “indio” -junto a una adscripción nacional           portados hacia esos centros para trabajar como mano de
concretas sobre una población singularizada y discrimi-                             “chileno” o “argentino”-, categoría que reunía las carac-      obra esclava. En el caso de las mujeres y las niñas, prin-
nada dentro de la matriz estado-nación-territorio que se                            terísticas ya mencionadas y que lo convertían no solo          cipalmente, eran trasladadas a Buenos Aires para ser uti-
materializa sobre fines del siglo XIX. Mientras el geno-                            en un otro condenable sino también peligroso (Delrio           lizados como servidumbre en las casas de la alta socie-
cidio como medio nos habilita a reflexionar sobre una                               2005). El peligro que el indígena representaba operaba         dad. La obligación que estas familias receptoras tenían
ingeniería social determinada hegemónicamente por la                                en diversos niveles. Desde la membresía nacional encar-        con los “indiecitos” era las de darle bautismo cristiano
elite nacional centrada en Buenos Aires y con un alcance                            naba un agente posible de desintegración por su atribui-       y por ende un nuevo nombre. Otro destino que tenían


2   Corpus. Archivos virtuales de la alteridad americana, Vol. 1, N°2, 2do. semestre 2011, ISSN 1853-8037
los hombres era el propio ejército y la marina para for-                            nica que reemplazan genocidio y buscan focalizar en el      Asimismo, se reitera la falta de intención de exterminio.
mar parte de las divisiones que iniciaban las campañas                              aspecto cultural para incluir procesos de violencia sim-    Finalmente, se ratifica la incorporación forzada como vía
militares del norte del país. Finalmente algunos fueron                             bólica y aculturación.2                                     inevitable en donde el estado solo colaboró –con exce-
conservados como piezas de museo en vida y también                                                                                              sos- a acelerar. De esta forma, se confirma a través de la
                                                                                       En segundo lugar, se distinguen los procesos según
después de muertos en el Museo de La Plata (Añon Suá-                                                                                           clasificación académica enfocada en la asimilación –con
                                                                                    la relación constituida por el perpetrador. El parteaguas
rez, Harrison y Pepe 2008).                                                                                                                     todas las dificultades que el término implica- lo que la
                                                                                    está centrado en los que se consideran genocidios colo-
   A medida que los mercados laborales fueron satura-                                                                                           generación del 80 proponía como parte de una política
                                                                                    nialistas, de expansión y en detrimento de un otro exter-
dos, aquellos sin destino continuaron siendo hacinados                                                                                          de estado.
                                                                                    no. En este caso el perpetrador no necesariamente es un
en los campos de concentración que duraron hasta fi-                                estado, sino que puede provenir de agencias particula-        En segundo lugar, se entiende el proceso de la Con-
nes de la década del 80 –a pesar de que oficialmente las                            res3. Por su parte, los genocidios modernos se caracteri-   quista del Desierto como un genocidio colonialista. Si
campañas terminaron con la rendición de Saihueque el                                zan por la singularización por parte de un estado de un     bien nos interesa analizar esta divisoria -que cuenta con
1 de enero de 1885-, respondiendo a necesidades pun-                                otro interno (Feierstein 2005, p.60). Es decir, cuando el   un amplio consenso en los estudios comparativos de ge-
tuales de otros polos económicos del país. En tanto, se                             estado quiebra el mandato fundacional de hacer vivir y      nocidio- para el caso argentino, creemos necesario hacer
debatían diversas estrategias inconclusas para reubicar                             provoca la muerte de un sector de la sociedad.              hincapié en que cuando se asume a priori que la Con-
a los sobrevivientes, las tierras se repartían entre pobla-                                                                                     quista fue una guerra contra un otro externo se reinscri-
dores que cumplieran con las características deseables                                En relación a la Conquista del Desierto, en particu-      ben las lecturas extranjerizantes, así como la invisibiliza-
del ciudadano argentino y se “colonizaban” por grandes                              lar, en la búsqueda por clasificar comparativamente         ción de este sector de la sociedad. Pero principalmente
compañías que monopolizaban grandes extensiones de                                  este proceso existen dos tendencias sobre las que pue-      se relega al pasado la presencia indígena y se minimizan
tierra.                                                                             den leerse recreados distintos supuestos que el propio      las consecuencias del genocidio que perduran hasta el
                                                                                    genocidio instaló en la historia nacional y en el sentido   presente.
   En esta breve descripción que retoma algunos de los                              común de la sociedad argentina en general. En primer
aportes más destacados del tema podemos reconocer en                                lugar, la ausencia de responsables en la eliminación de
el proceso de ocupación y sometimiento los 5 actos que                              los indígenas. Asimismo su asimilación a la civilización    El genocidio como medio para constituir una
menciona el artículo 2 de la Convención sancionada por                              como destino indeclinable. En segundo lugar, y como         nueva sociedad
la ONU (para un análisis detallado ver Delrio et al 2010)                           consecuencia de la anterior, el confinamiento al pasado
                                                                                                                                                   Durante la ocupación militar los indios reducidos por
                                                                                    de la existencia de indígenas en el país y, por ende, la
                                                                                                                                                el ejército fueron concentrados dentro del territorio pa-
El genocidio en relación a los pueblos origina-                                     fragmentación del proceso histórico que, entre otras co-
                                                                                                                                                tagónico en Valcheta, Chichinales, Choele-Choel y Roca
rios                                                                                sas, descontextualiza los procesos contemporáneos de
                                                                                                                                                principalmente. Muchos fueron clasificados, seleccio-
                                                                                    reafirmación y etnogénesis (Escolar 2007).
   La categoría genocidio tiende a ser utilizada para de-                                                                                       nados y deportados desde estos campos y trasladados
nunciar procesos de sometimiento y expropiación de                                     Una primera tendencia es entender la Conquista como      hasta los cuarteles de Retiro o hacia la Isla Martín Gar-
pueblos indígenas en todo el mundo, en general con el                               un etnocidio -reemplazando genocidio- haciendo énfa-        cía donde esperaban un nuevo destino. Sin embargo, los
fin de reivindicar derechos y visibilizar situaciones de                            sis sobre todo en la pérdida cultural, en la asimilación    campos también representaron el espacio desde donde
vulneración de los mismos. Sin embargo, dentro de la                                y, por ende, reforzando la idea del inevitable proceso      varios caciques que contaban con el reconocimiento
academia existen esfuerzos por darle un uso más acota-                              de extinción. Siguiendo el planteo de Delrio (2010), de     previo del estado negociaron –en clara asimetría- con-
do, preciso y problematizado. En este sentido podemos                               esta manera se suele, por un lado, restar importancia a     diciones de subsistencia, la posibilidad de recibir tierras,
destacar dos tendencias. En primer lugar, la utilización                            la eliminación física concreta que produjeron las cam-      para aquellos que se reagruparon en su entorno (Del-
de categorías como etnocidio, culturicidio o limpieza ét-                           pañas militares de ocupación del espacio patagónico.        rio, 2005)4. Las condiciones de vida de aquellos que que-

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daban en los campos –muchos viejos y débiles- fueron                                 nes preparen el camino para la civilización en la cual no     Palabras finales
denunciadas por misioneros salesianos, viajeros e inclu-                             son incluidos, sea por falta de condiciones, sea porque         El proceso genocida funda una relación entre el estado
sive por algunos militares. Pero fundamentalmente, los                               se espera la llegada de otros (inmigrantes) mejor prepa-      y el indio en donde este es construido estructuralmente
campos forman parte de la memoria social indígena.                                   rados. Esta práctica discriminatoria será reiterada suce-     como una excepción dentro de la matriz del estado. Esto
                                                                                     sivamente a través de las inspecciones de tierras y será      que se produce en el momento histórico de la Conquis-
  De esta manera en una fecha tardía como noviembre
                                                                                     argumento central para justificar desalojos y corridas        ta marcará la relación entre el estado y los indios como
de 1889, producto en parte de los debates sobre qué ha-
                                                                                     (Perez, 2009a). Resta aclarar que la creación de la colonia   sus márgenes a lo largo del siglo XX. Según Das y Poole
cer con los sobrevivientes, la Comisión central de tierras
                                                                                     con indígenas no fue autorizada.                              (2008) los márgenes son supuestos necesarios del esta-
y colonias informa al Ministro del Interior que
                                                                                       Por otra parte, nos estamos refiriendo a aquellos in-       do, en donde este encuentra legitimidad para recrear su
    En las márgenes del Río Valchetas existen en la actualidad                       dios que son listados, cuantificados, vigilados, distribui-   siempre incompleto “sistema de estado” (Abrams, 1988)
    bajo la vijilancia de una Comisaría Policial, no menos de                        dos y –eventualmente- racionados por el estado que son        y a través de cuyas prácticas y rutinas se reproduce la
    500 indios sometidos; según informes fidedignos que esta                                                                                       construcción imaginaria del estado (Ferguson y Gupta,
                                                                                     los que están en los campos. Tal como destacan Nagy y
    comisión ha recogido, viven en la mayor miseria sin que                                                                                        2002).
                                                                                     Papazian (2009) para el caso de Martín García los indios
    haya esperanza de que se civilicen por falta de medios con-
    ducentes a ese fin. Esta comisión piensa que por humani-                         sometidos se encuentran presos no por crímenes o faltas          La falta de historización del proceso a lo largo de gran
    dad y conveniencia del país debe modificarse este estado                         contra la sociedad sino por ser indios. Sin embargo, exis-    parte del siglo XX apoyó el discurso de la extinción, sim-
    de cosas (…)                                                                     ten también aquellos otros que permanecen por fuera de        plificó el proceso histórico de construcción del estado
                                                                                     los campos que siguen perteneciendo al mundo de los           nacional y colaboró en eludir responsabilidades. Más
    No escapará a V.E. la importancia que para el país tiene la                      salvajes, del desierto y por sobre todo, no tienen ninguna    aún, el silencio de la historia autorizó la reproducción
    formación de una colonia en el corazón del desierto, con
                                                                                     capacidad de negociar o reclamar asientos de tierra. Es       de formas de violencia simbólica y física sobre los indí-
    elementos que ya existen allí y que aseguran el éxito de la
                                                                                     decir que el campo se vuelve un umbral entre la civili-       genas, las cuales en caso de emerger por su gravedad,
    Colonia. No es posible todavía formar esas colonias con in-
    migrantes europeos, y son los indígenas bien organizados                         zación y la barbarie. El indio del desierto puede volver a    como el caso de Rincón Bomba (Mapelman, 2010), apare-
    y vigilados los que prepararán las rutas por donde muy                           caer en su estado de salvajismo si queda fuera del campo      cen como hechos aislados y disociados de una trayecto-
    luego penetrará una civilización más completa. (AGN-                             – como el espacio de disciplinamiento y control en don-       ria de relación. También aparecen como hechos aislados
    DAI, Exp grales, 1889, legajo 25, exp, 7977)                                     de el estado realiza su poder soberano-.                      los desalojos, relocalizaciones, arreos de personas, entre
  Previo a la Conquista, los indígenas eran considera-                                 Retomando la metáfora de Agamben (2003), el indio           otras formas de violencia enmarcadas en actos (i)legales
dos un otro interno, es decir interno al territorio preten-                          corresponde a la figura del “hombre-lobo”. Su esencia         ejercidas sobre los indígenas con el aval de o por parte
dido como nacional –pero escasamente conocido por el                                 reificada por el estado contiene la latencia de que pue-      del estado a lo largo del siglo XX (Pérez, 2009b y 2011).
estado- pero externo a la membresía argentina (Briones                               de volverse sobre su estado animal y de esta forma              Paralelamente la historia incompleta o la ausencia de
y Delrio, 2002). A partir de la constitución material de                             ser agente de la disolución de la civilización. Por esto,     imágenes sobre la otra cara del proceso civilizatorio –
un estado de excepción en los campos de concentración,                               aquellos que están dentro de los campos despiertan re-        parte inherente del mismo siguiendo la propuesta de
los indígenas de los campos son estructuralmente pro-                                clamos “humanitarios”, son seres humanos en terribles         Traverso (1997)- sostuvo la desconexión entre pasado y
ducidos como sujetos subalternos dentro de la norma                                  condiciones, pero al mismo tiempo no pueden dejar de          presente que fomentó el proceso de invisibilización –sea
que impone la matriz estado-nación-territorio. En la cita                            ser vigilados, porque antes que humanos son indios. En        como estrategia indígena para evitar la discriminación o
de la Comisión, se destaca esta contradicción en donde                               contrapartida la razón de ser del estado y su legitimidad     como parte del proyecto homogeneizador de la nación-
por un lado surge la necesidad humanitaria y como con-                               de ejercer violencia se materializa en su relación con este   que en la actualidad es fundamental para deslegitimar
tracara se afirma que los indios –vigilados- serán quie-                             otro interno.                                                 demandas por derechos y por tierras. Por otra parte, la


4    Corpus. Archivos virtuales de la alteridad americana, Vol. 1, N°2, 2do. semestre 2011, ISSN 1853-8037
sociedad argentina desconoce esta otra parte -o descree,                            Referencias bibliográficas                                    Escolar, D. (2007). Los Dones Étnicos de la Nación. Identida-
ya que ha sido educada en asumir la extinción “natural”                             Abrams, P. (1988). Notes on the difficulty of studying          des huarpe y modos de producción de soberanía en Argenti-
de los indios- del proceso de consolidación del estado-                              the state. Journal of historical sociology, 1 (1), 58-89.      na. Buenos Aires: Prometeo.
nación como producto de políticas concretas de las elites                                                                                         Feierstein D. (2005). Genocidio. la administración de la
del siglo XIX que pensaban en una sociedad argentina                                Agamben G (2003). Estado de Excepción. Homo sacer II. Va-
                                                                                     lencia: Ed. PRE-TEXTOS.                                        muerte en la modernidad, Buenos Aires: Eduntref
homogénea, producida por el estado sobre su territorio
soberano.                                                                           Añón Suárez M., P. Harrison y F. Pepe (2008) Identifi-        Ferguson J. y A. Gupta (2002). Spatializing states: toward
                                                                                     cación y restitución: Colecciones de restos humanos en el      an ethnography of neoliberal governmentality. Ameri-
                                                                                     Museo de La Plata. La Plata: Ed GUIAS                          can Ethnologist, 29 (4), 981-1002.
                                                                                    Bauman, Z. (1989) Modernity and the holocaust, Cornell:       Kuper L. (2002) Genocide: its political use in the twen-
NOTAS:
                                                                                      Cornell University Press                                     tieth century. En A.Hinton (Ed.), Genocide. An anthro-
1 	 Para un análisis detallado sobre el M.A.R.O. (Mass                                                                                             pological reader, Malden, Mass.: Blackwell
                                                                                    Briones C. y Carrasco M. (2000). Pacta sunt servanda. ca-
    Atrocity Response Operations; A Military Planning                                 pitulaciones convenios y tratado con indígenas en Pampa y   Lenton, D. (2005). De centauros a protegidos. La construc-
    Handbookv) producido por el actual gobierno de                                    Patagonia (Argentina 1742-1880) Buenos Aires: IWGIA           ción del sujeto de la política indigenista Argentina desde los
    EEUU ver el número especial de Genocide Studies and                                                                                             debates parlamentarios (1880-1970). Tesis doctoral, Uni-
    Prevention vol 6, 2011                                                          Briones C. y Delrio W. (2002). Patria sí, Colonias tam-
                                                                                      bién. Estrategias diferenciales de radicación de indíge-      versidad de Buenos Aires.
2 	 Según los casos seguidos por Totten, Parsons y                                    nas en Pampa y Patagonia (1885-1900). En: A. Teruel,        Magnarella, P. (2002). Recent development in the inter-
    Hitchcock (2002), se suele avalar estas categorías                                M. Lacarrieu y O. Jerez (Comps.) Fronteras, ciudades y       national law of genocide: an anthropological perspec-
    para expresar la supresión física involuntaria, por                               estados, Tomo I. (pp. 45-78). Córdoba: Alción Editora.       tive on the international criminal tribunal for Rwanda.
    ejemplo, la mortandad de indígenas por viruela en                                                                                              En: A. Hinton (Ed.), Annihilating difference. The Anthro-
    el contexto de la Conquista de America. Al mismo                                Das, V. y D. Poole (2008). El estado y sus márgenes. Et-
                                                                                     nografías comparadas, en Cuadernos de antropología so-        pology of Genocide.(pp. 310-322) California: University
    tiempo se utiliza etnocidio para procesos de asimila-                                                                                          of California Press.
    ción forzada con la intención de “civilizar” o re-edu-                           cial, N° 27, 19-52.
    car como suele caracterizarse el caso de las escuelas                           Delrio W. (2005). Memorias de expropiación. Sometimiento      Mapelman, V. (2010) “Octubre pilagá”. Documental. 80’.
    residenciales en Canadá.                                                         e incorporación indígena en la Patagonia (1872-1943). Ber-    Buenos Aires.
3 	 Por ejemplo las compañías comerciales en tiempos                                 nal: Editorial Universidad Nacional de Quilmes.              Mases E. (2002) Estado y cuestión indígena. El destino final
    coloniales que explotan determinados recursos (in-                              Delrio, W., D. Lenton, M. Musante, M. Nagy, A. Papa-           de los indios sometidos en el fin del territorio (1878-1910).
    cluida la mano de obra) y que como consecuencia                                  zian y P. Pérez. (2010). Discussing Indigenous Geno-          Buenos. Aires: Prometeo libros/Entrepasados.
    socavan la subsistencia de un determinado grupo so-                              cide in Argentina: Past, Present, and Consequences of        Nagy M. y A. Papazian (2009). De la Isla como Campo.
    cial                                                                             Argentinean State Policies toward Native Peoples. Ge-         Prácticas de disciplinamiento indígena en la Isla Mar-
4 	 Quizás otra vía para negociar reconocimientos por                                nocide Studies and Prevention 5, 2 August 2010, 138–159.      tín García hacia fines s. XIX. XII Jornadas Interescuelas-
    parte del estado correspondía al haber prestado ser-                            Delrio W. (2010). Del no-evento al genocidio. Eadem Un-        Departamentos de Historia. Bariloche: Universidad Na-
    vicios en las campañas.                                                          trake Europa, n 10.                                           cional del Comahue.




5   Corpus. Archivos virtuales de la alteridad americana, Vol. 1, N°2, 2do. semestre 2011, ISSN 1853-8037
Navarro Floria, P. (2007). Paisajes del progreso. La resig-                         Pérez, P. (2009b). Las policías fronterizas: mecanismos        Straus, S. (2006). The Order of Genocide: Race, Power, and
 nificación de la Patagonia Norte, 1880-1916. Neuquén:                                de control y espacialización en los territorios naciona-       War in Rwanda. Ithaca, NY: Cornell University Press.
 Educo                                                                                les del sur a principios del siglo XX. XII Jornadas Inte-    Totten, S., Parsons, W. y Hitchcock, R. (2002). Confron-
Pérez, P. (2009a). Inspectores y “escribanos”. Archivos                               rescuelas de Historia, Bariloche: Universidad Nacional         ting genocide and ethnocide of indigenous peoples.
  y memorias de disputas territoriales mapuche en Río                                 del Comahue.                                                   En: A. Hinton, Annhiliating difference. The Anthropology
  Negro en la primera mitad del siglo XX. Buenos Aires:                             Pérez, P. (2011). Cuatreros, comerciantes, comisarios.           of Genocide.(pp. 54-91). California: University of Cali-
  VIII Reunión de Antropología del Mercosur.                                          Poder y capital en las primeras décadas del siglo XX           fornia Press
                                                                                      en Río Negro. IV Jornadas de Historia Social de la Patago-   Traverso, E. (1997). La historia desgarrada. Ensayo sobre
                                                                                      nia. Santa Rosa, 19 y 20 de Mayo 2011. UNLPam                  Auschwitz y los intelectuales, Barcelona: Herder.




6   Corpus. Archivos virtuales de la alteridad americana, Vol. 1, N°2, 2do. semestre 2011, ISSN 1853-8037
DEBATE                                                                                      Genocidio como categoría analítica:                                                       Walter Delrio y
Genocidio y política indigenista: debates                                                                                                                                                Ana Ramos*
sobre la potencia explicativa de una
                                                                                            Memoria social y marcos alternativos
categoría polémica



Editor                                                                                      En los últimos años se ha venido produciendo un cambio significativo en el abordaje historiográfico sobre
                                                                                          la relación entre pueblos originarios y políticas de estado en Argentina. Especialmente, esto es visible en
Diana Lenton (presentadora y comentarista)                                                relación a dos ejes: en primer lugar, la identificación de nuevas fuentes, temas, relaciones y procesos que
                                                                                          complejizan la descripción hasta no hace mucho hegemónicamente homogénea; y, en segundo lugar, en
Autores y comentaristas (en orden alfabético)                                             cuanto al debate y aplicación de categorías de análisis que enmarcan al proceso de relación estado-pueblos
                                                                                          originarios como crimen de lesa humanidad.
Walter Delrio y Ana Ramos
                                                                                            En este proceso, una primera conclusión es que ha sido subrayada la existencia de una verdadera política
Diego Escolar                                                                             de estado hacia la población originaria, implementada en las últimas dos décadas del siglo XIX. Este énfasis
Pilar Pérez                                                                               representa un cambio de paradigma frente a los supuestos de inexistencia de dichas políticas y de la “extin-
Florencia Roulet y María Teresa Garrido                                                   ción indígena” que habían sido impuestos por el discurso político contemporáneo sobre las campañas de
                                                                                          sometimiento y continuados, en gran medida, a través de todo el siglo XX por parte del discurso historio-
Verónica Seldes                                                                           gráfico. Al mismo tiempo, estas nuevas direcciones en las investigaciones han llevado a nuevas preguntas
Liliana Tamagno                                                                           en torno a la continuidad/transformación/cambio de las políticas estatales, sobre la agencia de los pueblos
                                                                                          originarios en este proceso, y con respecto a las implicancias que la conceptualización sobre el sometimiento
Julio Esteban Vezub
                                                                                          estatal puede tener en el establecimiento de víctimas y reparaciones cuando se refiere al mismo como crimen
                                                                                          de lesa humanidad, violencia o masacre estatal, o genocidio.
                                                                                            Proponemos aquí abordar brevemente los dos ejes mencionados. En primer lugar, y en relación con la
                                                                                          ampliación de temas y fuentes, introducir el caso de los niños apropiados en el contexto de las campañas de
                                                                                          conquista de norpatagonia. En segundo lugar, en cuanto al debate teórico-conceptual sobre el proceso de
                                                                                          sometimiento, pensar en la necesidad de tomar en serio otros marcos de interpretación en la discusión de las
                                                                                          categorías de análisis, especialmente aquellos que han sido producidos desde trayectorias socioculturales
                                                                                          subordinadas.



Corpus. Archivos virtuales de la alteridad americana, Vol. 1, N° 2, 2do. semestre 2011,
ISSN 1853-8037, URL: http://ppct.caicyt.gov.ar/index.php/corpus                           *CONICET-IIPDyCa (UNRN). Correos electrónicos: wmdelrio@gmail.com, aramosam@gmail.com
1. Memoria de la persecución y memoria del                                              Florentino Yanquetruz, de la meseta chubutense (Ar-             puede ser nombrado: los niños perdidos, quienes nunca
reencuentro                                                                           gentina), contaba que en los años en que “fue la guerra           volvieron, o fallecieron.
                                                                                      esa” cuando los winka perseguían y “degollaban a los                 Esta memoria, transmitida tanto por el discurso –o
     Sabía llorar, después seguía conversando mi abuelita. Los                        paisanos y las paisanas”, una de las estrategias había            fragmentos de discursos—y por otras expresiones de si-
     habían llevado lejos, para dónde... porque mi abuela dice                        consistido en esconder a los niños para que no se los lle-        lencio –como los sentimientos de tristeza expresados en
     que escapó, cómo le llaman este lugar, sabía decir ella...                       varan:                                                            el llanto de las abuelas-, es colectiva en tanto aún mantie-
     Choele Choel. En Choele Choel sabía decir, de ahí dice que
                                                                                                                                                        ne su capacidad para actualizar las huellas dejadas por
     se escapó ella. (2004)                                                              y se enterraban, hacían una cueva para que no los vieran,      los acontecimientos. Los testigos eran niños en los años
                                                                                         andaban de a caballo parece los de ellos. Desde adonde
   La apropiación de menores –dentro de lo que ha sido                                                                                                  del evento referido, y en sus relatos, o silencios, ellos aún
                                                                                         vinieron no sé… era para quitarle los derechos, sacarlos del
el disciplinamiento y la utilización de la población ori-                                campo nomás, entonces para zafar de la muerte que hacían los
                                                                                                                                                        se encontraban afectados por el acontecimiento -impre-
ginaria como fuerza de trabajo- ha constituido a lo largo                                grandotes esos, los… los asesinos éstos que andaban, di-       sionados, lastimados, afligidos, hambreados o heridos.
de más de un siglo un no-tema para la historiografía. Las                                cen que creaban así como una cueva y los metían adentro        A través del relato, nuestros interlocutores –también ni-
descripciones sobre el desarrollo de misiones religiosas                                 de la cueva, ahí no podían porque pasaban de largo, algún      ños al momento de recibirlo—vuelven a ser testigos, en
en el área a menudo simplificaron y redujeron los cam-                                   muchachito han podido salvar, pobre gente, cómo habrán         tanto también se encuentran bajo el efecto del aconteci-
pos de visibilidad sobre la distribución, deportación y                                  sufrido…(2008)                                                 miento cuya impotencia, violencia y tristeza comunica el
apropiación de menores durante las campañas de con-                                                                                                     testimonio (Ricoeur 1999, p.83).
                                                                                         Narrativas como éstas expresan un tipo particular y
quista y los años siguientes a las mismas. En el sentido                              especial de memoria que conservó una generación para                 Los sentidos más significativos y los efectos más per-
común esto se expresa en el icono de Ceferino Namuncu-                                las siguientes. Se trata de una de las narrativas que sue-        formativos de la transmisión de memorias sobre contex-
rá, hijo del “terrible cacique” convertido al “servicio de                            len ser denominadas como las “historias tristes”. Son             tos post-violencia residen más en la construcción de los
Dios” que ha venido a condensar todo lo que se debiera                                aquellas que se sitúan temporalmente en los años poste-           silencios que en el detalle de lo efectivamente expresado
conocer de las políticas de expropiación, distribución y                              riores a los enfrentamientos con los ejércitos nacionales.        en discurso. La transmisión de memoria consiste tam-
disciplinamiento de menores indígenas.                                                En la memoria, el tiempo de las “expediciones militares”          bién en el respeto de estos silencios significativos, es de-
                                                                                      en los que tenían que huir por la cordillera, reagrupar-          cir, en la decisión de volver a transmitirlos como tales.
  En el presente, existen trabajos -algunos de ellos aún                              se, aliarse, organizar parlamentos y planificar estrategias       Sin embargo, en ocasiones, los silencios devienen imáge-
en curso- que han dado cuenta de los mecanismos de                                    comunes culmina con la “entrega” o el “sometimiento”.             nes discursivas y dan textura a uno de los “no eventos”
traslado y distribución de menores durante las campa-                                 Es entonces cuando inician los “tiempos tristes” y el “su-        (Trouillot 1995) de la historia oficial: los campos de con-
ñas militares y años siguientes (Mases 2002, Lenton y                                 frimiento de los abuelos” así como la dispersión de las           centración indígenas en Patagonia.
Sosa 2009, Nagy y Papazián 2009, Escolar 2008). Estos                                 familias y los desplazamientos en los que se originan               Las experiencias del post-sometimiento son contadas
vienen demostrando lo sistemático y extendido de este                                 los grupos actuales de pertenencia. Las historias tristes         generalmente a través del protagonismo de mujeres y
fenómeno de apropiación y borramiento de identidad                                    refieren al nuevo contexto, en el que los grupos indíge-          niños, y a través de ciertas imágenes específicas: el arreo
que ha llegado a representar porcentajes muy altos en                                 nas dejan de tener control sobre su territorio, sobre sus         como si fueran animales, los años de encierro, las “pilas
determinadas ciudades como por ejemplo, Carmen de                                     familias y sobre sus destinos, es decir, historias de impo-       de muertos”, la apropiación de los niños y el hambre.
Patagones (Delrio y Quintana mi). Más allá de reponer                                 tencia y sobre el qué hacer pese a ella. Las narraciones          Estas historias refieren a eventos ocurridos en lugares
aquí los resultados de este tipo de línea de trabajo nos                              se cuentan desde el regreso de aquellos que sí pudieron           distantes entre sí como las provincias de Mendoza, La
interesa enfocar en cómo esa experiencia aparece en la                                hacerlo. Estas historias del regreso y la reestructuración        Pampa, Buenos Aires o distintas localidades de Río Ne-
memoria colectiva.                                                                    tienen como telón de fondo el no evento de lo que no              gro (Valcheta, Choele Choel, Chichinales).


 2    Corpus. Archivos virtuales de la alteridad americana, Vol. 1, N°2, 2do. semestre 2011, ISSN 1853-8037
A medida que los grupos parentales iban siendo so-                                recorrido era realizado de a pie. La tortura y al muerte            Donde los tenían encerrados se morían de hambre… y ha-
metidos por el ejército nacional, comenzaba la marcha                               están presentes en estas marchas.                                   bía un cerrito, no sé qué, decía que ahí era donde ponían,
hacia los sitios destinados a su concentración. En algu-                                                                                                los tiraban, los muertos…” (2006)
nos casos la población originaria era obligada a cumplir                               Decía mi abuela que cuando lo llevaron el que se cansaba lo
                                                                                                                                                        Quienes protagonizan estas historias, los testigos que
un servicio para el ejército como baqueanos, guías o tro-                              mataban ahí nomás y listo, aparte que lo llevaron a pata…
                                                                                                                                                      pudieron transmitir las experiencias a sus familias, ge-
                                                                                       a los muchachitos, lo mataron iba a al asador y el fuego,
pa. Cada fortín o fuerte solía funcionar de vigilancia de                                                                                             neralmente fueron mujeres, pero sobre todo fueron ni-
                                                                                       … Así era la guerra de antes, 13 años tenía ella cuando la
un grupo más o menos numeroso de sometidos. No obs-                                                                                                   ños que quedaron huérfanos o no llegaron a conocer a
                                                                                       llevaron, la madre y ella” (2004)
tante, estas detenciones temporales servían de paso ha-                                                                                               sus padres:
cia otras mayores que se fueron conformando en lugares                                 A: dicen que los mandan todo como animales ahí
frecuentemente inhóspitos. A este tipo de concentracio-                                                                                                 Ella fue cautiva, la abuela mía era cautiva, era chiquita, y
                                                                                       C: claro. Y ahí dicen que los van racionando nomás, para         después cuando lo cautivaron vino a salir después cuando
nes fue destinada la mayor parte de la población ori-                                  que vayan y lleguen vivos hasta donde los van a terminar a
ginaria sometida o presentada. Algunos de estos sitios                                                                                                  se acomodó todo lo... ahí, se vino a salir, disparó, salió, se
                                                                                       todos, dicen que los rondaban... así...                          vino para acá, e hizo familia. Solía llorar mi abuela. Y sí yo
son recordados con los nombres actuales de los parajes.
                                                                                       A: los que no podían caminar dicen que les cortaban el co-       me acuerdo, de repente me acuerdo, porque ella contaba
Otros también son mencionados en otro tipo de fuen-                                                                                                     la abuela. Las tropas se la llevaban... la agarraron cuando
tes, como las memorias escritas de los misioneros sale-                                gote nomás (2004)
                                                                                                                                                        hubo esa guerra, eso, ahí se cautivó, cuál era la madre ni
sianos, de los nuevos pobladores que se asentaron en la                               Los destinos eran variados y con funciones también                conoció tampoco, cuando era señorita vino a salir, mejor
región o los partes militares. Aparecen episodios de con-                           diferentes, como mencionamos antes, pero en todos los               vamos a salir, le dijeron de ahí, si estaban cautivados. La
centración de personas, por ejemplo en Fortín Castro,                               casos los grupos concentrados se encontraban encerra-               cautivaron antes la gente, igual que un animal, como que
hacia febrero de 18841; Chichinales2 por lo menos desde                             dos y bajo vigilancia. Algunas historias describen estos            yo tengo una animal ahora, lo agarro y lo llevo así, esos
1885; y Valcheta3. Todos ellos ubicados en la actual pro-                           lugares como sitios de espera desde los cuales niños y              son cautivos, que le dicen, no sabe qué es lo que pasa. (…)
vincia de Río Negro. En cuanto al actual territorio de                              mujeres eran deportados, o morían de hambre o por                   Esa fue cautivada con la guerra no sabía cuál era la mamá
Neuquén, el padre Domingo Milanesio aseguraba que                                                                                                       cuando la agarraron (1997)
                                                                                    falta de atención médica. Otras historias los describen
en la región cordillerana había 20.000 indios agrupados.4                           como “cuarteles” en los que eran obligados a trabajos                En estos relatos y otros similares, el testigo protagonis-
Con respecto a Valcheta tanto la memoria social como la                             forzados. La transmisión de datos precisos sobre las ubi-         ta del evento es un niño. En los recuerdos citados arriba,
documentación de archivo permiten suponerlo como el                                 caciones geográficas de estos lugares de concentración o          son estas niñas y niños los que escapan de los campos
centro más importante en cuanto al número de personas                               sobre la duración del “cautiverio” nos permite compren-           de concentración y regresan en búsqueda de parientes.
que fueron trasladadas allí. En algunos casos, el recuer-                           der la extensión de esta política estatal represiva. Locali-      Estos relatos puntuales denuncian los eventos implíci-
do sobre esta concentración remite a campos donde sim-                              zados en Valcheta, Choe Choel, Chinchinales, Mendoza,             tos en ellos, es decir, el destino desconocido de los niños
plemente “los mataban a todos”.                                                     Buenos Aires, el tiempo de permanencia oscila entre uno           que, separados de sus padres o sin recuerdos sobre ellos,
                                                                                    y hasta más de cinco años.                                        jamás pudieron regresar. Del mismo modo, la memoria
  La memoria se detiene en este evento particular de la
                                                                                                                                                      resguarda las experiencias de aquellos niños que pudie-
concentración y la deportación, y los relatos que la ac-
                                                                                       Claro, ahí es donde los llevaban, lo llevaban. Dice que veía   ron reconstruirlas tiempo después, pero en el contexto
tualizan inscriben en los cuerpos de las mujeres y los ni-                             gente, que enfermaban las mujeres, que tenían criatura,        de esta posibilidad, se manifiestan aquellas otras expe-
ños las experiencias compartidas de dolor. En distintos                                dice que le cortaban la cabeza, se iba nomás. Una galleta      riencias que ya no podrían ser recontadas:
lugares de la Patagonia, donde estas historias han sido                                dice que le daban por semana, si comió alcanzaba un ca-
escuchadas, este evento del pasado suele ser nombrado                                  chito y si no... te morías por ahí nomás... sabía llorar mi      Mi abuela contaba que se escapó dice mi abuela dice, sabía
con la expresión “nos arreaban como animales”. Gene-                                   pobre abuelita y yo... después mi mamá me pasó a mí con          contarme ella, cuando sacaban a los chicos, cuando sacaban
ralmente recorrían largas distancias, y gran parte del                                 mi abuelita y yo crié con mi abuelita...(2004)                   a los chicos que se llevaban. Ella dice que se escapó porque

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la escondió la madre de ella debajo de ropa (…), era chiqui-                     el presente. Esta doble función es la de las narrativas            eso se vino campeando la familia, y los padres… si ella era
     ta, y así se había escapado. Cuando la querían llevar a ella.                    mapuche y tehuelche sobre los años que siguieron des-              jovencita…, y los padres quién sabe para dónde habrán
     Se la querían llevar. Y ella dice que la madre de ella dice                      pués del “sometimiento” o “la guerra”, y que suelen ser            ido… capaz han muerto… yo nunca me enteré los bisabue-
     que se sentó y se quedó sentada ahí, no le sacaron a la rastra                   nombrados también como los “del regreso a casa”. La                los de nosotros a dónde fueron…(2006)
     ni nada, y se quedó ahí nomás, y abajo dice que la puso a
                                                                                      fuerza política de estos marcos de interpretación sobre el          Otros relatos inician en los campos de concentración,
     ella con la pilcha esa, con la pollera que se ponen, claro, lo
                                                                                      pasado reside en el carácter denunciante y en el énfasis         cuando generalmente un niño, una niña o una mujer lo-
     llaman quipán o iquilla, también lo llaman iquilla a ése. Ella
     era chiquita, así dice que la había salvado su mamá. Y de                        reestructurador que la selección poética de imágenes y           gran sortear la vigilancia, en algunos casos haciéndose
     los demás dice que lo llevaron, a todos… Pero no sé cómo…                        expresiones pone en primer plano.                                pasar por muertos. Es entonces cuando, en algunos rela-
     tiene nombre ese cuando sacaban los hijos, los chicos saca-                         Ciertos eventos y experiencias del pasado se objeti-          tos, se encuentran con el nahuel o el ñanco que los ayuda-
     ban todos, los llevaban los chicos todos” (2006)                                 varon en ngtram o narrativas históricas con carácter de          rá en el viaje de retorno, o reciben conocimientos y sabe-
   Fragmentos de la historia como éstos pueden ser es-                                verdad, y son estos géneros del arte verbal mapuche              res prácticos de los antepasados que viven en el mundo
cuchados en distintos lugares de la Patagonia. Las abue-                              los que, en su función poética, actualizan los marcos de         debajo de la tierra, o vuelven de estados de locura o de
las y abuelos que relataron sus experiencias del pasado                               interpretación sobre la historia. De este modo, ciertos          situaciones de hambre a través de rogativas (Ramos 2010
fueron los niños que vivieron las masacres, las marchas                               acontecimientos comunes del pasado se vuelven hitos              a y b). En todos los casos ellos retornan en búsqueda de
forzadas, los campos de concentración, el hambre, la                                  históricos con cierta autonomía del pasado y del presen-         parientes y de un lugar tranquilo donde vivir en un te-
separación de sus familias. Estos fragmentos de histo-                                te, y adquieren el potencial político que distintas genera-      rritorio que, a partir de entonces, había pasado a manos
ria, estructurados poéticamente en textos identificables                              ciones le van inscribiendo (Wolin 1994). En este marco,          privadas.
como “el arreo”, “el cautiverio” y “el modo en que se                                 las narrativas del regreso (como las historias del nahuel
                                                                                      o tigre, los relatos sobre las vicisitudes del itinerario de       Entonces por eso mi abuela (tenía 13 años) disparó de allá
salvaron”, no sólo describen explícitamente detalles
                                                                                                                                                         de la guerra, se escapó… donde estaban todos los compa-
de un no-evento en la historia nacional sino que, sobre                               retorno y otros5) ponen en primer plano la perspectiva
                                                                                                                                                         ñeros encerrados, y ella se salvó, dejaron heridas pero sal-
todo, implicitan las trayectorias colectivas y personales                             de la reestructuración de las relaciones sociales y la con-
                                                                                                                                                         vó. Dice que como vio que se retiraban un poco los que
de quienes nunca han podido reestructurar en sentidos                                 formación de nuevos grupos de pertenencia en un con-               andaban matando gente, dice que se rodó para allá para el
culturalmente significativos las experiencias del pasado.                             texto en el que los niños ya no están con sus padres y las         lado de un zanjoncito hecho un canalcito y se metió ahí. Fue
Es decir, las historias de los niños que no “regresaron”.                             mujeres ya no están con sus familias, y a veces, tampoco           rodando, fue rodando… y después cuando… al rato apa-
                                                                                      con sus hijos.                                                     recieron de vuelta… Porque lo iban a matar, entonces dice
                                                                                        Enmarcados en esta perspectiva de la reestructura-               que venían recorriendo encontrando otros muertos, como
2. Marcos de interpretación y formas históricas                                                                                                          diez muertos ¿vio? Y esta calladita nomás, calladita, dice
de entender una relación                                                              ción, ciertos acontecimientos se tiñen de sentidos cul-
                                                                                                                                                         pero ese pasó al ladito de él y no lo vieron nada. Y cuando
                                                                                      turalmente significativos. Los grupos de pertenencia
                                                                                                                                                         se fueron otra vez, vio que se alejaron… dice que se corrió
     “Muchos volvieron y muchos no”                                                   actuales son el resultado de estos regresos así como las           para abajo. Y se vino para el pueblo de los otros parientes
     (anciano mapuche de Cañadón Grande, 2006)                                        trayectorias familiares suelen iniciar con la soledad de           que tenía (2004)
                                                                                      un niño o una mujer (abuelos y abuelas de nuestros in-
  La memoria social resguarda una historia política de                                terlocutores) que estuvieron varios meses acampando y              El regreso es, entonces, la historia de los que “se salva-
relaciones, en la cual las trayectorias colectivas, familia-                          sobreviviendo hasta llegar a un poblado de parientes o           ron”, y de los que, como expresó Catalina Antilef, “vol-
res y personales se entrecruzaron significativamente en                               de personas que con el tiempo devendrían familia.                vieron y sabían conversar”. La memoria social de los con-
un momento específico de la historia. No obstante, estas                                                                                               textos de violencia, y específicamente sobre el destino de
memorias no sólo reconstruyen eventos pasados, sino                                      Y ahí donde los largaron, era que se desparramaba la gente,   los niños y mujeres que murieron o fueron apropiados
que también operan como marcos de interpretación en                                      porque la abuela tenía hermanas acá por Languineo, por        por las políticas estatales post-sometimiento, se entra-

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ma con las historias familiares de quienes retornaron y                             sobre sus propias experiencias de niños de la violencia y            histórico en el que se organizan los marcos de interpre-
socializaron en contextos de pertenencia mapuche y te-                              la represión estatal. Una mujer de Vuelta del Río recor-             tación, aun vigentes, sobre la historia, las relaciones de
huelche. Sin embargo, como anticipamos antes, son es-                               daba:                                                                poder y la incorporación al estado nación. La historia
tas historias reiteradas en distintas familias, las que nos                                                                                              de lo impensable (el arreo como animales, el encierro,
permiten reconstruir el no-evento de los discursos he-                                 Ellos vinieron de allá, el campo acá, los corrían a los pai-      las muertes y el hambre) se vuelve a denunciar en otros
gemónicos y las prácticas invisibilizadas de exterminio.                               sanos acá, llegó la gendarmería en el año 1939 por ahí, y         eventos más recientes.
                                                                                       empezó a llevar a gente de hasta de a pie los llevaba, los
   Creemos que estos años en los que funcionaron los lu-                                                                                                   Palabras finales: de la reparación y victimización al re-
                                                                                       llevaba a toda la gente, a los paisanos a todos, a trabajar,
gares de encierro (campos de concentración) y los poste-                               lo llevaban a latigazos, una paliza, le metían leña ahí. Yo       conocimiento de la agencia y programa político
riores de dispersión y de búsqueda, es decir, de retorno,                              lo tengo como experiencia, yo tenía ya en el año 1940 tenía          Como categoría de uso -jurídica- genocidio implica la
constituyen un periodo importante en la historia indíge-                               nueve, diez, nueve años tenía. (2006)                             descripción de un tipo de proceso estatal de eliminación
na. Las campañas militares finalizan oficialmente en el
                                                                                      Margarita Burgos, hoy anciana, recuerda el desalojo                colectiva –no sólo física-, borramiento de identidad y ex-
año 1885, a fines de 1890 se levantan recién los campos
                                                                                    de su familia y la violencia de los gendarmes de los que             propiación, pero un proceso en el cual también se origi-
de concentración, y las personas irán llegando a los lu-
                                                                                    fue testigo en Cañadón Grande cuando era pequeña:                    na y asegura la negación de otros marcos de interpreta-
gares en los que se localizarán “para vivir tranquilos”
                                                                                                                                                         ción. En este sentido, como categoría analítica debiera
en el transcurso de la siguiente década. La memoria so-
                                                                                       Los animales dicen que le quemaban, todo, decían. Le iban         dar cuenta no sólo de cómo otros marcos se silenciaron
cial resguarda este periodo en particular como “histo-
                                                                                       a quemar toda la casa, y así nos sacaron a nosotros. Ese a        sino también de cómo esos marcos pueden articularse
rias tristes”, un evento que no ha tenido imágenes en las
                                                                                       donde estábamos. Mataban a la gente ahí, como mataban             para una comprensión más profunda –o al menos menos
narrativas oficiales, y como “historias del regreso”, una                              a la gente, andaban con hijos y le sacaban a azotes a los         etnocéntrica- de estos procesos.
interpretación del pasado que subraya la agencia indí-                                 hijos y los mandaban a trabajar lejos, y los mataban a azo-
gena en la reestructuración de un pueblo. Este modo de                                 tes… Era mocosa yo, como voy a saber. Pero vi como mi               Si esto fuera posible, podríamos problematizar6 aspec-
reconstruir la historia -destacando las prácticas socia-                               padre con un gendarme peleó mi padre… Y lo llevaron… y            tos de una historia que no podíamos ver y preguntarnos
les motivadas por la liberación, el reencuentro de seres                               a todas sus tropillas, le llevaron toda la tropilla, una matra,   por las dimensiones del proceso histórico que se ilumi-
queridos, la conformación de nuevos grupos sociales, la                                una bolsa había laboreado mi madre, y lo llevaron todo. Yo        nan cuando “lo que ocurrió en el pasado” se reconstruye
recuperación de los conocimientos perdidos o la ayuda                                  prendida al pantalón de mi padre, cómo lloraba yo. Prendi-        desde una perspectiva intercultural. Estos marcos de in-
de los antepasados en la búsqueda de “la casa”- no deja                                do estaba yo. (2006)                                              terpretación alternativos permiten tanto ver eventos en
de resaltar aquello que no está siendo dicho sobre este                                Historia como éstas se repiten en el sur, en la meseta y          los no-eventos como ver agencia en la negación del otro.
mismo proceso. Como venimos sosteniendo, la historia                                en el noroeste de Chubut. El modo en que se hace sentido               Las memorias referidas brevemente en este trabajo no
mapuche y tehuelche del regreso también se reconstruye                              sobre experiencias recientes de represión actualiza mar-             constituyen meramente la denuncia de un suceso aco-
en los silencios, los cuales, al igual que el discurso, son                         cos complejos de una historia de larga duración donde                tado en el tiempo, sino que crean un marco, que si bien
una creación política y cultural que toman lugar en un                              silencios, fragmentos y expresiones se conjugan en una               se inicia en ese contexto acotado de las campañas y la
contexto particular (Dwyer 2009).                                                   misma historia política de relaciones con el poder. En               violencia de estado, crea conceptos, términos, sentidos
   Los silencios, los fragmentos expresados y los énfasis                           otras palabras, las memorias del afecto, aquellas en las             de la historia, una forma de entender una relación his-
poéticos del arte verbal se entraman en un marco com-                               que las abuelas “sabían llorar” cuando recordaban, son               tórica de subordinación y alterización que se extiende
plejo de interpretación sobre prácticas sociales del pa-                            actualizadas al narrar las experiencias de las siguientes            hasta el presente. Una continuidad de transmisión de las
sado pero también del presente. Muchos de nuestros                                  generaciones. En este sentido, creemos que el no-evento              experiencias de niños a otros niños a través de marcos
interlocutores –hoy adultos y ancianos— actualizaron                                de las políticas estatales post-sometimiento es, en la vida          de interpretación que permiten comprender y volver a
las luchas de sus padres y abuelos en nuevas narrativas                             cotidiana de las personas mapuche y tehuelche, el hito               transmitir sus propias experiencias de violencia estatal.

5   Corpus. Archivos virtuales de la alteridad americana, Vol. 1, N°2, 2do. semestre 2011, ISSN 1853-8037
Sin perder el valor de denuncia –y de fuente para el re-                         tatal- que pueda establecer una relación compleja entre          4 	 Giacomini, Pedro, op. cit, p. 99.
lato historiográfico-7, estas memorias contadas desde la                            marcos alternativos de interpretación. Especialmente             5 	 Ver Ramos (2010 a y b)
reestructuración nos sugieren otros desafíos. Ellas con-                            pensando que algunos de estos marcos –mucho antes
llevan la necesidad de repensar las categorías de análisis                          que la convención de las Naciones Unidas- vienen cons-           6 	 Entendemos aquí problematización en términos de
con las que construimos eventos del pasado. En primer                               truyendo sentido sobre estas prácticas estatales a partir            Foucault como la posibilidad de crear objetos de re-
lugar, para dar cuenta de la agencia indígena en el pro-                            de la experiencia social. En éstos no se habla de víctimas           flexión vedados hasta entonces.
ceso histórico; pero donde “agencia” incluye a los ante-                            sino de la agencia de los abuelos y de un legado que fun-        7 	 De hecho a partir de estos ngtram es que fue posible
pasados, a los no-humanos o prácticas como hacer roga-                              damentalmente es una orientación para la acción, más                 reorientar búsquedas en los archivos históricos para
tivas, habitar temporalmente debajo de la tierra o recibir                          que un reclamo de reparación en el que vuelvan a ser                 dar cuenta de la documentación existente en ellos so-
ayuda de un tigre para rencontrarse con los parientes.                              considerados como sujetos pasivos de la historia.                    bre los centros de concentración, modalidades y des-
Segundo, para reconstruir también las dimensiones po-                                                                                                    tinos de la distribución de indígenas y prácticas de
líticas que originaron una historia y las que se actualizan                         NOTAS:                                                               disciplinamiento desde el momento de las campañas
cuando ésta es recontada.                                                                                                                                en adelante. Véase: Pérez 2009, Delrio 2005,y 2007 en-
                                                                                    1	 Allí fueron concentradas “300 personas de las tribus              tre otros.
   Un ngtram es una historia verdadera que narra –en pa-
                                                                                       de los caciques Andrés Pichaleo y Juan Sacamata”
labras o silencios- los acontecimientos del pasado pero
                                                                                       (Garofoli, José Datos Biográficos y Excursiones del P.
desde una perspectiva relacional (conversaciones de los
                                                                                       Milanesio, p. 74; manuscrito, Archivo Salesiano Ins-
antiguos). El ngtram implicita una conversación en la                                                                                                Referencias bibliográficas
                                                                                       pectoría Buenos Aires (ASIBA), indígenas 201.2).
que las experiencias –vividas o heredadas- se vuelven
transmisibles. Y es por esta relación que los marcos de                             2 	 El padre Pedro Giacomini refería la presencia de 20          Delrio, W. (2007). El genocidio indígena y las ollas ocul-
interpretación de la memoria social interpelan política-                                familias del cacique Coñuel en Chichinales (Giacomi-          tas en los Andes, Latin American Studies Association,
mente a quienes reciben los relatos. El marco de inter-                                 ni, Pedro, Misiones de la Patagonia, p. 59). También se-      XXVII International Congress, Montreal, Canadá, 10-12
pretación es conocimiento sobre el pasado pero también                                  ría el lugar de concentración de más de 1000 personas         de septiembre 2007.
es un programa político sobre el curso de la historia y la                              hacia 1886 cuando los salesianos Cagliero, Remotti y
definición de agencia. En este sentido, complejiza tanto                                Panaro realizan una extendida visita a la gente de           Delrio, W. (2005). Memorias de expropiación. Sometimiento
la noción de victima que propone la noción de genocidio                                 Ñancuche y Sayhueque, por entonces prisioneras del            e incorporación indígena en la Patagonia (1872-1943), Ber-
al enfocar en la agencia de quienes han intervenido e in-                               ejército en aquel punto (Garofoli, José, op. cit., p. 169;    nal: Universidad Nacional de Quilmes.
tervienen en el curso de la historia, como también la de                                ASIBA, indígenas C. 201.4 doc. 60). Chichinales apa-
                                                                                                                                                     Dwyer, L. (2009). A Politics of Silences: Violence, Me-
reparación, al proponer un programa político de acción                                  rece en un relato registrado por Lehmann-Nitsche
                                                                                                                                                      mory, and Treacherous Speech In Post-1965 Bali. En:
frente a las relaciones establecidas.                                                   (1938) como el sitio de concentración de Sayhueque.
                                                                                                                                                      K. O’Neill y A. Hinton (eds.), Genocide, Truth, Memory,
  En breve, esto no contradice la noción de genocidio                               3 	 El caso de Valcheta es el más significativo tanto por         and Representation (pp.113-146), Durham and London:
como categoría de uso –más allá de las falencias que                                    el número de personas que habría implicado, como              Duke University Press.
esta pueda tener o no en términos jurídicos-, en tanto                                  por su mención repetida en distintas narraciones ma-
lo que se subraya es precisamente la política estatal ca-                               puche-tehuelche en el área patagónica, que refieren a        Escolar, D. (2008). El repartimiento de prisioneros indí-
racterizada por la masacre, la expropiación y diferentes                                dicho asentamiento como un lugar de concentración,             genas en Mendoza durante y después de la Campaña
medidas tendientes a imposibilitar la reproducción del                                  tortura y muerte. De las distintas versiones se des-           del Desierto, III Jornadas de Historia de la Patagonia, Uni-
grupo. Pero sí nos coloca ante la búsqueda de un con-                                   prende que por lo menos funcionó hasta mediados                versidad Nacional del Comahue, San Carlos de Barilo-
cepto analítico –sea genocidio, masacre o violencia es-                                 de la década de 1890.                                          che, 6-8 de noviembre de 2009.

6   Corpus. Archivos virtuales de la alteridad americana, Vol. 1, N°2, 2do. semestre 2011, ISSN 1853-8037
Garófoli, J. (1928). Datos biográficos y excursiones apostóli-                       Mases, E. (2002). Estado y cuestión indígena. El destino final   Ramos, A. (2010a) “Cuando la casa escondida apareció
 cas del Rvdo. D. Domingo Milanesio, misionero salesiano,                             de los indios sometidos en el sur del territorio (1878-1910),     a la vista”. Memorias en y de desplazamiento, 4as Jor-
 Turín: San Benigno Canavese.                                                         Buenos Aires: Prometeo libros/ Entrepasados.                      nadas de Historia de la Patagonia, Santa Rosa, UNLPam,
Giacomini, P. (s/d). Misiones de la Patagonia. Archivo Sa-                           Nagy, M. y Alexis Papazián, A. (2009). De la Isla como             20-22 de septiembre de 2010.
  lesiano Inspectoría de Buenos Aires, ms.                                            Campo. Prácticas de disciplinamiento indígena en la             Ramos, A. (2010b). Los pliegues del linaje. Memorias ma-
                                                                                      Isla Martín García hacia fines s. XIX, XII Jornadas Inte-         puche y tehuelche en contextos de desplazamiento, Buenos
Lehmann-Nitsche, R. (1938). Steinerne Vogelkopfkeu-
                                                                                      rescuelas-Departamentos de Historia, Bariloche, Univer-           Aires: Eudeba.
  len aus Chile und dem argentinischen Andengebiete,
                                                                                      sidad Nacional del Comahue, Facultad de Humanida-               Ricoeur, P. (1999). La lectura del tiempo pasado: memoria y
  Zeitschrift für Ethnologie, Heft 4/5, Berlin, 220-233.
                                                                                      des, Centro Regional Universitario Bariloche, octubre             olvido. Madrid: Arrecife.
Lenton, D. y Sosa, J. (2009). La expatriación de los pam-                             de 2009.
  pas y su incorporación forzada en la sociedad tucu-                                                                                                 Trouillot, M. R. (1995) Silencing the Past. Power and the
                                                                                     Pérez, P. (2009). Las policías fronterizas: mecanismos de          Production of History, Boston: Beacon Press.
  mana de finales del siglo XIX, Ieras Jornadas de Estu-
                                                                                       control y espacialización en los territorios nacionales
  dios Indígenas y Coloniales, Jujuy, C.E.I.C., 26 a 28 de                                                                                            Wolin, R. (1994) Walter Benjamín: An Aesthetic of Re-
                                                                                       del sur a principios del siglo XX, XII Jornadas Interes-
  noviembre de 2009.                                                                                                                                   demption, Berkeley: University California Press.
                                                                                       cuelas-Departamentos de Historia, Bariloche, Universi-
Malvestitti, M. (1999). Después del aukan: el poblamien-                               dad Nacional del Comahue, Facultad de Humanida-
 to mapuche de la Línea Sur, Jornadas de Historia de Río                               des, Centro Regional Universitario Bariloche, octubre
 Negro, Bariloche, Universidad Fasta.                                                  de 2009.




 7   Corpus. Archivos virtuales de la alteridad americana, Vol. 1, N°2, 2do. semestre 2011, ISSN 1853-8037
DEBATE                                                                                       De montoneros a indios:                                                                                          Diego Escolar*
Genocidio y política indigenista: debates                                                    Sarmiento y la producción del
sobre la potencia explicativa de una
categoría polémica                                                                           homo sacer argentino


Editor                                                                                      En recientes artículos de prensa en torno al 12 de octubre (hasta hace poco “Día de la Raza” y redefinido
                                                                                          oficialmente ahora como “Día de la diversidad cultural”) el periodista argentino Mariano Grondona, el es-
Diana Lenton (presentadora y comentarista)                                                critor Martín Caparrós y el historiador Luis Alberto Romero, entre otros, se refirieron al genocidio indígena
                                                                                          en Argentina como tropo del relato histórico kirchnerista y apelaron a una crítica de apariencia historio-
Autores y comentaristas (en orden alfabético)                                             gráfica para cuestionar su existencia. Aún a sabiendas del contexto militante en el cual se inscriben estos
                                                                                          planteos, me interesa partir de algunos postulados reproducidos en ellos para analizar algunos aspectos
Walter Delrio y Ana Ramos
                                                                                          fundacionales de la producción del genocidio indígena desde y más allá de la imaginación liberal. Concreta-
Diego Escolar                                                                             mente, la vinculación histórica entre la categoría de “indio”, las prácticas genocidas y la violencia fundadora
Pilar Pérez                                                                               del estado.

Florencia Roulet y María Teresa Garrido                                                     Destacaremos un argumento típico y otro reciente del anti-indigenismo liberal presentes en estos panfle-
                                                                                          tos. El primero, el uso anacrónico del concepto de genocidio para aplicarlo al sometimiento de los indígenas
Verónica Seldes                                                                           en la Argentina, en especial durante la “Campaña del Desierto” en el siglo XIX, dado que el término no
Liliana Tamagno                                                                           existía en la época. El segundo, enunciado por Grondona, la criminalización de Julio Argentino Roca al con-
                                                                                          trario de la indiferencia que habría merecido la figura de Sarmiento, quien (afortunada e inexplicablemente)
Julio Esteban Vezub
                                                                                          habría pasado inadvertida para el revisionismo K.
                                                                                            En los tiempos de Roca desde luego no se utilizaba el término genocidio, acuñado por el jurista polaco
                                                                                          Raphaël Lemkin a mediados del siglo XX para tipificar criminalmente el holocausto nazi. Pero esta crítica
                                                                                          epistemológica de anacronismo conceptual es endeble precisamente en términos epistemológicos. El pro-
                                                                                          pio ejercicio de la historiografía puede concebirse en la práctica como una inevitable tensión (toda vez que,
                                                                                          en nuestra ontología, el pasado no existe en el presente sino a través de mediaciones discursivas) entre la
                                                                                          aproximación a una imposible identidad con el espíritu de época y la proyección de modelos de pensamien-
                                                                                          to, perspectivas, categorías y deseos total o parcialmente presentes (genocidio, elites letradas, burocracia,
                                                                                          emancipación, estado…). Más llamativa es, sin embargo, la crítica del único historiador profesional que in-


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ISSN 1853-8037, URL: http://ppct.caicyt.gov.ar/index.php/corpus                           *CONICET - Centro Científico y Técnico Mendoza / Universidad Nacional de Cuyo. Correo electrónico: descolar@gmail.com
terviene en esta campaña de prensa, Luis Alberto Rome-                              pretende utilizar el concepto como una categoría gene-         noción de dos sociedades históricamente separadas, con
ro. Cuestionando también la extemporaneidad del uso                                 ral explicativa de los procesos históricos, o cuando se lo     lógicas diferentes, una de las cuales, la “sociedad crio-
del concepto de “genocidio” para la Campaña del De-                                 instituye como principal emblema de identificación de          lla” o “los blancos” termina haciendo de la otra el obje-
sierto, despliega crasos errores históricos cuando no evi-                          un colectivo social movilizado, aspectos que pasaremos         to de un conjunto de acciones genocidas planificadas y
dentes anacronismos al contrastar a Roca con los aztecas                            a desarrollar en breve.                                        desarrolladas por su estado, el Estado argentino. Estos
(“al menos Roca no realizaba sacrificios humanos”), al                                 La segunda crítica de Grondona sobre la excesiva cri-       usos del concepto, más que erróneos son parcialmente
hablar de “imperios aborígenes” en la Patagonia y al ca-                            minalización de Roca y aparente rehabilitación de Sar-         simplificadores de la experiencia histórica indígena (y
lificar al estado argentino durante el gobierno kirchne-                            miento es, sin embargo, parcialmente correcta. Roca ha         criolla), simplificación tal vez inevitable para represen-
rista como “totalitarismo” estalinista, básicamente por                             sido mistificado como símbolo de un genocidio indíge-          tar ciertos procesos, pero que dificulta la comprensión
la intención de sus partidarios de colocar un monumen-                              na argentino cuyos orígenes, ideólogos, ejecutores, pro-       de algunos puntos clave de la institución de la relación
to del fallecido ex presidente.                                                     yección histórica y profundidad social trascienden con         “indios”=genocidio.
   Como propone Rancière la “provocación negacio-                                   mucho su papel. Sarmiento ha recibido críticas en este
                                                                                                                                                      Retomaré un caso que trabajé más extensamente en un
nista” no se sostiene generalmente mediante pruebas,                                sentido, pero no han cuajado en nada comparable a la
                                                                                                                                                   estudio previo (Escolar 2007) el cual no es incorporado
sino que sus argumentos parecen adquirir más fuerza                                 monumentalización de Roca como genocida. Esto de-
                                                                                                                                                   generalmente en la saga negativa del genocidio indígena
de convicción cuánto más inconsistentes resultan en los                             riva en gran medida, sostengo, del modo en que tradi-
                                                                                                                                                   pero que considero fundamental para su comprensión si
hechos, como lo demuestra la acumulación de interven-                               cionalmente la Campaña del Desierto ha sido instituida
                                                                                                                                                   se lo pretende colocar, como viene proponiendo la crítica
ciones periodísticas contrarias a las demandas indígenas                            como el evento mítico del “fin de los indios” y el mismo
                                                                                                                                                   antropológica local (véase la síntesis periodística sobre
(Hanglin, Grondona, Caparrós) que repiten argumentos                                Roca como héroe fundador de territorio, raza y destino
                                                                                                                                                   la problemática del genocidio indígena en Argentina de
calcados de la épica militar argentina, impermeables a                              colectivo de la Argentina. Como todo mito en sentido
                                                                                                                                                   Diana Lenton)1 en relación a la constitución del Estado.
la crítica historiográfica seria. Ya sea invocando perga-                           antropológico, el de Roca y la “Campaña del Desierto”
minos como Grondona o, como Caparrós, autoridicu-                                   constituyen sin embargo matrices de representación y             En 1862 luego de la derrota del ejército federal por las
lizándose, la propaganda antiindígena interpela a una                               pensamiento colectivos que pueden ser y han sido rea-          tropas de Buenos Aires en la Batalla de Pavón, Domingo
suerte de “Doña Rosa” liberal que no se preocupa por                                propiados. Tal cual la liturgia nacional argentina repro-      Faustino Sarmiento fue enviado por Mitre para dirigir la
argumentos históricos sino que eventualmente se iden-                               dujo el mito de Roca, tanto los indígenas o sus simpa-         intervención y represión contra los federales en las pro-
tifica con los supuestos racistas, la épica del inmigrante,                         tizantes como la izquierda en general lo ha reinvestido        vincias de Cuyo, La Rioja y Córdoba. Después de una
el tono iconoclasta y, en Caparrós y Hanglin, la ética de                           de significado para reivindicar demandas indígenas, ar-        masiva insurrección federal sofocada cruentamente por
“sacarse la culpa” celebrada por el inconfundible folklo-                           ticular un sentido de experiencia histórica colectivo o        Sarmiento, su prestigioso líder el Chacho Peñaloza es
re lacaniano porteño.                                                               cuestionar relaciones de dominación y el orden político.       asesinado a “lanza seca”, inerme y rendido, por la parti-
   No es lo más difícil, efectivamente, determinar ni pro-                             Pero me parece importante retomar la figura de Sar-         da militar enviada a capturarlo. Su cabeza es enarbolada
bar que ocurrió un genocidio, o varios, sobre pueblos                               miento para analizar la relación histórica entre la cate-      en lo alto de una pica, exhibida junto con sus miembros
indígenas de la Argentina atendiendo a las caracterís-                              gorización indígena y la institución de un orden estatal       descuartizados. Dijo Sarmiento a propósito del hecho:
ticas tipológicas asociadas al término. Investigaciones                             que en su fundación soberana excluye un sector de su
                                                                                    población del cuerpo político.                                   Yo, inspirado por el sentimiento de los hombres pacíficos y
serias pueden resistir exitosamente el embate de los                                                                                                 honrados, aquí he aplaudido la medida, precisamente por
negacionistas, sea que consideremos al genocidio como                                  Habitualmente el estudio del genocidio indígena co-           su forma. Sin cortarle la cabeza a ese inveterado pícaro y
un concepto jurídico, una aberración moral y política o                             locó el acento en la reconstrucción del padecimiento de          ponerla a la expectación, las chusmas no se habrían con-
la descripción de un evento histórico efectivamente su-                             las víctimas y la responsabilidad política, criminal y mo-       vencido en meses de su muerte” (Sarmiento y Mitre 1911,
cedido. Los problemas comienzan más bien cuando se                                  ral de los victimarios. Este esfuerzo tendió a fortalecer la     p. 230).

2   Corpus. Archivos virtuales de la alteridad americana, Vol. 1, N°2, 2do. semestre 2011, ISSN 1853-8037
El asesinato del Chacho no fue un caso aislado sino                                La masiva insurrección montonera será vista como ex-        explícito de la necesidad de exclusión de parte de lo que
la (provisoria) culminación de un ciclo de represión que                            presión bélica de una “resistencia cultural” indígena, un     potencialmente puede ser considerado el “pueblo” de la
desató el ejército de Buenos Aires para someter la resis-                           “movimiento indígena campesino” (Sarmiento 1947, p.           comunidad política.
tencia federal en las provincias. Las víctimas fueron los                           90) explicado a su vez por el resentimiento hacia la po-         Sarmiento plantea que los montoneros no sólo están
pobladores de la campaña semiárida o “travesía” cuya-                               blación blanca y culta de una masa rural que obedece a        fuera de la ley ordinaria sino también del Derecho de
na, los Llanos riojanos, sur de Córdoba, etc. a menudo                              un ancestral odio indígena, originado en las injusticias,     Gentes, antecedente jurídico del concepto de derechos
calificados como “gauchos”. Este ritual de sacrificio te-                           masacres y expropiaciones sufridas desde la coloniza-         humanos (1947, p. 218). La discusión desarrollada en El
rrorista, como muchas otras prácticas que toleró o pro-                             ción española. Un pasado de despojo en el cual las po-        Chacho... sobre las facultades oficiales de represión se
movió entre sus tropas (fusilamientos masivos, torturas,                            blaciones “…fueron desalojadas por los conquistadores         inscribió en una agenda nacional –incluyendo la propia
asesinatos y esclavización de civiles inocentes, incendio                           para hacer de las tierras de labor estancias (…) (p. 91).     coalición liberal gobernante—, marcada por los debates
de pueblos) fueron denunciados por contemporáneos                                   Esta indigenización histórica, geográfica y cultural de       sobre los límites a la incorporación de la disidencia po-
como José Hernández, Juan Bautista Alberdi y el propio                              las montoneras y sus caudillos contrasta en forma no-         lítica en un estado republicano. En un famoso discurso
Bartolomé Mitre como un crimen análogo a los que el                                 table con la canónica construcción del “gaucho” como          en el Senado sobre el estado de sitio—con motivo de
propio Sarmiento inscribió dentro del sórdido decálogo                              sujeto popular en Facundo.2                                   una nueva intervención de San Juan en 1869, durante
de la “barbarie” federal como símbolos elocuentes de la                                Por otro lado, la caracterización indígena no explica      la presidencia de Sarmiento—el mismo Mitre, ahora en
negación de la civilización, la sociedad y, básicamente,                            sólo los motivos de la rebelión sino la imposibilidad de      la oposición, acusó a Sarmiento de haber asimilado las
lo político.                                                                        un comportamiento propiamente político (incluso en el         prácticas de los caudillos y violar los derechos humanos
  A partir de estos hechos y debido a la repercusión que                            marco de una guerra) para el procesamiento de los an-         al ajusticiar al Chacho por delitos políticos, a pesar de
tuvieron en la política nacional Sarmiento escribió un li-                          tagonismos. Para legitimar el asesinato y mutilación del      sus ideales liberales:
bro destinado básicamente a justificar su papel en la eje-                          Chacho por las fuerzas nacionales, Sarmiento había re-
cución del Chacho y la represión de las montoneras. El                              clamado que las órdenes del presidente Mitre considera-         El Congreso Constituyente de 1853 prohibió las ejecuciones
                                                                                    ban a la montonera como “salteadores” y no como ene-            a lanza y cuchillo (…) También existe en nuestra Constitu-
Chacho último Caudillo de la Montonera de los Llanos
                                                                                                                                                    ción, como una garantía de derecho humano [énfasis propio] y
(1947[1866]) es uno de los textos más importantes del au-                           migos políticos.3 Tal caracterización sólo cabría en tanto
                                                                                                                                                    un bálsamo derramado sobre antiguas y dolorosas heridas
tor para conocer su pensamiento político. Una especie                               sus demandas asumieran una forma legítima y sus líde-           esta otra prohibición: no se matará por delitos políticos [desta-
de secuela del Facundo, pero en donde su voz no se si-                              res se hubieren organizado con un programa o demanda            cado en el original] (Mitre 1869, pp. 7-8) (…) [Un mandata-
túa como en éste extemporánea, desapegada del escena-                               inteligible. Escribiendo en la prensa local, Sarmiento jus-     rio] podía matar a sus enemigos políticos con sólo calificar-
rio de la acción narrativa, sino que se coloca a sí mismo                           tificaba la guerra afirmando que “no es un sistema po-          los de bandidos o bandoleros (1969, p. 44).
como personaje cargado de responsabilidad y participe                               lítico lo que estos bárbaros amenazan destruir. Es todo
de los hechos. Es asimismo un tratado sobre el gobierno                             orden social, es la propiedad tan penosamente adquiri-           En ocasión de la famosa polémica desatada en torno a
y la legitimidad de la administración de la violencia sin                           da” (1947, p. 137); las montoneras son “negaciones de         la publicación de Campaña en el Ejército Grande (Sarmien-
reglas en la producción de la soberanía del estado.                                 la sociedad misma (p. 235)”. Esto, a pesar de haber ad-       to 1962 [1852]), Juan Bautista Alberdi había acusado a
                                                                                    mitido que “de los prisioneros tomados, solo quince en        también a Sarmiento de impulsar “La guerra militar y de
  El libro vincula dos argumentos: primero, la imposi-
                                                                                    más de ciento no tuvieron quién solicitase su libertad y      exterminio contra el modo de ser de nuestras poblacio-
bilidad de una incorporación política de las poblaciones
                                                                                    los acreditase honrados, lo que probaba que eran todos        nes pastoras y sus representantes naturales (1945, pp.10-
campesinas de la campaña de las provincias interiores
                                                                                    gente conocida y de buena familia” (p. 81).                   11).”
(y gran parte de su plebe urbana) en la ciudadanía. Se-
gundo, el carácter esencialmente indígena de dichas po-                               El carácter primordialmente indígena de las montone-           La represión de las montoneras podría encuadrarse en
blaciones.                                                                          ras y sus bases opera en El Chacho… como argumento            la figura de genocidio en muchos aspectos análogo a las

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prácticas de la guerra contra los pueblos indígenas. Los                               Pero en la tradición filosófico-política occidental “po-       Si analizamos el discurso y prácticas de Sarmiento con
asesinatos, torturas, reparto de personas y confinamien-                            der constitutivo” hace referencia básicamente a un con-        relación a las montoneras del Chacho es clara la relación
to de población civil; la destrucción de las bases mate-                            cepto distinto de soberanía: la capacidad del soberano         que puede establecerse con el de Roca y otros promoto-
riales de su existencia; la producción de una excepción                             (el Rey, los convencionales, el pueblo) de suspender la        res con relación a la Campaña del Desierto en cuanto al
basada en reales o supuestas características culturales y                           propia legalidad del estado, no para consolidar un po-         modo en que se argumenta la necesidad y posibilidad de
biológicas; sobre todo, la justificación de su sometimien-                          der omnímodo para la destrucción del pueblo sino para          eliminar a los indígenas o someterlos sin considerar para
to a un orden soberano estatal mediante la simultánea                               fundar un nuevo orden político y jurídico legítimo, una        ellos las normas de derecho que la misma constitución
exclusión del orden jurídico y político de ese mismo es-                            nueva constitución. En la tradición democrática, espe-         sanciona, en la medida en que se trata de población que
tado constitucional.                                                                cialmente la antiliberal, tal noción supone la posibili-       habita lo que se asume como territorio nacional (más allá
   Por ello, si bien considero técnica y moralmente co-                             dad de trascendencia de las limitaciones formales y sis-       de que se argumente un origen “chileno”). Pero deseo
rrecta catalogarla de genocidio, no creo que resulte del                            témicas a la democracia y fundar un nuevo orden sin            destacar que precisamente la línea que recorre ambos
todo adecuada la concepción de la Campaña del Desier-                               condicionamientos impuestos por el anterior. Es esta la        momentos genocidas para ser considerados legítimos,
to como el “genocidio constitutivo” del Estado argen-                               concepción que desde Lawson, Locke, Madison y Sieyès           incluso legales, en el caso de Sarmiento con las montone-
tino, toda vez que sería difícil establecer, primero cuál                           hasta Carl Schmitt y Walter Benjamin alimentó nociones         ras y de Roca con los pueblos indígenas de la Patagonia,
genocidio sería más propiamente constitutivo; y luego,                              como poder constituyente, violencia fundadora, poder           es la categorización indígena de los grupos exceptuados.
exigiría una justificación mayor de qué significaría el                             fundador o dictadura soberana (Kalyvas 2008; Benjamin          Este es el argumento final que permite justificar ambas
concepto “constitutivo”. En términos históricos la ma-                              1991, Schmitt 2005). La relación de este poder sobera-         conquistas del interior del territorio y el espacio social
tanza y exclusión soberana (reducción a meros cuerpos                               no y el estado de excepción con la posibilidad cierta y        estatal.
que cualquiera puede matar sin violar la ley, descono-                              constitutiva del genocidio, es desarrollada en las últimas        Solemos no cuestionar la calificación indígena de las
ciendo la norma constitucional vigente) de los campesi-                             décadas por Giorgio Agamben (1998, 2005) vinculando            poblaciones autóctonas de la Patagonia hacia finales del
nos del interior y los restos del partido federal moviliza-                         básicamente una inspiración crítica en Carl Schmitt con        siglo XIX. Pero siempre fue visto como problemático o
do entre 1962 y 1963 tras la batalla de Pavón, a partir del                         el concepto de biopolítica tal cual lo desarrolla Michael      imposible calificar de indígenas a los “gauchos” o “crio-
cual el estado de Buenos Aires conquista las provincias                             Foucault. Para él, el estado de excepción (en cierto modo      llos” de las provincias de antigua ocupación colonial en
del interior y su ejército de convierte en el de la Nación,                         como para Benjamin el “estado de emergencia perma-             el centro y norte de la Argentina. La decisiva indigeni-
parece corresponder mejor a la noción de un genocidio                               nente”) es el nomos de todo estado moderno, siempre            zación de las montoneras por parte de Sarmiento (en el
“constitutivo” del estado argentino, si por ello entende-                           produce un tipo de homo sacer, grupos de personas que se       momento fundador de un poder soberano estatal) nos
mos la producción original de un orden político sobera-                             transforman en mera vida desnuda, que quedan exclui-           dice que no se trata sólo de que el estado argentino o los
no mediante un acto de violencia fundadora. Los grupos                              das del orden legal y político del mismo estado que las        detentores prácticos de su soberanía cometieron geno-
indígenas libres del área pampeana y patagónica son                                 contiene y pueden ser asesinadas por cualquiera, y que         cidio con los indígenas, sino que también la indigeniza-
conquistados con posterioridad a la secuela de conflic-                             pueden coincidir con una parte o toda su población. Es         ción o reconocimiento de la indianidad de la población
tos más cruentos suscitados por la imposición de la regla                           decir, la soberanía siempre implica en esta línea la posibi-   fue un argumento para cometer y legitimar genocidios,
estatal nacional en las provincias, y participaron en las                           lidad de que la tendencia al control de toda la esfera de la   o “colonización interior” en el marco de un estado re-
campañas muchos ex montoneros y algunos jefes fede-                                 vida humana por parte del estado moderno sumada a la           publicano. No se trata solamente, entonces, de que los
rales, la guerra (con genocidio incorporado) de conquis-                            capacidad de suspender su propia legalidad sin violar la       indígenas sean o hayan sido blanco de genocidio por
ta militar consolidó en todo caso el dominio y expandió                             ley, se traduzca en el poder indiscriminado de matar sin       parte del estado, sino que lo indígena fue constituido
el territorio de un estado ya constituido.                                          por ello romper sus propios fundamentos legales.               históricamente, también, como un tropo corporizado de


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soberanía en el sentido negativo de excepción y poder                               ríodos por las bases sociales capaces de ser interpeladas     Referencias bibliográficas
de muerte sobre los cuerpos del propio estado moder-                                como indígenas, puede reproducir la noción de su ge-
                                                                                                                                                  Agamben, G. (2005). States of Exception. Chicago and
no. La capacidad de expansión y contracción de los co-                              nocidio como matriz de la historia capaz de proyectarse
                                                                                                                                                   London: The University of Chicago Press.
lectivos identificados como indígenas, o mejor dicho, la                            teleológicamente hacia el presente y futuro, indepen-
variable abarcabilidad de tal clasificación entonces, no                            dientemente de las intenciones políticas o morales que        Agamben, G. (1998). Homo Sacer. Sovereign Power and
sólo estuvo asociada en el pasado como en la actuali-                               se quieran instituir en el debate.                             Bare Life. Stanford: Stanford University Press.
dad a demandas emancipatorias, de derechos restituti-                                                                                             Benjamin, W. (1991) [1921]. Para una crítica de la vio-
vos y reconocimiento, sino también, históricamente, a la                            NOTAS:
                                                                                                                                                    lencia. En Para una crítica de la violencia y otros ensayos.
producción de una excepción y exclusión del orden de                                1	 “El Estado se construyó sobre un genocidio”. Página          Iluminaciones IV. (pp. 23-45). Madrid: Taurus.
lo político y las garantías constitucionales, de un homo                                12, 10 de octubre de 2011.
sacer argentino (papel en el cual Sarmiento fue uno de                                                                                            Botana, N. (1996). Domingo Faustino Sarmiento: una Aven-
                                                                                    2 	 No sólo en aquel libro los pobladores de las campa-
los principales agentes). Tal vez por eso también la “in-                                                                                           tura Republicana. Buenos Aires: Fondo de Cultura Eco-
                                                                                        ñas o “llanuras” interiores son descriptos como es-
visibilización” y ubicuidad de la identidad indígena fue                                                                                            nómica.
                                                                                        pañoles degenerados, pero radicalmente diferentes
también una estrategia de supervivencia para aquellos                                   de los indígenas (en este caso pampeanos y patagóni-      Escolar, D. (2007). Los Dones étnicos de la Nación. identida-
grupos o sectores capaces de ser señalados como tales, y                                cos), sino que algunas tradiciones culturales gauchas       des huarpe y modos de producción de soberanía estatal en
no sólo el resultado de una ideología étnico-nacional de                                descriptas en aquel son modificadas en El Chacho…           Argentina. Buenos Aires: Prometeo.
homoegenización promovida por las elites o de políticas                                 para mostrarlas como indígenas. En Facundo, Sar-
asimilacionistas (Escolar 2007, 2011 en prensa).                                                                                                  Escolar, D. (en prensa). Metáforas étnicas de la nación:
                                                                                        miento afirmaba por ejemplo que “En las llanuras ar-
                                                                                                                                                    el repartimento de prisioneros indígenas en Mendo-
   En este sentido, más allá de la justicia de las demandas                             gentinas no existe la tribu nómade; el pastor posee el
                                                                                                                                                    za y la teorización nativa del “criollo”. Laguarda, P. y
por genocidio de los pueblos indígenas en Argentina y                                   suelo con títulos de propiedad; está fijo en un punto
                                                                                                                                                    F.Fiorucci (Eds.). Intelectuales, cultura y política en espa-
de la necesidad de refutar las campañas negacionistas,                                  que le pertenece” (Sarmiento 1963: 69). Sin embargo,
                                                                                                                                                    cios regionales de Argentina (siglo XX). Rosario: Prohis-
consolidar al genocidio como principal mito de refun-                                   para explicar que “El Chacho no usó de la coerción
                                                                                                                                                    toria (en prensa).
dación de identidades y pueblos indígenas actuales, o                                   que casi siempre los gobiernos cultos necesitan para
como principal demanda y símbolo de los indígenas                                       llamar a los pueblos a la guerra” dirá que utilizó for-   Kalyvas, A. (2008) Democracy and the politics of the Ex-
como colectivo social movilizado entraña también el pe-                                 mas de lealtad que define como “la organización pri-       traordinary, Cambridge: Cambridge University Press.
ligro de reproducir o rehabilitar su locus de excepción                                 mitiva de la tribu nómade” (1963, p. 82).                 Schmitt, C. (2005) [1922]. Political Theology. Chicago: The
como respuesta estatal potencial. Pregunto si esta edifi-                           3 	 Sarmiento invoca las órdenes secretas del presidente        University of Chicago Press.
cación de una subjetividad contenciosa a través de la fi-                               Mitre “quiero hacer en La Rioja una guerra de policía
jación nítida de lo indígena anclada en la experiencia del                              (...) declarando ladrones a los montoneros, sin hacer-
genocidio como marcador universal (lo que finalmente                                    les el honor de considerarlos como partidarios políti-
                                                                                                                                                  Fuentes éditas
conceptualizaré con el horrible neologismo “genocidi-                                   cos ni elevar sus depredaciones al rango de reacción      Alberdi, J. B. (1945) [1953]. Cartas Quillotanas. Buenos Ai-
ficación”), cuidadosamente evitada durante largos pe-                                   (Sarmiento 1947, p. 143).                                   res: Ediciones Estrada.




5   Corpus. Archivos virtuales de la alteridad americana, Vol. 1, N°2, 2do. semestre 2011, ISSN 1853-8037
Mitre, B. (1969). Cuestión de San Juan. Discurso del Jeneral                         Periódicos
 Bartolomé Mitre Pronunciado en el Senado el 19 de Junio                             Aranda, D. (2011). “Entrevista a Diana Lenton. El Esta-
 de 1869 Informando de la Cuestión de San Juan. Buenos                                do se construyó sobre un genocidio”. Página 12, 10 de
 Aires: Imprenta del Siglo.                                                           octubre de 2011.
Sarmiento, D. F. (19639 [1845]. Facundo. Buenos Aires:                               Caparrós, M. (2011). “Qué fantástica esta fiesta”. Pam-
  Ed. Losada.                                                                         plinas. Blog.elpais.com 12 de octubre de 2011.
Sarmiento, D. F. (1962) [1852]. Campaña en el Ejército                               Grondona, M. (2011). “La demonización de Roca y el ol-
  Grande. Buenos Aires: EUDEBA.                                                       vido de Sarmiento. La Nación, 2 de octubre de 2011.
Sarmiento, D. F. (1947) [1866]. El Chacho. Último Cau-                               Romero, L. A. (2011). “Bajen a Roca, alcen a Néstor”. La
  dillo de la Montonera de los Llanos. En Vidas de Fray                                Nación, 5 de octubre de 2011.
  Félix Aldao y El Chacho, (pp. 69-236). Buenos Aires: Ar-
  gos.
Sarmiento, D. F., Mitre, B. (1911). Sarmiento-Mitre: corres-
  pondencia, 1848-1868. Buenos Aires: Imprenta de Coni
  Hnos.




 6   Corpus. Archivos virtuales de la alteridad americana, Vol. 1, N°2, 2do. semestre 2011, ISSN 1853-8037
DEBATE                                                                                       1879 – 1979:                                                                                            Julio Esteban Vezub*
Genocidio y política indigenista: debates
sobre la potencia explicativa de una
                                                                                             Genocidio indígena, historiografía
categoría polémica                                                                           y dictadura


Editor                                                                                      A la luz de las intervenciones repetidas en la prensa de los últimos días, se me ocurre que se detectan al
                                                                                          menos dos debates dentro del debate sobre “genocidio indígena”. Se trata de identificarlos con la mayor
Diana Lenton (presentadora y comentarista)                                                nitidez, a los fines de deslindar derivas y motivaciones que no son inherentes a la discusión propiamente
                                                                                          histórica, aunque sí a las formas actuales de valoración del pasado, como ser los posicionamientos respecto
Autores y comentaristas (en orden alfabético)                                             del gobierno nacional y los relatos que se movilizan por parte de oficialistas y opositores. Para caracterizar el
                                                                                          campo es imprescindible historiar las discusiones, seguir su articulación en el tiempo e indagar en qué con-
Walter Delrio y Ana Ramos
                                                                                          textos se realzan o adquieren relevancia pública. Básicamente, por delante de la adecuación de la categoría
Diego Escolar                                                                             “genocidio” a determinados procesos y acontecimientos, hay un conflicto primario relativo a la verificación
Pilar Pérez                                                                               o no de crímenes masivos durante el proceso de formación del Estado nacional y el capitalismo, los niveles
                                                                                          de legitimidad, justificación y tolerancia hacia el pasado traumático, su condición inexorable o necesaria
Florencia Roulet y María Teresa Garrido                                                   y, recién entonces, el uso emblemático de los olvidos, las memorias y las representaciones para intervenir
Verónica Seldes                                                                           ideológicamente en los conflictos presentes. Con excepciones filosóficas en un debate empobrecido por pro-
                                                                                          pagandistas, el uso o el rechazo de la categoría “genocidio” es subsidiario de la valoración y gravedad que
Liliana Tamagno
                                                                                          se atribuyen a hechos mayormente constatados, incluso a desgano. Por ello la discusión es otra: ¿hubo o no
Julio Esteban Vezub                                                                       crímenes masivos y exterminio de poblaciones en el proceso expansivo del Estado argentino?
                                                                                             La metodología historiográfica es eficaz para distinguir los niveles del debate, caracterizar el juego de
                                                                                          fuerzas y los conflictos que lo delimitan. Vale decir, historiar las circunstancias y el recorrido que configuran
                                                                                          la discusión. (Cuando digo “historiografía” el ejercicio incluye la “antropología”). Desde el exilio en México,
                                                                                          David Viñas (1982) dio productividad a sus fuentes al preguntarse si “los indios fueron los desaparecidos de
                                                                                          1879”, trazando un paralelo con la dictadura, perspectiva que fue cuestionada por la simpleza de la compa-
                                                                                          ración (Mases 2002, p.15).




Corpus. Archivos virtuales de la alteridad americana, Vol. 1, N° 2, 2do. semestre 2011,
ISSN 1853-8037, URL: http://ppct.caicyt.gov.ar/index.php/corpus                           *Centro Nacional Patagónico, CONICET; Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales, UNPSJB. Correo electrónico: vezub@cenpat.edu.ar
Pero Viñas sabía con quiénes se enfrentaba: las fuer-                            histórico, seguramente por la mayor interlocución con         original, como “[…] la dimensión política para compren-
zas armadas pensaron las prácticas que acompañaron la                               los protagonistas del activismo étnico que se fortaleció      der también el genocidio camboyano”. Para Burucúa el
expansión socio—territorial del siglo XIX como el hito                              a partir de los noventa. Probablemente, la vitalidad de       rasgo que define jurídicamente a la dictadura de 1976
fundacional del mismo devenir que ellas clausuraban                                 la militancia indígena e indigenista explique algo del re-    como genocidio es “lo que se hizo con los niños, la sus-
a fines del XX. Antes del golpe de 1976, la publicación                             vanchismo clasista y la urgencia del tema para la mayo-       tracción de bebés”, requisito que no alcanzaría para ca-
Política seguida con el aborigen, a cargo de la Dirección                           ría de los que niegan el genocidio desde La Nación.           racterizar así “el caso de Roca”, donde la clave es com-
de Estudios Históricos del Comando en Jefe del Ejérci-                                 Parte de la dificultad para ahondar los contenidos tie-    probar la intencionalidad explícita del exterminio, su
to (1974), describía las tácticas de “combate irregular”                            ne que ver con que el debate se desarrolla principalmen-      condición “actuada y planificada”:
indígena sistematizando en realidad otra cosa, acumu-                               te según las reglas de la prensa. Incluso cuando las voces
lando enseñanzas para la “guerra sucia” contra las orga-                            académicas asumen la responsabilidad de manifestarse            …está circulando una frase que se le atribuye, que habla
nizaciones revolucionarias. Fue la celebración del cente-                           lo hacen con las constricciones del género, pensando            del exterminio de un pueblo una cultura, una raza. Pero es
nario de la ocupación de la línea del río Negro en 1979,                                                                                            apócrifa. No hay un investigador que diga que se pronun-
                                                                                    más en los efectos políticos y sus posibles lecturas que en
sintetizada como “Campaña del Desierto”, la que puso                                                                                                ció. Roca va al Congreso y habla de sus intenciones, habla
                                                                                    la teoría y los estudios de caso que sostienen cada argu-       de llevar la civilización a los indígenas, pero no parece que
en serie los dos acontecimientos represivos como parte                              mento. La negación del genocidio y la valoración posi-          fuera una matanza programada para hacer desaparecer un
de un mismo proceso de (re)organización nacional. El                                tiva del orden conservador, incluidas sus consecuencias         pueblo. Es muy discutible que sea un genocidio (Moledo y
“Plan Cultural” de la junta militar le dio rol estratégi-                           para los indígenas, tuvieron base en corporaciones como         Jawtuschenko 2009).
co al “Congreso Nacional de Historia sobre la Conquis-                              la Academia Argentina de la Historia, mayoritariamente
ta del Desierto”, realizado en General Roca ese mismo                               al margen de las universidades y los organismos estata-          En la línea de Hobsbawm cuando se pronunció sobre
año, igual que a los partes de campaña, memorias e his-                             les de ciencia y técnica. En 2004 Juan José Cresto insta-     el juicio “Irving contra Lipstadt”1, Burucúa considera
torias laudatorias que se editaban a través de Eudeba,                              laba la polémica, en su doble condición de director de        que para definirlo como tal se debería corroborar que el
sello que estaba intervenido como toda la universidad                               esa asociación y del Museo Histórico Nacional, del que        genocidio se ejecutó siguiendo órdenes documentadas,
(Invernizzi 2005). Estas operaciones son conocidas, aun-                            sería reemplazado a poco de sus dichos. Cresto cargaba        limitando el valor de los discursos de Roca como prue-
que no se ha reflexionado lo suficiente sobre su efecto en                          contra “el mito del genocidio” que “oculta reivindicacio-     ba, aunque éstos hablen de “operaciones militares” y el
la homologación de experiencias traumáticas diferentes                              nes territoriales”, volviendo sobre el impresionismo de       mandato de liberar “[…] totalmente esos vastos y fértiles
y temporalmente distantes. Las imágenes especulares                                 malones y cautivas laceradas en las plantas de los pies.      territorios de sus enemigos tradicionales, que desde la
entre 1879 y 1979 todavía pautan una porción importan-                              Utilizando el correo de lectores de La Nación, Pedro Na-      conquista fueron un dique al desenvolvimiento de nues-
te de las interpretaciones sobre las masacres del último                            varro Floria lo refutó expeditivamente, discutiendo las       tra riqueza pastoril”2. Más adelante volveré sobre cuán
cuarto del siglo XIX.                                                               afirmaciones más endebles sobre la carencia de docu-          sistemáticas y planificadas fueron las órdenes de Esta-
                                                                                    mentación probatoria y aquellas según las cuales la “[…]      do de 1880. Pero el positivismo del registro está en la
  Con el advenimiento de la democracia perduró una                                                                                                base de su desconcierto, ante la dificultad de narrar una
visión resignada y al mismo tiempo superflua sobre el                               pampa agreste estaba totalmente desierta, con algunos
                                                                                    bolsones de pobladores aislados”.                             masacre y encontrarle las causas. Si las pruebas son una
crisol de razas, principalmente desde la historia social                                                                                          cuestión jurídica que excede la labor del historiador, será
argentina, conforme a la cual las campañas militares ha-                              También desde la prensa José Emilio Burucúa sostuvo         fructífero pensar la trama histórica que hizo posible cada
brían resuelto la “cuestión indígena” a favor del tras-                             criterios que considera técnicos, partiendo de la defini-     matanza, independientemente del rótulo que se le pon-
plante y la homogeneización de población, acelerando                                ción de genocidio de Lemkin, recogida por las Nacio-          ga o las fuentes que respalden que había sido ordenada.
la extinción. Aunque las especializaciones no fueron                                nes Unidas en 1948. Según Burucúa la definición es muy
rígidas en la división de planteamientos, la antropo-                               precisa, aunque a continuación la ensancha para incluir         Un trabajo anticipaba a fines de la década de 1990 el
logía sociocultural fue contradiciendo dicho corolario                              casos que no quedan contenidos dentro de la definición        problema de la voluntad política, aunque la discusión

2   Corpus. Archivos virtuales de la alteridad americana, Vol. 1, N°2, 2do. semestre 2011, ISSN 1853-8037
no se orientaba todavía en términos de “genocidio”. Se                               Quizás el aporte imprevisto de Mariano Grondona, que              historiador” que reclama. De hecho evita cualquier con-
trata de la investigación de Mónica Quijada, quien a pro-                            abre la seguidilla de artículos en la prensa de octubre de        sideración sobre mapuches extranjeros o malones devas-
pósito de las condiciones de la “conversión de los indios                            2011, sea recordar que además de Roca se debe discutir            tadores. En su intervención del 5 de octubre se muestra
en ciudadanos”, cuestionaba la “percepción generaliza-                               a Sarmiento para comprender la violencia republicana.             con todo vigor cómo la historia sociopolítica argentina
da” sobre el “exterminio de los nativos” y su “práctica                              Pero no lo digo en pos de un revisionismo redivivo sino           margina las relaciones y los conflictos con los indígenas
desaparición física”, ubicando en el último cuarto del                               para focalizar el análisis más allá de las élites, en las rela-   de la parte principal del relato liberal-republicano. Pero
siglo XIX                                                                            ciones entre éstas y las bases sociales que materializaron        el fantasma que acosa a Romero es el de un Kirchner to-
                                                                                     las masacres, y donde se materializaron las masacres.             talitario, no el de Calfucurá ni Roca. Me concentro en-
    …la existencia de una política de concesión de tierras y la                      Para banalizarlas, Grondona se respalda en la autoridad           tonces en la médula del argumento histórico:
    puesta en marcha de una serie de iniciativas destinadas a                        de estudioso de Luis Alberto Romero y en la ficción de
    la integración de un colectivo que, lejos de haber desapa-                       Félix Luna, quien sólo le dedica a las campañas 13 pági-            Roca fue un militar profesional que guerreó para construir
    recido como saldo de la campaña militar, fue el objeto de                        nas de un total de 490, impostando la voz de un Roca que            el Estado nacional […] derrotó a los imperios aborígenes
    preocupaciones oficiales y oficiosas destinadas a definir el                                                                                         del Sur y definió las fronteras argentinas, ocupando un te-
                                                                                     “recuerda” su conducción de las operaciones de traslado
    lugar que los aborígenes vencidos debían ocupar en la na-                                                                                            rritorio que por entonces también pretendían los chilenos.
    cionalidad que se estaba construyendo (1999, p. 676-677).
                                                                                     de la frontera al río Negro como “[…] una alegre cabal-
                                                                                                                                                         No hay nada de excepcional en esta historia, similar a la
                                                                                     gata de buenos camaradas bajo el tibio sol otoñal de la             de cualquier otro Estado nacional construido con los mé-
   Algo que nadie discutió en esa época según Quijada,                               Patagonia”, experiencia que según este “Roca anciano”               todos que por entonces eran considerados normales. Los
fue la necesidad de la desaparición de “[…] aquellos                                 nada tendría de épica, porque el esfuerzo bélico ya es-             nacionalistas integrales, quienes consideran esencialmente
grupos humanos que no compartían las supuestas pre-                                  taba hecho de las décadas anteriores (Luna 1991, p.146).            ‘argentino’ cada fragmento del territorio —no es mi caso—,
misas de la ‘vida civilizada’”. Se pregunta “[…] cuáles                              Hay tensión entre esta empatía imaginada y los números              deben admitir que Roca contribuyó a una soberanía que
eran los mecanismos y los límites que daban contenido                                de muertos y prisioneros que consigna Luna, basándose               creen legítima. En cuanto a los pueblos originarios, cierta-
específico a esa exclusión”, respondiéndose que la acele-                            en las memorias del ministerio de Guerra y Marina. Pero             mente hoy no aprobaríamos la manera como los trató Roca,
ración de la extinción física no parece haber sido la idea                           este y otros datos sintomáticos no le impiden a Gron-               y la conducta del gobernador Insfrán nos parece detestable.
favorecida en comparación con las perspectivas de asi-                               dona “desenmascarar esta falacia” del genocidio para                Pero si se trata de leer el pasado desde el presente, debe-
milación (1999, p.688-689). Estos matices se expresaron                                                                                                  ríamos condenar también la manera en que, a lo largo de
                                                                                     aniquilar a los “pueblos originarios”. Grondona insiste
en funcionarios como Álvaro Barros, primer gobernador                                                                                                    siglos, algunos ‘pueblos originarios’ —por ejemplo, los az-
                                                                                     con los tópicos desvencijados del “flagelo del malón” y
                                                                                                                                                         tecas o los incas— trataron a otros. Al menos, Roca no hacía
de la Patagonia. A diferencia de Quijada, entiendo que                               los mapuches “invasores”, “araucanos que provenían de               sacrificios rituales con los prisioneros.
se debe indagar el modo en que las expectativas gradua-                              Chile”, ignorando más de veinte años de cambio de pa-
listas incluyeron determinaciones biopolíticas, por más                              radigma histórico y antropológico, además de un dato                Después de una primera oración atinada siguen los
que la sobrevivencia de la mayoría de los indígenas sea                              muy elemental, que la historia que se discute es también          deslices (“imperios aborígenes”), generalmente suge-
el resultado que se constata. Tanto la tendencia a la ani-                           la de regiones como el Chaco, donde mapuches y tehuel-            ridos como razonamientos de otros (“los nacionalistas
quilación como la transformación cultural convivieron                                ches tuvieron escasa ingerencia, salvo su movilización            integrales”, “si se trata de leer el pasado desde el pre-
en el pensamiento y las prácticas del staff de Roca. La                              como tropa represiva a partir de la segunda mitad de la           sente”, etc.) y la desaprensión (“la manera como los tra-
frase en el parlamento, “…no cruza un solo indio por las                             década de 1880.                                                   tó Roca”). Para Romero se trata apenas de la repetición
extensas pampas”, significa ambas cosas.
                                                                                       Si la ligereza metodológica es un desliz a concederle a         de casos parecidos o mundiales, lo que clausura su in-
  Aparece aquí uno de los primeros corolarios de esta                                Grondona, se puede exigir más de Romero, a quien no se            terés y singularidad. Pienso en cambio que no alcanza
síntesis historiográfica: las masacres se deberían estudiar                          le conocen investigaciones particularizadas sobre estos           con invocar el “contexto de época”, aplanando procesos
descentrándolas de Roca e incluso de sus lugartenientes.                             temas pero es idóneo en los procederes del “oficio del            históricos. De manera exhaustiva, el análisis contextual

3    Corpus. Archivos virtuales de la alteridad americana, Vol. 1, N°2, 2do. semestre 2011, ISSN 1853-8037
también debería aplicarse a lo detestable del presente.                             te de Corpus. Solamente quisiera señalar el salto produ-      yer (2010), que resume los resultados de varias investi-
Precisamente, es el contexto global del colonialismo                                cido por Walter Delrio, Diego Escolar y Diana Lenton,         gaciones y promueve el diálogo entre las perspectivas
republicano y el liberalismo europeo el que no sale in-                             entre otros que integran o integraron estos equipos, en       académicas y militantes. Dentro de la misma, la “cruel-
demne del balance. Basta advertir la condición ritual de                            materia de estudios sobre las dinámicas de exterminio,        dad” se insinúa como la pauta explicativa de la histo-
los cueros cabelludos y cerebros que se exhibían en los                             desplazamiento forzado y reparto de mujeres y niños.          ria argentina, sin que esta valoración se despliegue ni
museos del mundo para entender que el de La Plata no                                Para ello ingresaron en archivos vedados como el de la        se justifique en la obra, donde tampoco se precisan los
era una excepción, aunque Roca no practicara sacrificios                            Armada, donde Papazian y Nagy (2010) desentrañan el           ciclos ni el período del genocidio de los pueblos origi-
con los prisioneros.                                                                funcionamiento del campo de concentración de la isla          narios del actual territorio argentino. Este aparece como
                                                                                    Martín García. También en el caso de Escolar, que rea-        un largo devenir inconcluso, perpetrado por un Estado-
   Entre las posiciones que trivializan la discusión la más                         liza una verdadera arqueología de las estancias mendo-        Leviatán plenamente racional, relativamente siempre
astuta es la de Martín Caparrós, que se hace fuerte en las                          cinas donde contingentes familiares patagónicos eran          igual a sí mismo. La despolitización de las víctimas y
debilidades del indigenismo moralizante, la veneración                              reducidos a la servidumbre. Además, los investigadores        su representación son el efecto inesperado, acompaña-
por lo ecológico y los atavismos, la historicidad endeble,                          que conforman la red ampliaron las pesquisas a otras re-      do por una percepción del “Estado genocida” que pla-
el multiculturalismo que oblitera las diferencias de clase                          giones como el Chaco, extendiendo la variable temporal        nifica sistemáticamente sus políticas de exterminio hacia
y ensalza la autenticidad primordial, etc. Desde el cinis-                          hasta las matanzas del siglo XX, durante las presidencias     1880, lo que supone que éste estaba dado ex ante su con-
mo, quizá su acierto sea señalar que la categoría misma                             de Alvear y Perón (Mapelman y Musante 2010).                  figuración histórica. Esta crítica no significa desdeñar la
de “pueblos originarios” acusa síntomas de crisis. Pero                                                                                           observación de rutinas, regularidades, redes represivas
                                                                                       Mencioné que la problemática genocida ha sido en lo
el indigenismo intelectual que construye no pasa de la                                                                                            y campos de concentración, diseños, organizaciones,
                                                                                    fundamental un asunto de antropólogos y solo subsidia-
caricatura, se esboza en la subestimación de cuestiones                                                                                           burocracias e ideologías criminales. Tampoco que la
                                                                                    riamente de historiadores. Aunque estas preocupaciones
tan evidentes como que portar un apellido indígena era                                                                                            planificación estaba presente sobre todo en los planes,
                                                                                    se desarrollaron tempranamente en estudios como los de
un emplazamiento muy serio dentro de las clasificacio-                                                                                            valga la redundancia, antes que en las posibilidades de
                                                                                    Enrique Mases sobre la “cuestión indígena”, más atentos
nes de raza y clase hasta ayer nomás, sin hablar de la                                                                                            implementarla a rajatabla. Más aún, habría que atender
                                                                                    al tipo de solución que el Estado y las élites le encontra-
subalternidad que hoy perdura, por más que ser indíge-                                                                                            a la anarquía represiva, concretada por aparatos en for-
                                                                                    ron al problema que a las políticas y reacciones de los
na le parezca un clientelismo conveniente. (“Si yo fuera                                                                                          mación que dependían para funcionar de la misma base
                                                                                    indígenas. Estas búsquedas fueron solidarias del curso
pobre y argentino intentaría ser originario”). Todo ello                                                                                          social a la que castigaban.
                                                                                    más general de la historiografía de las últimas décadas,
sin superar la hipocresía de la inclusión nacional-ciu-
                                                                                    hacia el conocimiento complejo de la sociedad indígena          Antes que la “historia oficial” y los libros de Eudeba
dadana defendida por Cresto: “No digo que los ‘origi-
                                                                                    y no solamente de ésta, también del Estado, desdibujan-       de los años setenta, que agotados en su eficacia deslizan
narios’ no tengan tanto derecho como cualquiera a una
                                                                                    do el “malón” como institución central de la economía         pistas sobre las masacres, pienso que el conflicto prin-
vida digna”, concluye Caparrós para dar por terminado
                                                                                    del siglo XIX, describiendo las redes indígenas y crio-       cipal es con la historiografía liberal-progresista post-
el análisis de los modos históricos de producción de las
                                                                                    llas, las vinculaciones entre tolderías, ranchos, fortines    dictadura, la que generalmente no se pronuncia sobre
diferencias.
                                                                                    y estancias, la complejidad de los mercados fronterizos,      estos temas, preocupada por no esmerilar la valoración
  Del otro lado está la “Red de Investigadores en Ge-                               etc. No es el lugar para citar bibliografía, seguramente      modernista del orden conservador. De los “historiado-
nocidio y Política Indígena”. Muchos de sus integrantes                             cometeré omisiones mencionando los textos emblemá-            res oficiales” también se queja Romero.
también participan del “Grupo de Estudios en Aborigi-                               ticos que dialogan o se alimentan recíprocamente con la         Ofrece pocas ventajas retrotraer al siglo anterior una
nalidad, Provincias y Nación” (GEAPRONA). No me                                     antropología desde el campo de la historia indígena.          categoría construida para pensar los exterminios de ma-
explayaré sobre sus posicionamientos porque algunos                                   Dicha red de estudios sobre genocidio aportó una edi-       sas del siglo XX, por más que las condiciones que la ca-
de sus referentes lo harán por sí mismos en este deba-                              ción para un público amplio, dirigida por Osvaldo Ba-         tegoría sistematiza sean preexistentes, más aún cuando

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sus premisas son en lo fundamental jurídicas y políticas                             nial (y republicana) que se ejerce sobre los sectores po-     y comprender lo que sucedió, trasmitirlo responsable-
antes que históricas,3 si se considera además que la es-                             pulares, subalternos y en proceso de subalternización,        mente, antes que obtener resultados administrables para
cala del Holocausto europeo lo desborda todo. Por ello                               de carácter diverso. Biopoder que el Estado compartió         las luchas sociales y políticas, incluso cuando participo o
resulta difícil ajustar cada historia a las tipologías de los                        con las clases propietarias, iglesias y científicos dentro    me solidarizo con ellas.
genocidios modernos. Porque al ensanchar una catego-                                 del proceso de fundación de una burguesía. En los cam-
ría para que quepa todo siempre falta una dosis de algo,                             pos de concentración de 1880 se produce socialmente la        NOTAS:
o los requisitos entran en contradicción. Por ejemplo, el                            fuerza coactiva del Estado, las fuerzas armadas, con su
“genocidio constituyente” que define Feierstein “[…] re-                             materia prima de reclutamiento forzoso y privilegiado,        1 	 Hobsbawm se pronunció sobre la negación del geno-
quiere del aniquilamiento de todas aquellas fracciones                               los “indios”. Para conocer este proceso a fondo hacen             cidio nazi por parte de Irving: “…si faltan las prue-
excluidas del pacto estatal” (2007, p.99), pacto que era                             falta programas de estudio que superen el paradigma de            bas o si los datos son escasos, contradictorios o sos-
integrado en medida muy considerable por las jefaturas                               las “áreas culturales” y las pujas de la “autenticidad”,5         pechosos, es imposible desmentir una hipótesis, por
indígenas del sur, que lo siguieron integrando incluso                               que miren dentro y fuera del campo de concentración               improbable que sea. Las pruebas pueden mostrar de
después de las masacres, obviamente en condiciones                                   atendiendo no solamente al numeroso insumo indígena,              manera concluyente, contra quienes lo niegan, que
muy desmejoradas de subalternidad.                                                   sino también al complejo universo de prisioneros y car-           el genocidio nazi realmente tuvo lugar, pero aunque
                                                                                     celeros.                                                          ningún historiador serio dude de que la ‘solución fi-
   Respecto de los límites temporales, la caracterización
                                                                                                                                                       nal’ fue querida por Hitler, no podemos demostrar que
como genocida del Estado actual lo acerca sin quererlo                                  Estas reflexiones no enfrentan, sino acompañan, lo             verdaderamente él haya dado una orden específica en ese
al totalitarismo kirchnerista que dictamina Romero. Con                              que Horacio González denomina una idea de inclusión               sentido. Dado el modo de actuar de Hitler, una orden
ingenuidad, se pasa de la concentración de la responsa-                              social que reconsidere la diversidad cultural y guíe jus-         escrita semejante es improbable y no fue encontrada.
bilidad en Roca a la dilución de las responsabilidades                               ticieramente un sistema de reparaciones a cargo del Es-           Por lo tanto, si desbaratar la tesis de M. Faurisson no
dentro de una “sociedad genocida” que es vista como                                  tado nacional, antes que una “[…] revisión radical de             resulta difícil, no podemos, sin elaborados argumen-
un bloque con aristas nítidas, separada de la indígena.4                             todo el ciclo histórico de las naciones surgidas de las           tos, rechazar la tesis enunciada por David Irving”
Por ello es importante estudiar no solamente las víctimas                            independencias americanas”. Veo muy justificada la                (Hobsbawm 2000, resaltado en el original).
sino también los victimarios, en todos los niveles, desde                            propuesta de intervenir culturalmente los monumentos
los ideólogos hasta los operadores represivos de base.                                                                                             2 	 Julio Argentino Roca, “Discurso ante el Congreso al
                                                                                     de Roca, mandarlos a la estancia familiar y reemplazar
Esto plantea Saul Friedländer (2007) sobre el Holocausto,                                                                                              asumir la presidencia”, 12 de octubre de 1880. Publi-
                                                                                     los billetes. Porque las naciones tienen derecho a discu-
cuya historia no se hace solamente con la historia de los                                                                                              cado en Halperín Donghi (2007, apéndice, 487-491).
                                                                                     tir y actualizar cuáles son los referentes en que quieren
judíos, los alemanes o los nazis. Este señalamiento sobre                            respaldarse, qué retratos circulan por las manos de sus       3 	 Chalk y Jonassohn (2010, p. 30-34) consignan que el
la necesidad de desgastar la dimensión racial del análi-                             ciudadanos y habitantes. Ello sin olvidar que durante el          “genocidio” se definió en las Naciones Unidas con
sis permite advertir que ni las víctimas ni los victimarios                          proceso formativo del Estado nacional hubo crímenes,              muchas restricciones, como la exclusión de los “gru-
se pueden representar como una totalidad. Además, que                                cerrando así el ciclo de la historiografía de la dictadura        pos políticos” del detalle posible de víctimas, en vir-
el Estado articula intereses de aquellos que se identifi-                            cívico-militar. Pienso por último que la relación entre el        tud de las presiones del bloque soviético y el interés
can como pueblos originarios, junto con los intereses de                             conocimiento histórico y la denuncia no debe darse por            prioritario de las grandes potencias de condenar a los
clase. (No solamente el actual “gobierno”, porque prima                              sentada, que si en algo se parecen el historiador y el juez       derrotados de la Segunda Guerra Mundial.
una confusión entre éste y el “Estado”).                                             es en la metodología con que afrontan el proceso de ins-      4 	 Véase el reportaje a Diana Lenton (Aranda 2011).
  Por sobre las categorías encuentro productivo descri-                              trucción o la pericia, más que en la sentencia. Descreo       5 	 Me remito a los planteamientos de Escolar (2011) y
bir densamente la textura histórica de la violencia colo-                            de los “motores de denuncia”, me esfuerzo por conocer             Bascopé (2009).


 5   Corpus. Archivos virtuales de la alteridad americana, Vol. 1, N°2, 2do. semestre 2011, ISSN 1853-8037
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 meteo Libros.                                                                         Eudeba.                                                           Indígena.
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                                                                                      (dir.) y D. Lenton (coord.), Historia de la crueldad argen-
                                                                                                                                                         Nación, 5 de octubre de 2011.
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 6   Corpus. Archivos virtuales de la alteridad americana, Vol. 1, N°2, 2do. semestre 2011, ISSN 1853-8037
DEBATE                                                                                      Reflexiones de los autores y la
Genocidio y política indigenista: debates                                                   editora sobre el debate
sobre la potencia explicativa de una
categoría polémica



Editor                                                                                    Liliana Tamagno
Diana Lenton (presentadora y comentarista)                                                  Quiero comenzar esta segunda etapa del debate destacando la necesidad de historizar respecto del objeto
                                                                                          de nuestra reflexión, al mismo tiempo que historizar respecto de su tratamiento desde las ciencias sociales.
Autores y comentaristas (en orden alfabético)                                             Esta necesidad, que aparece señalada en algunas de las ponencias, se trasforma en un ejercicio insoslayable
                                                                                          de toda investigación científica toda vez que reconocemos que el conocimiento es acumulativo y que todo
Walter Delrio y Ana Ramos                                                                 nuevo conocimiento debe contextualizarse en el “estado de la cuestión”, evitando suponer que las pro-
Diego Escolar                                                                             blemáticas aparecen en tanto “nosotros las tratamos”. El hecho de que algunas cuestiones ya abordadas
                                                                                          por la academia se reactualicen, habilita la reflexión sobre conceptualizaciones que aunque en apariencia
Pilar Pérez                                                                               superadoras, no van más allá de colocar “el viejo vino en nuevos odres” (Tamagno 2006). Así reaparece
Florencia Roulet y María Teresa Garrido                                                   una cuestión cara a la antropología como es la relación entre etnicidad y política y entre etnicidad y clase,
Verónica Seldes                                                                           convocándonos a la posibilidad de nuevos interrogantes en un continuum cuyo objetivo es superar cualquier
                                                                                          mirada ingenua (Bourdieu y otros 1975).
Liliana Tamagno
                                                                                             En referencia a los pueblos del Chaco, no encontramos que hayan sido pensados en términos de “extin-
Julio Esteban Vezub                                                                       ción” (ver propuesta de Del Rio y Ramos) ya que desde principios del siglo XX fueron mano de obra necesa-
                                                                                          ria e imprescindible en los emprendimientos desarrollados por quienes ocupaban el territorio, y los necesi-
                                                                                          taban dóciles. Los trabajos ya clásicos de Cordeu y Siffredi (1971) y de Miller (1979) —a pesar de los marcos
                                                                                          de referencia teóricos que los animaron y que han sido criticados— describen un sinnúmero de situaciones
                                                                                          que, reconstruidas a través de los testimonios relevados y de la indagación en los medios de comunica-
                                                                                          ción de la época, dan cuenta de una clara política de control, sometimiento y exterminio de las poblaciones
                                                                                          indígenas—cuando éstas se rebelaban— por parte del Estado (llámese Ejército, Policía, Gendarmería). Al
                                                                                          mismo tiempo un trabajo de Mirta Lischetti (1972) reflexiona sobre los movimientos mesiánicos y analiza
                                                                                          el caso del Chaco revisando la aplicación a estos movimientos, del concepto de irracionalidad y contextua-
                                                                                          lizándolos en las situaciones de sometimiento y privación impuestas por el orden colonial y por la lógica
                                                                                          estatal. Así quienes estudiamos antropología en la década de 1970 nos encontramos por un lado con una
                                                                                          fenomenología que opacó incluso los aspectos reveladores presentes en los trabajos de sus mismos hacedo-
Corpus. Archivos virtuales de la alteridad americana, Vol. 1, N° 2, 2do. semestre 2011,
ISSN 1853-8037, URL: http://ppct.caicyt.gov.ar/index.php/corpus                           res y por el otro con corrientes teóricas que, acudiendo al materialismo histórico, debatían sobre si América
Latina era feudal o capitalista (Laclau 1973) y/o sobre                             que implicaba el tratamiento de la mano de obra casi         que fue la acumulación originaria de capital, producto
las particularidades de un capitalismo regional definido                            esclava. En un trabajo anterior (Tamagno 2002) afirmo        de dicha expansión, lo que hizo posible la gestación del
como “dependiente” (Cardoso y Faletto 1970). Un pen-                                que sólo una sociedad fundada en el genocidio puede          capitalismo en los países centrales, algo que en el debate
samiento intelectual de influencia sociológica volcado                              generar y soportar el genocidio que implicó la represión     que nos ocupa es señalado por Pérez quien acude a los
al análisis de clase condujo —tal vez por la necesidad                              durante el periodo 1975-1983 ya citado.                      planteos de Bauman. Worsley (1966) pone el acento en la
de revisar fuertemente el esencialismo culturalista— al                                Lo expuesto por los autores me habilita a pensar en       ética del conquistador que hizo necesaria la imposición
error de desestimar el valor analítico de la diversidad.                            términos no sólo de la necesidad de reconocer la diver-      de una relación fatídica de inferioridad/superioridad,
Muchos de los sectores que habían sido pensados como                                sidad y de avanzar en la construcción de la intercultu-      relación que entendemos aún está presente en un pensa-
“indios” fueron pensados como “campesinos” como si                                  ralidad entendida como propositiva, sino también en          miento colonial que ha sobrevivido hasta nuestros días
estas formas de categorizar se excluyeran mutuamen-                                 términos de la desigualdad generada por la estratifica-      a través de la colonialidad (Escobar 2003, Quijano 1987).
te. Roberto Cardoso de Oliveira (1972) marcaria un hito                             ción en clases sociales propias del modo de producción       El racismo aparece así como el ideario que legitima la
en la polémica al señalar que la etnía y la clase son cla-                          capitalista y su lógica de expropiación y acumulación        violencia a través de la cual los intereses del conquista-
sificaciones que coexisten. La brutal represión ejercida                            (Tamagno 2001, 2006). La mirada intercultural no basta,      dor se impusieran, sin miramiento alguno respecto de
durante la Dictadura Militar que comenzó en 1976 y la                               si no pensamos al mismo tiempo en los condicionamien-        las atrocidades y los crímenes de lesa humanidad come-
represión anterior durante el Gobierno de Isabel Perón                              tos de una sociedad de mercado guiada por las ansias         tidos ante la necesidad de someter y silenciar. En este
contribuirían a obturar el debate1.                                                 de ganancia y acumulación y por la explotación y la re-      sentido resaltamos el aporte de Vezub a este debate al
                                                                                    presión necesarias para hacerlas posibles3. Lo sucedido      pensar en términos de capitalismo.
   Es en el sentido de historizar, que valoramos la inves-
tigación sobre la apropiación de menores en la región                               no aconteció sólo por una cuestión de enfrentamiento            Todo ello me insta a señalar —teniendo en cuenta el
de Pampa y Patagonia que presentan Del Rio y Ramos                                  cultural, ni por ausencia de conocimiento, no es la diver-   debate periodístico del cual se ocupa Escolar— que en
en su trabajo de la primera etapa de esta convocatoria                              sidad la que genera la desigualdad, sino por el contrario,   tanto investigadores, debemos evitar caer en las tram-
y que entendemos puede ser complementada con las                                    es la imposición de la desigualdad la que conlleva a ne-     pas que suele tendernos la práctica de producción de
apropiaciones de menores en la región chaqueña2 y con                               gar y/o exacerbar la diversidad, según los casos, como       conocimiento, cuando ésta se restringe al análisis del
las dificultades para sobrevivir de aquellos que integra-                           argumento legitimador de la conquista y expropiación         acontecimiento y de la coyuntura y no se apela al mis-
ban los contingentes de indígenas que eran trasladados                              (Worsley 1976).                                              mo tiempo y desde una perspectiva materialista y dia-
para trabajar en los ingenios y quebrachales junto con                                 En uno de los primeros artículos escritos sobre pobla-    léctica, al análisis estructural, desestimando variables
sus familias (Gordillo 2007, Tamagno 2001). Coincido                                ción toba migrante (Tamagno 1986) quedó ya plantea-          y generando reduccionismos y por lo tanto empobreci-
con los autores en que estos espacios de reclutamiento                              da la necesidad de pensar en términos de identidad de        miento del debate. Entiendo que es necesario no redu-
y utilización de mano de obra indígena funcionaban de                               clase y de identidad étnica, cuando —luego de la caída       cir el debate a la instancia de lo coyuntural y superar la
modo semejante a lo que conocemos como “campos de                                   de la Dictadura Militar— el debate con la fenomenolo-        limitación de todo análisis que se funde sólo en las de-
concentración”; conceptualización que utilicé en las Jor-                           gía se retomó no sólo como un ejercicio intelectual sino     nuncias de las crueldades y aberraciones cometidas por
nadas de Geografía e Historia realizadas en el año 2000                             al mismo tiempo militante. Respecto del debate sobre el      individuos y/o instituciones. El genocidio y el racismo
en Resistencia, Pcia. de Chaco y que fue relativizada por                           “genocidio constitutivo” que aparece en la propuesta de      deben ser interpretados no simplemente como situa-
uno de los participantes —prefiero decir el pecado y no                             Escolar en la primera etapa del debate, propongo saldar      ciones extremas o aberrantes de una etapa particular de
el pecador dado que ello no ha quedado escrito— con                                 la polémica acudiendo a los planteos ya clásicos de Peter    nuestra existencia como nación, sino como prácticas que
el argumento de que los indígenas también festejaban,                               Worsley (1966) y a lo señalado en un artículo de Eduar-      se actualizan en tanto funcionales al ejercicio de la vio-
jugaban al fútbol y bailaban, como si estos momentos                                do Menéndez (1972) para pensar que América se confor-        lencia que implica la sociedad de mercado, el régimen
de distracción del horror pudieran menguar la atrocidad                             mó con el genocidio que implicó la expansión colonial y      capitalista y la inacabable necesidad de acumulación de

2   Corpus. Archivos virtuales de la alteridad americana, Vol. 1, N°2, 2do. semestre 2011, ISSN 1853-8037
los sectores dominantes. Un racismo que no se limita—                                  Una primera pregunta es por la consideración del ge-      vertir las derivas e influencias recíprocas entre distintos
como dice Eduardo Menéndez (1972— a discriminar ne-                                 nocidio como un “no-evento” de la historia nacional. En      tipos de fuentes.
gros y odiar judíos sino que permite que se silencien los                           respaldo parcial de esta caracterización, es cierto que
                                                                                                                                                    Acuerdo que hay tomarse muy en serio las narracio-
dispositivos de control, la represión y la muerte que se                            hay que discutir con las versiones que lo niegan, sobre la
                                                                                                                                                 nes orales y su estatuto como fuentes históricas plenas,
ejerce sobre las poblaciones indígenas y campesino indí-                            base de aseverar que los pueblos originarios son un mito,
                                                                                                                                                 pero yendo más allá de su tristeza, preguntando por su
genas cuando reclaman y demandan y cuando —desde                                    al punto de contraponer identidades y derechos colecti-
                                                                                    vos que son garantizados por distintos instrumentos del      dispersión y regularidades, ambigüedades, contradic-
una lógica de la reciprocidad alterna a la lógica capita-                                                                                        ciones, desplazamientos, vacilaciones, dislocaciones,
lista de acumulación (Tamagno 2010)— se oponen a los                                derecho nacional e internacional a “…las nociones de
                                                                                    individuo, contrato político e igualdad ante la ley que      formas de selección y representatividad. Además de
megaemprendimientos mineros y turísticos y al avance                                                                                             considerar cómo se alimentan con las lecturas o enuncia-
del cultivo de soja y de los agronegocios4.                                         recoge nuestra Constitución”, nociones que estas versio-
                                                                                    nes ven ahora amenazadas, desatendiendo que los “nue-        dos históricos que circulan regionalmente, tanto a nivel
   Finalmente el diálogo con los planteos de Roulet con-                            vos derechos” se reconocen para paliar su vulneración        popular como “desde arriba”. (Que los abuelos y nietos
firma lo planteado con anterioridad (Tamagno 1996,                                  por parte del Estado y que la ficción contractual se funda   son buenos lectores lo evidencia la difusión patagónica
2008) respecto de la distancia entre una legislación de                             en violencias y asimetrías de toda clase. (Véase la nueva    de textos como Las matanzas del Neuquén de Curruhuin-
avanzada en cuanto a reconocimiento de derechos y                                   nota de Luis Alberto Romero en Perfil del 20/11/11). ¿Se     ca-Roux, que glosa a Francisco P. Moreno). En este sen-
unas prácticas estatales que no sólo no se condicen con                             trata entonces de una ausencia del registro y los relatos    tido, es importante resaltar que las categorías analíticas
ella sino que ni siquiera aplican la legislación vigente                            clásicos como afirman Delrio y Ramos? Incluso acep-          no emanan por sí mismas de los relatos ni de las fuentes
para esclarecer los crímenes perpetrados en la actuali-                             tando la hegemonía historiográfica, es difícil concluir      históricas “clásicas”, siendo producto de la mediación
dad sobre las poblaciones indígenas y campesino indí-                               que esta hegemonía haya sido homogénea, en atención          del investigador. Ambas clases de memorias, familiares
genas, originadas en los intereses de los capitalistas que                          al indigenismo previo a 1976 y a perspectivas como la        e historiográficas, académicas o no, comparten la misma
continúan —a pesar de la visibilidad y el reconocimien-                             de Álvaro Yunque, Mario Tesler y Liborio Justo, quien        dificultad y potencialidad en tanto se estructuran en dos
to de la necesidad de una reparación histórica— avan-                               firmaba como “Lobodón Garra”. El caso del último es          direcciones, del pasado al presente y viceversa. El pro-
zando con total impunidad.                                                          sugestivo por ser nieto del comandante Liborio Bernal,       blema es identificar una narrativa con la “verdad”, obje-
                                                                                    lo que traza una genealogía con las prácticas ambiguas       tivando “hitos históricos” que adquieren autonomía del
                                                                                    y los documentos de uno de los persecutores de 1880. La      pasado, tanto en relación a la experiencia vivida como
Julio Esteban Vezub                                                                 dificultad de esta perspectiva sobre la hegemonía homo-      al contexto en el que se construye cada relato. De mane-
                                                                                    génea de los discursos viene de oponer los archivos tex-
                                                                                                                                                 ra paradojal, este giro lingüístico podría desinteresarse
  Dediqué mi primera intervención a circunscribir el                                tuales y “verosímiles” por un lado, oficiales u oficiosos,
                                                                                                                                                 de la objetividad del discurso, en tanto tenga coherencia
continuismo historiográfico, destacando que pocos as-                               con las memorias “veraces” por el otro. Una clasificación
                                                                                                                                                 interior, perdiendo eficacia política incluso como denun-
pectos del proceso de construcción del Estado-nación y                              que sintetiza las voces de víctimas y victimarios, reite-
                                                                                    rando la división tradicional entre oralidad y alfabeto      cia, ya que cualquier historia contada podría ser enton-
una sociedad nueva se tramaron tan intensamente como
                                                                                    (en un polo la trasmisión cultural de los indígenas, en el   ces verdadera para los parámetros de legitimación de la
las visiones del genocidio indígena y la última dictadu-
                                                                                    otro el aparato burocrático de Estado). Con esta división    propia narración.
ra. Avanzada la discusión con los que niegan o justifi-
can las formas masivas de la violencia, más por ausencia                            se pasa por alto que los caciques del siglo XIX tenían sus      Que la “verdad” está en el fondo del debate lo muestra
que por presencia en el debate de esta clase de posicio-                            equipos letrados, y que escribieron documentos con su        el énfasis retórico, por ejemplo “…la existencia de una
nes, retomaré aquí algunos planteamientos propios y de                              versión contemporánea a los hechos. En dirección más         verdadera política de estado hacia la población origina-
los demás participantes, como apuntes para una línea                                propicia, los mismos Delrio y Ramos comentan que los         ria” en 1880, la que no necesitaría mayor demostración
de estudio sobre la trama histórica que hizo posible las                            ngtram les ayudaron a reorientar las búsquedas en los        ni complejización mientras que, intervenciones como
matanzas del tránsito del siglo XIX al XX.                                          archivos clásicamente “históricos”, lo que permitiría ad-    la de Escolar, sugieren que tanto la política indigenista

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como la “población originaria” se construyeron junto al                             resultado manifiestos que se fundan en categorías mora-            Esto plantea Escolar, al proponer que los estudios sobre
Estado en el mismo proceso (lo que es diferente a hablar                            les o humanistas, muy vulnerables frente a argumentos            genocidio indígena colocan el acento en el padecimien-
de “mito” en clave Romero). Así, una evidencia como                                 más calibrados como los de Romero. Como sostuve en la            to de las víctimas y la criminalidad de los victimarios,
el reclutamiento indígena es vista exclusivamente como                              primera intervención, en sintonía con Horacio González           desatendiendo antecedentes como las montoneras del
obligación, cuando también retomaba prácticas de mi-                                y su preocupación por el “grado cero” y los “suplemen-           noroeste cuya condición indígena fue precisamente un
litarización social con las que estuvieron muy compro-                              tos de pureza” de la historia nacional en versión origi-         argumento para la exclusión política. Escolar lo vislum-
metidas las jefaturas indígenas del siglo XIX. El axioma                            naria, no me convence la revisión completa del ciclo de          bra, entre otros motivos, porque desgastó las aristas con
de la narración verdadera tiene por núcleo el devenir de                            las revoluciones de independencia, en virtud de las legi-        las que se representan histórica y antropológicamente el
un sujeto-víctima, que enuncia y es enunciado en la ca-                             timidades, disputas y resolución de conflictos que abre          Estado y los actores, los que distan de ser homogéneos
dena de memorias, la que a su vez actualiza el genocidio                            el espacio de la nación para una “ciudadanía de índole           o constantemente resistentes. El modo en que piensa la
hasta el presente, sosteniendo una ontología de víctimas                            colectiva” como la que interpreta González, sedimenta-           historia social de las periferias regionales, descentrada
despolitizadas por efecto del meta-relato circular, con-                            da en “…el modo imperfecto en que siempre se dan los             del antagonismo entre sociedad indígena y criolla, le
fundiendo subordinación y “alterización” con genoci-                                acontecimientos nacionales”. Esto significa prestar aten-        permite salir de la encerrona de las “áreas culturales” y
dio. Una versión menos operativa del genocidio como                                 ción a la coyuntura actual como oportunidad histórica            su favorecimiento de la idea de la extinción. Escolar des-
categoría de análisis se encuentra en el planteamiento de                           para las reparaciones y perdones por parte del Estado,           cribe violencias indiscriminadas que eran ejercidas con-
Tamagno, quien lo homologa con represión, indigencia                                como se ha hecho en Australia.                                   tra sectores subalternos o en vías de subalternización,
y exclusión sociopolítica. Dicho duramente, sería como                                                                                               cuyas lógicas no se comprenden completamente desde
afirmar que vivimos en dictadura por la desaparición                                   Tengo la impresión que los colaboracionismos tam-             la “matriz estado-nación-territorio” porque muchas de
de Julio López o el asesinato de Mariano Ferreyra. Una                              bién habitan el silencio de las “historias tristes” al decir     las respuestas indígenas a la violencia estatal parecen
vez más, es necesario preguntarse por el lugar y el poder                           de Delrio y Ramos, como núcleo perturbador que no se             acomodarse a dicha matriz sin rechazarla de plano.
del antropólogo-historiador en estas narrativas, el real-                           enuncia o es olvidado. Frente a esta desestabilización de
                                                                                                                                                        Roulet y Garrido presentan los fundamentos más con-
ce de algunos contenidos, deslindando mejor entre las                               la memoria, la “agencia” se esgrime a menudo como mu-
                                                                                                                                                     tundentes a favor de la aplicación del genocidio como
voces que las enuncian y las que asumen los datos. De                               letilla, donde lo indígena se presenta predeterminado a
                                                                                                                                                     concepto, basados en la existencia anterior de un corpus
no ser así la verdad del ngtram se establece axiomática                             resistir, como el reverso del Estado, según diría Joaquín
                                                                                    Bascopé. Sobre esto arroja varios indicios Ana Ramos             filosófico y jurídico condenatorio, bien conocido por las
y afectivamente antes que analíticamente, delimitando                                                                                                élites argentinas. Devuelven así historicidad a la catego-
el silencio como un significante vacío que se puebla de                             en su libro reciente, cuando comenta los indicadores de
                                                                                    prosperidad mapuche-tehuelche que se constatan en                ría y la separan de la lectura moral, aunque los modos
contenidos preestablecidos. Por el contrario, pienso que                                                                                             en que cada uno de los participantes del debate atribu-
estas memorias tienen una potencialidad enorme cuyas                                Colonia Cushamen, Chubut, hasta 1930. Al igual que los
                                                                                    “grandes caciques” convertidos en “grandes estancie-             ye intencionalidad diferente a las mismas fuentes es una
verdades pueden escucharse históricamente.                                                                                                           cuestión metodológica interesantísima para profundizar
                                                                                    ros” según una indagación temprana de Claudia Brio-
  Un reclamo de reparación no tendría por qué empla-                                nes, o las redes que los vinculaban con organizaciones           a futuro. Por ejemplo, mientras Roulet y Garrido ven pi-
zar a los sujetos en la pasividad histórica, menos aún si                           derechistas como la Liga Patriótica. Ningún genocidio            ruetas retóricas en Álvaro Barros, yo leo en sus textos
los individuos o los colectivos actuales hacen suyos los                            toleraría esta clase de negociaciones que exceden su lí-         una convivencia entre tendencias antagónicas, inclusión
reclamos como herramientas argumentativas en la di-                                 mite. Por ello criticaba la despolitización de las víctimas      y exterminio, que también se rastrea en sus prácticas
rección política que les parezca. De aquí se desprenden                             que se aloja en la Historia de la crueldad argentina, entendi-   como comandante de frontera y gobernador. Las posi-
dos modalidades de compromiso igualmente legítimas                                  da como la versión paroxismal de las “historias tristes”,        bilidades que las autoras detallan a los fines de justicia,
pero de eficiencia diferente, porque las “orientaciones                             en la medida que la lectura moral dificulta comprender           verdad y reparación integral, obligan a moderar el pre-
para la acción” que se deducen de los relatos dan por                               este tipo de compromisos políticos.                              dicado más duro de mi intervención anterior, donde du-

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daba del uso retrospectivo de la categoría “genocidio”.                             cuya dinámica pasaba por la captura de la población ci-        Verónica Seldes
Después de atender sus argumentos, las “pocas venta-                                vil, los traslados forzados, la territorialización y el con-
                                                                                    trol de recursos como el ganado.                                 Agradezco la posibilidad de compartir este espacio
jas” de retrotraerla al siglo XIX a las que me referí en la
                                                                                                                                                   con lo colegas. No es la intención cuestionar sus trabajos
primera vuelta quedan ahora restringidas a la compren-
                                                                                                                                                   sino retomar algunas de sus ideas y conceptos que me
sión histórica de la complejidad de la violencia masiva,                               Por delante de las categorías, una morfología de las
                                                                                                                                                   permiten reforzar los argumentos expuestos.
además de la crítica de la ubicación del genocidio como                             líneas de fuerza que tensionan una configuración socio-
“…principal emblema de identificación de un colectivo                               histórica debería apuntar al estudio de la violencia es-          En el recorrido por la historia del concepto de geno-
social movilizado” en los términos de Escolar, antes que                            tatal que se ejerció masivamente sobre colectivos más          cidio que realizan Roulet y Garrido encontramos un re-
a los efectos jurídicos de la categoría que Roulet y Garri-                         amplios que los pueblos originarios, muchos de los cua-        forzamiento de la idea de genocidio cultural o etnocidio
do plantean muy bien y que encuentro valederas. Por lo                              les tampoco se consideraban a sí mismos de esa mane-           que hemos expuesto. Tomamos su descripción sobre los
visto, establecer una verdad jurídica es más estricto, jus-                         ra. Necesariamente, habrá que precisar los ciclos de la        intentos por parte del estado, en el proceso de incorpo-
tamente, porque sostener una verdad histórica es más                                violencia contra los indígenas y sectores populares crio-      ración de los pueblos a la nación, de desarticulación de
complejo.                                                                                                                                          los modos de vida de los pueblos indígenas, originarios
                                                                                    llos, por fuera de los aparatos clasificatorios. La perio-
                                                                                                                                                   o como se decida nombrarlos (no quisiera detenerme
   En discusión con Roulet y Garrido, cabe preguntarse                              dización de los crímenes es importante para identificar
                                                                                                                                                   en este punto); ese proceso de asimilación a un estado
cómo se recortaban las mentalidades jurídicas del siglo                             los ciclos de guerra, persecución y desterritorialización,
                                                                                                                                                   monoétnico que impuso la matriz cultural de occidente
XIX contra las prácticas y las condiciones precarias de                             cautividad y vigilancia, concentración, asesinatos, pes-
                                                                                                                                                   frente a la diversidad cultural existente, intentando coar-
estatidad o los conflictos facciosos que, antes que sus                             tes, distribución y servidumbre, disciplina laboral, ges-      tar de alguna manera la posibilidad de transmisión de
convicciones humanistas, motivaban muchas de las                                    tación de la base social de las fuerzas armadas y servicio     la cultura y cortando los lazos históricos de los pueblos,
acusaciones entre adversarios como Hernández, Mitre                                 militar. Si bien muchas de estas etapas son simultáneas,       contando con el discurso “científico” de los arqueólogos
o Sarmiento. Por ello planteaba que hay que estudiar el                             identificarlas ayudará a comprender la lógica global y         que afirmaban la muerte de los pueblos prehispánicos y
proceso en su diversidad de actores, desde los legisla-                             los niveles efectivos de la planificación represiva. Con el    reafirmaban una práctica académica anclada en el pasa-
dores hasta la base técnica de las operaciones represi-                             fin de avanzar en el debate y la comprensión del proceso,      do, en el “estudio de las formas de vida del pasado” sin
vas. “Crimen de lesa humanidad” no es lo mismo que
                                                                                    habrá que estudiar la problemática del genocidio sin re-       vínculos con el presente.
“genocidio”, lo que además tenía un significado distin-
                                                                                    ducirla a las disputas por las tierras, profundizar a nivel
to del que adquirió con los desarrollos posteriores del                                                                                              Retomamos de Pilar Perez la necesidad de reflexionar
                                                                                    micro el conocimiento de las dinámicas de los campos           sobre el alcance temporal del genocidio que abarca gran
derecho humanitario. A diferencia de Roulet y Garri-
                                                                                    de concentración y a nivel macro su configuración en re-       parte del siglo XX, cuyas implicancias pueden verse hoy
do, entiendo que la condena del genocidio no quedaba
contenida dentro del derecho de guerra decimonónico,                                des. Entre otras cuestiones, se puede comparar el papel        en día. En el trabajo no pretendimos reemplazar geno-
más aún si se atiende a los argumentos de Escolar sobre                             de los bautismos cristianos con la política mapuche de         cidio con etnocidio corriendo el peligro, como dice la
la producción del homo sacer y su reducción a un mero                               intercambios de nombres para establecer alianzas como          autora, de reforzar la idea de un inevitable exterminio;
cuerpo, cuya condición como rival político o internacio-                            lo estudia Menard. Como desafío futuro tengo la impre-         por el contrario, consideramos que ambos conceptos son
nal es desconocida por ese derecho. Es cierto como plan-                            sión que la apropiación de niños y niñas, que se atribu-       parte de un mismo proceso solo indisoluble en términos
tean que la captura de la población no combatiente y                                ye a motivaciones genocidas, debe pensarse dentro del          analíticos pero no en sus implicancias prácticas. En este
el despojo de sus medios de subsistencia eran el princi-                            marco más amplio de los crímenes modernos contra la            sentido los procesos de etnocidio o genocidio cultural re-
pal método de las tropas en campaña. Ahora bien, estas                              infancia, sumamente lesivos para los indígenas, criollos       sultan fundamentales para evaluar las consecuencias, no
prácticas que probarían el genocidio también estaban                                e inmigrantes que poblaban los orfanatos y realizaban          ya del exterminio físico sino de los procesos de acultura-
presentes en las guerras de independencia y caudillos,                              tareas serviles como criados.                                  ción que sufrieron los pueblos indígenas en nuestro país.

5   Corpus. Archivos virtuales de la alteridad americana, Vol. 1, N°2, 2do. semestre 2011, ISSN 1853-8037
Y en esto rescatamos la propuesta de Vezub de descri-                              sobre las coyunturas presentes, especialmente cuando             En este sentido coincidimos con Roulet y Garrido en
bir la “textura histórica” de la violencia que se viene ejer-                        se trabaja en zonas de conflictos y reclamos territoriales,   la propuesta de difundir una historia diferente sobre los
ciendo desde los tiempos de la colonia sobre los sectores                            en la convivencia con megaemprendimientos turísticos          pueblos indígenas, sobre el genocidio / etnocidio, fuera
populares, ampliando la mirada desde ese biopoder que                                promovidos por las políticas de promoción de “paisajes        del ámbito académico. Un punto fundamental lo consti-
describe, considerando no solo al estado sino incorpo-                               naturales y culturales” como es el caso de la provincia       tuyen los manuales escolares donde se “deshistorice”y
rando en el análisis las relaciones entre las elites y las                           de Jujuy.                                                     rehistorice los pueblos indígenas, ya no objeto de un pa-
bases sociales que materializaron y legitimaron ciertas                                                                                            sado remoto sólo visible en los museos, sino reposicio-
prácticas y discursos, entre ellos el científico, el arqueo-                            Al intentar detenernos en la idea de genocidio cultural    nando a los pueblos indígenas en su dimensión histórica
lógico. Las consecuencias de este proceso perduran en                                intentamos, como dice Escolar, no utilizar el concepto        y su desarrollo hasta la actualidad.
la actualidad tanto en la manera en la que se hace ar-                               genocidio como una categoría general explicativa de to-
                                                                                                                                                     Celebro también las propuestas de repensar los guio-
queología como en la imagen del arqueólogo que circula                               dos los procesos históricos y en todas sus dimensiones.
                                                                                                                                                   nes museográficos, las nomenclaturas urbanas, la adop-
en la comunidad en general: esa persona tan alejada del                              El ejercicio de historizar la práctica arqueológica, fun-     ción de fechas conmemorativas, la divulgación de medi-
mundo cotidiano que se dedica a estudiar “cosas viejas”                              ciona en ese sentido, ir revisando los procesos y mos-        cinas no occidentales, etc.
de los “indios que vivían hace muchos años en nuestro                                trando las particularidades que el uso de conceptos que
país”. Las palabras finales de Pilar Perez expresan la                               expliquen todo tiende a subsumir. Como dicen Delrio             Distinto es el caso de la generación de espacios y de-
idea que tratamos de plasmar cuando nos referíamos a                                 y Ramos, avalamos una propuesta de repensar las cate-         bates en los medios de comunicación. En este punto con-
la falta de una historización autocrítica del proceso de                                                                                           sideramos que no basta la difusión de programas en el
                                                                                     gorías de análisis con las cuales vamos construyendo y
construcción de discursos científicos que, en este caso,                                                                                           canal Encuentro, la TV pública, y en diferentes espacios
                                                                                     reconstruyendo la historia, considerando las dimensio-
generaron la desconexión entre pasado y presente fo-                                                                                               gráficos ¿Quiénes son los que acceden a este tipo de pro-
                                                                                     nes políticas que sostuvieron determinados paradigmas
mentando a su vez en el imaginario colectivo la idea de                                                                                            puestas? ¿Cuánta gente teniendo acceso realmente lo
                                                                                     hegemónicos que aún se reconocen en ciertas prácticas
arqueólogos que trabajan sobre historias antiguas, pre-                                                                                            utiliza? ¿Cómo instalar el tema en la sociedad a través de
                                                                                     y discursos. Por supuesto estamos generalizando y revi-       los medios, si sus propuestas tinellizadas, lejos están de
historias que quedaron ancladas en un pasado remoto.                                 sando un proceso que en los últimos años ha comenzado
  Continuando con la arqueología y parafraseando a                                                                                                 generar conciencia crítica? Por supuesto existen excep-
                                                                                     a revertirse, pero tal vez todavía queda ese sabor del ar-    ciones pero, ¿cómo lograr abrir el juego frente a la fuer-
Tamagno, consideramos fundamental el ejercicio de de-                                queólogo trabajando con “culturas muertas” flotando en
construir nuestra práctica profesional, ese repensar de                                                                                            za de las propuestas mediáticas pasatistas y traspasar el
                                                                                     el ambiente, tanto académico como fuera de él.                ambiente “intelectual de clase media progre” y llegar al
manera crítica las prácticas académicas, revisando las
concepciones hegemónicas que se sostuvieron respec-                                                                                                público masivo? Esta discusión excede a los objetivos de
                                                                                       Y con ese aire enrarecido flotando en el ambiente trae-
to al genocidio cultural/etnocidio, las que se sostienen                                                                                           la convocatoria de esta revista pero nos parece impor-
                                                                                     mos a colación la pregunta ¿Qué se puede hacer hoy
en la actualidad, y sus implicancias sociales. Coincidi-                                                                                           tante dejar planteado el tema.
                                                                                     ante un genocidio de ayer? En primer lugar reconocer
mos plenamente con la autora en que para comprender                                  que no hay un genocidio del pasado que haya finaliza-           Frente a este escenario, la arqueología podría reposicio-
los diferentes acontecimientos hay que considerar las                                do sino que como todo proceso hoy estamos viendo sus          narse para contribuir a esclarecer procesos de genocidio
coyunturas y las condiciones estructurales de las que                                continuidades y consecuencias. Consideramos que la            / etnocidio, por ejemplo frente a los actuales reclamos
emergen, esto es en parte nuestra propuesta, que se ten-                             propuesta de no reproducir las lógicas hegemónicas que        de los pueblos indígenas. Podría: trabajar en la visibili-
ga en cuenta tanto en una mirada retrospectiva cuando                                naturalizan cierta práctica profesional acrítica de sus       zación de la historia de las poblaciones, recuperando su
hablamos de genocidio de fines del siglo XIX principios                              condiciones de producción, sería un buen avance; pro-         historia como lo viene haciendo, pero tal vez centrada en
del XX, como cuando nos posicionamos hoy en nuestra                                  mover instancias de diálogo con los diferentes actores        ver los restos materiales no ya como hechos del pasado,
práctica profesional y las narrativas que se construyen                              sociales sería otro.                                          sino como un proceso dinámico que no finalizó cuando


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ocurrió la conquista española y cuando el estado invi-                                 A sus otros tres hermanos no los había matado el ejér-     como el homo sacer (en el sentido de Agamben) cuyo sa-
sibilizó las particularidades de cada pueblo en pos de                              cito sino el veneno utilizado para las viñas en las que       crificio inicial y sucesivo funda y refunda la soberanía de
una argentinidad homogénea y única, sino mostrando                                  su padre trabajaba como contratista. Sixto Jofré había        dicho estado (volviendo a Mauss), y lo indígena como
la historia como un continuum que llega hasta el día de                             emigrado en la década de 1940, cuando las lagunas de          subjetividad “genocidificada”, que a través de signos
hoy ser crítica frente a las propuestas patrimonialistas,                           Guanacache, en el norte de Mendoza, se secaron junto          corporizados como fenomitos (Escolar 2007) inscribe a
surgidas y llevadas a la práctica desvinculadas de las po-                          con el ecosistema circundante por la utilización del agua     las subjetividades indigenizadas y sus cuerpos como po-
blaciones indígenas                                                                 para los viñedos. Varios años vivieron en Rodeo del Me-       tenciales “campos de concentración portátiles” de vidas
  Sin embargo consideramos que no se trata apenas de                                dio, donde Mimí conoció los relatos sobre el campo de         que pueden ser matadas sin violar el orden jurídico y
hacer una lista de las cosas que la arqueología “debería”                           concentración que tenía montado en su estancia el Coro-       moral de una sociedad.
o “podría” hacer frente a las problemáticas de luchas                               nel Rufino Ortega, principal comandante de las tropas
                                                                                    que partieron de Mendoza a las sucesivas campañas de             Por un lado, mis diferencias se basan en una apre-
territoriales y reclamos indígenas, no porque no las con-                                                                                         ciación historiográfica. Pese a la importancia que los
sideremos justas y las apoyemos, sino porque conside-                               la Campaña del Desierto y némesis de la conquista del
                                                                                    triángulo de Neuquén entre 1882-1883.                         pueblos indígenas tuvieron en la formación del Estado
ramos que es sumamente necesario este debate dentro                                                                                               argentino y en muchas cosas más, como bien señala Ve-
de la academia. De nada serviría dar un recetario de ac-                               A raíz de algunos puntos que han surgido en este de-       zub no sólo como víctimas, sino también como construc-
ciones concretas si no se logra consenso para encontrar                             bate, quisiera extenderme brevemente sobre una cues-          tores (invisibilizados también) de ese mismo estado o
las maneras de posicionarse, actuar y trabajar junto a la                           tión que ya traté en mi primera intervención, la noción       estatalidad, distamos mucho de haber demostrado que
comunidad en general, y para esto hay todavía un largo                              del genocidio como una forma de conciencia histórica, y       la posibilidad o condición misma de la formación del
camino para seguir recorriendo, reflexionando sobre las                             una capaz de movilizar políticamente a los pueblos indí-      Estado- Nación haya sido el genocidio indígena. Ade-
consecuencias de nuestra praxis, desde una perspectiva                              genas u originarios.                                          más, aún si considerásemos al genocidio o las prácticas
histórica sí, pero ante todo anclados en los contextos ac-                             Todos los participantes hemos coincidido en la nece-       genocidas como el motor de la formación del estado, o
tuales de producción y reproducción de conocimiento.                                sidad de reconocer, investigar y condenar lo que puede        inclusive si en lugar de hablar de genocidio nos refiriése-
                                                                                    ser caracterizado como un genocidio, o varios, perpetra-      mos a una “violencia fundadora” del estado, es dudoso
                                                                                    dos contra pueblos indígenas en Argentina, las prácticas      que tal sacrificio o destrucción fundacional haya tenido
Diego Escolar                                                                       (estatales o no estatales) de violencia colectiva etniciza-   como primer objeto a los indígenas. Más bien, hasta cier-
                                                                                    da o racializada que ese legado de genocidio todavía          to punto, podríamos decir que si lo indígena emergió en
           Yo no quiero ser indio quiero ser ser humano                             informa o induce, develar o denunciar, finalmente, su         ese momento fundacional, no fue tanto como un colec-
  Durante la última dictadura militar Mimí Jofré y su her-                          silenciamiento o negación por parte del propio campo          tivo existente sobre el cual definir la soberanía del esta-
mano vivían en Campo de los Andes –un cuartel militar                               historiográfico y otros muchos sectores de la sociedad.       do sino como un tropo relativamente flexible, según la
en el departamento mendocino de San Carlos—. Cuan-                                  Pero algo muy distinto, y en esto me diferencio, es ha-       época, de excepción soberana que podía abarcar diver-
do iban muy temprano a la escuela y pasaban repentina-                              cer del genocidio indígena el genocidio constitutivo del      sos contingentes de población, sectores sociales y ene-
mente los camiones del ejército, se escondían en la zanja                           estado argentino; considero esta calificación, desde mi       migos políticos al interior de un espacio social y político
hasta bien entrada la noche o la mañana siguiente. Ellos                            falible opinión, un error desde el punto de vista hstórico    ya incorporado en el proceso de formación estatal—de
eran descendientes de huarpes o “de los indios”, les de-                            y teórico, como así también una representación cultural       ahí precisamente su eficacia—. Pero entonces, llegamos
cía su abuela y a veces sus padres. Y siempre los soldados                          poderosa que independientemente de su carácter sim-           a una crítica política ¿Hasta qué punto el sostenimiento
habían matado a los indios. El hermano de Mimí repetía                              patético con las causas de los pueblos indígenas puede        del genocidio indígena como mito fundacional del Esta-
que “no quiero ser indio, sino ser humano”. “Ahí va al                              tener derivaciones indeseadas para los mismos, como la        do argentino desactiva este verdadero efecto sacrificial
ser humano…!” se burlaban sus familiares.                                           (casi siempre subrepticia) re-institución de los indígenas    o, por el contrario, corre el riesgo de hacer el juego a la

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reproducción de lo indígena y de los cuerpos indígenas                                 Una visión excesivamente legalista parece asociar la           nizando la imagen de los indígenas. No puedo dejar de
como blancos móviles siempre disponibles para la vio-                                justicia al aparato jurídico y la legislación oficial vigente:   acordar sobre este punto, aunque con ciertas dudas y
lencia estatal (o de muchos otros tipos de violencia), re-                           hasta la “verdad judicial” se muestra impotente por el           salvedades sobre un punto particular. ¿Qué significaría
asociando indisolublemente lo indígena con la vida que                               paso del tiempo, no sabemos si ante la falta de los testi-       para el historiador o el antropólogo tal “rehumaniza-
puede ser descartada y matada impunemente?                                           gos oculares, o la imposibilidad de presenciar la escena         ción”? ¿Mostrar una imagen idealizada, reduccionista,
                                                                                     del crimen. Sin embargo existen testimonios de época,            del genocidio como el evento central o definitorio de la
   Esa posición es resistida por muchos indígenas, como
                                                                                     partes militares, documentos eclesiásticos, y otras fuen-        experiencia indígena o incorporar el genocidio como
el hermano de Mimí Jofré, que escapando a la adscrip-
                                                                                     tes que permiten “probar” sino todos, la mayoría de los          parte de una experiencia histórica y actual mucho más
ción familiar clamaba por “ser humano”, no indígena,
                                                                                     crímenes de genocidio.                                           compleja, plena de contradicciones, luchas y transfor-
apropiándose involuntariamente del terror genocida en
                                                                                        En nuestras propias investigaciones, por ejemplo, he-         maciones? ¿Reificar los sujetos indígenas como iguales
el que había sido parcialmente socializado, terror que se
                                                                                     mos analizado cientos de actas de bautismo de Mendo-             a sí mismos, radicalmente “otros” y siempre resistiendo
asociaba a toda situación histórica de represión.
                                                                                     za durante la Campaña del Desierto y años posteriores            en todo tiempo y lugar o mostrar también las fronteras a
   Le decimos: tenés que ser indígena y además eman-                                                                                                  menudo borrosas entre indígenas o pueblos originarios
                                                                                     donde se demuestra que niños y jóvenes indígenas fue-
ciparte; pero hacerlo a partir de reconocer que los indí-                                                                                             y el resto de la sociedad, pueblo, o política nacional?
                                                                                     ron entregados masivamente a padrinos criollos quienes
genas siempre fueron y serán objeto de genocidio. De-
                                                                                     adquirían la patria potestad que les permitía disponer              En este debate Delrio y Ramos describen las “historias
cimos que eso te moviliza como pueblo. Decimos que
                                                                                     de sus vidas y trabajo. A diferencia de la apropiación de        tristes” que algunos narradores cuentan en las comuni-
tu genocidio es la base de tu movilización política. Re-
                                                                                     niños durante la última dictadura militar, entonces, en          dades indígenas de la meseta chubutense. Un subgénero
ducimos tu historia compleja (¿formaría o no parte de
                                                                                     el caso de la Campaña del Desierto existe un documento           histórico, podríamos decir, cuya eficacia es la de estar li-
la experiencia indígena?) de emigración, escolarización,
                                                                                     probatorio e individualizador en el sentido literal del tér-     gado a la idea de una verdad irreductible al discurso que
duelo, dictadura militar, viñedos, fiestas en Campo de
                                                                                     mino. Estas actas bautismales son un documento, tanto            se transmite sin embargo con toda la potencia afectiva
los Andes, noviazgos, partidos de fútbol, papá sindica-
                                                                                     de la inscripción de los niños indígenas como ciudada-           y la inintelegibilidad constitutiva del evento traumático
lista, peronista, etc. a tu condición de indígena por siem-
                                                                                     nos (antes de la existencia del registro civil) como de su       inicial. Los autores derivan desde estos relatos al genoci-
pre objeto de genocidio.
                                                                                     apropiación (una de las prácticas más aberrantes del ge-         dio como un “no-evento” para el estado argentino, pero
   Roulet y Garrido distinguen en su análisis en este mis-                           nocidio), en muchos casos separándolos de sus padres             también para los propios narradores “Estas historias (…)
mo debate dos ámbitos principales en que podría “hacer-                              biológicos que a menudo incluso figuran en las actas             tienen como telón de fondo el no-evento de lo que no
se algo” respecto de un genocidio. El de la justicia y el de                         como presentes pero sin nombre. Pero las actas indivi-           puede ser nombrado: los niños perdidos, quienes nunca
la historia. En el primero, nos encontramos que pese al                              dualizan si, en algunos casos a las víctimas y en todos          volvieron, o fallecieron.”
pormenorizado análisis jurídico de la figura de genocidio                            a participantes indirectos: los curas que avalaban con la          De este corpus sumado a otros similares y diversos ma-
y del caso de los pueblos indígenas en Argentina, las au-                            confección del acta la apropiación y los padrinos.               teriales de archivo recogidos por un grupo de historiado-
toras terminan afirmando que prácticamente no se puede                                 Pero las autoras aceptan que si bien la verdad judi-           res y antropólogos entre los que nos contamos algunos
obtener ningún resultado en la justicia transicional (única                          cial no puede obtenerse, la “verdad social” si es posible.       de los participantes de este debate, los autores pasan de
que rescatan como medio) ni en su faz retributiva de cas-                            La misma se vincularía básicamente a las memorias de             identificar al genocidio indígena como un no-evento, a
tigo de los criminales o restaurativa, que propende a la re-                         las comunidades descendientes de las víctimas y a “un            definirlo como el macro-evento, incluso constitutivo, del
conciliación entre víctimas y victimarios (Uprimny 2006,                             nuevo discurso historiográfico” que para debería resti-          Estado Argentino. De la subrepresentación a la hiperre-
pp. 114-122). Ni siquiera es posible obtener la “verdad ju-                          tuir “la historicidad y contemporaneidad de las naciones         presentación del genocidio: “ creemos que el no-evento
dicial”, nos dicen, “por la antigüedad de los hechos”.                               indígenas en la Argentina actual,” básicamente rehuma-           de las políticas estatales post-sometimiento es, en la vida


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cotidiana de las personas mapuche y tehuelche, el hito                                  Pero además, la base de la lectura del no-evento es que       Hay algo que suena demasiado teleológico aquí. Su-
histórico en el que se organizan los marcos de interpre-                             el sentido verdadero de los relatos se halla en lo que no     poniendo que pudiéramos hablar de una agencia de los
tación, aun vigentes, sobre la historia, las relaciones de                           se dice. ¿Cómo se llena el silencio y el llanto? Como no      niños a partir de los silencios del relato, sería más difícil
poder y la incorporación al estado nación.”                                          podía ser de otra manera, mediante la operación de in-        clasificar simplemente esta agencia como “indígena” o
   En el análisis se dice que en estos relatos “la memoria                           terpretación de los investigadores. Pese a las apelacio-      “mapuche”, puesto que deberíamos definir primero lo
social resguarda una historia política de relaciones” y                              nes a la perspectiva y voz (o silencios) de los narradores,   que constituiría el sujeto indígena o mapuche y la indi-
que los relatos de las historias tristes y del regreso tienen                        el nombre, la inteligibilidad y sentido del no-evento, es     genidad o mapuchidad de tal agencia en ese contexto,
un potencial político. Que “adquieren el potencial polí-                             decir “El genocidio constitutivo”, es colocado por los        según las marcas de la narración. Excepto que nos con-
tico que distintas generaciones le van inscribiendo (Wo-                             investigadores. Se identifican víctimas y victimarios,        tentemos con el gesto tautológico de designar a priori
lin 1994).” Que suponen “una interpretación del pasado                               destinos colectivos, ethos y proyectos de pueblo, agen-       como indígenas y mapuches a los personajes o narrado-
que subraya la agencia indígena en la reestructuración                               cias. No cuestionamos la responsabilidad del esfuerzo         res. Esta teleología se completa con el desiderátum de la
de un pueblo.” ¿Pero qué es lo político aquí? ¿Cómo se                               investigativo de los autores, ni su compromiso con los        “restructuración de un pueblo”. Supongamos que el des-
define tal potencial? Los autores nos dicen que radica en                            informantes ni eventualmente la adecuación de sus in-         tino de la agencia ya está prefigurado y su contenido es
su carácter de denuncia, en ciertas convenciones de gé-                              terpretaciones a los usos del pasado o productividad          tan claro que puede inferirse de los silencios de una na-
nero: la interpelación de los ancestros a las generaciones                           política actuales de los relatos, al menos para una parte     rración. ¿Puede una simple agencia tener miras de tanta
presentes supuesta en el género Ngitram, y también la                                sustancial de los grupos que los recrean. Señalamos, si,      proyección temporal y coherencia política, toda agencia
presencia de una agencia indígena en una reconstitución                              los problemas de promover una lectura excesivamente           definida como indígena apunta a la reconstrucción de
social protagonizada por los niños retornados que esta-                              lineal y moral de estas narrativas, vinculada tal vez a       un pueblo? ¿No hay agencias indígenas que apunten en
ría narrada en las historias del regreso.                                            una visión de la memoria colectiva como reflejo o conti-      otras direcciones (así como pueden haber agencias no-
                                                                                     nuidad directa, tanto de los hechos del pasado como de        indígenas que apunten a la reconstrucción de pueblos
   Al primer problema (no imposible pero difícil de supe-                                                                                          indígenas)? ¿O lo que definiría la indigenidad de una
rar) de departicularizar las “historias tristes” de Chubut                           las memorias socialmente producidas en otros momen-
                                                                                                                                                   agencia sería la promoción de una pueblitud?
sobre la post-campaña del desierto, interpretarlas como                              tos históricos. Por ejemplo: el trauma puede haber sido
índices de un genocidio, universalizarlas al nivel de rela-                          no sólo originado en la masacre, sino en la experiencia          Todos estos comentarios no apuntan tanto a cuestionar
tos sobre un no-evento genocida estatal nacional e idea-                             de la necesidad pos-retorno de encontrar un statu quo         la posibilidad de que, efectivamente puedan demostrar-
lizarlas como memorias de un genocidio constitutivo y                                y reconfigurar relaciones comunitarias entre víctimas y       se estas cadenas interpretativas, sino a señalar las gran-
constituyente, se le sumaría el de demostrar su supuesto                             victimarios, colaboracionistas y resistentes (como mues-      des brechas que deben ser llenadas para la demostración
carácter político. Los mismos relatos señalados, en rigor,                           tra del Pino para un contexto muy diferente de prácticas      de este tipo de argumentos, y el uso excesivo de cadenas
no parecen transmitir una historia política sino una me-                             genocidas o de violencia política masiva). No creo que        metonímicas para formar una ilusión de verdad. En la
moria traumática, evidenciada por la imposibilidad de                                la postulada agencia, por su parte, quede evidenciada.        argumentación que hemos analizado, esto puede ob-
dar inteligibilidad a los hechos narrados, donde el len-                             El relato muestra más bien un momento de ausencia de          servarse como un círculo de carreras de saltos lógicos:
guaje no alcanza a representar lo vivido y es reemplaza-                             toda agencia de las víctimas, un “hecho victimal total”       las narraciones refieren una agencia (primer salto); esta
do por el silencio y el llanto. El trauma es un exceso del                           desde el cual se es incapaz de articular respuesta social     agencia es indígena (segundo salto). En la medida que
sentido que linda con la ausencia del sentido. Aquí es                               o política, excepto la lucha por la supervivencia física.     esta agencia es indígena, promueve la reproducción o
donde tenemos que ser cautos a la hora de interpretarlo,                             Tampoco queda claro que el esfuerzo de crear vínculos         reestructuración de un pueblo (tercer salto). En la me-
de no reducir las contradicciones y aporías insoportables                            sociales en las narrativas del regreso remita “a una agen-    dida que promueve la reestructuración de un pueblo, es
de lo real actualizadas en él.                                                       cia indígena en la reestructuración de un pueblo”.            una agencia (cierre del círculo).


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Pero además, finalmente ¿Por qué el genocidio poli-                              remiten, indudablemente, a un debate que excede a los        man y llevan a reflexionar sobre la historia de los mismos
tizaría? ¿Por su demanda de reparación? ¿Por la repro-                              ámbitos disciplinarios de la Historia, la Antropología, el   conceptos de genocidio y etnocidio y fundamentalmente
ducción y expresión discursiva de la crueldad y el terror                           Derecho o la Arqueología. En particular agradecemos a        de los marcos conceptuales puestos en discusión y uso
original? ¿Por servir a la reconstrucción de un pueblo                              los colegas por permitir a través de sus lecturas ampliar    en la segunda mitad del siglo XX. Junto con el planteo
(¿sirve?)?) ¿Por una potencial demanda de emancipa-                                 nuestro conocimiento y perspectivas.                         de Verónica Seldes, estos trabajos nos conducen a pensar
ción (¿la hace?)?. Creo que el problema para demostrar                                En común, encontramos que en la pregunta o elec-           en las tensiones, conflictos y relaciones de poder desple-
esto es que no queda otra opción que analizar el uso pos-                           ción de un ¿nuevo? concepto, todos estamos sumamente         gados históricamente en el debate conceptual en torno al
terior de la representación de los hechos, más que los he-                          advertidos con respecto a que su aplicación no recurra       hablar-narrar la conquista.
chos. Porque el momento del genocidio, en la medida en                              al efecto homogeneizador que hemos denunciado para              Los trabajos de Diego Escolar y Julio Vezub remarcan
que excluye totalmente a un antagonista tanto de la vida                            otras matrices conceptuales desde las cuales se ha cons-     algo también implícito y explícito en los ya menciona-
como de la posibilidad de existencia política (en rigor no                          truido el relato historiográfico sobre los procesos de so-   dos, al presentarnos los alcances de la construcción he-
lo derrota sino que elimina al otro como antagonista),                              metimiento estatal de los pueblos originarios/indígenas.     gemónica instalada en el “sentido común” en nuestra so-
al contrario que la guerra, no es el sustrato esencial de                           En relación con ello se manifiesta y comparte la necesi-     ciedad y cómo los debates historiográficos son al mismo
lo político, ni su continuación por otros medios, sino la                           dad de reconstruir tanto la genealogía de los procesos de    tiempo debates políticos. Sin embargo, sería importante
negación de lo político. Otra cosa son los usos sociales                            consolidación estatal en relación con las prácticas geno-    la pregunta con respecto a por qué existiendo ya una tra-
posteriores que pueden tomar como referencia o deri-                                cidas como la propia agencia de los grupos subalterni-       yectoria de varios investigadores y equipos de investiga-
varse del genocidio.                                                                zados. Identificamos y compartimos con los colegas que       ción sobre el proceso de sometimiento e incorporación
   La postulación del carácter político del genocidio y sus                         no hay historias, itinerarios ni narraciones homogéneas      indígena por parte del estado argentino, el foco sobre el
memorias requiere mayor demostración entonces que la                                sino construcciones homogeneizantes, tanto de sectores       debate recae nuevamente en no-especialistas, periodis-
mera afirmación de dicha politicidad. Comenzar por de-                              dominantes como subalternos —incluyendo los acadé-           tas con alcance masivo, y el “sentido común” o supues-
finir qué es político y qué no. Y, si se insiste en atender a                       micos—- en cada contexto histórico.                          tos hegemónicos. Ya que es precisamente desde estas
las memorias como un proceso, deslindar distintas poli-                                                                                          lecturas, desde donde se suponen lineales relaciones en-
                                                                                      Es precisamente desde esta lectura compartida que
ticidades posibles. Las que tuvo eventualmente el even-                                                                                          tre “nuevas modas conceptuales” y acciones políticas de
                                                                                    algunos de los trabajos aquí reunidos nos permiten dar
to genocida en el tiempo histórico (durante los sucesos y                                                                                        sectores homogéneamente identificados; en una supues-
                                                                                    cuenta, desde las actuales perspectivas de investigación
en el período inmediato; en el período posterior, luego,                                                                                         ta influencia no dialéctica sino con un único sentido: de
                                                                                    —y resultado de líneas de trabajo que ya cuentan con
en relación con distintos contextos históricos) y las que                                                                                        los académicos a las organizaciones indígenas.
                                                                                    años de desarrollo—, de la complejidad de procesos ma-
tiene o puede tener en la época actual, sea en sus dimen-
                                                                                    yormente “no-narrados” como señala Pilar Pérez por              Por el contrario, en nuestro país, la utilización del con-
siones simbólicas, pragmáticas o historizadoras.
                                                                                    parte de la historiografía en nuestro país, así como de      cepto “genocidio” se dio en primer lugar en el discurso
                                                                                    los objetivos políticos que tanto la “narración” como la     de organizaciones de los pueblos originarios en un con-
                                                                                    “no-narración” han tenido. En esta reconstrucción ge-        texto de lucha por el reconocimiento que se abre con el
Walter Delrio y Ana Ramos
                                                                                    nealógica es fundamental el aporte que Florencia Roulet      retorno de la democracia en la década de 1980. En par-
  Antes que nada agradecemos a los editores de Cor-                                 y María Teresa Garrido realizan en relación con los mar-     ticular, 1992 constituye un año clave—y no un punto de
pus la posibilidad de abrir un debate entre colegas, el                             cos jurídicos contemporáneos al proceso de formación y       llegada— en este proceso. Es con posterioridad que al-
cual principalmente procura reflexionar tanto sobre de-                             consolidación del estado nacional y de las narraciones       gunos académicos comienzan a utilizar el término y su
sarrollos académicos como sobre discusiones instaladas                              sobre el evento de la conquista hasta nuestros días. Los     uso se extiende, aunque con considerables diferencias,
en nuestra sociedad. Las citas de los distintos trabajos                            trabajos de Pilar Pérez y de Liliana Tamagno nos infor-      matices, cuestionamientos y preguntas.


10 Corpus. Archivos virtuales de la alteridad americana, Vol. 1, N°2, 2do. semestre 2011, ISSN 1853-8037
No consideramos posible hablar de algo así como “los                              der las agencias subalternas precisamente bajo este tipo      descripción histórica son poco a poco respondidas por
estudios sobre genocidio” en relación a este proceso. Ya                            de condicionamientos y en el marco de sus continuida-         las actuales investigaciones que vienen desarrollándose
que, en todo caso, el encontrar un concepto operativo                               des y cambios, es decir en una coyuntura sensiblemente        en proyectos grupales y tesis6. Nuevas respuestas para
—y en permanente cuestionamiento— fue para muchos,                                  distinta a la previa. Por lo tanto, si bien podemos identi-   nuevas preguntas, que podrán permitirnos debatir con
como lo demuestran parte de los trabajos aquí reunidos,                             ficar elementos “similares” entre antes y después, éstos      mayor profundidad en cuanto a la aplicabilidad del con-
resultado de nuevas preguntas y metodologías. Si dife-                              no pueden ser comprendidos sólo como continuidades,           cepto genocidio para ciertos procesos, o precisar térmi-
rentes investigaciones condujeron a preguntas similares,                            sino que es necesario dar cuenta de los cambios existen-      nos como “genocidio constituyente”, “masacre estatal”,
no fue por la aplicación desde el concepto hacia el archi-                          tes en los condicionamientos. En Pampa y Patagonia por        etc.
vo o el trabajo de campo, sino precisamente al revés. Se                            ejemplo, “algo” cambió entre las décadas de 1870 y 1880.
trata de un desarrollo desde la casuística lo que ha lleva-                         Es allí que la pregunta por lo “constitutivo” o “fundan-         Ahora bien, en este proceso de describir la compleji-
do a la adopción —repetimos, plena de cuestionamien-                                te” de un nuevo tipo de relación con el estado, es suma-      dad de cada contexto en el que se produce conocimiento
tos y puestas en sospecha— del concepto. En todo caso                               mente válida.5                                                histórico surge una pregunta. ¿Existió algún contexto no-
la “simplificación” (y la lineal atribución de una inten-                                                                                         militante? ¿La descripción hegemónica desde finales del
                                                                                      Sin dudas, como plantea Escolar, existe también una
cionalidad política determinada) ha sido desde el marco                                                                                           siglo XIX sobre las “campañas del desierto” no es acaso
                                                                                    genealogía en la construcción de este tipo de prácticas,
de interpretación hegemónico, desde el negacionismo, y                                                                                            también plausible de ser interpretada como inscripta en
                                                                                    y en el proceso de construcción de la otredad, y eso es
no desde el trabajo historiográfico que las nuevas líneas                                                                                         un “contexto militante”?7 Consideramos que éste tam-
                                                                                    lo que diferentes líneas de trabajo vienen permitiendo
de investigación vienen sosteniendo. En estas últimas,                                                                                            bién es el caso de la segunda perspectiva mencionada,
                                                                                    observar. Pero precisamente, estas genealogías se sirven
reiteramos, la puesta en sospecha de la utilidad y aplica-                                                                                        vale decir, de los puntos de vista emergentes desde la
                                                                                    de aquellos que son considerados, elegidos, como “hitos
bilidad de los conceptos ha sido constante.                                                                                                       experiencia heredada. El contexto político en el que las
                                                                                    históricos” y haríamos muy mal en no tenerlos en cuenta
                                                                                                                                                  memorias indígenas y de sectores subalternos devienen
  Tampoco coincidimos en que hoy por hoy el “genoci-                                o minimizar su significado, ya que han sido diseñados
                                                                                                                                                  fuerzas sociales está organizado por los marcos de in-
dio” sea como dice Escolar el “principal mito de refun-                             como marcadores de puntos de inflexión. Por ejemplo,
                                                                                                                                                  terpretación hegemónicos fuertemente instalados en la
dación de identidades y pueblos indígenas actuales, o                               no podríamos entender con idéntico significado, antes
                                                                                                                                                  sociedad argentina y que quedan de manifiesto en las
como principal demanda y símbolo de los indígenas”.                                 y después de las campañas al desierto, el atribuir “venir
                                                                                                                                                  intervenciones de autores, académicos o no, citados por
En todo caso, éste ha sido uno de los argumentos de                                 de Chile”, ser “araucano”, ser “pehuenche”, o ser “in-
                                                                                                                                                  Escolar y Vezub, por ejemplo. Es que precisamente ese
aquellos que se oponen a su existencia, desde el negacio-                           dígena” a una persona. Dar cuenta de los procesos por
                                                                                                                                                  marco de construcción de la “imposibilidad del otro”
nismo, para reconstruir o rehabilitar, como dice el pro-                            los cuales determinados eventos son construidos como
                                                                                                                                                  —que ha sido subrayado por todos los autores para el
pio Escolar, “un locus de excepción”. Siendo los proce-                             “hitos” iluminaría sobre los conflictos y agencias en la
                                                                                                                                                  proceso de sometimiento indígena— es, en definitiva,
sos identitarios mucho más complejos que un cambio en                               constitución del conjunto de relaciones sociales por las
                                                                                                                                                  la imposibilidad de pensar al mismo proceso desde otra
la utilización de conceptos —supuestamente siguiendo                                que entendemos el estado.
                                                                                                                                                  perspectiva y desde otros marcos de interpretación. Así,
tendencias de la historiografía— lo cierto, en todo caso,                             Identificamos entonces dos grandes perspectivas             estos marcos, hegemónicos o no, no son ontologías ais-
es que hoy confluyen en un mismo debate los procesos                                en cuanto a los nuevos enfoques sobre los procesos de         ladas sino que deben ser tenidos en cuenta en su pro-
identitarios y académicos, con las mismas —y/o dife-                                sometimiento indígena: por un lado, la reconstrucción         ceso histórico de relación a lo largo de más de un siglo.
rentes— preguntas e impugnaciones a la hegemonía y                                  genealógica de la hegemonía y, por el otro, la recons-        Si entendemos que desde algunos de ellos se dio forma
al proceso histórico de su conformación. Como señala                                trucción impugnadora o no, pero sí alternativa, desde         a la invisibilización, operativa para las prácticas de ex-
Pérez, sería importante no minimizar “las consecuencias                             la experiencia heredada de quienes fueron subalterni-         plotación extraeconómica de la fuerza de trabajo indíge-
del genocidio que perduran hasta el presente”. Ya que si                            zados. En primer lugar, y consideramos que hoy en día         na, debemos tomar en serio el hecho que desde otros se
afirmamos que un genocidio existió, debemos compren-                                de forma contundente, las demandas de precisión en la         orientaron construcciones de sentido diferentes, a veces

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a través de la identificación como pueblo, familia linaje                           social va estableciendo. Entre estos distintos criterios,        El ngtram tiene la función social de transmitir aque-
o clase.                                                                            las “historias tristes” pueden reponer imágenes, valora-      llo que es considerado como “verdadero”. Esta es la
  Esto forma parte de lo que podríamos denominar                                    ciones, y conexiones de sentido poco confortables para        valoración metadiscursiva que define a este género.
como experiencias heredadas. Al respecto, y a partir de                             otras formas de pensar los eventos históricos post-cam-       Los antropólogos e historiadores estamos comenzando
discusiones más informales con algunos colegas con los                              pañas militares, pero también es una opción hacer histo-      a tomar en serio el hecho de que existen otros marcos
que compartimos este número, quienes nos han seña-                                  ria problematizando la misma “incomodidad”.                   de interpretación y que su incorporación al trabajo his-
lado oportunas preguntas, nos gustaría subrayar que,                                                                                              toriográfico nos permitiría dar cuenta de otras formas9,
                                                                                       Al mismo tiempo, no debemos entender las historias         también heterogéneas y también compartidas —aunque
cuando nos referimos a estas experiencias desde las na-                             tristes como narrativas aisladas, puesto que éstas forman
rrativas mapuche-tehuelche, no estamos suponiendo                                                                                                 no hegemónicas—, de construir sentido del pasado al
                                                                                    parte de cadenas textuales complejas en las cuales preci-     contar la historia del sometimiento estatal de los pue-
homogeneidad. Aun cuando destacamos la importancia                                  samente se describe un tipo de coyuntura especial. Espe-
de experiencias que no siendo idénticas sí fueron ma-                                                                                             blos originarios/indígenas. En ellas, como subrayamos
                                                                                    cial porque hay, de algún modo, un antes y un después a       en la primera ronda, no hay nociones esencializadas de
sivamente comunes, la conformación de extensas redes                                partir de ella, y porque ese después impuesto es conside-
de transmisión y comunicabilidad, y la producción de                                                                                              víctima-victimarios como sujetos preconcebidos, sino
                                                                                    rado también como fruto de lo que hicieron los abuelos        que se complejizan las descripciones de cuáles han sido
formas de hacer sentido compartidas, nunca podrían                                  (quienes no son recordados como victimas pasivas)8. En
ser homogéneas historias ancladas en trayectorias per-                                                                                            las expropiaciones sucesivas, los condicionamientos, las
                                                                                    esa cadena discursiva, lo que podríamos llamar “trau-         agencias y las estrategias.
sonales y familiares, y constituidas mayormente por si-                             ma social” a falta de una categoría mejor (aun sabiendo
lencios. Sí creemos poder señalar que las contadas que                              que no es traducible al sintagma “historias tristes” ele-        Entendiendo como Ranciére a la política como la
incorporamos —a través de nuestro recorte y pensando                                gida del castellano por parte de los narradores) es sólo      irrupción, a diferencia de la política como policía, con-
en este dossier— fueron transmitidas por personas que                               un nuevo comienzo. Nos referimos a ello en la prime-          sideramos que los ngtram también son una fuente indis-
se identifican, en mayor o menor grado, con las trayec-                             ra ronda de trabajos como “hito histórico”, intentando        pensable para dar cuenta tanto de la política como de la
torias familiares de quienes fueron conformando las                                 dar cuenta del sentido de reestructuración que tienen         policía en la matriz estado-nación-territorio. Es decir, de
comunidades mapuche o mapuche-tehuelche en la pro-                                  estas historias en las memorias sociales de las personas      la agencia subalterna y de los procesos de identificación
vincia de Chubut. Es en estos contextos, que el término                             mapuche y tehuelche con quienes conversamos. En ese           en el marco de procesos más generales de construcción
“tristeza”, “sufrimiento de los abuelos” o frases como                              contexto algo cambió y por eso es recordado, y no aisla-      hegemónica de otredad y de aboriginalidad.
“sabía llorar la abuela cuando contaba” son utilizados                              do de la historia que llega hasta nuestros días. Las narra-
por los narradores para introducir las contadas.                                    tivas refieren a lo que como historiadores identificamos
                                                                                    como “campañas de conquista” pero no sólo a este con-
                                                                                                                                                  Pilar Pérez
  Desde este ángulo, creemos que la historización de los                            texto, sino también a los de las siguientes generaciones.     Defender la historia
contextos en los que se produce y transmite conocimien-                             Las narrativas señalan entonces una trayectoria, no es el
to histórico –a través de eventos comunicativos, formas                             genocidio –o las campañas del siglo XIX- lo que se ac-          Me gustaría volver sobre el silencio de la historia como
narrativas y silencios significativos—y el análisis de es-                          tualiza sino la memoria sobre las relaciones sociales. Es,    parte constitutiva del genocidio. Volver sobre la historia
tos contextos como espacios de tensión entre sujeción                               por lo tanto, una posición política sobre el mismo curso      de forma crítica pero también como una militante de la
(imposiciones) y subjetividad (experiencias ancladas                                de la historia lo que se transmite en ellas; una posición     disciplina. Me gustaría entonces, en esta coda del texto,
en trayectorias particulares) son parte de la empresa de                            desde la cual se esgrimen preguntas para el historiador,      defender la historia. Teniendo en cuenta que una de las
una Antropología Histórica. Por lo tanto, es una postura                            el antropólogo o el jurista puesto que, por ejemplo, nos      características trabajadas por la literatura de los estudios
epistémica que lleva a identificar (seleccionar, recortar)                          exigen volver al archivo, a las memorias o a las leyes con    sobre genocidio (Jones 2006) está relacionada a la nega-
y asociar narrativas según los criterios que la memoria                             otras lecturas y reformulaciones.                             ción del genocidio como rasgo común en casos compa-

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rativos, creo fundamental destacar dos ejes vinculados a                            donde serían malamente racionados por el estado hasta       to de colonias. En su lectura estas tribus eran un ejemplo
la historia.                                                                        fines de 1887. En octubre se produce la masacre de Ge-      por su capacidad de criar ganado vacuno de una cali-
  En primer lugar, la indeclinable necesidad de recons-                             noa, cuyos sobrevivientes, más la gente de Chiquichan y     dad excepcional y por los índices de longevidad y escasa
truir el proceso histórico y de discutir categorías ancla-                          Qual, son conducidos por el Mayor Vidal hacia Valche-       mortalidad, en detrimento comparativo con los galeses
das en los mismos. Por esto, me detendré a desarrollar                              ta. Mientras sus animales, 2.500 lanares, más yeguarizos    que hacían “vegetar” la colonia que el estado les había
algunas características del campo de concentración de                               y vacunos, son arriados por el Comandante Lasciar ha-       cedido dentro de su, reconocido pero casi desconocido,
Valcheta, para dar, aunque más no sea, una aproxima-                                cia la colonia galesa (SHE, 5to de caballería, 1881-1937,   territorio nacional en 1865 (Roa 1887).
ción a la complejidad de las relaciones que el genocidio                            fjs. 556). Tomando los datos de mínima que aportan las         Por otra parte, desde que el ejército se retira en 1885,
instaura en términos de prácticas y rutinas que habilita.                           fuentes el número de los últimos presos enviados a Val-     el control del campo queda bajo la vigilancia de una co-
En segundo lugar, me interesa subrayar el papel de la                               cheta sería de 600.                                         misaría de policía que depende de la jefatura de policía
disciplina como espacio de debate hegemónico en torno                                  Ante el inminente cese del racionamiento, en 1886, el    de la gobernación a cargo de J. J. Biedma. Concretamen-
a construcciones de verdad y sus implicancias y efectos                             entonces Gobernador Wintter remite un pedido para           te serán las policías departamentales las que definan a
para repensar las formas de constitución del estado ar-                             crear una colonia indígena por la necesidad urgen-          través de su trabajo el adentro y el afuera del campo. En
gentino.                                                                            te —en su criterio— de repartirle tierras a la gente de     las memorias del Ministerio del Interior de 1888 se des-
                                                                                    Charmata y Pichalao. Ya en febrero de 1887, este pedido     taca que la policía, además de sus tareas de vigilancia,
El campo de concentración de Valcheta                                               será acompañado con listas de los presos de las tribus      debe recorrer el territorio “donde puedan refugiarse los
                                                                                    de Pichalao, Charmata, y se agregan también la gente        desertores del ejército ó indígenas que se alzan de las
   Compartimos la propuesta de Das y Poole —que se                                  de Cual y Chiquillan (AHPRN, MI, 1886, caja 1). Estas       diferentes tribus sometidas.” (MMI 1888 pp 291) Hacia
desprende de una lectura crítica de Agamben— en don-                                listas distinguen hombres, mujeres, niños y niñas, con      adentro del campo son las encargadas de mantener el
de las autoras consideran que la construcción de la ex-                             sus nombres, quienes suman un total de 214 personas         orden y regular las prácticas de los presos.
cepcionalidad se entrama en “prácticas incrustadas en                               presas en el campo. Cabe preguntarse ante esta informa-
la cotidianeidad del presente” (Das y Poole 2008) que se                                                                                           En este sentido, el comisario de policía Miller será re-
                                                                                    ción el destino del resto de los mencionados, sabemos       prendido desde la gobernación reiteradas veces por los
construyen históricamente y que, por ende, no son está-                             que existen pedidos puntuales de mujeres y niños (AGN
ticas y son disputables. Teniendo en cuenta este marco,                                                                                         abusos cometidos contra algunos indios. Entre otras for-
                                                                                    fondo Wintter, leg 1217, varios —entre ellos el mismo       mas de abuso se destacan la venta de pasaportes para
nos gustaría puntualizar algunas características del cam-                           Roa pide una chinita—) que se encuentran en Valcheta,
po de concentración de Valcheta.                                                                                                                quienes estaban de paso o para aquellos que querían sa-
                                                                                    y que también continúan los repartos a demanda hasta        lir ya sea a cazar o viajar a algunos de los pueblos cer-
                                                                                    por lo menos 1888 —se envían varias familias indígenas      canos. También es observado por sacarle gente para tra-
   Según el informe de Lorenzo Wintter al Ministro de
                                                                                    del territorio nacional de Río Negro a Misiones a pedido    bajo al Capitanejo Sacamata (que se encuentra dentro de
Guerra en Agosto de 1883 (AGN, Fondo Wintter, leg
                                                                                    del Gobernador Rudecindo Roca (AGN-DAI, Exp gra-            las listas mencionadas previamente confeccionadas por
1149, S/D), el Teniente Coronel Roa fue enviado al sur
                                                                                    les, 1889, leg 1)— pero también hay muchos otros que        Wintter), por correrlos de las parcelas de tierra en donde
persiguiendo a Saihueque e Inacayal. Fundamentalmen-
                                                                                    están en Valcheta y no son incorporados a estas listas.     estaban asentados y por despojarlos de los pocos anima-
te, Roa buscaba interceptar los pasos que muchos grupos
usaban desde varios años atrás para comerciar con los                                 La campaña punitiva de Roa fue al mismo tiempo un         les de los que lograban hacerse (AHPRN, copiadores de
galeses de la Colonia Chubut (Rawson y Gaiman). Como                                viaje de exploración tras el cual presentó un informe       notas de gobernación, 1887, 01, fjs 235 y 1888, 02, fjs 147).
resultado, y para evitar la reconcentración de indios en                            descriptivo, en el cual el Teniente Coronel destacaba con     Retomando algunas de las características de constitu-
Buenos Aires, la gente de Utrac (apresados aisladamen-                              admiración a las tribus de Charmata y Pichalao, quizás      ción y operación del campo, insertas en el contexto ma-
te), Charmata y Pichalao fueron conducidos a Valcheta                               por esto estuvieran ya en consideración para un proyec-     yor de la Conquista del Desierto, entendemos que es en


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este periodo en donde se produce un cambio radical en                               preferentemente entre extranjeros (siempre mejor consi-      excepcionalidad aparecen en diversas experiencias de la
las relaciones entre indígenas y estado que marcarán el                             derados que los indios). En 1904, el inspector de tierras    historia argentina, no creo que todas puedan ser consi-
devenir de las mismas a lo largo del siglo XX. Ya que                               describe la sección El Salado de la colonia Valcheta. Una    deradas genocidios.
si bien los indios representan un otro interno que está                             zona totalmente inservible y casi inhabitable que está          Por referirme brevemente al terrorismo de estado de
a disposición del poder ya sea como mano de obra for-                               poblada por indios. “Puede asegurarse que [las familias]     la última dictadura —comparación más que frecuente—
zada o como trofeo o como preso sin ninguna condena,                                son dignas de toda lástima por su estado de salvajismo,      si bien comparte algunas características, una clave de
en definitiva, como un cuerpo asesinable, también es en                             cosa que yo creia extinguida en mi patria; la mayoría de     diferenciación entre los procesos está, justamente, en la
este espacio en donde comienzan a encarnarse formas de                              estas son descendientes de la raza ‘tehuelche’ en pleno      construcción del enemigo desde el estado como perpe-
poder que conjugan las fronteras de lo (i)legal. Constitu-                          vigor de sus costumbres de holganza y vicios, que dá         trador del crimen. El estado argentino del siglo XIX, de-
yendo los dos extremos del estado de excepción, en los                              vergüenza referirlos” (AHPRN, Inspección Tierras Val-        fine, fija y esencializa a los indígenas otorgándoles una
términos ya citados de Agamben, el “hombre lobo” pero                               cheta, 1904, fjs 9). Con la sola excepción de Juan Saca-     imagen negativa enraizada —hasta la actualidad— tan-
también el soberano.                                                                mata ninguno de los indios listados por Wintter en 1887      to en las políticas de estado como en el sentido común
   La policía, sin necesidad de mencionar las enormes di-                           recibe título en la Colonia Valcheta.                        argentino que dista enormemente de la caracterización
ficultades en las que están asentadas en el territorio que                                                                                       profundamente ambigua y, en casos, arbitraria de un
también les da elementos para justificar sus acciones de                            La historia estallada                                        subversivo (Calveiro 1998). De esta forma, cualquiera
abuso, disponen —entre otras cosas— el quiénes y cómo                                 Tal como lo describe el archivero de la dirección de       que no se adecuara a las normas de disciplinamiento
pueden moverse los indios sometidos por el territorio.                              Tierras y Colonias en 1901, los pedidos del Gobernador       del estado terrorista podía ser un potencial desapareci-
Controlan y reducen la circulación y hacen uso y abuso                              Wintter para conformar una colonia indígena fueron           do. En suma, la ambigüedad y arbitrariedad del estado
de prácticas impuestas dentro del territorio desde la ocu-                          encontrados en una “...carpeta caratulada ‘documentos        dictatorial proyecta el terror sobre toda la sociedad y no
pación militar que es la obligatoriedad para los indios de                          inservibles’ que perteneció al extinguido Departamento       sobre un sector singularizado en particular.
circular con permisos y pasaportes y siguiendo las rutas                            de Obras Públicas...” (AHPRN, MI, 1886, caja 1). En este        En este sentido, estamos en una etapa en donde re-
de fuertes y fortines. Esta última nos vincula asimismo                             sentido cabe destacar, en primer lugar, el corte estable-    cién comienza a historiarse y definirse el proceso de la
con prácticas de legibilidad (Trouillot 2003) en donde el                           cido por el biopoder respecto a los indios reducidos en      Conquista del Desierto. Los esfuerzos están orientados
estado encarnado en sus funcionarios marca y garantiza                              los campos y, en segundo lugar, lo fragmentado y dise-       a narrar el proceso en un nivel de densidad que nos per-
identidades diferenciadas. Al mismo tiempo, y contra-                               minado que se encuentra el archivo para reconstruir esta     mita conocer y cuestionar no sólo el relato sino la mismí-
dictoriamente con la pretensión homogeneizadora de                                  parte de la historia que hoy nos resulta imprescindible      sima construcción del estado nacional que se consolida
constitución de ciudadanía, se reproducen las diferen-                              para entender los reveses de los proyectos civilizatorios.   en la década de 1880 —de ahí las resistencias también—.
cias jerárquicas que el estado reconoce en la organiza-                               Como ya se ha dicho, el silencio de la historia fue fun-   Dado el protagonismo que el estado argentino se arrogó
ción de las tribus indígenas. Estos son, como ya ha sido                            cional a esta reproducción de la marginalidad impues-        en este proceso, complejizar las fronteras de la narración
trabajado por otros historiadores, los intersticios sobre                           ta sobre los cuerpos indígenas, pero al mismo tiempo         nacional es en cierta medida iluminar —en el sentido
los que se reagrupan estratégicamente varios indígenas                              nos permite ver hoy con una claridad contundente los         benjaminiano— la posibilidad de entender que otras for-
para garantizar su supervivencia (Delrio 2005, Salomón                              límites de una construcción única de verdad histórica.       mas de construcción del estado, la nación y el territorio
Tarquini 2010). En definitiva, son estos los márgenes so-                           Hasta 1880 los indígenas del sur tenían una presencia,       son posibles.
bre los que comienza a reproducirse el estado como idea.                            autonomía y fuerza que no volvieron a tener nunca más           Si bien esta última afirmación implica disputas en are-
  Para principios del siglo XX, Valcheta estaba constitui-                          por la relación estructural que se establece en el proceso   nas muy distintas, la historia —entre otras disciplinas—
da como colonia en donde los lotes estaban repartidos                               genocida. Si bien las prácticas de marginalización y de      también forma parte de un debate hegemónico por la


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verdad que lentamente está intentando abrir sus regis-
                                                                                    ca para implementar el genocidio, en particular la apro-      vas”? (Tamagno). Cuando se aborda el genocidio como
tros, sus métodos, su teoría para combatir sus silencios y
                                                                                    piación de niños, su traslado a campos de concentración       un largo devenir inconcluso perpetrado por un Estado
exponer las formas racistas y discriminatorias que éstos
                                                                                    y posterior distribución, y rescatan la memoria de ese        siempre igual a sí mismo, ¿no se incurre en una esencia-
cobran por ejemplo en planes de estudio, o en causas ju-
                                                                                    trauma en sus descendientes, que expresan en “historias       lización que tiene por efecto diluir las responsabilidades
diciales por conflictos de tierras donde se desestiman las
                                                                                    tristes” y en silencios cargados de sentido todo el dolor     dentro de una sociedad que se erige como un bloque ho-
demandas indígenas por “desconocimiento” del proceso
                                                                                    de aquella violenta separación de su gente, de su tierra y    mogéneo, separada de lo indígena? (Vezub)
histórico, o en representaciones folclorizadas y estáticas
                                                                                    de su identidad. Otra faceta de este ejercicio de memoria        Lo que queda relativamente opacado en este debate
de lo indígena, o en monumentos a genocidas. Esto, por
                                                                                    es la reflexión crítica acerca de los mitos elaborados para   semántico es el tema de la utilidad de invocar uno u otro
otra parte, lejos de ser una propuesta por reproducir pre-
                                                                                    justificar el genocidio y acerca del rol de la ciencia y de   concepto, teniendo en cuenta las consecuencias prácticas
tensiones de totalidad de la disciplina es más bien una
                                                                                    los medios en su construcción y difusión, tema que desa-      del uso que hagamos de ellos. Si las ciencias sociales tie-
forma de sincerar lo precario de esta forma de narración
                                                                                    rrollan Verónica Seldes y Julio Esteban Vezub.                nen mucho que aportar en términos de restitución de la
del pasado, pero reconociendo el enorme peso de la his-
toria para empezar a hablar de reparación.                                                                                                        memoria y elaboración de un nuevo discurso histórico
                                                                                       La cuestión que permanece abierta para el debate en        sobre ese pasado traumático y sus secuelas presentes, es
                                                                                    estos trabajos es fundamentalmente terminológica: ¿se         en el campo del derecho donde encontraremos respues-
Florencia Roulet y María Teresa Garrido                                             trata del “genocidio constitutivo” del Estado argentino       tas al “para qué” de este ejercicio. A diferencia de las
                                                                                    –donde el énfasis estaría puesto en el concepto “consti-      ciencias sociales, que acogen con fruición los neologis-
   Los aportes contenidos en este dossier ilustran cabal-                           tutivo”— o de la culminación de un proceso de construc-       mos y asumen como una de sus tareas la de crearlos, el
mente uno de los tres elementos de la justicia transicio-                           ción de un orden político soberano iniciado con la im-        derecho es sumamente cauto y lento en proponer nue-
nal que evocamos en nuestro trabajo al tratar las posibili-                         posición de la regla estatal nacional a las provincias del    vas definiciones de delitos. Pero, una vez formalmente
dades actuales de reconocimiento y reparación del delito                            interior? (Escolar). ¿Se trata más bien de un “genocidio      adoptadas, éstas tienen la ventaja de transformarse en
de genocidio: el de la reconstrucción de una memoria                                cultural” que subsume en un imaginario “ser argentino”        referencias para prescribir conductas y señalar respon-
social que permita establecer una verdad no judicial so-                            la diversidad cultural y deshistoriza el proceso de cons-     sabilidades a los Estados y sus diversas agencias. A dife-
bre las circunstancias y los motivos que llevaron al Esta-                          titución territorial del Estado? (Seldes). ¿Es pertinente     rencia de conceptos antropológicos como el de etnocidio
do argentino republicano a cometer un genocidio con-                                formular una distinción entre el genocidio como fin y el      o genocidio cultural, los conceptos jurídicos de genocidio
tra los pueblos indígenas y, colateralmente, contra otros                           genocidio como medio, o entre los genocidios colonialis-      y crimen de lesa humanidad describen conductas delic-
sectores subalternos ideológicamente “indianizados”,                                tas que implican agencias diversas actuando contra un         tivas precisas cuya responsabilidad última es imputable
como lo muestra Diego Escolar. Su trabajo acerca del                                otro externo y los genocidios modernos caracterizados         a los Estados en la actualidad. Es asimismo en el cam-
discurso de Sarmiento sobre las montoneras federales                                por la acción del Estado contra un otro interno? Hablar       po del derecho —y en particular en el terreno en rápido
—que complementa los de Pedro Navarro Floria (2000)                                 más bien de etnocidio, culturicidio o limpieza étnica, ¿no    desarrollo de la justicia transicional— donde se avanza
sobre Sarmiento y la cuestión indígena— refleja cómo                                implica caer en la trampa de minimizar la intención de        en propuestas concretas de reconocimiento y reparación
se construyó el concepto mismo de “lo indígena” como                                exterminio físico de los indios? (Pérez). ¿No se corre el     para las víctimas de crímenes de lesa humanidad y de
excepción negativa al estado de derecho, autorizando                                riesgo, al explicar las actuales condiciones de margina-      genocidio mediante avances legislativos y una amplia
la conquista de sus territorios y su eliminación en tanto                           lidad, explotación y pobreza de los pueblos indígenas         gama de medidas. Este aspecto, que desarrollamos con
colectivo diferenciado al interior de la sociedad nacio-                            argentinos como consecuencia del genocidio estatal, de        el enfoque interdisciplinario que requería la naturaleza
nal, tema que también toca Pilar Pérez. Walter Delrío y                             reducirlos nuevamente a una condición de víctimas, rei-       de las preguntas formuladas en el cuestionario, pretende
Ana Ramos abordan los mecanismos puestos en prácti-                                 terando la práctica de ignorarlos como “presencias acti-      ser el principal aporte de nuestra contribución.


15 Corpus. Archivos virtuales de la alteridad americana, Vol. 1, N°2, 2do. semestre 2011, ISSN 1853-8037
Diana Lenton                                                                        que este debate se presenta; la utilización del sintagma       ponsable, al menos indiferente a los costos del modelo
                                                                                    pueblos originarios en lugar de pueblos o sociedades indíge-   socioeconómico que sustenta.
Comentario final del debate                                                         nas, con las connotaciones que pudieran acompañarlo; y            Esto no es ajeno al problema que nos ocupa, ya que el
                                                                                    la necesidad de profundizar en la reflexión sobre la prác-     genocidio no se define únicamente por el exterminio sis-
  Tal como propone el título de este debate, lo que aquí
                                                                                    tica profesional y sus contextos. Seguiré luego por las        temático en un lapso acotado de tiempo, sino que tam-
se discutió no es, en realidad, la ocurrencia del genoci-
                                                                                    cuestiones planteadas por otros participantes, acerca de       bién se constituye y extiende en términos simbólicos y
dio como proceso histórico, sino hasta dónde nos sirve
                                                                                    la relación entre investigación y acción; y aspectos pro-      políticos en la medida en que se continúa reproducien-
pensar con estas categorías para explicar lo que pasó y
                                                                                    blemáticos de la focalización en casos; de los enfoques        do, junto con la lógica binaria propia de los sistemas de
lo que pasa. Dado que los participantes de este encuen-
                                                                                    de género y etarios; de los subgéneros narrativos organi-      pensamiento totalitarios (Calveiro 2001), las condicio-
tro coincidimos en el hecho básico –la existencia de una
                                                                                    zados por el campo; y del lugar del genocidio indígena         nes estructurales que posibilitan su continuidad. Hace
serie de procesos en el registro histórico y en el presente
                                                                                    en una cronología genocida nacional.                           unos años reflexionábamos, en una presentación en un
que resultan coincidentes con las definiciones jurídicas
                                                                                                                                                   Congreso sobre Derechos Humanos –en el que insisti-
de genocidio-, la discusión ganó espacio para la profun-
                                                                                                                                                   mos, no sin resistencia, en participar de la Mesa sobre
didad y el detalle de las diferentes implicancias de la
                                                                                    Hablar del genocidio sufrido por los pueblos                   “consecuencias del terrorismo de estado” y no de la de
categoría genocidio cuando es aplicada a la política in-
                                                                                    indígenas, en contextos de apertura democrá-                   “problemas indígenas”, precisamente para poder plan-
digenista10.
                                                                                                                                                   tear este enfoque- que “cuando los procesos genocidas
   Leí con placer las contribuciones enviadas a este de-                            tica
                                                                                                                                                   no obtienen un reconocimiento jurídico, moral y públi-
bate y los comentarios sumados posteriormente por los                                  Efectivamente, como plantea Tamagno, estamos en             co, nos encontramos ante un proceso histórico que lejos
mismos autores, y son tantos los comentarios que se me                              una coyuntura difícil, en la que los evidentes logros en       de creerse cerrado, mantiene su vigencia”. Por eso, a la
ocurren, que se me hace difícil ordenarlos. Por otra par-                           el campo del reconocimiento de derechos, de visibiliza-        vez de confrontar con el negacionismo y de remar contra
te, varios de los participantes hicieron un trabajo enco-                           ción de los propios pueblos y de su capacidad política         la idea de que “si pasó algo de esto, es imposible ave-
miable de síntesis transversal al comentar los aportes                              -incluyendo su tan controvertida “participación” en la         riguarlo”, debemos encarar la tarea de destacar que en
de sus colegas. Seguramente dejaré mucho en el tintero,                             política estatal-, y el nuevo y ampliado espacio que en-       el espacio físico y social que hoy encuadra al estado-na-
aunque creo que de todas maneras y afortunadamente,                                 contramos, por ejemplo, para la denuncia del genocidio         ción argentino, existen grupos humanos que no son sólo
tendremos oportunidad de seguir debatiendo esto en                                  pasado, convive con la realidad cotidiana de la continui-      “descendientes” de quienes sobrevivieron a las prácti-
otras instancias, más allá de los plazos impuestos por la                           dad de la explotación –capitalista pero potenciada y or-       cas genocidas de fines del siglo XIX, sino que son a la
realidad editorial. Por eso, sólo elegiré algunos puntos                            ganizada étnicamente-, la aceleración en la expropiación       vez ellos mismos víctimas de un pasado-presente que se
de los planteados en los textos, para redondear este en-                            de sus territorios por el avance del modelo extractivo, y      perpetúa en prácticas más o menos sutiles, pero que no
cuentro, a medida que los temas van surgiendo, deses-                               la impunidad en la represión de los militantes indígenas.      dejan de ser genocidas (Red 2007).
timando una lectura centrada en los ejes iniciales envia-                           Digo que es una coyuntura difícil porque es claramente            Y éste es uno de los elementos que los configuran, a los
dos a los participantes. Trataré también de no repetir las                          más fácil señalar al genocida, o al autor de la violencia      de hoy y a los de ayer, como parte de una “comunidad
relecturas con las que varios participantes sistematizan                            estatal, cuando éste está claramente situado en el polo        de víctimas” que, en cierta medida configura hoy su sub-
las contribuciones de los colegas, recomendando por el                              de máxima represión, explotación, etc. Pero cómo defi-         jetividad como sujetos políticos, ciudadanos argentinos
contrario su lectura directa.                                                       nir, cómo comprender primero, la política indigenista          sí, pero ciudadanos/víctimas/descendientes; así como
  Comenzaré, para orientarme, por retomar una serie                                 de una gestión que seguramente merece reconocimiento           partícipes de una relación de explotación económica sí,
de inquietudes que Liliana Tamagno planteó antes de                                 por avances en lo político, aun en el campo de lo indí-        pero explotados/víctimas/descendientes. Y esto nos lle-
entrar de lleno en el debate: la coyuntura particular en                            gena, pero a la vez se muestra, si no activamente res-         va a la siguiente cuestión.

16 Corpus. Archivos virtuales de la alteridad americana, Vol. 1, N°2, 2do. semestre 2011, ISSN 1853-8037
La dificultad de nombrar                                                            de la simbología colonial (Bonfil Batalla 1972), no hay     de “Tribus” Mapuches13. En los años 80 se extendió por
  No concuerdo con asignar una relación tan directa                                 soluciones garantizadas.                                    todo el continente el slogan “Si como indios nos sometie-
entre el nombrar a ciertos grupos como “pueblos indí-                                  Especularmente, nos encontramos con una gran difi-       ron, como indios nos liberaremos”14, que aparentemente
genas” y la posibilidad de visibilizar relaciones de des-                           cultad a la hora de nombrar a la sociedad no-indígena:      pone énfasis en la diferencia “esencial” más que en la
igualdad y de explotación, vs. el nombrarlos como “pue-                             ¿criollos? ¿blancos? Tal vez lo más neutral es decir “no    desigualdad y en las articulaciones de clase, mientras
blos originarios” conducente al ocultamiento de dicha                               indígena”. Pero esa expresión también presenta el pro-      paralelamente, organizaciones como el CISA o el CMPI15
relación y a la esencialización de características deriva-                          blema de presentar a la sociedad nacional como escin-       incrementaban sus denuncias por la explotación econó-
das de dicha desigualdad. En realidad, quiero advertir                              dida en dos bloques homogéneos, ignorando los ma-           mica y la violencia política de todo signo. Quiero decir
que nuestra elección del sintagma “pueblos originarios”                             tices y las dinámicas poblacionales que dieron lugar a      que la elección del término parece tener que ver más
se debió a que hoy por hoy es el que eligen para autoi-                             esa representación. Por eso en algunos textos hablamos      con experiencias locales y subjetividades históricamen-
dentificarse muchas organizaciones, que quizás tienen                               de “sociedad nacional”, “sociedad argentina”, etc. para     te moldeadas que con posiciones ideológicas estrictas
mayor representación entre aquellos con quienes yo                                  referirnos al opuesto complementario del sector autoi-      en relación a la lucha de clases. Hoy en día se escuchan
personalmente hago trabajo de campo, de manera que                                  dentificado “indígena”/“originario”/etc., en el sentido     discursos (por ejemplo del Frente Mapuche Campesino,
asumo mi responsabilidad si es que existe algún sesgo o                             de aquella parte de la sociedad que no se autoidentifica    como hoy la Organización Mapuche de Derechos Hu-
“deformación profesional” que determinó la preferencia                              como indígena, en un estricto momento presente11.           manos y Medio Ambiente, o del Movimiento Nacional
de una expresión sobre otra.                                                                                                                    Campesino Indígena que ha perdido últimamente tan-
                                                                                      Respecto de la historia política de la indianidad que     tos militantes por la defensa de sus territorios –siendo
   Otros grupos (comunidades, organizaciones) prefie-                               rescata Tamagno, me gustaría recordar empero que tam-       el último, al momento que esto se escribe, el lule-vilela
ren otros términos (incluso en Formosa se sigue utili-                              bién se utilizaron otros términos. Por ejemplo, no siem-    Cristian Ferreyra-, y que es un ejemplo de articulación de
zando “aborígenes”, tan criticado en otros contextos),                              pre la ecuación era “pueblos indígenas”, ya que la expre-   movimientos tanto étnicos como de clase), que no desde-
pero creo que actualmente “pueblos originarios” tiene                               sión “pueblos” fue largamente resistida por el discurso     ñan presentarse a la vez como Pueblos Originarios16.
mayor aceptación como expresión “políticamente co-                                  dominante, temeroso de la disolución estatal. De hecho,
                                                                                    ignoro los detalles de la imposición del término en las       Por eso, personalmente no encuentro contradicción
rrecta” tanto a nivel local como internacional. Claro está
                                                                                    conferencias preparatorias de Durban, pero en cambio        entre un enfoque que contemple la afirmación del geno-
que la corrección política no implica directamente iden-
                                                                                    recuerdo ya a la vuelta de Durban 2001, la insistencia de   cidio con la utilización del rótulo de “pueblos origina-
tificación subjetiva ni menos afectiva: esta expresión,
                                                                                    Viviana Figueroa, quien aún era estudiante de Derecho,      rios”. Sin embargo, creo que ésta es una discusión que se
omnipresente en documentos y performances públicas
                                                                                    para que la Cancillería argentina admitiera el término      han dado y seguramente se seguirán dando las mismas
tiene poca aplicación en las relaciones cotidianas, donde
                                                                                    Pueblos y no el de Poblaciones con el que se estaba ma-     organizaciones de militancia indígena.
las personas continúan siendo “indias”, u otras palabras
con mayor o menor carga negativa según la situación,                                nejando, en contra de lo aceptado por la Constitución          Rescato del planteo de Liliana Tamagno la llamada de
y para referencias específicas, se utilizan los etnónimos                           reformada en 1994 y por el Convenio 169 de la OIT. El       atención sobre la esquiva articulación entre etnia y cla-
localmente aceptados: qom o toba; mapuche, pampa o                                  desafío del momento era lograr la aplicación de la idea     se (esquiva para las pretensiones de definición unívoca;
ranquel; kolla, cholo u omaguaca, etc. La disputa sobre                             de “pueblos”.                                               aunque no por ello menos evidente en términos cotidia-
los etnónimos es dura, sensible y en algunos casos cru-                               En Neuquén, por ejemplo, el reconocimiento provin-        nos). Es cierto que la Dictadura Militar, como la gestión
cial para la defensa de ciertas posiciones. Por eso, aun-                           cial de las hoy llamadas comunidades se realizó a partir    Lopez Rega, intentaron clausurar la problemática es-
que creo que en realidad es más correcto llamar a “cada                             de la década del 60 bajo el insulso rótulo de “Agrupa-      cindiendo la reflexión sobre lo indígena de la cuestión
pueblo por su nombre” y no por categorías hiperétnicas                              ciones” Indígenas, o Araucanas, mientras la iglesia lo-     económico-social. De allí que algunas organizaciones de
como “originarios” o “indígenas”, ambas reproductoras                               cal comprometida con el MSTM12 auspiciaba el nombre         la época –no todas-, para eludir la vigilancia, redujeron


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sus demandas a lo que luego se llamó “reclamos cultu-                               de hacer historia o antropología es el progresivo aumen-         Por otro lado –y concuerdo con Seldes en que hace fal-
ralistas”, es decir, reducidos a cuestiones relativas a una                         to, en los últimos años, de la presencia de estudiantes in-   ta todavía un largo camino de consensos intra e interdis-
“cultura” esencializada, dehistorizada y despolitizada.                             dígenas en niveles terciarios y universitarios de ciencias    ciplinarios para llegar a esto- la coherencia que nos recla-
Pero aun así, la represión sufrida por el movimiento in-                            sociales.                                                     ma, por ejemplo, aplicar las premisas del conocimiento
dígena en esos años es prueba de que dicha articulación                                                                                           libre e informado más la consulta previa a los pueblos
no pudo ser ocultada (Lenton 2009; 2011).                                              En esta cuestión, la contribución de Verónica Seldes       indígenas en temas que los afectan, implica incorporar a
                                                                                    constituye un aporte concreto a la reflexión sobre la cons-   miembros de estos pueblos, ya no como destinatarios de
  Más aun, agregaría que hoy es la resistencia al modelo
                                                                                    titución de la arqueología como ciencia del “pasado” in-      la “devolución” de un profesional que trabaja de manera
económico-productivo impuesto, especialmente cuando
                                                                                    dígena en el marco de la consolidación del estado geno-       aislada, sino desde la etapa de diseño y ejecución de la
sus territorios están amenazados, lo que desencadena en
                                                                                    cida y de sus límites espacio-temporales. En ese marco,       investigación.
muchos casos la conciencia étnica, y quienes hasta ayer
                                                                                    el discurso nacionalista definió la pertenencia de ciertos
se reconocían como “vecinos” de algún paraje silencian-                                                                                              El trabajo de Pilar Pérez, como “militante” de la his-
                                                                                    pueblos originarios como “indios argentinos”17 mientras
do su origen común indígena, terminan reconociéndose                                                                                              toria, apunta en la misma dirección, al concentrarse en
                                                                                    relegaba a otros a la extranjeridad permanente18. Déca-
y manifestándose en nuevas “comunidades”.                                                                                                         aportar la densidad histórica indispensable para com-
                                                                                    das después, el paradigma “patrimonial” reemplazará
                                                                                                                                                  prender los hechos en su especificidad así como en su
                                                                                    al nacionalista, aunque manteniendo la relación de sub-
                                                                                                                                                  generalidad. Así, el análisis de documentos referidos al
Sobre la reflexividad inherente a nuestra prác-                                     ordinación de las poblaciones alternativamente visibili-
                                                                                                                                                  campo de Valcheta cumple en la presentación de Pérez
tica profesional y sus correlatos metodológi-                                       zadas o invisibilizadas.
                                                                                                                                                  el doble rol de “iluminador” en sentido benjaminiano
cos y éticos                                                                                                                                      de las características de la represión militar masiva en
                                                                                       Sin embargo, y a pesar de la lentitud con que parece
   Tamagno también se refiere a la necesidad de entablar                            extenderse la práctica reflexiva, hay señales de cambio, y    la Patagonia de finales del siglo XIX, que deben ser den-
“diálogos” con la academia y con el campo, en el sen-                               ya no es tan extraña la figura del “investigador compro-      samente descriptas para evaluar su carácter genocida, o
tido de contextuar y resituar nuestras indagaciones en                              metido”. ¿Qué significa, en este contexto, ser “compro-       mejor dicho, su lugar en un proceso histórico que com-
las producciones académicas que nos antecedieron, así                               metido”? Afortunadamente, se ha ido superando aquella         parte cualidades con otros genocidios, como también
como con las contemporáneas, y de prestar atención a                                disyuntiva según la cual el profesional debía optar entre     de iluminador de los alcances de la disciplina histórica
los mensajes provenientes de las personas e institucio-                             la excelencia “científica” o el compromiso, descripto fre-    como herramienta social y a la vez como punto de ob-
nes con las que trabajamos “afuera” de la academia. No                              cuentemente como romanticismo mal informado. Por el           servación de procesos sociales que querrán, o no, seguir
podemos menos que coincidir en la necesidad de supe-                                contrario, hoy ser un científico comprometido significa       siendo narrados. La disciplina entonces es señalada, en
rar las invisibles barreras que fragmentan y aíslan nues-                           simplemente hacer buena ciencia, respetando la norma-         forma similar al planteo de Seldes para la arqueología,
tras producciones, de tal manera que muchas veces no                                tiva vigente, articulando correctamente los espacios de       como parte constitutiva del genocidio, como resultado
conocemos lo que otros equipos producen hoy, ni lo que                              diseño, investigación y difusión, y siempre, postulando       de la realización simbólica del genocidio y a la vez como
generaciones pasadas de científicos sociales escribieron.                           las hipótesis y conclusiones correspondientes con hones-      capital necesario para empezar a hablar de reparación19.
La ética implicada en la relación con las comunidades                               tidad intelectual. Por eso, en el conjunto de temas que
es un tema más abiertamente discutido y difundido; sin                              hoy nos preocupan, no se trata de promover reivindi-
embargo no hemos llegado aún a un consenso en torno
                                                                                                                                                  Genocidio, etnocidio, culturicidio: sus impli-
                                                                                    caciones románticas, sino apenas de aplicar las defini-       cancias para la investigación y para la búsque-
a los procedimientos éticamente legítimos en el trato con                           ciones disponibles en nuestras disciplinas, investigando
los grupos y organizaciones indígenas.                                              los casos a través de las metodologías adecuadas, y al
                                                                                                                                                  da de justicia
   Uno de los elementos del contexto de producción teó-                             fin, “llamar a las cosas por su nombre”, como señalan           Uno de los puntos interesantes de este debate es el que
rica que seguramente provocará un vuelco en la forma                                Florencia Roulet y María Teresa Garrido.                      permite confrontar términos como genocidio, etnocidio,

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genocidio cultural y otros, en relación con el marco con-                           Convención de la ONU de 1948 integra la pérdida de              que fueron “contactados”) por causas “involuntarias”
textual en que se utilizan.                                                         identidad forzada dentro de su definición de genocidio-,        (enfermedades, miseria, hacinamiento, extrañamiento
  Suele decirse que el término “genocidio” alude a la                               creo que Pérez apunta al funcionamiento social de estas         territorial), sustentó el uso de esta categoría y la deter-
extinción física mientras que los otros términos se refie-                          categorías, en la que una –la de genocidio- es temida por       minación de la responsabilidad estatal necesaria, en que
ren a distintos aspectos del acabamiento “cultural” –es                             ciertos sectores que en cambio toleran mejor la de etno-        el Estado brasileño debía haber evitado las muertes y no
decir, sin exterminio físico-. Sin embargo, la experiencia                          cidio como su versión domesticada.                              lo hizo “por indecisión o por ineptitud”, además de sos-
y las lecturas previas nos han llevado a desconfiar de la                             La instalación en el sentido común –y en el sentido           pecharse de la existencia de grandes presiones económi-
neutralidad de esta distinción cuando es aplicada a la                              común académico- de la idea de una extinción o cua-             cas que influyeron en esta decisión (o ausencia) estatal.
historia que nos ocupa.                                                             siextinción sin responsables21, además de naturalizar la        También en Brasil, el tribunal implicado en el juicio por
                                                                                    pertenencia de los grupos afectados al “pasado” y al “ex-       la masacre de Haximu (del pueblo yanomami), perpe-
   Así, Pérez señala que se suele avalar el uso de catego-                                                                                          trada en 1993 a manos de garimpeiros (buscadores de oro
rías como “etnocidio” para expresar “la supresión física                            terior” de la sociedad nacional, instala al mismo tiem-
                                                                                    po la eterna sospecha sobre quienes hoy se reconozcan           minoristas en tierras amazónicas), determinó que “es el
involuntaria, por ejemplo, la mortandad de indígenas                                                                                                propio Estado el que crea las condiciones de posibilidad
por viruela” en contextos de contacto interétnico (ava-                             como miembros de los grupos supuestamente extintos
                                                                                    (Escolar 2007; Tamagno 1991; Rodríguez 2008).                   del crimen”, aun cuando los ejecutores sean particulares,
lando la idea de su inferioridad biológica), tanto como                                                                                             en virtud del activo apoyo estatal a determinadas acti-
para definir “procesos de asimilación forzada con la in-                               También señala Pérez que la utilización de estas cate-       vidades económicas, como en este caso, la minería por
tención de “civilizar” o re-educar como suele caracteri-                            gorías alternativas termina, en los hechos, oscureciendo        lavado (Ramos y Lenton 2009).
zarse el caso de las escuelas residenciales en Canadá”20.                           la magnitud del impacto físico sobre los cuerpos, refuer-
Se deduce entonces que el empleo del término “etnoci-                               za la idea de que sólo hubo “transformaciones”, releva            En ambos casos, las presentaciones judiciales requirie-
dio” en este rango de casos tiene como denominador co-                              así también a los autores de su responsabilidad política,       ron investigación previa realizada por antropólogos y
mún la elusión de responsabilidades para el grupo que                               dado que, o el impacto no fue tan importante, o se pro-         juristas, trabajo conceptual para lograr que se aceptara la
perpetró el “etnocidio” y la atribución última de las pér-                          dujo “sin intención” –y por ende, como también señalaba         calificación de genocidio, y un compromiso importante
didas a la “naturaleza” o al “proceso histórico” –también                           Pilar, no se contempla en algunas definiciones jurídico/        por parte de los abogados que llevaron las causas, para
entendido como desarrollo “natural”.                                                políticas-, y fortalece la idea de que el devenir de la natu-   sostenerlas a pesar de los embates del sistema socioeco-
                                                                                    raleza y el progreso son los responsables, en un proceso        nómico. Me gustaría aclarar que el compromiso con la
   En cambio, Verónica Seldes nos propone otra mirada,
                                                                                    que el estado, por sí o a través de sus particulares, sólo      declaración de “genocidio” (en lugar del más disponible
al sostener que el etnocidio “entendido como olvido de
                                                                                    habrían, tal vez, “acelerado”. Pérez reflexiona entonces        “masacre” por ejemplo) no se debe a una simple prefe-
la propia historia, y de los significados de los rasgos de
                                                                                    que lo que a fines del siglo XIX era objeto de discusión        rencia terminológica, sino que la determinación de que
la cultura tradicional que sobreviven, cancela la posibi-
                                                                                    política22, terminó convertido por la práctica académica        un caso puede analizarse desde el marco jurídico relativo
lidad de reconocerse como sujetos creadores y transmi-
                                                                                    del siglo XX en una decisión terminológica cerrada.             al genocidio tiene consecuencias prácticas importantes,
sores de aquellos significados, es decir mutila las subje-
                                                                                                                                                    por ejemplo, en la posibilidad de acceso al fuero federal,
tividades”, y por ende, el etnocidio entendido como las                               Sin embargo, quiero advertir que estamos ante ten-
                                                                                                                                                    y de allí a ciertos jurados mejor dispuestos a condenar a
acciones que promueven ese olvido sería un elemento                                 dencias que pueden ser revertidas, si media suficiente
                                                                                                                                                    personajes influyentes en el ámbito local, por ejemplo.
constitutivo del genocidio, en lugar de una categoría                               trabajo de investigación y esclarecimiento. Por ejemplo,
alternativa al mismo. Creo que ambas tienen su cuo-                                 en Brasil, donde también el paradigma de la extinción             En cambio, aun cuando las Ciencias Sociales y el Dere-
ta de razón, dado que si bien comparto absolutamente                                hegemoniza la academia y el sentido común ciudadano,            cho puedan dialogar y complementarse en la búsqueda
con Seldes que el etnocidio o genocidio cultural es parte                           la demanda judicial presentada en 1994 por el genoci-           de mejoras sociales, creo que existen algunas diferencias
integrante del proceso genocida –de hecho, también la                               dio de los Panará, ocurrido a partir de 1967 (fecha en          importantes. Por ejemplo, desde un punto de vista teóri-


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co / metodológico, la justicia brasileña reconoció como                             oficialmente reconocidas como Campañas al Desierto,            la comprensión de los procesos genocidas es necesaria
genocidio a estos dos “casos”, que desde las ciencias                               no lo es para los actos genocidas que, en continuidad con      para lograr justicia, aunque más no sea, en el sentido de
sociales pueden considerarse “acontecimientos” recor-                               aquéllas, se extendieron por muchas décadas. Con ese           la enunciación de una “verdad histórica” que si no es la
tados por sus características paradigmáticas dentro de                              criterio, en la Justicia federal con sede en Formosa se está   única, al menos sea mejor que otras. (De todos modos,
un proceso genocida más o menos extenso, pero nunca,                                evaluando por estos días imputar a siete individuos que        admito que evidentemente, la discusión teórica resultó
como ya señalamos, cada uno de ellos un genocidio en                                están implicados en los hechos de 1947.24                      más seductora, en general, que la búsqueda de conte-
sí mismo. Ocurre lo mismo en la justicia argentina, en la                              Más aún, tratándose de justicia restaurativa, me gusta-     nidos concretos, y para algunos participantes más que
que desde 2004 dos abogados intentan obtener la apro-                               ría discutir el concepto de “víctimas directas”, dado que,     para otros).
bación de sendas demandas por las matanzas ocurridas                                como se ha demostrado para otros procesos históricos,             Diego Escolar problematiza la posibilidad de encon-
en Napalpí en 1924 y en La Bomba en 1947, bajo la figura                            los efectos del terrorismo de estado –categoría muy poco       trar cierta “verdad social” que pueda restituirse para
jurídica de genocidio23.                                                            usada cuando se trata de población originaria- persisten       “rehabilitar” a las víctimas. Si bien sus preguntas son
   Del diálogo y las complementariedades posibles entre                             a través de las generaciones. Con este criterio, tampoco       indudablemente correctas desde un punto de vista an-
Derecho y Ciencias Sociales se ocupan Florencia Roulet y                            todas las víctimas están ausentes, ni siquiera de las cam-     tropológico –y todos sabemos que siempre, los relatos
María Teresa Garrido, en una demostración ejemplar de                               pañas de fines del siglo XIX.                                  históricos son construidos y los grupos sociales repre-
la riqueza extraíble de tal articulación. A la vez, respon-                                                                                        sentados en dichos relatos son recortados de entre un
                                                                                       Por último, si bien es cierto que los conceptos y defi-     entramado de redes y congelados, para poder operar
den, como si hubiera estado planificado, a las afirmacio-                           niciones del Derecho están mucho más orientados a la
nes y latiguillos de sentido común que desbordan de los                                                                                            con ellos-, hay dos razones por las cuales creo que sin
                                                                                    acción y menos a la especulación que los de las Humani-        embargo, la búsqueda de este nuevo relato que incorpo-
discursos mediáticos enumerados en sus contribuciones                               dades y Ciencias sociales, creo que las “propuestas” que
por Diego Escolar y especialmente por Julio Vezub. Así,                                                                                            re los hechos calificados de genocidas para rehabilitar a
                                                                                    el Derecho puede formular para el mejoramiento de las          sus víctimas es válida: la primera, porque es la forma en
contestan amplia, documentada y contundentemente a                                  relaciones sociales no pueden surgir sólo del campo del
las denuncias de anacronismo, de descontextualización                                                                                              que nos manejamos social y cotidianamente para cons-
                                                                                    Derecho sino, necesariamente, del diálogo con las Cien-        truir nuestras propias identidades, y en ese sentido, la
y de “inseguridad metodológica” que una y otra vez re-                              cias sociales, dado que, por ejemplo, las propuestas de
piten los pseudohistoriadores de los grandes medios.                                                                                               memoria histórica es parte de ese proceso de construc-
                                                                                    restitución, reparación, reconocimiento, deben calibrar-       ción del sujeto. Entonces, me pregunto, si podemos ad-
   Las autoras han realizado un trabajo muy importante                              se y reevaluarse a la luz de los resultados de intentos de     mitir que otras memorias que nos constituyen también
de sistematización de citas documentales para el perío-                             reparación efectuados en el marco de otros genocidios,         son resultado de recortes más o menos involuntarios, y
do previo a 1880, que apunta directamente a sostener los                            con metodologías de investigación social.                      si esto se manifiesta más evidentemente aún cuando en
elementos básicos del concepto de genocidio. Finalmen-                                Es cierto, como observan Roulet y Garrido, que las in-       esa “historia a medida personal” se integran definicio-
te, Roulet y Garrido ensayan una discusión sobre las po-                            tervenciones aquí reunidas casi no trabajaron sobre el         nes políticas relativas a procesos recientes –por ejemplo,
sibilidades de obtener / realizar justicia, revisando va-                           tema de la utilidad, del “para qué”. Puede ser resulta-        la restitución de su historia, que se asimila a su identi-
rios “niveles” posibles.                                                            do de la práctica del intelectual de interrogarse, valga la    dad, en los casos de víctimas de la dictadura de los 70-,
  Aquí me gustaría hacer notar que si bien es cierto                                paradoja, por fuera de la práctica, presumiendo que el         ¿por qué no aceptar que en las reconstrucciones de la
que desde el derecho penal “resulta físicamente impo-                               conocimiento es apetecible por el conocimiento mismo.          historia / memoria de las víctimas del genocidio indí-
sible aspirar hoy a obtener cualquier forma de justicia                             Pero es posible también que, por tratarse de investigado-      gena se incluyan algunos elementos de idealización o
retributiva respecto de las personas responsables de los                            res que ya vienen hace tiempo publicando y discutien-          generalización que son parte de los procesos sociales de
crímenes cometidos entonces”, si ese “entonces” resulta                             do estos temas, la cuestión de la finalidad práctica haya      memoria y reidentificación y que es esperable que a lo
inaccesible cuando hablamos de las campañas militares                               quedado sobreentendida: todos entendemos, creo, que            largo del tiempo vayan matizándose? Esto no significa


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que nosotros como historiadores o antropólogos nos ne-                              cia de una sociedad de frontera (que prefiero no llamar        tituciones” (Arendt 1982 [1952]). Sólo son posibles, nos
guemos a la búsqueda de explicaciones complejas y no                                mestiza para no avalar la idea de identidades netas que        dice Calveiro retomando a Deleuze y Guattari cuando el
edulcoradas, sino que hay características del modo de                               confluyen en la hibridación), y como propone Escolar,          intento totalizador del Estado “encuentra su expresión
reconstrucción social de las memorias identitarias que se                           con los antecedentes de violencia estatal masiva (¿geno-       molecular”, permea la sociedad hasta hacerse inescin-
van a producir con o sin nuestra participación.                                     cida?) contra la población rural de las llamadas “provin-      dible de ella. Por eso son una modalidad represiva es-
   En segundo lugar, creo que la pregunta de Escolar so-                            cias viejas”, no apoyo el modelo colonialista, sino que        pecífica; no hay campos de concentración en todas las
bre la pertinencia de representar a los pueblos indíge-                             entiendo que corresponde analizarlo desde la perpectiva        sociedades; no todos los poderes totalitarios son con-
nas –más aun, a los sujetos indígenas- como iguales a                               de genocidio realizado contra un otro interno, que aúna        centracionarios. Calveiro (2001) propone el análisis del
sí mismos, siempre resistiendo, es decir, sin revelar las                           sectores con diferentes grados de “otredad” e “interni-        campo de concentración como vía para la comprensión
cualidades de cambio, agencia, diversidad e interacción                             dad”.                                                          de las características del poder que circula por un deter-
con lo no indígena, es en realidad parte de otra cuestión                             Finalmente, creo que las perspectivas de “rehumani-          minado tejido social.
más amplia que no puede abordarse, en realidad, den-                                zación” a las que aluden Florencia Roulet y María Teresa
                                                                                                                                                     Los campos de concentración profundizan y eviden-
tro de los límites de este debate, ya que los procesos o                            Garrido deben entenderse como intento de reversión de
                                                                                                                                                   cian la terrible asimetría de poder entre unos y otros;
proyectos genocidas, los acontecimientos dentro de ta-                              su operación opuesta, la “deshumanización” que siem-
                                                                                                                                                   su función es hacer reconocible esta asimetría para pa-
les procesos, etc., no dependen para su calificación de la                          pre precede, acompaña y sucede a los procesos genoci-
                                                                                                                                                   ralizar e imposibilitar la oposición. Sin embargo, el re-
capacidad descriptiva que hayamos desarrollado sobre                                das (Levi 2005). Esa misma deshumanización persistente
                                                                                                                                                   conocimiento de la pretensión totalizante de esta clase
las víctimas. Si bien las relaciones entre diferentes po-                           que hace que en el relato de los Jofré que nos trae Die-
                                                                                                                                                   de poder no nos habilita para negar las posibilidades de
sicionamientos en aquella “sociedad de frontera”25 den-                             go Escolar, el ser huarpe, aun hoy, pueda ser entendido
                                                                                                                                                   resistencia de las víctimas, en la medida en que el poder
tro de la cual se produjeron actos genocidas, deben ser                             como ser no “humano”.
                                                                                                                                                   total es apenas una ilusión del Estado. Por eso es tan in-
analizadas para comprender los motivos y la mecánica
                                                                                                                                                   dispensable la investigación que devele la cotidianeidad
de hechos e instituciones, el carácter genocida del proce-                          Los campos de concentración como sitio neu-                    en estos campos y las formas en que realizaron sus co-
so excede la mayoría de dichas relaciones. Por ejemplo,
                                                                                    rálgico del proceso genocida                                   metidos, junto a las voces de sus víctimas (Nagy y Papa-
cuando llegamos a señalar las relaciones, y más aún, las
                                                                                                                                                   zian 2009).
colaboraciones de determinada fracción del mundo indí-                                La lucha hegemónica resulta victoriosa cuando se
gena para con algún sector del ejército, ello no modifica                           logra inscribir la modalidad represiva (por ejemplo re-           La calificación de “víctimas” para los habitantes de
las posibilidades –afirmativas o negativas- de considerar                           partimientos, concentraciones) dentro de lo socialmen-         estos campos, como se verá, no justifica ni implica pre-
genocidas las acciones que se tomaron sobre ella.                                   te permitido. Esta operación fue canalizada en nuestro         sunción de homogeneidad, ni de falta de agencia. Por el
  Tal vez sería más interesante discutir si necesariamen-                           país y en relación a la política indigenista, a través de la   contrario, como afirma Myriam Jimeno Santoyo (2010),
te la definición de genocidio requiere la pretensión de                             fórmula civilización-barbarie, que asumió una función          la categoría de víctima cumple la función de amalgamar
“otredad absoluta” (con ausencia de relaciones previas)                             omniexplicativa.                                               situaciones y narrativas caracterizadas por su extre-
entre sector victimario y víctima26. Como describía Pilar,                            Según Hanna Arendt, los campos de concentración              ma diversidad, creando “comunidades emocionales” a
esto es parte del modelo de genocidio “colonialista”. Por                           “son la verdadera institución central del poder organiza-      partir de experiencias que tienen en común la violencia
mi parte, y dadas las características del caso argentino,                           do totalitario”; son “más esenciales para la preservación      política o económica en situaciones de desigualdad. En
con su larga historia de relaciones mutuas, la existen-                             del poder del régimen que cualquiera de sus otras ins-         este proceso, las historias individuales y familiares crean




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subjetividad a partir de terrenos compartidos, cerrando                             tes [a los cometidos por Calfucurá en tiempos de Rosas],    campos son lugares de “conversión” de los prisione-
la brecha entre sujeto y evento.                                                    ni que haya habido instrucciones específicas similares      ros, como afirmaba Delrio, de “disciplinamiento” según
                                                                                    por parte de Roca a sus comandantes o subordinados,         Nagy y Papazian (2009), pero con la “latencia” del retor-
   Por otra parte, si asumimos la definición de “institu-                           aunque no se pueda descartar actos repudiables como         no a la vida salvaje. Esto es lo que permitía a Estanislao
ciones totales” provista por Goffman (1992) como “in-                               el un tanto confuso episodio que provocó la captura del     Zeballos, en 1882, sostener que los “indios reducidos” en
vernaderos donde se transforma a las personas”, a partir                            cacique pehuenche Purrán en 1880”. Y agrega, en su in-      General Conesa no debían recibir raciones del gobierno,
de los estudios de Delrio (2001; 2005) y posteriormente                             tento por negar si no los hechos, al menos su sistemati-    ya que “los indios no trabajan, no siembran, sino que
otros investigadores, es claro que las concentraciones a                            cidad: “En cambio, puede descartarse por inverosímil la     sólo bolean avestruces”; por el contrario, debían ser fu-
orillas del Río Negro apuntaban más al carácter de estas                            hipótesis de la existencia de un campo de concentración     silados sin juicio previo, porque estaban “en peor cate-
instituciones que al de simples localizaciones de “esca-                            en Valcheta, con alambrado de púas de tres metros y la      goría que los salteadores de caminos”. De hecho, en la
la” en el viaje hacia su ubicación definitiva. Los indios                           muerte por inanición de los indios cautivos, al parecer     misma ocasión –la discusión de una partida presupues-
no sólo debían ser desarmados en su independencia del                               un invento surgido de la nada. Ni siquiera es probable      taria para racionamiento de los indios de Conesa y de los
modelo económico y político, sino reeducados para con-                              que ya se usara en Argentina el alambre de púas, paten-     gendarmes que los vigilan-, el sector oficialista insistió
vertirse en “descendientes de indios”. Para eso, el poder                           tado en Illinois en 1874.”                                  a favor del racionamiento con el argumento de que, de
estatal con el apoyo de la agencia religiosa intervenía no                                                                                      negarse los fondos, los indios reducidos –ex indios ami-
solamente en su capacitación para el trabajo proletariza-                             Claramente, Rajneri hace referencia al episodio inclui-   gos- se dispersarían y se unirían a los “salvajes” (Diario
do y la obediencia civil, sino en la conformación de sus                            do en las memorias de John Daniel Evans, que recuperara     de Sesiones de la Cámara de Diputados, sesiones del 7 y
familias, sus relaciones conyugales, sus hábitos alimen-                            Walter Delrio (2003) hace unos cuantos años. Es probable    9/9/1882; Lenton 2005).
ticios (Belza 1974).                                                                que le haya llegado la mención del mismo a través de al-       Es decir que la latencia del retorno a la vida salvaje
  En este debate, Pilar Pérez, en su proyecto de devolver                           gunos de los textos académicos o de difusión circulados     atraviesa todos los campos de “confinamiento, depor-
densidad histórica a categorías teóricas un tanto licua-                            por Delrio o por quienes lo recogimos posteriormente,       tación y disciplinamiento” (Lenton et al. 2010), y las
das, se interna en el análisis del campo de Valcheta para                           de allí que lo nombre como “campo de concentración”         hambrunas derivadas del encierro y la prisión son vistas
intentar desde el caso, un acercamiento a la generalidad.                           –nombre que no le otorga Evans-. Sin embargo, no men-       alternativamente como efecto de su situación, o como ín-
                                                                                    ciona el testimonio de Evans, para evitar precisamente      dice de su propia inaptitud para la vida civilizada, obtu-
  No puedo evitar la tentación de mencionar en este                                 que la “idea peregrina” se visibilice como documento, y     rando su visibilización como sujetos de derecho.
punto, que a la seguidilla reciente de “columnas” de                                materializa la disputa en el elemento “alambre de púas”.
                                                                                                                                                  “Pero fundamentalmente”, nos dice Pilar, “los campos
opinión en medios de prensa que analizan Vezub y Es-
                                                                                       Es interesante aclarar que aunque no era frecuente, el   forman [hoy] parte de la memoria social indígena”.
colar en este volumen, se agregó en los últimos días un
artículo, casi un editorial de Julio Rajneri, director del                          sintagma “campo de concentracion”, ya se utilizaba en         En este punto quisiera detenerme, ya que efectiva-
Diario “Río Negro” y persona de considerable influencia                             el siglo XIX –si bien no con las connotaciones que toma     mente, son innumerables los relatos que recorren las co-
económica y política en el norte patagónico. En este ex-                            luego de Auschwitz-, por ejemplo en la publicación de       munidades y que arraigan no sólo parte de la memoria,
tenso artículo27, profuso en citas académicas y recursos                            las memorias de George H. Newbery que nos señaló            sino el mismo origen de la comunidad o el linaje, en la
de autoridad, e ilustrado con una de las más conocidas                              hace un tiempo Claudia Salomón Tarquini28.                  experiencia concentracionaria. Así, entre las tantas co-
fotografías “de cuerpo entero” de la hagiografía roquis-                               Pérez, entonces, ha realizado una búsqueda exhaus-       munidades actuales que se “rearmaron” luego del hosti-
ta, más varias de Antonio Pozzo, Rajneri se suma a la                               tiva de documentación relativa a Valcheta, para com-        gamiento militar a partir de familias dispersas, en varios
“teoría de los excesos” al afirmar que “no hay evidencias                           prender su lugar en la cadena de relaciones y eventos       casos la figura aglutinante es un jefe de familia que luego
de que se hayan producido actos de ferocidad semejan-                               del proceso genocida. De allí surge también que estos       de salir (por liberación o huida) de alguno de estos cam-


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pos29, se reunió con antiguos compañeros de presidio                                   Mi afirmación de que se trata de mujeres indígenas       2010; 2011), si realmente la sociedad argentina está pre-
para formar “familia”.                                                              prisioneras se debe a la observación de que no hay “re-     parada hoy para reevaluar críticamente el significado de
  La consecuencia inmediata que esta realidad nos trae                              cetas de poblamiento” que consideren la invitación al       acciones simbólicas como el “Monumento a la mujer ori-
es la imposibilidad de mensurar la “extinción” en tér-                              matrimonio interétnico con mujeres libres indias –más       ginaria” que se propone levantar en la ciudad de Buenos
minos cuantitativos, por ejemplo, toda vez que los gru-                             allá de que por supuesto estos matrimonios también se       Aires, y que diseñado por el escultor Andrés Zerneri, se
pos “eliminados” pueden haber renacido, como parte                                  producían. En el imaginario hegemónico, tal posibilidad     presenta como un acto de justicia, mientras permanece
de otros linajes. También se evidencia que la historia                              no era considerada “civilizatoria”. Tal vez el único per-   dentro de los estereotipos del género: siempre desnuda,
de quienes sobrevivieron contiene también la memoria                                sonaje público –bastante excéntrico, por su parte- que      siempre disponible, esta “mujer originaria” es homena-
de quienes no pudieron volver. Por eso, y no porque se                              encaró una relación familiar con una mujer indígena li-     jeada (sólo) en su función reproductiva, ya que se afirma
suponga que el mundo indígena es homogéneo, es que                                  bre, tehuelche en su caso, fue Ramón Lista, con su mu-      que ella está (mestizamente) embarazada del “ser ar-
sostenemos que el genocidio afectó a la totalidad de los                            jer Koila. La consecuencia, en forma de crítica pública,    gentino”. Mi pregunta era entonces, ¿qué se homenajea,
pueblos implicados.                                                                 humillación y aislamiento social, fue inmediata, y se ex-   junto con la desnudez de la mujer originaria? ¿La viola-
                                                                                    tendió hasta el suicidio de su esposa oficial, la poetisa   ción previa? ¿La sumisión, que aún sin mediar violación
                                                                                    Agustina Andrade.                                           física, puede ser signo y consecuencia de la disparidad
Hilando fino: variables de la mecánica genoci-                                        La otra modalidad imperante es la de la violación di-     de fuerzas en la relación patronal? ¿La disponibilidad
da y metodologías apropiadas                                                        recta (sin establecimiento de relación de pareja), denun-   perpetua e indiscriminada, que en algunas provincias
                                                                                    ciada y descripta tanto por Avendaño, como rescatan         argentinas es regla indiscutida, llegando en su expresión
   Uno de los temas que merecen y aún esperan desarro-
                                                                                    Roulet y Garrido, como por algunos sacerdotes como          más brutal a definirse a través del “chineo”? (Gonzalez
llo es el de la variable de género en la experiencia geno-
                                                                                    Beauvoir y Salvaire (Belza 1974; Copello 1944). La vio-     2011)
cida.
                                                                                    lación como arma de guerra en este tipo de conflictos ha
  Como afirman Florencia Roulet y M. Teresa Garrido,                                                                                              Otro subtema, traído a este debate por la intervención
                                                                                    sido descripta por numerosos autores (por ej Reid Cun-
los voceros como Alvaro Barros, Manuel Prado y otros                                                                                            de Walter Delrio y Ana Ramos, es el que considera la
                                                                                    ningham 2008).
proponían la “mezcla de razas” como solución para                                                                                               variable etaria de dos maneras: la focalización en las his-
la “absorción” de los indígenas (en el caso de Barros,                                 En cambio, en el mismo imaginario social los varones     torias de “niños apropiados” a través de las “narrativas
a quien podríamos sumar el de Manuel Cabral30; en el                                indígenas tenían vedada cualquier posibilidad de ma-        del regreso”, y la atención a la perspectiva infantil en el
caso de Prado, ni siquiera existe una propuesta política,                           trimonio con no indígenas. Esto, que ha sido verificado     registro de la violencia y las masacres masivas.
sino sólo una descripción de hechos que aun contra toda                             para otros escenarios genocidas31, tiene su correlato ac-
evidencia, nunca llega a inculpar al ejército), sin mencio-                         tual en las narrativas familiares de las clases favoreci-      Delrio y Ramos se proponen, explícitamente, explorar
nar el procedimiento por medio del cual se llegaba a esa                            das, que suelen sostener cierta (controlada) proporción     las posibilidades de abordaje de la huella de la experien-
“mezcla”.                                                                           de sangre indígena, a partir de “una tatarabuela” (jamás    cia infantil en la memoria colectiva. Sin embargo, aun
  Obviamente, se estaba hablando siempre de mujeres                                 un tatarabuelo).                                            cuando manifiestan que el objetivo de su comunicación
prisioneras a las que se convertía inmediatamente en pa-                              Por eso mismo, y en razón de que no parece haber una      no es exponer los “resultados” de esta línea de traba-
reja sexual de los soldados. El carácter utilitario de esta                         ruptura decisiva con los paradigmas de patriarcado y        jo, creo apropiado advertir que esa parte, tan necesa-
compañía es destacada por Prado, Ebelot y otros, quie-                              nacionalismo que dieron sentido tanto a las campañas        ria como ésta, ya ha sido volcada por ellos en forma de
nes consideran a las “mujeres de la tropa” en un insumo                             militares como al doble sometimiento por razones de         resultados parciales en diferentes reuniones científicas
indispensable para evitar su deserción.                                             género, me preguntaba en una ocasión anterior (Lenton       (por ej., Ramos 2010, Delrio 2011).



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En clave metodológica entonces, los autores observan                             to. De hecho, buena parte de los desarrollos metodológi-      narrativos que proponen, es precisamente a través del
que las llamadas “historias tristes” están construidas                              cos en antropología se han dirigido a este objetivo: cómo     develado de esta combinación de silencios (los deriva-
desde un presente que se representa en parte como su-                               informarnos de lo que no se nos está informando (Gu-          dos de la impunidad y los derivados del trauma) que
perador y en parte como continuidad de los “tiempos                                 ber 1991). Para ello, me gustaría agregar, existen tam-       se puede llegar a mensurar la magnitud del genocidio y
tristes” que se inician con el sometimiento, y que es im-                           bién líneas de exploración metodológica especialmente         especialmente de su continuidad, a través de su recrea-
prescindible develarlo para comprender los sentidos                                 preocupadas por la situación etnográfica que involucra        ción simbólica cada vez que alguien lo vuelve a relatar,
asignados al relato. Los autores observan también que                               niños (Szulc 2011), así como por las historias de vida que    con la carga de emotividad y la actualización del terror
estas narraciones tienen una limitación intrínseca, y es                            involucran recuerdos infantiles (Nash 1974), que sería        (Trinchero 2005) que comporta. La continuidad del ge-
que se cuentan “desde el regreso de aquellos que sí pu-                             interesante combinar con la metodología que nuestros          nocidio, como ya explicamos, se expresa también en la
dieron”, recortándose como un negativo, las historias                               autores están siguiendo. Sería interesante saber también      continuidad de ideas de comunalización, en las que la
que no pueden ser contadas porque pertenecen a quie-                                qué limitaciones entraña la perspectiva infantil para la      communitas es una derivación de la experiencia de la vio-
nes no pudieron regresar, es decir, los que, aun habien-                            memoria colectiva, en términos de recuerdo/olvido o de        lencia masiva. Estas “historias tristes” siguen funcionan-
do sobrevivido tal vez, no pudieron reintegrar su relato                            orientación temporoespacial.                                  do así, como “signos triples”, por lo que la emoción y la
al relato colectivo.                                                                   Por otro lado, Walter Delrio y Ana Ramos proponen          actualización de relaciones sociales son inescindibles de
                                                                                    un abordaje de tipo inductivo para reponer a través de        la transmisión de meros contenidos.
   Personalmente creo que esto no puede entenderse
como un defecto del enfoque o del recorte que propo-                                los elementos reiterados en diferentes relatos, una histo-      Por eso, creo que no es atinada la crítica de Diego Es-
nen Delrio y Ramos, sino que por el contrario es el re-                             ria de mayor generalidad que permita reconstruir, junto       colar, que parece deducir una flaqueza de estos “vacíos”.
conocimiento de características específicas del corpus                              con el evento, el no-evento, es decir aquello que el po-      “¿Cómo se llena el silencio y el llanto? Como no podía
elegido, que precisamente a través de su identificación                             der hegemónico silenció. Que no es lo mismo, ni por el        ser de otra manera, mediante la operación de interpre-
permite empezar a pensar caminos para su superación.                                proceso histórico que lo produjo, ni por la metodología       tación de los investigadores (…)”. Dado que precisa-
De la misma manera en que Pilar Pérez advierte sobre la                             adecuada para su revelado, ni por el impacto que su na-       mente la tarea del historiador, como la del antropólogo,
sujeción de la Historia a determinados materiales docu-                             rrativa provoca en los colectivos presentes, que los si-      es en gran parte la de completar esos claros, endémicos
mentales que atraviesan dificultades específicas para lle-                          lencios que las narraciones de las víctimas provocan, ya      no sólo en las memorias colectivas, sino también en los
gar al investigador, Delrio y Ramos desnudan las carac-                             sea por ausencia de relato o porque hay cosas que, por        documentos oficiales. De eso se trata nuestro trabajo:
terísticas propias del subgénero que han contribuido a                              la violencia simbólica que implican, (aún) no pueden          de editar, completar, revelar e interpretar, con nuestras
identificar y rescatar para el trabajo científico, alertando                        ser contadas. Haciendo una extrapolación grosera para         capacidades y sensibilidades diferentes y con mayor o
sobre cuestiones que deben ser tenidas en cuenta para                               mejor comprensión, creo que no puede ser igualmente           menor suerte, pero siempre conscientes de nuestra inter-
no sobreinterpretar algunos elementos en detrimento de                              valorado, no es lo mismo, el silencio de un sobreviviente     vención sobre la falsa transparencia del texto.
otros, pero que se compensan por la riqueza que prome-                              de la dictadura del 70 que no quiere contarle a sus hi-
                                                                                                                                                    Por último, Delrio y Ramos reclaman una perspecti-
te el enfoque.                                                                      jos cómo fue torturado (o el de un ex combatiente), que
                                                                                                                                                  va intercultural que amplíe y resuelva ciertas tensiones
                                                                                    el silencio de Videla o de Menéndez, o el de los diarios
  Para equilibrar esta dificultad –la ausencia de los rela-                                                                                       que las explicaciones unilaterales no pueden abordar.
                                                                                    cómplices.
tos perdidos-, los autores nos proponen varias opciones.                                                                                          Esta perspectiva implica dialogar con –no necesaria-
                                                                                      Traigo a colación esta reflexión sobre los silencios por-   mente adoptar- marcos de interpretación que pueden
   Por un lado, el perfeccionamiento de la técnica y la                             que creo que, si bien Delrio y Ramos no otorgaron tan-        ser ininteligibles desde nuestra propia mirada occiden-
sensibilidad etnográfica para poder extraer máximo sen-                             to espacio en su contribución a la “demostración” del         tal, racional, científica y dualista (por ej. el rol del nawel,
tido de la situación etnográfica en que se inserta el rela-                         genocidio en sí mismo como a pensar estos subgéneros          los mundos sobrenaturales). Y me gustaría agregar que


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tal vez, dentro de esos marcos de diversidad difíciles de                           considerar genocidio –o parte de un proceso genocida-          puede demostrar por su parte que la represión de las
transitar, está el papel del silencio, tan desprestigiado en                        a los acontecimientos que describe Diego. Es claro que         montoneras durante el siglo XIX conforman un geno-
nuestra cultura, pero que cumple funciones en la perfor-                            a través de esa multiplicidad de acontecimientos puede         cidio, y ese genocidio es también “constituyente”, será
mance del ngtram que no son directamente traducibles                                rastrearse un patrón de violencia que tiende a organi-         porque deja huellas perdurables en la constitución del
y que sólo pueden aprehenderse con trabajo de campo.                                zar la desaparición de ciertos grupos sociales y no otros.     cuerpo social, no porque se haya producido “antes”.
                                                                                    Pero por otra parte, no logro visualizar cómo los pro-            Otro punto a discutir es el de las posibles consecuen-
El genocidio en la (larga) historia nacional                                        blemas de sobresimplificación, teleologías, elusión de la      cias negativas que Escolar encuentra en crear “una re-
                                                                                    agencia, etc., que Escolar identifica en la aplicación de la   presentación cultural poderosa”, que termine recreando
   Diego Escolar se concentró, en sus dos presentaciones,                           categoría genocidio a pueblos indígenas, se evitarían al
en discutir el carácter “constitutivo” del “genocidio in-                                                                                          a los indígenas como homo sacer, es decir como aquellos
                                                                                    aplicarse a la población criolla / indígena identificada       que pueden ser matados sin alteración del orden social.
dígena”. Como resumen Roulet y Garrido, para quienes                                con los caudillos perseguidos.
“la cuestión que permanece abierta para el debate en                                                                                               Sobre esto, mi opinión es que debemos diferenciar los
estos trabajos es fundamentalmente terminológica: ¿se                                  Más importante, creo que hay un error de concepto en        hechos sociales de nuestra descripción de los mismos:
trata del “genocidio constitutivo” del Estado argentino –                           torno a la calidad de “constituyente”. Este calificativo (y    la narrativa del genocidio ya es una representación cul-
donde el énfasis estaría puesto en el concepto “constitu-                           no “constitutivo”, al menos en nuestras producciones)          tural poderosa, que nos excede y que forma parte del
tivo”- o de la culminación de un proceso de construcción                            parte de la clasificación de Daniel Feierstein de diferen-     sentido común argentino, con todas sus contradiccio-
de un orden político soberano iniciado con la imposición                            tes marcos genocidas (Feierstein 2000). El equipo con el       nes, como apuntaba Quijada (et al., 2000). Los indígenas
de la regla estatal nacional a las provincias del interior? ”                       que comenzamos a trabajar estos temas en la Universi-          por su parte ya han pasado por el lugar del homo sacer,
                                                                                    dad de Buenos Aires comenzó entonces a proponer hace           y como se ha dicho aquí varias veces, en cierta medida
   Si bien no quedan dudas de la validez de la investiga-                           unos años que el genocidio de los indígenas por las FF.        siguen habitando el estado de excepción que Agamben
ción documental realizada por Escolar (2007 y ss.), que                             AA. “argentinas” coincidía con la categoría de consti-         describió. De hecho, varios de nosotros (incluyendo a
demuestra la magnitud de la violencia desatada desde                                tuyente en el modelo de Feierstein. Esto implica reco-         Escolar) hemos postulado ya las relaciones entre estas
los lugares del poder político contra los que podríamos                             nocer que dicho genocidio coincidió y se co-construyó          categorías acuñadas por Agamben y los procesos histó-
llamar “dirigentes populares no digeribles por el mo-                               junto con el Estado nacional, y por ende, dicho estado,        ricos documentados. Con más o menos tecnicismos, hay
delo de república liberal deseada”, creo que es un error                            su normativa, sus instituciones, están modelados por los       infinidad de enunciadores indígenas y no indígenas que
oponer ambos corpus de violencia u ordenarlos en térmi-                             mismos procesos que dieron lugar al genocidio. Esto nos        en cualquier lugar del país pueden decirnos que el indio
nos de precedencia.                                                                 brinda marco de interpretación, también para la conti-         es “ciudadano de segunda” no sólo por sus condiciones
  Uno de los problemas derivados de este planteo es                                 nuidad de prácticas que causan la destrucción de modos         materiales de existencia sino porque su muerte o su en-
que, así como los que hablamos de genocidio para las                                de vida tradicionales, y reproducen los daños físicos y        fermedad no vale lo mismo que la de otros ciudadanos.
políticas desatadas en tiempos de la “Organización Na-                              sociales del genocidio, como en el ejemplo de la fami-            Lo que no queda claro es cómo la investigación y/o
cional” debemos lidiar con la crítica, desde algunos mo-                            lia Jofré, donde el modelo agrícola parece “completar”         la denuncia del genocidio, o más aún, la calificación del
delos teóricos, que sostiene que al no haber un estado                              en el cuerpo, no de cualquiera, sino de los mismos gru-        genocidio como constituyente, es lo que podría reinsti-
consolidado, no puede hablarse de genocidio, imagino                                pos afectados por las campañas roquistas, la empresa de        tuir a los indígenas como homo sacer. Si se puede anali-
que este problema se agrava al proyectarnos hacia un                                aquéllas.                                                      zar desde el absurdo, diríamos que durante las décadas
pasado más remoto. Habría que establecer cuál es la                                   Decíamos por lo tanto que el genocidio perpetrado            en que los investigadores sociales le dieron la espalda a
agencia responsable del genocidio en un momento de                                  por la Generación del ’80 es “constituyente” porque sus        esta temática estaban protegiendo a los indígenas. ¿Son
“guerra total” y múltiples usinas de violencia política.                            consecuencias nos siguen constituyendo hoy como so-            nuestras ideas sobre el genocidio lo que pone en riesgo
No digo que no sea interesante y adecuado el planteo de                             ciedad. No porque haya sido el “primero”. Si Escolar           a los indígenas? ¿Es su difusión? ¿El silencio es salud?

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A esta altura, creo que lo que nosotros como profesio-                                Por otra parte, creo que el temor de Escolar tiene más       que por el contrario todos los genocidios la contemplan
nales podemos aportarles a los indígenas / víctimas /                               que ver con visualizar “sólo indígenas” donde además           como posibilidad, y la ambigüedad de las relaciones en-
descendientes es documentación y algunos detalles de                                hay sujetos en múltiples roles (que es a lo que se refería     tre el grupo perseguido y el genocida ha sido descripta
marco interpretativo, pero no mucho más, a despecho                                 Tamagno y con lo que empezamos este trabajo), y con            por Primo Levi, por Hanna Arendt, por Pilar Calveiro,
de los opinólogos mediáticos que buscan descubrir, ante                             la posibilidad de realizar lecturas simplistas y lineales,     por Ana Longoni, entre otros. Creo que por el contra-
cada expresión política indígena, quién o quiénes son los                           poco complejas, de los datos, que con la categoría de ge-      rio es la simplificación de sentido común contenida en la
“blancos” que les inyectan ideas.                                                   nocidio.                                                       ecuación indios-víctimas-miseria eterna-despolitización
  Por otra parte, creo que también es errada la futuro-                                En la misma dirección, Julio Vezub advierte sobre los       la que nos puede mover a extrañamiento frente a la exis-
                                                                                    riesgos de preasignar grados de verosimilitud diferen-         tencia de situaciones diferentes.
logía de Diego, cuando imagina un interlocutor que le
dice al indígena que podrá “emanciparse” pero “a partir                             ciales a diferentes géneros o a diferentes discursos étnica      En esa clave, Vezub aporta una sistematización muy
de reconocer que los indígenas siempre fueron y serán                               y socialmente situados, así como el de reducir ciertos re-     interesante del debate público instalado en los medios
objeto de genocidio”. No creo que estemos en condicio-                              latos a su carácter de “verdad” perdiendo de vista otras       en los últimos meses. En su contribución queda eviden-
nes de adivinar genocidios a futuro. Más allá de esto,                              variables más ricas tal vez para el análisis que la cuestión   ciada la violencia simbólica que no se mezquina en di-
que creo exagerado, entiendo que la idea principal que                              de su verosimilitud. Por ejemplo, una línea de indaga-         chos ámbitos y que constituye tal vez su principal arma.
Escolar quiera transmitir es que existe un reduccionismo                            ción podría ser, dice Vezub, los colaboracionismos que
                                                                                    se silencian, y que podrían estar contribuyendo a las ten-        Para ir finalizando, estoy de acuerdo con Vezub y Es-
en el caso de ver “sólo” genocidio donde hay personas
                                                                                    siones y al trauma manifestado en las “historias tristes”      colar en la necesidad de ampliar el foco para hacer en-
y grupos con afiliaciones políticas, religiosas, experien-
                                                                                    descriptas por Delrio y Ramos. Estoy de acuerdo en que         trar algo más que pueblos originarios en el análisis de
cias históricas, etc., que los atraviesan más allá de los
                                                                                    la multiplicidad de estrategias disponibles (a veces no        los procesos de violencia estatal, y de analizar las con-
límites de lo “indígena”. Podemos acordar en que tal
                                                                                    tan múltiple), en momentos en que las salidas colectivas       tinuidades de los procesos represivos anteriores a las
perspectiva sería efectivamente un reduccionismo. Sin                                                                                              campañas, y no sólo las rupturas. Sin embargo, no con-
embargo, encuentro dos problemas: la primera pregun-                                e individuales no estaban nada claras, generó infinidad
                                                                                    de historias que a veces, no están disponibles para ser        cuerdo con los ejemplos elegidos: decididamente, los
ta, es a quién se refiere Diego, ya que al menos ninguno                                                                                           bautismos cristianos no son la continuidad del lakutun33
de los que estamos participando de este debate –como                                contadas. Sin embargo, mi impresión es que no es ése el
                                                                                    punto principal de la “tristeza” de las historias. En co-      y las prácticas militaristas de algunos grupos indígenas
muchos otros investigadores- hemos dejado de buscar                                                                                                tampoco son equiparables a la incorporación forzada al
permanentemente las complejidades de cada situación                                 munidades en que se explicita y se “trabaja” socialmente
                                                                                    un origen ambiguamente viciado por la concesión de lo-         ejército. Especialmente, por la resistencia que dentro de
histórica y social en que están insertos aquellos que tam-                                                                                         la sociedad “blanca” despertaba la última (Lenton 2005),
bién, además de todas las otras afiliaciones, son víctimas                          tes en premio por la contribución al ejército del ancestro
                                                                                    fundador (ver por ej. Lenton y Szulc 2011), las “historias     evidenciando la continuidad de la frontera a pesar de la
de genocidio. En mi caso particular, para no hablar por                                                                                            apropiación de los cuerpos.
otros, mi tema de investigación principal es la articula-                           tristes” siguen siendo las de las corridas, las separacio-
ción de la militancia indigenista con las otras militancias                         nes, la exacerbación de la violencia.
                                                                                                                                                     Como expresamos hace un tiempo, “en el caso de los
en organizaciones sociales, sindicales y políticas a partir                           No creo que los “indicios” sobre la prosperidad de los       pueblos indígenas se aprecia una serie de mecanismos
de 1960. Y ello no nos impide reconocer el carácter ge-                             ulmenche –que no es noticia nueva tampoco- o las redes         materiales que no pueden ser pensados como genocidas
nocida y constituyente de las acciones que llevaron en                              con la Liga Patriótica invaliden el carácter genocida de       pero sí producto de las relaciones instauradas a partir de
determinado momento de la historia a los grupos indí-                               las campañas militares. Es insostenible que “ningún ge-        prácticas genocidas, es decir, que determinadas formas
genas a configurarse de determinada manera32.                                       nocidio toleraría esta clase de negociaciones (…)”, ya         de accionar estatal, de institucionalizar su relación con



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los indígenas, de diagramar políticas ante estos pueblos,                               los sectores hegemónicos implementaran, las polí-           sólo las más conocidas por su alcance mediático,
y a su vez, los modos a los que estos recurren para re-                                 ticas neoliberales que permitieron nuevos momen-            sin olvidar el asesinato de Mártires López dirigente
clamar, negociar y luchar contra estas prácticas hege-                                  tos de acumulación de capital. A modo de ejemplo            qom de la Unión Campesina hace algo más de dos
mónicas son herederas de una práctica genocida, que                                     tenemos la represión a la lucha de las denominadas          meses; hechos señalados por Ottenheimer y otros
configura los espacios sociales a ser transitados por las                               “Ligas Agrarias” que en la década de 1970 tuvieron          (2011) y reafirmados por los integrantes del Panel
comunidades nativas” (Red 2010).                                                        epicentro en Roque Sáenz Peña, territorio ocupado           “Memorias, territorialidades y conflictos en el Cha-
                                                                                        mayoritariamente por indígenas y campesino indí-            co Argentino” Congreso Internacional de ASAEC,
   Los intercambios producidos en este debate dejaron al                                genas; donde —y tal vez no por casualidad— encon-           Córdoba, Argentina 8-11 de Noviembre del 2011. Al
descubierto, junto con la complejidad del tema en cues-                                 tramos hoy la Fundación Evangélica del Buen Pastor          cierre de este trabajo la muerte de Cristian Ferreyra
tión y del caudal de trabajo invertido hasta la fecha –a                                sede del principal centro de formación evangélica y         referente del Movimiento Campesino de Santiago
despecho de la fantasía de “ofuscamiento romántico”                                     el Instituto de Formación Superior CIFMA que co-            del Estero MOCASE enluta nuevamente el movi-
que propalan los negacionistas-, el malestar del traba-                                 menzó formando Auxiliares Docentes Aborígenes               miento campesino, como una muestra más del re-
jo intelectual ante las tensiones que atraviesan las cate-                              (1983) para luego crear (1995) la Carrera de Maestro        sultado de los agronegocios que conllevan: destruc-
gorías teóricas disponibles para el mismo. Será parte de                                Bilingüe Intercultural.                                     ción, muerte, deforestación, desolación, pobreza
nuestra agenda en adelante, la problematización y even-                             2	 Ver restitución de los restos de la niña ache llamada        para la mayoría, hambre y mayor dependencia.
tual propuesta de nuevos conceptos que presenten solu-                                  Krygi y renombrada Damiana. Secuestrada luego           5 	 Y, en efecto, las narrativas como las de “los tiempos
ciones a los problemas que aquí se manifestaron.                                        de que su familia fuera diezmada, traída a La Plata y       tristes” o de los “sufrimientos de los abuelos” tam-
                                                                                        entregada a la familia Korn en calidad de doméstica,        bién realizan preguntas y respuestas sobre el cam-
   También, “habrá que buscar el sentido del dictum ador-                               encerrada luego en Melchor Romero por supuestas             bio y la continuidad .
niano siempre por la idea central de construir una cultu-                               “comportamientos violentos”. Fue estudiada en el
ra en que las coordenadas que hicieron posible la abso-                                                                                         6	 Existe un corpus extenso de trabajos —y de muchos
                                                                                        Museo de La Plata donde se encuentran fotografías           años de investigación— más allá de la obra de di-
lutización del horror se tornen inexistentes o dejen de                                 de su cuerpo enteramente desnudo y sometido a
ocupar la centralidad. Lo que lleva a afirmar que no es                                                                                             fusión coordinada por Osvaldo Bayer a la que hace
                                                                                        mediciones antropométricas. El cráneo de Krygi que          referencia Vezub (“Historia de la crueldad argenti-
que no se pueda escribir después de Auschwitz sino que                                  fue separado del cuerpo para ser enviado a Alema-
hay que hacerlo desde otro horizonte cultural, ya que                                                                                               na”). Sobre la cual el autor se explaya en las supues-
                                                                                        nia para su estudio, aún no ha sido restituido.             tas implicancias de lo que ha sido en definitiva una
el anterior llevó, precisamente, a Auschwitz. Desde esta
                                                                                    3	 Entiendo que el análisis realizado por Marx en su            elección poética de Bayer con respecto al término
perspectiva lo primero es comprender (abrazar y penetrar
                                                                                        obra El Capital respecto del modus operandi del             “crueldad” incluido en el título de la compilación.
la lógica genocida) para luego volver a escribir”34.
                                                                                        capitalismo y su lógica de obtención de plusvalía a         Por cierto, los trabajos compilados son heterogé-
                                                                                        partir de la explotación de mano de obra no ha sido         neos: los hay de difusión, ensayos y de investigación
NOTAS:                                                                                  superado aún y coincido con los posteriores avances         en archivos y sobre la memoria social. En ninguno
1	   Fue la represión a los sectores sindicales, estudianti-                            de Maurice Godelier (1978) en el sentido de señalar         de ellos se retoma la idea de “crueldad” sino que se
     les, religiosos e intelectuales —que se opusieron al                               el modo en que la expansión de dicho modo de pro-           reflexiona sobre la necesidad de buscar otros marcos
     avance de los intereses del gran capital (ver carta de                             ducción ha influido e influye sobre las formas alter-       para pensar lo que sucedió en el complejo proceso
     Rodolfo Walsh a los representantes del Golpe Mili-                                 nas preexistentes.                                          de sometimiento e incorporación.
     tar de 1976) y a la sistemática retracción de las con-                         4 	 Ejemplo de ello son las represiones que se sucedie-     7	 Ya en la década de 2000, organizaciones indígenas
     quistas sociales obtenidas durante el gobierno pero-                               ron en el Chaco entre 1903 y 1947, así como las re-         en Chubut se manifestaron públicamente contra la
     nista (1945-1955)— lo que allanó el camino para que                                cientes de La Primavera y Sauzalito para nombrar            creación de un museo por parte de la multinacional

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Benetton, que mantenía y mantiene conflictos con                                      la política indígena en tanto política de representación   15	 Consejo Indio de Sud América con sede en Lima;
    distintas comunidades mapuche-tehuelche, denun-                                       y estrategias de participación y/o autonomización de las       Consejo Mundial de Pueblos Indios con sede en
    ciando la expropiación de la historia, la memoria y                                   organizaciones de militancia y/o colectivos de per-            Ottawa.
    la asimetría en el poder de fijación de sentido de la                                 tenencia de los pueblos originarios.
    historia. Parte de la prensa chubutense, tanto como                                                                                              16	 Las organizaciones indígenas norteamericanas sue-
                                                                                    11	   Por si sirve para consuelo, las organizaciones de mi-
    quienes financiaron el museo, identificaron a quie-                                                                                                  len presentarse como Native Peoples, aunque la ex-
                                                                                          litancia indígena (¡también difíciles de definir!) ex-
    nes se manifestaban como militantes —con intereses                                                                                                   presión más coincidente con “Pueblos Originarios”
                                                                                          presan a veces la misma dificultad para nombrar a
    de sector, en la tierra fundamentalmente— en con-                                                                                                    es la de “First Nations”. En algunos lugares de la
                                                                                          su contraparte sin apelar a categorías coloniales, a
    traposición con el discurso científico. Pero acaso ¿no                                                                                               Patagonia argentina está empezando a extenderse el
                                                                                          la vez que conscientemente integran esta discusión
    existía “militancia” en la defensa de los intereses de                                                                                               concepto de “Primeros Pobladores”, quizá más ade-
                                                                                          en la puja política. En un documental reciente de
    la multinacional terrateniente?                                                                                                                      cuado, aunque con dificultades en su aplicación.
                                                                                          factura mapuche (El grito del Lanin, producido por
8	 Aclaramos que entendemos que el no ser pasivos                                         el grupo Centro de Comunicación Mapuche Kona               17	 Ver Lazzari 1996; Roca 2008.
    no implica no haber sido víctimas. Si identificamos                                   Producciones, 2010), la militante Pety Piciñam ex-
    y acordamos que las prácticas estatales del contex-                                   presa ante un auditorio no-mapuche: “[Propone-             18	 Lazzari y Lenton 2000
    to de las campañas son pasibles de ser nombradas                                      mos] la construcción de un nuevo estado, que en el         19	 Es interesante la reflexión que Pilar Pérez introduce
    como genocidio o violencia estatal, deberíamos ad-                                    caso neuquino debe asumirse bicultural. Porque en              sobre la problemática metodológica derivada de la
    mitir que sí hubo víctimas. Es decir, reconocer la                                    esta provincia que hoy se llama Neuquén, hay dos               fijación de la Historia a un tipo de documentación
    dialéctica de una relación no implica negar la asime-                                 culturas: el pueblo mapuche y la sociedad que ha               que ha sido especial objeto de destrucción volun-
    tría de la misma.                                                                     llegado después. ¡Ustedes sabrán cómo denominar-               taria y/o fortuita. Muchas veces, el documento es
9	 Como sostiene Liliana Tamagno, de los “valores que                                     se! Nosotros decimos a veces “no mapuche”, kaxiface            objeto de políticas de ocultamiento que comparten
    se expresan en concepciones de vida, muerte, poder                                    en nuestro idioma: “gente de otro origen”. Pero lo             sus principios con las que llevan a la represión de
    y naturaleza que son alternas a la concepción in-                                     hacemos no por la negativa, sino porque realmen-               los cuerpos. Esto se complementa con la relación
    dividualista que guía la expansión del capital y el                                   te no sabemos cómo ustedes se quieren denominar,               de subordinación de otras metodologías, como la
    desarrollo tecnológico a su servicio”.                                                autoidentificarse. Esta es una tarea que ustedes tie-          historia oral, más capaz de recrear marcos alternati-
                                                                                          nen, una vez que puedan decidir qué quieren ser: si            vos, y casualmente subestimada frente a la historia
10	 Adoptamos el término política indigenista para refe-
                                                                                          quieren seguir siendo huincas, explotadores, usur-             “documentada” (por escrito). Sin embargo, parte de
    rirnos a toda política de Estado referida a los pueblos
                                                                                          padores, o quieren seguir un camino hacia la inter-            nuestra tarea como investigadores del genocidio es
    originarios, independientemente de su contenido
                                                                                          culturalidad (…) donde cada uno pueda cumplir su               la de insistir en la existencia y en la validez de la
    axiológico. En este sentido, por ejemplo, la política
                                                                                          función, pero no uno invadiendo al otro”.                      documentación pertinente, tanto escrita como oral.
    indigenista argentina abarca no sólo las últimas nor-
    mativas reconocedoras de derechos colectivos de                                 12	   Movimiento de Sacerdotes por el Tercer Mundo.
                                                                                                                                                     20	 Sin embargo, la caracterización de “etnocidio” para
    los pueblos originarios, sino también, por ejemplo,                             13	   Algunos documentos del MSTM citaban el Conve-
                                                                                                                                                         el caso de los niños recluidos en las escuelas cana-
    las históricas leyes N° 215/1867 y N° 947/1878 que                                    nio 107 de la OIT, ratificado durante la presidencia
                                                                                                                                                         dienses ha sido ya denunciada como negacionismo.
    autorizaron la llamada “Campaña del Desierto”. De                                     de Frondizi, que tiene por objeto las “poblaciones
                                                                                                                                                         Ver por ej. Churchill 2000.
    esta manera evitamos llamar política indígena a la po-                                indígenas, y otras poblaciones tribuales y semitri-
    lítica de Estado (pese a que suele ser el término uti-                                buales” (Lenton 2005).                                     21	 Un “crimen sin criminal” (Red de Investigadores en
    lizado por el discurso estatal), para diferenciarla de                          14	   Primer Congreso del CISA en Ollantaytambo, 1980.               Genocidio y Política Indígena 2008).


28 Corpus. Archivos virtuales de la alteridad americana, Vol. 1, N°2, 2do. semestre 2011, ISSN 1853-8037
22	 La década de 1880 y especialmente la de 1890 son                                     de Formosa, 29/11/2011, http://www.lamanana-onli-              encerrados, dejando poco espacio para la agencia
    abundantes en discusiones sobre las perspectivas                                     ne.com.ar/nota.php?id=11724                                    indígena que se puede percibir a través de estudios
    de supervivencia, por ejemplo, de las sociedades                                25	 Término que elegimos hace tiempo, justamente,                   más densos sobre la forma de funcionamiento de es-
    fueguinas. Si bien muchas de estas discusiones se                                    para eludir la pesada tarea de definir posiciones              tos campos (ver por ejemplo, el artículo de Nagy y
    producían por ejemplo en medio de debates parla-                                     muchas veces ambiguas (Lenton 2005).                           Papazian, en este volumen).
    mentarios sobre la libertad religiosa, el rol de pio-                           26	 De hecho, los genocidios mejor caracterizados, como         29	 En la zona centro neuquina donde realizo mi inves-
    neros y funcionarios, la distribución de los fondos                                  los producidos por los nazis, o el de Ruanda, se dan           tigación, suelen mencionarse Martín García o Chi-
    del estado en la región, etc., creo que puede hablarse                               en contextos donde se hace imposible pensar la otre-           chinales como puntos de partida. Pero en otros ca-
    de un tópico social en sí mismo, consistente en “la                                  dad en términos de aislamiento.                                sos, la memoria familiar sobre el confinamiento no
    extinción de los fueguinos” que, desde produccio-                               27 “Roca y los Mapuches”. Por Julio Rajneri. Viernes                conserva nombres de “campos” sino de cuarteles o
    nes literarias (Ramón Lista), de crónica periodística                                9/12/2011. http://www.rionegro.com.ar/diario/rn/nota.          regimientos donde el ancestro fuera “destinado”,
    (Roberto Payró, Eduardo Holmberg), de denuncia                                       aspx?idart=769983&idcat=10101&tipo=2                           sin que sea posible a veces diferenciar entre incor-
    comprometida (José L. Borrero, Ismael Viñas), o                                 28 	 “When we were near enough to see this [wide, ado-              poración al ejército o confinamiento en campos. Ver
    de observación estratégica (José Fagnano, Thomas                                     be] wall, I asked my guide if he knew what purpose             por ej., Lenton y Szulc 2011.
    Bridges) atravesaron el siglo posterior. Dentro de                                   it served, since other forts (…) had no palisades          30 Decía el Diputado Manuel Cabral: “Yo no quiero
    la clase política, algunos sectores avalaban abierta-                                (…). Luan’s indignation then burst forth. From his             mantener los pocos indios que hablan, por ejemplo,
    mente la idea de extinción como proceso inevitable,                                  hot torrent of words I was able to grasp that Puan             unos toba, otros chulupí; yo quiero que la escuela
    salvando el rol del estado en el proceso. Por citar                                  had been a concentration camp, like the one on the             argentina, la escuela nacional, vaya al centro de los
    un caso, el Senador Miguel Cané expresaba duran-                                     Naposta River. All the Indian who lived hereabouts             indios, de tal manera que los indiecitos se convier-
    te la discusión de la concesión de los terrenos de la                                –men, women and children- had been herded into                 tan en ciudadanos argentinos. Las misiones solas no
    Misión La Candelaria a los salesianos: “Yo no tengo                                  the enclosure like cattle in a corral, and were giv-           pueden, so pena de estar en contra de la religión,
    gran confianza en el porvenir de la raza fueguina.                                   en rations by the government. According to Luan,               sino mantener el 6º mandamiento. (...) Lo que debe-
    Creo que la dura ley que condena los organismos                                      somebody along the way kept most of the rations                mos es llevar gente que establezca el cruzamiento
    inferiores ha de cumplirse allí, como se cumple y se                                 for himself, and the population of Puan would cer-             con los indígenas para que se pierda por completo
    está cumpliendo en toda la superficie del globo; pero                                tainly have starved to death, had not the garrison             la raza primitiva. (...) Yo no sé qué le habrá dicho
    es el deber de las sociedades civilizadas, así como el                               commander tried to alleviate their lot by permitting           San Pedro a Irala cuando llegó al cielo, haciéndole
    médico a la cabecera del enfermo sin remedio, hacer                                  a few of the best hunters to go out during the day             cargos sobre sus siete consortes, pero es evidente y
    cuanto pueda por prolongar la existencia y aumen-                                    and bring back whatever they could catch with their            notorio que en los anales de la conquista del Río de
    tar el bienestar de esas razas desvalidas é indefen-                                 boleadoras and arrows” (Newbery 1953; cursivas                 la Plata, figura Irala como uno de sus más claros va-
    sas” (Diario de Sesiones del Senado de la Nación,                                    en el original). La descripción subsiguiente de este           rones. ¿Y qué hizo Irala? Lo mismo que debe hacer
    29/8/1899; Lenton 2005).                                                             campo no se asemeja ni a Martin García ni a Valche-            el Patronato de Indios, bajo una forma más ó menos
23	 Ver Ramos y Lenton 2009; Red de Investigadores                                       ta, excepto por las figuras de los pobladores encer-           culta” (Diario de Sesiones de la Cámara de Diputa-
    2008; Mapelman y Musante 2010.                                                       rados “como ganado” y la cuestión ubicua del robo              dos, sesión del 4/1/1900; Lenton 2005).
24	 Entre ellos, un ex Juez Federal de Formosa y Cama-                                   de víveres. El relato del “testigo” Newbery, como el       31	 Como afirma Mahmood Mamdani (2001), el matrimo-
    rista de Chaco, y ex miembros de la Fuerza Aérea                                     de John D. Evans sobre Valcheta (Delrio 2003; Del-             nio interétnico habilitado es siempre el de “hombre
    Argentina y de Gendarmería. En Diario La Mañana                                      rio et al. 2010), enfatiza la victimización total de los       de la casta superior” con “mujer de la casta inferior”.



29 Corpus. Archivos virtuales de la alteridad americana, Vol. 1, N°2, 2do. semestre 2011, ISSN 1853-8037
32	 Más aun, vengo observando que a pesar de que la                                    del Fuego; Instituto Salesiano de artes Gráficas, Bue-         estado-nación (1870-1943). Tesis Doctoral, Universidad
    historia de las comunidades indígenas está atrave-                                 nos Aires (Tomo 1).                                            de Buenos Aires, marzo de 2003 (m.s).
    sada por la represión, los secuestros, el exilio, de los                                                                                        Delrio, W. (2005). Memorias de expropiación. Sometimiento
    años 1970 al igual que en el resto del país, nuestra                            Bonfil Batalla, G. (1972) El concepto de indio en Amé-
                                                                                      rica: una categoría de la situación colonial, Anales de        e incorporación indígena en la Patagonia (1872-1943). Ber-
    experiencia en trabajo de campo indica que cuando                                                                                                nal: Editorial Universidad Nacional de Quilmes.
    los indígenas quieren destacar la tragedia, se refie-                             Antropología, México, 9: 105-124.
    ren a la de las campañas militares entre 1870 y 1950,                                                                                           Delrio, W. (2011). Genocide and Genealogies of Silence.
                                                                                    Bourdieu, P., Passeron, J. C. y Chamboredon, C. (1975).          The ¨Lost Children” in Mapuche and Tehuelche Me-
    por ser la que epitomiza su tragedia social y a la vez,
                                                                                      El oficio del sociólogo, México DF: Siglo XXI.                 mories. 9th Biennial Conference of the International As-
    como ya hemos dicho, la que a veces les da naci-
    miento en tanto comunidades. Es tambien lo que                                  Calveiro, P. (1998)-(2001). Poder y Desaparición. Los cam-       sociation of Genocide Scholars, Buenos Aires, 19 al 22 de
    configura su subjetividad, de tal manera que podría                              pos de concentración en Argentina. Buenos Aires: Coli-          julio.
    decirse que lo que los define como víctimas es lo                                hue.                                                           Delrio, W., Lenton, D., Musante, M., Nagy, M., Papazian,
    mismo que los define como indios. No pasa esto por                                                                                               A. y Pérez, p. (2010). Discussing the Indigenous Geno-
    ejemplo, con la tragedia de los 1970, independiente-                            Cardoso de Oliveira, R (1992 [1972]). Etnicidad y Estruc-        cide in Argentina: Past, Present and Consequences of
    mente de su gravedad y de las múltiples formas en                                tura Social. México DF: Ciesas.                                 Argentinean State Policies toward Native Peoples, Ge-
    que el ser indígena se posiciona ante ella.                                                                                                      nocide Studies and Prevention, 5 (2): 138-159.
                                                                                    Cardoso, F. E. y Faletto, E. (1970). Desarrollo y dependencia
33	 Primero, porque en el bautismo no está implicado
                                                                                     en América Latina. México: Siglo XXI.                          Escobar, A. (2003). Mundos y conocimientos de otro
    sólo un cambio de nombre, sino el ingreso a una
    estructura diferente. Se puede decir que el lakutun                                                                                               modo. El programa de investigación de modernidad/
                                                                                    Churchill, W. (2000). Forbidding the “G-Word”: Holo-              colonialidad latinoamericano. Tabula Rasa. Bogotá -
    implica abrir nuevas relaciones parentales, pero in-                             caust Denial as Judicial Doctrine in Canada. Other
    dudablemente no hay alianza ni horizontalidad en                                 Voices. The (e) Journal of Cultural Criticism. v.2, n.1        Escolar, D. (2007). Los Dones étnicos de la Nación. identida-
    el bautismo cristiano, que implicó la imposición de                              (February 2000), Univ. of Pensylvannia.                          des huarpe y modos de producción de soberanía estatal en
    miles de nombres con ocultamiento de la identidad                                                                                                 Argentina. Buenos Aires: Prometeo.
    anterior, y generalmente no como expresión de ad-                               Copello, S. (1944). Gestiones del Arzobispo Aneiros a fa-
                                                                                                                                                    Feierstein, D. (2000). Seis estudios sobre genocidio. Análi-
    miración mutua sino en el marco del sometimiento                                 vor de los indios hasta la conquista del desierto. Bue-
                                                                                                                                                      sis de las relaciones sociales: otredad, exclusión, exterminio.
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                                                                                                                                                      Buenos Aires: EUDEBA.
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  parativa das relações entre povos indígenas e Estados nos
                                                                                    Rodríguez, M. (2008). Camusu Aike: De la visibilización            Tamagno, L. (2006).  Interculturalidad. Una revision
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                                                                                                                                                         Nación y Diversidad. Territorios, identidad y federalismo
  tes de la justicia. Publicación audiovisual en formato                              tina. En David Poveda, Adela Franzé y María Isabel
                                                                                                                                                         (pp.63-71). Buenos Aires: Edhasa
  CD/DVD. ISBN: 978-987-25192-0-9.                                                    Jociles (coord.), Etnografías de la infancia: discursos, prác-
                                                                                      ticas y campos de acción. Madrid: Editorial La Catarata.         Tamagno, L. (2009). Saberes, ética y política. La restitu-
Red de Investigadores en Genocidio y Política Indíge-                                                                                                    ción de restos humanos en el Museo de La Plata. En:
  na (2010). Del silencio al ruido en la Historia. Prácticas                        Tamagno, L. (1986). Una comunidad toba en el Gran
                                                                                                                                                         Tamagno, L. (Org) Pueblos indígenas. Interculturalidad,
  genocidas y Pueblos Originarios en Argentina. III Se-                               Buenos Aires: su articulación social. Actas del II Con-
                                                                                                                                                         colonialidad, política. Buenos Aires: Biblos.
  minario Internacional Políticas de la Memoria “Recor-                               greso Argentino de Antropología Social, Buenos Aires.
  dando a Walter Benjamin: Justicia, Historia y Verdad.                                                                                                Tamagno, L. (2010). Pensando la nación. Cuestión indí-
                                                                                    Tamagno, L. (l991). La cuestión indígena en Argenti-                 gena, cuestión de clase y cuestión nacional”. En: Juan
  Escrituras de la Memoria”. Buenos Aires, 28, 29 y 30                                na y los censores de la indianidad. América Indígena,
  de octubre de 2010. Centro Cultural de la Memoria                                                                                                      Quintar y Carlos Gabetta (Compiladores) Pensar la
                                                                                      LI(l):123/152.                                                     Nación. Conferencias del Bicentenario. Buenos Aires: Le
  Haroldo Conti.
                                                                                    Tamagno, L. (1996). Legislación indígena, dificultades               Monde Diplomatique y Centro Cultural de la Coope-
Reid Cunningham, A. (2008) Rape as a Weapon of Geno-                                                                                                     ración.
                                                                                      para su reglamentación y aplicación: El caso de la Pcia.
  cide. Genocide Studies and Prevention International Jour-
                                                                                      de Buenos Aires. En: Varesse, Stefano (comp.) Pueblos            Trinchero, H. (2005). Estigmas del genocidio indígena en
  nal. 3 (3): 279-296.
                                                                                      indios soberanía y globalismo. Quito: Abya Yala.                   el cuerpo del Estado-nación, Espacios (32): 33-38.
Roa, L. O. de (1887). Exploración al interior de la Patagonia
  septentrional. Buenos Aires: Editorial de La Nación.                              Tamagno, L. (2001). ´Nam Qom Hueta’a Na Doqshi Lma’.               Trouillot, M. R. (2003). Global Transformations. Anthropo-
                                                                                      Los tobas en la casa del hombre blanco. Identidad, memoria         logy and the Modern World. New York: Palgrave Mac-
Roca, J. I. (2008). La construcción de la subjetividad in-                            y utopía”. La Plata: Editorial Al Margen.
  dígena en la disputa por las tierras de Emilio Mitre:                                                                                                  millan.
  Ranqueles, agentes estatales, medios de comunicación                              Tamagno, L. (2002). La historia del genocidio o una his-           Worsley, P. (1966). El tercer mundo. México DF: Siglo
  e intermediarios provinciales (1966-1972). III Jornadas                             toria de genocidios. Coloquio Historia y Memoria. Fa-             XXI.




32 Corpus. Archivos virtuales de la alteridad americana, Vol. 1, N°2, 2do. semestre 2011, ISSN 1853-8037
Replica a                                                                                                                     Liliana Tamagno*

                                                  Genocidio y políticas indigenistas:
                   Debate sobre la potencia explicativa de una categoría polémica
              Corpus. Archivos virtuales de la alteridad americana. Vol. 1, N°2, julio-diciembre 2011                                                                                      Carta al Editor

  El objetivo de este texto es retomar algunos ejes plan-                                poder existentes entre los grupos que se identifican como     riales de existencia que tenemos que acercarnos, logran-
teados en mis participaciones anteriores a la luz de las                                 diferentes, apelando a ciertos diacríticos y definiéndose     do verdades parciales (Schaff 1991) y no relativas; pues
producciones que conforman la sección y de la intere-                                    dialécticamente en la relación. Entiendo la política y el     si no, caemos en el relativismo absoluto que tanto ha
sante intervención final de Diana Lenton en su carácter                                  poder en términos foucaultianos, comprendiendo el po-         sido criticado en el contexto de la propia antropología.
de coordinadora del debate.                                                              der como algo que está presente en todas las relaciones       Para ello es necesario tratar de reconocer el mayor nú-
   Al referirse a los interrogantes por mí planteados                                    sociales y derivando en última instancia de las condicio-     mero de variables que actúan en los procesos analizados
respecto de la tensión entre los términos “pueblos in-                                   nes de producción en las que los individuos desarrollan       y cotejar y poner a prueba una y otra vez las interpreta-
dígenas” / “pueblos originarios” Lenton aclara que “la                                   su existencia, superando así toda interpretación formal       ciones que de esta tarea surjan. En tanto investigadores,
disputa sobre los etnónimos es dura, sensible y en al-                                   del poder limitado a lo jurídico y entendido desde la         nos movemos en un campo de disputa y nos vincula-
gunos casos crucial para la defensa de ciertas posicio-                                  concepción negativa del “tú no debes”. Es en este sen-        mos con procesos, por lo cual tenemos que tener bien
nes”. Agrego que esto se debe a que los etnónimos son el                                 tido que tengo la necesidad de señalar que lo que suce-       en claro que las “cosas” no comienzan cuando nosotros
producto del interjuego de poder, del poder entre quien                                  de en el campo indígena en la actualidad no puede ser         llegamos. Cuando utilizo el término dialéctico lo utilizo
nomina y quien es nominado. Es en ese contexto que                                       pensado solo en términos de diversidad cultural —lo           en el sentido de advertir respecto de las limitaciones de
me he permitido expresar mis inquietudes respecto de                                     que conduciría a interpretaciones esencialistas— sino         todo análisis dualista, algo que desarrollé en trabajos an-
la revitalización del término “pueblos originarios” en el                                que tiene que ser pensado también, y de modo no exclu-        teriores (Tamagno 2001) al trabajar sobre los planteos —
sentido de que parece distraer del reconocimiento de la                                  yente, en el marco de otro de los momentos particulares       desde mi punto de vista— solo aparentemente enfrenta-
relación entre etnicidad y desigualdad, entre etnicidad                                  de acumulación de capital que caracterizan al modo de         dos de Stefano Varese (1979 y Miguel Bartolomé (1979).
y clase social, por lo que la advertencia se dirige más al                               producción capitalista (en el caso del Gran Chaco, la ex-     Siguiendo este razonamiento, el lema “como indios nos
contenido del término y su uso, que al término en sí mis-                                pansión sojera).                                              dominaron, como indios nos liberaremos” no refiere, a
mo. Sólo comprendiendo la variable desigualdad y por                                        Ello conduce necesariamente a una explicitación sobre      mi entender, a un esencialismo, ya que el término indio,
lo tanto analizando la etnicidad en su articulación indi-                                el marco epistemológico con el cual desarrollo la tarea       en tanto etnónimo descalificador y racista, fue el término
soluble con la clase —en términos de Godelier y fuera                                    investigativa y que es el materialista dialéctico. Materia-   que se usó para justificar y legitimar la conquista y la
de todo mecanicismo— se superarán los esencialismos,                                     lista en el sentido de reconocer —en oposición al idealis-    expropiación.
dado que toda etnicidad es política pues es contrastiva y                                mo— que los objetos/sujetos de análisis existen mas allá        Es por ello que entiendo que el debate teórico debe
se gesta y reproduce en el contexto de las relaciones de                                 de que sean pensados y que es a esas condiciones mate-        tener como objetivo último la preocupación de encontrar


                                                                                                                                                       *Laboratorio de Investigaciones en Antropología Social LIAS
Corpus. Archivos virtuales de la alteridad americana, Vol. 2, N° 1, 1er semestre 2012,
ISSN 1853-8037, URL: http://ppct.caicyt.gov.ar/index.php/corpus
herramientas conceptuales que nos permitan acercarnos                                                       racismo cuando la mera “portación de cara” hace sospe-          Lo antedicho refuerza la idea planteada en la prime-
cada vez más a la comprensión del objeto investigado,                                                       choso al individuo y cuando al pensar en la inseguridad      ra versión de mi trabajo en este debate en el sentido de
evitando quedar entrampados en un inútil preciosismo                                                        se piensa inmediatamente en robos y hurtos de las pro-       la necesidad de pensar el genocidio en su relación con
teórico. Es importante también que los análisis no se rea-                                                  piedades privadas de los sectores medios y acomodados        el etnocidio y por lo tanto con el racismo, definido por
licen sólo a partir de narrativas, pues estas no son sino                                                   y no se piensa que también hay inseguridad en la vida        Eduardo Menéndez (1971) como la relación social im-
expresiones válidas —pero expresiones al fin— que se                                                        de todos aquellos que viven en condiciones de carencia y     puesta en el mundo a partir de la expansión colonial,
hacen realidad en situaciones que deben comprender-                                                         que son cotidianamente objeto de vejámenes y presiones       legitimadora de la gestación, desarrollo y consolidación
se tanto en términos coyunturales como estructurales                                                        clientelares por parte de los poderosos. Y es aquí don-      de las relaciones capitalistas de producción y los modos
(Braudel 1969). Advierto al mismo tiempo que las condi-                                                     de la etnicidad y la clase se visualizan como claramente     particulares de apropiación de la naturaleza y de explo-
ciones estructurales no se transforman con el mero reco-                                                    articuladas; algo que no solo planteé desde mi primer        tación humana que este conlleva.
nocimiento y/o las buenas intenciones, ni solo con cuer-                                                    artículo producido sobre la cuestión indígena (Tamagno          Hay racismo cuando la vida del otro no vale lo mis-
pos legales de avanzada, sino con políticas de estado que                                                   1986) sino que he continuado analizando a lo largo de mi     mo que la nuestra, cuando nos conmueve la miseria del
limiten fuertemente los intereses de los poderosos. De lo                                                   trayectoria de investigación.                                otro pero al mismo tiempo y contradictoriamente en-
contrario continuará la posibilidad del genocidio, pues                                                                                                                  tendemos que tenemos derecho a disfrutar de nuestros
las ansias de lucro y de acumulación del capital parecen                                                       Solo a modo de ejemplo y para confirmar la indiso-
                                                                                                            lubilidad de ambas categorías no excluyentes entre sí        privilegios de clase y los defendemos toda vez que se
ser infinitas, ya que ni tan siquiera las advertencias de                                                                                                                ven amenazados por las demandas de quienes menos
los foros internacionales —lease fundamentalmente Da-                                                       (Cardoso de Oliveira 1992), traigo a este debate el relato
                                                                                                            de un acontecimiento que conmocionó al Brasil. El 22 de      tienen. Somos portadores de racismo por pertenecer a
vos— producen efectos neutralizadores de las mismas.                                                                                                                     una sociedad dividida en clases, a una sociedad cuya
En este sentido es que entiendo que en el mundo que                                                         abril de 1997 la prensa brasilera denunciaba que Galdino
                                                                                                            Jesús dos Santos, referente indígena que había llegado a     estructura supone propiedad privada de los medios de
estamos analizando, la superación del racismo vendrá                                                                                                                     producción y al mismo tiempo expropiación de los bie-
de la mano de la transformación del modo de producción                                                      Brasilia junto con otros indígenas para demandar ante
                                                                                                            las autoridades, fue quemado vivo por jóvenes de fami-       nes que deberían ser comunes y competencia y acumu-
capitalista, de lo contrario reaparecerá y se reavivará en                                                                                                               lación sin medida y sin importar los costos. Solo cuando
cada momento de acumulación de capital y allí la antro-                                                     lias acomodadas que buscaban diversión luego de una
                                                                                                            noche de tragos y juerga, a la madrugada, mientras dor-      el dolor del otro nos duela como nuestro propio dolor
pología tendrá que atravesar “otros partos” en el sentido                                                                                                                y se nos haga realmente intolerable la desigualdad y la
de Godelier y otros ajustes conceptuales serán necesarios.                                                  mía en una parada de ómnibus. El legista Fabio Conder
                                                                                                            Comparato que estaba participando de un Seminario            explotación, iremos más allá de producir narrativas más
  En última instancia el objetivo final de toda produc-                                                     sobre Derechos Humanos, cuando fue entrevistado dijo         o menos criticas y prácticas más o menos impugnadoras
ción de conocimiento debe ser la gestación de un marco                                                      que el crimen de Brasilia era “un síntoma alarmante del      de las condiciones de existencia que criticamos.
referencial que vaya en el sentido de desentrañar el ma-                                                    desprecio que una parte de la sociedad brasilera mani-         El racismo fue el ideario justificador del genocidio so-
yor numero de variables presentes en las situaciones que                                                    fiesta en relación a los pobres… la explicación que los      bre el cual se fundó la república y el que aún continúa
nos preocupan —en este caso la violencia estatal contra                                                     jóvenes dieron es reveladora, no sabían que se trataba       respecto de los pueblos preexistentes, de los sectores
los sectores populares— contribuyendo así a la posibili-                                                    de un indio… en la cabeza de ellos un mendigo no es          campesino-indígenas y de los sectores populares. El ge-
dad de su transformación. Y digo “sectores populares”                                                       un ser humano… a esto ha contribuido no solo el am-          nocidio de los años 70 también está siendo pensado en
—aun reconociendo la vaguedad del término—, pues si                                                         biente general de violencia y desprecio por la miseria….     términos de los intereses de quienes organizaron la repre-
bien nos estamos refiriendo específicamente en este de-                                                     sino también una política económica liberal que rechaza      sión y el crimen institucionalizado, ya que fue necesario
bate a la cuestión indígena, la violencia estatal se expre-                                                 el principio fundamental de la solidaridad y cuyo único      matar, destruir, robar bienes y niños, torturar y desapa-
sa también en la criminalización de la pobreza, ya que                                                      interés es mantener una estabilidad monetaria y una re-      recer para aleccionar así a toda la sociedad respecto de
estos procedimientos acusan una cuota significativa de                                                      gularidad de las finanzas públicas”.                         lo que podría pasarle si se oponía al avance de un nuevo


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momento de acumulación de capital que implicaba en-                                                         mo dependiente, producto de las relaciones coloniales y        violencia y el racismo con que los modelos hegemónicos
trega de los recursos naturales y extranjerización de los                                                   neocoloniales.                                                 se impusieron y pretenden imponerse y esto se vincula
bienes del Estado. Allí estuvo también presente —pen-                                                                                                                      con algo que ya he planteado en trabajos anteriores res-
sando en términos estructurales— la cuestión de clase.                                                         Estas afirmaciones van a merecer de parte de algunos        pecto de la importancia de no reducirlos a su sola con-
Así la denuncia del horror, si bien necesaria, no es sufi-                                                  la crítica de haberme “quedado en los 60” o tal vez “en el     dición de víctimas, pues ese reduccionismo conlleva la
ciente, no es solo cuestión de “tomar conciencia”, pues                                                     45”, pero esta es mi posición generada en un sinnúmero         negación de toda posibilidad de transformar, desde su
no es solo transformando el ideario o la narrativa que lo                                                   de lecturas tanto académicas como políticas —si es que         lugar en la sociedad —y subordinaciones y clientelismos
expresa que se transformará la desigualdad que atravie-                                                     se pueden distinguir—, en el análisis y participación en       mediantes— el futuro de la misma.
sa nuestra sociedad —finalmente de eso se trata—. Lo                                                        las luchas de los años 60 y 70 y en el análisis propio de la
que debe transformarse son las condiciones materiales                                                       tarea de investigación de la cual se desprende este tex-
                                                                                                            to. Todo ello reconociendo estar inmersa en un mundo           Referencias bibliográficas:
de existencia y el modo de producción que la genera.
                                                                                                            signado por el capitalismo y experimentado desde una           Bartolomé, M. (1979). Conciencia étnica y autogestión
   Quiero aclarar que cuando me refiero a pensar en tér-                                                    cierta condición de clase y desde diferentes posiciones          indígena. En Indianidad y descolonización en América La-
minos de clases sociales, y porque el análisis que pro-                                                     de clase según los consecuentes exilios internos y exter-        tina. Documento de la Segunda Reunión de Barbados. Mé-
pongo no se agota de ninguna manera en las narrativas,                                                      nos experimentados entre 1975 y 1984.                            xico: Editorial Nueva Imagen.
lo hago independientemente de que los sujetos o colec-
tivos en los que estoy pensando utilicen la categoría cla-                                                                                                                 Braudel, F. (1969). La larga duración. En La historia y las
                                                                                                               Finalmente no acuerdo con el planteo de Escolar en
se social o se reconozca como clase; ya que en el caso                                                                                                                       Ciencias Sociales. Madrid: Alianza.
                                                                                                            el debate a que hago referencia, cuando la capacidad de
de la gente indígena con la que he trabajado y trabajo,                                                     agencia de las victimas le hace suponer que no hubo ge-        Cardoso de Oliveira, R. (1992). Etnicidad y estructura so-
ha sido la categoría “pobres” la utilizada por ellos. Al                                                    nocidio. Racismo, genocidio y capacidad de agencia no            cial. México: CEP
mismo tiempo el hecho de que en la década de 1970 no                                                        son excluyentes y es por eso que nos encontramos con           Menéndez, E. (1971). Racismo, colonialismo y violencia
fuera unánime el reconocimiento de la “cuestión de cla-                                                     un movimiento indígena —a nivel nacional e internacio-           científica. Revista Transformaciones 47. Buenos Aires:
se” y que hubiera un importante sector de la militancia                                                     nal— que más allá de las debilidades, tensiones y con-           Centro Editor de América Latina
que analizaba la coyuntura solo en términos de “cues-                                                       tradicciones que lo atraviesan se ha convertido en una         Schaff, A. (1992). Historia y verdad. México: Editorial Gri-
tión nacional” y de colonialismo, no invalida de ninguna                                                    impugnación clara a los avances del capital y por eso es         jalbo.
manera analizar dicha coyuntura en términos de clase                                                        controlado y reprimido ferozmente. Sus referentes acep-
en el sentido marxista, reconociendo una sociedad divi-                                                     tan, negocian, incorporan y hasta parecieran dejarse           Tamagno, L. (1991). La cuestión indígena en Argentina y
dida entre los que detentan la propiedad de los medios                                                      cooptar por el poderoso, en juegos que son el produc-            los censores de la indianidad. América Indígena. LI (1)
de producción y se arrogan el derecho de expropiar y los                                                    to de procesos complejos de aceptación/rechazo de los            123-152.
que sufriendo la imposición de los mecanismos de apro-                                                      modelos impuestos o de los que se pretenden imponer,           Varese, E. (1979). ¿Estrategia étnica o estrategia de clase?
piación/expropiación tienen solo para vender su fuerza                                                      algo que ya afirmamos hace más de 20 años (Tamagno               En Indianidad y descolonización en América Latina. Docu-
material de trabajo o sus capacidades intelectuales; así                                                    1991) intentando superar cualquier análisis dualista. La         mento de la Segunda Reunión de Barbados. México: Edito-
como también analizarla en términos de un capitalis-                                                        capacidad de agencia no excluye el reconocimiento de la          rial Nueva Imagen.




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Debate en la revista corpus sobre los pueblos indígenas

  • 1.
    DEBATE Introducción Diana Lenton* Genocidio y política indigenista: debates sobre la potencia explicativa de una categoría polémica Editor En 1884 el Presidente de la Nación Argentina, Julio A. Roca, anunciaba a la Asamblea Legislativa: “No cru- za un solo indio por las extensas pampas donde tenían sus asientos numerosas tribus...” (Diario de Sesiones Diana Lenton (presentadora y comentarista) del Congreso Nacional, sesión del 6/5/1884). Esta afirmación, por encima de su veracidad en términos fácticos y de sus presupuestos axiológicos, de- Autores y comentaristas (en orden alfabético) cantó en el sentido común ciudadano, hasta consolidarse como discurso de verdad tanto entre los apologis- Walter Delrio y Ana Ramos tas como entre los detractores de las campañas militares en particular, y del proceso de expansión estatal en general, sobre los territorios y los cuerpos indígenas. Diego Escolar Efectivamente, uno de los más clásicos tópicos del discurso que toma como objeto de referencia a los Pue- Pilar Pérez blos Originarios es aquel que habla de su acabamiento, concretado o próximo a realiz Este presup Florencia Roulet y María Teresa Garrido ha convivido durante más de un siglo, no sin tensiones, con otras líneas argumentativas que negaron tal ex- tinción, reunidas en torno a dos tendencias principales: una, que propugna la integración de los remanentes Verónica Seldes de las sociedades originarias a una pretendidamente desracializ sociedad nacional, aunque sin prob Liliana Tamagno matiz el proceso por el cual las otrora sociedades autónomas devinieron en “remanentes”, o sus miem Julio Esteban Vezub bros en “descendientes” a nivel individual. La otra, que por el contrario enfoca las llamadas Campañas al Desierto para ofrecer una visión inversa de sus resultados –por ejemplo, las teorías sobre el “paseo militar” sostenidas por el revisionismo histórico a mediados del siglo XX-, para deducir, aún desde la denuncia po- lítica, la inexistencia del exterminio, sin problematiz En los últimos años, y al calor de ciertas modificaciones tanto en el contexto de producción académica como en el contexto sociopolítico más amplio –entre ellas, la recuperación de la democracia y la dinámica intelectual que le siguió; las nuevas condiciones de participación de las organiz de militanc gena; y una nueva concepción de la relación entre actividad científica y compromiso social- ha comenz Corpus. Archivos virtuales de la alteridad americana, Vol. 1, N° 2, 2do. semestre 2011, ISSN 1853-8037, URL: http://ppct.caicyt.gov.ar/index.php/corpus *CONICET / Universidad de Buenos Aires. Correo electrónico: dlenton@filo.uba.ar.
  • 2.
    tomar fuerza ladiscusión en torno a la aplicabilidad del sidades Nacionales de La Plata, de Buenos Aires, de la • Descripción detallada de uno o más casos (presentes o concepto de genocidio en relación a las políticas nacio- Patagonia San Juan Bosco, de Río Negro y de Cuyo, y a históricos) que permitan dar carnadura a la discusión. nales, regionales y locales respecto de los Pueblos Origi- las Universidades de Lausanne y Externado de Colom- • Si está de acuerdo con la categorización de genocidio (o narios. La comparación con las políticas genocidas lle- bia. crimen de lesa humanidad, o…), ¿existe un marco tem- vadas adelante por la última dictadura militar, así como Las “renuncias” registradas –así como la llana falta de poral que limite la ocurrencia del genocidio (o crimen de con procesos desarrollados en otras partes del mundo respuesta a la invitación en algunos casos-, son índices lesa humanidad, o…)? ¿Cuándo empieza, y/o cuándo –Armenia, Ruanda, nazismo europeo- es un tópico recu- de la falta de acostumbramiento a esta forma de interlo- termina, en la historia argentina? rrente en este debate. cución. Varios invitados, a pesar de ser profesionales de • Relación con conceptos de trauma, víctimas, agencia. Cuando el Consejo Editorial de Corpus me invitó a peso en la temática, expresaron no sentirse lo suficiente- coordinar una discusión sobre el genocidio indígena 1 para mente seguros como para entrar en un debate calificado. • Posibilidades de reparación del genocidio (o crimen de la Sección Debates de su segundo número, imaginé que lesa humanidad, o…). Alcances y límites. A todos los potenciales autores, junto con la invitación la misma seguiría los carriles que suelen estructurar el a contribuir con un breve texto (aprox. 3.000 palabras), se • Implicancias políticas, cotidianas, prácticas y/o teó- debate en ámbitos públicos. Acostumbrada a terciar en les habían sugerido ciertos ejes orientadores que en prin- ricas de un eventual reconocimiento del genocidio (o discusiones que suelen darse en los medios de comuni- cipio, estaban orientados a debatir entre académicos de crimen de lesa humanidad, o…) por parte del Estado na- cación masiva frente a una audiencia no especializada posiciones opuestas, teniendo en cuenta especialmente cional o provinciales. y entre opinadores que –al menos en una de sus par- la presencia de profesionales del derecho implicados en • ¿El des-encubrimiento del genocidio (o crimen de lesa tes- suelen contribuir más al negacionismo llano que juicios por genocidio. humanidad, o…) debe necesariamente estar unido a su al esclarecimiento de ideas y procesos, pergeñé ejes de denuncia? discusión y diseñé estrategias de argumentación que fi- Dichos ejes eran: • ¿El des-encubrimiento del genocidio (o crimen de lesa nalmente, por el devenir del debate, resultaron innece- sarias. • ¿Cómo concibe el proceso histórico de expansión del humanidad, o…) y su eventual denuncia responde a Estado sobre los territorios y sociedades de los Pue- una demanda de las víctimas? ¿Puede también impli- Mi intención era generar un encuentro entre acadé- blos Originarios, en el período republicano? car violencia o revictimización? micos de diferente orientación teórica o epistémica, con • En relación a lo anterior, cómo evalúa la viabilidad / • ¿Dónde debería estar localizado el motor de la de- posición tomada y probada solvencia sobre el tema en aplicabilidad de la categoría genocidio a las políticas es- nuncia, la prueba, y el reconocimiento del genocidio (o cuestión, con quienes se pudiera alternar no sólo desde tatales republicanas argentinas en relación a los Pue- crimen de lesa humanidad, o…)? ¿En la Academia? ¿En la propia definición del genocidio sino desde su ocurren- blos Originarios? ¿De qué hablamos cuando hablamos los tribunales? ¿En las agencias estatales? ¿En las orga- cia –o no- en términos fácticos y descriptivos. Por ello, de genocidio de los pueblos originarios / indígenas / nizaciones representativas e instituciones de gobierno convocamos a varios historiadores, etnohistoriadores, sociedades americanas con presencia regional anterior de los Pueblos Originarios? ¿Existen posibilidades de historiadores del arte, politólogos, antropólogos socia- a la conquista? ¿Usted está de acuerdo con esta califi- articulación entre estos sectores? ¿Hay un código com- les, arqueólogos y abogados, de diferentes orientaciones cación? partido? ¿Hay expectativas compartidas? ¿Hay nego- teóricas, a fin de garantizar un piso de diversidad. ciaciones? ¿En qué consisten? • Razones de la elección del término en lugar de otras Inesperadamente, relativamente pocos aceptaron par- categorías jurídicas / sociales próximas, tales como La declinación a participar del debate por parte de ticipar del debate. Son ellas/os cuatro antropólogas/ masacre estatal o exterminio o crimen de lesa humanidad. la mayoría de los profesionales del derecho, y de todos os sociales, tres historiadoras/es, una arqueóloga y una O, si se prefiriera alguna de estas últimas, sustentar de aquellos científicos sociales que han sostenido pública- abogada, pertenecientes al CONICET y/o a las Univer- modo similar a lo planteado en el primer eje. mente teorías opuestas a las que algunos de nosotros he- 2 Corpus. Archivos virtuales de la alteridad americana, Vol. 1, N°2, 2do. semestre 2011, ISSN 1853-8037
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    mos difundido, sobrelos procesos históricos que aquí refritar textos pasados. Debo agradecerles a todos ellos Agradezco profundamente a Diego Escolar y a Julio se analizan, configuró un escenario en el que se dejó de por esto, más aun considerando el poco tiempo del que Vezub que me hayan considerado para esta grata tarea, discutir en los tonos habituales generados por el debate dispusieron. y especialmente a Claudia Salomón Tarquini, por su de- público, para convertirse en una indagación mucho más Una vez recibidos los textos de los participantes, pro- dicación a la tarea editorial. fina en las representaciones y discursos de autores que, cedimos a realizar la segunda etapa del ejercicio, regi- A continuación, se disponen los textos de la primera en casi todos los casos, ya hemos coincidido en congre- rando los mismos a todos los autores para posibilitar la ronda, seguidos por los de la segunda ronda (discusio- sos y encuentros temáticos. Esto le dio un tono particu- discusión propiamente dicha. Aun con diferencias en el nes y comentarios a los primeros), más el texto de cierre lar a un debate que, si perdió algunos elementos, segu- apego a las reglas del debate y en el estilo de discusión de la editora. ramente se enriqueció en otros. elegido, todos los autores contribuyeron con elementos Como ya registró Axel Lazzari para su propia expe- de primerísima calidad, que seguramente pondrán este riencia como coordinador del debate del primer número número de Corpus en un lugar importante en la biblio- de Corpus, muy pocos participantes se avinieron a los grafía temática. Notas ejes de discusión, prefiriendo organizar el relato según 1 En realidad, este sintagma con el que se popularizó sus propias tendencias argumentativas o estéticas. Sin Los textos han sido ordenados siguiendo cierto hilo esta discusión en los últimos años, es ambigua y de- embargo, como también lo expresara Axel, hay que re- argumentativo, aunque pueden leerse en realidad, en biera ser reemplazada por otros como “Genocidio conocer el esfuerzo y el compromiso de los autores, que cualquier orden, ya que de cada uno se desprenden múl- perpetrado por los estados coloniales o republicanos en todos los casos redactaron textos ad hoc, sin resumir ni tiples líneas asociativas. sobre poblaciones indígenas”. 3 Corpus. Archivos virtuales de la alteridad americana, Vol. 1, N°2, 2do. semestre 2011, ISSN 1853-8037
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    DEBATE Pueblos indígenas. Liliana Tamagno* Genocidio y política indigenista: debates sobre la potencia explicativa de una Racismo, genocidio y represión. categoría polémica Editor Introducción Antes de volcar las reflexiones que serán objeto de la discusión a que se nos convoca —y que entiendo Diana Lenton (presentadora y comentarista) como un interesante desafío— quiero expresar que atravieso un momento de particular sensibilidad per- sonal ante lo que podríamos llamar la visibilidad de la cuestión indígena hoy. Una visibilidad que no es Autores y comentaristas (en orden alfabético) ajena ni a la trayectoria de lucha del movimiento indígena en su conjunto ni a los espacios generados por Walter Delrio y Ana Ramos las políticas estatales y en particular por aplicación de la Ley 26.160, de la Resolución 4811, del Programa de Relevamiento Territorial y de la instrumentación del Consejo de Participación Indígena y que no está exenta Diego Escolar de violentas represiones. Pilar Pérez Observar la etnicidad como una expresión política de la identidad conlleva a comprender el campo in- Florencia Roulet y María Teresa Garrido dígena como un espacio de disputa en el que se conjugan —sin solución de continuidad— diversidad y Verónica Seldes desigualdad, etnicidad y clase, lógica de la acumulación y lógica de la reciprocidad (Bartolomé Miguel 1987; Joao Pacheco de Oliveira 1999; Tamagno 1986,1996, 2001, 2008). Es por ello que mi trayectoria de investiga- Liliana Tamagno ción sobre la cuestión indígena me insta a detenerme en el análisis de los alcances y los limites de una coyun- Julio Esteban Vezub tura particular que comienza finalizada la Dictadura Militar 1976-1983 y en la que reemergen planteos reali- zados en las décadas de 1960 y 1970, que vuelven a tener actualidad en el contexto de las aperturas políticas representadas por los gobiernos constitucionales de la región y sus respectivas articulaciones. Entiendo ade- más que los acontecimientos deben ser pensados inexorablemente en términos de “larga duración” (Braudel 1969) teniendo en cuenta no sólo las coyunturas en las que emergen, sino y al mismo tiempo las condiciones estructurales en las que éstas se gestan y desarrollan. Ello me habilita a traer a este espacio de reflexión y discusión parte del texto de la “Primera Declaración de Barbados por la liberación del indígena”, redactada por antropólogos entre los días 25 y 30 de enero de 1971, en el marco del Simposio sobre la Fricción Interétni- Corpus. Archivos virtuales de la alteridad americana, Vol. 1, N° 2, 2do. semestre 2011, ISSN 1853-8037, URL: http://ppct.caicyt.gov.ar/index.php/corpus *Laboratorio de Investigaciones en Antropología Social LIAS. Universidad Nacional de La Plata. Correo electrónico: letama5@yahoo.com.ar
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    ca en Américadel Sur”, luego de analizar los informes su propio destino. Ante esta situación, los Estados, las materiales para que las presencias y las demandas de presentados acerca de la situación de las poblaciones in- misiones religiosas y los científicos sociales, principal- los pueblos indígenas se expresen, contribuyendo a que dígenas/tribales de países del área. Esta declaración es mente los antropólogos, deben asumir las responsabili- la sociedad en su conjunto se sensibilice por una cues- uno de los momentos síntesis en que se interpreta y se dades ineludibles de acción inmediata para poner fin a tión largamente negada, silenciada, descalificada. Son evalúa la situación de los pueblos indígenas, al mismo esta agresión, contribuyendo de esta manera a propiciar ejemplo de ello la movilización generada por el proyecto tiempo que se realizan recomendaciones a los estados, a la liberación del indígena. de relevamiento territorial y por la puesta en acción del las misiones religiosas y a los antropólogos: En este sentido retomo la propuesta de la necesidad Consejo de participación indígena; la movilización que de un “dialogo con la academia” y un “dialogo con el hizo posible la multitudinaria Marcha Indígena del Bi- Los indígenas de América continúan sujetos a una centenario en el mes de Mayo del 2010 y la recepción de relación colonial de dominio que tuvo su origen en el campo” (Tamagno 2001). Aludiendo en el primer caso a un repensar crítico, no sólo de las prácticas académi- referentes indígenas en la Casa de Gobierno por parte momento de la conquista y que no se ha roto en el seno de la Presidenta de la Nación; el espacio particularmen- de las sociedades nacionales. Esta estructura colonial se cas sino de las narrativas con las que dichas prácticas se expresan textualmente; un pensar que se profundiza en te dedicado a lo indígena en la escenificación realizada manifiesta en el hecho de que los territorios ocupados por el Grupo Teatral Fuerza Bruta como corolario de los por indígenas se consideran y utilizan como tierras de un diálogo cotidiano, intenso y por momentos incluso silencioso, ya que como es sabido no todo puede plas- mismos festejos; así como también el espacio significati- nadie abiertas a la conquista y a la colonización. El do- vo que la temática indígena ocupa en la programación minio colonial sobre las poblaciones aborígenes forma marse en términos académicamente correctos cuando los sentimientos bullen y el dolor de los otros se convier- del Canal Encuentro del Ministerio de Educación de la parte de la situación de dependencia externa que guar- Nación; esto para nombrar los que entiendo como de da la generalidad de los países latinoamericanos frente te en nuestra desazón frente a violaciones de los dere- chos indígenas, que no deberían suceder en tiempos en mayor impacto en la sociedad argentina en los últimos a las metrópolis imperialistas. La estructura interna de años. nuestros países dependientes los lleva a actuar en forma que nos acercamos a cumplir 40 años de gobiernos cons- colonialista en su relación con las poblaciones indíge- titucionales y los términos “democracia” y “derechos Sin embargo y al mismo tiempo, no podemos dejar de nas, lo que coloca a las sociedades nacionales en la doble humanos” habitan los relatos que sostienen las políticas reconocer que esas mismas políticas han contribuido a calidad de explotados y explotadores. Esto genera una sociales en general y las políticas indigenista en parti- reproducir prácticas que habían sido, o estaban siendo, falsa imagen de las sociedades indígenas y de su pers- cular. En el segundo caso y valorando significativamen- repensadas y/o revisadas por las propias poblaciones pectiva histórica, así como una autoconciencia defor- te el espacio de reflexión/discusión para el que se nos indígenas en el marco de los procesos de transformación mada de la sociedad nacional. Esta situación se expre- convoca en esta oportunidad, aludo a pensar en térmi- y de las dinámicas socioculturales que los caracterizan y sa en agresiones reiteradas a las sociedades y culturas nos de diálogo con los referentes indígenas con los que que han dado lugar a múltiples respuestas organizativas aborígenes, tanto a través de acciones intervencionistas trabajamos y con las situaciones que se desarrollan en a lo largo de la relación con los otros conjuntos sociales supuestamente protectoras, como en los casos extremos el contexto de la observación participante/participación que conforman la Nación. Un ejemplo de ello son las de masacres y desplazamientos compulsivos, a los que objetivante (Bourdieu y otros 1975), en la necesidad de tensiones que genera al interior del campo indígena el no son ajenas las fuerzas armadas y otros órganos gu- analizar tanto los alcances y los límites de las políticas hecho de verse conminados a convertirse en “comuni- bernamentales. Las propias políticas indigenistas de indigenistas actuales, como los alcances y los límites de dades” y a designar un “cacique” y/o de tener que re- los gobiernos latinoamericanos se orientan hacia la des- nuestras propias narrativas al respecto. conocer o enfrentar liderazgos que, gestados al calor de trucción de las culturas aborígenes y se emplean para Cabe señalar, teniendo en cuenta el impacto de toda las pugnas político partidarias no representan los mo- la manipulación y el control de los grupos indígenas en legislación indígena (Tamagno 1996), que las políticas mentos más significativos de avances de las luchas indí- beneficio de la consolidación de las estructuras existen- indigenistas devenidas de la aplicación de los marcos genas; si es que por avance entendemos la búsqueda de tes. Postura que niega la posibilidad de que los indíge- legales antes citados han generado espacios de recono- autonomía y la consolidación de formas organizativas nas se liberen de la dominación colonialista y decidan cimiento y legitimación y han posibilitado condiciones guiadas por la lógica de lo colectivo comunitario. Lógica 2 Corpus. Archivos virtuales de la alteridad americana, Vol. 1, N°2, 2do. semestre 2011, ISSN 1853-8037
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    cuya significación hasido históricamente negada, subes- IV Congreso Argentino de Antropología Social que tuvo pública Argentina se refieren a sí mismos como “indios” timada o descalificada (Tamagno 2001; 2010) y que aun lugar en la ciudad de Olavarría en 1994. Para quienes se y enuncian como postulados fundamentales el respeto está vigente en ciertas prácticas y representaciones que utilizaban el término “pueblos originarios”, la cuestión por la persona y la personalidad cultural india, a su tie- ordenan la existencia de los pueblos indígenas a pesar indígena debía resolverse internamente, prevaleciendo rra como la tierra del indio, a la personería jurídica de las de las presiones en contrario de un mundo globalizado una postura que tenía mucho de esencialismo y que se comunidades indígenas, al libre empleo de los idiomas —la sociedad nacional no es ajena a ello— guiado por el expresaba en desdeñar toda reflexión conjunta con los indígenas; afirmando que son el “punto de mira que individualismo, la competencia, el lucro y el enriqueci- no indios o con los blancos. Pensar en términos de etnici- empleamos para apreciar la sinceridad de las intencio- miento de algunos pocos en desmedro de las enormes dad aparecía como excluyente de pensar en términos de nes de los que no son indios que se incorporen a nuestra carencias de muchos. clase; algo que hemos planteado no es más que una falsa tarea” (Grupo de Barbados 1979:73). Me pregunto cuál antinomia (Tamagno 2001; 2008) que pretende ocultar es la justeza y el rigor del término “originario”, cuando Acerca de la convocatoria. El surgimiento de la relación inescindible entre etnicidad y poder y entre en tanto seres humanos todos provenimos de un origen. etnicidad y economía. Me asombra y me inquieta la re- O es que sólo tienen origen los pueblos preexistentes a la una pregunta pentina reaparición del término “pueblos originarios” y conquista y la colonización? Si bien el objetivo de este texto es seguir el derrotero de su masificación en los medios de comunicación, sin que la guía de preguntas que se nos ha enviado me detendré haya llegado a mis oídos información respecto del deba- en el tratamiento del término “pueblos originarios” que Atendiendo a los tópicos de la convocatoria te que volvió a colocarlo en escena con tanta contunden- aparece ya en el título de las consideraciones mediante cia. Consultada una referente indígena participante de Concibo los procesos históricos de expansión del Esta- las cuales se nos convoca. Los que tenemos unos cuantos la Conferencias Regional y Ciudadana de las Américas do sobre los territorios y sobre las sociedades indígenas años en el tratamiento del campo de la cuestión sabemos —preparatorias de la Conferencia Mundial contra el Ra- en términos de Miguel Bartolomé (1987), cuando refie- de la casi unanimidad en el uso del término “pueblos in- cismo, la Discriminación Racial, la Xenofobia y las For- re al modo en que lo que los “estados de conquista” se dígenas” en nuestras producciones académicas. Basta re- mas Conexas de Intolerancia a realizarse en Durban, Sud continuaron con los que denomina “estados de expro- cordar la preferencia por el término “pueblos indígenas” África— que tuviera lugar en Chile en el 2000, donde al piación”, proceso que tuvo como razón de ser la expan- —compartido por las producciones de la mayoría de los parecer fue impuesto el término, informó que ni siquiera sión de las relaciones de producción impuestas desde pensadores latinomericanos que marcaron camino en el se dio tiempo a la discusión e interpretó que el objeti- Europa, en función de sus propias crisis y necesidades. tratamiento de la situación de las sociedades que pobla- vo era distraer respecto de la incorporación de la varia- En la concepción del conquistador el mundo se transfor- ban el continente con anterioridad a la conquista y colo- ble desigualdad en el tratamiento de la diversidad. En mó subjetivamente en uno y por lo tanto posible de ser nización— reemplazando al término “aborígenes” cuya este sentido se me aparece casi como una contradicción conquistado, decidiendo sobre él y sobre sus habitantes etimología remontaba a “sin origen” y al término “indio” pensar en términos de aniquilamiento, crímenes de lesa e imponiendo una relación fatídica de inferioridad/su- por connotar subestimación e inferioridad. También humanidad o genocidio y aceptar acríticamente el térmi- perioridad. Un mundo creado a imagen y semejanza del quiero recordar las discusiones, de profundo contenido no “pueblos originarios” que, al menos hasta donde sé, dominador y su ética (Worsley 1966; Said 1978). Un es- político (político en términos antropológicos y no políti- parece haber sido impuesto desde miradas e intereses tado nacional que se constituyo también sobre el geno- co partidarios, se entiende) y por lo tanto estratégico que hegemónicos que pretenden escamotear del análisis la cidio y el etnocidio (Tamagno 2002) y promovió la ocu- se dieron entre quienes proponían el término “pueblos variable desigualdad. pación del territorio, sobre el que impuso un régimen de indígenas” haciendo referencia tanto a la variable diver- propiedad privada para beneficio de determinados sec- sidad como a la variable desigualdad y quienes propo- Me pregunto qué quedó del lema “como indios nos tores, en nombre de la “civilización” y el “desarrollo”• nían el término “pueblos originarios” poniendo énfasis dominaron, como indios nos liberaremos”. Qué quedó en la diferencia, tal como quedara expresado en el panel de los planteos de la Segunda Reunión de Barbados en la Siguiendo esta línea argumental y en tanto, la consti- Etnicidad y Movimientos políticos en América latina del cual los representantes del Congreso Indígena de la Re- tución de nuestro país como República independiente, 3 Corpus. Archivos virtuales de la alteridad americana, Vol. 1, N°2, 2do. semestre 2011, ISSN 1853-8037
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    implicó un plansistemático de expropiación de los terri- que se presenta como inmutables. Un racismo que no Por lo tanto es falso circunscribir el etnocidio a lo ocu- torio ocupados por los pueblos indígenas —que fueron solo se expresa en odiar negros o judíos, sino que está rrido en el Siglo XIX en Argentina y en especial a lo ocu- diezmados, arrinconados, subestimados y abruptamen- presente en las descalificaciones que cotidianamente jus- rrido en la llamada Conquista del Desierto, ya que de te privados de continuar reproduciendo su existencia del tifican la explotación de unos por otros (Tamagno 2002) este modo quedan en el olvido y se desconocen hechos modo en que lo realizaban en momentos anteriores a la en los términos expresados en la Segunda Declaración ocurridos a lo largo de nuestra historia cercana, en que conquista— podemos afirmar que se produjo un geno- de Barbados. los pueblos indígenas se rebelaron para defender sus de- cidio. Cabe aclarar que el genocidio es reconocido como rechos y fueron violentamente reprimidos. Así lo confir- Respecto a las razones de elección del término geno- delito a partir de la Convención de las Naciones Unidas man en el Chaco Argentino las represiones a los movi- cidio/etnocidio en lugar de otras categorías jurídicas / para la prevención y la sanción del delito de genocidio mientos que ya a principio del siglo XX se organizaron sociales próximas, tales como masacre estatal o exterminio en 1948, por lo que los antropólogos nos referimos a et- para enfrentar las imposiciones del blanco y que aunque o crimen de lesa humanidad, habría que considerar —sobre nocidio, entendido como las acciones que dan lugar a interpretados en términos de milenarismos fueron ver- todo desde el punto de vista jurídico— los alcances y los la destrucción masiva de un grupo étnico, o a eliminar daderos momentos de rebelión que implicaron reflexio- límites de cada una de estas denominaciones. No soy cualquier aspecto fundamental de su cultura y organi- nes críticas sobre qué hacer y cómo seguir, tales como los especialista en cuestiones jurídicas por lo que entiendo zación, como sucedió en la expansión colonial caracteri- de Napalpi en 1933, Zapallar en 1935, Rincón Bomba en que no es pertinente en este caso opinar respecto de los zada por la ética del conquistador (Worsley) que conti- 1947 (Tamagno 2009). También se ocultan —más cerca- alcances y los limites de cada uno de los términos en par- nuó guiando el proceso de surgimiento y consolidación nas a nuestros días— las violaciones a los derechos hu- ticular y de su operatividad; aunque es de destacar que de la república con una mentalidad colonial (Quijano manos ante la ola de desalojos de población indígena y pensando en términos antropológicos y desde el punto 1987; Escobar 2003). El término genocidio fue utilizado campesino indígena que dieron lugar a la Ley 26.160; la de vista de que toda violencia estatal es reprobable y conjuntamente con el término racismo en la declaración imposibilidad de dicha norma jurídica de frenar los em- debe ser sancionada, estos términos podrían interpretar- de principios y objetivos del Congreso Indígena de la bates del interés privado (las amenazas para que desalo- se como sinónimos República Argentina que tuvo lugar en la Segunda Reu- jen, la usurpación violenta de territorio, la práctica cons- nión de Barbados (Grupo de Barbados 1978:74-75). Afirmamos que estamos frente a genocidio cuando las tante de corrimiento de alambrados); la represión de poblaciones indígenas son condenadas a vivir en total in- la Comunidad Qom de La Primavera, en Formosa que Es por ello que propongo pensar el genocidio en su digencia al ver abruptamente transformada su existencia tomó estado público a través de lo que se conoció como relación con el etnocidio y por lo tanto con el racismo, frente al avance de proyectos en cuya diagramación no “Acampe Qom” en pleno centro de la ciudad de Buenos definido por Eduardo Menéndez (1971) como la rela- participan y que les son ajenos, no sólo porque no tienen Aires; la muerte en condiciones sumamente confusas del ción social impuesta en el mundo a partir de la expan- en cuenta sus presencias, sino porque desconocen los referente Qom Mártires López con quien compartimos sión colonial, legitimadora de la gestación, desarrollo y valores que a pesar de todo aun las sustentan. Valores trabajo de campo y espacios académicos y por la cual se consolidación de las relaciones capitalistas de produc- que se expresan en concepciones de vida, muerte, poder está reclamando investigación y justicia; la violación a ción y los modos particulares de apropiación de la natu- y naturaleza que son alternas a la concepción individua- los derechos humanos sufrida por la población Wichi raleza y de explotación humana que éste conlleva. Un lista que guía la expansión del capital y el desarrollo tec- de Sauzalito, en la Provincia de Chaco; la ultima repre- racismo que trazó y traza en términos de Edward Said nológico a su servicio. Las muertes por desnutrición y sión en el Ingenio Ledesma; la desidia estatal frente a las (1978:315) fronteras reales entre los seres humanos entre por enfermedades que no tienen condiciones para tratar, traumáticas condiciones de existencia de las poblaciones los cuales se construyeron razas, naciones y civilizacio- los casos de suicidio étnico, el arrinconamiento, el des- Qom migrantes urbanas azotadas por la falta de trabajo nes, que forzaron a las poblaciones humanas a desviarse alojo y la represión cuando se rebelan y se juntan para digno y vivienda digna y convertidas en rehenes de toda de las realidades humanas plurales, obligándolas a fijar deliberar sobre su existencia, son y continúan siendo suerte de clientelismos y/o asistencialismos, que no sólo la atención para “abajo” y para “atrás” de los orígenes una constante en el cotidiano de los pueblos indígenas. no dan solución a dichas situaciones sino que atentan 4 Corpus. 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    contra lo colectivo/comunitarioy contra la lógica de la • Profundizar el análisis crítico respecto de la concep- jurídicamente y luego en la práctica y que por lo tanto reciprocidad (Tamagno 2010). ción hegemónica de explotación de la naturaleza y de es erróneo pensar a los pueblos indígenas como ais- Si pensamos en términos de Foucault cuando define la las poblaciones humanas (avance sojero, megamine- lados de la sociedad en su conjunto, ya que nunca lo política como la continuidad de la guerra por otros me- ría, megaturismo). estuvieron y tampoco lo están y su existencia como in- dios, podemos pensar en políticas de exterminio respec- • Profundizar la crítica a la lógica individualista y libe- tegrantes de la Nación es el producto de una relación to de la población indígena; políticas de exterminio que ral fundada en el lucro, la competencia y la acumula- compleja entre diversidad y desigualdad. continúan en tanto no se revierte el modo de producción ción (Sahlins 1977) • Reconocer, por lo tanto, la representatividad política a que los ha convertido en poblaciones totalmente empo- todos aquellos líderes originados en la organización y • Valorar las lógicas de la reciprocidad y las lógicas co- brecidas y abandonadas a las presiones de los clientelis- la lucha y que son en la actualidad referentes de colec- munitarias (Gordillo 1994; Tamagno 2010) presentes mos locales (Tamagno 2001). tivos históricos; no forzar representatividades ni pre- en las poblaciones indígenas o campesino/indígenas. Siguiendo la línea argumental que estoy desarrollando tender hacerlas compatibles con una democracia que y valorando las rebeliones como respuestas a las impo- • Eliminar el término “poblaciones vulnerables” pues en la actualidad tiene muy poco de representativa y siciones desde lo hegemónico, hemos propuesto pensar impide reconocer el potencial de estas poblaciones mucho de clientelar. la dinámica de las poblaciones indígenas en términos de para participar activamente en las tomas de decisio- complejos procesos de aceptación/rechazo del modelo nes que conduzcan a neutralizar dicho modelo de ex- Se trata entonces de pensar cómo superar todos los impuesto (Tamagno 1991). En este sentido destacamos plotación, superando todo “pensamiento único”. esencialismos y por lo tanto cómo narrar y tratar a los la necesidad de analizar las presencias actuales de los • Revisar y quebrar el estereotipo descalificador que pueblos indígenas en tanto constituyentes de la Nación pueblos indígenas como presencias activas, pues activos pesa sobre las poblaciones indígenas y las miradas Argentina y entendidos como categorías históricamente han sido a lo largo de la historia. En este sentido enten- esencialistas que nacidas del colonialismo y de los construidas, producto de procesos complejos de acep- demos que se debe ser sumamente cuidadoso para no preconceptos de Occidente en su impulso de describir tación rechazo de los modelos que se les impusieron y reducir a las poblaciones indígenas a su mera condición pero también de dominar, aún perduran y son fun- se les imponen. He acuñado el término “censores de la de víctimas. Es claro que son víctimas de una sociedad cionales a la reproducción de la desigualdad; ya que indianidad” (Tamagno 1991) para señalar a todos aque- altamente injusta y desigual y de constantes violaciones abonan relatos que bajo un presunto reconocimiento llos que se arrogan el derecho de decir quién es indígena a los derechos humanos, pero ello no excluye valorar y una presunta solidaridad, desdibujan y ocultan las y quién no lo es y propongo enriquecer este planteo con sus presencias a pesar de la violencia colonial, a pesar trayectorias de lucha de los pueblos indígenas presen- los aportes de Edward Said (2003) en el sentido de des- de la violencia estatal y a pesar de la violencia a la que tando su existencia a partir de imágenes bucólicas y tacar la operatividad y la funcionalidad del estereotipo están sometidos en el cotidiano de sus existencias. vinculados casi ingenuamente a la naturaleza más que “indígena” para justificar las actuales relaciones de des- a la sociedad y sus tensiones. Un relato que aunque re- igualdad. Qué hacer? presenta un avance respecto del silenciamiento de eta- En este sentido entendemos que un eventual recono- La reparación del genocidio debe ir más allá de la de- pas anteriores, impide comprender en toda su riqueza cimiento del genocidio por parte del Estado Nacional y nuncia ya que debe comprenderse como constitutivo de y dinámica las múltiples expresiones y las múltiples de los estados provinciales serían un paso significativo, las relaciones capitalistas de producción. De todos mo- formas organizativas que presentan los pueblos indí- pues la norma legal sienta las bases del reconocimiento dos y como toda construcción histórica es realizada por genas y que son el resultado de síntesis particulares de de la violencia sufrida, genera la posibilidad de forta- hombres y mujeres, puede deshacerse y rehacerse y por la historia compartida como ciudadanos de un país al lecimiento de las victimas a partir del reconocimiento lo tanto puede transformarse. Hay entonces acciones que conforman desde su gestación. estatal y por lo tanto del reconocimiento social y torna que pueden emprenderse en el sentido de la reparación • Reconocer que son ciudadanos de un país que durante legitimo demandar y exigir, sin estar sujetos a represión histórica que los pueblos indígenas demandan. décadas les negó la categoría de ciudadanos, primero y violencia. Sin embargo ello no es suficiente si no se 5 Corpus. 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    transforma el modode producción –léase capitalismo— Referencias bibliográficas Tamagno, L. (1986). Una comunidad toba en el Gran que dio lugar al genocidio. Buenos Aires: su articulación social. Actas del II Con- Bartolomé, M. (1987). Afirmación estatal y negación na- greso Argentino de Antropología Social, Buenos Aires. Al mismo tiempo es de esperar que en el contexto ac- cional. El caso de las minorías nacionales en América tual de mayor visibilidad y reconocimiento, el análisis Latina. Suplemento antropológico,vol. XXII Nr. 2. Tamagno, L. (l99l). La cuestión indígena en Argentina y interdisciplinar contribuya a construir un relato que se los censores de la indianidad. América Indígena, Vol LI acerque a la verdad en términos de reconocimiento de Bourdieu, P., Passeron, J. C. y Chamboredon, C. (1975). Nr.l Ene/Marzo l99l, 123/152. los pueblos indígenas, sus presencias y demandas; un El oficio del sociólogo, México DF: Siglo XXI. Tamagno, L. (1996). Legislación indígena, dificultades relato que profundice en los condicionamientos del ra- Braudel, F. (1969). La historia de las ciencias sociales. Ma- para su reglamentación y aplicación: El caso de la Pcia. cismo y la colonialidad; un relato que supere la denun- drid: Alianza. de Buenos Aires. En: Varesse, Stefano (comp.) Pueblos cia puntual y que exceda el tratamiento meramente ju- indios soberanía y globalismo. Quito: Abya Yala. rídico de los hechos de racismo, etnocidio y genocidio. Escobar, A. (2003). Mundos y conocimientos de otro modo. El programa de investigación de modernidad/ Tamagno, L. (2001). ´Nam Qom Hueta’a Na Doqshi Lma’. Retomando la posición de superar victimizaciones colonialidad latinoamericano. Tabula Rasa. Bogotá - Los tobas en la casa del hombre blanco. Identidad, memoria y/o revictimizaciones, no creo necesario exponer a las y utopía. La Plata: Editorial Al Margen. víctimas al relato público de las vejaciones sufridas. Me Gordillo, G. (1994). La presión de los más pobres: reci- atrevo a decir que todos y cada unos de los antropólogos procidad, diferenciación social y conflicto entre los to- Tamagno, L. (2002). La historia del genocidio o una his- que hemos trabajado largamente con población indíge- bas del Oeste de Formosa. Cuadernos. Instituto Latinoa- toria de genocidios. Coloquio Historia y Memoria. Fa- na hemos sido testigos o hemos escuchado relatos de in- mericano de Antropología y Pensamiento latinoamericano. cultad de Humanidades y ciencias de la educación númeras situaciones de violación de los derechos de los UNLP. Editado en CD Grupo de Barbados (1979). Indianidad y descolonización pueblos indígenas. En ese sentido las demandas de los Tamagno, L. (2008). Diversidad/desigualdad en el es- en América Latina. Documentos de la Segunda Reunión pueblos indígenas, las denuncias por ellos realizadas y pacio nacional. Negación-Ocultamiento-Racismo-Vio- de Barbados.México: Editorial Nueva Imagen. su articulación con el saber antropológico, habilitan a los lencia. En José Nun y Alejandro Grimson (Comps.) gobiernos a reconocer que la traumática transformación Menéndez, E. (1991). Definiciones, indefiniciones y pe- Nación y Diversidad. Territorios, identidad y federalismo de las condiciones materiales de existencia, el aniquila- queños saberes. Alteridades, N°1, 21 - 32. (pp.63-71). Buenos Aires: Edhasa miento, la expropiación de los territorios que libremente Tamagno, L. (2009). Religión y procesos de movilidad Pacheco de Oliveira, J. (Org.) (1999). A viagem da volta. ocupaban, el arrinconamiento y la sujeción a mano de étnica. La Iglesia Evangélica Unida, expresión socio- Etnicidade, política e reelaboração cultural no nordeste in- obra casi esclava, en pos de la imposición de un “mo- cultural del pueblo toba en Argentina. Iztapalapa Nr. dígena. Rio de Janeiro Brasil: Contra Capa. delo civilizatorio”, es etnocidio e implica racismo. Los 62 Año 28 Pp. 69-99. antropólogos —muchos de nosotros trabajadores del Quijano, A. (1987). Modernidad, identidad y utopía en estado, en tanto pertenecientes a universidades y cen- América Latina. En: CLACSO 20 AÑOS Imágenes desco- Tamagno, L. (2010). Pensando la nación. Cuestión indí- tros de investigación estatales— podemos aportar a este nocidas. La modernidad en la encrucijada postmoderna gena, cuestión de clase y cuestión nacional. En: Juan reconocimiento y junto con los referentes indígenas ser Quintar y Carlos Gabetta (Compiladores) Pensar la Said, E. (2010 [1978]). Orientalismo. O Oriente como in- Nación. Conferencias del Bicentenario. Buenos Aires: Le tenidos en cuenta por el estado a los fines de avanzar en vençao do Occidente. Sao Paulo: Companhia de Bolso. Monde Diplomatique y Centro Cultural de la Coope- la materia. Sahlins, M. (1977). Economía de la Edad de Piedra. Madrid: ración. 20 de septiembre de 2011. Akal. Worsley, P. (1966). El tercer mundo. México DF: Siglo XXI. 6 Corpus. Archivos virtuales de la alteridad americana, Vol. 1, N°2, 2do. semestre 2011, ISSN 1853-8037
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    DEBATE Arqueología y ¿genocidio cultural? Verónica Seldes* Genocidio y política indigenista: debates sobre la potencia explicativa de una categoría polémica Editor El Estado Nación Argentino se conformó a partir de la construcción de un modelo de unidad territorial, acompañado de un proceso civilizatorio con fuertes componentes de racismo, la institucionalizacion de un Diana Lenton (presentadora y comentarista) estado monoétnico y una supuesta “homogeneidad cultural” en su interior (Bechis 1992). En este proceso, el estado se constituyó invisibilizando al “otro interno” desde una praxis y un discurso naturalizador y le- Autores y comentaristas (en orden alfabético) gitimador de un proyecto de país que subsumió su diversidad cultural bajo el discurso del “ser argentino” (Delrio et al 2010). Walter Delrio y Ana Ramos Considerando que la ciencia construye discursos hegemónicos que responden a sus contextos sociopolí- Diego Escolar ticos de producción, y que esto tiene consecuencias tanto sociales como políticas (Endere y Curtoni 2006), Pilar Pérez en este trabajo nos centraremos en los discursos que produjo la arqueología en sus inicios y en cuánto con- Florencia Roulet y María Teresa Garrido tribuyó con esto a legitimar y naturalizar una historia que podríamos denominar de “genocidio cultural”.1 En este sentido, resulta interesante el ejercicio de deconstruir los discursos hegemónicos de la ciencia rea- Verónica Seldes lizando una genealogía de su papel en la legitimación de un determinado proyecto de estado, a la vez que Liliana Tamagno una reflexión sobre la práctica arqueológica tanto en el pasado como en la actualidad. Julio Esteban Vezub Siglo XX, ¿cambalache? El objetivo de la arqueología de principios del siglo pasado consistía en la identificación y clasificación de los pueblos prehispánicos que habitaron el territorio argentino. La arqueología de esta época clasificó a las culturas prehispánicas otorgándoles límites territoriales precisos. Estas supuestas fronteras culturales y te- rritoriales no tenían asidero en lo que los restos arqueológicos evidenciaban, tratándose de fronteras “inven- tadas”; sin embargo, se sostuvieron por mucho tiempo en las publicaciones científicas (Delfino y Rodriguez 1991, Zaburlin 2009). Corpus. Archivos virtuales de la alteridad americana, Vol. 1, N° 2, 2do. semestre 2011, ISSN 1853-8037, URL: http://ppct.caicyt.gov.ar/index.php/corpus *CONICET – Instituto Nacional de Pensamiento Latinoamericano (INAPL). Correo electrónico: vseldes@gmail.com
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    Casualmente estas fronterasarqueológicas coincidían cenizas milenarias de un pueblo muerto exhumaron las nera acrítica, delimitando territorios y cortando los lazos con las fronteras políticas de nuestro país (al menos en el culturas aborígenes dando eco al silencio”. históricos entre pasado y presente. Noroeste Argentino). Esto implicaba unos límites para … En la medida en que el olvido de la propia historia, y nuestro estado – nación casi inmemoriales, naturalizan- de los significados de los rasgos de la cultura tradicional do una frontera política que lejos estaba de representar Luego de tomarnos un momento otorgando un espa- cio a ese “eco del silencio”, aquí nos interesa reflexionar que sobreviven, cancela la posibilidad de reconocerse una frontera histórica y mucho menos cultural (Zabur- como sujetos creadores y transmisores de aquellos sig- lin 2009). si con este tipo de práctica profesional no se ha colabo- rado a ese proceso que hemos denominado “genocidio nificados, es decir mutila las subjetividades, las acciones De esta manera la ciencia, que no estuvo desvinculada cultural”, mediante la negación, en este caso, del víncu- que promueven ese olvido constituyen genocidio. a lo largo de su historia de su contexto de producción, lo histórico entre los antiguos habitantes y los actuales: de alguna manera avaló con su práctica un proyecto po- unas prácticas culturales “muertas”, “perdidas”; un pa- Patrimonialización….¿De que? ¿Para quién? lítico de época que necesitaba establecer límites territo- sado lejano del cual, para los arqueólogos de la época, no La ciencia hoy riales precisos para su reciente estado - nación (Trinche- quedaban más que sus restos materiales. ro 2000). La Quebrada de Humahuaca fue el centro de la esce- na a partir de la declaratoria por parte de la UNESCO Doble juego como “Patrimonio Cultural de la Humanidad” en julio Ecos del silencio del 2003. En este punto podemos retomar las reflexiones de Za- Bien viene traer a colación la “exótica” construcción burlin (2009), quien refiere a la relación entre este tipo No puede desconocerse que esto fue producto, en par- de una pirámide en la cima del Pucará de Tilcara (Que- de práctica arqueológica y el proyecto político del pe- te, de la voluntad política del estado de impulsar el desa- brada de Humahuaca, Jujuy), monumento “emblemá- ríodo. De acuerdo a la autora, es posible hablar de un rrollo turístico de la región (Cruz y Seldes 2005). tico” erigido en 1935. ¿Emblemático de qué? Probable- doble juego perverso en el cual la arqueología promovía mente de la forma de pensar la arqueología de esa época Prometedor discurso sobre el turismo como genera- una historia ficticia acerca de los límites del territorio del (Belli et al 2005). dor de mayor bienestar para la población. Sin embargo, norte argentino (por su identificación una cultura = un no debemos dejar de reflexionar sobre las condiciones Hay varias cuestiones interesantes para resaltar res- territorio) que justificaban por lo tanto esos límites na- en las que se elaboró y presentó el proyecto frente a la pecto a la famosa “pirámide del pucarà”, punto casi cionales y, por otro lado, les negaba la historicidad a los UNESCO. Si bien se realizaron talleres con la población obligado para el turismo. Una de ellas es que esta forma pueblos originarios contemporáneos porque lo que los local y se adjuntaron a la propuesta declaratoria los do- constructiva no representa ningún aspecto de la arqui- “científicos” estudiaban, eran “culturas muertas”. cumentos surgidos de esos encuentros, las perspecti- tectura local; por otra parte, se diseñó destruyendo las Son estos algunos ejemplos que hemos elegido para vas de las comunidades originarias no fueron tenida en construcciones originales y colocando un monumento dar cuenta de qué manera la ciencia, en este caso el dis- cuenta (Belli et al 2005). Aquello a ser patrimonializa- “importado” sobre lo que fue uno de los lugares cen- curso arqueológico, contribuyó de alguna manera a in- do se decidió en instancias donde el actor local no pudo trales del asentamiento (Zaburlin 2009). Sobre todo, ha- visibilizar la historia de las poblaciones locales quitán- participar. Sus intereses, sus propias representaciones biendo demolido las construcciones originales, se cons- doles su historia, porque a un “pueblo muerto” no se le quedaron excluidas. Así, la población asistió a lo que truyó en homenaje a los arqueólogos que allí trabajaron, busca la continuidad. Machaca denomina “la folklorización de representacio- poniendo en perspectiva central a los arqueólogos e in- Esto es, la arqueología de principios del siglo pasado nes del indio para su venta” (Machaca 2007). visibilizando de esta manera la arquitectura prehispáni- ca. Pero aún mas interesante resulta la placa colocada en terminó reproduciendo y reforzando el modelo civiliza- No sólo esto, sino que, a casi diez años de la decla- el frente de la pirámide cuya leyenda dice: “De entre las torio a través de la realización de clasificaciones de ma- ratoria, es cierto que hubo grandes efectos económicos 2 Corpus. Archivos virtuales de la alteridad americana, Vol. 1, N°2, 2do. semestre 2011, ISSN 1853-8037
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    sobre la región.El problema es que no queda claro hasta cialice ni naturalice lo que es resultado de determinados ria, con un fuerte apoyo del estado municipal (Dirección qué punto esto constituye un beneficio para la pobla- procesos políticos (Trinchero 2000). La “construcción de de Derechos Humanos de la Municipalidad de Morón), ción local. El aumento del turismo es innegable, la reva- la argentinidad” es un ejemplo. La “patrimonialización permitió por un lado que se acercaran ex detenidos a lorización del valor de la tierra también. Sólo que ahora de una región” ¿podría ser otro?. dar su testimonio, otros a consultar sobre su probable la misma se ha convertido en un recurso inaccesible: su Frente al reciente redescubrimiento de la arqueología detención en el lugar, así como referencias de vecinos valor se ha incrementado de tal manera que los compra- por parte de la comunidad en general y del lugar que acerca del funcionamiento de Mansión Seré como cen- dores ¿casualmente? son inversores no locales que cons- ahora se le otorga para acompañar el proceso de patri- tro de detención. Al mismo tiempo las excavaciones han truyen costosos hoteles para albergar al nuevo tipo de monialización de la región, el arqueólogo debería po- permitido recuperar los cimientos de la casona y su só- turista atraído por ver ese “paisaje de la humanidad”. sicionarse desde un lugar crítico frente a los discursos tano y en conjunto con las declaraciones de los deteni- triunfalistas acerca de los “beneficios” que este proceso dos, rearmar el plano de la casa y la funcionalidad de los Esta reinserción de la región en renovados circuitos tiene para la población local. Beneficios que no vaya a espacios mientras funcionaba como centro de detención de producción y consumo, de propuestas de desarrollo ser que impliquen una nueva forma de encubrimiento (Di Vruno y Seldes 2005, Di Vruno et al 2006). económico provenientes de sectores hegemónicos (Belli et al 2005), implica, es cierto, una revalorización de su de la diversidad cultural. ¿Pero cuantos trabajos arqueológicos hacen referencia historia. Lo que antes era invisibilizado ahora aparece a los procesos de genocidio de los pueblos originarios? con un status especial, ahora tiene valor. “Hay que po- Veinte años no es nada En este momento en el cual se están generando inte- nerlo en valor”, se escucha recurrentemente, incluyendo resantes procesos, donde por un lado las organizaciones En los últimos veinte años la arqueología ha comen- propuestas arqueológicas de “puesta en valor del patri- indígenas reclaman su reconocimiento como actores so- zado a cuestionar esa forma “tradicional” de ejercer su monio”. ciales, reclamando sobre derechos territoriales y reivin- práctica, alejada del contexto y de la realidad en la que Ese patrimonio que antes estuvo desvinculado de la trabaja, promoviendo lo que antes era arqueología para dicando el respeto por su cultura e identidad, solicitan- historia de la población local y fue invisibilizado como especialistas y destinada a engrosar las vitrinas de los do mayor participación y decisión sobre el manejo de parte de un proceso legitimador del Estado – nación, museos. En este sentido distintos grupos de investiga- los bienes culturales, de su historia y su presente y don- hoy es recuperado y resignificado. ción han llevado adelante proyectos vinculados a gene- de paralelamente a esto, y probablemente fuertemente rar aportes en el esclarecimiento y difusión de procesos vinculado, asistimos al resurgimiento de la “cuestión Por un lado, proponemos reflexionar sobre lo que sig- genocidas recientes, más exactamente durante la última indígena” como tema de las agendas gubernamentales nifica implementar un proyecto patrimonializador des- dictadura militar (1976 – 1983). Los trabajos en el “Club (Delrio y Lenton 2008), la arqueología se encuentra con- ligado de las propias representaciones de la población Atlético”, “Pozo de Rosario”, “El Vesubio” y “Mansión minada a comprometerse. Esto genera nuevos desafíos (Belli et al 2005). A su vez sería interesante discutir so- Seré” son algunos de los ejemplos que incluyeron en al- para la disciplina a medida que se avanza en la reflexión bre las consecuencias sociales de la práctica arqueológi- gunos casos la participación de arqueólogos como peri- sobre el respeto a las comunidades locales, su voz, su ca: ser conscientes de la necesidad de que la ciencia no tos y testigos de causas judiciales. relato; abandonando el monólogo arqueológico para vuelva a repetir discursos “legitimadores” de prácticas transitar instancias de diálogo, de coproducción del co- hegemónicas. La permanente autocrítica de las ciencias En el desarrollo del proyecto antropológico- arqueo- nocimiento, y para evaluar cuánto puede hacer hoy la sociales se impone como estrategia de evaluación de las lógico en Mansión Seré o Atila, que funcionara como ciencia en pos de la visibilización de la diversidad que implicancias de utilizar conceptos como “patrimonio” o centro clandestino de detención, por citar un ejemplo engloba aquel “ser argentino”, acompañando el proceso “puesta en valor”, desnaturalizando y deconstruyendo que podemos referir de manera directa, los trabajos ar- que vienen realizando los pueblos originarios. los propios discursos para que no se conviertan en nue- queológicos han generado (y aún lo siguen haciendo) vas herramientas legitimadoras (Boasso 2005). En defi- importante evidencia para el esclarecimiento del geno- En este sentido, es importante reconocer que se han nitiva el desafío es trabajar por una ciencia que no esen- cidio. La visibilidad que adquirió este espacio de memo- generado espacios en los eventos científicos para la dis- 3 Corpus. Archivos virtuales de la alteridad americana, Vol. 1, N°2, 2do. semestre 2011, ISSN 1853-8037
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    cusión acerca delas consecuencias sociales de la arqueo- Esperamos con estas reflexiones haber contribuido a y R. Slavutzky. Instituto Interdisciplinario Tilcara, Fa- logía, el trabajo en conjunto con las comunidades; y se la discusión sobre cuál es el lugar que actualmente pue- cultad de Filosofía y Letras. UBA. han desarrollado simposios y reuniones sobre el trata- de tomar la arqueología en el proceso de conocimiento Cruz, P. y Seldes, V. (2005). Patrimonio, identidad y miento de los restos óseos humanos y la ética profesio- de nuestra historia, nuestro presente, y los aportes que práctica arqueológica en la Quebrada de Humahuaca nal. puede realizar al esclarecimiento de los procesos de et- (Jujuy, Argentina). En E. Belli y R. Slavutzky (Eds.) Muchos de estos encuentros han generado arduos de- nocidio; más aún, continuar pensando para quiénes se Patrimonio en el Noroeste Argentino, (pp. 167-195). Bue- bates y han puesto en evidencia las diferentes posturas construyen los discursos científicos (Delfino y Rodríguez nos Aires: Instituto Interdisciplinario Tilcara, Facultad alrededor de los derechos de las comunidades a decidir 1991) y qué es lo que se está legitimando con su práctica. de Filosofía y Letras. UBA sobre el destino de los restos recuperados por la arqueo- Delfino, D. y Rodríguez, P.G. (1991). Crítica de la arqueo- logía (los restos humanos principalmente), poniendo logía `pura’: de la defensa del patrimonio hacia una arqueo- sobre el tapete la discusión acerca de la existencia de NOTAS: logía socialmente útil. Inédito. una continuidad histórica de los pueblos originarios y 1 Somos conscientes de la superposición de los concep- Delrio, W. y D. Lenton (2008). Negaciones y reconoci- su vinculación con las comunidades actuales, un punto tos genocidio cultural y etnocidio. Sin embargo, elegi- mientos del genocidio en la política indígena del es- que todavía sigue discutiéndose y donde lejos se está de mos esta expresión dado que estamos convencidos tado argentino. Trabajo presentado en 3ras Jornadas de generar un consenso. de que el etnocidio, en todo caso, es una manifes- Historia de la Patagonia, Bariloche, 6-8 de noviembre de Estos debates evidencian que hay temas que no han tación del genocidio. Nuestra expresión “genocidio 2008. sido lo suficientemente problematizados por el conjun- cultural” intenta enfatizar la vía cultural por la cual to de la comunidad arqueológica. El punto de inflexión Delrio, W., Lenton, D., Musante, M., Nagy, M., Papa- también se realiza el genocidio. creemos que sigue siendo el “gran debate” que todavía zian, A. y Pérez, P. (2010). Prácticas genocidas y Pue- se debe la arqueología, esto es, la reflexión acerca de blos Originarios en Argentina. Trabajo presentado en cuánto podría contribuir hoy la arqueología para escla- III Seminario Internacional Políticas de la Memoria “Re- Referencias bibliográficas cordando a Walter Benjamin: Justicia, Historia y Verdad. recer procesos genocidas vinculados a los actuales recla- Belli, E., R. Slavuztky y C. Argañaraz (2005). Patrimonio Escrituras de la Memoria”. Buenos Aires, 28, 29 y 30 de mos de los pueblos indígenas. y memoria: el problema de la tierra en Tilcara. En E. octubre de 2010. Centro Cultural de la Memoria Ha- Concretamente algunos pasos se han dado en este Belli y R. Slavutzky (Eds.) Patrimonio en el Noroeste Ar- roldo Conti. sentido. Algunos arqueólogos han participado en el gentino, (pp. 65 – 126). Buenos Aires: Instituto Interdis- proceso de restitución y en algunos casos reentierro de Di Vruno, A. y Seldes, V. (2005). Proyecto Antropológi- ciplinario Tilcara, Facultad de Filosofía y Letras. UBA. restos humanos; se han retirado cuerpos momificados co – Arqueológico “Mansión Seré”. El Provenir de la Bechis, M. (1992). Instrumentos metodológicos para el Memoria: 137 - 152. Segundo Coloquio Interdisciplinario de las vitrinas de algunos museos, algunos han partici- estudio de las relaciones interétnicas en el período for- de Abuelas de Plaza de Mayo “El Porvenir de la Memoria”, pado como testigos en casos de disputas territoriales de mativo y de consolidación de estados nacionales. En 8 y 9 de abril de 2005. Escuela Superior de Comercio comunidades indígenas por la tenencia de la tierra…un C. Hidalgo y L. Tamagno (Comps.) Etnicidad e identi- Carlos Pellegrini. UBA. largo camino aún por recorrer….mas sin un verdadero dad, (pp.82-108). Buenos Aires: CEAL. debate y sinceramiento, este tipo de prácticas podrían Di Vruno, A., Seldes, V., Noel, D.A., De Haro, M.T., Do- perdurar en la historia de la disciplina como casos aisla- Boasso, F. (2005). Memorias del territorio. Patrimonio en el val, J, Giorno, P., Vázquez, L. (2006). Arqueología en dos con ese status periférico. Noroeste Argentino, pp. 197 – 217. Editado por E.Belli un Centro Clandestino de Detención . El caso Mansión 4 Corpus. Archivos virtuales de la alteridad americana, Vol. 1, N°2, 2do. semestre 2011, ISSN 1853-8037
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    Seré – Atila”.III Congreso Nacional de Arqueología His- Machaca, R. (2007). La escuela Argentina en la celebración Zaburlin, M.A. (2009). Historia de la ocupación del Pu- tórica. Rosario 18 al 20 de mayo de 2006. del encuentro con el “nosotros indígena”. La Paz: Plural, cará de Tilcara (Jujuy, Argentina). Intersecciones en An- PROEIB Andes, UMSS, Ministerio de Educación cien- tropología, 10 (1): 89 – 103. Endere, M. L y Curtoni, R. (2006). Entre Lonkos y “ólo- cia y tecnología. Presidencia de la Argentina. gos”. La participación de la comunidad indígena Rankulche de Argentina en la investigación arqueoló- Trinchero, H. (2000). Los dominios del demonio. Civilización gica. Arqueología Suramericana, 2 (1): 72 – 92. y barbarie en las fronteras de la nación. Buenos Aires: EU- DEBA. 5 Corpus. Archivos virtuales de la alteridad americana, Vol. 1, N°2, 2do. semestre 2011, ISSN 1853-8037
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    DEBATE El genocidio en la historia: Florencia Roulet* Genocidio y política indigenista: debates María Teresa Garrido** sobre la potencia explicativa de una ¿Un anacronismo? categoría polémica A la memoria de Pedro Navarro Floria Editor La aplicación del concepto de genocidio a la política seguida por el Estado argentino republicano contra los pueblos indígenas libres de la Pampa, la Patagonia y el Chaco suscita a menudo vivas objeciones. La pri- Diana Lenton (presentadora y comentarista) mera consiste en afirmar que, so pena de anacronismo, no se puede usar una noción jurídica consagrada en 1948 por las Naciones Unidas para describir hechos acontecidos varias décadas antes. Autores y comentaristas (en orden alfabético) La segunda pretende que, en un contexto intelectual marcado por el darwinismo social que afirmaba la Walter Delrio y Ana Ramos superioridad de la raz blanca y su derecho a someter a las demás por la fuerz los responsables de la lítica estatal no habrían tenido consciencia de cometer delito alguno. En toda legalidad, no habrían hecho Diego Escolar sino acelerar artificialmente el proceso natural de la “inevitable” extinción de las “raz inferiores” y su Pilar Pérez sustitución por la raz Florencia Roulet y María Teresa Garrido La tercera supone que, en la medida en que no se llevó a cabo la completa desaparición de los pueblos indígenas, no se puede hablar de genocidio. Verónica Seldes Pretendemos desvirtuar estos argumentos desarrollando tres ejes de análisis. Quisiéramos determinar Liliana Tamagno en primer lugar si las prácticas que afectaron a la población indígena durante el proceso de expansión del Julio Esteban Vezub Estado nacional sobre los territorios y sociedades de los pueblos originarios caben en la actual definición de genocidio. Nos interrogaremos enseguida sobre las nociones jurídicas vigentes en el siglo XIX para evaluar si esos actos o algunos de ellos constituían entonces un delito de lesa humanidad. Concluiremos con una reflexión acerca de si es jurídicamente adecuado y útil hoy calificar aquellos hechos como genocidio. *Lic. en Historia, UBA. Correo electrónico: flo.roulet@gmail.com Corpus. Archivos virtuales de la alteridad americana, Vol. 1, N° 2, 2do. semestre 2011, **Lic. en Derecho, Universidad Externado de Colombia. Consultora en derechos humanos y en derecho internacional humanitario. ISSN 1853-8037, URL: http://ppct.caicyt.gov.ar/index.php/corpus Correo electrónico: tegarrido@hotmail.com
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    1. Crimen degenocidio y delito de lesa huma- Argentino Roca tenía como objetivo “extirpar el mal de ganados de los indios resultaban “indispensables a su nidad raíz y destruir esos nidos de bandoleros que incuba y existencia”. Sin ellos, “antes que morir de hambre en la mantiene el desierto” (Roca 1948, p.454) 4. Si el discurso selva, [el indio] vendrá cabizbajo y convencido” (Barros Considerado por la Asamblea General de las Nacio- oficial proponía “buscar al indio en su guarida, para so- 1975, pp. 108, 112, 207-208). La captura de la población nes Unidas como un “odioso flagelo” que “en todos los meterlo o expulsarlo” al sur del río Negro -desalojando no combatiente y el despojo de sus principales medios períodos de la historia ha infligido grandes pérdidas a así quince mil leguas cuadradas de tierras (Roca 1948, de subsistencia no eran, pues, el resultado colateral de la humanidad”, el genocidio fue definido jurídicamente pp.445 y 455)-, extraoficialmente se hablaba de extermi- las operaciones sino el principal método de las tropas en en 1948 como un conjunto de actos “perpetrados con la nio, lo que entonces como ahora significaba “expulsión campaña. intención de destruir, total o parcialmente, a un grupo o destierro; desolación, destrucción total de alguna cosa” nacional, étnico, racial o religioso, como tal”. Esos actos Una vez obtenida la victoria se debía acabar con el in- (RAE 1869, p.349; el subrayado es nuestro). Ignacio dio como tal desarticulando su organización social, po- son: la matanza de miembros del grupo; la lesión grave a Fotheringham, que fuera ayudante y secretario de Roca la integridad física o mental de los miembros del grupo; lítica y económica para impedirle perpetuar su cultura, cuando éste se desempeñaba como Comandante en Jefe obligando a los sobrevivientes a subsumirse individual- el sometimiento intencional del grupo a condiciones de de la frontera sur de Córdoba, cuenta sin falsos pudores existencia que acarreen su destrucción física, total o par- mente en los estratos inferiores del proletariado rural. cómo preparaba ya entonces su jefe sus “proyectos au- El destino que les esperaba era presentado en términos cial, las medidas destinadas a impedir los nacimientos daces sobre el exterminio de los indios” (Fotheringham en el seno del grupo y el traslado por la fuerza de niños que Pedro Navarro Floria calificaba como “uno de los 1970, p.373, 301 y 441). Y el propio Roca afirmaba que más persistentes sofismas constitutivos del discurso de del grupo a otro grupo1. el “mejor sistema de concluir con los indios, ya sea ex- la conquista: la idea de que se podría incorporar esos En la medida en que estos actos de exterminio son co- tinguiéndolos o arrojándolos al otro lado del Río Negro” territorios a la Nación sin afectar a sus habitantes” (Na- metidos de modo sistemático y premeditado contra una era “el de la guerra ofensiva” y se ufanaba, ya concluida varro Floria 2006, p. 9). Un claro ejemplo de ese sofis- población civil, constituyen un delito de lesa humani- la campaña, de haber “hecho desaparecer las numerosas ma se encuentra en la prosa de Alvaro Barros. Si bien dad. Es decir, un crimen que por su naturaleza horrenda tribus de la Pampa que se creían invencibles” (Walther proponía “hacer desaparecer”, “aniquilar”, “suprimir”, agravia, lesiona y ofende a la humanidad en su conjun- 1948, II, p.218, 250). “extinguir”, “ultimar”, “someter”, “dispersar” y “absor- to2. Si bien el derecho internacional brinda tardíamen- Consideremos en segundo lugar los métodos utiliza- ber” al indio mediante el mestizaje, procuraba con una te una definición que abarca -entre otros- los actos de dos. Como en todas las guerras, era lógico que en la lu- pirueta retórica que su proyecto no fuera rotulado como asesinato, exterminio, esclavitud, deportación o traslado cha se intentara poner fuera de combate a un máximo de exterminio5: forzoso, encarcelación ilegal, tortura, violación y pros- enemigos armados. Sin embargo, ésta no fue la táctica titución forzada, la noción de crimen contrario a la hu- adoptada. Más que la batalla frontal, se procuró la de- Estamos contra la idea del exterminio de los indios, por ser manidad es antigua. La evocaba por ejemplo el virrey tención, dispersión y servidumbre de las mujeres e hijos esto más que innecesario inconveniente, injusto y bárbaro, Vértiz, para quien el degüello de indias ancianas era una de los indios para impedir su perpetuación como grupo; pero estamos también contra la idea de conservarlos reu- práctica “repugnante a la humanidad por más razones la captura de sus ganados y demás bienes para obligar- nidos, ya sea en poblaciones especiales con autoridades que quieran alegarse en contrario”3. propias, ya en cuerpos militares especiales también. Bajo los a rendirse y la apropiación definitiva de los territo- una u otra forma ellos pudieran conservar y conservarían ¿Correspondieron las políticas estatales republicanas rios que ocupaban. “Los indios -preconizaba el general su carácter distintivo, su espíritu y sus hábitos de indepen- argentinas hacia los pueblos indígenas a las modernas Alvaro Barros, uno de los ideólogos de la campaña al de- dencia [...]. La absorción es el único medio seguro, justo, definiciones de genocidio y crimen de lesa humanidad? sierto-, serían aniquilados si no cayendo inmediatamen- económico y bajo todo punto de vista ventajoso, que tene- Veamos en primer lugar las metas que éstas perseguían. te en nuestro poder los hombres [...] cayendo irremedia- mos de acabar con los indios, mezclándose esta raza con la Como las campañas previas de Martín Rodríguez y de blemente sus familias y cuanto allí tuviesen”. Además inmigración europea como se ha hecho en toda la América Juan Manuel de Rosas, la del ministro de guerra Julio de ser los objetos que estos más amaban, las familias y desde el principio de la conquista. (Barros 1975, p. 229) 2 Corpus. Archivos virtuales de la alteridad americana, Vol. 1, N°2, 2do. semestre 2011, ISSN 1853-8037
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    El mestizaje quepreconizaba Barros no era una libre delitos enmarcados en los conceptos contemporáneos de guna regla ni dan cuartel” era legítimo castigarlas en la unión de indios e indias con inmigrantes de ambos se- genocidio y de crimen de lesa humanidad. persona misma de los cautivos que pudieran conseguir- xos sino, como se había hecho en efecto desde principios se, para someterlos a las “leyes de la humanidad”. Con de la conquista, la sumisión forzada y a menudo violen- 2. Derecho de gentes y derecho de la guerra en estas naciones “que parecen nutrirse de los furores de ta de las indias a los hombres blancos. Durante la cam- la Guerra”, haciéndola sin otro pretexto o motivo que los siglos XVIII y XIX paña propiamente dicha, las prisioneras eran obligadas su ferocidad, era válido incluso recurrir al exterminio, a seguir a sus captores a marcha acelerada. Las que no Ahora bien, considerando el carácter históricamente ya que se trataba de “monstruos, indignos del nombre podían sostener el ritmo eran lanceadas. Las que aguan- contingente de toda formulación jurídica, ¿eran delicti- de hombres [que] deben ser mirados como enemigos del taban eran finalmente repartidas entre los soldados vas estas conductas según la doctrina jurídica occidental género humano” (Vattel 1983, p. 27, 106-108). (Prado 1942, p. 125, 126). Los partes de guerra no men- vigente en la Argentina republicana? ¿Cómo calificaba el derecho de la época una guerra que buscaba el extermi- Esta licencia para el exterminio inspiró a los hombres cionan el lado sucio de estos repartos –las violaciones y de Estado que en el siglo XIX, al norte como al sur del otros abusos- sugiriendo incluso que las propias indias nio del contrincante y adoptaba como método la captura de la población civil, su traslado forzado, su dispersión continente americano, se proponían ocupar los territo- consentían en la nueva suerte que les cabía o negando rios indígenas vaciándolos previamente de indios. En un que hubiera intenciones de aprovecharse sexualmente y su esclavitud? 7 largo proceso de elaboración discursiva que tenía como de ellas6. Sin embargo, como en todos los tiempos, es- En la mentalidad jurídica rioplatense estuvo vigente finalidad la afirmación de soberanía estatal sobre territo- tas prácticas eran moneda corriente. Uno de los pocos hasta entrado el siglo XIX el marco doctrinario del dere- rios y pueblos hasta entonces pertinazmente externos a testimonios explícitos con que contamos es el relato del cho de gentes elaborado por los juristas Samuel Puffen- las repúblicas en gestación fue cobrando forma un mito ex-cautivo Santiago Avendaño que narra cómo, duran- dorf (Alemania, 1632-1694), Christian Wolff (Alemania, que echaría honda raíz en el imaginario colectivo10. Se- te una incursión de las tropas rosistas a los toldos ran- 1679-1754) y Emer de Vattel (Suiza, 1714-1767) sobre gún él, las naciones originarias soberanas con quienes los quelinos, los soldados se habían emboscado junto a las la base de los escritos de Hugo Grocio (Holanda, 1583- Estados coloniales y republicanos habían firmado trata- aguadas esperando que las mujeres se acercaran a llenar 1645). Los trabajos de estos tratadistas eran difundidos dos de paz hasta la década de 1870, no constituían sino sus odres vacíos. en la Universidad de Buenos Aires por su primer rector, hordas de salvajes morando en desiertos más allá de una Antonio Sáenz8. Aunque aún sin carácter obligatorio, “frontera interior” que amputaba al país una parte sus- Los soldados desenfrenados atropellaron a las chinas que esa doctrina se refería también a las costumbres obser- tancial de los territorios que por derecho le pertenecían. temblaban de terror. Echando pie a tierra, les quitaron Reducidas a meras corporaciones civiles, se las privaba vadas por los Estados europeos durante las hostilidades, cuanto tenían sobre el cuerpo y cometieron toda clase de de un plumazo de personería jurídica internacional. Un tales como las treguas destinadas a recoger cadáveres y violaciones y de excesos brutales. Todas fueron conduci- elemento central de este mito es la caracterización de los das al campamento, donde sufrieron el doble de vejáme- a asistir enfermos9. indios como salvajes sanguinarios que hacen de la gue- nes, porque se vieron pasar de mano en mano y en poder Para estos teóricos, las prácticas de la guerra entre Es- rra y la rapiña un modo de vida11. La ferocidad indíge- de los hombres ‘cristianos’ más deshonestos, más brutos y tados soberanos debían ajustarse a las nociones de ne- na se volvía necesaria y funcional a la legitimación de más obscenos que podían haber conocido. (Hux 1999, pp. cesidad militar y de proporcionalidad. “Todo lo que se 129-130). la guerra colonial12. De la empresa propagandística que haga de más es reprobado por la Ley Natural, vicioso & consagró el mito del “Salvaje Innoble” (Jennings 1975, Captura de familias, confiscación de bienes necesarios condenable ante el Tribunal de la Conciencia”. La inte- p. 59) se encargarían estrategas, publicistas y la naciente a la supervivencia colectiva, desmembramiento de gru- gridad del enemigo que se sometía y rendía las armas historiografía nacional: “la conquista de la memoria fue pos familiares, desarticulación de comunidades, viola- debía ser preservada a menos que hubiera cometido un uno de los movimientos tácticos que formaron parte de ciones, esclavitud sexual: los actos cometidos contra las grave crimen contra el derecho de gentes, en cuyo caso la apropiación imaginaria de la Pampa y la Patagonia, poblaciones indígenas durante su forzada incorporación podía ser esclavizado o ejecutado. Pero en el caso de una que posibilitó a su vez su conquista material manu mili- al Estado republicano constituyen, sin lugar a dudas, guerra contra “naciones feroces que no observan nin- tari, entre 1875 y 1885” (Navarro Floria 2005). 3 Corpus. Archivos virtuales de la alteridad americana, Vol. 1, N°2, 2do. semestre 2011, ISSN 1853-8037
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    Frente a laconstrucción de ese mito que llevaba a pos- dios de la Argentina no desaparecerían por el filo de la tención, debía ser correctamente alimentado, respetado turas extremas como las de Domingo F. Sarmiento13, se espada sino “por la absorción y asimilación”.15 en su integridad física y retribuido por los trabajos ci- alzaron sin embargo algunas voces críticas que preanun- Esta evolución de las mentalidades en Argentina viles que realizara. Estaba prohibido ponerlo al servi- ciaban el discurso que se iría imponiendo en la segunda acompañaba el desarrollo del pensamiento jurídico occi- cio militar de la fuerza detentora y exigirle información mitad del siglo, a saber que la “civilización” daba no dental con respecto a la guerra. Se impone en la segunda militar sobre su país. En cuanto a la población civil no sólo derechos sobre los pueblos “salvajes” juzgados infe- mitad del siglo XIX una dinámica tendiente a humanizar combatiente, su vida, su honor familiar, así como sus riores sino un deber de tutela y protección que excluía la los usos bélicos, que llevará a la creación del Comité convicciones y prácticas religiosas debían ser garanti- opción del exterminio14. En 1865, el historiador Vicente Internacional de la Cruz Roja (1863) y a los primeros es- zados. La población de las regiones invadidas no podía Quesada condenaba la campaña al desierto de Rosas en fuerzos de reglamentación del derecho de la guerra. En ser obligada a jurar obediencia a la potencia enemiga ni duros términos: Estados Unidos, el Código de Lieber elaborado durante a someterse a sus órdenes. La propiedad privada tam- la guerra de la Secesión aparecía como la primera tentati- poco podía ser confiscada. Respecto de los medios y los Nada estable se funda sobre la iniquidad, y el propósito va de codificación de las leyes de la guerra, de aplicación métodos de hacer la guerra, la doctrina prohibía la des- de exterminar [a] los indios es un crimen, cuya sangre es trucción o apropiación de los bienes del enemigo que no exclusivamente interna16. Siguió enseguida la Conven- ignominia para nuestras armas. Someterlos y atraerlos a los fuera imperiosamente dictada por las necesidades de la usos blandos de la civilización, mejorarlos y conquistarlos ción multilateral para mejorar la suerte de los militares heridos en campaña (I Convenio de Ginebra), que la Ar- guerra, lo mismo que el ataque o bombardeo de aglome- para el bien, ése es el único camino justo y digno” (Quesada raciones o poblaciones no fortificadas. 1865, pp. 48-49). gentina ratificó en 1879. En paralelo a esos instrumentos de cumplimiento obligatorio se fueron desarrollando Este marco doctrinario y normativo muestra a las cla- En la Revista del Río de la Plata del 22 de agosto de 1869, declaraciones de principio que fundan la doctrina del ras que las prácticas empleadas en particular durante la su contemporáneo, el escritor y legislador José Hernán- actual derecho internacional humanitario17. Principios campaña al desierto -captura de población no comba- dez, coincidía: como que “el único fin legítimo de la guerra es el debi- tiente, su traslado forzado, dispersión, distribución y re- litamiento de las fuerzas militares del enemigo” para lo ducción a la servidumbre, su involuntaria conversión al Nosotros no tenemos el derecho de expulsar a los indios cual basta con “desactivar el mayor número posible de catolicismo y los abusos sexuales contra las mujeres, así del territorio y menos de exterminarlos. La civilización sólo hombres” y que “las leyes de la guerra no reconocen a los como la utilización de prisioneros de guerra desarmados puede darnos derechos que se deriven de ella misma [...] beligerantes un poder ilimitado en la adopción de me- como guías e informantes, su detención en campos de dios para perjudicar al enemigo” fueron consagrados ya concentración y su ejecución arbitraria (cf. Lenton 2005 ¿Pero qué civilización es ésa que se anuncia con el ruido de en la década de 1860. El empleo de armas que agravaran los combates y viene precedida del estruendo de las matan- y Delrio 2005)- eran violatorias de lo que entonces se en- inútilmente el sufrimiento del enemigo puesto fuera de zas? (Hernández 1869). tendía como “leyes de la guerra” y “leyes de la humani- combate o que causaran inevitablemente su muerte era considerado “contrario a las leyes de la humanidad”.18 dad” y contrarias al “deber sagrado de civilización” que Hasta el propio Julio A. Roca -respondiendo a la in- se atribuían a sí mismas las potencias coloniales y sus quietud de que se procurara “dominar a los indios por Creado en 1873 en Gantes (Bélgica), el Instituto de De- retoños en los países independientes. Así fueron percibi- medios pacíficos” porque no convenía “extinguir esa recho Internacional redactó un Manual de las leyes de la das por varios observadores contemporáneos: raza, que representa la soberanía de la Nación en el de- guerra terrestre que serviría como base para la elabora- sierto”-, debió aclarar que “no hay ningún propósito de ción de la legislación interna de cada Estado. La doctrina Veinte mil leguas de tierra arrancadas a la barbarie y de- exterminar la raza”. De ello se encargaría “esa ley del sentada en estos primeros textos prohibía el asesinato de vueltas a la civilización y algunos miles de Indios traidos progreso y de la victoria, por la cual la raza más débil, un enemigo desarmado o que se hubiera rendido. Como prisioneros y repartidos a diferentes personas como si fue- la que no trabaja, tiene que sucumbir al contacto de la prisionero de guerra, debía ser tratado humanamente: ran animales de labranza, he ahí el resultado de la campa- mejor dotada, ante la más apta para el trabajo”. Los in- aunque se lo internara en un fuerte u otro lugar de de- ña” (Zavalía 1892, p. 80). 4 Corpus. Archivos virtuales de la alteridad americana, Vol. 1, N°2, 2do. semestre 2011, ISSN 1853-8037
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    En cambio delos tan mentados “beneficios de la civili- Tres elementos integran la justicia transicional: justi- canismos que hicieron posible el genocidio y deconstru- zación” se advierte un proyecto coherente de exterminio cia, verdad y reparación integral. La justicia puede ser yen los mitos generados para justificarlo resulta de par- que, si no busca sistemáticamente la eliminación física retributiva –la que busca el castigo de los criminales- o ticular trascendencia. Esos trabajos deberían nutrir los de los indios, se empeña en liquidar su existencia como restaurativa –un modelo alternativo que propende a la manuales escolares y el debate público en los medios, pueblos y en acaparar sus tierras, buscando sentenciar a reconciliación entre víctimas y victimarios. La verdad revertiendo la práctica usual en dichos manuales de des- muerte sus modos de vida, culturas e identidades espe- puede ser judicial –la que se establece a través de un historizar o arqueologizar discursivamente a las naciones cíficas. proceso penal- o no judicial –es decir, la narración que indígenas al presentarlas como objetos de un pasado re- sale de las ciencias sociales y de las experiencias vividas moto cuyo lugar está en los museos y al excluirlas de 3. Para qué hablar hoy de genocidio por las mismas comunidades victimizadas. En cuanto a la representación de nuestro presente. “Una reconstruc- la reparación integral, se manifiesta a través de medidas ción de la memoria social sobre la cuestión indígena, y ¿Es válido entonces calificar de genocidio al proceso de restitución, de indemnización, de rehabilitación y de por consiguiente una propuesta de enseñanza de esa derivado de la conquista de la Pampa y la Patagonia en- satisfacción, así como a través de garantías de no repe- historia, deberían comenzar por [...] rehistorizar lo dehisto- tre 1875 y 1885? tición. rizado, es decir restituir el régimen de historicidad, de contem- En tanto aproximación esencialmente penal –conside- poraneidad, a los pueblos originarios” (Navarro Floria 2006, La consagración jurídica de los conceptos que desig- rando que la pena es individual e intransferible- resulta p. 4, resaltado del autor). Fuera del marco académico nan prácticas delictivas siempre es posterior a la gene- físicamente imposible aspirar hoy a obtener cualquier es también fundamental producir verdades sociales no ralización de su uso, ya que el delito precede al concep- forma de justicia retributiva respecto de las personas institucionalizadas, mediante ejercicios de recuperación to y éste precede al tipo penal. Lo reciente del término responsables de los crímenes cometidos entonces. Tam- de la memoria que asocien a diferentes organizaciones genocidio no debe hacernos olvidar que se trata de un poco es ya posible aspirar a la justicia restaurativa, en indígenas, ONGs, comisiones de la verdad, iglesias, me- nuevo nombre para un crimen tan viejo como el mun- la medida en que, así como los victimarios, las víctimas dios de comunicación y centros de investigación y edu- do. Neologismo elaborado en 1943 por el jurista polaco directas individualmente consideradas, también están cación popular. La verdad así reconstituida transforma Raphael Lemkin (1900-1959) para describir el exterminio ausentes. el patrimonio colectivo de las víctimas y del conjunto de sistemático de armenios por el Estado turco en 1915, el la sociedad. Estos ejercicios deben permitir asimismo re- concepto de genocidio fue formalmente invocado en el Las posibilidades empiezan a abrirse, en cambio, en pensar los guiones museográficos y la nomenclatura ur- acta de acusación contra los criminales de guerra nazis el campo de la verdad. Si no es posible establecer hoy la bana, concebir espacios públicos de homenaje, restituir juzgados en Nuremberg en 1946, antes de ser tipificado verdad judicial, la ausencia física de los actores no obs- topónimos, adoptar fechas conmemorativas, etc. por la Convención para la Prevención y la Sanción del truye para nada las posibilidades de la verdad no judi- Delito de Genocidio en 194819. Afirmar que la política del cial. Las víctimas en su dimensión colectiva, es decir los Si bien varios aspectos de la reparación integral no pa- Estado republicano argentino hacia los indígenas consti- descendientes y la sociedad en su conjunto, tienen un recen ya factibles por la desaparición física de las vícti- tuyó un genocidio no constituye, pues, un anacronismo, derecho inalienable a conocer toda la verdad sobre los mas individuales, “una indemnización justa, imparcial sino simplemente llamar a las cosas por su nombre. acontecimientos. Esto es, en particular, a obtener infor- y equitativa, por las tierras, los territorios y los recursos Dicho esto, ¿qué se puede hacer hoy, ante un genocidio mación sobre las circunstancias y motivos que llevaron que tradicionalmente hayan poseído u ocupado o utiliza- de ayer? Tomando prestados conceptos de la teoría de la a los victimarios a cometer crímenes aberrantes y a saber do de otra forma y que hayan sido confiscados, tomados, justicia transicional y sirviéndonos de los elementos per- de qué manera se produjeron los hechos, quiénes fueron ocupados, utilizados o dañados sin su consentimiento li- tinentes de los convenios y declaraciones vigentes relati- los responsables y qué destino se dio a las personas.21 bre, previo e informado” en favor de los descendientes vos a los pueblos indígenas podemos explorar las posi- En este sentido, la labor de historiadores, antropólogos es aún viable (Declaración de las Naciones Unidas so- bilidades actuales de reconocimiento y de reparación.20 y arqueólogos que en los últimos años analizan los me- bre los derechos de los pueblos indígenas, art. 28.1). En 5 Corpus. Archivos virtuales de la alteridad americana, Vol. 1, N°2, 2do. semestre 2011, ISSN 1853-8037
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    cuanto a larehabilitación y a la satisfacción, varios de nombre sería “una forma –limitada pero indispensable- forestales, turísticos y de agronegocios son reveladores sus aspectos son posibles, en particular lo concernien- de revertir el genocido material y simbólico cometido” de un legado de injusticias y despojos siempre vigente, te a la reputación y al nombre, es decir a la dignidad.22 (Navarro Floria 2006, p. 7). Persistir en el no reconoci- amparado en la prepotencia que brinda la impunidad Un aspecto especial de la rehabilitación cuyo marco ju- miento equivale a perpetuar el delito y abre las puertas a (cf. Roulet 2010). El presente nos ofrece así un terreno rídico está dado por el Convenio 169 de la Organización la reiteración de esos mismos actos aberrantes: propicio para reflexionar sobre el legado de la historia Internacional del Trabajo de 1989 y por la mencionada y para no perpetuar bajo nuevas formas los horrores del Declaración se concretaría a través de la institucionaliza- Si la dignidad de la persona humana es ultrajada por la pasado. ción de la enseñanza bilingüe, del fomento de escuelas ejecución de crímenes contra la humanidad y genocidios, concebidas y manejadas por las propias comunidades, sean cuales fueren, también lo está por la negación de es- tos mismos crímenes –el negador hace al testigo lo que el NOTAS: amén de otras iniciativas de divulgación e integración de diversos aspectos del conocimiento de cada pueblo.23 verdugo hace a la víctima. [...]‘Consubstancial’ a los críme- 1 Artículo II de la Convención para la prevención y la nes de los que se trata, su negación no es un acto ‘apar- sanción del delito de genocidio de las Naciones Uni- Adicionalmente, la rehabilitación y la satisfacción te’, es ‘part of it’: ‘asesinato de la memoria’, ‘atentado a la das. comportan los mecanismos de divulgación y de oficiali- verdad’, destrucción de la prueba y del testimonio ligada 2 Para la definición del delito de lesa humanidad, véa- zación ante la colectividad nacional de la verdad no ju- intrínsecamente a la criminalidad del Estado, la negación es considerada generalmente como la etapa última de todo se el artículo 7 del Estatuto de Roma de la Corte Penal dicial obtenida. Un discurso historiográfico que restitu- proceso genocida. Perpetúa el crimen, manteniendo a los Internacional, de 1998. yera la historicidad y contemporaneidad de las naciones indígenas en la Argentina actual debería rehumanizar la sobrevivientes y a sus descendientes en la vergüenza, sin 3 Carta de Juan José de Vértiz a Joseph Francisco de real acceso al duelo. (Garibian 2009, p. 11). Amigorena, 10.5.1780, en Archivo Histórico de Men- imagen de los indígenas considerándolos “actores socia- les en todos los campos de la economía, la sociedad, la Este reconocimiento público puede verse también doza, carpeta 46, documento 23. En 1892, el jurista ar- política, el arte y el pensamiento”. Esa nueva narración como una primera garantía de no repetición, último gentino Eduardo Zavalía usaba la noción de “críme- del pasado contribuiría asimismo a completar los avan- elemento de la reparación integral que nos queda por nes de lesa humanidad” para referirse a los abusos, ces constitucionales de la reforma de 1994 reconociendo examinar. Se trata de desmontar los mecanismos que maltratos, explotación laboral y despojos a los que la preexistencia de los derechos territoriales indígenas hicieron posible la comisión de los crímenes y de aque- habían sido sometidos los indígenas por los conquis- y su exterioridad a los Estados hasta su conquista, así llos que aseguraron su impunidad, así como de revisar tadores españoles (Zavalía 1892, p. 48). como la preexistencia y legitimidad de sus autoridades los actos institucionales que glorificaron esa gesta o ne- 4 En 1823 el gobernador bonaerense Martín Rodríguez y su derecho a la libre determinación (Navarro Floria garon sus dramáticas consecuencias para los pueblos afirmaba su proyecto de exterminio: “La experiencia 2006, pp. 7-8), tal como lo consagran las normas interna- originarios. El ejercicio de este aspecto de la reparación de todo lo hecho [...] nos guía al convencimiento de cionales mencionadas.24 Leyes de reconocimiento oficial podría enfocarse en el estudio de la situación actual de que la guerra con ellos debe llevarse hasta el extermi- del genocidio, a la imagen de la ley argentina 26.199 del las poblaciones indígenas, de la legislación que se aplica nio. Hemos oído muchas veces a genios más filantró- 2007 sobre el genocidio armenio, pueden servir de refe- a ellas y de las políticas de inversión pública y privada picos la susceptibilidad de su civilización e industria rencia. Tal reconocimiento implica que el Estado acepta que afectan sus condiciones de vida, a la luz de los ins- y lo fácil de su seducción a la amistad. Sería un error que los hechos sucedieron, asume su responsabilidad trumentos jurídicos internacionales relativos a los dere- permanecer en un concepto de esta naturaleza y tal histórica por el dolor y los sufrimientos infligidos a las chos pasados, presentes y futuros de esos pueblos (cf. en vez perjudicial” (en Marfany 1944, pp. 1061-1062). víctimas, que condena explícitamente los valores racis- particular el art. 4 y la Parte II., “Tierras” del Convenio 5 Para “hacer desaparecer” al indio, cf. Barros 1975, pp. tas en que se fundó el genocidio y que se compromete 169/89 y los arts. 10 y 25 a 32 de la Declaración del 2007). 77, 230, 235 y 350; “aniquilarlo”, pp. 107, 108, 110 y a luchar contra la ideología de la negación y a favor de Los recientes conflictos derivados del recrudecimiento 137; “extinguirlo”, p. 248; “suprimirlo”, pp. 138, 150 la dignidad humana.Volver a llamar a las cosas por su de los procesos de expropiación por intereses mineros, y 232; “ultimarlo en sus guaridas”, p. 342, “someterlo 6 Corpus. Archivos virtuales de la alteridad americana, Vol. 1, N°2, 2do. semestre 2011, ISSN 1853-8037
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    y dispersarlo”, pp.258, 317, 319, 338 y 359 y “absor- 1975, pp. 6-10. Para la Argentina, Delrio 2002 y 2005, los Convenios de la Haya sobre la guerra terrestre de berlo” mediante el mestizaje, pp. 229, 249 y 358. pp. 61-63 y Roulet y Navarro Floria 2005. 1899 y de 1907. Estos primeros textos y tratados de 6 Mientras que el comandante Prado relata que ningu- 12 En 1820, el coronel Pedro Andrés García advertía “lo derecho internacional humanitario se pueden con- na de las prisioneras rehusó vivir con los soldados perjudicial que será siempre abrir una guerra perma- sultar en http://www.icrc.org/dih . (Prado 1942, p. 126), el general Ignacio Fotheringham, nente con dichos naturales, contra quienes parece no 17 La Argentina fue temprana signataria de la Declara- que veía a los indios del Chaco como “asquerosos ti- puede haber un derecho que nos permita despojarlos con ción sobre diversos puntos del derecho marítimo en pos todos, aún los del bello sexo”, decía que las chinas una fuerza armada si no en el caso de invadirnos” (en Ba- tiempos de guerra de 1856. “son muy feas y por cierto no inducen a cautivarlas” rros 1975, pp. 67-68, destacado nuestro). 18 Declaración sobre la utilización en tiempos de guerra (Fotheringham 1970, p. 569). 13 Sarmiento sostenía que el derecho de gentes no se de proyectiles de 400 gramos de peso, San Petersbur- 7 Adherimos a la hipótesis del jurista Robert A. Wi- aplicaba a los salvajes, se tratara de caudillos como go, 1868 y Proyecto de declaración internacional re- lliams Jr. según la cual “la ley, considerada por Oc- Facundo o de indios de la pampa: “El derecho de lativa a las leyes y costumbres de la guerra. Bruselas, cidente como su instrumento de civilización más gentes que ha suavizado los horrores de la guerra, es 1874. respetado y apreciado, era también el instrumento el resultado de siglos de civilización; el salvaje mata 19 El acta de acusación de los criminales de guerra juz- imperial más vital y eficaz durante su empresa ge- a su prisionero, no respeta convenio alguno siempre gados en Nuremberg en 1946 rezaba “los acusados se nocida de conquista y colonización de los pueblos no que haya ventaja en violarlo; ¿qué freno contendrá al han hecho culpables de genocidio deliberado y siste- Occidentales del Nuevo Mundo, los indígenas ame- salvaje argentino [en este contexto, Facundo], que no mático contra grupos nacionales y raciales, contra las ricanos” (Williams 1992, p. 6). conoce ese derecho de gentes de las ciudades cultas? poblaciones civiles de ciertos territorios ocupados, 8 Según Antonio Sáenz, el derecho de gentes o jus gen- ¿Dónde habrá adquirido la conciencia del derecho? con miras a destruir razas y clases determinadas, y tium “es universal y sale de la naturaleza, dándose á ¿En la Pampa?” (Sarmiento 1990, p. 253). grupos nacionales, raciales o religiosos, más espe- conocer solamente por la recta razón [...] Es inaltera- 14 La noción de un “deber sagrado de civilización” que- cialmente Judíos, Polacos y Gitanos, entre otros” (Cf. ble [...] y obliga á todos, porque en él habla la natura- daría consagrada en la Conferencia de Berlín sobre http://www.ladocumentationfrancaise.fr/dossiers/ leza y su Autor” (Sáenz 1939, p. 57). Africa Occidental en 1885, que marcó la aceptación justice-penale-internationale/definition-crimes.sht- 9 Estas costumbres serían erigidas en fuentes obligato- explícita, por parte de las potencias colonizadoras, de ml). rias de derecho por el II Convenio de la Haya de 1899 una relación legal de tutela entre los “Estados civili- 20 La justicia transicional es definida como “los proce- relativo a las leyes y a las costumbres de la guerra zados” y sus pupilos, las “tribus aborígenes” (Snow sos a través de los cuales se realizan transformacio- terrestre. 1919, p. 21). Esta noción sería retomada en el sistema nes radicales del orden social y político, bien sea por 10 Este proceso de transferencia gradual de las relacio- de mandatos de la Sociedad de las Naciones. el paso de un régimen dictatorial a uno democrático, nes con las naciones indígenas del ámbito del dere- 15 República Argentina, Congreso Nacional (1879). Dia- bien por la finalización de un conflicto interno arma- cho internacional al de la legislación interna se de- rio de sesiones de la Cámara Nacional de Diputados, 51° do y la consecución de la paz.” Uno de sus desafíos signa como la “domesticación o internalización de la sesión ordinaria del 13.9.1878, p. 256. Buenos Aires: más complejos es el inevitable dilema que suscita la cuestión indígena” (cf. Roulet y Navarro Floria 2005). Mayo. necesidad de equilibrar el derecho de las víctimas a 11 De la población indígena no sometida Julio A. Roca 16 Las ‘Instrucciones de Lieber’ marcaron los intentos obtener el castigo de los criminales –justicia- y las diría que “se dedican indistintamente a la guerra y al ulteriores de codificación de las leyes de la guerra. condiciones impuestas por el régimen dictatorial robo, que para ellos son sinónimos de trabajo” (Roca Ellas integraron la versión original de un proyecto para permitir la transición o por los actores armados 1948, p. 451). Sobre el proceso de salvajización dis- de convenio internacional presentado a la Conferen- para desmovilizarse –paz- (Uprimny 2006, p.13, 20, cursiva de los pueblos originarios, véase Jennings cia de Bruselas en 1874 y estimularon la adopción de Orozco Abad 2009). 7 Corpus. Archivos virtuales de la alteridad americana, Vol. 1, N°2, 2do. semestre 2011, ISSN 1853-8037
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    21 Estos derechosse derivan de los instrumentos uni- Referencias bibliográficas Jennings, Francis (1975). The Invasion of America. Indians, versales y regionales sobre derechos humanos, de las Colonialism and the Cant of Conquest. New York/Lon- jurisprudencias de las diversas cortes internacionales Barros, A. (1975). Indios, fronteras y seguridad interior. don: W.W. Norton. y de las “líneas de los órganos intergubernamentales Buenos Aires: Solar/Hachette. de la ONU”, condensadas en una serie de principios Comisión Colombiana de Juristas –CCJ- (2007). Princi- Lenton, D. (2005). La “cuestión de los indios” y el ge- relativos a la lucha contra la impunidad y a los dere- pios internacionales sobre impunidad y reparaciones, com- nocidio en tiempos de Roca: sus repercusiones en la chos a la reparación, restitutición, indemnización y pilación de documentos de la ONU. Bogotá: CCJ. prensa y la política. Ponencia presentada en el Tercer rehabilitación de las víctimas (Cf. 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Por último, la satisfacción se fronteras de pampa y patagonia (siglos XVIII y XIX) (pp. concreta mediante la verificación de los hechos y la Navarro Floria, P. (2006). El debate historiográfico sobre 203-245). Buenos Aires: Sociedad Argentina de Antro- difusión pública de la verdad; la búsqueda y hallazgo la conquista de la Patagonia en el contexto de la demo- pología de las personas desaparecidas o de sus restos; el reco- cracia argentina post-dictadura. Ponencia presentada nocimiento público de la responsabilidad estatal y la Delrio, W. (2005). Memorias de expropiación. Sometimiento en las 2as. Jornadas de Historia de la Patagonia. General presentación pública de excusas; la aplicación de san- e incorporación indígena en la Patagonia, 1872-1943. 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Buenos Aires: Edito- uploads/2010/03/Negacionismo-Sevane-Garibian. rial Americana. 24 Cf. artículo 3 de la Declaración del 2007 y las dispo- pdf . Quesada, V. G. (1865). Las fronteras y los indios. Apun- siciones previstas por esta Declaración y por el Con- venio 169 de la OIT acerca de los mecanismos de con- Hux, M. (1999). Memorias del ex-cautivo Santiago Avenda- tes históricos. La Revista de Buenos Aires, vol. VI, pp. sulta y de consentimiento previo, libre e informado. ño. Buenos Aires : Elefante Blanco. 39-64. 8 Corpus. Archivos virtuales de la alteridad americana, Vol. 1, N°2, 2do. semestre 2011, ISSN 1853-8037
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    DEBATE Historia y silencio: Pilar Pérez* Genocidio y política indigenista: debates sobre la potencia explicativa de una La Conquista del Desierto como categoría polémica genocidio no-narrado Editor El campo de los estudios sobre genocidio ha venido creciendo sostenidamente desde principios de la dé- cada del noventa descentralizando el monopolio de la atribución de genocidio, y de los estudios al respecto, Diana Lenton (presentadora y comentarista) al holocausto. La principal ventaja de que exista este espacio de debate radica en su carácter interdiscipli- nario (ya que cuenta con contribuciones de la historia, sociología, derecho, ciencias políticas, antropología, Autores y comentaristas (en orden alfabético) demografía, entre otras). Estos enfoques enriquecen, sin duda, el estudio de un proceso social complejo que lejos de circunscribirse a un evento violento –aislado y con un fin concreto- requiere del análisis de múltiples Walter Delrio y Ana Ramos niveles para ser comprendido y para sopesar su magnitud espacio temporal (Straus, 2006). Diego Escolar Por otra parte, la categoría genocidio es hoy invocada desde agencias muy distantes. En el caso argentino Pilar Pérez la denuncia por genocidio es sostenida por numerosas organizaciones indígenas y de derechos humanos Florencia Roulet y María Teresa Garrido para referir al proceso de incorporación de los pueblos originarios al estado nacional. Por otra parte, en términos de política internacional, la categoría está siendo apropiada desde estados poderosos, como los Verónica Seldes Estados Unidos –aunque no solamente- para justificar intervenciones armadas en países del tercer mundo1. Liliana Tamagno Por esto, una preocupación central de los investigadores comprometidos con su estudio orbita en torno a la generalización indiscriminada del término. En gran medida porque al explicar diversos procesos como Julio Esteban Vezub genocidas –la trata esclavista, la colonización, las dictaduras latinoamericanas de segunda mitad del siglo XX, etc- se corre el riego de diluir la especificidad del término o de equiparar procesos muy distintos entre sí. Por supuesto existen numerosos intentos por clasificar los distintos tipos de genocidio. En este sentido, cabe destacar, por un lado, la trascendencia y, por otro, las constricciones que emergen de la Convención para la prevención y sanción del delito de genocidio propuesta por Raphael Lemkin y adoptada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1948. Genocidio, resaltan numerosos especialistas en el tema, es un crimen antiguo al que se le otorgó un nombre por primera vez como consecuencia de los crímenes nazis (Kuper, 2002). Corpus. Archivos virtuales de la alteridad americana, Vol. 1, N° 2, 2do. semestre 2011, ISSN 1853-8037, URL: http://ppct.caicyt.gov.ar/index.php/corpus *IIDyPCA UNRN CONICET. Correo electrónico: pezpil@gmail.com
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    En primer lugar,la Convención genera un piso de temporal que abarca gran parte del siglo XX. En estas do barbarismo o extranjería. Desde el poder soberano te- discusión común para pensar las acciones, los grupos dos líneas se enmarca desde estudios recientes el pro- rritorializado disputaba legitimidad a su autoridad por y las responsabilidades en torno a un crimen perpetra- ceso que en Argentina se denominó “Conquista del De- su sola presencia en el territorio y, conjuntamente, era la do sobre un sector de la sociedad (ya no un individuo). sierto”. muestra viva de la incapacidad del estado de garantizar Precisamente por este quiebre en el derecho liberal la el orden, los derechos de propiedad y en definitiva, el Convención presenta numerosos problemas para su im- El genocidio como fin: civilización y barbarie progreso. Como contracara, las campañas exitosas en el plementación en la justicia, como ha sido demostrado sur demostraron la capacidad del estado de terminar con -por ejemplo- en el Tribunal Penal Internacional para Si bien desde principios de la década de 1870 el es- el “problema del indio” y fueron motivo de legitimación Ruanda (Magnarella, 2002). Más allá de los problemas tado argentino comenzó una ofensiva militar hacia las en carreras políticas como la del propio Julio A. Roca. de orden legal que la Convención genera en cortes na- “tierras de indios” no fue sino hasta fines de la misma El proceso de ocupación y sometimiento llevó cerca cionales e internacionales, el origen jurídico del término cuando la organización burocrática del estado y las ne- de 5 años, en los cuales el ejército argentino sentó fuer- impone ciertos límites propios del lenguaje que impiden cesidades del modelo económico permitieron al estado tes y fortines estratégicos a lo largo del río Negro desde la profundización en los procesos particulares. Uno de quebrantar todos los acuerdos y tratados firmados con donde operativizó campañas sucesivas y garantizó el estos límites estructurantes de los estudios sobre genoci- caciques representativos de parcialidades soberanas de control de la Patagonia norte. La Conquista del Desierto dio radica, a mi entender, en considerar al genocidio, en las pampas (Briones y Carrasco, 2000) y avanzar militar- fue seguida desde la prensa porteña y fue acompañada tanto crimen, como un fin en sí mismo y, en este sentido, mente sobre la Patagonia. La Conquista fue sustentada por numerosos intelectuales reconocidos de la época, es- reducir su estudio en demostrar la intencionalidad del en principio por medio de la Ley de empréstitos para critores, fotógrafos, ingenieros, etc quienes buscaban en mismo. De esta forma se asume la lógica del proceso ju- su financiamiento e ideológicamente fue fomentada por esta marcha ser parte de un capítulo fundante del estado rídico que deja de lado el motivo por ser irrelevante para intelectuales orgánicos al proyecto institucional desde nacional (Navarro Floria 2007) y que oportunamente lo- determinar al responsable del crimen. Sin embargo, para el Congreso Nacional. Paralelamente operó una singu- gró sellar la idea de que la Argentina era un país distinto las ciencias sociales y humanas el motivo es parte funda- larización del “indio” como un otro salvaje, extranjero en Latinoamérica, esto es, libre de indios. mental para comprender el proceso y su desenlace. De e indeseable –respecto del inmigrante blanco europeo-. esta forma, Zygmunt Bauman (1989) propone pensar el El territorio bajo su poder sometía el potencial de las tie- En tanto, otras marchas se iniciaban para los indígenas genocidio ya no como un fin en sí mismo, sino más bien rras argentinas en un desierto. En consecuencia el indio en Patagonia. Aquellos que sobrevivían a las embestidas como un medio cuyo fin es cambiar radicalmente una encarnaba lo indeseable de lo que la comunidad ima- militares eran trasladados de a pie por cientos de kiló- sociedad y convertirla en algo mejor. En consecuencia, ginada -construida desde el estado- esperaba para sus metros hasta los fuertes que funcionaban como campos el genocidio es parte constituyente de un proyecto a fu- miembros (Lenton 2005). de concentración. Como revela el estudio de Enrique turo. Los indígenas a los que normalmente se les reconocían Mases (2002), en tanto nuevos polos productivos, como Ambos enfoques tienen mucho para aportar cuando adscripciones étnicas-territoriales (araucanos, manzane- el norte azucarero o la región cuyana, demandaran fuer- se propone analizar el caso argentino. Pensar el geno- ros, pampas, etc) comenzaron a ser nombrados simple- za de trabajo, hombres jóvenes –en su mayoría- eran de- cidio como fin nos permite destacar políticas de estado mente como “indio” -junto a una adscripción nacional portados hacia esos centros para trabajar como mano de concretas sobre una población singularizada y discrimi- “chileno” o “argentino”-, categoría que reunía las carac- obra esclava. En el caso de las mujeres y las niñas, prin- nada dentro de la matriz estado-nación-territorio que se terísticas ya mencionadas y que lo convertían no solo cipalmente, eran trasladadas a Buenos Aires para ser uti- materializa sobre fines del siglo XIX. Mientras el geno- en un otro condenable sino también peligroso (Delrio lizados como servidumbre en las casas de la alta socie- cidio como medio nos habilita a reflexionar sobre una 2005). El peligro que el indígena representaba operaba dad. La obligación que estas familias receptoras tenían ingeniería social determinada hegemónicamente por la en diversos niveles. Desde la membresía nacional encar- con los “indiecitos” era las de darle bautismo cristiano elite nacional centrada en Buenos Aires y con un alcance naba un agente posible de desintegración por su atribui- y por ende un nuevo nombre. Otro destino que tenían 2 Corpus. Archivos virtuales de la alteridad americana, Vol. 1, N°2, 2do. semestre 2011, ISSN 1853-8037
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    los hombres erael propio ejército y la marina para for- nica que reemplazan genocidio y buscan focalizar en el Asimismo, se reitera la falta de intención de exterminio. mar parte de las divisiones que iniciaban las campañas aspecto cultural para incluir procesos de violencia sim- Finalmente, se ratifica la incorporación forzada como vía militares del norte del país. Finalmente algunos fueron bólica y aculturación.2 inevitable en donde el estado solo colaboró –con exce- conservados como piezas de museo en vida y también sos- a acelerar. De esta forma, se confirma a través de la En segundo lugar, se distinguen los procesos según después de muertos en el Museo de La Plata (Añon Suá- clasificación académica enfocada en la asimilación –con la relación constituida por el perpetrador. El parteaguas rez, Harrison y Pepe 2008). todas las dificultades que el término implica- lo que la está centrado en los que se consideran genocidios colo- A medida que los mercados laborales fueron satura- generación del 80 proponía como parte de una política nialistas, de expansión y en detrimento de un otro exter- dos, aquellos sin destino continuaron siendo hacinados de estado. no. En este caso el perpetrador no necesariamente es un en los campos de concentración que duraron hasta fi- estado, sino que puede provenir de agencias particula- En segundo lugar, se entiende el proceso de la Con- nes de la década del 80 –a pesar de que oficialmente las res3. Por su parte, los genocidios modernos se caracteri- quista del Desierto como un genocidio colonialista. Si campañas terminaron con la rendición de Saihueque el zan por la singularización por parte de un estado de un bien nos interesa analizar esta divisoria -que cuenta con 1 de enero de 1885-, respondiendo a necesidades pun- otro interno (Feierstein 2005, p.60). Es decir, cuando el un amplio consenso en los estudios comparativos de ge- tuales de otros polos económicos del país. En tanto, se estado quiebra el mandato fundacional de hacer vivir y nocidio- para el caso argentino, creemos necesario hacer debatían diversas estrategias inconclusas para reubicar provoca la muerte de un sector de la sociedad. hincapié en que cuando se asume a priori que la Con- a los sobrevivientes, las tierras se repartían entre pobla- quista fue una guerra contra un otro externo se reinscri- dores que cumplieran con las características deseables En relación a la Conquista del Desierto, en particu- ben las lecturas extranjerizantes, así como la invisibiliza- del ciudadano argentino y se “colonizaban” por grandes lar, en la búsqueda por clasificar comparativamente ción de este sector de la sociedad. Pero principalmente compañías que monopolizaban grandes extensiones de este proceso existen dos tendencias sobre las que pue- se relega al pasado la presencia indígena y se minimizan tierra. den leerse recreados distintos supuestos que el propio las consecuencias del genocidio que perduran hasta el genocidio instaló en la historia nacional y en el sentido presente. En esta breve descripción que retoma algunos de los común de la sociedad argentina en general. En primer aportes más destacados del tema podemos reconocer en lugar, la ausencia de responsables en la eliminación de el proceso de ocupación y sometimiento los 5 actos que los indígenas. Asimismo su asimilación a la civilización El genocidio como medio para constituir una menciona el artículo 2 de la Convención sancionada por como destino indeclinable. En segundo lugar, y como nueva sociedad la ONU (para un análisis detallado ver Delrio et al 2010) consecuencia de la anterior, el confinamiento al pasado Durante la ocupación militar los indios reducidos por de la existencia de indígenas en el país y, por ende, la el ejército fueron concentrados dentro del territorio pa- El genocidio en relación a los pueblos origina- fragmentación del proceso histórico que, entre otras co- tagónico en Valcheta, Chichinales, Choele-Choel y Roca rios sas, descontextualiza los procesos contemporáneos de principalmente. Muchos fueron clasificados, seleccio- reafirmación y etnogénesis (Escolar 2007). La categoría genocidio tiende a ser utilizada para de- nados y deportados desde estos campos y trasladados nunciar procesos de sometimiento y expropiación de Una primera tendencia es entender la Conquista como hasta los cuarteles de Retiro o hacia la Isla Martín Gar- pueblos indígenas en todo el mundo, en general con el un etnocidio -reemplazando genocidio- haciendo énfa- cía donde esperaban un nuevo destino. Sin embargo, los fin de reivindicar derechos y visibilizar situaciones de sis sobre todo en la pérdida cultural, en la asimilación campos también representaron el espacio desde donde vulneración de los mismos. Sin embargo, dentro de la y, por ende, reforzando la idea del inevitable proceso varios caciques que contaban con el reconocimiento academia existen esfuerzos por darle un uso más acota- de extinción. Siguiendo el planteo de Delrio (2010), de previo del estado negociaron –en clara asimetría- con- do, preciso y problematizado. En este sentido podemos esta manera se suele, por un lado, restar importancia a diciones de subsistencia, la posibilidad de recibir tierras, destacar dos tendencias. En primer lugar, la utilización la eliminación física concreta que produjeron las cam- para aquellos que se reagruparon en su entorno (Del- de categorías como etnocidio, culturicidio o limpieza ét- pañas militares de ocupación del espacio patagónico. rio, 2005)4. Las condiciones de vida de aquellos que que- 3 Corpus. Archivos virtuales de la alteridad americana, Vol. 1, N°2, 2do. semestre 2011, ISSN 1853-8037
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    daban en loscampos –muchos viejos y débiles- fueron nes preparen el camino para la civilización en la cual no Palabras finales denunciadas por misioneros salesianos, viajeros e inclu- son incluidos, sea por falta de condiciones, sea porque El proceso genocida funda una relación entre el estado sive por algunos militares. Pero fundamentalmente, los se espera la llegada de otros (inmigrantes) mejor prepa- y el indio en donde este es construido estructuralmente campos forman parte de la memoria social indígena. rados. Esta práctica discriminatoria será reiterada suce- como una excepción dentro de la matriz del estado. Esto sivamente a través de las inspecciones de tierras y será que se produce en el momento histórico de la Conquis- De esta manera en una fecha tardía como noviembre argumento central para justificar desalojos y corridas ta marcará la relación entre el estado y los indios como de 1889, producto en parte de los debates sobre qué ha- (Perez, 2009a). Resta aclarar que la creación de la colonia sus márgenes a lo largo del siglo XX. Según Das y Poole cer con los sobrevivientes, la Comisión central de tierras con indígenas no fue autorizada. (2008) los márgenes son supuestos necesarios del esta- y colonias informa al Ministro del Interior que Por otra parte, nos estamos refiriendo a aquellos in- do, en donde este encuentra legitimidad para recrear su En las márgenes del Río Valchetas existen en la actualidad dios que son listados, cuantificados, vigilados, distribui- siempre incompleto “sistema de estado” (Abrams, 1988) bajo la vijilancia de una Comisaría Policial, no menos de dos y –eventualmente- racionados por el estado que son y a través de cuyas prácticas y rutinas se reproduce la 500 indios sometidos; según informes fidedignos que esta construcción imaginaria del estado (Ferguson y Gupta, los que están en los campos. Tal como destacan Nagy y comisión ha recogido, viven en la mayor miseria sin que 2002). Papazian (2009) para el caso de Martín García los indios haya esperanza de que se civilicen por falta de medios con- ducentes a ese fin. Esta comisión piensa que por humani- sometidos se encuentran presos no por crímenes o faltas La falta de historización del proceso a lo largo de gran dad y conveniencia del país debe modificarse este estado contra la sociedad sino por ser indios. Sin embargo, exis- parte del siglo XX apoyó el discurso de la extinción, sim- de cosas (…) ten también aquellos otros que permanecen por fuera de plificó el proceso histórico de construcción del estado los campos que siguen perteneciendo al mundo de los nacional y colaboró en eludir responsabilidades. Más No escapará a V.E. la importancia que para el país tiene la salvajes, del desierto y por sobre todo, no tienen ninguna aún, el silencio de la historia autorizó la reproducción formación de una colonia en el corazón del desierto, con capacidad de negociar o reclamar asientos de tierra. Es de formas de violencia simbólica y física sobre los indí- elementos que ya existen allí y que aseguran el éxito de la decir que el campo se vuelve un umbral entre la civili- genas, las cuales en caso de emerger por su gravedad, Colonia. No es posible todavía formar esas colonias con in- migrantes europeos, y son los indígenas bien organizados zación y la barbarie. El indio del desierto puede volver a como el caso de Rincón Bomba (Mapelman, 2010), apare- y vigilados los que prepararán las rutas por donde muy caer en su estado de salvajismo si queda fuera del campo cen como hechos aislados y disociados de una trayecto- luego penetrará una civilización más completa. (AGN- – como el espacio de disciplinamiento y control en don- ria de relación. También aparecen como hechos aislados DAI, Exp grales, 1889, legajo 25, exp, 7977) de el estado realiza su poder soberano-. los desalojos, relocalizaciones, arreos de personas, entre Previo a la Conquista, los indígenas eran considera- Retomando la metáfora de Agamben (2003), el indio otras formas de violencia enmarcadas en actos (i)legales dos un otro interno, es decir interno al territorio preten- corresponde a la figura del “hombre-lobo”. Su esencia ejercidas sobre los indígenas con el aval de o por parte dido como nacional –pero escasamente conocido por el reificada por el estado contiene la latencia de que pue- del estado a lo largo del siglo XX (Pérez, 2009b y 2011). estado- pero externo a la membresía argentina (Briones de volverse sobre su estado animal y de esta forma Paralelamente la historia incompleta o la ausencia de y Delrio, 2002). A partir de la constitución material de ser agente de la disolución de la civilización. Por esto, imágenes sobre la otra cara del proceso civilizatorio – un estado de excepción en los campos de concentración, aquellos que están dentro de los campos despiertan re- parte inherente del mismo siguiendo la propuesta de los indígenas de los campos son estructuralmente pro- clamos “humanitarios”, son seres humanos en terribles Traverso (1997)- sostuvo la desconexión entre pasado y ducidos como sujetos subalternos dentro de la norma condiciones, pero al mismo tiempo no pueden dejar de presente que fomentó el proceso de invisibilización –sea que impone la matriz estado-nación-territorio. En la cita ser vigilados, porque antes que humanos son indios. En como estrategia indígena para evitar la discriminación o de la Comisión, se destaca esta contradicción en donde contrapartida la razón de ser del estado y su legitimidad como parte del proyecto homogeneizador de la nación- por un lado surge la necesidad humanitaria y como con- de ejercer violencia se materializa en su relación con este que en la actualidad es fundamental para deslegitimar tracara se afirma que los indios –vigilados- serán quie- otro interno. demandas por derechos y por tierras. Por otra parte, la 4 Corpus. Archivos virtuales de la alteridad americana, Vol. 1, N°2, 2do. semestre 2011, ISSN 1853-8037
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    sociedad argentina desconoceesta otra parte -o descree, Referencias bibliográficas Escolar, D. (2007). Los Dones Étnicos de la Nación. Identida- ya que ha sido educada en asumir la extinción “natural” Abrams, P. (1988). Notes on the difficulty of studying des huarpe y modos de producción de soberanía en Argenti- de los indios- del proceso de consolidación del estado- the state. Journal of historical sociology, 1 (1), 58-89. na. Buenos Aires: Prometeo. nación como producto de políticas concretas de las elites Feierstein D. (2005). Genocidio. la administración de la del siglo XIX que pensaban en una sociedad argentina Agamben G (2003). Estado de Excepción. Homo sacer II. Va- lencia: Ed. PRE-TEXTOS. muerte en la modernidad, Buenos Aires: Eduntref homogénea, producida por el estado sobre su territorio soberano. Añón Suárez M., P. Harrison y F. Pepe (2008) Identifi- Ferguson J. y A. Gupta (2002). Spatializing states: toward cación y restitución: Colecciones de restos humanos en el an ethnography of neoliberal governmentality. Ameri- Museo de La Plata. La Plata: Ed GUIAS can Ethnologist, 29 (4), 981-1002. Bauman, Z. (1989) Modernity and the holocaust, Cornell: Kuper L. (2002) Genocide: its political use in the twen- NOTAS: Cornell University Press tieth century. En A.Hinton (Ed.), Genocide. An anthro- 1 Para un análisis detallado sobre el M.A.R.O. (Mass pological reader, Malden, Mass.: Blackwell Briones C. y Carrasco M. (2000). Pacta sunt servanda. ca- Atrocity Response Operations; A Military Planning pitulaciones convenios y tratado con indígenas en Pampa y Lenton, D. (2005). De centauros a protegidos. La construc- Handbookv) producido por el actual gobierno de Patagonia (Argentina 1742-1880) Buenos Aires: IWGIA ción del sujeto de la política indigenista Argentina desde los EEUU ver el número especial de Genocide Studies and debates parlamentarios (1880-1970). Tesis doctoral, Uni- Prevention vol 6, 2011 Briones C. y Delrio W. (2002). Patria sí, Colonias tam- bién. Estrategias diferenciales de radicación de indíge- versidad de Buenos Aires. 2 Según los casos seguidos por Totten, Parsons y nas en Pampa y Patagonia (1885-1900). En: A. Teruel, Magnarella, P. (2002). Recent development in the inter- Hitchcock (2002), se suele avalar estas categorías M. Lacarrieu y O. Jerez (Comps.) Fronteras, ciudades y national law of genocide: an anthropological perspec- para expresar la supresión física involuntaria, por estados, Tomo I. (pp. 45-78). Córdoba: Alción Editora. tive on the international criminal tribunal for Rwanda. ejemplo, la mortandad de indígenas por viruela en En: A. Hinton (Ed.), Annihilating difference. The Anthro- el contexto de la Conquista de America. Al mismo Das, V. y D. Poole (2008). El estado y sus márgenes. Et- nografías comparadas, en Cuadernos de antropología so- pology of Genocide.(pp. 310-322) California: University tiempo se utiliza etnocidio para procesos de asimila- of California Press. ción forzada con la intención de “civilizar” o re-edu- cial, N° 27, 19-52. car como suele caracterizarse el caso de las escuelas Delrio W. (2005). Memorias de expropiación. Sometimiento Mapelman, V. (2010) “Octubre pilagá”. Documental. 80’. residenciales en Canadá. e incorporación indígena en la Patagonia (1872-1943). Ber- Buenos Aires. 3 Por ejemplo las compañías comerciales en tiempos nal: Editorial Universidad Nacional de Quilmes. Mases E. (2002) Estado y cuestión indígena. El destino final coloniales que explotan determinados recursos (in- Delrio, W., D. Lenton, M. Musante, M. Nagy, A. Papa- de los indios sometidos en el fin del territorio (1878-1910). cluida la mano de obra) y que como consecuencia zian y P. Pérez. (2010). Discussing Indigenous Geno- Buenos. Aires: Prometeo libros/Entrepasados. socavan la subsistencia de un determinado grupo so- cide in Argentina: Past, Present, and Consequences of Nagy M. y A. Papazian (2009). De la Isla como Campo. cial Argentinean State Policies toward Native Peoples. Ge- Prácticas de disciplinamiento indígena en la Isla Mar- 4 Quizás otra vía para negociar reconocimientos por nocide Studies and Prevention 5, 2 August 2010, 138–159. tín García hacia fines s. XIX. XII Jornadas Interescuelas- parte del estado correspondía al haber prestado ser- Delrio W. (2010). Del no-evento al genocidio. Eadem Un- Departamentos de Historia. Bariloche: Universidad Na- vicios en las campañas. trake Europa, n 10. cional del Comahue. 5 Corpus. Archivos virtuales de la alteridad americana, Vol. 1, N°2, 2do. semestre 2011, ISSN 1853-8037
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    Navarro Floria, P.(2007). Paisajes del progreso. La resig- Pérez, P. (2009b). Las policías fronterizas: mecanismos Straus, S. (2006). The Order of Genocide: Race, Power, and nificación de la Patagonia Norte, 1880-1916. Neuquén: de control y espacialización en los territorios naciona- War in Rwanda. Ithaca, NY: Cornell University Press. Educo les del sur a principios del siglo XX. XII Jornadas Inte- Totten, S., Parsons, W. y Hitchcock, R. (2002). Confron- Pérez, P. (2009a). Inspectores y “escribanos”. Archivos rescuelas de Historia, Bariloche: Universidad Nacional ting genocide and ethnocide of indigenous peoples. y memorias de disputas territoriales mapuche en Río del Comahue. En: A. Hinton, Annhiliating difference. The Anthropology Negro en la primera mitad del siglo XX. Buenos Aires: Pérez, P. (2011). Cuatreros, comerciantes, comisarios. of Genocide.(pp. 54-91). California: University of Cali- VIII Reunión de Antropología del Mercosur. Poder y capital en las primeras décadas del siglo XX fornia Press en Río Negro. IV Jornadas de Historia Social de la Patago- Traverso, E. (1997). La historia desgarrada. Ensayo sobre nia. Santa Rosa, 19 y 20 de Mayo 2011. UNLPam Auschwitz y los intelectuales, Barcelona: Herder. 6 Corpus. Archivos virtuales de la alteridad americana, Vol. 1, N°2, 2do. semestre 2011, ISSN 1853-8037
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    DEBATE Genocidio como categoría analítica: Walter Delrio y Genocidio y política indigenista: debates Ana Ramos* sobre la potencia explicativa de una Memoria social y marcos alternativos categoría polémica Editor En los últimos años se ha venido produciendo un cambio significativo en el abordaje historiográfico sobre la relación entre pueblos originarios y políticas de estado en Argentina. Especialmente, esto es visible en Diana Lenton (presentadora y comentarista) relación a dos ejes: en primer lugar, la identificación de nuevas fuentes, temas, relaciones y procesos que complejizan la descripción hasta no hace mucho hegemónicamente homogénea; y, en segundo lugar, en Autores y comentaristas (en orden alfabético) cuanto al debate y aplicación de categorías de análisis que enmarcan al proceso de relación estado-pueblos originarios como crimen de lesa humanidad. Walter Delrio y Ana Ramos En este proceso, una primera conclusión es que ha sido subrayada la existencia de una verdadera política Diego Escolar de estado hacia la población originaria, implementada en las últimas dos décadas del siglo XIX. Este énfasis Pilar Pérez representa un cambio de paradigma frente a los supuestos de inexistencia de dichas políticas y de la “extin- Florencia Roulet y María Teresa Garrido ción indígena” que habían sido impuestos por el discurso político contemporáneo sobre las campañas de sometimiento y continuados, en gran medida, a través de todo el siglo XX por parte del discurso historio- Verónica Seldes gráfico. Al mismo tiempo, estas nuevas direcciones en las investigaciones han llevado a nuevas preguntas Liliana Tamagno en torno a la continuidad/transformación/cambio de las políticas estatales, sobre la agencia de los pueblos originarios en este proceso, y con respecto a las implicancias que la conceptualización sobre el sometimiento Julio Esteban Vezub estatal puede tener en el establecimiento de víctimas y reparaciones cuando se refiere al mismo como crimen de lesa humanidad, violencia o masacre estatal, o genocidio. Proponemos aquí abordar brevemente los dos ejes mencionados. En primer lugar, y en relación con la ampliación de temas y fuentes, introducir el caso de los niños apropiados en el contexto de las campañas de conquista de norpatagonia. En segundo lugar, en cuanto al debate teórico-conceptual sobre el proceso de sometimiento, pensar en la necesidad de tomar en serio otros marcos de interpretación en la discusión de las categorías de análisis, especialmente aquellos que han sido producidos desde trayectorias socioculturales subordinadas. Corpus. Archivos virtuales de la alteridad americana, Vol. 1, N° 2, 2do. semestre 2011, ISSN 1853-8037, URL: http://ppct.caicyt.gov.ar/index.php/corpus *CONICET-IIPDyCa (UNRN). Correos electrónicos: wmdelrio@gmail.com, aramosam@gmail.com
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    1. Memoria dela persecución y memoria del Florentino Yanquetruz, de la meseta chubutense (Ar- puede ser nombrado: los niños perdidos, quienes nunca reencuentro gentina), contaba que en los años en que “fue la guerra volvieron, o fallecieron. esa” cuando los winka perseguían y “degollaban a los Esta memoria, transmitida tanto por el discurso –o Sabía llorar, después seguía conversando mi abuelita. Los paisanos y las paisanas”, una de las estrategias había fragmentos de discursos—y por otras expresiones de si- habían llevado lejos, para dónde... porque mi abuela dice consistido en esconder a los niños para que no se los lle- lencio –como los sentimientos de tristeza expresados en que escapó, cómo le llaman este lugar, sabía decir ella... varan: el llanto de las abuelas-, es colectiva en tanto aún mantie- Choele Choel. En Choele Choel sabía decir, de ahí dice que ne su capacidad para actualizar las huellas dejadas por se escapó ella. (2004) y se enterraban, hacían una cueva para que no los vieran, los acontecimientos. Los testigos eran niños en los años andaban de a caballo parece los de ellos. Desde adonde La apropiación de menores –dentro de lo que ha sido del evento referido, y en sus relatos, o silencios, ellos aún vinieron no sé… era para quitarle los derechos, sacarlos del el disciplinamiento y la utilización de la población ori- campo nomás, entonces para zafar de la muerte que hacían los se encontraban afectados por el acontecimiento -impre- ginaria como fuerza de trabajo- ha constituido a lo largo grandotes esos, los… los asesinos éstos que andaban, di- sionados, lastimados, afligidos, hambreados o heridos. de más de un siglo un no-tema para la historiografía. Las cen que creaban así como una cueva y los metían adentro A través del relato, nuestros interlocutores –también ni- descripciones sobre el desarrollo de misiones religiosas de la cueva, ahí no podían porque pasaban de largo, algún ños al momento de recibirlo—vuelven a ser testigos, en en el área a menudo simplificaron y redujeron los cam- muchachito han podido salvar, pobre gente, cómo habrán tanto también se encuentran bajo el efecto del aconteci- pos de visibilidad sobre la distribución, deportación y sufrido…(2008) miento cuya impotencia, violencia y tristeza comunica el apropiación de menores durante las campañas de con- testimonio (Ricoeur 1999, p.83). Narrativas como éstas expresan un tipo particular y quista y los años siguientes a las mismas. En el sentido especial de memoria que conservó una generación para Los sentidos más significativos y los efectos más per- común esto se expresa en el icono de Ceferino Namuncu- las siguientes. Se trata de una de las narrativas que sue- formativos de la transmisión de memorias sobre contex- rá, hijo del “terrible cacique” convertido al “servicio de len ser denominadas como las “historias tristes”. Son tos post-violencia residen más en la construcción de los Dios” que ha venido a condensar todo lo que se debiera aquellas que se sitúan temporalmente en los años poste- silencios que en el detalle de lo efectivamente expresado conocer de las políticas de expropiación, distribución y riores a los enfrentamientos con los ejércitos nacionales. en discurso. La transmisión de memoria consiste tam- disciplinamiento de menores indígenas. En la memoria, el tiempo de las “expediciones militares” bién en el respeto de estos silencios significativos, es de- en los que tenían que huir por la cordillera, reagrupar- cir, en la decisión de volver a transmitirlos como tales. En el presente, existen trabajos -algunos de ellos aún se, aliarse, organizar parlamentos y planificar estrategias Sin embargo, en ocasiones, los silencios devienen imáge- en curso- que han dado cuenta de los mecanismos de comunes culmina con la “entrega” o el “sometimiento”. nes discursivas y dan textura a uno de los “no eventos” traslado y distribución de menores durante las campa- Es entonces cuando inician los “tiempos tristes” y el “su- (Trouillot 1995) de la historia oficial: los campos de con- ñas militares y años siguientes (Mases 2002, Lenton y frimiento de los abuelos” así como la dispersión de las centración indígenas en Patagonia. Sosa 2009, Nagy y Papazián 2009, Escolar 2008). Estos familias y los desplazamientos en los que se originan Las experiencias del post-sometimiento son contadas vienen demostrando lo sistemático y extendido de este los grupos actuales de pertenencia. Las historias tristes generalmente a través del protagonismo de mujeres y fenómeno de apropiación y borramiento de identidad refieren al nuevo contexto, en el que los grupos indíge- niños, y a través de ciertas imágenes específicas: el arreo que ha llegado a representar porcentajes muy altos en nas dejan de tener control sobre su territorio, sobre sus como si fueran animales, los años de encierro, las “pilas determinadas ciudades como por ejemplo, Carmen de familias y sobre sus destinos, es decir, historias de impo- de muertos”, la apropiación de los niños y el hambre. Patagones (Delrio y Quintana mi). Más allá de reponer tencia y sobre el qué hacer pese a ella. Las narraciones Estas historias refieren a eventos ocurridos en lugares aquí los resultados de este tipo de línea de trabajo nos se cuentan desde el regreso de aquellos que sí pudieron distantes entre sí como las provincias de Mendoza, La interesa enfocar en cómo esa experiencia aparece en la hacerlo. Estas historias del regreso y la reestructuración Pampa, Buenos Aires o distintas localidades de Río Ne- memoria colectiva. tienen como telón de fondo el no evento de lo que no gro (Valcheta, Choele Choel, Chichinales). 2 Corpus. Archivos virtuales de la alteridad americana, Vol. 1, N°2, 2do. semestre 2011, ISSN 1853-8037
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    A medida quelos grupos parentales iban siendo so- recorrido era realizado de a pie. La tortura y al muerte Donde los tenían encerrados se morían de hambre… y ha- metidos por el ejército nacional, comenzaba la marcha están presentes en estas marchas. bía un cerrito, no sé qué, decía que ahí era donde ponían, hacia los sitios destinados a su concentración. En algu- los tiraban, los muertos…” (2006) nos casos la población originaria era obligada a cumplir Decía mi abuela que cuando lo llevaron el que se cansaba lo Quienes protagonizan estas historias, los testigos que un servicio para el ejército como baqueanos, guías o tro- mataban ahí nomás y listo, aparte que lo llevaron a pata… pudieron transmitir las experiencias a sus familias, ge- a los muchachitos, lo mataron iba a al asador y el fuego, pa. Cada fortín o fuerte solía funcionar de vigilancia de neralmente fueron mujeres, pero sobre todo fueron ni- … Así era la guerra de antes, 13 años tenía ella cuando la un grupo más o menos numeroso de sometidos. No obs- ños que quedaron huérfanos o no llegaron a conocer a llevaron, la madre y ella” (2004) tante, estas detenciones temporales servían de paso ha- sus padres: cia otras mayores que se fueron conformando en lugares A: dicen que los mandan todo como animales ahí frecuentemente inhóspitos. A este tipo de concentracio- Ella fue cautiva, la abuela mía era cautiva, era chiquita, y C: claro. Y ahí dicen que los van racionando nomás, para después cuando lo cautivaron vino a salir después cuando nes fue destinada la mayor parte de la población ori- que vayan y lleguen vivos hasta donde los van a terminar a ginaria sometida o presentada. Algunos de estos sitios se acomodó todo lo... ahí, se vino a salir, disparó, salió, se todos, dicen que los rondaban... así... vino para acá, e hizo familia. Solía llorar mi abuela. Y sí yo son recordados con los nombres actuales de los parajes. A: los que no podían caminar dicen que les cortaban el co- me acuerdo, de repente me acuerdo, porque ella contaba Otros también son mencionados en otro tipo de fuen- la abuela. Las tropas se la llevaban... la agarraron cuando tes, como las memorias escritas de los misioneros sale- gote nomás (2004) hubo esa guerra, eso, ahí se cautivó, cuál era la madre ni sianos, de los nuevos pobladores que se asentaron en la Los destinos eran variados y con funciones también conoció tampoco, cuando era señorita vino a salir, mejor región o los partes militares. Aparecen episodios de con- diferentes, como mencionamos antes, pero en todos los vamos a salir, le dijeron de ahí, si estaban cautivados. La centración de personas, por ejemplo en Fortín Castro, casos los grupos concentrados se encontraban encerra- cautivaron antes la gente, igual que un animal, como que hacia febrero de 18841; Chichinales2 por lo menos desde dos y bajo vigilancia. Algunas historias describen estos yo tengo una animal ahora, lo agarro y lo llevo así, esos 1885; y Valcheta3. Todos ellos ubicados en la actual pro- lugares como sitios de espera desde los cuales niños y son cautivos, que le dicen, no sabe qué es lo que pasa. (…) vincia de Río Negro. En cuanto al actual territorio de mujeres eran deportados, o morían de hambre o por Esa fue cautivada con la guerra no sabía cuál era la mamá Neuquén, el padre Domingo Milanesio aseguraba que cuando la agarraron (1997) falta de atención médica. Otras historias los describen en la región cordillerana había 20.000 indios agrupados.4 como “cuarteles” en los que eran obligados a trabajos En estos relatos y otros similares, el testigo protagonis- Con respecto a Valcheta tanto la memoria social como la forzados. La transmisión de datos precisos sobre las ubi- ta del evento es un niño. En los recuerdos citados arriba, documentación de archivo permiten suponerlo como el caciones geográficas de estos lugares de concentración o son estas niñas y niños los que escapan de los campos centro más importante en cuanto al número de personas sobre la duración del “cautiverio” nos permite compren- de concentración y regresan en búsqueda de parientes. que fueron trasladadas allí. En algunos casos, el recuer- der la extensión de esta política estatal represiva. Locali- Estos relatos puntuales denuncian los eventos implíci- do sobre esta concentración remite a campos donde sim- zados en Valcheta, Choe Choel, Chinchinales, Mendoza, tos en ellos, es decir, el destino desconocido de los niños plemente “los mataban a todos”. Buenos Aires, el tiempo de permanencia oscila entre uno que, separados de sus padres o sin recuerdos sobre ellos, y hasta más de cinco años. jamás pudieron regresar. Del mismo modo, la memoria La memoria se detiene en este evento particular de la resguarda las experiencias de aquellos niños que pudie- concentración y la deportación, y los relatos que la ac- Claro, ahí es donde los llevaban, lo llevaban. Dice que veía ron reconstruirlas tiempo después, pero en el contexto tualizan inscriben en los cuerpos de las mujeres y los ni- gente, que enfermaban las mujeres, que tenían criatura, de esta posibilidad, se manifiestan aquellas otras expe- ños las experiencias compartidas de dolor. En distintos dice que le cortaban la cabeza, se iba nomás. Una galleta riencias que ya no podrían ser recontadas: lugares de la Patagonia, donde estas historias han sido dice que le daban por semana, si comió alcanzaba un ca- escuchadas, este evento del pasado suele ser nombrado chito y si no... te morías por ahí nomás... sabía llorar mi Mi abuela contaba que se escapó dice mi abuela dice, sabía con la expresión “nos arreaban como animales”. Gene- pobre abuelita y yo... después mi mamá me pasó a mí con contarme ella, cuando sacaban a los chicos, cuando sacaban ralmente recorrían largas distancias, y gran parte del mi abuelita y yo crié con mi abuelita...(2004) a los chicos que se llevaban. Ella dice que se escapó porque 3 Corpus. Archivos virtuales de la alteridad americana, Vol. 1, N°2, 2do. semestre 2011, ISSN 1853-8037
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    la escondió lamadre de ella debajo de ropa (…), era chiqui- el presente. Esta doble función es la de las narrativas eso se vino campeando la familia, y los padres… si ella era ta, y así se había escapado. Cuando la querían llevar a ella. mapuche y tehuelche sobre los años que siguieron des- jovencita…, y los padres quién sabe para dónde habrán Se la querían llevar. Y ella dice que la madre de ella dice pués del “sometimiento” o “la guerra”, y que suelen ser ido… capaz han muerto… yo nunca me enteré los bisabue- que se sentó y se quedó sentada ahí, no le sacaron a la rastra nombrados también como los “del regreso a casa”. La los de nosotros a dónde fueron…(2006) ni nada, y se quedó ahí nomás, y abajo dice que la puso a fuerza política de estos marcos de interpretación sobre el Otros relatos inician en los campos de concentración, ella con la pilcha esa, con la pollera que se ponen, claro, lo pasado reside en el carácter denunciante y en el énfasis cuando generalmente un niño, una niña o una mujer lo- llaman quipán o iquilla, también lo llaman iquilla a ése. Ella era chiquita, así dice que la había salvado su mamá. Y de reestructurador que la selección poética de imágenes y gran sortear la vigilancia, en algunos casos haciéndose los demás dice que lo llevaron, a todos… Pero no sé cómo… expresiones pone en primer plano. pasar por muertos. Es entonces cuando, en algunos rela- tiene nombre ese cuando sacaban los hijos, los chicos saca- Ciertos eventos y experiencias del pasado se objeti- tos, se encuentran con el nahuel o el ñanco que los ayuda- ban todos, los llevaban los chicos todos” (2006) varon en ngtram o narrativas históricas con carácter de rá en el viaje de retorno, o reciben conocimientos y sabe- Fragmentos de la historia como éstos pueden ser es- verdad, y son estos géneros del arte verbal mapuche res prácticos de los antepasados que viven en el mundo cuchados en distintos lugares de la Patagonia. Las abue- los que, en su función poética, actualizan los marcos de debajo de la tierra, o vuelven de estados de locura o de las y abuelos que relataron sus experiencias del pasado interpretación sobre la historia. De este modo, ciertos situaciones de hambre a través de rogativas (Ramos 2010 fueron los niños que vivieron las masacres, las marchas acontecimientos comunes del pasado se vuelven hitos a y b). En todos los casos ellos retornan en búsqueda de forzadas, los campos de concentración, el hambre, la históricos con cierta autonomía del pasado y del presen- parientes y de un lugar tranquilo donde vivir en un te- separación de sus familias. Estos fragmentos de histo- te, y adquieren el potencial político que distintas genera- rritorio que, a partir de entonces, había pasado a manos ria, estructurados poéticamente en textos identificables ciones le van inscribiendo (Wolin 1994). En este marco, privadas. como “el arreo”, “el cautiverio” y “el modo en que se las narrativas del regreso (como las historias del nahuel o tigre, los relatos sobre las vicisitudes del itinerario de Entonces por eso mi abuela (tenía 13 años) disparó de allá salvaron”, no sólo describen explícitamente detalles de la guerra, se escapó… donde estaban todos los compa- de un no-evento en la historia nacional sino que, sobre retorno y otros5) ponen en primer plano la perspectiva ñeros encerrados, y ella se salvó, dejaron heridas pero sal- todo, implicitan las trayectorias colectivas y personales de la reestructuración de las relaciones sociales y la con- vó. Dice que como vio que se retiraban un poco los que de quienes nunca han podido reestructurar en sentidos formación de nuevos grupos de pertenencia en un con- andaban matando gente, dice que se rodó para allá para el culturalmente significativos las experiencias del pasado. texto en el que los niños ya no están con sus padres y las lado de un zanjoncito hecho un canalcito y se metió ahí. Fue Es decir, las historias de los niños que no “regresaron”. mujeres ya no están con sus familias, y a veces, tampoco rodando, fue rodando… y después cuando… al rato apa- con sus hijos. recieron de vuelta… Porque lo iban a matar, entonces dice Enmarcados en esta perspectiva de la reestructura- que venían recorriendo encontrando otros muertos, como 2. Marcos de interpretación y formas históricas diez muertos ¿vio? Y esta calladita nomás, calladita, dice de entender una relación ción, ciertos acontecimientos se tiñen de sentidos cul- pero ese pasó al ladito de él y no lo vieron nada. Y cuando turalmente significativos. Los grupos de pertenencia se fueron otra vez, vio que se alejaron… dice que se corrió “Muchos volvieron y muchos no” actuales son el resultado de estos regresos así como las para abajo. Y se vino para el pueblo de los otros parientes (anciano mapuche de Cañadón Grande, 2006) trayectorias familiares suelen iniciar con la soledad de que tenía (2004) un niño o una mujer (abuelos y abuelas de nuestros in- La memoria social resguarda una historia política de terlocutores) que estuvieron varios meses acampando y El regreso es, entonces, la historia de los que “se salva- relaciones, en la cual las trayectorias colectivas, familia- sobreviviendo hasta llegar a un poblado de parientes o ron”, y de los que, como expresó Catalina Antilef, “vol- res y personales se entrecruzaron significativamente en de personas que con el tiempo devendrían familia. vieron y sabían conversar”. La memoria social de los con- un momento específico de la historia. No obstante, estas textos de violencia, y específicamente sobre el destino de memorias no sólo reconstruyen eventos pasados, sino Y ahí donde los largaron, era que se desparramaba la gente, los niños y mujeres que murieron o fueron apropiados que también operan como marcos de interpretación en porque la abuela tenía hermanas acá por Languineo, por por las políticas estatales post-sometimiento, se entra- 4 Corpus. Archivos virtuales de la alteridad americana, Vol. 1, N°2, 2do. semestre 2011, ISSN 1853-8037
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    ma con lashistorias familiares de quienes retornaron y sobre sus propias experiencias de niños de la violencia y histórico en el que se organizan los marcos de interpre- socializaron en contextos de pertenencia mapuche y te- la represión estatal. Una mujer de Vuelta del Río recor- tación, aun vigentes, sobre la historia, las relaciones de huelche. Sin embargo, como anticipamos antes, son es- daba: poder y la incorporación al estado nación. La historia tas historias reiteradas en distintas familias, las que nos de lo impensable (el arreo como animales, el encierro, permiten reconstruir el no-evento de los discursos he- Ellos vinieron de allá, el campo acá, los corrían a los pai- las muertes y el hambre) se vuelve a denunciar en otros gemónicos y las prácticas invisibilizadas de exterminio. sanos acá, llegó la gendarmería en el año 1939 por ahí, y eventos más recientes. empezó a llevar a gente de hasta de a pie los llevaba, los Creemos que estos años en los que funcionaron los lu- Palabras finales: de la reparación y victimización al re- llevaba a toda la gente, a los paisanos a todos, a trabajar, gares de encierro (campos de concentración) y los poste- lo llevaban a latigazos, una paliza, le metían leña ahí. Yo conocimiento de la agencia y programa político riores de dispersión y de búsqueda, es decir, de retorno, lo tengo como experiencia, yo tenía ya en el año 1940 tenía Como categoría de uso -jurídica- genocidio implica la constituyen un periodo importante en la historia indíge- nueve, diez, nueve años tenía. (2006) descripción de un tipo de proceso estatal de eliminación na. Las campañas militares finalizan oficialmente en el Margarita Burgos, hoy anciana, recuerda el desalojo colectiva –no sólo física-, borramiento de identidad y ex- año 1885, a fines de 1890 se levantan recién los campos de su familia y la violencia de los gendarmes de los que propiación, pero un proceso en el cual también se origi- de concentración, y las personas irán llegando a los lu- fue testigo en Cañadón Grande cuando era pequeña: na y asegura la negación de otros marcos de interpreta- gares en los que se localizarán “para vivir tranquilos” ción. En este sentido, como categoría analítica debiera en el transcurso de la siguiente década. La memoria so- Los animales dicen que le quemaban, todo, decían. Le iban dar cuenta no sólo de cómo otros marcos se silenciaron cial resguarda este periodo en particular como “histo- a quemar toda la casa, y así nos sacaron a nosotros. Ese a sino también de cómo esos marcos pueden articularse rias tristes”, un evento que no ha tenido imágenes en las donde estábamos. Mataban a la gente ahí, como mataban para una comprensión más profunda –o al menos menos narrativas oficiales, y como “historias del regreso”, una a la gente, andaban con hijos y le sacaban a azotes a los etnocéntrica- de estos procesos. interpretación del pasado que subraya la agencia indí- hijos y los mandaban a trabajar lejos, y los mataban a azo- gena en la reestructuración de un pueblo. Este modo de tes… Era mocosa yo, como voy a saber. Pero vi como mi Si esto fuera posible, podríamos problematizar6 aspec- reconstruir la historia -destacando las prácticas socia- padre con un gendarme peleó mi padre… Y lo llevaron… y tos de una historia que no podíamos ver y preguntarnos les motivadas por la liberación, el reencuentro de seres a todas sus tropillas, le llevaron toda la tropilla, una matra, por las dimensiones del proceso histórico que se ilumi- queridos, la conformación de nuevos grupos sociales, la una bolsa había laboreado mi madre, y lo llevaron todo. Yo nan cuando “lo que ocurrió en el pasado” se reconstruye recuperación de los conocimientos perdidos o la ayuda prendida al pantalón de mi padre, cómo lloraba yo. Prendi- desde una perspectiva intercultural. Estos marcos de in- de los antepasados en la búsqueda de “la casa”- no deja do estaba yo. (2006) terpretación alternativos permiten tanto ver eventos en de resaltar aquello que no está siendo dicho sobre este Historia como éstas se repiten en el sur, en la meseta y los no-eventos como ver agencia en la negación del otro. mismo proceso. Como venimos sosteniendo, la historia en el noroeste de Chubut. El modo en que se hace sentido Las memorias referidas brevemente en este trabajo no mapuche y tehuelche del regreso también se reconstruye sobre experiencias recientes de represión actualiza mar- constituyen meramente la denuncia de un suceso aco- en los silencios, los cuales, al igual que el discurso, son cos complejos de una historia de larga duración donde tado en el tiempo, sino que crean un marco, que si bien una creación política y cultural que toman lugar en un silencios, fragmentos y expresiones se conjugan en una se inicia en ese contexto acotado de las campañas y la contexto particular (Dwyer 2009). misma historia política de relaciones con el poder. En violencia de estado, crea conceptos, términos, sentidos Los silencios, los fragmentos expresados y los énfasis otras palabras, las memorias del afecto, aquellas en las de la historia, una forma de entender una relación his- poéticos del arte verbal se entraman en un marco com- que las abuelas “sabían llorar” cuando recordaban, son tórica de subordinación y alterización que se extiende plejo de interpretación sobre prácticas sociales del pa- actualizadas al narrar las experiencias de las siguientes hasta el presente. Una continuidad de transmisión de las sado pero también del presente. Muchos de nuestros generaciones. En este sentido, creemos que el no-evento experiencias de niños a otros niños a través de marcos interlocutores –hoy adultos y ancianos— actualizaron de las políticas estatales post-sometimiento es, en la vida de interpretación que permiten comprender y volver a las luchas de sus padres y abuelos en nuevas narrativas cotidiana de las personas mapuche y tehuelche, el hito transmitir sus propias experiencias de violencia estatal. 5 Corpus. Archivos virtuales de la alteridad americana, Vol. 1, N°2, 2do. semestre 2011, ISSN 1853-8037
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    Sin perder elvalor de denuncia –y de fuente para el re- tatal- que pueda establecer una relación compleja entre 4 Giacomini, Pedro, op. cit, p. 99. lato historiográfico-7, estas memorias contadas desde la marcos alternativos de interpretación. Especialmente 5 Ver Ramos (2010 a y b) reestructuración nos sugieren otros desafíos. Ellas con- pensando que algunos de estos marcos –mucho antes llevan la necesidad de repensar las categorías de análisis que la convención de las Naciones Unidas- vienen cons- 6 Entendemos aquí problematización en términos de con las que construimos eventos del pasado. En primer truyendo sentido sobre estas prácticas estatales a partir Foucault como la posibilidad de crear objetos de re- lugar, para dar cuenta de la agencia indígena en el pro- de la experiencia social. En éstos no se habla de víctimas flexión vedados hasta entonces. ceso histórico; pero donde “agencia” incluye a los ante- sino de la agencia de los abuelos y de un legado que fun- 7 De hecho a partir de estos ngtram es que fue posible pasados, a los no-humanos o prácticas como hacer roga- damentalmente es una orientación para la acción, más reorientar búsquedas en los archivos históricos para tivas, habitar temporalmente debajo de la tierra o recibir que un reclamo de reparación en el que vuelvan a ser dar cuenta de la documentación existente en ellos so- ayuda de un tigre para rencontrarse con los parientes. considerados como sujetos pasivos de la historia. bre los centros de concentración, modalidades y des- Segundo, para reconstruir también las dimensiones po- tinos de la distribución de indígenas y prácticas de líticas que originaron una historia y las que se actualizan NOTAS: disciplinamiento desde el momento de las campañas cuando ésta es recontada. en adelante. Véase: Pérez 2009, Delrio 2005,y 2007 en- 1 Allí fueron concentradas “300 personas de las tribus tre otros. Un ngtram es una historia verdadera que narra –en pa- de los caciques Andrés Pichaleo y Juan Sacamata” labras o silencios- los acontecimientos del pasado pero (Garofoli, José Datos Biográficos y Excursiones del P. desde una perspectiva relacional (conversaciones de los Milanesio, p. 74; manuscrito, Archivo Salesiano Ins- antiguos). El ngtram implicita una conversación en la Referencias bibliográficas pectoría Buenos Aires (ASIBA), indígenas 201.2). que las experiencias –vividas o heredadas- se vuelven transmisibles. Y es por esta relación que los marcos de 2 El padre Pedro Giacomini refería la presencia de 20 Delrio, W. (2007). El genocidio indígena y las ollas ocul- interpretación de la memoria social interpelan política- familias del cacique Coñuel en Chichinales (Giacomi- tas en los Andes, Latin American Studies Association, mente a quienes reciben los relatos. El marco de inter- ni, Pedro, Misiones de la Patagonia, p. 59). También se- XXVII International Congress, Montreal, Canadá, 10-12 pretación es conocimiento sobre el pasado pero también ría el lugar de concentración de más de 1000 personas de septiembre 2007. es un programa político sobre el curso de la historia y la hacia 1886 cuando los salesianos Cagliero, Remotti y definición de agencia. En este sentido, complejiza tanto Panaro realizan una extendida visita a la gente de Delrio, W. (2005). Memorias de expropiación. Sometimiento la noción de victima que propone la noción de genocidio Ñancuche y Sayhueque, por entonces prisioneras del e incorporación indígena en la Patagonia (1872-1943), Ber- al enfocar en la agencia de quienes han intervenido e in- ejército en aquel punto (Garofoli, José, op. cit., p. 169; nal: Universidad Nacional de Quilmes. tervienen en el curso de la historia, como también la de ASIBA, indígenas C. 201.4 doc. 60). Chichinales apa- Dwyer, L. (2009). A Politics of Silences: Violence, Me- reparación, al proponer un programa político de acción rece en un relato registrado por Lehmann-Nitsche mory, and Treacherous Speech In Post-1965 Bali. En: frente a las relaciones establecidas. (1938) como el sitio de concentración de Sayhueque. K. O’Neill y A. Hinton (eds.), Genocide, Truth, Memory, En breve, esto no contradice la noción de genocidio 3 El caso de Valcheta es el más significativo tanto por and Representation (pp.113-146), Durham and London: como categoría de uso –más allá de las falencias que el número de personas que habría implicado, como Duke University Press. esta pueda tener o no en términos jurídicos-, en tanto por su mención repetida en distintas narraciones ma- lo que se subraya es precisamente la política estatal ca- puche-tehuelche en el área patagónica, que refieren a Escolar, D. (2008). El repartimiento de prisioneros indí- racterizada por la masacre, la expropiación y diferentes dicho asentamiento como un lugar de concentración, genas en Mendoza durante y después de la Campaña medidas tendientes a imposibilitar la reproducción del tortura y muerte. De las distintas versiones se des- del Desierto, III Jornadas de Historia de la Patagonia, Uni- grupo. Pero sí nos coloca ante la búsqueda de un con- prende que por lo menos funcionó hasta mediados versidad Nacional del Comahue, San Carlos de Barilo- cepto analítico –sea genocidio, masacre o violencia es- de la década de 1890. che, 6-8 de noviembre de 2009. 6 Corpus. Archivos virtuales de la alteridad americana, Vol. 1, N°2, 2do. semestre 2011, ISSN 1853-8037
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    Garófoli, J. (1928).Datos biográficos y excursiones apostóli- Mases, E. (2002). Estado y cuestión indígena. El destino final Ramos, A. (2010a) “Cuando la casa escondida apareció cas del Rvdo. D. Domingo Milanesio, misionero salesiano, de los indios sometidos en el sur del territorio (1878-1910), a la vista”. Memorias en y de desplazamiento, 4as Jor- Turín: San Benigno Canavese. Buenos Aires: Prometeo libros/ Entrepasados. nadas de Historia de la Patagonia, Santa Rosa, UNLPam, Giacomini, P. (s/d). Misiones de la Patagonia. Archivo Sa- Nagy, M. y Alexis Papazián, A. (2009). De la Isla como 20-22 de septiembre de 2010. lesiano Inspectoría de Buenos Aires, ms. Campo. Prácticas de disciplinamiento indígena en la Ramos, A. (2010b). Los pliegues del linaje. Memorias ma- Isla Martín García hacia fines s. XIX, XII Jornadas Inte- puche y tehuelche en contextos de desplazamiento, Buenos Lehmann-Nitsche, R. (1938). Steinerne Vogelkopfkeu- rescuelas-Departamentos de Historia, Bariloche, Univer- Aires: Eudeba. len aus Chile und dem argentinischen Andengebiete, sidad Nacional del Comahue, Facultad de Humanida- Ricoeur, P. (1999). La lectura del tiempo pasado: memoria y Zeitschrift für Ethnologie, Heft 4/5, Berlin, 220-233. des, Centro Regional Universitario Bariloche, octubre olvido. Madrid: Arrecife. Lenton, D. y Sosa, J. (2009). La expatriación de los pam- de 2009. pas y su incorporación forzada en la sociedad tucu- Trouillot, M. R. (1995) Silencing the Past. Power and the Pérez, P. (2009). Las policías fronterizas: mecanismos de Production of History, Boston: Beacon Press. mana de finales del siglo XIX, Ieras Jornadas de Estu- control y espacialización en los territorios nacionales dios Indígenas y Coloniales, Jujuy, C.E.I.C., 26 a 28 de Wolin, R. (1994) Walter Benjamín: An Aesthetic of Re- del sur a principios del siglo XX, XII Jornadas Interes- noviembre de 2009. demption, Berkeley: University California Press. cuelas-Departamentos de Historia, Bariloche, Universi- Malvestitti, M. (1999). Después del aukan: el poblamien- dad Nacional del Comahue, Facultad de Humanida- to mapuche de la Línea Sur, Jornadas de Historia de Río des, Centro Regional Universitario Bariloche, octubre Negro, Bariloche, Universidad Fasta. de 2009. 7 Corpus. Archivos virtuales de la alteridad americana, Vol. 1, N°2, 2do. semestre 2011, ISSN 1853-8037
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    DEBATE De montoneros a indios: Diego Escolar* Genocidio y política indigenista: debates Sarmiento y la producción del sobre la potencia explicativa de una categoría polémica homo sacer argentino Editor En recientes artículos de prensa en torno al 12 de octubre (hasta hace poco “Día de la Raza” y redefinido oficialmente ahora como “Día de la diversidad cultural”) el periodista argentino Mariano Grondona, el es- Diana Lenton (presentadora y comentarista) critor Martín Caparrós y el historiador Luis Alberto Romero, entre otros, se refirieron al genocidio indígena en Argentina como tropo del relato histórico kirchnerista y apelaron a una crítica de apariencia historio- Autores y comentaristas (en orden alfabético) gráfica para cuestionar su existencia. Aún a sabiendas del contexto militante en el cual se inscriben estos planteos, me interesa partir de algunos postulados reproducidos en ellos para analizar algunos aspectos Walter Delrio y Ana Ramos fundacionales de la producción del genocidio indígena desde y más allá de la imaginación liberal. Concreta- Diego Escolar mente, la vinculación histórica entre la categoría de “indio”, las prácticas genocidas y la violencia fundadora Pilar Pérez del estado. Florencia Roulet y María Teresa Garrido Destacaremos un argumento típico y otro reciente del anti-indigenismo liberal presentes en estos panfle- tos. El primero, el uso anacrónico del concepto de genocidio para aplicarlo al sometimiento de los indígenas Verónica Seldes en la Argentina, en especial durante la “Campaña del Desierto” en el siglo XIX, dado que el término no Liliana Tamagno existía en la época. El segundo, enunciado por Grondona, la criminalización de Julio Argentino Roca al con- trario de la indiferencia que habría merecido la figura de Sarmiento, quien (afortunada e inexplicablemente) Julio Esteban Vezub habría pasado inadvertida para el revisionismo K. En los tiempos de Roca desde luego no se utilizaba el término genocidio, acuñado por el jurista polaco Raphaël Lemkin a mediados del siglo XX para tipificar criminalmente el holocausto nazi. Pero esta crítica epistemológica de anacronismo conceptual es endeble precisamente en términos epistemológicos. El pro- pio ejercicio de la historiografía puede concebirse en la práctica como una inevitable tensión (toda vez que, en nuestra ontología, el pasado no existe en el presente sino a través de mediaciones discursivas) entre la aproximación a una imposible identidad con el espíritu de época y la proyección de modelos de pensamien- to, perspectivas, categorías y deseos total o parcialmente presentes (genocidio, elites letradas, burocracia, emancipación, estado…). Más llamativa es, sin embargo, la crítica del único historiador profesional que in- Corpus. Archivos virtuales de la alteridad americana, Vol. 1, N° 2, 2do. semestre 2011, ISSN 1853-8037, URL: http://ppct.caicyt.gov.ar/index.php/corpus *CONICET - Centro Científico y Técnico Mendoza / Universidad Nacional de Cuyo. Correo electrónico: descolar@gmail.com
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    terviene en estacampaña de prensa, Luis Alberto Rome- pretende utilizar el concepto como una categoría gene- noción de dos sociedades históricamente separadas, con ro. Cuestionando también la extemporaneidad del uso ral explicativa de los procesos históricos, o cuando se lo lógicas diferentes, una de las cuales, la “sociedad crio- del concepto de “genocidio” para la Campaña del De- instituye como principal emblema de identificación de lla” o “los blancos” termina haciendo de la otra el obje- sierto, despliega crasos errores históricos cuando no evi- un colectivo social movilizado, aspectos que pasaremos to de un conjunto de acciones genocidas planificadas y dentes anacronismos al contrastar a Roca con los aztecas a desarrollar en breve. desarrolladas por su estado, el Estado argentino. Estos (“al menos Roca no realizaba sacrificios humanos”), al La segunda crítica de Grondona sobre la excesiva cri- usos del concepto, más que erróneos son parcialmente hablar de “imperios aborígenes” en la Patagonia y al ca- minalización de Roca y aparente rehabilitación de Sar- simplificadores de la experiencia histórica indígena (y lificar al estado argentino durante el gobierno kirchne- miento es, sin embargo, parcialmente correcta. Roca ha criolla), simplificación tal vez inevitable para represen- rista como “totalitarismo” estalinista, básicamente por sido mistificado como símbolo de un genocidio indíge- tar ciertos procesos, pero que dificulta la comprensión la intención de sus partidarios de colocar un monumen- na argentino cuyos orígenes, ideólogos, ejecutores, pro- de algunos puntos clave de la institución de la relación to del fallecido ex presidente. yección histórica y profundidad social trascienden con “indios”=genocidio. Como propone Rancière la “provocación negacio- mucho su papel. Sarmiento ha recibido críticas en este Retomaré un caso que trabajé más extensamente en un nista” no se sostiene generalmente mediante pruebas, sentido, pero no han cuajado en nada comparable a la estudio previo (Escolar 2007) el cual no es incorporado sino que sus argumentos parecen adquirir más fuerza monumentalización de Roca como genocida. Esto de- generalmente en la saga negativa del genocidio indígena de convicción cuánto más inconsistentes resultan en los riva en gran medida, sostengo, del modo en que tradi- pero que considero fundamental para su comprensión si hechos, como lo demuestra la acumulación de interven- cionalmente la Campaña del Desierto ha sido instituida se lo pretende colocar, como viene proponiendo la crítica ciones periodísticas contrarias a las demandas indígenas como el evento mítico del “fin de los indios” y el mismo antropológica local (véase la síntesis periodística sobre (Hanglin, Grondona, Caparrós) que repiten argumentos Roca como héroe fundador de territorio, raza y destino la problemática del genocidio indígena en Argentina de calcados de la épica militar argentina, impermeables a colectivo de la Argentina. Como todo mito en sentido Diana Lenton)1 en relación a la constitución del Estado. la crítica historiográfica seria. Ya sea invocando perga- antropológico, el de Roca y la “Campaña del Desierto” minos como Grondona o, como Caparrós, autoridicu- constituyen sin embargo matrices de representación y En 1862 luego de la derrota del ejército federal por las lizándose, la propaganda antiindígena interpela a una pensamiento colectivos que pueden ser y han sido rea- tropas de Buenos Aires en la Batalla de Pavón, Domingo suerte de “Doña Rosa” liberal que no se preocupa por propiados. Tal cual la liturgia nacional argentina repro- Faustino Sarmiento fue enviado por Mitre para dirigir la argumentos históricos sino que eventualmente se iden- dujo el mito de Roca, tanto los indígenas o sus simpa- intervención y represión contra los federales en las pro- tifica con los supuestos racistas, la épica del inmigrante, tizantes como la izquierda en general lo ha reinvestido vincias de Cuyo, La Rioja y Córdoba. Después de una el tono iconoclasta y, en Caparrós y Hanglin, la ética de de significado para reivindicar demandas indígenas, ar- masiva insurrección federal sofocada cruentamente por “sacarse la culpa” celebrada por el inconfundible folklo- ticular un sentido de experiencia histórica colectivo o Sarmiento, su prestigioso líder el Chacho Peñaloza es re lacaniano porteño. cuestionar relaciones de dominación y el orden político. asesinado a “lanza seca”, inerme y rendido, por la parti- No es lo más difícil, efectivamente, determinar ni pro- Pero me parece importante retomar la figura de Sar- da militar enviada a capturarlo. Su cabeza es enarbolada bar que ocurrió un genocidio, o varios, sobre pueblos miento para analizar la relación histórica entre la cate- en lo alto de una pica, exhibida junto con sus miembros indígenas de la Argentina atendiendo a las caracterís- gorización indígena y la institución de un orden estatal descuartizados. Dijo Sarmiento a propósito del hecho: ticas tipológicas asociadas al término. Investigaciones que en su fundación soberana excluye un sector de su población del cuerpo político. Yo, inspirado por el sentimiento de los hombres pacíficos y serias pueden resistir exitosamente el embate de los honrados, aquí he aplaudido la medida, precisamente por negacionistas, sea que consideremos al genocidio como Habitualmente el estudio del genocidio indígena co- su forma. Sin cortarle la cabeza a ese inveterado pícaro y un concepto jurídico, una aberración moral y política o locó el acento en la reconstrucción del padecimiento de ponerla a la expectación, las chusmas no se habrían con- la descripción de un evento histórico efectivamente su- las víctimas y la responsabilidad política, criminal y mo- vencido en meses de su muerte” (Sarmiento y Mitre 1911, cedido. Los problemas comienzan más bien cuando se ral de los victimarios. Este esfuerzo tendió a fortalecer la p. 230). 2 Corpus. 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    El asesinato delChacho no fue un caso aislado sino La masiva insurrección montonera será vista como ex- explícito de la necesidad de exclusión de parte de lo que la (provisoria) culminación de un ciclo de represión que presión bélica de una “resistencia cultural” indígena, un potencialmente puede ser considerado el “pueblo” de la desató el ejército de Buenos Aires para someter la resis- “movimiento indígena campesino” (Sarmiento 1947, p. comunidad política. tencia federal en las provincias. Las víctimas fueron los 90) explicado a su vez por el resentimiento hacia la po- Sarmiento plantea que los montoneros no sólo están pobladores de la campaña semiárida o “travesía” cuya- blación blanca y culta de una masa rural que obedece a fuera de la ley ordinaria sino también del Derecho de na, los Llanos riojanos, sur de Córdoba, etc. a menudo un ancestral odio indígena, originado en las injusticias, Gentes, antecedente jurídico del concepto de derechos calificados como “gauchos”. Este ritual de sacrificio te- masacres y expropiaciones sufridas desde la coloniza- humanos (1947, p. 218). La discusión desarrollada en El rrorista, como muchas otras prácticas que toleró o pro- ción española. Un pasado de despojo en el cual las po- Chacho... sobre las facultades oficiales de represión se movió entre sus tropas (fusilamientos masivos, torturas, blaciones “…fueron desalojadas por los conquistadores inscribió en una agenda nacional –incluyendo la propia asesinatos y esclavización de civiles inocentes, incendio para hacer de las tierras de labor estancias (…) (p. 91). coalición liberal gobernante—, marcada por los debates de pueblos) fueron denunciados por contemporáneos Esta indigenización histórica, geográfica y cultural de sobre los límites a la incorporación de la disidencia po- como José Hernández, Juan Bautista Alberdi y el propio las montoneras y sus caudillos contrasta en forma no- lítica en un estado republicano. En un famoso discurso Bartolomé Mitre como un crimen análogo a los que el table con la canónica construcción del “gaucho” como en el Senado sobre el estado de sitio—con motivo de propio Sarmiento inscribió dentro del sórdido decálogo sujeto popular en Facundo.2 una nueva intervención de San Juan en 1869, durante de la “barbarie” federal como símbolos elocuentes de la Por otro lado, la caracterización indígena no explica la presidencia de Sarmiento—el mismo Mitre, ahora en negación de la civilización, la sociedad y, básicamente, sólo los motivos de la rebelión sino la imposibilidad de la oposición, acusó a Sarmiento de haber asimilado las lo político. un comportamiento propiamente político (incluso en el prácticas de los caudillos y violar los derechos humanos A partir de estos hechos y debido a la repercusión que marco de una guerra) para el procesamiento de los an- al ajusticiar al Chacho por delitos políticos, a pesar de tuvieron en la política nacional Sarmiento escribió un li- tagonismos. Para legitimar el asesinato y mutilación del sus ideales liberales: bro destinado básicamente a justificar su papel en la eje- Chacho por las fuerzas nacionales, Sarmiento había re- cución del Chacho y la represión de las montoneras. El clamado que las órdenes del presidente Mitre considera- El Congreso Constituyente de 1853 prohibió las ejecuciones ban a la montonera como “salteadores” y no como ene- a lanza y cuchillo (…) También existe en nuestra Constitu- Chacho último Caudillo de la Montonera de los Llanos ción, como una garantía de derecho humano [énfasis propio] y (1947[1866]) es uno de los textos más importantes del au- migos políticos.3 Tal caracterización sólo cabría en tanto un bálsamo derramado sobre antiguas y dolorosas heridas tor para conocer su pensamiento político. Una especie sus demandas asumieran una forma legítima y sus líde- esta otra prohibición: no se matará por delitos políticos [desta- de secuela del Facundo, pero en donde su voz no se si- res se hubieren organizado con un programa o demanda cado en el original] (Mitre 1869, pp. 7-8) (…) [Un mandata- túa como en éste extemporánea, desapegada del escena- inteligible. Escribiendo en la prensa local, Sarmiento jus- rio] podía matar a sus enemigos políticos con sólo calificar- rio de la acción narrativa, sino que se coloca a sí mismo tificaba la guerra afirmando que “no es un sistema po- los de bandidos o bandoleros (1969, p. 44). como personaje cargado de responsabilidad y participe lítico lo que estos bárbaros amenazan destruir. Es todo de los hechos. Es asimismo un tratado sobre el gobierno orden social, es la propiedad tan penosamente adquiri- En ocasión de la famosa polémica desatada en torno a y la legitimidad de la administración de la violencia sin da” (1947, p. 137); las montoneras son “negaciones de la publicación de Campaña en el Ejército Grande (Sarmien- reglas en la producción de la soberanía del estado. la sociedad misma (p. 235)”. Esto, a pesar de haber ad- to 1962 [1852]), Juan Bautista Alberdi había acusado a mitido que “de los prisioneros tomados, solo quince en también a Sarmiento de impulsar “La guerra militar y de El libro vincula dos argumentos: primero, la imposi- más de ciento no tuvieron quién solicitase su libertad y exterminio contra el modo de ser de nuestras poblacio- bilidad de una incorporación política de las poblaciones los acreditase honrados, lo que probaba que eran todos nes pastoras y sus representantes naturales (1945, pp.10- campesinas de la campaña de las provincias interiores gente conocida y de buena familia” (p. 81). 11).” (y gran parte de su plebe urbana) en la ciudadanía. Se- gundo, el carácter esencialmente indígena de dichas po- El carácter primordialmente indígena de las montone- La represión de las montoneras podría encuadrarse en blaciones. ras y sus bases opera en El Chacho… como argumento la figura de genocidio en muchos aspectos análogo a las 3 Corpus. 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    prácticas de laguerra contra los pueblos indígenas. Los Pero en la tradición filosófico-política occidental “po- Si analizamos el discurso y prácticas de Sarmiento con asesinatos, torturas, reparto de personas y confinamien- der constitutivo” hace referencia básicamente a un con- relación a las montoneras del Chacho es clara la relación to de población civil; la destrucción de las bases mate- cepto distinto de soberanía: la capacidad del soberano que puede establecerse con el de Roca y otros promoto- riales de su existencia; la producción de una excepción (el Rey, los convencionales, el pueblo) de suspender la res con relación a la Campaña del Desierto en cuanto al basada en reales o supuestas características culturales y propia legalidad del estado, no para consolidar un po- modo en que se argumenta la necesidad y posibilidad de biológicas; sobre todo, la justificación de su sometimien- der omnímodo para la destrucción del pueblo sino para eliminar a los indígenas o someterlos sin considerar para to a un orden soberano estatal mediante la simultánea fundar un nuevo orden político y jurídico legítimo, una ellos las normas de derecho que la misma constitución exclusión del orden jurídico y político de ese mismo es- nueva constitución. En la tradición democrática, espe- sanciona, en la medida en que se trata de población que tado constitucional. cialmente la antiliberal, tal noción supone la posibili- habita lo que se asume como territorio nacional (más allá Por ello, si bien considero técnica y moralmente co- dad de trascendencia de las limitaciones formales y sis- de que se argumente un origen “chileno”). Pero deseo rrecta catalogarla de genocidio, no creo que resulte del témicas a la democracia y fundar un nuevo orden sin destacar que precisamente la línea que recorre ambos todo adecuada la concepción de la Campaña del Desier- condicionamientos impuestos por el anterior. Es esta la momentos genocidas para ser considerados legítimos, to como el “genocidio constitutivo” del Estado argen- concepción que desde Lawson, Locke, Madison y Sieyès incluso legales, en el caso de Sarmiento con las montone- tino, toda vez que sería difícil establecer, primero cuál hasta Carl Schmitt y Walter Benjamin alimentó nociones ras y de Roca con los pueblos indígenas de la Patagonia, genocidio sería más propiamente constitutivo; y luego, como poder constituyente, violencia fundadora, poder es la categorización indígena de los grupos exceptuados. exigiría una justificación mayor de qué significaría el fundador o dictadura soberana (Kalyvas 2008; Benjamin Este es el argumento final que permite justificar ambas concepto “constitutivo”. En términos históricos la ma- 1991, Schmitt 2005). La relación de este poder sobera- conquistas del interior del territorio y el espacio social tanza y exclusión soberana (reducción a meros cuerpos no y el estado de excepción con la posibilidad cierta y estatal. que cualquiera puede matar sin violar la ley, descono- constitutiva del genocidio, es desarrollada en las últimas Solemos no cuestionar la calificación indígena de las ciendo la norma constitucional vigente) de los campesi- décadas por Giorgio Agamben (1998, 2005) vinculando poblaciones autóctonas de la Patagonia hacia finales del nos del interior y los restos del partido federal moviliza- básicamente una inspiración crítica en Carl Schmitt con siglo XIX. Pero siempre fue visto como problemático o do entre 1962 y 1963 tras la batalla de Pavón, a partir del el concepto de biopolítica tal cual lo desarrolla Michael imposible calificar de indígenas a los “gauchos” o “crio- cual el estado de Buenos Aires conquista las provincias Foucault. Para él, el estado de excepción (en cierto modo llos” de las provincias de antigua ocupación colonial en del interior y su ejército de convierte en el de la Nación, como para Benjamin el “estado de emergencia perma- el centro y norte de la Argentina. La decisiva indigeni- parece corresponder mejor a la noción de un genocidio nente”) es el nomos de todo estado moderno, siempre zación de las montoneras por parte de Sarmiento (en el “constitutivo” del estado argentino, si por ello entende- produce un tipo de homo sacer, grupos de personas que se momento fundador de un poder soberano estatal) nos mos la producción original de un orden político sobera- transforman en mera vida desnuda, que quedan exclui- dice que no se trata sólo de que el estado argentino o los no mediante un acto de violencia fundadora. Los grupos das del orden legal y político del mismo estado que las detentores prácticos de su soberanía cometieron geno- indígenas libres del área pampeana y patagónica son contiene y pueden ser asesinadas por cualquiera, y que cidio con los indígenas, sino que también la indigeniza- conquistados con posterioridad a la secuela de conflic- pueden coincidir con una parte o toda su población. Es ción o reconocimiento de la indianidad de la población tos más cruentos suscitados por la imposición de la regla decir, la soberanía siempre implica en esta línea la posibi- fue un argumento para cometer y legitimar genocidios, estatal nacional en las provincias, y participaron en las lidad de que la tendencia al control de toda la esfera de la o “colonización interior” en el marco de un estado re- campañas muchos ex montoneros y algunos jefes fede- vida humana por parte del estado moderno sumada a la publicano. No se trata solamente, entonces, de que los rales, la guerra (con genocidio incorporado) de conquis- capacidad de suspender su propia legalidad sin violar la indígenas sean o hayan sido blanco de genocidio por ta militar consolidó en todo caso el dominio y expandió ley, se traduzca en el poder indiscriminado de matar sin parte del estado, sino que lo indígena fue constituido el territorio de un estado ya constituido. por ello romper sus propios fundamentos legales. históricamente, también, como un tropo corporizado de 4 Corpus. Archivos virtuales de la alteridad americana, Vol. 1, N°2, 2do. semestre 2011, ISSN 1853-8037
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    soberanía en elsentido negativo de excepción y poder ríodos por las bases sociales capaces de ser interpeladas Referencias bibliográficas de muerte sobre los cuerpos del propio estado moder- como indígenas, puede reproducir la noción de su ge- Agamben, G. (2005). States of Exception. Chicago and no. La capacidad de expansión y contracción de los co- nocidio como matriz de la historia capaz de proyectarse London: The University of Chicago Press. lectivos identificados como indígenas, o mejor dicho, la teleológicamente hacia el presente y futuro, indepen- variable abarcabilidad de tal clasificación entonces, no dientemente de las intenciones políticas o morales que Agamben, G. (1998). Homo Sacer. Sovereign Power and sólo estuvo asociada en el pasado como en la actuali- se quieran instituir en el debate. Bare Life. Stanford: Stanford University Press. dad a demandas emancipatorias, de derechos restituti- Benjamin, W. (1991) [1921]. Para una crítica de la vio- vos y reconocimiento, sino también, históricamente, a la NOTAS: lencia. En Para una crítica de la violencia y otros ensayos. producción de una excepción y exclusión del orden de 1 “El Estado se construyó sobre un genocidio”. Página Iluminaciones IV. (pp. 23-45). Madrid: Taurus. lo político y las garantías constitucionales, de un homo 12, 10 de octubre de 2011. sacer argentino (papel en el cual Sarmiento fue uno de Botana, N. (1996). Domingo Faustino Sarmiento: una Aven- 2 No sólo en aquel libro los pobladores de las campa- los principales agentes). Tal vez por eso también la “in- tura Republicana. Buenos Aires: Fondo de Cultura Eco- ñas o “llanuras” interiores son descriptos como es- visibilización” y ubicuidad de la identidad indígena fue nómica. pañoles degenerados, pero radicalmente diferentes también una estrategia de supervivencia para aquellos de los indígenas (en este caso pampeanos y patagóni- Escolar, D. (2007). Los Dones étnicos de la Nación. identida- grupos o sectores capaces de ser señalados como tales, y cos), sino que algunas tradiciones culturales gauchas des huarpe y modos de producción de soberanía estatal en no sólo el resultado de una ideología étnico-nacional de descriptas en aquel son modificadas en El Chacho… Argentina. Buenos Aires: Prometeo. homoegenización promovida por las elites o de políticas para mostrarlas como indígenas. En Facundo, Sar- asimilacionistas (Escolar 2007, 2011 en prensa). Escolar, D. (en prensa). Metáforas étnicas de la nación: miento afirmaba por ejemplo que “En las llanuras ar- el repartimento de prisioneros indígenas en Mendo- En este sentido, más allá de la justicia de las demandas gentinas no existe la tribu nómade; el pastor posee el za y la teorización nativa del “criollo”. Laguarda, P. y por genocidio de los pueblos indígenas en Argentina y suelo con títulos de propiedad; está fijo en un punto F.Fiorucci (Eds.). Intelectuales, cultura y política en espa- de la necesidad de refutar las campañas negacionistas, que le pertenece” (Sarmiento 1963: 69). Sin embargo, cios regionales de Argentina (siglo XX). Rosario: Prohis- consolidar al genocidio como principal mito de refun- para explicar que “El Chacho no usó de la coerción toria (en prensa). dación de identidades y pueblos indígenas actuales, o que casi siempre los gobiernos cultos necesitan para como principal demanda y símbolo de los indígenas llamar a los pueblos a la guerra” dirá que utilizó for- Kalyvas, A. (2008) Democracy and the politics of the Ex- como colectivo social movilizado entraña también el pe- mas de lealtad que define como “la organización pri- traordinary, Cambridge: Cambridge University Press. ligro de reproducir o rehabilitar su locus de excepción mitiva de la tribu nómade” (1963, p. 82). Schmitt, C. (2005) [1922]. Political Theology. Chicago: The como respuesta estatal potencial. Pregunto si esta edifi- 3 Sarmiento invoca las órdenes secretas del presidente University of Chicago Press. cación de una subjetividad contenciosa a través de la fi- Mitre “quiero hacer en La Rioja una guerra de policía jación nítida de lo indígena anclada en la experiencia del (...) declarando ladrones a los montoneros, sin hacer- genocidio como marcador universal (lo que finalmente les el honor de considerarlos como partidarios políti- Fuentes éditas conceptualizaré con el horrible neologismo “genocidi- cos ni elevar sus depredaciones al rango de reacción Alberdi, J. B. (1945) [1953]. Cartas Quillotanas. Buenos Ai- ficación”), cuidadosamente evitada durante largos pe- (Sarmiento 1947, p. 143). res: Ediciones Estrada. 5 Corpus. Archivos virtuales de la alteridad americana, Vol. 1, N°2, 2do. semestre 2011, ISSN 1853-8037
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    Mitre, B. (1969).Cuestión de San Juan. Discurso del Jeneral Periódicos Bartolomé Mitre Pronunciado en el Senado el 19 de Junio Aranda, D. (2011). “Entrevista a Diana Lenton. El Esta- de 1869 Informando de la Cuestión de San Juan. Buenos do se construyó sobre un genocidio”. Página 12, 10 de Aires: Imprenta del Siglo. octubre de 2011. Sarmiento, D. F. (19639 [1845]. Facundo. Buenos Aires: Caparrós, M. (2011). “Qué fantástica esta fiesta”. Pam- Ed. Losada. plinas. Blog.elpais.com 12 de octubre de 2011. Sarmiento, D. F. (1962) [1852]. Campaña en el Ejército Grondona, M. (2011). “La demonización de Roca y el ol- Grande. Buenos Aires: EUDEBA. vido de Sarmiento. La Nación, 2 de octubre de 2011. Sarmiento, D. F. (1947) [1866]. El Chacho. Último Cau- Romero, L. A. (2011). “Bajen a Roca, alcen a Néstor”. La dillo de la Montonera de los Llanos. En Vidas de Fray Nación, 5 de octubre de 2011. Félix Aldao y El Chacho, (pp. 69-236). Buenos Aires: Ar- gos. Sarmiento, D. F., Mitre, B. (1911). Sarmiento-Mitre: corres- pondencia, 1848-1868. Buenos Aires: Imprenta de Coni Hnos. 6 Corpus. Archivos virtuales de la alteridad americana, Vol. 1, N°2, 2do. semestre 2011, ISSN 1853-8037
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    DEBATE 1879 – 1979: Julio Esteban Vezub* Genocidio y política indigenista: debates sobre la potencia explicativa de una Genocidio indígena, historiografía categoría polémica y dictadura Editor A la luz de las intervenciones repetidas en la prensa de los últimos días, se me ocurre que se detectan al menos dos debates dentro del debate sobre “genocidio indígena”. Se trata de identificarlos con la mayor Diana Lenton (presentadora y comentarista) nitidez, a los fines de deslindar derivas y motivaciones que no son inherentes a la discusión propiamente histórica, aunque sí a las formas actuales de valoración del pasado, como ser los posicionamientos respecto Autores y comentaristas (en orden alfabético) del gobierno nacional y los relatos que se movilizan por parte de oficialistas y opositores. Para caracterizar el campo es imprescindible historiar las discusiones, seguir su articulación en el tiempo e indagar en qué con- Walter Delrio y Ana Ramos textos se realzan o adquieren relevancia pública. Básicamente, por delante de la adecuación de la categoría Diego Escolar “genocidio” a determinados procesos y acontecimientos, hay un conflicto primario relativo a la verificación Pilar Pérez o no de crímenes masivos durante el proceso de formación del Estado nacional y el capitalismo, los niveles de legitimidad, justificación y tolerancia hacia el pasado traumático, su condición inexorable o necesaria Florencia Roulet y María Teresa Garrido y, recién entonces, el uso emblemático de los olvidos, las memorias y las representaciones para intervenir Verónica Seldes ideológicamente en los conflictos presentes. Con excepciones filosóficas en un debate empobrecido por pro- pagandistas, el uso o el rechazo de la categoría “genocidio” es subsidiario de la valoración y gravedad que Liliana Tamagno se atribuyen a hechos mayormente constatados, incluso a desgano. Por ello la discusión es otra: ¿hubo o no Julio Esteban Vezub crímenes masivos y exterminio de poblaciones en el proceso expansivo del Estado argentino? La metodología historiográfica es eficaz para distinguir los niveles del debate, caracterizar el juego de fuerzas y los conflictos que lo delimitan. Vale decir, historiar las circunstancias y el recorrido que configuran la discusión. (Cuando digo “historiografía” el ejercicio incluye la “antropología”). Desde el exilio en México, David Viñas (1982) dio productividad a sus fuentes al preguntarse si “los indios fueron los desaparecidos de 1879”, trazando un paralelo con la dictadura, perspectiva que fue cuestionada por la simpleza de la compa- ración (Mases 2002, p.15). Corpus. Archivos virtuales de la alteridad americana, Vol. 1, N° 2, 2do. semestre 2011, ISSN 1853-8037, URL: http://ppct.caicyt.gov.ar/index.php/corpus *Centro Nacional Patagónico, CONICET; Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales, UNPSJB. Correo electrónico: vezub@cenpat.edu.ar
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    Pero Viñas sabíacon quiénes se enfrentaba: las fuer- histórico, seguramente por la mayor interlocución con original, como “[…] la dimensión política para compren- zas armadas pensaron las prácticas que acompañaron la los protagonistas del activismo étnico que se fortaleció der también el genocidio camboyano”. Para Burucúa el expansión socio—territorial del siglo XIX como el hito a partir de los noventa. Probablemente, la vitalidad de rasgo que define jurídicamente a la dictadura de 1976 fundacional del mismo devenir que ellas clausuraban la militancia indígena e indigenista explique algo del re- como genocidio es “lo que se hizo con los niños, la sus- a fines del XX. Antes del golpe de 1976, la publicación vanchismo clasista y la urgencia del tema para la mayo- tracción de bebés”, requisito que no alcanzaría para ca- Política seguida con el aborigen, a cargo de la Dirección ría de los que niegan el genocidio desde La Nación. racterizar así “el caso de Roca”, donde la clave es com- de Estudios Históricos del Comando en Jefe del Ejérci- Parte de la dificultad para ahondar los contenidos tie- probar la intencionalidad explícita del exterminio, su to (1974), describía las tácticas de “combate irregular” ne que ver con que el debate se desarrolla principalmen- condición “actuada y planificada”: indígena sistematizando en realidad otra cosa, acumu- te según las reglas de la prensa. Incluso cuando las voces lando enseñanzas para la “guerra sucia” contra las orga- académicas asumen la responsabilidad de manifestarse …está circulando una frase que se le atribuye, que habla nizaciones revolucionarias. Fue la celebración del cente- lo hacen con las constricciones del género, pensando del exterminio de un pueblo una cultura, una raza. Pero es nario de la ocupación de la línea del río Negro en 1979, apócrifa. No hay un investigador que diga que se pronun- más en los efectos políticos y sus posibles lecturas que en sintetizada como “Campaña del Desierto”, la que puso ció. Roca va al Congreso y habla de sus intenciones, habla la teoría y los estudios de caso que sostienen cada argu- de llevar la civilización a los indígenas, pero no parece que en serie los dos acontecimientos represivos como parte mento. La negación del genocidio y la valoración posi- fuera una matanza programada para hacer desaparecer un de un mismo proceso de (re)organización nacional. El tiva del orden conservador, incluidas sus consecuencias pueblo. Es muy discutible que sea un genocidio (Moledo y “Plan Cultural” de la junta militar le dio rol estratégi- para los indígenas, tuvieron base en corporaciones como Jawtuschenko 2009). co al “Congreso Nacional de Historia sobre la Conquis- la Academia Argentina de la Historia, mayoritariamente ta del Desierto”, realizado en General Roca ese mismo al margen de las universidades y los organismos estata- En la línea de Hobsbawm cuando se pronunció sobre año, igual que a los partes de campaña, memorias e his- les de ciencia y técnica. En 2004 Juan José Cresto insta- el juicio “Irving contra Lipstadt”1, Burucúa considera torias laudatorias que se editaban a través de Eudeba, laba la polémica, en su doble condición de director de que para definirlo como tal se debería corroborar que el sello que estaba intervenido como toda la universidad esa asociación y del Museo Histórico Nacional, del que genocidio se ejecutó siguiendo órdenes documentadas, (Invernizzi 2005). Estas operaciones son conocidas, aun- sería reemplazado a poco de sus dichos. Cresto cargaba limitando el valor de los discursos de Roca como prue- que no se ha reflexionado lo suficiente sobre su efecto en contra “el mito del genocidio” que “oculta reivindicacio- ba, aunque éstos hablen de “operaciones militares” y el la homologación de experiencias traumáticas diferentes nes territoriales”, volviendo sobre el impresionismo de mandato de liberar “[…] totalmente esos vastos y fértiles y temporalmente distantes. Las imágenes especulares malones y cautivas laceradas en las plantas de los pies. territorios de sus enemigos tradicionales, que desde la entre 1879 y 1979 todavía pautan una porción importan- Utilizando el correo de lectores de La Nación, Pedro Na- conquista fueron un dique al desenvolvimiento de nues- te de las interpretaciones sobre las masacres del último varro Floria lo refutó expeditivamente, discutiendo las tra riqueza pastoril”2. Más adelante volveré sobre cuán cuarto del siglo XIX. afirmaciones más endebles sobre la carencia de docu- sistemáticas y planificadas fueron las órdenes de Esta- mentación probatoria y aquellas según las cuales la “[…] do de 1880. Pero el positivismo del registro está en la Con el advenimiento de la democracia perduró una base de su desconcierto, ante la dificultad de narrar una visión resignada y al mismo tiempo superflua sobre el pampa agreste estaba totalmente desierta, con algunos bolsones de pobladores aislados”. masacre y encontrarle las causas. Si las pruebas son una crisol de razas, principalmente desde la historia social cuestión jurídica que excede la labor del historiador, será argentina, conforme a la cual las campañas militares ha- También desde la prensa José Emilio Burucúa sostuvo fructífero pensar la trama histórica que hizo posible cada brían resuelto la “cuestión indígena” a favor del tras- criterios que considera técnicos, partiendo de la defini- matanza, independientemente del rótulo que se le pon- plante y la homogeneización de población, acelerando ción de genocidio de Lemkin, recogida por las Nacio- ga o las fuentes que respalden que había sido ordenada. la extinción. Aunque las especializaciones no fueron nes Unidas en 1948. Según Burucúa la definición es muy rígidas en la división de planteamientos, la antropo- precisa, aunque a continuación la ensancha para incluir Un trabajo anticipaba a fines de la década de 1990 el logía sociocultural fue contradiciendo dicho corolario casos que no quedan contenidos dentro de la definición problema de la voluntad política, aunque la discusión 2 Corpus. Archivos virtuales de la alteridad americana, Vol. 1, N°2, 2do. semestre 2011, ISSN 1853-8037
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    no se orientabatodavía en términos de “genocidio”. Se Quizás el aporte imprevisto de Mariano Grondona, que historiador” que reclama. De hecho evita cualquier con- trata de la investigación de Mónica Quijada, quien a pro- abre la seguidilla de artículos en la prensa de octubre de sideración sobre mapuches extranjeros o malones devas- pósito de las condiciones de la “conversión de los indios 2011, sea recordar que además de Roca se debe discutir tadores. En su intervención del 5 de octubre se muestra en ciudadanos”, cuestionaba la “percepción generaliza- a Sarmiento para comprender la violencia republicana. con todo vigor cómo la historia sociopolítica argentina da” sobre el “exterminio de los nativos” y su “práctica Pero no lo digo en pos de un revisionismo redivivo sino margina las relaciones y los conflictos con los indígenas desaparición física”, ubicando en el último cuarto del para focalizar el análisis más allá de las élites, en las rela- de la parte principal del relato liberal-republicano. Pero siglo XIX ciones entre éstas y las bases sociales que materializaron el fantasma que acosa a Romero es el de un Kirchner to- las masacres, y donde se materializaron las masacres. talitario, no el de Calfucurá ni Roca. Me concentro en- …la existencia de una política de concesión de tierras y la Para banalizarlas, Grondona se respalda en la autoridad tonces en la médula del argumento histórico: puesta en marcha de una serie de iniciativas destinadas a de estudioso de Luis Alberto Romero y en la ficción de la integración de un colectivo que, lejos de haber desapa- Félix Luna, quien sólo le dedica a las campañas 13 pági- Roca fue un militar profesional que guerreó para construir recido como saldo de la campaña militar, fue el objeto de nas de un total de 490, impostando la voz de un Roca que el Estado nacional […] derrotó a los imperios aborígenes preocupaciones oficiales y oficiosas destinadas a definir el del Sur y definió las fronteras argentinas, ocupando un te- “recuerda” su conducción de las operaciones de traslado lugar que los aborígenes vencidos debían ocupar en la na- rritorio que por entonces también pretendían los chilenos. cionalidad que se estaba construyendo (1999, p. 676-677). de la frontera al río Negro como “[…] una alegre cabal- No hay nada de excepcional en esta historia, similar a la gata de buenos camaradas bajo el tibio sol otoñal de la de cualquier otro Estado nacional construido con los mé- Algo que nadie discutió en esa época según Quijada, Patagonia”, experiencia que según este “Roca anciano” todos que por entonces eran considerados normales. Los fue la necesidad de la desaparición de “[…] aquellos nada tendría de épica, porque el esfuerzo bélico ya es- nacionalistas integrales, quienes consideran esencialmente grupos humanos que no compartían las supuestas pre- taba hecho de las décadas anteriores (Luna 1991, p.146). ‘argentino’ cada fragmento del territorio —no es mi caso—, misas de la ‘vida civilizada’”. Se pregunta “[…] cuáles Hay tensión entre esta empatía imaginada y los números deben admitir que Roca contribuyó a una soberanía que eran los mecanismos y los límites que daban contenido de muertos y prisioneros que consigna Luna, basándose creen legítima. En cuanto a los pueblos originarios, cierta- específico a esa exclusión”, respondiéndose que la acele- en las memorias del ministerio de Guerra y Marina. Pero mente hoy no aprobaríamos la manera como los trató Roca, ración de la extinción física no parece haber sido la idea este y otros datos sintomáticos no le impiden a Gron- y la conducta del gobernador Insfrán nos parece detestable. favorecida en comparación con las perspectivas de asi- dona “desenmascarar esta falacia” del genocidio para Pero si se trata de leer el pasado desde el presente, debe- milación (1999, p.688-689). Estos matices se expresaron ríamos condenar también la manera en que, a lo largo de aniquilar a los “pueblos originarios”. Grondona insiste en funcionarios como Álvaro Barros, primer gobernador siglos, algunos ‘pueblos originarios’ —por ejemplo, los az- con los tópicos desvencijados del “flagelo del malón” y tecas o los incas— trataron a otros. Al menos, Roca no hacía de la Patagonia. A diferencia de Quijada, entiendo que los mapuches “invasores”, “araucanos que provenían de sacrificios rituales con los prisioneros. se debe indagar el modo en que las expectativas gradua- Chile”, ignorando más de veinte años de cambio de pa- listas incluyeron determinaciones biopolíticas, por más radigma histórico y antropológico, además de un dato Después de una primera oración atinada siguen los que la sobrevivencia de la mayoría de los indígenas sea muy elemental, que la historia que se discute es también deslices (“imperios aborígenes”), generalmente suge- el resultado que se constata. Tanto la tendencia a la ani- la de regiones como el Chaco, donde mapuches y tehuel- ridos como razonamientos de otros (“los nacionalistas quilación como la transformación cultural convivieron ches tuvieron escasa ingerencia, salvo su movilización integrales”, “si se trata de leer el pasado desde el pre- en el pensamiento y las prácticas del staff de Roca. La como tropa represiva a partir de la segunda mitad de la sente”, etc.) y la desaprensión (“la manera como los tra- frase en el parlamento, “…no cruza un solo indio por las década de 1880. tó Roca”). Para Romero se trata apenas de la repetición extensas pampas”, significa ambas cosas. Si la ligereza metodológica es un desliz a concederle a de casos parecidos o mundiales, lo que clausura su in- Aparece aquí uno de los primeros corolarios de esta Grondona, se puede exigir más de Romero, a quien no se terés y singularidad. Pienso en cambio que no alcanza síntesis historiográfica: las masacres se deberían estudiar le conocen investigaciones particularizadas sobre estos con invocar el “contexto de época”, aplanando procesos descentrándolas de Roca e incluso de sus lugartenientes. temas pero es idóneo en los procederes del “oficio del históricos. De manera exhaustiva, el análisis contextual 3 Corpus. 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    también debería aplicarsea lo detestable del presente. te de Corpus. Solamente quisiera señalar el salto produ- yer (2010), que resume los resultados de varias investi- Precisamente, es el contexto global del colonialismo cido por Walter Delrio, Diego Escolar y Diana Lenton, gaciones y promueve el diálogo entre las perspectivas republicano y el liberalismo europeo el que no sale in- entre otros que integran o integraron estos equipos, en académicas y militantes. Dentro de la misma, la “cruel- demne del balance. Basta advertir la condición ritual de materia de estudios sobre las dinámicas de exterminio, dad” se insinúa como la pauta explicativa de la histo- los cueros cabelludos y cerebros que se exhibían en los desplazamiento forzado y reparto de mujeres y niños. ria argentina, sin que esta valoración se despliegue ni museos del mundo para entender que el de La Plata no Para ello ingresaron en archivos vedados como el de la se justifique en la obra, donde tampoco se precisan los era una excepción, aunque Roca no practicara sacrificios Armada, donde Papazian y Nagy (2010) desentrañan el ciclos ni el período del genocidio de los pueblos origi- con los prisioneros. funcionamiento del campo de concentración de la isla narios del actual territorio argentino. Este aparece como Martín García. También en el caso de Escolar, que rea- un largo devenir inconcluso, perpetrado por un Estado- Entre las posiciones que trivializan la discusión la más liza una verdadera arqueología de las estancias mendo- Leviatán plenamente racional, relativamente siempre astuta es la de Martín Caparrós, que se hace fuerte en las cinas donde contingentes familiares patagónicos eran igual a sí mismo. La despolitización de las víctimas y debilidades del indigenismo moralizante, la veneración reducidos a la servidumbre. Además, los investigadores su representación son el efecto inesperado, acompaña- por lo ecológico y los atavismos, la historicidad endeble, que conforman la red ampliaron las pesquisas a otras re- do por una percepción del “Estado genocida” que pla- el multiculturalismo que oblitera las diferencias de clase giones como el Chaco, extendiendo la variable temporal nifica sistemáticamente sus políticas de exterminio hacia y ensalza la autenticidad primordial, etc. Desde el cinis- hasta las matanzas del siglo XX, durante las presidencias 1880, lo que supone que éste estaba dado ex ante su con- mo, quizá su acierto sea señalar que la categoría misma de Alvear y Perón (Mapelman y Musante 2010). figuración histórica. Esta crítica no significa desdeñar la de “pueblos originarios” acusa síntomas de crisis. Pero observación de rutinas, regularidades, redes represivas Mencioné que la problemática genocida ha sido en lo el indigenismo intelectual que construye no pasa de la y campos de concentración, diseños, organizaciones, fundamental un asunto de antropólogos y solo subsidia- caricatura, se esboza en la subestimación de cuestiones burocracias e ideologías criminales. Tampoco que la riamente de historiadores. Aunque estas preocupaciones tan evidentes como que portar un apellido indígena era planificación estaba presente sobre todo en los planes, se desarrollaron tempranamente en estudios como los de un emplazamiento muy serio dentro de las clasificacio- valga la redundancia, antes que en las posibilidades de Enrique Mases sobre la “cuestión indígena”, más atentos nes de raza y clase hasta ayer nomás, sin hablar de la implementarla a rajatabla. Más aún, habría que atender al tipo de solución que el Estado y las élites le encontra- subalternidad que hoy perdura, por más que ser indíge- a la anarquía represiva, concretada por aparatos en for- ron al problema que a las políticas y reacciones de los na le parezca un clientelismo conveniente. (“Si yo fuera mación que dependían para funcionar de la misma base indígenas. Estas búsquedas fueron solidarias del curso pobre y argentino intentaría ser originario”). Todo ello social a la que castigaban. más general de la historiografía de las últimas décadas, sin superar la hipocresía de la inclusión nacional-ciu- hacia el conocimiento complejo de la sociedad indígena Antes que la “historia oficial” y los libros de Eudeba dadana defendida por Cresto: “No digo que los ‘origi- y no solamente de ésta, también del Estado, desdibujan- de los años setenta, que agotados en su eficacia deslizan narios’ no tengan tanto derecho como cualquiera a una do el “malón” como institución central de la economía pistas sobre las masacres, pienso que el conflicto prin- vida digna”, concluye Caparrós para dar por terminado del siglo XIX, describiendo las redes indígenas y crio- cipal es con la historiografía liberal-progresista post- el análisis de los modos históricos de producción de las llas, las vinculaciones entre tolderías, ranchos, fortines dictadura, la que generalmente no se pronuncia sobre diferencias. y estancias, la complejidad de los mercados fronterizos, estos temas, preocupada por no esmerilar la valoración Del otro lado está la “Red de Investigadores en Ge- etc. No es el lugar para citar bibliografía, seguramente modernista del orden conservador. De los “historiado- nocidio y Política Indígena”. Muchos de sus integrantes cometeré omisiones mencionando los textos emblemá- res oficiales” también se queja Romero. también participan del “Grupo de Estudios en Aborigi- ticos que dialogan o se alimentan recíprocamente con la Ofrece pocas ventajas retrotraer al siglo anterior una nalidad, Provincias y Nación” (GEAPRONA). No me antropología desde el campo de la historia indígena. categoría construida para pensar los exterminios de ma- explayaré sobre sus posicionamientos porque algunos Dicha red de estudios sobre genocidio aportó una edi- sas del siglo XX, por más que las condiciones que la ca- de sus referentes lo harán por sí mismos en este deba- ción para un público amplio, dirigida por Osvaldo Ba- tegoría sistematiza sean preexistentes, más aún cuando 4 Corpus. Archivos virtuales de la alteridad americana, Vol. 1, N°2, 2do. semestre 2011, ISSN 1853-8037
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    sus premisas sonen lo fundamental jurídicas y políticas nial (y republicana) que se ejerce sobre los sectores po- y comprender lo que sucedió, trasmitirlo responsable- antes que históricas,3 si se considera además que la es- pulares, subalternos y en proceso de subalternización, mente, antes que obtener resultados administrables para cala del Holocausto europeo lo desborda todo. Por ello de carácter diverso. Biopoder que el Estado compartió las luchas sociales y políticas, incluso cuando participo o resulta difícil ajustar cada historia a las tipologías de los con las clases propietarias, iglesias y científicos dentro me solidarizo con ellas. genocidios modernos. Porque al ensanchar una catego- del proceso de fundación de una burguesía. En los cam- ría para que quepa todo siempre falta una dosis de algo, pos de concentración de 1880 se produce socialmente la NOTAS: o los requisitos entran en contradicción. Por ejemplo, el fuerza coactiva del Estado, las fuerzas armadas, con su “genocidio constituyente” que define Feierstein “[…] re- materia prima de reclutamiento forzoso y privilegiado, 1 Hobsbawm se pronunció sobre la negación del geno- quiere del aniquilamiento de todas aquellas fracciones los “indios”. Para conocer este proceso a fondo hacen cidio nazi por parte de Irving: “…si faltan las prue- excluidas del pacto estatal” (2007, p.99), pacto que era falta programas de estudio que superen el paradigma de bas o si los datos son escasos, contradictorios o sos- integrado en medida muy considerable por las jefaturas las “áreas culturales” y las pujas de la “autenticidad”,5 pechosos, es imposible desmentir una hipótesis, por indígenas del sur, que lo siguieron integrando incluso que miren dentro y fuera del campo de concentración improbable que sea. Las pruebas pueden mostrar de después de las masacres, obviamente en condiciones atendiendo no solamente al numeroso insumo indígena, manera concluyente, contra quienes lo niegan, que muy desmejoradas de subalternidad. sino también al complejo universo de prisioneros y car- el genocidio nazi realmente tuvo lugar, pero aunque celeros. ningún historiador serio dude de que la ‘solución fi- Respecto de los límites temporales, la caracterización nal’ fue querida por Hitler, no podemos demostrar que como genocida del Estado actual lo acerca sin quererlo Estas reflexiones no enfrentan, sino acompañan, lo verdaderamente él haya dado una orden específica en ese al totalitarismo kirchnerista que dictamina Romero. Con que Horacio González denomina una idea de inclusión sentido. Dado el modo de actuar de Hitler, una orden ingenuidad, se pasa de la concentración de la responsa- social que reconsidere la diversidad cultural y guíe jus- escrita semejante es improbable y no fue encontrada. bilidad en Roca a la dilución de las responsabilidades ticieramente un sistema de reparaciones a cargo del Es- Por lo tanto, si desbaratar la tesis de M. Faurisson no dentro de una “sociedad genocida” que es vista como tado nacional, antes que una “[…] revisión radical de resulta difícil, no podemos, sin elaborados argumen- un bloque con aristas nítidas, separada de la indígena.4 todo el ciclo histórico de las naciones surgidas de las tos, rechazar la tesis enunciada por David Irving” Por ello es importante estudiar no solamente las víctimas independencias americanas”. Veo muy justificada la (Hobsbawm 2000, resaltado en el original). sino también los victimarios, en todos los niveles, desde propuesta de intervenir culturalmente los monumentos los ideólogos hasta los operadores represivos de base. 2 Julio Argentino Roca, “Discurso ante el Congreso al de Roca, mandarlos a la estancia familiar y reemplazar Esto plantea Saul Friedländer (2007) sobre el Holocausto, asumir la presidencia”, 12 de octubre de 1880. Publi- los billetes. Porque las naciones tienen derecho a discu- cuya historia no se hace solamente con la historia de los cado en Halperín Donghi (2007, apéndice, 487-491). tir y actualizar cuáles son los referentes en que quieren judíos, los alemanes o los nazis. Este señalamiento sobre respaldarse, qué retratos circulan por las manos de sus 3 Chalk y Jonassohn (2010, p. 30-34) consignan que el la necesidad de desgastar la dimensión racial del análi- ciudadanos y habitantes. Ello sin olvidar que durante el “genocidio” se definió en las Naciones Unidas con sis permite advertir que ni las víctimas ni los victimarios proceso formativo del Estado nacional hubo crímenes, muchas restricciones, como la exclusión de los “gru- se pueden representar como una totalidad. Además, que cerrando así el ciclo de la historiografía de la dictadura pos políticos” del detalle posible de víctimas, en vir- el Estado articula intereses de aquellos que se identifi- cívico-militar. Pienso por último que la relación entre el tud de las presiones del bloque soviético y el interés can como pueblos originarios, junto con los intereses de conocimiento histórico y la denuncia no debe darse por prioritario de las grandes potencias de condenar a los clase. (No solamente el actual “gobierno”, porque prima sentada, que si en algo se parecen el historiador y el juez derrotados de la Segunda Guerra Mundial. una confusión entre éste y el “Estado”). es en la metodología con que afrontan el proceso de ins- 4 Véase el reportaje a Diana Lenton (Aranda 2011). Por sobre las categorías encuentro productivo descri- trucción o la pericia, más que en la sentencia. Descreo 5 Me remito a los planteamientos de Escolar (2011) y bir densamente la textura histórica de la violencia colo- de los “motores de denuncia”, me esfuerzo por conocer Bascopé (2009). 5 Corpus. Archivos virtuales de la alteridad americana, Vol. 1, N°2, 2do. semestre 2011, ISSN 1853-8037
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    DEBATE Reflexiones de los autores y la Genocidio y política indigenista: debates editora sobre el debate sobre la potencia explicativa de una categoría polémica Editor Liliana Tamagno Diana Lenton (presentadora y comentarista) Quiero comenzar esta segunda etapa del debate destacando la necesidad de historizar respecto del objeto de nuestra reflexión, al mismo tiempo que historizar respecto de su tratamiento desde las ciencias sociales. Autores y comentaristas (en orden alfabético) Esta necesidad, que aparece señalada en algunas de las ponencias, se trasforma en un ejercicio insoslayable de toda investigación científica toda vez que reconocemos que el conocimiento es acumulativo y que todo Walter Delrio y Ana Ramos nuevo conocimiento debe contextualizarse en el “estado de la cuestión”, evitando suponer que las pro- Diego Escolar blemáticas aparecen en tanto “nosotros las tratamos”. El hecho de que algunas cuestiones ya abordadas por la academia se reactualicen, habilita la reflexión sobre conceptualizaciones que aunque en apariencia Pilar Pérez superadoras, no van más allá de colocar “el viejo vino en nuevos odres” (Tamagno 2006). Así reaparece Florencia Roulet y María Teresa Garrido una cuestión cara a la antropología como es la relación entre etnicidad y política y entre etnicidad y clase, Verónica Seldes convocándonos a la posibilidad de nuevos interrogantes en un continuum cuyo objetivo es superar cualquier mirada ingenua (Bourdieu y otros 1975). Liliana Tamagno En referencia a los pueblos del Chaco, no encontramos que hayan sido pensados en términos de “extin- Julio Esteban Vezub ción” (ver propuesta de Del Rio y Ramos) ya que desde principios del siglo XX fueron mano de obra necesa- ria e imprescindible en los emprendimientos desarrollados por quienes ocupaban el territorio, y los necesi- taban dóciles. Los trabajos ya clásicos de Cordeu y Siffredi (1971) y de Miller (1979) —a pesar de los marcos de referencia teóricos que los animaron y que han sido criticados— describen un sinnúmero de situaciones que, reconstruidas a través de los testimonios relevados y de la indagación en los medios de comunica- ción de la época, dan cuenta de una clara política de control, sometimiento y exterminio de las poblaciones indígenas—cuando éstas se rebelaban— por parte del Estado (llámese Ejército, Policía, Gendarmería). Al mismo tiempo un trabajo de Mirta Lischetti (1972) reflexiona sobre los movimientos mesiánicos y analiza el caso del Chaco revisando la aplicación a estos movimientos, del concepto de irracionalidad y contextua- lizándolos en las situaciones de sometimiento y privación impuestas por el orden colonial y por la lógica estatal. Así quienes estudiamos antropología en la década de 1970 nos encontramos por un lado con una fenomenología que opacó incluso los aspectos reveladores presentes en los trabajos de sus mismos hacedo- Corpus. Archivos virtuales de la alteridad americana, Vol. 1, N° 2, 2do. semestre 2011, ISSN 1853-8037, URL: http://ppct.caicyt.gov.ar/index.php/corpus res y por el otro con corrientes teóricas que, acudiendo al materialismo histórico, debatían sobre si América
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    Latina era feudalo capitalista (Laclau 1973) y/o sobre que implicaba el tratamiento de la mano de obra casi que fue la acumulación originaria de capital, producto las particularidades de un capitalismo regional definido esclava. En un trabajo anterior (Tamagno 2002) afirmo de dicha expansión, lo que hizo posible la gestación del como “dependiente” (Cardoso y Faletto 1970). Un pen- que sólo una sociedad fundada en el genocidio puede capitalismo en los países centrales, algo que en el debate samiento intelectual de influencia sociológica volcado generar y soportar el genocidio que implicó la represión que nos ocupa es señalado por Pérez quien acude a los al análisis de clase condujo —tal vez por la necesidad durante el periodo 1975-1983 ya citado. planteos de Bauman. Worsley (1966) pone el acento en la de revisar fuertemente el esencialismo culturalista— al Lo expuesto por los autores me habilita a pensar en ética del conquistador que hizo necesaria la imposición error de desestimar el valor analítico de la diversidad. términos no sólo de la necesidad de reconocer la diver- de una relación fatídica de inferioridad/superioridad, Muchos de los sectores que habían sido pensados como sidad y de avanzar en la construcción de la intercultu- relación que entendemos aún está presente en un pensa- “indios” fueron pensados como “campesinos” como si ralidad entendida como propositiva, sino también en miento colonial que ha sobrevivido hasta nuestros días estas formas de categorizar se excluyeran mutuamen- términos de la desigualdad generada por la estratifica- a través de la colonialidad (Escobar 2003, Quijano 1987). te. Roberto Cardoso de Oliveira (1972) marcaria un hito ción en clases sociales propias del modo de producción El racismo aparece así como el ideario que legitima la en la polémica al señalar que la etnía y la clase son cla- capitalista y su lógica de expropiación y acumulación violencia a través de la cual los intereses del conquista- sificaciones que coexisten. La brutal represión ejercida (Tamagno 2001, 2006). La mirada intercultural no basta, dor se impusieran, sin miramiento alguno respecto de durante la Dictadura Militar que comenzó en 1976 y la si no pensamos al mismo tiempo en los condicionamien- las atrocidades y los crímenes de lesa humanidad come- represión anterior durante el Gobierno de Isabel Perón tos de una sociedad de mercado guiada por las ansias tidos ante la necesidad de someter y silenciar. En este contribuirían a obturar el debate1. de ganancia y acumulación y por la explotación y la re- sentido resaltamos el aporte de Vezub a este debate al presión necesarias para hacerlas posibles3. Lo sucedido pensar en términos de capitalismo. Es en el sentido de historizar, que valoramos la inves- tigación sobre la apropiación de menores en la región no aconteció sólo por una cuestión de enfrentamiento Todo ello me insta a señalar —teniendo en cuenta el de Pampa y Patagonia que presentan Del Rio y Ramos cultural, ni por ausencia de conocimiento, no es la diver- debate periodístico del cual se ocupa Escolar— que en en su trabajo de la primera etapa de esta convocatoria sidad la que genera la desigualdad, sino por el contrario, tanto investigadores, debemos evitar caer en las tram- y que entendemos puede ser complementada con las es la imposición de la desigualdad la que conlleva a ne- pas que suele tendernos la práctica de producción de apropiaciones de menores en la región chaqueña2 y con gar y/o exacerbar la diversidad, según los casos, como conocimiento, cuando ésta se restringe al análisis del las dificultades para sobrevivir de aquellos que integra- argumento legitimador de la conquista y expropiación acontecimiento y de la coyuntura y no se apela al mis- ban los contingentes de indígenas que eran trasladados (Worsley 1976). mo tiempo y desde una perspectiva materialista y dia- para trabajar en los ingenios y quebrachales junto con En uno de los primeros artículos escritos sobre pobla- léctica, al análisis estructural, desestimando variables sus familias (Gordillo 2007, Tamagno 2001). Coincido ción toba migrante (Tamagno 1986) quedó ya plantea- y generando reduccionismos y por lo tanto empobreci- con los autores en que estos espacios de reclutamiento da la necesidad de pensar en términos de identidad de miento del debate. Entiendo que es necesario no redu- y utilización de mano de obra indígena funcionaban de clase y de identidad étnica, cuando —luego de la caída cir el debate a la instancia de lo coyuntural y superar la modo semejante a lo que conocemos como “campos de de la Dictadura Militar— el debate con la fenomenolo- limitación de todo análisis que se funde sólo en las de- concentración”; conceptualización que utilicé en las Jor- gía se retomó no sólo como un ejercicio intelectual sino nuncias de las crueldades y aberraciones cometidas por nadas de Geografía e Historia realizadas en el año 2000 al mismo tiempo militante. Respecto del debate sobre el individuos y/o instituciones. El genocidio y el racismo en Resistencia, Pcia. de Chaco y que fue relativizada por “genocidio constitutivo” que aparece en la propuesta de deben ser interpretados no simplemente como situa- uno de los participantes —prefiero decir el pecado y no Escolar en la primera etapa del debate, propongo saldar ciones extremas o aberrantes de una etapa particular de el pecador dado que ello no ha quedado escrito— con la polémica acudiendo a los planteos ya clásicos de Peter nuestra existencia como nación, sino como prácticas que el argumento de que los indígenas también festejaban, Worsley (1966) y a lo señalado en un artículo de Eduar- se actualizan en tanto funcionales al ejercicio de la vio- jugaban al fútbol y bailaban, como si estos momentos do Menéndez (1972) para pensar que América se confor- lencia que implica la sociedad de mercado, el régimen de distracción del horror pudieran menguar la atrocidad mó con el genocidio que implicó la expansión colonial y capitalista y la inacabable necesidad de acumulación de 2 Corpus. 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    los sectores dominantes.Un racismo que no se limita— Una primera pregunta es por la consideración del ge- vertir las derivas e influencias recíprocas entre distintos como dice Eduardo Menéndez (1972— a discriminar ne- nocidio como un “no-evento” de la historia nacional. En tipos de fuentes. gros y odiar judíos sino que permite que se silencien los respaldo parcial de esta caracterización, es cierto que Acuerdo que hay tomarse muy en serio las narracio- dispositivos de control, la represión y la muerte que se hay que discutir con las versiones que lo niegan, sobre la nes orales y su estatuto como fuentes históricas plenas, ejerce sobre las poblaciones indígenas y campesino indí- base de aseverar que los pueblos originarios son un mito, pero yendo más allá de su tristeza, preguntando por su genas cuando reclaman y demandan y cuando —desde al punto de contraponer identidades y derechos colecti- vos que son garantizados por distintos instrumentos del dispersión y regularidades, ambigüedades, contradic- una lógica de la reciprocidad alterna a la lógica capita- ciones, desplazamientos, vacilaciones, dislocaciones, lista de acumulación (Tamagno 2010)— se oponen a los derecho nacional e internacional a “…las nociones de individuo, contrato político e igualdad ante la ley que formas de selección y representatividad. Además de megaemprendimientos mineros y turísticos y al avance considerar cómo se alimentan con las lecturas o enuncia- del cultivo de soja y de los agronegocios4. recoge nuestra Constitución”, nociones que estas versio- nes ven ahora amenazadas, desatendiendo que los “nue- dos históricos que circulan regionalmente, tanto a nivel Finalmente el diálogo con los planteos de Roulet con- vos derechos” se reconocen para paliar su vulneración popular como “desde arriba”. (Que los abuelos y nietos firma lo planteado con anterioridad (Tamagno 1996, por parte del Estado y que la ficción contractual se funda son buenos lectores lo evidencia la difusión patagónica 2008) respecto de la distancia entre una legislación de en violencias y asimetrías de toda clase. (Véase la nueva de textos como Las matanzas del Neuquén de Curruhuin- avanzada en cuanto a reconocimiento de derechos y nota de Luis Alberto Romero en Perfil del 20/11/11). ¿Se ca-Roux, que glosa a Francisco P. Moreno). En este sen- unas prácticas estatales que no sólo no se condicen con trata entonces de una ausencia del registro y los relatos tido, es importante resaltar que las categorías analíticas ella sino que ni siquiera aplican la legislación vigente clásicos como afirman Delrio y Ramos? Incluso acep- no emanan por sí mismas de los relatos ni de las fuentes para esclarecer los crímenes perpetrados en la actuali- tando la hegemonía historiográfica, es difícil concluir históricas “clásicas”, siendo producto de la mediación dad sobre las poblaciones indígenas y campesino indí- que esta hegemonía haya sido homogénea, en atención del investigador. Ambas clases de memorias, familiares genas, originadas en los intereses de los capitalistas que al indigenismo previo a 1976 y a perspectivas como la e historiográficas, académicas o no, comparten la misma continúan —a pesar de la visibilidad y el reconocimien- de Álvaro Yunque, Mario Tesler y Liborio Justo, quien dificultad y potencialidad en tanto se estructuran en dos to de la necesidad de una reparación histórica— avan- firmaba como “Lobodón Garra”. El caso del último es direcciones, del pasado al presente y viceversa. El pro- zando con total impunidad. sugestivo por ser nieto del comandante Liborio Bernal, blema es identificar una narrativa con la “verdad”, obje- lo que traza una genealogía con las prácticas ambiguas tivando “hitos históricos” que adquieren autonomía del y los documentos de uno de los persecutores de 1880. La pasado, tanto en relación a la experiencia vivida como Julio Esteban Vezub dificultad de esta perspectiva sobre la hegemonía homo- al contexto en el que se construye cada relato. De mane- génea de los discursos viene de oponer los archivos tex- ra paradojal, este giro lingüístico podría desinteresarse Dediqué mi primera intervención a circunscribir el tuales y “verosímiles” por un lado, oficiales u oficiosos, de la objetividad del discurso, en tanto tenga coherencia continuismo historiográfico, destacando que pocos as- con las memorias “veraces” por el otro. Una clasificación interior, perdiendo eficacia política incluso como denun- pectos del proceso de construcción del Estado-nación y que sintetiza las voces de víctimas y victimarios, reite- rando la división tradicional entre oralidad y alfabeto cia, ya que cualquier historia contada podría ser enton- una sociedad nueva se tramaron tan intensamente como (en un polo la trasmisión cultural de los indígenas, en el ces verdadera para los parámetros de legitimación de la las visiones del genocidio indígena y la última dictadu- otro el aparato burocrático de Estado). Con esta división propia narración. ra. Avanzada la discusión con los que niegan o justifi- can las formas masivas de la violencia, más por ausencia se pasa por alto que los caciques del siglo XIX tenían sus Que la “verdad” está en el fondo del debate lo muestra que por presencia en el debate de esta clase de posicio- equipos letrados, y que escribieron documentos con su el énfasis retórico, por ejemplo “…la existencia de una nes, retomaré aquí algunos planteamientos propios y de versión contemporánea a los hechos. En dirección más verdadera política de estado hacia la población origina- los demás participantes, como apuntes para una línea propicia, los mismos Delrio y Ramos comentan que los ria” en 1880, la que no necesitaría mayor demostración de estudio sobre la trama histórica que hizo posible las ngtram les ayudaron a reorientar las búsquedas en los ni complejización mientras que, intervenciones como matanzas del tránsito del siglo XIX al XX. archivos clásicamente “históricos”, lo que permitiría ad- la de Escolar, sugieren que tanto la política indigenista 3 Corpus. Archivos virtuales de la alteridad americana, Vol. 1, N°2, 2do. semestre 2011, ISSN 1853-8037
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    como la “poblaciónoriginaria” se construyeron junto al resultado manifiestos que se fundan en categorías mora- Esto plantea Escolar, al proponer que los estudios sobre Estado en el mismo proceso (lo que es diferente a hablar les o humanistas, muy vulnerables frente a argumentos genocidio indígena colocan el acento en el padecimien- de “mito” en clave Romero). Así, una evidencia como más calibrados como los de Romero. Como sostuve en la to de las víctimas y la criminalidad de los victimarios, el reclutamiento indígena es vista exclusivamente como primera intervención, en sintonía con Horacio González desatendiendo antecedentes como las montoneras del obligación, cuando también retomaba prácticas de mi- y su preocupación por el “grado cero” y los “suplemen- noroeste cuya condición indígena fue precisamente un litarización social con las que estuvieron muy compro- tos de pureza” de la historia nacional en versión origi- argumento para la exclusión política. Escolar lo vislum- metidas las jefaturas indígenas del siglo XIX. El axioma naria, no me convence la revisión completa del ciclo de bra, entre otros motivos, porque desgastó las aristas con de la narración verdadera tiene por núcleo el devenir de las revoluciones de independencia, en virtud de las legi- las que se representan histórica y antropológicamente el un sujeto-víctima, que enuncia y es enunciado en la ca- timidades, disputas y resolución de conflictos que abre Estado y los actores, los que distan de ser homogéneos dena de memorias, la que a su vez actualiza el genocidio el espacio de la nación para una “ciudadanía de índole o constantemente resistentes. El modo en que piensa la hasta el presente, sosteniendo una ontología de víctimas colectiva” como la que interpreta González, sedimenta- historia social de las periferias regionales, descentrada despolitizadas por efecto del meta-relato circular, con- da en “…el modo imperfecto en que siempre se dan los del antagonismo entre sociedad indígena y criolla, le fundiendo subordinación y “alterización” con genoci- acontecimientos nacionales”. Esto significa prestar aten- permite salir de la encerrona de las “áreas culturales” y dio. Una versión menos operativa del genocidio como ción a la coyuntura actual como oportunidad histórica su favorecimiento de la idea de la extinción. Escolar des- categoría de análisis se encuentra en el planteamiento de para las reparaciones y perdones por parte del Estado, cribe violencias indiscriminadas que eran ejercidas con- Tamagno, quien lo homologa con represión, indigencia como se ha hecho en Australia. tra sectores subalternos o en vías de subalternización, y exclusión sociopolítica. Dicho duramente, sería como cuyas lógicas no se comprenden completamente desde afirmar que vivimos en dictadura por la desaparición Tengo la impresión que los colaboracionismos tam- la “matriz estado-nación-territorio” porque muchas de de Julio López o el asesinato de Mariano Ferreyra. Una bién habitan el silencio de las “historias tristes” al decir las respuestas indígenas a la violencia estatal parecen vez más, es necesario preguntarse por el lugar y el poder de Delrio y Ramos, como núcleo perturbador que no se acomodarse a dicha matriz sin rechazarla de plano. del antropólogo-historiador en estas narrativas, el real- enuncia o es olvidado. Frente a esta desestabilización de Roulet y Garrido presentan los fundamentos más con- ce de algunos contenidos, deslindando mejor entre las la memoria, la “agencia” se esgrime a menudo como mu- tundentes a favor de la aplicación del genocidio como voces que las enuncian y las que asumen los datos. De letilla, donde lo indígena se presenta predeterminado a concepto, basados en la existencia anterior de un corpus no ser así la verdad del ngtram se establece axiomática resistir, como el reverso del Estado, según diría Joaquín Bascopé. Sobre esto arroja varios indicios Ana Ramos filosófico y jurídico condenatorio, bien conocido por las y afectivamente antes que analíticamente, delimitando élites argentinas. Devuelven así historicidad a la catego- el silencio como un significante vacío que se puebla de en su libro reciente, cuando comenta los indicadores de prosperidad mapuche-tehuelche que se constatan en ría y la separan de la lectura moral, aunque los modos contenidos preestablecidos. Por el contrario, pienso que en que cada uno de los participantes del debate atribu- estas memorias tienen una potencialidad enorme cuyas Colonia Cushamen, Chubut, hasta 1930. Al igual que los “grandes caciques” convertidos en “grandes estancie- ye intencionalidad diferente a las mismas fuentes es una verdades pueden escucharse históricamente. cuestión metodológica interesantísima para profundizar ros” según una indagación temprana de Claudia Brio- Un reclamo de reparación no tendría por qué empla- nes, o las redes que los vinculaban con organizaciones a futuro. Por ejemplo, mientras Roulet y Garrido ven pi- zar a los sujetos en la pasividad histórica, menos aún si derechistas como la Liga Patriótica. Ningún genocidio ruetas retóricas en Álvaro Barros, yo leo en sus textos los individuos o los colectivos actuales hacen suyos los toleraría esta clase de negociaciones que exceden su lí- una convivencia entre tendencias antagónicas, inclusión reclamos como herramientas argumentativas en la di- mite. Por ello criticaba la despolitización de las víctimas y exterminio, que también se rastrea en sus prácticas rección política que les parezca. De aquí se desprenden que se aloja en la Historia de la crueldad argentina, entendi- como comandante de frontera y gobernador. Las posi- dos modalidades de compromiso igualmente legítimas da como la versión paroxismal de las “historias tristes”, bilidades que las autoras detallan a los fines de justicia, pero de eficiencia diferente, porque las “orientaciones en la medida que la lectura moral dificulta comprender verdad y reparación integral, obligan a moderar el pre- para la acción” que se deducen de los relatos dan por este tipo de compromisos políticos. dicado más duro de mi intervención anterior, donde du- 4 Corpus. Archivos virtuales de la alteridad americana, Vol. 1, N°2, 2do. semestre 2011, ISSN 1853-8037
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    daba del usoretrospectivo de la categoría “genocidio”. cuya dinámica pasaba por la captura de la población ci- Verónica Seldes Después de atender sus argumentos, las “pocas venta- vil, los traslados forzados, la territorialización y el con- trol de recursos como el ganado. Agradezco la posibilidad de compartir este espacio jas” de retrotraerla al siglo XIX a las que me referí en la con lo colegas. No es la intención cuestionar sus trabajos primera vuelta quedan ahora restringidas a la compren- sino retomar algunas de sus ideas y conceptos que me sión histórica de la complejidad de la violencia masiva, Por delante de las categorías, una morfología de las permiten reforzar los argumentos expuestos. además de la crítica de la ubicación del genocidio como líneas de fuerza que tensionan una configuración socio- “…principal emblema de identificación de un colectivo histórica debería apuntar al estudio de la violencia es- En el recorrido por la historia del concepto de geno- social movilizado” en los términos de Escolar, antes que tatal que se ejerció masivamente sobre colectivos más cidio que realizan Roulet y Garrido encontramos un re- a los efectos jurídicos de la categoría que Roulet y Garri- amplios que los pueblos originarios, muchos de los cua- forzamiento de la idea de genocidio cultural o etnocidio do plantean muy bien y que encuentro valederas. Por lo les tampoco se consideraban a sí mismos de esa mane- que hemos expuesto. Tomamos su descripción sobre los visto, establecer una verdad jurídica es más estricto, jus- ra. Necesariamente, habrá que precisar los ciclos de la intentos por parte del estado, en el proceso de incorpo- tamente, porque sostener una verdad histórica es más violencia contra los indígenas y sectores populares crio- ración de los pueblos a la nación, de desarticulación de complejo. los modos de vida de los pueblos indígenas, originarios llos, por fuera de los aparatos clasificatorios. La perio- o como se decida nombrarlos (no quisiera detenerme En discusión con Roulet y Garrido, cabe preguntarse dización de los crímenes es importante para identificar en este punto); ese proceso de asimilación a un estado cómo se recortaban las mentalidades jurídicas del siglo los ciclos de guerra, persecución y desterritorialización, monoétnico que impuso la matriz cultural de occidente XIX contra las prácticas y las condiciones precarias de cautividad y vigilancia, concentración, asesinatos, pes- frente a la diversidad cultural existente, intentando coar- estatidad o los conflictos facciosos que, antes que sus tes, distribución y servidumbre, disciplina laboral, ges- tar de alguna manera la posibilidad de transmisión de convicciones humanistas, motivaban muchas de las tación de la base social de las fuerzas armadas y servicio la cultura y cortando los lazos históricos de los pueblos, acusaciones entre adversarios como Hernández, Mitre militar. Si bien muchas de estas etapas son simultáneas, contando con el discurso “científico” de los arqueólogos o Sarmiento. Por ello planteaba que hay que estudiar el identificarlas ayudará a comprender la lógica global y que afirmaban la muerte de los pueblos prehispánicos y proceso en su diversidad de actores, desde los legisla- los niveles efectivos de la planificación represiva. Con el reafirmaban una práctica académica anclada en el pasa- dores hasta la base técnica de las operaciones represi- fin de avanzar en el debate y la comprensión del proceso, do, en el “estudio de las formas de vida del pasado” sin vas. “Crimen de lesa humanidad” no es lo mismo que habrá que estudiar la problemática del genocidio sin re- vínculos con el presente. “genocidio”, lo que además tenía un significado distin- ducirla a las disputas por las tierras, profundizar a nivel to del que adquirió con los desarrollos posteriores del Retomamos de Pilar Perez la necesidad de reflexionar micro el conocimiento de las dinámicas de los campos sobre el alcance temporal del genocidio que abarca gran derecho humanitario. A diferencia de Roulet y Garri- de concentración y a nivel macro su configuración en re- parte del siglo XX, cuyas implicancias pueden verse hoy do, entiendo que la condena del genocidio no quedaba contenida dentro del derecho de guerra decimonónico, des. Entre otras cuestiones, se puede comparar el papel en día. En el trabajo no pretendimos reemplazar geno- más aún si se atiende a los argumentos de Escolar sobre de los bautismos cristianos con la política mapuche de cidio con etnocidio corriendo el peligro, como dice la la producción del homo sacer y su reducción a un mero intercambios de nombres para establecer alianzas como autora, de reforzar la idea de un inevitable exterminio; cuerpo, cuya condición como rival político o internacio- lo estudia Menard. Como desafío futuro tengo la impre- por el contrario, consideramos que ambos conceptos son nal es desconocida por ese derecho. Es cierto como plan- sión que la apropiación de niños y niñas, que se atribu- parte de un mismo proceso solo indisoluble en términos tean que la captura de la población no combatiente y ye a motivaciones genocidas, debe pensarse dentro del analíticos pero no en sus implicancias prácticas. En este el despojo de sus medios de subsistencia eran el princi- marco más amplio de los crímenes modernos contra la sentido los procesos de etnocidio o genocidio cultural re- pal método de las tropas en campaña. Ahora bien, estas infancia, sumamente lesivos para los indígenas, criollos sultan fundamentales para evaluar las consecuencias, no prácticas que probarían el genocidio también estaban e inmigrantes que poblaban los orfanatos y realizaban ya del exterminio físico sino de los procesos de acultura- presentes en las guerras de independencia y caudillos, tareas serviles como criados. ción que sufrieron los pueblos indígenas en nuestro país. 5 Corpus. Archivos virtuales de la alteridad americana, Vol. 1, N°2, 2do. semestre 2011, ISSN 1853-8037
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    Y en estorescatamos la propuesta de Vezub de descri- sobre las coyunturas presentes, especialmente cuando En este sentido coincidimos con Roulet y Garrido en bir la “textura histórica” de la violencia que se viene ejer- se trabaja en zonas de conflictos y reclamos territoriales, la propuesta de difundir una historia diferente sobre los ciendo desde los tiempos de la colonia sobre los sectores en la convivencia con megaemprendimientos turísticos pueblos indígenas, sobre el genocidio / etnocidio, fuera populares, ampliando la mirada desde ese biopoder que promovidos por las políticas de promoción de “paisajes del ámbito académico. Un punto fundamental lo consti- describe, considerando no solo al estado sino incorpo- naturales y culturales” como es el caso de la provincia tuyen los manuales escolares donde se “deshistorice”y rando en el análisis las relaciones entre las elites y las de Jujuy. rehistorice los pueblos indígenas, ya no objeto de un pa- bases sociales que materializaron y legitimaron ciertas sado remoto sólo visible en los museos, sino reposicio- prácticas y discursos, entre ellos el científico, el arqueo- Al intentar detenernos en la idea de genocidio cultural nando a los pueblos indígenas en su dimensión histórica lógico. Las consecuencias de este proceso perduran en intentamos, como dice Escolar, no utilizar el concepto y su desarrollo hasta la actualidad. la actualidad tanto en la manera en la que se hace ar- genocidio como una categoría general explicativa de to- Celebro también las propuestas de repensar los guio- queología como en la imagen del arqueólogo que circula dos los procesos históricos y en todas sus dimensiones. nes museográficos, las nomenclaturas urbanas, la adop- en la comunidad en general: esa persona tan alejada del El ejercicio de historizar la práctica arqueológica, fun- ción de fechas conmemorativas, la divulgación de medi- mundo cotidiano que se dedica a estudiar “cosas viejas” ciona en ese sentido, ir revisando los procesos y mos- cinas no occidentales, etc. de los “indios que vivían hace muchos años en nuestro trando las particularidades que el uso de conceptos que país”. Las palabras finales de Pilar Perez expresan la expliquen todo tiende a subsumir. Como dicen Delrio Distinto es el caso de la generación de espacios y de- idea que tratamos de plasmar cuando nos referíamos a y Ramos, avalamos una propuesta de repensar las cate- bates en los medios de comunicación. En este punto con- la falta de una historización autocrítica del proceso de sideramos que no basta la difusión de programas en el gorías de análisis con las cuales vamos construyendo y construcción de discursos científicos que, en este caso, canal Encuentro, la TV pública, y en diferentes espacios reconstruyendo la historia, considerando las dimensio- generaron la desconexión entre pasado y presente fo- gráficos ¿Quiénes son los que acceden a este tipo de pro- nes políticas que sostuvieron determinados paradigmas mentando a su vez en el imaginario colectivo la idea de puestas? ¿Cuánta gente teniendo acceso realmente lo hegemónicos que aún se reconocen en ciertas prácticas arqueólogos que trabajan sobre historias antiguas, pre- utiliza? ¿Cómo instalar el tema en la sociedad a través de y discursos. Por supuesto estamos generalizando y revi- los medios, si sus propuestas tinellizadas, lejos están de historias que quedaron ancladas en un pasado remoto. sando un proceso que en los últimos años ha comenzado Continuando con la arqueología y parafraseando a generar conciencia crítica? Por supuesto existen excep- a revertirse, pero tal vez todavía queda ese sabor del ar- ciones pero, ¿cómo lograr abrir el juego frente a la fuer- Tamagno, consideramos fundamental el ejercicio de de- queólogo trabajando con “culturas muertas” flotando en construir nuestra práctica profesional, ese repensar de za de las propuestas mediáticas pasatistas y traspasar el el ambiente, tanto académico como fuera de él. ambiente “intelectual de clase media progre” y llegar al manera crítica las prácticas académicas, revisando las concepciones hegemónicas que se sostuvieron respec- público masivo? Esta discusión excede a los objetivos de Y con ese aire enrarecido flotando en el ambiente trae- to al genocidio cultural/etnocidio, las que se sostienen la convocatoria de esta revista pero nos parece impor- mos a colación la pregunta ¿Qué se puede hacer hoy en la actualidad, y sus implicancias sociales. Coincidi- tante dejar planteado el tema. ante un genocidio de ayer? En primer lugar reconocer mos plenamente con la autora en que para comprender que no hay un genocidio del pasado que haya finaliza- Frente a este escenario, la arqueología podría reposicio- los diferentes acontecimientos hay que considerar las do sino que como todo proceso hoy estamos viendo sus narse para contribuir a esclarecer procesos de genocidio coyunturas y las condiciones estructurales de las que continuidades y consecuencias. Consideramos que la / etnocidio, por ejemplo frente a los actuales reclamos emergen, esto es en parte nuestra propuesta, que se ten- propuesta de no reproducir las lógicas hegemónicas que de los pueblos indígenas. Podría: trabajar en la visibili- ga en cuenta tanto en una mirada retrospectiva cuando naturalizan cierta práctica profesional acrítica de sus zación de la historia de las poblaciones, recuperando su hablamos de genocidio de fines del siglo XIX principios condiciones de producción, sería un buen avance; pro- historia como lo viene haciendo, pero tal vez centrada en del XX, como cuando nos posicionamos hoy en nuestra mover instancias de diálogo con los diferentes actores ver los restos materiales no ya como hechos del pasado, práctica profesional y las narrativas que se construyen sociales sería otro. sino como un proceso dinámico que no finalizó cuando 6 Corpus. Archivos virtuales de la alteridad americana, Vol. 1, N°2, 2do. semestre 2011, ISSN 1853-8037
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    ocurrió la conquistaespañola y cuando el estado invi- A sus otros tres hermanos no los había matado el ejér- como el homo sacer (en el sentido de Agamben) cuyo sa- sibilizó las particularidades de cada pueblo en pos de cito sino el veneno utilizado para las viñas en las que crificio inicial y sucesivo funda y refunda la soberanía de una argentinidad homogénea y única, sino mostrando su padre trabajaba como contratista. Sixto Jofré había dicho estado (volviendo a Mauss), y lo indígena como la historia como un continuum que llega hasta el día de emigrado en la década de 1940, cuando las lagunas de subjetividad “genocidificada”, que a través de signos hoy ser crítica frente a las propuestas patrimonialistas, Guanacache, en el norte de Mendoza, se secaron junto corporizados como fenomitos (Escolar 2007) inscribe a surgidas y llevadas a la práctica desvinculadas de las po- con el ecosistema circundante por la utilización del agua las subjetividades indigenizadas y sus cuerpos como po- blaciones indígenas para los viñedos. Varios años vivieron en Rodeo del Me- tenciales “campos de concentración portátiles” de vidas Sin embargo consideramos que no se trata apenas de dio, donde Mimí conoció los relatos sobre el campo de que pueden ser matadas sin violar el orden jurídico y hacer una lista de las cosas que la arqueología “debería” concentración que tenía montado en su estancia el Coro- moral de una sociedad. o “podría” hacer frente a las problemáticas de luchas nel Rufino Ortega, principal comandante de las tropas que partieron de Mendoza a las sucesivas campañas de Por un lado, mis diferencias se basan en una apre- territoriales y reclamos indígenas, no porque no las con- ciación historiográfica. Pese a la importancia que los sideremos justas y las apoyemos, sino porque conside- la Campaña del Desierto y némesis de la conquista del triángulo de Neuquén entre 1882-1883. pueblos indígenas tuvieron en la formación del Estado ramos que es sumamente necesario este debate dentro argentino y en muchas cosas más, como bien señala Ve- de la academia. De nada serviría dar un recetario de ac- A raíz de algunos puntos que han surgido en este de- zub no sólo como víctimas, sino también como construc- ciones concretas si no se logra consenso para encontrar bate, quisiera extenderme brevemente sobre una cues- tores (invisibilizados también) de ese mismo estado o las maneras de posicionarse, actuar y trabajar junto a la tión que ya traté en mi primera intervención, la noción estatalidad, distamos mucho de haber demostrado que comunidad en general, y para esto hay todavía un largo del genocidio como una forma de conciencia histórica, y la posibilidad o condición misma de la formación del camino para seguir recorriendo, reflexionando sobre las una capaz de movilizar políticamente a los pueblos indí- Estado- Nación haya sido el genocidio indígena. Ade- consecuencias de nuestra praxis, desde una perspectiva genas u originarios. más, aún si considerásemos al genocidio o las prácticas histórica sí, pero ante todo anclados en los contextos ac- Todos los participantes hemos coincidido en la nece- genocidas como el motor de la formación del estado, o tuales de producción y reproducción de conocimiento. sidad de reconocer, investigar y condenar lo que puede inclusive si en lugar de hablar de genocidio nos refiriése- ser caracterizado como un genocidio, o varios, perpetra- mos a una “violencia fundadora” del estado, es dudoso dos contra pueblos indígenas en Argentina, las prácticas que tal sacrificio o destrucción fundacional haya tenido Diego Escolar (estatales o no estatales) de violencia colectiva etniciza- como primer objeto a los indígenas. Más bien, hasta cier- da o racializada que ese legado de genocidio todavía to punto, podríamos decir que si lo indígena emergió en Yo no quiero ser indio quiero ser ser humano informa o induce, develar o denunciar, finalmente, su ese momento fundacional, no fue tanto como un colec- Durante la última dictadura militar Mimí Jofré y su her- silenciamiento o negación por parte del propio campo tivo existente sobre el cual definir la soberanía del esta- mano vivían en Campo de los Andes –un cuartel militar historiográfico y otros muchos sectores de la sociedad. do sino como un tropo relativamente flexible, según la en el departamento mendocino de San Carlos—. Cuan- Pero algo muy distinto, y en esto me diferencio, es ha- época, de excepción soberana que podía abarcar diver- do iban muy temprano a la escuela y pasaban repentina- cer del genocidio indígena el genocidio constitutivo del sos contingentes de población, sectores sociales y ene- mente los camiones del ejército, se escondían en la zanja estado argentino; considero esta calificación, desde mi migos políticos al interior de un espacio social y político hasta bien entrada la noche o la mañana siguiente. Ellos falible opinión, un error desde el punto de vista hstórico ya incorporado en el proceso de formación estatal—de eran descendientes de huarpes o “de los indios”, les de- y teórico, como así también una representación cultural ahí precisamente su eficacia—. Pero entonces, llegamos cía su abuela y a veces sus padres. Y siempre los soldados poderosa que independientemente de su carácter sim- a una crítica política ¿Hasta qué punto el sostenimiento habían matado a los indios. El hermano de Mimí repetía patético con las causas de los pueblos indígenas puede del genocidio indígena como mito fundacional del Esta- que “no quiero ser indio, sino ser humano”. “Ahí va al tener derivaciones indeseadas para los mismos, como la do argentino desactiva este verdadero efecto sacrificial ser humano…!” se burlaban sus familiares. (casi siempre subrepticia) re-institución de los indígenas o, por el contrario, corre el riesgo de hacer el juego a la 7 Corpus. Archivos virtuales de la alteridad americana, Vol. 1, N°2, 2do. semestre 2011, ISSN 1853-8037
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    reproducción de loindígena y de los cuerpos indígenas Una visión excesivamente legalista parece asociar la nizando la imagen de los indígenas. No puedo dejar de como blancos móviles siempre disponibles para la vio- justicia al aparato jurídico y la legislación oficial vigente: acordar sobre este punto, aunque con ciertas dudas y lencia estatal (o de muchos otros tipos de violencia), re- hasta la “verdad judicial” se muestra impotente por el salvedades sobre un punto particular. ¿Qué significaría asociando indisolublemente lo indígena con la vida que paso del tiempo, no sabemos si ante la falta de los testi- para el historiador o el antropólogo tal “rehumaniza- puede ser descartada y matada impunemente? gos oculares, o la imposibilidad de presenciar la escena ción”? ¿Mostrar una imagen idealizada, reduccionista, del crimen. Sin embargo existen testimonios de época, del genocidio como el evento central o definitorio de la Esa posición es resistida por muchos indígenas, como partes militares, documentos eclesiásticos, y otras fuen- experiencia indígena o incorporar el genocidio como el hermano de Mimí Jofré, que escapando a la adscrip- tes que permiten “probar” sino todos, la mayoría de los parte de una experiencia histórica y actual mucho más ción familiar clamaba por “ser humano”, no indígena, crímenes de genocidio. compleja, plena de contradicciones, luchas y transfor- apropiándose involuntariamente del terror genocida en En nuestras propias investigaciones, por ejemplo, he- maciones? ¿Reificar los sujetos indígenas como iguales el que había sido parcialmente socializado, terror que se mos analizado cientos de actas de bautismo de Mendo- a sí mismos, radicalmente “otros” y siempre resistiendo asociaba a toda situación histórica de represión. za durante la Campaña del Desierto y años posteriores en todo tiempo y lugar o mostrar también las fronteras a Le decimos: tenés que ser indígena y además eman- menudo borrosas entre indígenas o pueblos originarios donde se demuestra que niños y jóvenes indígenas fue- ciparte; pero hacerlo a partir de reconocer que los indí- y el resto de la sociedad, pueblo, o política nacional? ron entregados masivamente a padrinos criollos quienes genas siempre fueron y serán objeto de genocidio. De- adquirían la patria potestad que les permitía disponer En este debate Delrio y Ramos describen las “historias cimos que eso te moviliza como pueblo. Decimos que de sus vidas y trabajo. A diferencia de la apropiación de tristes” que algunos narradores cuentan en las comuni- tu genocidio es la base de tu movilización política. Re- niños durante la última dictadura militar, entonces, en dades indígenas de la meseta chubutense. Un subgénero ducimos tu historia compleja (¿formaría o no parte de el caso de la Campaña del Desierto existe un documento histórico, podríamos decir, cuya eficacia es la de estar li- la experiencia indígena?) de emigración, escolarización, probatorio e individualizador en el sentido literal del tér- gado a la idea de una verdad irreductible al discurso que duelo, dictadura militar, viñedos, fiestas en Campo de mino. Estas actas bautismales son un documento, tanto se transmite sin embargo con toda la potencia afectiva los Andes, noviazgos, partidos de fútbol, papá sindica- de la inscripción de los niños indígenas como ciudada- y la inintelegibilidad constitutiva del evento traumático lista, peronista, etc. a tu condición de indígena por siem- nos (antes de la existencia del registro civil) como de su inicial. Los autores derivan desde estos relatos al genoci- pre objeto de genocidio. apropiación (una de las prácticas más aberrantes del ge- dio como un “no-evento” para el estado argentino, pero Roulet y Garrido distinguen en su análisis en este mis- nocidio), en muchos casos separándolos de sus padres también para los propios narradores “Estas historias (…) mo debate dos ámbitos principales en que podría “hacer- biológicos que a menudo incluso figuran en las actas tienen como telón de fondo el no-evento de lo que no se algo” respecto de un genocidio. El de la justicia y el de como presentes pero sin nombre. Pero las actas indivi- puede ser nombrado: los niños perdidos, quienes nunca la historia. En el primero, nos encontramos que pese al dualizan si, en algunos casos a las víctimas y en todos volvieron, o fallecieron.” pormenorizado análisis jurídico de la figura de genocidio a participantes indirectos: los curas que avalaban con la De este corpus sumado a otros similares y diversos ma- y del caso de los pueblos indígenas en Argentina, las au- confección del acta la apropiación y los padrinos. teriales de archivo recogidos por un grupo de historiado- toras terminan afirmando que prácticamente no se puede Pero las autoras aceptan que si bien la verdad judi- res y antropólogos entre los que nos contamos algunos obtener ningún resultado en la justicia transicional (única cial no puede obtenerse, la “verdad social” si es posible. de los participantes de este debate, los autores pasan de que rescatan como medio) ni en su faz retributiva de cas- La misma se vincularía básicamente a las memorias de identificar al genocidio indígena como un no-evento, a tigo de los criminales o restaurativa, que propende a la re- las comunidades descendientes de las víctimas y a “un definirlo como el macro-evento, incluso constitutivo, del conciliación entre víctimas y victimarios (Uprimny 2006, nuevo discurso historiográfico” que para debería resti- Estado Argentino. De la subrepresentación a la hiperre- pp. 114-122). Ni siquiera es posible obtener la “verdad ju- tuir “la historicidad y contemporaneidad de las naciones presentación del genocidio: “ creemos que el no-evento dicial”, nos dicen, “por la antigüedad de los hechos”. indígenas en la Argentina actual,” básicamente rehuma- de las políticas estatales post-sometimiento es, en la vida 8 Corpus. Archivos virtuales de la alteridad americana, Vol. 1, N°2, 2do. semestre 2011, ISSN 1853-8037
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    cotidiana de laspersonas mapuche y tehuelche, el hito Pero además, la base de la lectura del no-evento es que Hay algo que suena demasiado teleológico aquí. Su- histórico en el que se organizan los marcos de interpre- el sentido verdadero de los relatos se halla en lo que no poniendo que pudiéramos hablar de una agencia de los tación, aun vigentes, sobre la historia, las relaciones de se dice. ¿Cómo se llena el silencio y el llanto? Como no niños a partir de los silencios del relato, sería más difícil poder y la incorporación al estado nación.” podía ser de otra manera, mediante la operación de in- clasificar simplemente esta agencia como “indígena” o En el análisis se dice que en estos relatos “la memoria terpretación de los investigadores. Pese a las apelacio- “mapuche”, puesto que deberíamos definir primero lo social resguarda una historia política de relaciones” y nes a la perspectiva y voz (o silencios) de los narradores, que constituiría el sujeto indígena o mapuche y la indi- que los relatos de las historias tristes y del regreso tienen el nombre, la inteligibilidad y sentido del no-evento, es genidad o mapuchidad de tal agencia en ese contexto, un potencial político. Que “adquieren el potencial polí- decir “El genocidio constitutivo”, es colocado por los según las marcas de la narración. Excepto que nos con- tico que distintas generaciones le van inscribiendo (Wo- investigadores. Se identifican víctimas y victimarios, tentemos con el gesto tautológico de designar a priori lin 1994).” Que suponen “una interpretación del pasado destinos colectivos, ethos y proyectos de pueblo, agen- como indígenas y mapuches a los personajes o narrado- que subraya la agencia indígena en la reestructuración cias. No cuestionamos la responsabilidad del esfuerzo res. Esta teleología se completa con el desiderátum de la de un pueblo.” ¿Pero qué es lo político aquí? ¿Cómo se investigativo de los autores, ni su compromiso con los “restructuración de un pueblo”. Supongamos que el des- define tal potencial? Los autores nos dicen que radica en informantes ni eventualmente la adecuación de sus in- tino de la agencia ya está prefigurado y su contenido es su carácter de denuncia, en ciertas convenciones de gé- terpretaciones a los usos del pasado o productividad tan claro que puede inferirse de los silencios de una na- nero: la interpelación de los ancestros a las generaciones política actuales de los relatos, al menos para una parte rración. ¿Puede una simple agencia tener miras de tanta presentes supuesta en el género Ngitram, y también la sustancial de los grupos que los recrean. Señalamos, si, proyección temporal y coherencia política, toda agencia presencia de una agencia indígena en una reconstitución los problemas de promover una lectura excesivamente definida como indígena apunta a la reconstrucción de social protagonizada por los niños retornados que esta- lineal y moral de estas narrativas, vinculada tal vez a un pueblo? ¿No hay agencias indígenas que apunten en ría narrada en las historias del regreso. una visión de la memoria colectiva como reflejo o conti- otras direcciones (así como pueden haber agencias no- nuidad directa, tanto de los hechos del pasado como de indígenas que apunten a la reconstrucción de pueblos Al primer problema (no imposible pero difícil de supe- indígenas)? ¿O lo que definiría la indigenidad de una rar) de departicularizar las “historias tristes” de Chubut las memorias socialmente producidas en otros momen- agencia sería la promoción de una pueblitud? sobre la post-campaña del desierto, interpretarlas como tos históricos. Por ejemplo: el trauma puede haber sido índices de un genocidio, universalizarlas al nivel de rela- no sólo originado en la masacre, sino en la experiencia Todos estos comentarios no apuntan tanto a cuestionar tos sobre un no-evento genocida estatal nacional e idea- de la necesidad pos-retorno de encontrar un statu quo la posibilidad de que, efectivamente puedan demostrar- lizarlas como memorias de un genocidio constitutivo y y reconfigurar relaciones comunitarias entre víctimas y se estas cadenas interpretativas, sino a señalar las gran- constituyente, se le sumaría el de demostrar su supuesto victimarios, colaboracionistas y resistentes (como mues- des brechas que deben ser llenadas para la demostración carácter político. Los mismos relatos señalados, en rigor, tra del Pino para un contexto muy diferente de prácticas de este tipo de argumentos, y el uso excesivo de cadenas no parecen transmitir una historia política sino una me- genocidas o de violencia política masiva). No creo que metonímicas para formar una ilusión de verdad. En la moria traumática, evidenciada por la imposibilidad de la postulada agencia, por su parte, quede evidenciada. argumentación que hemos analizado, esto puede ob- dar inteligibilidad a los hechos narrados, donde el len- El relato muestra más bien un momento de ausencia de servarse como un círculo de carreras de saltos lógicos: guaje no alcanza a representar lo vivido y es reemplaza- toda agencia de las víctimas, un “hecho victimal total” las narraciones refieren una agencia (primer salto); esta do por el silencio y el llanto. El trauma es un exceso del desde el cual se es incapaz de articular respuesta social agencia es indígena (segundo salto). En la medida que sentido que linda con la ausencia del sentido. Aquí es o política, excepto la lucha por la supervivencia física. esta agencia es indígena, promueve la reproducción o donde tenemos que ser cautos a la hora de interpretarlo, Tampoco queda claro que el esfuerzo de crear vínculos reestructuración de un pueblo (tercer salto). En la me- de no reducir las contradicciones y aporías insoportables sociales en las narrativas del regreso remita “a una agen- dida que promueve la reestructuración de un pueblo, es de lo real actualizadas en él. cia indígena en la reestructuración de un pueblo”. una agencia (cierre del círculo). 9 Corpus. Archivos virtuales de la alteridad americana, Vol. 1, N°2, 2do. semestre 2011, ISSN 1853-8037
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    Pero además, finalmente¿Por qué el genocidio poli- remiten, indudablemente, a un debate que excede a los man y llevan a reflexionar sobre la historia de los mismos tizaría? ¿Por su demanda de reparación? ¿Por la repro- ámbitos disciplinarios de la Historia, la Antropología, el conceptos de genocidio y etnocidio y fundamentalmente ducción y expresión discursiva de la crueldad y el terror Derecho o la Arqueología. En particular agradecemos a de los marcos conceptuales puestos en discusión y uso original? ¿Por servir a la reconstrucción de un pueblo los colegas por permitir a través de sus lecturas ampliar en la segunda mitad del siglo XX. Junto con el planteo (¿sirve?)?) ¿Por una potencial demanda de emancipa- nuestro conocimiento y perspectivas. de Verónica Seldes, estos trabajos nos conducen a pensar ción (¿la hace?)?. Creo que el problema para demostrar En común, encontramos que en la pregunta o elec- en las tensiones, conflictos y relaciones de poder desple- esto es que no queda otra opción que analizar el uso pos- ción de un ¿nuevo? concepto, todos estamos sumamente gados históricamente en el debate conceptual en torno al terior de la representación de los hechos, más que los he- advertidos con respecto a que su aplicación no recurra hablar-narrar la conquista. chos. Porque el momento del genocidio, en la medida en al efecto homogeneizador que hemos denunciado para Los trabajos de Diego Escolar y Julio Vezub remarcan que excluye totalmente a un antagonista tanto de la vida otras matrices conceptuales desde las cuales se ha cons- algo también implícito y explícito en los ya menciona- como de la posibilidad de existencia política (en rigor no truido el relato historiográfico sobre los procesos de so- dos, al presentarnos los alcances de la construcción he- lo derrota sino que elimina al otro como antagonista), metimiento estatal de los pueblos originarios/indígenas. gemónica instalada en el “sentido común” en nuestra so- al contrario que la guerra, no es el sustrato esencial de En relación con ello se manifiesta y comparte la necesi- ciedad y cómo los debates historiográficos son al mismo lo político, ni su continuación por otros medios, sino la dad de reconstruir tanto la genealogía de los procesos de tiempo debates políticos. Sin embargo, sería importante negación de lo político. Otra cosa son los usos sociales consolidación estatal en relación con las prácticas geno- la pregunta con respecto a por qué existiendo ya una tra- posteriores que pueden tomar como referencia o deri- cidas como la propia agencia de los grupos subalterni- yectoria de varios investigadores y equipos de investiga- varse del genocidio. zados. Identificamos y compartimos con los colegas que ción sobre el proceso de sometimiento e incorporación La postulación del carácter político del genocidio y sus no hay historias, itinerarios ni narraciones homogéneas indígena por parte del estado argentino, el foco sobre el memorias requiere mayor demostración entonces que la sino construcciones homogeneizantes, tanto de sectores debate recae nuevamente en no-especialistas, periodis- mera afirmación de dicha politicidad. Comenzar por de- dominantes como subalternos —incluyendo los acadé- tas con alcance masivo, y el “sentido común” o supues- finir qué es político y qué no. Y, si se insiste en atender a micos—- en cada contexto histórico. tos hegemónicos. Ya que es precisamente desde estas las memorias como un proceso, deslindar distintas poli- lecturas, desde donde se suponen lineales relaciones en- Es precisamente desde esta lectura compartida que ticidades posibles. Las que tuvo eventualmente el even- tre “nuevas modas conceptuales” y acciones políticas de algunos de los trabajos aquí reunidos nos permiten dar to genocida en el tiempo histórico (durante los sucesos y sectores homogéneamente identificados; en una supues- cuenta, desde las actuales perspectivas de investigación en el período inmediato; en el período posterior, luego, ta influencia no dialéctica sino con un único sentido: de —y resultado de líneas de trabajo que ya cuentan con en relación con distintos contextos históricos) y las que los académicos a las organizaciones indígenas. años de desarrollo—, de la complejidad de procesos ma- tiene o puede tener en la época actual, sea en sus dimen- yormente “no-narrados” como señala Pilar Pérez por Por el contrario, en nuestro país, la utilización del con- siones simbólicas, pragmáticas o historizadoras. parte de la historiografía en nuestro país, así como de cepto “genocidio” se dio en primer lugar en el discurso los objetivos políticos que tanto la “narración” como la de organizaciones de los pueblos originarios en un con- “no-narración” han tenido. En esta reconstrucción ge- texto de lucha por el reconocimiento que se abre con el Walter Delrio y Ana Ramos nealógica es fundamental el aporte que Florencia Roulet retorno de la democracia en la década de 1980. En par- Antes que nada agradecemos a los editores de Cor- y María Teresa Garrido realizan en relación con los mar- ticular, 1992 constituye un año clave—y no un punto de pus la posibilidad de abrir un debate entre colegas, el cos jurídicos contemporáneos al proceso de formación y llegada— en este proceso. Es con posterioridad que al- cual principalmente procura reflexionar tanto sobre de- consolidación del estado nacional y de las narraciones gunos académicos comienzan a utilizar el término y su sarrollos académicos como sobre discusiones instaladas sobre el evento de la conquista hasta nuestros días. Los uso se extiende, aunque con considerables diferencias, en nuestra sociedad. Las citas de los distintos trabajos trabajos de Pilar Pérez y de Liliana Tamagno nos infor- matices, cuestionamientos y preguntas. 10 Corpus. Archivos virtuales de la alteridad americana, Vol. 1, N°2, 2do. semestre 2011, ISSN 1853-8037
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    No consideramos posiblehablar de algo así como “los der las agencias subalternas precisamente bajo este tipo descripción histórica son poco a poco respondidas por estudios sobre genocidio” en relación a este proceso. Ya de condicionamientos y en el marco de sus continuida- las actuales investigaciones que vienen desarrollándose que, en todo caso, el encontrar un concepto operativo des y cambios, es decir en una coyuntura sensiblemente en proyectos grupales y tesis6. Nuevas respuestas para —y en permanente cuestionamiento— fue para muchos, distinta a la previa. Por lo tanto, si bien podemos identi- nuevas preguntas, que podrán permitirnos debatir con como lo demuestran parte de los trabajos aquí reunidos, ficar elementos “similares” entre antes y después, éstos mayor profundidad en cuanto a la aplicabilidad del con- resultado de nuevas preguntas y metodologías. Si dife- no pueden ser comprendidos sólo como continuidades, cepto genocidio para ciertos procesos, o precisar térmi- rentes investigaciones condujeron a preguntas similares, sino que es necesario dar cuenta de los cambios existen- nos como “genocidio constituyente”, “masacre estatal”, no fue por la aplicación desde el concepto hacia el archi- tes en los condicionamientos. En Pampa y Patagonia por etc. vo o el trabajo de campo, sino precisamente al revés. Se ejemplo, “algo” cambió entre las décadas de 1870 y 1880. trata de un desarrollo desde la casuística lo que ha lleva- Es allí que la pregunta por lo “constitutivo” o “fundan- Ahora bien, en este proceso de describir la compleji- do a la adopción —repetimos, plena de cuestionamien- te” de un nuevo tipo de relación con el estado, es suma- dad de cada contexto en el que se produce conocimiento tos y puestas en sospecha— del concepto. En todo caso mente válida.5 histórico surge una pregunta. ¿Existió algún contexto no- la “simplificación” (y la lineal atribución de una inten- militante? ¿La descripción hegemónica desde finales del Sin dudas, como plantea Escolar, existe también una cionalidad política determinada) ha sido desde el marco siglo XIX sobre las “campañas del desierto” no es acaso genealogía en la construcción de este tipo de prácticas, de interpretación hegemónico, desde el negacionismo, y también plausible de ser interpretada como inscripta en y en el proceso de construcción de la otredad, y eso es no desde el trabajo historiográfico que las nuevas líneas un “contexto militante”?7 Consideramos que éste tam- lo que diferentes líneas de trabajo vienen permitiendo de investigación vienen sosteniendo. En estas últimas, bién es el caso de la segunda perspectiva mencionada, observar. Pero precisamente, estas genealogías se sirven reiteramos, la puesta en sospecha de la utilidad y aplica- vale decir, de los puntos de vista emergentes desde la de aquellos que son considerados, elegidos, como “hitos bilidad de los conceptos ha sido constante. experiencia heredada. El contexto político en el que las históricos” y haríamos muy mal en no tenerlos en cuenta memorias indígenas y de sectores subalternos devienen Tampoco coincidimos en que hoy por hoy el “genoci- o minimizar su significado, ya que han sido diseñados fuerzas sociales está organizado por los marcos de in- dio” sea como dice Escolar el “principal mito de refun- como marcadores de puntos de inflexión. Por ejemplo, terpretación hegemónicos fuertemente instalados en la dación de identidades y pueblos indígenas actuales, o no podríamos entender con idéntico significado, antes sociedad argentina y que quedan de manifiesto en las como principal demanda y símbolo de los indígenas”. y después de las campañas al desierto, el atribuir “venir intervenciones de autores, académicos o no, citados por En todo caso, éste ha sido uno de los argumentos de de Chile”, ser “araucano”, ser “pehuenche”, o ser “in- Escolar y Vezub, por ejemplo. Es que precisamente ese aquellos que se oponen a su existencia, desde el negacio- dígena” a una persona. Dar cuenta de los procesos por marco de construcción de la “imposibilidad del otro” nismo, para reconstruir o rehabilitar, como dice el pro- los cuales determinados eventos son construidos como —que ha sido subrayado por todos los autores para el pio Escolar, “un locus de excepción”. Siendo los proce- “hitos” iluminaría sobre los conflictos y agencias en la proceso de sometimiento indígena— es, en definitiva, sos identitarios mucho más complejos que un cambio en constitución del conjunto de relaciones sociales por las la imposibilidad de pensar al mismo proceso desde otra la utilización de conceptos —supuestamente siguiendo que entendemos el estado. perspectiva y desde otros marcos de interpretación. Así, tendencias de la historiografía— lo cierto, en todo caso, Identificamos entonces dos grandes perspectivas estos marcos, hegemónicos o no, no son ontologías ais- es que hoy confluyen en un mismo debate los procesos en cuanto a los nuevos enfoques sobre los procesos de ladas sino que deben ser tenidos en cuenta en su pro- identitarios y académicos, con las mismas —y/o dife- sometimiento indígena: por un lado, la reconstrucción ceso histórico de relación a lo largo de más de un siglo. rentes— preguntas e impugnaciones a la hegemonía y genealógica de la hegemonía y, por el otro, la recons- Si entendemos que desde algunos de ellos se dio forma al proceso histórico de su conformación. Como señala trucción impugnadora o no, pero sí alternativa, desde a la invisibilización, operativa para las prácticas de ex- Pérez, sería importante no minimizar “las consecuencias la experiencia heredada de quienes fueron subalterni- plotación extraeconómica de la fuerza de trabajo indíge- del genocidio que perduran hasta el presente”. Ya que si zados. En primer lugar, y consideramos que hoy en día na, debemos tomar en serio el hecho que desde otros se afirmamos que un genocidio existió, debemos compren- de forma contundente, las demandas de precisión en la orientaron construcciones de sentido diferentes, a veces 11 Corpus. Archivos virtuales de la alteridad americana, Vol. 1, N°2, 2do. semestre 2011, ISSN 1853-8037
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    a través dela identificación como pueblo, familia linaje social va estableciendo. Entre estos distintos criterios, El ngtram tiene la función social de transmitir aque- o clase. las “historias tristes” pueden reponer imágenes, valora- llo que es considerado como “verdadero”. Esta es la Esto forma parte de lo que podríamos denominar ciones, y conexiones de sentido poco confortables para valoración metadiscursiva que define a este género. como experiencias heredadas. Al respecto, y a partir de otras formas de pensar los eventos históricos post-cam- Los antropólogos e historiadores estamos comenzando discusiones más informales con algunos colegas con los pañas militares, pero también es una opción hacer histo- a tomar en serio el hecho de que existen otros marcos que compartimos este número, quienes nos han seña- ria problematizando la misma “incomodidad”. de interpretación y que su incorporación al trabajo his- lado oportunas preguntas, nos gustaría subrayar que, toriográfico nos permitiría dar cuenta de otras formas9, Al mismo tiempo, no debemos entender las historias también heterogéneas y también compartidas —aunque cuando nos referimos a estas experiencias desde las na- tristes como narrativas aisladas, puesto que éstas forman rrativas mapuche-tehuelche, no estamos suponiendo no hegemónicas—, de construir sentido del pasado al parte de cadenas textuales complejas en las cuales preci- contar la historia del sometimiento estatal de los pue- homogeneidad. Aun cuando destacamos la importancia samente se describe un tipo de coyuntura especial. Espe- de experiencias que no siendo idénticas sí fueron ma- blos originarios/indígenas. En ellas, como subrayamos cial porque hay, de algún modo, un antes y un después a en la primera ronda, no hay nociones esencializadas de sivamente comunes, la conformación de extensas redes partir de ella, y porque ese después impuesto es conside- de transmisión y comunicabilidad, y la producción de víctima-victimarios como sujetos preconcebidos, sino rado también como fruto de lo que hicieron los abuelos que se complejizan las descripciones de cuáles han sido formas de hacer sentido compartidas, nunca podrían (quienes no son recordados como victimas pasivas)8. En ser homogéneas historias ancladas en trayectorias per- las expropiaciones sucesivas, los condicionamientos, las esa cadena discursiva, lo que podríamos llamar “trau- agencias y las estrategias. sonales y familiares, y constituidas mayormente por si- ma social” a falta de una categoría mejor (aun sabiendo lencios. Sí creemos poder señalar que las contadas que que no es traducible al sintagma “historias tristes” ele- Entendiendo como Ranciére a la política como la incorporamos —a través de nuestro recorte y pensando gida del castellano por parte de los narradores) es sólo irrupción, a diferencia de la política como policía, con- en este dossier— fueron transmitidas por personas que un nuevo comienzo. Nos referimos a ello en la prime- sideramos que los ngtram también son una fuente indis- se identifican, en mayor o menor grado, con las trayec- ra ronda de trabajos como “hito histórico”, intentando pensable para dar cuenta tanto de la política como de la torias familiares de quienes fueron conformando las dar cuenta del sentido de reestructuración que tienen policía en la matriz estado-nación-territorio. Es decir, de comunidades mapuche o mapuche-tehuelche en la pro- estas historias en las memorias sociales de las personas la agencia subalterna y de los procesos de identificación vincia de Chubut. Es en estos contextos, que el término mapuche y tehuelche con quienes conversamos. En ese en el marco de procesos más generales de construcción “tristeza”, “sufrimiento de los abuelos” o frases como contexto algo cambió y por eso es recordado, y no aisla- hegemónica de otredad y de aboriginalidad. “sabía llorar la abuela cuando contaba” son utilizados do de la historia que llega hasta nuestros días. Las narra- por los narradores para introducir las contadas. tivas refieren a lo que como historiadores identificamos como “campañas de conquista” pero no sólo a este con- Pilar Pérez Desde este ángulo, creemos que la historización de los texto, sino también a los de las siguientes generaciones. Defender la historia contextos en los que se produce y transmite conocimien- Las narrativas señalan entonces una trayectoria, no es el to histórico –a través de eventos comunicativos, formas genocidio –o las campañas del siglo XIX- lo que se ac- Me gustaría volver sobre el silencio de la historia como narrativas y silencios significativos—y el análisis de es- tualiza sino la memoria sobre las relaciones sociales. Es, parte constitutiva del genocidio. Volver sobre la historia tos contextos como espacios de tensión entre sujeción por lo tanto, una posición política sobre el mismo curso de forma crítica pero también como una militante de la (imposiciones) y subjetividad (experiencias ancladas de la historia lo que se transmite en ellas; una posición disciplina. Me gustaría entonces, en esta coda del texto, en trayectorias particulares) son parte de la empresa de desde la cual se esgrimen preguntas para el historiador, defender la historia. Teniendo en cuenta que una de las una Antropología Histórica. Por lo tanto, es una postura el antropólogo o el jurista puesto que, por ejemplo, nos características trabajadas por la literatura de los estudios epistémica que lleva a identificar (seleccionar, recortar) exigen volver al archivo, a las memorias o a las leyes con sobre genocidio (Jones 2006) está relacionada a la nega- y asociar narrativas según los criterios que la memoria otras lecturas y reformulaciones. ción del genocidio como rasgo común en casos compa- 12 Corpus. Archivos virtuales de la alteridad americana, Vol. 1, N°2, 2do. semestre 2011, ISSN 1853-8037
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    rativos, creo fundamentaldestacar dos ejes vinculados a donde serían malamente racionados por el estado hasta to de colonias. En su lectura estas tribus eran un ejemplo la historia. fines de 1887. En octubre se produce la masacre de Ge- por su capacidad de criar ganado vacuno de una cali- En primer lugar, la indeclinable necesidad de recons- noa, cuyos sobrevivientes, más la gente de Chiquichan y dad excepcional y por los índices de longevidad y escasa truir el proceso histórico y de discutir categorías ancla- Qual, son conducidos por el Mayor Vidal hacia Valche- mortalidad, en detrimento comparativo con los galeses das en los mismos. Por esto, me detendré a desarrollar ta. Mientras sus animales, 2.500 lanares, más yeguarizos que hacían “vegetar” la colonia que el estado les había algunas características del campo de concentración de y vacunos, son arriados por el Comandante Lasciar ha- cedido dentro de su, reconocido pero casi desconocido, Valcheta, para dar, aunque más no sea, una aproxima- cia la colonia galesa (SHE, 5to de caballería, 1881-1937, territorio nacional en 1865 (Roa 1887). ción a la complejidad de las relaciones que el genocidio fjs. 556). Tomando los datos de mínima que aportan las Por otra parte, desde que el ejército se retira en 1885, instaura en términos de prácticas y rutinas que habilita. fuentes el número de los últimos presos enviados a Val- el control del campo queda bajo la vigilancia de una co- En segundo lugar, me interesa subrayar el papel de la cheta sería de 600. misaría de policía que depende de la jefatura de policía disciplina como espacio de debate hegemónico en torno Ante el inminente cese del racionamiento, en 1886, el de la gobernación a cargo de J. J. Biedma. Concretamen- a construcciones de verdad y sus implicancias y efectos entonces Gobernador Wintter remite un pedido para te serán las policías departamentales las que definan a para repensar las formas de constitución del estado ar- crear una colonia indígena por la necesidad urgen- través de su trabajo el adentro y el afuera del campo. En gentino. te —en su criterio— de repartirle tierras a la gente de las memorias del Ministerio del Interior de 1888 se des- Charmata y Pichalao. Ya en febrero de 1887, este pedido taca que la policía, además de sus tareas de vigilancia, El campo de concentración de Valcheta será acompañado con listas de los presos de las tribus debe recorrer el territorio “donde puedan refugiarse los de Pichalao, Charmata, y se agregan también la gente desertores del ejército ó indígenas que se alzan de las Compartimos la propuesta de Das y Poole —que se de Cual y Chiquillan (AHPRN, MI, 1886, caja 1). Estas diferentes tribus sometidas.” (MMI 1888 pp 291) Hacia desprende de una lectura crítica de Agamben— en don- listas distinguen hombres, mujeres, niños y niñas, con adentro del campo son las encargadas de mantener el de las autoras consideran que la construcción de la ex- sus nombres, quienes suman un total de 214 personas orden y regular las prácticas de los presos. cepcionalidad se entrama en “prácticas incrustadas en presas en el campo. Cabe preguntarse ante esta informa- la cotidianeidad del presente” (Das y Poole 2008) que se En este sentido, el comisario de policía Miller será re- ción el destino del resto de los mencionados, sabemos prendido desde la gobernación reiteradas veces por los construyen históricamente y que, por ende, no son está- que existen pedidos puntuales de mujeres y niños (AGN ticas y son disputables. Teniendo en cuenta este marco, abusos cometidos contra algunos indios. Entre otras for- fondo Wintter, leg 1217, varios —entre ellos el mismo mas de abuso se destacan la venta de pasaportes para nos gustaría puntualizar algunas características del cam- Roa pide una chinita—) que se encuentran en Valcheta, po de concentración de Valcheta. quienes estaban de paso o para aquellos que querían sa- y que también continúan los repartos a demanda hasta lir ya sea a cazar o viajar a algunos de los pueblos cer- por lo menos 1888 —se envían varias familias indígenas canos. También es observado por sacarle gente para tra- Según el informe de Lorenzo Wintter al Ministro de del territorio nacional de Río Negro a Misiones a pedido bajo al Capitanejo Sacamata (que se encuentra dentro de Guerra en Agosto de 1883 (AGN, Fondo Wintter, leg del Gobernador Rudecindo Roca (AGN-DAI, Exp gra- las listas mencionadas previamente confeccionadas por 1149, S/D), el Teniente Coronel Roa fue enviado al sur les, 1889, leg 1)— pero también hay muchos otros que Wintter), por correrlos de las parcelas de tierra en donde persiguiendo a Saihueque e Inacayal. Fundamentalmen- están en Valcheta y no son incorporados a estas listas. estaban asentados y por despojarlos de los pocos anima- te, Roa buscaba interceptar los pasos que muchos grupos usaban desde varios años atrás para comerciar con los La campaña punitiva de Roa fue al mismo tiempo un les de los que lograban hacerse (AHPRN, copiadores de galeses de la Colonia Chubut (Rawson y Gaiman). Como viaje de exploración tras el cual presentó un informe notas de gobernación, 1887, 01, fjs 235 y 1888, 02, fjs 147). resultado, y para evitar la reconcentración de indios en descriptivo, en el cual el Teniente Coronel destacaba con Retomando algunas de las características de constitu- Buenos Aires, la gente de Utrac (apresados aisladamen- admiración a las tribus de Charmata y Pichalao, quizás ción y operación del campo, insertas en el contexto ma- te), Charmata y Pichalao fueron conducidos a Valcheta por esto estuvieran ya en consideración para un proyec- yor de la Conquista del Desierto, entendemos que es en 13 Corpus. Archivos virtuales de la alteridad americana, Vol. 1, N°2, 2do. semestre 2011, ISSN 1853-8037
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    este periodo endonde se produce un cambio radical en preferentemente entre extranjeros (siempre mejor consi- excepcionalidad aparecen en diversas experiencias de la las relaciones entre indígenas y estado que marcarán el derados que los indios). En 1904, el inspector de tierras historia argentina, no creo que todas puedan ser consi- devenir de las mismas a lo largo del siglo XX. Ya que describe la sección El Salado de la colonia Valcheta. Una deradas genocidios. si bien los indios representan un otro interno que está zona totalmente inservible y casi inhabitable que está Por referirme brevemente al terrorismo de estado de a disposición del poder ya sea como mano de obra for- poblada por indios. “Puede asegurarse que [las familias] la última dictadura —comparación más que frecuente— zada o como trofeo o como preso sin ninguna condena, son dignas de toda lástima por su estado de salvajismo, si bien comparte algunas características, una clave de en definitiva, como un cuerpo asesinable, también es en cosa que yo creia extinguida en mi patria; la mayoría de diferenciación entre los procesos está, justamente, en la este espacio en donde comienzan a encarnarse formas de estas son descendientes de la raza ‘tehuelche’ en pleno construcción del enemigo desde el estado como perpe- poder que conjugan las fronteras de lo (i)legal. Constitu- vigor de sus costumbres de holganza y vicios, que dá trador del crimen. El estado argentino del siglo XIX, de- yendo los dos extremos del estado de excepción, en los vergüenza referirlos” (AHPRN, Inspección Tierras Val- fine, fija y esencializa a los indígenas otorgándoles una términos ya citados de Agamben, el “hombre lobo” pero cheta, 1904, fjs 9). Con la sola excepción de Juan Saca- imagen negativa enraizada —hasta la actualidad— tan- también el soberano. mata ninguno de los indios listados por Wintter en 1887 to en las políticas de estado como en el sentido común La policía, sin necesidad de mencionar las enormes di- recibe título en la Colonia Valcheta. argentino que dista enormemente de la caracterización ficultades en las que están asentadas en el territorio que profundamente ambigua y, en casos, arbitraria de un también les da elementos para justificar sus acciones de La historia estallada subversivo (Calveiro 1998). De esta forma, cualquiera abuso, disponen —entre otras cosas— el quiénes y cómo Tal como lo describe el archivero de la dirección de que no se adecuara a las normas de disciplinamiento pueden moverse los indios sometidos por el territorio. Tierras y Colonias en 1901, los pedidos del Gobernador del estado terrorista podía ser un potencial desapareci- Controlan y reducen la circulación y hacen uso y abuso Wintter para conformar una colonia indígena fueron do. En suma, la ambigüedad y arbitrariedad del estado de prácticas impuestas dentro del territorio desde la ocu- encontrados en una “...carpeta caratulada ‘documentos dictatorial proyecta el terror sobre toda la sociedad y no pación militar que es la obligatoriedad para los indios de inservibles’ que perteneció al extinguido Departamento sobre un sector singularizado en particular. circular con permisos y pasaportes y siguiendo las rutas de Obras Públicas...” (AHPRN, MI, 1886, caja 1). En este En este sentido, estamos en una etapa en donde re- de fuertes y fortines. Esta última nos vincula asimismo sentido cabe destacar, en primer lugar, el corte estable- cién comienza a historiarse y definirse el proceso de la con prácticas de legibilidad (Trouillot 2003) en donde el cido por el biopoder respecto a los indios reducidos en Conquista del Desierto. Los esfuerzos están orientados estado encarnado en sus funcionarios marca y garantiza los campos y, en segundo lugar, lo fragmentado y dise- a narrar el proceso en un nivel de densidad que nos per- identidades diferenciadas. Al mismo tiempo, y contra- minado que se encuentra el archivo para reconstruir esta mita conocer y cuestionar no sólo el relato sino la mismí- dictoriamente con la pretensión homogeneizadora de parte de la historia que hoy nos resulta imprescindible sima construcción del estado nacional que se consolida constitución de ciudadanía, se reproducen las diferen- para entender los reveses de los proyectos civilizatorios. en la década de 1880 —de ahí las resistencias también—. cias jerárquicas que el estado reconoce en la organiza- Como ya se ha dicho, el silencio de la historia fue fun- Dado el protagonismo que el estado argentino se arrogó ción de las tribus indígenas. Estos son, como ya ha sido cional a esta reproducción de la marginalidad impues- en este proceso, complejizar las fronteras de la narración trabajado por otros historiadores, los intersticios sobre ta sobre los cuerpos indígenas, pero al mismo tiempo nacional es en cierta medida iluminar —en el sentido los que se reagrupan estratégicamente varios indígenas nos permite ver hoy con una claridad contundente los benjaminiano— la posibilidad de entender que otras for- para garantizar su supervivencia (Delrio 2005, Salomón límites de una construcción única de verdad histórica. mas de construcción del estado, la nación y el territorio Tarquini 2010). En definitiva, son estos los márgenes so- Hasta 1880 los indígenas del sur tenían una presencia, son posibles. bre los que comienza a reproducirse el estado como idea. autonomía y fuerza que no volvieron a tener nunca más Si bien esta última afirmación implica disputas en are- Para principios del siglo XX, Valcheta estaba constitui- por la relación estructural que se establece en el proceso nas muy distintas, la historia —entre otras disciplinas— da como colonia en donde los lotes estaban repartidos genocida. Si bien las prácticas de marginalización y de también forma parte de un debate hegemónico por la 14 Corpus. Archivos virtuales de la alteridad americana, Vol. 1, N°2, 2do. semestre 2011, ISSN 1853-8037
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    verdad que lentamenteestá intentando abrir sus regis- ca para implementar el genocidio, en particular la apro- vas”? (Tamagno). Cuando se aborda el genocidio como tros, sus métodos, su teoría para combatir sus silencios y piación de niños, su traslado a campos de concentración un largo devenir inconcluso perpetrado por un Estado exponer las formas racistas y discriminatorias que éstos y posterior distribución, y rescatan la memoria de ese siempre igual a sí mismo, ¿no se incurre en una esencia- cobran por ejemplo en planes de estudio, o en causas ju- trauma en sus descendientes, que expresan en “historias lización que tiene por efecto diluir las responsabilidades diciales por conflictos de tierras donde se desestiman las tristes” y en silencios cargados de sentido todo el dolor dentro de una sociedad que se erige como un bloque ho- demandas indígenas por “desconocimiento” del proceso de aquella violenta separación de su gente, de su tierra y mogéneo, separada de lo indígena? (Vezub) histórico, o en representaciones folclorizadas y estáticas de su identidad. Otra faceta de este ejercicio de memoria Lo que queda relativamente opacado en este debate de lo indígena, o en monumentos a genocidas. Esto, por es la reflexión crítica acerca de los mitos elaborados para semántico es el tema de la utilidad de invocar uno u otro otra parte, lejos de ser una propuesta por reproducir pre- justificar el genocidio y acerca del rol de la ciencia y de concepto, teniendo en cuenta las consecuencias prácticas tensiones de totalidad de la disciplina es más bien una los medios en su construcción y difusión, tema que desa- del uso que hagamos de ellos. Si las ciencias sociales tie- forma de sincerar lo precario de esta forma de narración rrollan Verónica Seldes y Julio Esteban Vezub. nen mucho que aportar en términos de restitución de la del pasado, pero reconociendo el enorme peso de la his- toria para empezar a hablar de reparación. memoria y elaboración de un nuevo discurso histórico La cuestión que permanece abierta para el debate en sobre ese pasado traumático y sus secuelas presentes, es estos trabajos es fundamentalmente terminológica: ¿se en el campo del derecho donde encontraremos respues- Florencia Roulet y María Teresa Garrido trata del “genocidio constitutivo” del Estado argentino tas al “para qué” de este ejercicio. A diferencia de las –donde el énfasis estaría puesto en el concepto “consti- ciencias sociales, que acogen con fruición los neologis- Los aportes contenidos en este dossier ilustran cabal- tutivo”— o de la culminación de un proceso de construc- mos y asumen como una de sus tareas la de crearlos, el mente uno de los tres elementos de la justicia transicio- ción de un orden político soberano iniciado con la im- derecho es sumamente cauto y lento en proponer nue- nal que evocamos en nuestro trabajo al tratar las posibili- posición de la regla estatal nacional a las provincias del vas definiciones de delitos. Pero, una vez formalmente dades actuales de reconocimiento y reparación del delito interior? (Escolar). ¿Se trata más bien de un “genocidio adoptadas, éstas tienen la ventaja de transformarse en de genocidio: el de la reconstrucción de una memoria cultural” que subsume en un imaginario “ser argentino” referencias para prescribir conductas y señalar respon- social que permita establecer una verdad no judicial so- la diversidad cultural y deshistoriza el proceso de cons- sabilidades a los Estados y sus diversas agencias. A dife- bre las circunstancias y los motivos que llevaron al Esta- titución territorial del Estado? (Seldes). ¿Es pertinente rencia de conceptos antropológicos como el de etnocidio do argentino republicano a cometer un genocidio con- formular una distinción entre el genocidio como fin y el o genocidio cultural, los conceptos jurídicos de genocidio tra los pueblos indígenas y, colateralmente, contra otros genocidio como medio, o entre los genocidios colonialis- y crimen de lesa humanidad describen conductas delic- sectores subalternos ideológicamente “indianizados”, tas que implican agencias diversas actuando contra un tivas precisas cuya responsabilidad última es imputable como lo muestra Diego Escolar. Su trabajo acerca del otro externo y los genocidios modernos caracterizados a los Estados en la actualidad. Es asimismo en el cam- discurso de Sarmiento sobre las montoneras federales por la acción del Estado contra un otro interno? Hablar po del derecho —y en particular en el terreno en rápido —que complementa los de Pedro Navarro Floria (2000) más bien de etnocidio, culturicidio o limpieza étnica, ¿no desarrollo de la justicia transicional— donde se avanza sobre Sarmiento y la cuestión indígena— refleja cómo implica caer en la trampa de minimizar la intención de en propuestas concretas de reconocimiento y reparación se construyó el concepto mismo de “lo indígena” como exterminio físico de los indios? (Pérez). ¿No se corre el para las víctimas de crímenes de lesa humanidad y de excepción negativa al estado de derecho, autorizando riesgo, al explicar las actuales condiciones de margina- genocidio mediante avances legislativos y una amplia la conquista de sus territorios y su eliminación en tanto lidad, explotación y pobreza de los pueblos indígenas gama de medidas. Este aspecto, que desarrollamos con colectivo diferenciado al interior de la sociedad nacio- argentinos como consecuencia del genocidio estatal, de el enfoque interdisciplinario que requería la naturaleza nal, tema que también toca Pilar Pérez. Walter Delrío y reducirlos nuevamente a una condición de víctimas, rei- de las preguntas formuladas en el cuestionario, pretende Ana Ramos abordan los mecanismos puestos en prácti- terando la práctica de ignorarlos como “presencias acti- ser el principal aporte de nuestra contribución. 15 Corpus. Archivos virtuales de la alteridad americana, Vol. 1, N°2, 2do. semestre 2011, ISSN 1853-8037
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    Diana Lenton que este debate se presenta; la utilización del sintagma ponsable, al menos indiferente a los costos del modelo pueblos originarios en lugar de pueblos o sociedades indíge- socioeconómico que sustenta. Comentario final del debate nas, con las connotaciones que pudieran acompañarlo; y Esto no es ajeno al problema que nos ocupa, ya que el la necesidad de profundizar en la reflexión sobre la prác- genocidio no se define únicamente por el exterminio sis- Tal como propone el título de este debate, lo que aquí tica profesional y sus contextos. Seguiré luego por las temático en un lapso acotado de tiempo, sino que tam- se discutió no es, en realidad, la ocurrencia del genoci- cuestiones planteadas por otros participantes, acerca de bién se constituye y extiende en términos simbólicos y dio como proceso histórico, sino hasta dónde nos sirve la relación entre investigación y acción; y aspectos pro- políticos en la medida en que se continúa reproducien- pensar con estas categorías para explicar lo que pasó y blemáticos de la focalización en casos; de los enfoques do, junto con la lógica binaria propia de los sistemas de lo que pasa. Dado que los participantes de este encuen- de género y etarios; de los subgéneros narrativos organi- pensamiento totalitarios (Calveiro 2001), las condicio- tro coincidimos en el hecho básico –la existencia de una zados por el campo; y del lugar del genocidio indígena nes estructurales que posibilitan su continuidad. Hace serie de procesos en el registro histórico y en el presente en una cronología genocida nacional. unos años reflexionábamos, en una presentación en un que resultan coincidentes con las definiciones jurídicas Congreso sobre Derechos Humanos –en el que insisti- de genocidio-, la discusión ganó espacio para la profun- mos, no sin resistencia, en participar de la Mesa sobre didad y el detalle de las diferentes implicancias de la Hablar del genocidio sufrido por los pueblos “consecuencias del terrorismo de estado” y no de la de categoría genocidio cuando es aplicada a la política in- indígenas, en contextos de apertura democrá- “problemas indígenas”, precisamente para poder plan- digenista10. tear este enfoque- que “cuando los procesos genocidas Leí con placer las contribuciones enviadas a este de- tica no obtienen un reconocimiento jurídico, moral y públi- bate y los comentarios sumados posteriormente por los Efectivamente, como plantea Tamagno, estamos en co, nos encontramos ante un proceso histórico que lejos mismos autores, y son tantos los comentarios que se me una coyuntura difícil, en la que los evidentes logros en de creerse cerrado, mantiene su vigencia”. Por eso, a la ocurren, que se me hace difícil ordenarlos. Por otra par- el campo del reconocimiento de derechos, de visibiliza- vez de confrontar con el negacionismo y de remar contra te, varios de los participantes hicieron un trabajo enco- ción de los propios pueblos y de su capacidad política la idea de que “si pasó algo de esto, es imposible ave- miable de síntesis transversal al comentar los aportes -incluyendo su tan controvertida “participación” en la riguarlo”, debemos encarar la tarea de destacar que en de sus colegas. Seguramente dejaré mucho en el tintero, política estatal-, y el nuevo y ampliado espacio que en- el espacio físico y social que hoy encuadra al estado-na- aunque creo que de todas maneras y afortunadamente, contramos, por ejemplo, para la denuncia del genocidio ción argentino, existen grupos humanos que no son sólo tendremos oportunidad de seguir debatiendo esto en pasado, convive con la realidad cotidiana de la continui- “descendientes” de quienes sobrevivieron a las prácti- otras instancias, más allá de los plazos impuestos por la dad de la explotación –capitalista pero potenciada y or- cas genocidas de fines del siglo XIX, sino que son a la realidad editorial. Por eso, sólo elegiré algunos puntos ganizada étnicamente-, la aceleración en la expropiación vez ellos mismos víctimas de un pasado-presente que se de los planteados en los textos, para redondear este en- de sus territorios por el avance del modelo extractivo, y perpetúa en prácticas más o menos sutiles, pero que no cuentro, a medida que los temas van surgiendo, deses- la impunidad en la represión de los militantes indígenas. dejan de ser genocidas (Red 2007). timando una lectura centrada en los ejes iniciales envia- Digo que es una coyuntura difícil porque es claramente Y éste es uno de los elementos que los configuran, a los dos a los participantes. Trataré también de no repetir las más fácil señalar al genocida, o al autor de la violencia de hoy y a los de ayer, como parte de una “comunidad relecturas con las que varios participantes sistematizan estatal, cuando éste está claramente situado en el polo de víctimas” que, en cierta medida configura hoy su sub- las contribuciones de los colegas, recomendando por el de máxima represión, explotación, etc. Pero cómo defi- jetividad como sujetos políticos, ciudadanos argentinos contrario su lectura directa. nir, cómo comprender primero, la política indigenista sí, pero ciudadanos/víctimas/descendientes; así como Comenzaré, para orientarme, por retomar una serie de una gestión que seguramente merece reconocimiento partícipes de una relación de explotación económica sí, de inquietudes que Liliana Tamagno planteó antes de por avances en lo político, aun en el campo de lo indí- pero explotados/víctimas/descendientes. Y esto nos lle- entrar de lleno en el debate: la coyuntura particular en gena, pero a la vez se muestra, si no activamente res- va a la siguiente cuestión. 16 Corpus. Archivos virtuales de la alteridad americana, Vol. 1, N°2, 2do. semestre 2011, ISSN 1853-8037
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    La dificultad denombrar de la simbología colonial (Bonfil Batalla 1972), no hay de “Tribus” Mapuches13. En los años 80 se extendió por No concuerdo con asignar una relación tan directa soluciones garantizadas. todo el continente el slogan “Si como indios nos sometie- entre el nombrar a ciertos grupos como “pueblos indí- Especularmente, nos encontramos con una gran difi- ron, como indios nos liberaremos”14, que aparentemente genas” y la posibilidad de visibilizar relaciones de des- cultad a la hora de nombrar a la sociedad no-indígena: pone énfasis en la diferencia “esencial” más que en la igualdad y de explotación, vs. el nombrarlos como “pue- ¿criollos? ¿blancos? Tal vez lo más neutral es decir “no desigualdad y en las articulaciones de clase, mientras blos originarios” conducente al ocultamiento de dicha indígena”. Pero esa expresión también presenta el pro- paralelamente, organizaciones como el CISA o el CMPI15 relación y a la esencialización de características deriva- blema de presentar a la sociedad nacional como escin- incrementaban sus denuncias por la explotación econó- das de dicha desigualdad. En realidad, quiero advertir dida en dos bloques homogéneos, ignorando los ma- mica y la violencia política de todo signo. Quiero decir que nuestra elección del sintagma “pueblos originarios” tices y las dinámicas poblacionales que dieron lugar a que la elección del término parece tener que ver más se debió a que hoy por hoy es el que eligen para autoi- esa representación. Por eso en algunos textos hablamos con experiencias locales y subjetividades históricamen- dentificarse muchas organizaciones, que quizás tienen de “sociedad nacional”, “sociedad argentina”, etc. para te moldeadas que con posiciones ideológicas estrictas mayor representación entre aquellos con quienes yo referirnos al opuesto complementario del sector autoi- en relación a la lucha de clases. Hoy en día se escuchan personalmente hago trabajo de campo, de manera que dentificado “indígena”/“originario”/etc., en el sentido discursos (por ejemplo del Frente Mapuche Campesino, asumo mi responsabilidad si es que existe algún sesgo o de aquella parte de la sociedad que no se autoidentifica como hoy la Organización Mapuche de Derechos Hu- “deformación profesional” que determinó la preferencia como indígena, en un estricto momento presente11. manos y Medio Ambiente, o del Movimiento Nacional de una expresión sobre otra. Campesino Indígena que ha perdido últimamente tan- Respecto de la historia política de la indianidad que tos militantes por la defensa de sus territorios –siendo Otros grupos (comunidades, organizaciones) prefie- rescata Tamagno, me gustaría recordar empero que tam- el último, al momento que esto se escribe, el lule-vilela ren otros términos (incluso en Formosa se sigue utili- bién se utilizaron otros términos. Por ejemplo, no siem- Cristian Ferreyra-, y que es un ejemplo de articulación de zando “aborígenes”, tan criticado en otros contextos), pre la ecuación era “pueblos indígenas”, ya que la expre- movimientos tanto étnicos como de clase), que no desde- pero creo que actualmente “pueblos originarios” tiene sión “pueblos” fue largamente resistida por el discurso ñan presentarse a la vez como Pueblos Originarios16. mayor aceptación como expresión “políticamente co- dominante, temeroso de la disolución estatal. De hecho, ignoro los detalles de la imposición del término en las Por eso, personalmente no encuentro contradicción rrecta” tanto a nivel local como internacional. Claro está conferencias preparatorias de Durban, pero en cambio entre un enfoque que contemple la afirmación del geno- que la corrección política no implica directamente iden- recuerdo ya a la vuelta de Durban 2001, la insistencia de cidio con la utilización del rótulo de “pueblos origina- tificación subjetiva ni menos afectiva: esta expresión, Viviana Figueroa, quien aún era estudiante de Derecho, rios”. Sin embargo, creo que ésta es una discusión que se omnipresente en documentos y performances públicas para que la Cancillería argentina admitiera el término han dado y seguramente se seguirán dando las mismas tiene poca aplicación en las relaciones cotidianas, donde Pueblos y no el de Poblaciones con el que se estaba ma- organizaciones de militancia indígena. las personas continúan siendo “indias”, u otras palabras con mayor o menor carga negativa según la situación, nejando, en contra de lo aceptado por la Constitución Rescato del planteo de Liliana Tamagno la llamada de y para referencias específicas, se utilizan los etnónimos reformada en 1994 y por el Convenio 169 de la OIT. El atención sobre la esquiva articulación entre etnia y cla- localmente aceptados: qom o toba; mapuche, pampa o desafío del momento era lograr la aplicación de la idea se (esquiva para las pretensiones de definición unívoca; ranquel; kolla, cholo u omaguaca, etc. La disputa sobre de “pueblos”. aunque no por ello menos evidente en términos cotidia- los etnónimos es dura, sensible y en algunos casos cru- En Neuquén, por ejemplo, el reconocimiento provin- nos). Es cierto que la Dictadura Militar, como la gestión cial para la defensa de ciertas posiciones. Por eso, aun- cial de las hoy llamadas comunidades se realizó a partir Lopez Rega, intentaron clausurar la problemática es- que creo que en realidad es más correcto llamar a “cada de la década del 60 bajo el insulso rótulo de “Agrupa- cindiendo la reflexión sobre lo indígena de la cuestión pueblo por su nombre” y no por categorías hiperétnicas ciones” Indígenas, o Araucanas, mientras la iglesia lo- económico-social. De allí que algunas organizaciones de como “originarios” o “indígenas”, ambas reproductoras cal comprometida con el MSTM12 auspiciaba el nombre la época –no todas-, para eludir la vigilancia, redujeron 17 Corpus. Archivos virtuales de la alteridad americana, Vol. 1, N°2, 2do. semestre 2011, ISSN 1853-8037
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    sus demandas alo que luego se llamó “reclamos cultu- de hacer historia o antropología es el progresivo aumen- Por otro lado –y concuerdo con Seldes en que hace fal- ralistas”, es decir, reducidos a cuestiones relativas a una to, en los últimos años, de la presencia de estudiantes in- ta todavía un largo camino de consensos intra e interdis- “cultura” esencializada, dehistorizada y despolitizada. dígenas en niveles terciarios y universitarios de ciencias ciplinarios para llegar a esto- la coherencia que nos recla- Pero aun así, la represión sufrida por el movimiento in- sociales. ma, por ejemplo, aplicar las premisas del conocimiento dígena en esos años es prueba de que dicha articulación libre e informado más la consulta previa a los pueblos no pudo ser ocultada (Lenton 2009; 2011). En esta cuestión, la contribución de Verónica Seldes indígenas en temas que los afectan, implica incorporar a constituye un aporte concreto a la reflexión sobre la cons- miembros de estos pueblos, ya no como destinatarios de Más aun, agregaría que hoy es la resistencia al modelo titución de la arqueología como ciencia del “pasado” in- la “devolución” de un profesional que trabaja de manera económico-productivo impuesto, especialmente cuando dígena en el marco de la consolidación del estado geno- aislada, sino desde la etapa de diseño y ejecución de la sus territorios están amenazados, lo que desencadena en cida y de sus límites espacio-temporales. En ese marco, investigación. muchos casos la conciencia étnica, y quienes hasta ayer el discurso nacionalista definió la pertenencia de ciertos se reconocían como “vecinos” de algún paraje silencian- El trabajo de Pilar Pérez, como “militante” de la his- pueblos originarios como “indios argentinos”17 mientras do su origen común indígena, terminan reconociéndose toria, apunta en la misma dirección, al concentrarse en relegaba a otros a la extranjeridad permanente18. Déca- y manifestándose en nuevas “comunidades”. aportar la densidad histórica indispensable para com- das después, el paradigma “patrimonial” reemplazará prender los hechos en su especificidad así como en su al nacionalista, aunque manteniendo la relación de sub- generalidad. Así, el análisis de documentos referidos al Sobre la reflexividad inherente a nuestra prác- ordinación de las poblaciones alternativamente visibili- campo de Valcheta cumple en la presentación de Pérez tica profesional y sus correlatos metodológi- zadas o invisibilizadas. el doble rol de “iluminador” en sentido benjaminiano cos y éticos de las características de la represión militar masiva en Sin embargo, y a pesar de la lentitud con que parece Tamagno también se refiere a la necesidad de entablar extenderse la práctica reflexiva, hay señales de cambio, y la Patagonia de finales del siglo XIX, que deben ser den- “diálogos” con la academia y con el campo, en el sen- ya no es tan extraña la figura del “investigador compro- samente descriptas para evaluar su carácter genocida, o tido de contextuar y resituar nuestras indagaciones en metido”. ¿Qué significa, en este contexto, ser “compro- mejor dicho, su lugar en un proceso histórico que com- las producciones académicas que nos antecedieron, así metido”? Afortunadamente, se ha ido superando aquella parte cualidades con otros genocidios, como también como con las contemporáneas, y de prestar atención a disyuntiva según la cual el profesional debía optar entre de iluminador de los alcances de la disciplina histórica los mensajes provenientes de las personas e institucio- la excelencia “científica” o el compromiso, descripto fre- como herramienta social y a la vez como punto de ob- nes con las que trabajamos “afuera” de la academia. No cuentemente como romanticismo mal informado. Por el servación de procesos sociales que querrán, o no, seguir podemos menos que coincidir en la necesidad de supe- contrario, hoy ser un científico comprometido significa siendo narrados. La disciplina entonces es señalada, en rar las invisibles barreras que fragmentan y aíslan nues- simplemente hacer buena ciencia, respetando la norma- forma similar al planteo de Seldes para la arqueología, tras producciones, de tal manera que muchas veces no tiva vigente, articulando correctamente los espacios de como parte constitutiva del genocidio, como resultado conocemos lo que otros equipos producen hoy, ni lo que diseño, investigación y difusión, y siempre, postulando de la realización simbólica del genocidio y a la vez como generaciones pasadas de científicos sociales escribieron. las hipótesis y conclusiones correspondientes con hones- capital necesario para empezar a hablar de reparación19. La ética implicada en la relación con las comunidades tidad intelectual. Por eso, en el conjunto de temas que es un tema más abiertamente discutido y difundido; sin hoy nos preocupan, no se trata de promover reivindi- embargo no hemos llegado aún a un consenso en torno Genocidio, etnocidio, culturicidio: sus impli- caciones románticas, sino apenas de aplicar las defini- cancias para la investigación y para la búsque- a los procedimientos éticamente legítimos en el trato con ciones disponibles en nuestras disciplinas, investigando los grupos y organizaciones indígenas. los casos a través de las metodologías adecuadas, y al da de justicia Uno de los elementos del contexto de producción teó- fin, “llamar a las cosas por su nombre”, como señalan Uno de los puntos interesantes de este debate es el que rica que seguramente provocará un vuelco en la forma Florencia Roulet y María Teresa Garrido. permite confrontar términos como genocidio, etnocidio, 18 Corpus. Archivos virtuales de la alteridad americana, Vol. 1, N°2, 2do. semestre 2011, ISSN 1853-8037
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    genocidio cultural yotros, en relación con el marco con- Convención de la ONU de 1948 integra la pérdida de que fueron “contactados”) por causas “involuntarias” textual en que se utilizan. identidad forzada dentro de su definición de genocidio-, (enfermedades, miseria, hacinamiento, extrañamiento Suele decirse que el término “genocidio” alude a la creo que Pérez apunta al funcionamiento social de estas territorial), sustentó el uso de esta categoría y la deter- extinción física mientras que los otros términos se refie- categorías, en la que una –la de genocidio- es temida por minación de la responsabilidad estatal necesaria, en que ren a distintos aspectos del acabamiento “cultural” –es ciertos sectores que en cambio toleran mejor la de etno- el Estado brasileño debía haber evitado las muertes y no decir, sin exterminio físico-. Sin embargo, la experiencia cidio como su versión domesticada. lo hizo “por indecisión o por ineptitud”, además de sos- y las lecturas previas nos han llevado a desconfiar de la La instalación en el sentido común –y en el sentido pecharse de la existencia de grandes presiones económi- neutralidad de esta distinción cuando es aplicada a la común académico- de la idea de una extinción o cua- cas que influyeron en esta decisión (o ausencia) estatal. historia que nos ocupa. siextinción sin responsables21, además de naturalizar la También en Brasil, el tribunal implicado en el juicio por pertenencia de los grupos afectados al “pasado” y al “ex- la masacre de Haximu (del pueblo yanomami), perpe- Así, Pérez señala que se suele avalar el uso de catego- trada en 1993 a manos de garimpeiros (buscadores de oro rías como “etnocidio” para expresar “la supresión física terior” de la sociedad nacional, instala al mismo tiem- po la eterna sospecha sobre quienes hoy se reconozcan minoristas en tierras amazónicas), determinó que “es el involuntaria, por ejemplo, la mortandad de indígenas propio Estado el que crea las condiciones de posibilidad por viruela” en contextos de contacto interétnico (ava- como miembros de los grupos supuestamente extintos (Escolar 2007; Tamagno 1991; Rodríguez 2008). del crimen”, aun cuando los ejecutores sean particulares, lando la idea de su inferioridad biológica), tanto como en virtud del activo apoyo estatal a determinadas acti- para definir “procesos de asimilación forzada con la in- También señala Pérez que la utilización de estas cate- vidades económicas, como en este caso, la minería por tención de “civilizar” o re-educar como suele caracteri- gorías alternativas termina, en los hechos, oscureciendo lavado (Ramos y Lenton 2009). zarse el caso de las escuelas residenciales en Canadá”20. la magnitud del impacto físico sobre los cuerpos, refuer- Se deduce entonces que el empleo del término “etnoci- za la idea de que sólo hubo “transformaciones”, releva En ambos casos, las presentaciones judiciales requirie- dio” en este rango de casos tiene como denominador co- así también a los autores de su responsabilidad política, ron investigación previa realizada por antropólogos y mún la elusión de responsabilidades para el grupo que dado que, o el impacto no fue tan importante, o se pro- juristas, trabajo conceptual para lograr que se aceptara la perpetró el “etnocidio” y la atribución última de las pér- dujo “sin intención” –y por ende, como también señalaba calificación de genocidio, y un compromiso importante didas a la “naturaleza” o al “proceso histórico” –también Pilar, no se contempla en algunas definiciones jurídico/ por parte de los abogados que llevaron las causas, para entendido como desarrollo “natural”. políticas-, y fortalece la idea de que el devenir de la natu- sostenerlas a pesar de los embates del sistema socioeco- raleza y el progreso son los responsables, en un proceso nómico. Me gustaría aclarar que el compromiso con la En cambio, Verónica Seldes nos propone otra mirada, que el estado, por sí o a través de sus particulares, sólo declaración de “genocidio” (en lugar del más disponible al sostener que el etnocidio “entendido como olvido de habrían, tal vez, “acelerado”. Pérez reflexiona entonces “masacre” por ejemplo) no se debe a una simple prefe- la propia historia, y de los significados de los rasgos de que lo que a fines del siglo XIX era objeto de discusión rencia terminológica, sino que la determinación de que la cultura tradicional que sobreviven, cancela la posibi- política22, terminó convertido por la práctica académica un caso puede analizarse desde el marco jurídico relativo lidad de reconocerse como sujetos creadores y transmi- del siglo XX en una decisión terminológica cerrada. al genocidio tiene consecuencias prácticas importantes, sores de aquellos significados, es decir mutila las subje- por ejemplo, en la posibilidad de acceso al fuero federal, tividades”, y por ende, el etnocidio entendido como las Sin embargo, quiero advertir que estamos ante ten- y de allí a ciertos jurados mejor dispuestos a condenar a acciones que promueven ese olvido sería un elemento dencias que pueden ser revertidas, si media suficiente personajes influyentes en el ámbito local, por ejemplo. constitutivo del genocidio, en lugar de una categoría trabajo de investigación y esclarecimiento. Por ejemplo, alternativa al mismo. Creo que ambas tienen su cuo- en Brasil, donde también el paradigma de la extinción En cambio, aun cuando las Ciencias Sociales y el Dere- ta de razón, dado que si bien comparto absolutamente hegemoniza la academia y el sentido común ciudadano, cho puedan dialogar y complementarse en la búsqueda con Seldes que el etnocidio o genocidio cultural es parte la demanda judicial presentada en 1994 por el genoci- de mejoras sociales, creo que existen algunas diferencias integrante del proceso genocida –de hecho, también la dio de los Panará, ocurrido a partir de 1967 (fecha en importantes. Por ejemplo, desde un punto de vista teóri- 19 Corpus. Archivos virtuales de la alteridad americana, Vol. 1, N°2, 2do. semestre 2011, ISSN 1853-8037
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    co / metodológico,la justicia brasileña reconoció como oficialmente reconocidas como Campañas al Desierto, la comprensión de los procesos genocidas es necesaria genocidio a estos dos “casos”, que desde las ciencias no lo es para los actos genocidas que, en continuidad con para lograr justicia, aunque más no sea, en el sentido de sociales pueden considerarse “acontecimientos” recor- aquéllas, se extendieron por muchas décadas. Con ese la enunciación de una “verdad histórica” que si no es la tados por sus características paradigmáticas dentro de criterio, en la Justicia federal con sede en Formosa se está única, al menos sea mejor que otras. (De todos modos, un proceso genocida más o menos extenso, pero nunca, evaluando por estos días imputar a siete individuos que admito que evidentemente, la discusión teórica resultó como ya señalamos, cada uno de ellos un genocidio en están implicados en los hechos de 1947.24 más seductora, en general, que la búsqueda de conte- sí mismo. Ocurre lo mismo en la justicia argentina, en la Más aún, tratándose de justicia restaurativa, me gusta- nidos concretos, y para algunos participantes más que que desde 2004 dos abogados intentan obtener la apro- ría discutir el concepto de “víctimas directas”, dado que, para otros). bación de sendas demandas por las matanzas ocurridas como se ha demostrado para otros procesos históricos, Diego Escolar problematiza la posibilidad de encon- en Napalpí en 1924 y en La Bomba en 1947, bajo la figura los efectos del terrorismo de estado –categoría muy poco trar cierta “verdad social” que pueda restituirse para jurídica de genocidio23. usada cuando se trata de población originaria- persisten “rehabilitar” a las víctimas. Si bien sus preguntas son Del diálogo y las complementariedades posibles entre a través de las generaciones. Con este criterio, tampoco indudablemente correctas desde un punto de vista an- Derecho y Ciencias Sociales se ocupan Florencia Roulet y todas las víctimas están ausentes, ni siquiera de las cam- tropológico –y todos sabemos que siempre, los relatos María Teresa Garrido, en una demostración ejemplar de pañas de fines del siglo XIX. históricos son construidos y los grupos sociales repre- la riqueza extraíble de tal articulación. A la vez, respon- sentados en dichos relatos son recortados de entre un Por último, si bien es cierto que los conceptos y defi- entramado de redes y congelados, para poder operar den, como si hubiera estado planificado, a las afirmacio- niciones del Derecho están mucho más orientados a la nes y latiguillos de sentido común que desbordan de los con ellos-, hay dos razones por las cuales creo que sin acción y menos a la especulación que los de las Humani- embargo, la búsqueda de este nuevo relato que incorpo- discursos mediáticos enumerados en sus contribuciones dades y Ciencias sociales, creo que las “propuestas” que por Diego Escolar y especialmente por Julio Vezub. Así, re los hechos calificados de genocidas para rehabilitar a el Derecho puede formular para el mejoramiento de las sus víctimas es válida: la primera, porque es la forma en contestan amplia, documentada y contundentemente a relaciones sociales no pueden surgir sólo del campo del las denuncias de anacronismo, de descontextualización que nos manejamos social y cotidianamente para cons- Derecho sino, necesariamente, del diálogo con las Cien- truir nuestras propias identidades, y en ese sentido, la y de “inseguridad metodológica” que una y otra vez re- cias sociales, dado que, por ejemplo, las propuestas de piten los pseudohistoriadores de los grandes medios. memoria histórica es parte de ese proceso de construc- restitución, reparación, reconocimiento, deben calibrar- ción del sujeto. Entonces, me pregunto, si podemos ad- Las autoras han realizado un trabajo muy importante se y reevaluarse a la luz de los resultados de intentos de mitir que otras memorias que nos constituyen también de sistematización de citas documentales para el perío- reparación efectuados en el marco de otros genocidios, son resultado de recortes más o menos involuntarios, y do previo a 1880, que apunta directamente a sostener los con metodologías de investigación social. si esto se manifiesta más evidentemente aún cuando en elementos básicos del concepto de genocidio. Finalmen- Es cierto, como observan Roulet y Garrido, que las in- esa “historia a medida personal” se integran definicio- te, Roulet y Garrido ensayan una discusión sobre las po- tervenciones aquí reunidas casi no trabajaron sobre el nes políticas relativas a procesos recientes –por ejemplo, sibilidades de obtener / realizar justicia, revisando va- tema de la utilidad, del “para qué”. Puede ser resulta- la restitución de su historia, que se asimila a su identi- rios “niveles” posibles. do de la práctica del intelectual de interrogarse, valga la dad, en los casos de víctimas de la dictadura de los 70-, Aquí me gustaría hacer notar que si bien es cierto paradoja, por fuera de la práctica, presumiendo que el ¿por qué no aceptar que en las reconstrucciones de la que desde el derecho penal “resulta físicamente impo- conocimiento es apetecible por el conocimiento mismo. historia / memoria de las víctimas del genocidio indí- sible aspirar hoy a obtener cualquier forma de justicia Pero es posible también que, por tratarse de investigado- gena se incluyan algunos elementos de idealización o retributiva respecto de las personas responsables de los res que ya vienen hace tiempo publicando y discutien- generalización que son parte de los procesos sociales de crímenes cometidos entonces”, si ese “entonces” resulta do estos temas, la cuestión de la finalidad práctica haya memoria y reidentificación y que es esperable que a lo inaccesible cuando hablamos de las campañas militares quedado sobreentendida: todos entendemos, creo, que largo del tiempo vayan matizándose? Esto no significa 20 Corpus. Archivos virtuales de la alteridad americana, Vol. 1, N°2, 2do. semestre 2011, ISSN 1853-8037
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    que nosotros comohistoriadores o antropólogos nos ne- cia de una sociedad de frontera (que prefiero no llamar tituciones” (Arendt 1982 [1952]). Sólo son posibles, nos guemos a la búsqueda de explicaciones complejas y no mestiza para no avalar la idea de identidades netas que dice Calveiro retomando a Deleuze y Guattari cuando el edulcoradas, sino que hay características del modo de confluyen en la hibridación), y como propone Escolar, intento totalizador del Estado “encuentra su expresión reconstrucción social de las memorias identitarias que se con los antecedentes de violencia estatal masiva (¿geno- molecular”, permea la sociedad hasta hacerse inescin- van a producir con o sin nuestra participación. cida?) contra la población rural de las llamadas “provin- dible de ella. Por eso son una modalidad represiva es- En segundo lugar, creo que la pregunta de Escolar so- cias viejas”, no apoyo el modelo colonialista, sino que pecífica; no hay campos de concentración en todas las bre la pertinencia de representar a los pueblos indíge- entiendo que corresponde analizarlo desde la perpectiva sociedades; no todos los poderes totalitarios son con- nas –más aun, a los sujetos indígenas- como iguales a de genocidio realizado contra un otro interno, que aúna centracionarios. Calveiro (2001) propone el análisis del sí mismos, siempre resistiendo, es decir, sin revelar las sectores con diferentes grados de “otredad” e “interni- campo de concentración como vía para la comprensión cualidades de cambio, agencia, diversidad e interacción dad”. de las características del poder que circula por un deter- con lo no indígena, es en realidad parte de otra cuestión Finalmente, creo que las perspectivas de “rehumani- minado tejido social. más amplia que no puede abordarse, en realidad, den- zación” a las que aluden Florencia Roulet y María Teresa Los campos de concentración profundizan y eviden- tro de los límites de este debate, ya que los procesos o Garrido deben entenderse como intento de reversión de cian la terrible asimetría de poder entre unos y otros; proyectos genocidas, los acontecimientos dentro de ta- su operación opuesta, la “deshumanización” que siem- su función es hacer reconocible esta asimetría para pa- les procesos, etc., no dependen para su calificación de la pre precede, acompaña y sucede a los procesos genoci- ralizar e imposibilitar la oposición. Sin embargo, el re- capacidad descriptiva que hayamos desarrollado sobre das (Levi 2005). Esa misma deshumanización persistente conocimiento de la pretensión totalizante de esta clase las víctimas. Si bien las relaciones entre diferentes po- que hace que en el relato de los Jofré que nos trae Die- de poder no nos habilita para negar las posibilidades de sicionamientos en aquella “sociedad de frontera”25 den- go Escolar, el ser huarpe, aun hoy, pueda ser entendido resistencia de las víctimas, en la medida en que el poder tro de la cual se produjeron actos genocidas, deben ser como ser no “humano”. total es apenas una ilusión del Estado. Por eso es tan in- analizadas para comprender los motivos y la mecánica dispensable la investigación que devele la cotidianeidad de hechos e instituciones, el carácter genocida del proce- Los campos de concentración como sitio neu- en estos campos y las formas en que realizaron sus co- so excede la mayoría de dichas relaciones. Por ejemplo, rálgico del proceso genocida metidos, junto a las voces de sus víctimas (Nagy y Papa- cuando llegamos a señalar las relaciones, y más aún, las zian 2009). colaboraciones de determinada fracción del mundo indí- La lucha hegemónica resulta victoriosa cuando se gena para con algún sector del ejército, ello no modifica logra inscribir la modalidad represiva (por ejemplo re- La calificación de “víctimas” para los habitantes de las posibilidades –afirmativas o negativas- de considerar partimientos, concentraciones) dentro de lo socialmen- estos campos, como se verá, no justifica ni implica pre- genocidas las acciones que se tomaron sobre ella. te permitido. Esta operación fue canalizada en nuestro sunción de homogeneidad, ni de falta de agencia. Por el Tal vez sería más interesante discutir si necesariamen- país y en relación a la política indigenista, a través de la contrario, como afirma Myriam Jimeno Santoyo (2010), te la definición de genocidio requiere la pretensión de fórmula civilización-barbarie, que asumió una función la categoría de víctima cumple la función de amalgamar “otredad absoluta” (con ausencia de relaciones previas) omniexplicativa. situaciones y narrativas caracterizadas por su extre- entre sector victimario y víctima26. Como describía Pilar, Según Hanna Arendt, los campos de concentración ma diversidad, creando “comunidades emocionales” a esto es parte del modelo de genocidio “colonialista”. Por “son la verdadera institución central del poder organiza- partir de experiencias que tienen en común la violencia mi parte, y dadas las características del caso argentino, do totalitario”; son “más esenciales para la preservación política o económica en situaciones de desigualdad. En con su larga historia de relaciones mutuas, la existen- del poder del régimen que cualquiera de sus otras ins- este proceso, las historias individuales y familiares crean 21 Corpus. Archivos virtuales de la alteridad americana, Vol. 1, N°2, 2do. semestre 2011, ISSN 1853-8037
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    subjetividad a partirde terrenos compartidos, cerrando tes [a los cometidos por Calfucurá en tiempos de Rosas], campos son lugares de “conversión” de los prisione- la brecha entre sujeto y evento. ni que haya habido instrucciones específicas similares ros, como afirmaba Delrio, de “disciplinamiento” según por parte de Roca a sus comandantes o subordinados, Nagy y Papazian (2009), pero con la “latencia” del retor- Por otra parte, si asumimos la definición de “institu- aunque no se pueda descartar actos repudiables como no a la vida salvaje. Esto es lo que permitía a Estanislao ciones totales” provista por Goffman (1992) como “in- el un tanto confuso episodio que provocó la captura del Zeballos, en 1882, sostener que los “indios reducidos” en vernaderos donde se transforma a las personas”, a partir cacique pehuenche Purrán en 1880”. Y agrega, en su in- General Conesa no debían recibir raciones del gobierno, de los estudios de Delrio (2001; 2005) y posteriormente tento por negar si no los hechos, al menos su sistemati- ya que “los indios no trabajan, no siembran, sino que otros investigadores, es claro que las concentraciones a cidad: “En cambio, puede descartarse por inverosímil la sólo bolean avestruces”; por el contrario, debían ser fu- orillas del Río Negro apuntaban más al carácter de estas hipótesis de la existencia de un campo de concentración silados sin juicio previo, porque estaban “en peor cate- instituciones que al de simples localizaciones de “esca- en Valcheta, con alambrado de púas de tres metros y la goría que los salteadores de caminos”. De hecho, en la la” en el viaje hacia su ubicación definitiva. Los indios muerte por inanición de los indios cautivos, al parecer misma ocasión –la discusión de una partida presupues- no sólo debían ser desarmados en su independencia del un invento surgido de la nada. Ni siquiera es probable taria para racionamiento de los indios de Conesa y de los modelo económico y político, sino reeducados para con- que ya se usara en Argentina el alambre de púas, paten- gendarmes que los vigilan-, el sector oficialista insistió vertirse en “descendientes de indios”. Para eso, el poder tado en Illinois en 1874.” a favor del racionamiento con el argumento de que, de estatal con el apoyo de la agencia religiosa intervenía no negarse los fondos, los indios reducidos –ex indios ami- solamente en su capacitación para el trabajo proletariza- Claramente, Rajneri hace referencia al episodio inclui- gos- se dispersarían y se unirían a los “salvajes” (Diario do y la obediencia civil, sino en la conformación de sus do en las memorias de John Daniel Evans, que recuperara de Sesiones de la Cámara de Diputados, sesiones del 7 y familias, sus relaciones conyugales, sus hábitos alimen- Walter Delrio (2003) hace unos cuantos años. Es probable 9/9/1882; Lenton 2005). ticios (Belza 1974). que le haya llegado la mención del mismo a través de al- Es decir que la latencia del retorno a la vida salvaje En este debate, Pilar Pérez, en su proyecto de devolver gunos de los textos académicos o de difusión circulados atraviesa todos los campos de “confinamiento, depor- densidad histórica a categorías teóricas un tanto licua- por Delrio o por quienes lo recogimos posteriormente, tación y disciplinamiento” (Lenton et al. 2010), y las das, se interna en el análisis del campo de Valcheta para de allí que lo nombre como “campo de concentración” hambrunas derivadas del encierro y la prisión son vistas intentar desde el caso, un acercamiento a la generalidad. –nombre que no le otorga Evans-. Sin embargo, no men- alternativamente como efecto de su situación, o como ín- ciona el testimonio de Evans, para evitar precisamente dice de su propia inaptitud para la vida civilizada, obtu- No puedo evitar la tentación de mencionar en este que la “idea peregrina” se visibilice como documento, y rando su visibilización como sujetos de derecho. punto, que a la seguidilla reciente de “columnas” de materializa la disputa en el elemento “alambre de púas”. “Pero fundamentalmente”, nos dice Pilar, “los campos opinión en medios de prensa que analizan Vezub y Es- Es interesante aclarar que aunque no era frecuente, el forman [hoy] parte de la memoria social indígena”. colar en este volumen, se agregó en los últimos días un artículo, casi un editorial de Julio Rajneri, director del sintagma “campo de concentracion”, ya se utilizaba en En este punto quisiera detenerme, ya que efectiva- Diario “Río Negro” y persona de considerable influencia el siglo XIX –si bien no con las connotaciones que toma mente, son innumerables los relatos que recorren las co- económica y política en el norte patagónico. En este ex- luego de Auschwitz-, por ejemplo en la publicación de munidades y que arraigan no sólo parte de la memoria, tenso artículo27, profuso en citas académicas y recursos las memorias de George H. Newbery que nos señaló sino el mismo origen de la comunidad o el linaje, en la de autoridad, e ilustrado con una de las más conocidas hace un tiempo Claudia Salomón Tarquini28. experiencia concentracionaria. Así, entre las tantas co- fotografías “de cuerpo entero” de la hagiografía roquis- Pérez, entonces, ha realizado una búsqueda exhaus- munidades actuales que se “rearmaron” luego del hosti- ta, más varias de Antonio Pozzo, Rajneri se suma a la tiva de documentación relativa a Valcheta, para com- gamiento militar a partir de familias dispersas, en varios “teoría de los excesos” al afirmar que “no hay evidencias prender su lugar en la cadena de relaciones y eventos casos la figura aglutinante es un jefe de familia que luego de que se hayan producido actos de ferocidad semejan- del proceso genocida. De allí surge también que estos de salir (por liberación o huida) de alguno de estos cam- 22 Corpus. Archivos virtuales de la alteridad americana, Vol. 1, N°2, 2do. semestre 2011, ISSN 1853-8037
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    pos29, se reuniócon antiguos compañeros de presidio Mi afirmación de que se trata de mujeres indígenas 2010; 2011), si realmente la sociedad argentina está pre- para formar “familia”. prisioneras se debe a la observación de que no hay “re- parada hoy para reevaluar críticamente el significado de La consecuencia inmediata que esta realidad nos trae cetas de poblamiento” que consideren la invitación al acciones simbólicas como el “Monumento a la mujer ori- es la imposibilidad de mensurar la “extinción” en tér- matrimonio interétnico con mujeres libres indias –más ginaria” que se propone levantar en la ciudad de Buenos minos cuantitativos, por ejemplo, toda vez que los gru- allá de que por supuesto estos matrimonios también se Aires, y que diseñado por el escultor Andrés Zerneri, se pos “eliminados” pueden haber renacido, como parte producían. En el imaginario hegemónico, tal posibilidad presenta como un acto de justicia, mientras permanece de otros linajes. También se evidencia que la historia no era considerada “civilizatoria”. Tal vez el único per- dentro de los estereotipos del género: siempre desnuda, de quienes sobrevivieron contiene también la memoria sonaje público –bastante excéntrico, por su parte- que siempre disponible, esta “mujer originaria” es homena- de quienes no pudieron volver. Por eso, y no porque se encaró una relación familiar con una mujer indígena li- jeada (sólo) en su función reproductiva, ya que se afirma suponga que el mundo indígena es homogéneo, es que bre, tehuelche en su caso, fue Ramón Lista, con su mu- que ella está (mestizamente) embarazada del “ser ar- sostenemos que el genocidio afectó a la totalidad de los jer Koila. La consecuencia, en forma de crítica pública, gentino”. Mi pregunta era entonces, ¿qué se homenajea, pueblos implicados. humillación y aislamiento social, fue inmediata, y se ex- junto con la desnudez de la mujer originaria? ¿La viola- tendió hasta el suicidio de su esposa oficial, la poetisa ción previa? ¿La sumisión, que aún sin mediar violación Agustina Andrade. física, puede ser signo y consecuencia de la disparidad Hilando fino: variables de la mecánica genoci- La otra modalidad imperante es la de la violación di- de fuerzas en la relación patronal? ¿La disponibilidad da y metodologías apropiadas recta (sin establecimiento de relación de pareja), denun- perpetua e indiscriminada, que en algunas provincias ciada y descripta tanto por Avendaño, como rescatan argentinas es regla indiscutida, llegando en su expresión Uno de los temas que merecen y aún esperan desarro- Roulet y Garrido, como por algunos sacerdotes como más brutal a definirse a través del “chineo”? (Gonzalez llo es el de la variable de género en la experiencia geno- Beauvoir y Salvaire (Belza 1974; Copello 1944). La vio- 2011) cida. lación como arma de guerra en este tipo de conflictos ha Como afirman Florencia Roulet y M. Teresa Garrido, Otro subtema, traído a este debate por la intervención sido descripta por numerosos autores (por ej Reid Cun- los voceros como Alvaro Barros, Manuel Prado y otros de Walter Delrio y Ana Ramos, es el que considera la ningham 2008). proponían la “mezcla de razas” como solución para variable etaria de dos maneras: la focalización en las his- la “absorción” de los indígenas (en el caso de Barros, En cambio, en el mismo imaginario social los varones torias de “niños apropiados” a través de las “narrativas a quien podríamos sumar el de Manuel Cabral30; en el indígenas tenían vedada cualquier posibilidad de ma- del regreso”, y la atención a la perspectiva infantil en el caso de Prado, ni siquiera existe una propuesta política, trimonio con no indígenas. Esto, que ha sido verificado registro de la violencia y las masacres masivas. sino sólo una descripción de hechos que aun contra toda para otros escenarios genocidas31, tiene su correlato ac- evidencia, nunca llega a inculpar al ejército), sin mencio- tual en las narrativas familiares de las clases favoreci- Delrio y Ramos se proponen, explícitamente, explorar nar el procedimiento por medio del cual se llegaba a esa das, que suelen sostener cierta (controlada) proporción las posibilidades de abordaje de la huella de la experien- “mezcla”. de sangre indígena, a partir de “una tatarabuela” (jamás cia infantil en la memoria colectiva. Sin embargo, aun Obviamente, se estaba hablando siempre de mujeres un tatarabuelo). cuando manifiestan que el objetivo de su comunicación prisioneras a las que se convertía inmediatamente en pa- Por eso mismo, y en razón de que no parece haber una no es exponer los “resultados” de esta línea de traba- reja sexual de los soldados. El carácter utilitario de esta ruptura decisiva con los paradigmas de patriarcado y jo, creo apropiado advertir que esa parte, tan necesa- compañía es destacada por Prado, Ebelot y otros, quie- nacionalismo que dieron sentido tanto a las campañas ria como ésta, ya ha sido volcada por ellos en forma de nes consideran a las “mujeres de la tropa” en un insumo militares como al doble sometimiento por razones de resultados parciales en diferentes reuniones científicas indispensable para evitar su deserción. género, me preguntaba en una ocasión anterior (Lenton (por ej., Ramos 2010, Delrio 2011). 23 Corpus. Archivos virtuales de la alteridad americana, Vol. 1, N°2, 2do. semestre 2011, ISSN 1853-8037
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    En clave metodológicaentonces, los autores observan to. De hecho, buena parte de los desarrollos metodológi- narrativos que proponen, es precisamente a través del que las llamadas “historias tristes” están construidas cos en antropología se han dirigido a este objetivo: cómo develado de esta combinación de silencios (los deriva- desde un presente que se representa en parte como su- informarnos de lo que no se nos está informando (Gu- dos de la impunidad y los derivados del trauma) que perador y en parte como continuidad de los “tiempos ber 1991). Para ello, me gustaría agregar, existen tam- se puede llegar a mensurar la magnitud del genocidio y tristes” que se inician con el sometimiento, y que es im- bién líneas de exploración metodológica especialmente especialmente de su continuidad, a través de su recrea- prescindible develarlo para comprender los sentidos preocupadas por la situación etnográfica que involucra ción simbólica cada vez que alguien lo vuelve a relatar, asignados al relato. Los autores observan también que niños (Szulc 2011), así como por las historias de vida que con la carga de emotividad y la actualización del terror estas narraciones tienen una limitación intrínseca, y es involucran recuerdos infantiles (Nash 1974), que sería (Trinchero 2005) que comporta. La continuidad del ge- que se cuentan “desde el regreso de aquellos que sí pu- interesante combinar con la metodología que nuestros nocidio, como ya explicamos, se expresa también en la dieron”, recortándose como un negativo, las historias autores están siguiendo. Sería interesante saber también continuidad de ideas de comunalización, en las que la que no pueden ser contadas porque pertenecen a quie- qué limitaciones entraña la perspectiva infantil para la communitas es una derivación de la experiencia de la vio- nes no pudieron regresar, es decir, los que, aun habien- memoria colectiva, en términos de recuerdo/olvido o de lencia masiva. Estas “historias tristes” siguen funcionan- do sobrevivido tal vez, no pudieron reintegrar su relato orientación temporoespacial. do así, como “signos triples”, por lo que la emoción y la al relato colectivo. Por otro lado, Walter Delrio y Ana Ramos proponen actualización de relaciones sociales son inescindibles de un abordaje de tipo inductivo para reponer a través de la transmisión de meros contenidos. Personalmente creo que esto no puede entenderse como un defecto del enfoque o del recorte que propo- los elementos reiterados en diferentes relatos, una histo- Por eso, creo que no es atinada la crítica de Diego Es- nen Delrio y Ramos, sino que por el contrario es el re- ria de mayor generalidad que permita reconstruir, junto colar, que parece deducir una flaqueza de estos “vacíos”. conocimiento de características específicas del corpus con el evento, el no-evento, es decir aquello que el po- “¿Cómo se llena el silencio y el llanto? Como no podía elegido, que precisamente a través de su identificación der hegemónico silenció. Que no es lo mismo, ni por el ser de otra manera, mediante la operación de interpre- permite empezar a pensar caminos para su superación. proceso histórico que lo produjo, ni por la metodología tación de los investigadores (…)”. Dado que precisa- De la misma manera en que Pilar Pérez advierte sobre la adecuada para su revelado, ni por el impacto que su na- mente la tarea del historiador, como la del antropólogo, sujeción de la Historia a determinados materiales docu- rrativa provoca en los colectivos presentes, que los si- es en gran parte la de completar esos claros, endémicos mentales que atraviesan dificultades específicas para lle- lencios que las narraciones de las víctimas provocan, ya no sólo en las memorias colectivas, sino también en los gar al investigador, Delrio y Ramos desnudan las carac- sea por ausencia de relato o porque hay cosas que, por documentos oficiales. De eso se trata nuestro trabajo: terísticas propias del subgénero que han contribuido a la violencia simbólica que implican, (aún) no pueden de editar, completar, revelar e interpretar, con nuestras identificar y rescatar para el trabajo científico, alertando ser contadas. Haciendo una extrapolación grosera para capacidades y sensibilidades diferentes y con mayor o sobre cuestiones que deben ser tenidas en cuenta para mejor comprensión, creo que no puede ser igualmente menor suerte, pero siempre conscientes de nuestra inter- no sobreinterpretar algunos elementos en detrimento de valorado, no es lo mismo, el silencio de un sobreviviente vención sobre la falsa transparencia del texto. otros, pero que se compensan por la riqueza que prome- de la dictadura del 70 que no quiere contarle a sus hi- Por último, Delrio y Ramos reclaman una perspecti- te el enfoque. jos cómo fue torturado (o el de un ex combatiente), que va intercultural que amplíe y resuelva ciertas tensiones el silencio de Videla o de Menéndez, o el de los diarios Para equilibrar esta dificultad –la ausencia de los rela- que las explicaciones unilaterales no pueden abordar. cómplices. tos perdidos-, los autores nos proponen varias opciones. Esta perspectiva implica dialogar con –no necesaria- Traigo a colación esta reflexión sobre los silencios por- mente adoptar- marcos de interpretación que pueden Por un lado, el perfeccionamiento de la técnica y la que creo que, si bien Delrio y Ramos no otorgaron tan- ser ininteligibles desde nuestra propia mirada occiden- sensibilidad etnográfica para poder extraer máximo sen- to espacio en su contribución a la “demostración” del tal, racional, científica y dualista (por ej. el rol del nawel, tido de la situación etnográfica en que se inserta el rela- genocidio en sí mismo como a pensar estos subgéneros los mundos sobrenaturales). Y me gustaría agregar que 24 Corpus. Archivos virtuales de la alteridad americana, Vol. 1, N°2, 2do. semestre 2011, ISSN 1853-8037
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    tal vez, dentrode esos marcos de diversidad difíciles de considerar genocidio –o parte de un proceso genocida- puede demostrar por su parte que la represión de las transitar, está el papel del silencio, tan desprestigiado en a los acontecimientos que describe Diego. Es claro que montoneras durante el siglo XIX conforman un geno- nuestra cultura, pero que cumple funciones en la perfor- a través de esa multiplicidad de acontecimientos puede cidio, y ese genocidio es también “constituyente”, será mance del ngtram que no son directamente traducibles rastrearse un patrón de violencia que tiende a organi- porque deja huellas perdurables en la constitución del y que sólo pueden aprehenderse con trabajo de campo. zar la desaparición de ciertos grupos sociales y no otros. cuerpo social, no porque se haya producido “antes”. Pero por otra parte, no logro visualizar cómo los pro- Otro punto a discutir es el de las posibles consecuen- El genocidio en la (larga) historia nacional blemas de sobresimplificación, teleologías, elusión de la cias negativas que Escolar encuentra en crear “una re- agencia, etc., que Escolar identifica en la aplicación de la presentación cultural poderosa”, que termine recreando Diego Escolar se concentró, en sus dos presentaciones, categoría genocidio a pueblos indígenas, se evitarían al en discutir el carácter “constitutivo” del “genocidio in- a los indígenas como homo sacer, es decir como aquellos aplicarse a la población criolla / indígena identificada que pueden ser matados sin alteración del orden social. dígena”. Como resumen Roulet y Garrido, para quienes con los caudillos perseguidos. “la cuestión que permanece abierta para el debate en Sobre esto, mi opinión es que debemos diferenciar los estos trabajos es fundamentalmente terminológica: ¿se Más importante, creo que hay un error de concepto en hechos sociales de nuestra descripción de los mismos: trata del “genocidio constitutivo” del Estado argentino – torno a la calidad de “constituyente”. Este calificativo (y la narrativa del genocidio ya es una representación cul- donde el énfasis estaría puesto en el concepto “constitu- no “constitutivo”, al menos en nuestras producciones) tural poderosa, que nos excede y que forma parte del tivo”- o de la culminación de un proceso de construcción parte de la clasificación de Daniel Feierstein de diferen- sentido común argentino, con todas sus contradiccio- de un orden político soberano iniciado con la imposición tes marcos genocidas (Feierstein 2000). El equipo con el nes, como apuntaba Quijada (et al., 2000). Los indígenas de la regla estatal nacional a las provincias del interior? ” que comenzamos a trabajar estos temas en la Universi- por su parte ya han pasado por el lugar del homo sacer, dad de Buenos Aires comenzó entonces a proponer hace y como se ha dicho aquí varias veces, en cierta medida Si bien no quedan dudas de la validez de la investiga- unos años que el genocidio de los indígenas por las FF. siguen habitando el estado de excepción que Agamben ción documental realizada por Escolar (2007 y ss.), que AA. “argentinas” coincidía con la categoría de consti- describió. De hecho, varios de nosotros (incluyendo a demuestra la magnitud de la violencia desatada desde tuyente en el modelo de Feierstein. Esto implica reco- Escolar) hemos postulado ya las relaciones entre estas los lugares del poder político contra los que podríamos nocer que dicho genocidio coincidió y se co-construyó categorías acuñadas por Agamben y los procesos histó- llamar “dirigentes populares no digeribles por el mo- junto con el Estado nacional, y por ende, dicho estado, ricos documentados. Con más o menos tecnicismos, hay delo de república liberal deseada”, creo que es un error su normativa, sus instituciones, están modelados por los infinidad de enunciadores indígenas y no indígenas que oponer ambos corpus de violencia u ordenarlos en térmi- mismos procesos que dieron lugar al genocidio. Esto nos en cualquier lugar del país pueden decirnos que el indio nos de precedencia. brinda marco de interpretación, también para la conti- es “ciudadano de segunda” no sólo por sus condiciones Uno de los problemas derivados de este planteo es nuidad de prácticas que causan la destrucción de modos materiales de existencia sino porque su muerte o su en- que, así como los que hablamos de genocidio para las de vida tradicionales, y reproducen los daños físicos y fermedad no vale lo mismo que la de otros ciudadanos. políticas desatadas en tiempos de la “Organización Na- sociales del genocidio, como en el ejemplo de la fami- Lo que no queda claro es cómo la investigación y/o cional” debemos lidiar con la crítica, desde algunos mo- lia Jofré, donde el modelo agrícola parece “completar” la denuncia del genocidio, o más aún, la calificación del delos teóricos, que sostiene que al no haber un estado en el cuerpo, no de cualquiera, sino de los mismos gru- genocidio como constituyente, es lo que podría reinsti- consolidado, no puede hablarse de genocidio, imagino pos afectados por las campañas roquistas, la empresa de tuir a los indígenas como homo sacer. Si se puede anali- que este problema se agrava al proyectarnos hacia un aquéllas. zar desde el absurdo, diríamos que durante las décadas pasado más remoto. Habría que establecer cuál es la Decíamos por lo tanto que el genocidio perpetrado en que los investigadores sociales le dieron la espalda a agencia responsable del genocidio en un momento de por la Generación del ’80 es “constituyente” porque sus esta temática estaban protegiendo a los indígenas. ¿Son “guerra total” y múltiples usinas de violencia política. consecuencias nos siguen constituyendo hoy como so- nuestras ideas sobre el genocidio lo que pone en riesgo No digo que no sea interesante y adecuado el planteo de ciedad. No porque haya sido el “primero”. Si Escolar a los indígenas? ¿Es su difusión? ¿El silencio es salud? 25 Corpus. Archivos virtuales de la alteridad americana, Vol. 1, N°2, 2do. semestre 2011, ISSN 1853-8037
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    A esta altura,creo que lo que nosotros como profesio- Por otra parte, creo que el temor de Escolar tiene más que por el contrario todos los genocidios la contemplan nales podemos aportarles a los indígenas / víctimas / que ver con visualizar “sólo indígenas” donde además como posibilidad, y la ambigüedad de las relaciones en- descendientes es documentación y algunos detalles de hay sujetos en múltiples roles (que es a lo que se refería tre el grupo perseguido y el genocida ha sido descripta marco interpretativo, pero no mucho más, a despecho Tamagno y con lo que empezamos este trabajo), y con por Primo Levi, por Hanna Arendt, por Pilar Calveiro, de los opinólogos mediáticos que buscan descubrir, ante la posibilidad de realizar lecturas simplistas y lineales, por Ana Longoni, entre otros. Creo que por el contra- cada expresión política indígena, quién o quiénes son los poco complejas, de los datos, que con la categoría de ge- rio es la simplificación de sentido común contenida en la “blancos” que les inyectan ideas. nocidio. ecuación indios-víctimas-miseria eterna-despolitización Por otra parte, creo que también es errada la futuro- En la misma dirección, Julio Vezub advierte sobre los la que nos puede mover a extrañamiento frente a la exis- riesgos de preasignar grados de verosimilitud diferen- tencia de situaciones diferentes. logía de Diego, cuando imagina un interlocutor que le dice al indígena que podrá “emanciparse” pero “a partir ciales a diferentes géneros o a diferentes discursos étnica En esa clave, Vezub aporta una sistematización muy de reconocer que los indígenas siempre fueron y serán y socialmente situados, así como el de reducir ciertos re- interesante del debate público instalado en los medios objeto de genocidio”. No creo que estemos en condicio- latos a su carácter de “verdad” perdiendo de vista otras en los últimos meses. En su contribución queda eviden- nes de adivinar genocidios a futuro. Más allá de esto, variables más ricas tal vez para el análisis que la cuestión ciada la violencia simbólica que no se mezquina en di- que creo exagerado, entiendo que la idea principal que de su verosimilitud. Por ejemplo, una línea de indaga- chos ámbitos y que constituye tal vez su principal arma. Escolar quiera transmitir es que existe un reduccionismo ción podría ser, dice Vezub, los colaboracionismos que se silencian, y que podrían estar contribuyendo a las ten- Para ir finalizando, estoy de acuerdo con Vezub y Es- en el caso de ver “sólo” genocidio donde hay personas siones y al trauma manifestado en las “historias tristes” colar en la necesidad de ampliar el foco para hacer en- y grupos con afiliaciones políticas, religiosas, experien- descriptas por Delrio y Ramos. Estoy de acuerdo en que trar algo más que pueblos originarios en el análisis de cias históricas, etc., que los atraviesan más allá de los la multiplicidad de estrategias disponibles (a veces no los procesos de violencia estatal, y de analizar las con- límites de lo “indígena”. Podemos acordar en que tal tan múltiple), en momentos en que las salidas colectivas tinuidades de los procesos represivos anteriores a las perspectiva sería efectivamente un reduccionismo. Sin campañas, y no sólo las rupturas. Sin embargo, no con- embargo, encuentro dos problemas: la primera pregun- e individuales no estaban nada claras, generó infinidad de historias que a veces, no están disponibles para ser cuerdo con los ejemplos elegidos: decididamente, los ta, es a quién se refiere Diego, ya que al menos ninguno bautismos cristianos no son la continuidad del lakutun33 de los que estamos participando de este debate –como contadas. Sin embargo, mi impresión es que no es ése el punto principal de la “tristeza” de las historias. En co- y las prácticas militaristas de algunos grupos indígenas muchos otros investigadores- hemos dejado de buscar tampoco son equiparables a la incorporación forzada al permanentemente las complejidades de cada situación munidades en que se explicita y se “trabaja” socialmente un origen ambiguamente viciado por la concesión de lo- ejército. Especialmente, por la resistencia que dentro de histórica y social en que están insertos aquellos que tam- la sociedad “blanca” despertaba la última (Lenton 2005), bién, además de todas las otras afiliaciones, son víctimas tes en premio por la contribución al ejército del ancestro fundador (ver por ej. Lenton y Szulc 2011), las “historias evidenciando la continuidad de la frontera a pesar de la de genocidio. En mi caso particular, para no hablar por apropiación de los cuerpos. otros, mi tema de investigación principal es la articula- tristes” siguen siendo las de las corridas, las separacio- ción de la militancia indigenista con las otras militancias nes, la exacerbación de la violencia. Como expresamos hace un tiempo, “en el caso de los en organizaciones sociales, sindicales y políticas a partir No creo que los “indicios” sobre la prosperidad de los pueblos indígenas se aprecia una serie de mecanismos de 1960. Y ello no nos impide reconocer el carácter ge- ulmenche –que no es noticia nueva tampoco- o las redes materiales que no pueden ser pensados como genocidas nocida y constituyente de las acciones que llevaron en con la Liga Patriótica invaliden el carácter genocida de pero sí producto de las relaciones instauradas a partir de determinado momento de la historia a los grupos indí- las campañas militares. Es insostenible que “ningún ge- prácticas genocidas, es decir, que determinadas formas genas a configurarse de determinada manera32. nocidio toleraría esta clase de negociaciones (…)”, ya de accionar estatal, de institucionalizar su relación con 26 Corpus. Archivos virtuales de la alteridad americana, Vol. 1, N°2, 2do. semestre 2011, ISSN 1853-8037
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    los indígenas, dediagramar políticas ante estos pueblos, los sectores hegemónicos implementaran, las polí- sólo las más conocidas por su alcance mediático, y a su vez, los modos a los que estos recurren para re- ticas neoliberales que permitieron nuevos momen- sin olvidar el asesinato de Mártires López dirigente clamar, negociar y luchar contra estas prácticas hege- tos de acumulación de capital. A modo de ejemplo qom de la Unión Campesina hace algo más de dos mónicas son herederas de una práctica genocida, que tenemos la represión a la lucha de las denominadas meses; hechos señalados por Ottenheimer y otros configura los espacios sociales a ser transitados por las “Ligas Agrarias” que en la década de 1970 tuvieron (2011) y reafirmados por los integrantes del Panel comunidades nativas” (Red 2010). epicentro en Roque Sáenz Peña, territorio ocupado “Memorias, territorialidades y conflictos en el Cha- mayoritariamente por indígenas y campesino indí- co Argentino” Congreso Internacional de ASAEC, Los intercambios producidos en este debate dejaron al genas; donde —y tal vez no por casualidad— encon- Córdoba, Argentina 8-11 de Noviembre del 2011. Al descubierto, junto con la complejidad del tema en cues- tramos hoy la Fundación Evangélica del Buen Pastor cierre de este trabajo la muerte de Cristian Ferreyra tión y del caudal de trabajo invertido hasta la fecha –a sede del principal centro de formación evangélica y referente del Movimiento Campesino de Santiago despecho de la fantasía de “ofuscamiento romántico” el Instituto de Formación Superior CIFMA que co- del Estero MOCASE enluta nuevamente el movi- que propalan los negacionistas-, el malestar del traba- menzó formando Auxiliares Docentes Aborígenes miento campesino, como una muestra más del re- jo intelectual ante las tensiones que atraviesan las cate- (1983) para luego crear (1995) la Carrera de Maestro sultado de los agronegocios que conllevan: destruc- gorías teóricas disponibles para el mismo. Será parte de Bilingüe Intercultural. ción, muerte, deforestación, desolación, pobreza nuestra agenda en adelante, la problematización y even- 2 Ver restitución de los restos de la niña ache llamada para la mayoría, hambre y mayor dependencia. tual propuesta de nuevos conceptos que presenten solu- Krygi y renombrada Damiana. Secuestrada luego 5 Y, en efecto, las narrativas como las de “los tiempos ciones a los problemas que aquí se manifestaron. de que su familia fuera diezmada, traída a La Plata y tristes” o de los “sufrimientos de los abuelos” tam- entregada a la familia Korn en calidad de doméstica, bién realizan preguntas y respuestas sobre el cam- También, “habrá que buscar el sentido del dictum ador- encerrada luego en Melchor Romero por supuestas bio y la continuidad . niano siempre por la idea central de construir una cultu- “comportamientos violentos”. Fue estudiada en el ra en que las coordenadas que hicieron posible la abso- 6 Existe un corpus extenso de trabajos —y de muchos Museo de La Plata donde se encuentran fotografías años de investigación— más allá de la obra de di- lutización del horror se tornen inexistentes o dejen de de su cuerpo enteramente desnudo y sometido a ocupar la centralidad. Lo que lleva a afirmar que no es fusión coordinada por Osvaldo Bayer a la que hace mediciones antropométricas. El cráneo de Krygi que referencia Vezub (“Historia de la crueldad argenti- que no se pueda escribir después de Auschwitz sino que fue separado del cuerpo para ser enviado a Alema- hay que hacerlo desde otro horizonte cultural, ya que na”). Sobre la cual el autor se explaya en las supues- nia para su estudio, aún no ha sido restituido. tas implicancias de lo que ha sido en definitiva una el anterior llevó, precisamente, a Auschwitz. Desde esta 3 Entiendo que el análisis realizado por Marx en su elección poética de Bayer con respecto al término perspectiva lo primero es comprender (abrazar y penetrar obra El Capital respecto del modus operandi del “crueldad” incluido en el título de la compilación. la lógica genocida) para luego volver a escribir”34. capitalismo y su lógica de obtención de plusvalía a Por cierto, los trabajos compilados son heterogé- partir de la explotación de mano de obra no ha sido neos: los hay de difusión, ensayos y de investigación NOTAS: superado aún y coincido con los posteriores avances en archivos y sobre la memoria social. En ninguno 1 Fue la represión a los sectores sindicales, estudianti- de Maurice Godelier (1978) en el sentido de señalar de ellos se retoma la idea de “crueldad” sino que se les, religiosos e intelectuales —que se opusieron al el modo en que la expansión de dicho modo de pro- reflexiona sobre la necesidad de buscar otros marcos avance de los intereses del gran capital (ver carta de ducción ha influido e influye sobre las formas alter- para pensar lo que sucedió en el complejo proceso Rodolfo Walsh a los representantes del Golpe Mili- nas preexistentes. de sometimiento e incorporación. tar de 1976) y a la sistemática retracción de las con- 4 Ejemplo de ello son las represiones que se sucedie- 7 Ya en la década de 2000, organizaciones indígenas quistas sociales obtenidas durante el gobierno pero- ron en el Chaco entre 1903 y 1947, así como las re- en Chubut se manifestaron públicamente contra la nista (1945-1955)— lo que allanó el camino para que cientes de La Primavera y Sauzalito para nombrar creación de un museo por parte de la multinacional 27 Corpus. 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    Benetton, que manteníay mantiene conflictos con la política indígena en tanto política de representación 15 Consejo Indio de Sud América con sede en Lima; distintas comunidades mapuche-tehuelche, denun- y estrategias de participación y/o autonomización de las Consejo Mundial de Pueblos Indios con sede en ciando la expropiación de la historia, la memoria y organizaciones de militancia y/o colectivos de per- Ottawa. la asimetría en el poder de fijación de sentido de la tenencia de los pueblos originarios. historia. Parte de la prensa chubutense, tanto como 16 Las organizaciones indígenas norteamericanas sue- 11 Por si sirve para consuelo, las organizaciones de mi- quienes financiaron el museo, identificaron a quie- len presentarse como Native Peoples, aunque la ex- litancia indígena (¡también difíciles de definir!) ex- nes se manifestaban como militantes —con intereses presión más coincidente con “Pueblos Originarios” presan a veces la misma dificultad para nombrar a de sector, en la tierra fundamentalmente— en con- es la de “First Nations”. En algunos lugares de la su contraparte sin apelar a categorías coloniales, a traposición con el discurso científico. Pero acaso ¿no Patagonia argentina está empezando a extenderse el la vez que conscientemente integran esta discusión existía “militancia” en la defensa de los intereses de concepto de “Primeros Pobladores”, quizá más ade- en la puja política. En un documental reciente de la multinacional terrateniente? cuado, aunque con dificultades en su aplicación. factura mapuche (El grito del Lanin, producido por 8 Aclaramos que entendemos que el no ser pasivos el grupo Centro de Comunicación Mapuche Kona 17 Ver Lazzari 1996; Roca 2008. no implica no haber sido víctimas. Si identificamos Producciones, 2010), la militante Pety Piciñam ex- y acordamos que las prácticas estatales del contex- presa ante un auditorio no-mapuche: “[Propone- 18 Lazzari y Lenton 2000 to de las campañas son pasibles de ser nombradas mos] la construcción de un nuevo estado, que en el 19 Es interesante la reflexión que Pilar Pérez introduce como genocidio o violencia estatal, deberíamos ad- caso neuquino debe asumirse bicultural. Porque en sobre la problemática metodológica derivada de la mitir que sí hubo víctimas. Es decir, reconocer la esta provincia que hoy se llama Neuquén, hay dos fijación de la Historia a un tipo de documentación dialéctica de una relación no implica negar la asime- culturas: el pueblo mapuche y la sociedad que ha que ha sido especial objeto de destrucción volun- tría de la misma. llegado después. ¡Ustedes sabrán cómo denominar- taria y/o fortuita. Muchas veces, el documento es 9 Como sostiene Liliana Tamagno, de los “valores que se! Nosotros decimos a veces “no mapuche”, kaxiface objeto de políticas de ocultamiento que comparten se expresan en concepciones de vida, muerte, poder en nuestro idioma: “gente de otro origen”. Pero lo sus principios con las que llevan a la represión de y naturaleza que son alternas a la concepción in- hacemos no por la negativa, sino porque realmen- los cuerpos. Esto se complementa con la relación dividualista que guía la expansión del capital y el te no sabemos cómo ustedes se quieren denominar, de subordinación de otras metodologías, como la desarrollo tecnológico a su servicio”. autoidentificarse. Esta es una tarea que ustedes tie- historia oral, más capaz de recrear marcos alternati- nen, una vez que puedan decidir qué quieren ser: si vos, y casualmente subestimada frente a la historia 10 Adoptamos el término política indigenista para refe- quieren seguir siendo huincas, explotadores, usur- “documentada” (por escrito). Sin embargo, parte de rirnos a toda política de Estado referida a los pueblos padores, o quieren seguir un camino hacia la inter- nuestra tarea como investigadores del genocidio es originarios, independientemente de su contenido culturalidad (…) donde cada uno pueda cumplir su la de insistir en la existencia y en la validez de la axiológico. En este sentido, por ejemplo, la política función, pero no uno invadiendo al otro”. documentación pertinente, tanto escrita como oral. indigenista argentina abarca no sólo las últimas nor- mativas reconocedoras de derechos colectivos de 12 Movimiento de Sacerdotes por el Tercer Mundo. 20 Sin embargo, la caracterización de “etnocidio” para los pueblos originarios, sino también, por ejemplo, 13 Algunos documentos del MSTM citaban el Conve- el caso de los niños recluidos en las escuelas cana- las históricas leyes N° 215/1867 y N° 947/1878 que nio 107 de la OIT, ratificado durante la presidencia dienses ha sido ya denunciada como negacionismo. autorizaron la llamada “Campaña del Desierto”. De de Frondizi, que tiene por objeto las “poblaciones Ver por ej. Churchill 2000. esta manera evitamos llamar política indígena a la po- indígenas, y otras poblaciones tribuales y semitri- lítica de Estado (pese a que suele ser el término uti- buales” (Lenton 2005). 21 Un “crimen sin criminal” (Red de Investigadores en lizado por el discurso estatal), para diferenciarla de 14 Primer Congreso del CISA en Ollantaytambo, 1980. Genocidio y Política Indígena 2008). 28 Corpus. Archivos virtuales de la alteridad americana, Vol. 1, N°2, 2do. semestre 2011, ISSN 1853-8037
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    22 La décadade 1880 y especialmente la de 1890 son de Formosa, 29/11/2011, http://www.lamanana-onli- encerrados, dejando poco espacio para la agencia abundantes en discusiones sobre las perspectivas ne.com.ar/nota.php?id=11724 indígena que se puede percibir a través de estudios de supervivencia, por ejemplo, de las sociedades 25 Término que elegimos hace tiempo, justamente, más densos sobre la forma de funcionamiento de es- fueguinas. Si bien muchas de estas discusiones se para eludir la pesada tarea de definir posiciones tos campos (ver por ejemplo, el artículo de Nagy y producían por ejemplo en medio de debates parla- muchas veces ambiguas (Lenton 2005). Papazian, en este volumen). mentarios sobre la libertad religiosa, el rol de pio- 26 De hecho, los genocidios mejor caracterizados, como 29 En la zona centro neuquina donde realizo mi inves- neros y funcionarios, la distribución de los fondos los producidos por los nazis, o el de Ruanda, se dan tigación, suelen mencionarse Martín García o Chi- del estado en la región, etc., creo que puede hablarse en contextos donde se hace imposible pensar la otre- chinales como puntos de partida. Pero en otros ca- de un tópico social en sí mismo, consistente en “la dad en términos de aislamiento. sos, la memoria familiar sobre el confinamiento no extinción de los fueguinos” que, desde produccio- 27 “Roca y los Mapuches”. Por Julio Rajneri. Viernes conserva nombres de “campos” sino de cuarteles o nes literarias (Ramón Lista), de crónica periodística 9/12/2011. http://www.rionegro.com.ar/diario/rn/nota. regimientos donde el ancestro fuera “destinado”, (Roberto Payró, Eduardo Holmberg), de denuncia aspx?idart=769983&idcat=10101&tipo=2 sin que sea posible a veces diferenciar entre incor- comprometida (José L. Borrero, Ismael Viñas), o 28 “When we were near enough to see this [wide, ado- poración al ejército o confinamiento en campos. Ver de observación estratégica (José Fagnano, Thomas be] wall, I asked my guide if he knew what purpose por ej., Lenton y Szulc 2011. Bridges) atravesaron el siglo posterior. Dentro de it served, since other forts (…) had no palisades 30 Decía el Diputado Manuel Cabral: “Yo no quiero la clase política, algunos sectores avalaban abierta- (…). Luan’s indignation then burst forth. From his mantener los pocos indios que hablan, por ejemplo, mente la idea de extinción como proceso inevitable, hot torrent of words I was able to grasp that Puan unos toba, otros chulupí; yo quiero que la escuela salvando el rol del estado en el proceso. Por citar had been a concentration camp, like the one on the argentina, la escuela nacional, vaya al centro de los un caso, el Senador Miguel Cané expresaba duran- Naposta River. All the Indian who lived hereabouts indios, de tal manera que los indiecitos se convier- te la discusión de la concesión de los terrenos de la –men, women and children- had been herded into tan en ciudadanos argentinos. Las misiones solas no Misión La Candelaria a los salesianos: “Yo no tengo the enclosure like cattle in a corral, and were giv- pueden, so pena de estar en contra de la religión, gran confianza en el porvenir de la raza fueguina. en rations by the government. According to Luan, sino mantener el 6º mandamiento. (...) Lo que debe- Creo que la dura ley que condena los organismos somebody along the way kept most of the rations mos es llevar gente que establezca el cruzamiento inferiores ha de cumplirse allí, como se cumple y se for himself, and the population of Puan would cer- con los indígenas para que se pierda por completo está cumpliendo en toda la superficie del globo; pero tainly have starved to death, had not the garrison la raza primitiva. (...) Yo no sé qué le habrá dicho es el deber de las sociedades civilizadas, así como el commander tried to alleviate their lot by permitting San Pedro a Irala cuando llegó al cielo, haciéndole médico a la cabecera del enfermo sin remedio, hacer a few of the best hunters to go out during the day cargos sobre sus siete consortes, pero es evidente y cuanto pueda por prolongar la existencia y aumen- and bring back whatever they could catch with their notorio que en los anales de la conquista del Río de tar el bienestar de esas razas desvalidas é indefen- boleadoras and arrows” (Newbery 1953; cursivas la Plata, figura Irala como uno de sus más claros va- sas” (Diario de Sesiones del Senado de la Nación, en el original). La descripción subsiguiente de este rones. ¿Y qué hizo Irala? Lo mismo que debe hacer 29/8/1899; Lenton 2005). campo no se asemeja ni a Martin García ni a Valche- el Patronato de Indios, bajo una forma más ó menos 23 Ver Ramos y Lenton 2009; Red de Investigadores ta, excepto por las figuras de los pobladores encer- culta” (Diario de Sesiones de la Cámara de Diputa- 2008; Mapelman y Musante 2010. rados “como ganado” y la cuestión ubicua del robo dos, sesión del 4/1/1900; Lenton 2005). 24 Entre ellos, un ex Juez Federal de Formosa y Cama- de víveres. El relato del “testigo” Newbery, como el 31 Como afirma Mahmood Mamdani (2001), el matrimo- rista de Chaco, y ex miembros de la Fuerza Aérea de John D. Evans sobre Valcheta (Delrio 2003; Del- nio interétnico habilitado es siempre el de “hombre Argentina y de Gendarmería. En Diario La Mañana rio et al. 2010), enfatiza la victimización total de los de la casta superior” con “mujer de la casta inferior”. 29 Corpus. 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    32 Más aun,vengo observando que a pesar de que la del Fuego; Instituto Salesiano de artes Gráficas, Bue- estado-nación (1870-1943). Tesis Doctoral, Universidad historia de las comunidades indígenas está atrave- nos Aires (Tomo 1). de Buenos Aires, marzo de 2003 (m.s). sada por la represión, los secuestros, el exilio, de los Delrio, W. (2005). Memorias de expropiación. Sometimiento años 1970 al igual que en el resto del país, nuestra Bonfil Batalla, G. (1972) El concepto de indio en Amé- rica: una categoría de la situación colonial, Anales de e incorporación indígena en la Patagonia (1872-1943). Ber- experiencia en trabajo de campo indica que cuando nal: Editorial Universidad Nacional de Quilmes. los indígenas quieren destacar la tragedia, se refie- Antropología, México, 9: 105-124. ren a la de las campañas militares entre 1870 y 1950, Delrio, W. (2011). Genocide and Genealogies of Silence. Bourdieu, P., Passeron, J. C. y Chamboredon, C. (1975). The ¨Lost Children” in Mapuche and Tehuelche Me- por ser la que epitomiza su tragedia social y a la vez, El oficio del sociólogo, México DF: Siglo XXI. mories. 9th Biennial Conference of the International As- como ya hemos dicho, la que a veces les da naci- miento en tanto comunidades. Es tambien lo que Calveiro, P. (1998)-(2001). Poder y Desaparición. Los cam- sociation of Genocide Scholars, Buenos Aires, 19 al 22 de configura su subjetividad, de tal manera que podría pos de concentración en Argentina. Buenos Aires: Coli- julio. decirse que lo que los define como víctimas es lo hue. Delrio, W., Lenton, D., Musante, M., Nagy, M., Papazian, mismo que los define como indios. No pasa esto por A. y Pérez, p. (2010). Discussing the Indigenous Geno- ejemplo, con la tragedia de los 1970, independiente- Cardoso de Oliveira, R (1992 [1972]). Etnicidad y Estruc- cide in Argentina: Past, Present and Consequences of mente de su gravedad y de las múltiples formas en tura Social. México DF: Ciesas. Argentinean State Policies toward Native Peoples, Ge- que el ser indígena se posiciona ante ella. nocide Studies and Prevention, 5 (2): 138-159. Cardoso, F. E. y Faletto, E. (1970). Desarrollo y dependencia 33 Primero, porque en el bautismo no está implicado en América Latina. México: Siglo XXI. Escobar, A. (2003). Mundos y conocimientos de otro sólo un cambio de nombre, sino el ingreso a una estructura diferente. Se puede decir que el lakutun modo. El programa de investigación de modernidad/ Churchill, W. (2000). Forbidding the “G-Word”: Holo- colonialidad latinoamericano. Tabula Rasa. Bogotá - implica abrir nuevas relaciones parentales, pero in- caust Denial as Judicial Doctrine in Canada. Other dudablemente no hay alianza ni horizontalidad en Voices. The (e) Journal of Cultural Criticism. v.2, n.1 Escolar, D. (2007). Los Dones étnicos de la Nación. identida- el bautismo cristiano, que implicó la imposición de (February 2000), Univ. of Pensylvannia. des huarpe y modos de producción de soberanía estatal en miles de nombres con ocultamiento de la identidad Argentina. Buenos Aires: Prometeo. anterior, y generalmente no como expresión de ad- Copello, S. (1944). Gestiones del Arzobispo Aneiros a fa- Feierstein, D. (2000). Seis estudios sobre genocidio. Análi- miración mutua sino en el marco del sometimiento vor de los indios hasta la conquista del desierto. Bue- sis de las relaciones sociales: otredad, exclusión, exterminio. de adultos y el secuestro de chicos. nos Aires: Difusión. Buenos Aires: EUDEBA. 34 Tomado de Red (2007). Das, V. y D. Poole (2008). El estado y sus márgenes. Et- Goffman, E. (1992). Internados. Buenos Aires: Amorrortu. nografías comparadas, Cuadernos de antropología social, Referencias bibliográficas (27): 19-52. González, A (2011). “Para terminar con el chineo”. Dia- Arendt, H. (1982 [1951]). Los orígenes del totalitarismo. rio Página 12, lunes 4/4/2011. http://www.pagina12. Vol. 3. Madrid: Alianza. Delrio, W. (2001). Confinamiento, deportación y bautismos com.ar/diario/sociedad/3-165503-2011-04-04.html en la costa del río Negro 1883-1890. Cuadernos de Antro- Bartolomé, M. (1987). Afirmación estatal y negación na- Guber, R. (1991). El salvaje metropolitano. Buenos Aires: pología Social, Nº 13: 131-155. cional. El caso de las minorías nacionales en América Ed. Legasa. Latina. Suplemento antropológico,vol. XXII Nr. 2. Delrio, W. (2003). Etnogénesis, hegemonía y nación. La Jimeno Santoyo, M. (2010). Emociones y política. La “víc- Belza, J. (1974). En la isla del fuego: Encuentros. Publica- construcción de identidades indígenas y nacionales en la tima” y la construcción de comunidades emocionales. ción del Instituto de Investigaciones Históricas Tierra incorporación de la población originaria norpatagónica al Mana: Estudios de Antropología Social, 16 (1). 30 Corpus. Archivos virtuales de la alteridad americana, Vol. 1, N°2, 2do. semestre 2011, ISSN 1853-8037
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    tropología del Mercosur(RAM), GT Indigenismos e Polí- de Historia de la Patagonia, Bariloche, 6-8 de noviembre cultad de Humanidades y ciencias de la educación ticas Indigenistas nas Américas – para uma análise com- de 2008. UNLP. Editado en CD. parativa das relações entre povos indígenas e Estados nos Rodríguez, M. (2008). Camusu Aike: De la visibilización Tamagno, L. (2006).  Interculturalidad. Una revision séculos XX e XXI. Buenos Aires, 29 de septiembre al 2 en los archivos a la revisibilización como comunidad. desde y con los pueblos indígenas (Argentina), En: de octubre de 2009. 3ras Jornadas de Historia de la Patagonia, Bariloche, 6-8 Diario de campo. Diversidad y reconocimiento. Aproxima- Red de Investigadores en Genocidio y Política Indígena de noviembre de 2008. ciones al multiculturalismo y la interculturalidad en Amé- (2007). Aportes para una reflexión sobre el genocidio y rica Latina. Suplemento Nr. 39. CONACULTA – INAH sus efectos en relación a la política indígena en Argen- Salomón Tarquini, C. (2010). Largas noches en La Pampa. Itinerarios y resistencias de la población indígena (1878- Gobierno Federal México. tina. I Congreso Argentino-Latinoamericano de Derechos Humanos, abril 2007, Rosario. 1976). Buenos Aires: Prometeo. Tamagno, L. (2008). Diversidad/desigualdad en el es- pacio nacional. Negación-Ocultamiento-Racismo-Vio- Red de Investigadores en Genocidio y Política Indígena Szulc, A. (2011). “Esas no son cosas de chicos”. Disputas lencia. En José Nun y Alejandro Grimson (Comps.) (2008). Rincón Bomba y Napalpí: debates sobre los lími- en torno a la niñez mapuche en el Neuquén, Argen- Nación y Diversidad. Territorios, identidad y federalismo tes de la justicia. Publicación audiovisual en formato tina. En David Poveda, Adela Franzé y María Isabel (pp.63-71). Buenos Aires: Edhasa CD/DVD. ISBN: 978-987-25192-0-9. Jociles (coord.), Etnografías de la infancia: discursos, prác- ticas y campos de acción. Madrid: Editorial La Catarata. Tamagno, L. (2009). Saberes, ética y política. La restitu- Red de Investigadores en Genocidio y Política Indíge- ción de restos humanos en el Museo de La Plata. En: na (2010). Del silencio al ruido en la Historia. Prácticas Tamagno, L. (1986). Una comunidad toba en el Gran Tamagno, L. (Org) Pueblos indígenas. Interculturalidad, genocidas y Pueblos Originarios en Argentina. III Se- Buenos Aires: su articulación social. Actas del II Con- colonialidad, política. Buenos Aires: Biblos. minario Internacional Políticas de la Memoria “Recor- greso Argentino de Antropología Social, Buenos Aires. dando a Walter Benjamin: Justicia, Historia y Verdad. Tamagno, L. (2010). Pensando la nación. Cuestión indí- Tamagno, L. (l991). La cuestión indígena en Argenti- gena, cuestión de clase y cuestión nacional”. En: Juan Escrituras de la Memoria”. Buenos Aires, 28, 29 y 30 na y los censores de la indianidad. América Indígena, de octubre de 2010. Centro Cultural de la Memoria Quintar y Carlos Gabetta (Compiladores) Pensar la LI(l):123/152. Nación. Conferencias del Bicentenario. Buenos Aires: Le Haroldo Conti. Tamagno, L. (1996). Legislación indígena, dificultades Monde Diplomatique y Centro Cultural de la Coope- Reid Cunningham, A. (2008) Rape as a Weapon of Geno- ración. para su reglamentación y aplicación: El caso de la Pcia. cide. Genocide Studies and Prevention International Jour- de Buenos Aires. En: Varesse, Stefano (comp.) Pueblos Trinchero, H. (2005). Estigmas del genocidio indígena en nal. 3 (3): 279-296. indios soberanía y globalismo. Quito: Abya Yala. el cuerpo del Estado-nación, Espacios (32): 33-38. Roa, L. O. de (1887). Exploración al interior de la Patagonia septentrional. Buenos Aires: Editorial de La Nación. Tamagno, L. (2001). ´Nam Qom Hueta’a Na Doqshi Lma’. Trouillot, M. R. (2003). Global Transformations. Anthropo- Los tobas en la casa del hombre blanco. Identidad, memoria logy and the Modern World. New York: Palgrave Mac- Roca, J. I. (2008). La construcción de la subjetividad in- y utopía”. La Plata: Editorial Al Margen. dígena en la disputa por las tierras de Emilio Mitre: millan. Ranqueles, agentes estatales, medios de comunicación Tamagno, L. (2002). La historia del genocidio o una his- Worsley, P. (1966). El tercer mundo. México DF: Siglo e intermediarios provinciales (1966-1972). III Jornadas toria de genocidios. Coloquio Historia y Memoria. Fa- XXI. 32 Corpus. Archivos virtuales de la alteridad americana, Vol. 1, N°2, 2do. semestre 2011, ISSN 1853-8037
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    Replica a Liliana Tamagno* Genocidio y políticas indigenistas: Debate sobre la potencia explicativa de una categoría polémica Corpus. Archivos virtuales de la alteridad americana. Vol. 1, N°2, julio-diciembre 2011 Carta al Editor El objetivo de este texto es retomar algunos ejes plan- poder existentes entre los grupos que se identifican como riales de existencia que tenemos que acercarnos, logran- teados en mis participaciones anteriores a la luz de las diferentes, apelando a ciertos diacríticos y definiéndose do verdades parciales (Schaff 1991) y no relativas; pues producciones que conforman la sección y de la intere- dialécticamente en la relación. Entiendo la política y el si no, caemos en el relativismo absoluto que tanto ha sante intervención final de Diana Lenton en su carácter poder en términos foucaultianos, comprendiendo el po- sido criticado en el contexto de la propia antropología. de coordinadora del debate. der como algo que está presente en todas las relaciones Para ello es necesario tratar de reconocer el mayor nú- Al referirse a los interrogantes por mí planteados sociales y derivando en última instancia de las condicio- mero de variables que actúan en los procesos analizados respecto de la tensión entre los términos “pueblos in- nes de producción en las que los individuos desarrollan y cotejar y poner a prueba una y otra vez las interpreta- dígenas” / “pueblos originarios” Lenton aclara que “la su existencia, superando así toda interpretación formal ciones que de esta tarea surjan. En tanto investigadores, disputa sobre los etnónimos es dura, sensible y en al- del poder limitado a lo jurídico y entendido desde la nos movemos en un campo de disputa y nos vincula- gunos casos crucial para la defensa de ciertas posicio- concepción negativa del “tú no debes”. Es en este sen- mos con procesos, por lo cual tenemos que tener bien nes”. Agrego que esto se debe a que los etnónimos son el tido que tengo la necesidad de señalar que lo que suce- en claro que las “cosas” no comienzan cuando nosotros producto del interjuego de poder, del poder entre quien de en el campo indígena en la actualidad no puede ser llegamos. Cuando utilizo el término dialéctico lo utilizo nomina y quien es nominado. Es en ese contexto que pensado solo en términos de diversidad cultural —lo en el sentido de advertir respecto de las limitaciones de me he permitido expresar mis inquietudes respecto de que conduciría a interpretaciones esencialistas— sino todo análisis dualista, algo que desarrollé en trabajos an- la revitalización del término “pueblos originarios” en el que tiene que ser pensado también, y de modo no exclu- teriores (Tamagno 2001) al trabajar sobre los planteos — sentido de que parece distraer del reconocimiento de la yente, en el marco de otro de los momentos particulares desde mi punto de vista— solo aparentemente enfrenta- relación entre etnicidad y desigualdad, entre etnicidad de acumulación de capital que caracterizan al modo de dos de Stefano Varese (1979 y Miguel Bartolomé (1979). y clase social, por lo que la advertencia se dirige más al producción capitalista (en el caso del Gran Chaco, la ex- Siguiendo este razonamiento, el lema “como indios nos contenido del término y su uso, que al término en sí mis- pansión sojera). dominaron, como indios nos liberaremos” no refiere, a mo. Sólo comprendiendo la variable desigualdad y por Ello conduce necesariamente a una explicitación sobre mi entender, a un esencialismo, ya que el término indio, lo tanto analizando la etnicidad en su articulación indi- el marco epistemológico con el cual desarrollo la tarea en tanto etnónimo descalificador y racista, fue el término soluble con la clase —en términos de Godelier y fuera investigativa y que es el materialista dialéctico. Materia- que se usó para justificar y legitimar la conquista y la de todo mecanicismo— se superarán los esencialismos, lista en el sentido de reconocer —en oposición al idealis- expropiación. dado que toda etnicidad es política pues es contrastiva y mo— que los objetos/sujetos de análisis existen mas allá Es por ello que entiendo que el debate teórico debe se gesta y reproduce en el contexto de las relaciones de de que sean pensados y que es a esas condiciones mate- tener como objetivo último la preocupación de encontrar *Laboratorio de Investigaciones en Antropología Social LIAS Corpus. Archivos virtuales de la alteridad americana, Vol. 2, N° 1, 1er semestre 2012, ISSN 1853-8037, URL: http://ppct.caicyt.gov.ar/index.php/corpus
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    herramientas conceptuales quenos permitan acercarnos racismo cuando la mera “portación de cara” hace sospe- Lo antedicho refuerza la idea planteada en la prime- cada vez más a la comprensión del objeto investigado, choso al individuo y cuando al pensar en la inseguridad ra versión de mi trabajo en este debate en el sentido de evitando quedar entrampados en un inútil preciosismo se piensa inmediatamente en robos y hurtos de las pro- la necesidad de pensar el genocidio en su relación con teórico. Es importante también que los análisis no se rea- piedades privadas de los sectores medios y acomodados el etnocidio y por lo tanto con el racismo, definido por licen sólo a partir de narrativas, pues estas no son sino y no se piensa que también hay inseguridad en la vida Eduardo Menéndez (1971) como la relación social im- expresiones válidas —pero expresiones al fin— que se de todos aquellos que viven en condiciones de carencia y puesta en el mundo a partir de la expansión colonial, hacen realidad en situaciones que deben comprender- que son cotidianamente objeto de vejámenes y presiones legitimadora de la gestación, desarrollo y consolidación se tanto en términos coyunturales como estructurales clientelares por parte de los poderosos. Y es aquí don- de las relaciones capitalistas de producción y los modos (Braudel 1969). Advierto al mismo tiempo que las condi- de la etnicidad y la clase se visualizan como claramente particulares de apropiación de la naturaleza y de explo- ciones estructurales no se transforman con el mero reco- articuladas; algo que no solo planteé desde mi primer tación humana que este conlleva. nocimiento y/o las buenas intenciones, ni solo con cuer- artículo producido sobre la cuestión indígena (Tamagno Hay racismo cuando la vida del otro no vale lo mis- pos legales de avanzada, sino con políticas de estado que 1986) sino que he continuado analizando a lo largo de mi mo que la nuestra, cuando nos conmueve la miseria del limiten fuertemente los intereses de los poderosos. De lo trayectoria de investigación. otro pero al mismo tiempo y contradictoriamente en- contrario continuará la posibilidad del genocidio, pues tendemos que tenemos derecho a disfrutar de nuestros las ansias de lucro y de acumulación del capital parecen Solo a modo de ejemplo y para confirmar la indiso- lubilidad de ambas categorías no excluyentes entre sí privilegios de clase y los defendemos toda vez que se ser infinitas, ya que ni tan siquiera las advertencias de ven amenazados por las demandas de quienes menos los foros internacionales —lease fundamentalmente Da- (Cardoso de Oliveira 1992), traigo a este debate el relato de un acontecimiento que conmocionó al Brasil. El 22 de tienen. Somos portadores de racismo por pertenecer a vos— producen efectos neutralizadores de las mismas. una sociedad dividida en clases, a una sociedad cuya En este sentido es que entiendo que en el mundo que abril de 1997 la prensa brasilera denunciaba que Galdino Jesús dos Santos, referente indígena que había llegado a estructura supone propiedad privada de los medios de estamos analizando, la superación del racismo vendrá producción y al mismo tiempo expropiación de los bie- de la mano de la transformación del modo de producción Brasilia junto con otros indígenas para demandar ante las autoridades, fue quemado vivo por jóvenes de fami- nes que deberían ser comunes y competencia y acumu- capitalista, de lo contrario reaparecerá y se reavivará en lación sin medida y sin importar los costos. Solo cuando cada momento de acumulación de capital y allí la antro- lias acomodadas que buscaban diversión luego de una noche de tragos y juerga, a la madrugada, mientras dor- el dolor del otro nos duela como nuestro propio dolor pología tendrá que atravesar “otros partos” en el sentido y se nos haga realmente intolerable la desigualdad y la de Godelier y otros ajustes conceptuales serán necesarios. mía en una parada de ómnibus. El legista Fabio Conder Comparato que estaba participando de un Seminario explotación, iremos más allá de producir narrativas más En última instancia el objetivo final de toda produc- sobre Derechos Humanos, cuando fue entrevistado dijo o menos criticas y prácticas más o menos impugnadoras ción de conocimiento debe ser la gestación de un marco que el crimen de Brasilia era “un síntoma alarmante del de las condiciones de existencia que criticamos. referencial que vaya en el sentido de desentrañar el ma- desprecio que una parte de la sociedad brasilera mani- El racismo fue el ideario justificador del genocidio so- yor numero de variables presentes en las situaciones que fiesta en relación a los pobres… la explicación que los bre el cual se fundó la república y el que aún continúa nos preocupan —en este caso la violencia estatal contra jóvenes dieron es reveladora, no sabían que se trataba respecto de los pueblos preexistentes, de los sectores los sectores populares— contribuyendo así a la posibili- de un indio… en la cabeza de ellos un mendigo no es campesino-indígenas y de los sectores populares. El ge- dad de su transformación. Y digo “sectores populares” un ser humano… a esto ha contribuido no solo el am- nocidio de los años 70 también está siendo pensado en —aun reconociendo la vaguedad del término—, pues si biente general de violencia y desprecio por la miseria…. términos de los intereses de quienes organizaron la repre- bien nos estamos refiriendo específicamente en este de- sino también una política económica liberal que rechaza sión y el crimen institucionalizado, ya que fue necesario bate a la cuestión indígena, la violencia estatal se expre- el principio fundamental de la solidaridad y cuyo único matar, destruir, robar bienes y niños, torturar y desapa- sa también en la criminalización de la pobreza, ya que interés es mantener una estabilidad monetaria y una re- recer para aleccionar así a toda la sociedad respecto de estos procedimientos acusan una cuota significativa de gularidad de las finanzas públicas”. lo que podría pasarle si se oponía al avance de un nuevo 2 Corpus. Archivos virtuales de la alteridad americana, Vol. 2, N° 1, 1er semestre 2012, ISSN 1853-8037
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    momento de acumulaciónde capital que implicaba en- mo dependiente, producto de las relaciones coloniales y violencia y el racismo con que los modelos hegemónicos trega de los recursos naturales y extranjerización de los neocoloniales. se impusieron y pretenden imponerse y esto se vincula bienes del Estado. Allí estuvo también presente —pen- con algo que ya he planteado en trabajos anteriores res- sando en términos estructurales— la cuestión de clase. Estas afirmaciones van a merecer de parte de algunos pecto de la importancia de no reducirlos a su sola con- Así la denuncia del horror, si bien necesaria, no es sufi- la crítica de haberme “quedado en los 60” o tal vez “en el dición de víctimas, pues ese reduccionismo conlleva la ciente, no es solo cuestión de “tomar conciencia”, pues 45”, pero esta es mi posición generada en un sinnúmero negación de toda posibilidad de transformar, desde su no es solo transformando el ideario o la narrativa que lo de lecturas tanto académicas como políticas —si es que lugar en la sociedad —y subordinaciones y clientelismos expresa que se transformará la desigualdad que atravie- se pueden distinguir—, en el análisis y participación en mediantes— el futuro de la misma. sa nuestra sociedad —finalmente de eso se trata—. Lo las luchas de los años 60 y 70 y en el análisis propio de la que debe transformarse son las condiciones materiales tarea de investigación de la cual se desprende este tex- to. Todo ello reconociendo estar inmersa en un mundo Referencias bibliográficas: de existencia y el modo de producción que la genera. signado por el capitalismo y experimentado desde una Bartolomé, M. (1979). Conciencia étnica y autogestión Quiero aclarar que cuando me refiero a pensar en tér- cierta condición de clase y desde diferentes posiciones indígena. En Indianidad y descolonización en América La- minos de clases sociales, y porque el análisis que pro- de clase según los consecuentes exilios internos y exter- tina. Documento de la Segunda Reunión de Barbados. Mé- pongo no se agota de ninguna manera en las narrativas, nos experimentados entre 1975 y 1984. xico: Editorial Nueva Imagen. lo hago independientemente de que los sujetos o colec- tivos en los que estoy pensando utilicen la categoría cla- Braudel, F. (1969). La larga duración. En La historia y las Finalmente no acuerdo con el planteo de Escolar en se social o se reconozca como clase; ya que en el caso Ciencias Sociales. Madrid: Alianza. el debate a que hago referencia, cuando la capacidad de de la gente indígena con la que he trabajado y trabajo, agencia de las victimas le hace suponer que no hubo ge- Cardoso de Oliveira, R. (1992). Etnicidad y estructura so- ha sido la categoría “pobres” la utilizada por ellos. Al nocidio. Racismo, genocidio y capacidad de agencia no cial. México: CEP mismo tiempo el hecho de que en la década de 1970 no son excluyentes y es por eso que nos encontramos con Menéndez, E. (1971). Racismo, colonialismo y violencia fuera unánime el reconocimiento de la “cuestión de cla- un movimiento indígena —a nivel nacional e internacio- científica. Revista Transformaciones 47. Buenos Aires: se” y que hubiera un importante sector de la militancia nal— que más allá de las debilidades, tensiones y con- Centro Editor de América Latina que analizaba la coyuntura solo en términos de “cues- tradicciones que lo atraviesan se ha convertido en una Schaff, A. (1992). Historia y verdad. México: Editorial Gri- tión nacional” y de colonialismo, no invalida de ninguna impugnación clara a los avances del capital y por eso es jalbo. manera analizar dicha coyuntura en términos de clase controlado y reprimido ferozmente. Sus referentes acep- en el sentido marxista, reconociendo una sociedad divi- tan, negocian, incorporan y hasta parecieran dejarse Tamagno, L. (1991). La cuestión indígena en Argentina y dida entre los que detentan la propiedad de los medios cooptar por el poderoso, en juegos que son el produc- los censores de la indianidad. América Indígena. LI (1) de producción y se arrogan el derecho de expropiar y los to de procesos complejos de aceptación/rechazo de los 123-152. que sufriendo la imposición de los mecanismos de apro- modelos impuestos o de los que se pretenden imponer, Varese, E. (1979). ¿Estrategia étnica o estrategia de clase? piación/expropiación tienen solo para vender su fuerza algo que ya afirmamos hace más de 20 años (Tamagno En Indianidad y descolonización en América Latina. Docu- material de trabajo o sus capacidades intelectuales; así 1991) intentando superar cualquier análisis dualista. La mento de la Segunda Reunión de Barbados. México: Edito- como también analizarla en términos de un capitalis- capacidad de agencia no excluye el reconocimiento de la rial Nueva Imagen. 3 Corpus. Archivos virtuales de la alteridad americana, Vol. 2, N° 1, 1er semestre 2012, ISSN 1853-8037