El derecho comparado surge en el siglo XIX, abordando la comparación de leyes entre naciones tras la caída del derecho universal. Su objetivo es identificar similitudes y diferencias entre sistemas jurídicos, lo que permite un mejor entendimiento de las legislaciones nacionales y su evolución. Además, esta disciplina se relaciona con otras áreas del derecho, como el derecho internacional privado y público, contribuyendo a un análisis más profundo del marco jurídico global.