Nos aproximamos a la mitad de nuestra jornada hacia la cruz. Sin embargo, en este punto Jesús ya había transitado más del 99% de su camino en la tierra. Mientras se
acercaba al final de su jornada, ¿qué supone usted que estaba pensando? ¿Estaría recordando todo lo que había sucedido? ¿Pensando en todas las vidas que había tocado?
¿O estaría mirando hacia adelante, en lo que venía?
Años atrás, cuando nuestros cinco hijos tenías entre seis y dieciséis años, nuestra familia se embarcó en un viaje de treinta días por todo el país. Colocamos una carpa en
nuestra vieja camioneta y nos fuimos.
El viaje estuvo lleno de visitas a familiares y amigos, parques nacionales, montañas, la playa, desiertos y mucho más. Puedo recordar lo que se empezó a escuchar una vez
que ya íbamos en la mitad de nuestro viaje. Aunque habíamos disfrutado cada minuto del viaje, nuestras conversaciones eran sobre lo que venía. Sí, había un mañana luego
del viaje, que sería divertido e intenso.
A medida que Jesús se acercaba a Jerusalén, Él también miraba hacia el futuro. Aunque la parte más difícil de su jornada todavía estaba delante de Él, miraba más allá de la
cruz cuando sus discípulos, usted y yo, seríamos los que llevaríamos a cabo su ministerio. También dijo que haríamos cosas más grandes de las que había hecho Él, “aquel
que confía en mi no solo hará lo que yo estoy haciendo, sino cosas mucho más grandes, porque voy camino al Padre, y estoy encomendándoles a hacer la misma tarea que
estoy haciendo yo” (El Mensaje).
A simple vista puede uno pensar que Jesús estaba siendo un poco ingenuo, no se refería solo a sus discípulos; hablaba de usted y de mi. Sí, miraba hacia adelante casi dos
mil años pensando en usted que lee estos devocionales en el 2018. Haga una pausa y responda la pregunta: ¿Qué he hecho yo en el nombre de Jesús este año? Luego
considere una segunda pregunta, ¿qué he hecho yo que ha sido mayor de lo que Jesús hizo?
Solo usted puede responder estas preguntas.
Este era el sueño de Jesús. Este era el plan de Jesús. Ahora, yendo más allá del domingo de resurrección; está usted invitado a elegir un día o una semana cualquiera dentro
de los próximos seis meses. Ponga ese día en oración. Pregúntele a Jesús qué cosa mayor Él quisiera que usted haga. Luego determine qué parte del trabajo de Jesús usted
hará por Él ese día o en esa semana.
Oración: Señor, dame ojos para ver qué necesito hacer. Amén.
Preguntas:
¿Qué ha hecho por Jesús hasta ahora?
Haga un pacto de empezar a orar ahora para que Jesús le guíe a hacer algo y le dé el poder para hacerlo.
Cierre sus ojos por unos segundos. Imagínese que está parado detrás de la central telefónica en el cielo. Dios está contestando una llamada. Escuchemos…
Persona que llama: “Hola, Dios. No puedo dormir esta noche”.
Dios: “¿Por qué? Te fuiste a la cama cansado”.
Persona que llama: “Sí, pensé que estaba lo suficientemente cansado para dormirme, pero no puedo. Sigo viendo los rostros que vi hoy y no los puedo olvidar”.
Dios: “Cuéntame sobre eso”.
Persona que llama: “Primero, le prometí a mi vecino que iría al asilo por él a entregarle un paquete a su anciana madre. Una enfermera me llevó a su
habitación. Había ancianos por todos lados. Algunos me querían tocar, otros decían cosas sin sentido, otros gritaban, uno maldecía”.
Dios: “¿Y eso te molestó?”
Persona que llama: “Sí, porque normalmente no voy a lugares como ese. Parecía tan vieja, su rostro tan arrugado, no podía ni siquiera hablar. Le entregué el
paquete y luego ella se acercó a tocarme, pero yo no quería tocar a alguien así. Y sus ojos… nunca olvidaré sus ojos. Sencillamente salí corriendo”.
Dios: “¿Qué más sucedió?”
Persona que llama: “Tuve que correr a la tienda de la esquina a comprar un par de cosas. Entonces, justo en la puerta, había un hombre con la cara sucia, sin
afeitar, con la nariz congestionada, manos sucias y estaba temblando. Parecía hambriento y estaba tan sucio…”
Dios: “¿Es por eso que lo recuerdas?”
Persona que llama: “Cuando entraba a la tienda él empezó a decir algo y yo ya sabía que iba a pedirme dinero. Sabes, yo no le doy dinero a gente así. Yo doy
dinero a mi iglesia, pero no a gente sucia”.
Dios: “¿Te pidió dinero?”
Persona que llama: “Ni siquiera le di la oportunidad. Pero cuando pasé al lado de él, me miró a los ojos como si fuese a decirme que sabía lo que yo estaba
sintiendo dentro de mí”.
Dios: “¡Vaya día que has tenido! ¿Sucedió algo más?”
Persona que llama: “Camino a mi casa, mientras pasaba por un hogar de gente discapacitada, un chico se atravesó en el camino tratando de recoger una
pelota y tuve que frenar de golpe. El niño se cayó, peor no lo atropellé”.
Dios: “De seguro que te asustaste”.
Persona que llama: “Me puse muy nervioso. Salí del vehículo y le pregunté si estaba herido. Solo me miró y era obvio que tenía una discapacidad.
Murmuró algunas palabras, se sujetó a mis brazos y me agarró las manos señalando la pelota y que quería que jugara con él”.
Dios: “¿Y lo hiciste?”
Persona que llama: “Pero… ¿cómo, Dios? Debes estar bromeando. Aún así la mirada en su rostro al momento que arrancaba el vehículo todavía me
persigue. Parecía tan desilusionado… ¿Por qué tenía que sucederme esto hoy?”
Dios: “Te lo diré. Yo era aquella anciana en el asilo que quería tocarte. Yo era aquel sucio vagabundo. Yo era el niño que quería jugar a la pelota contigo”.
Oración: Señor, muéstrame cómo puedo hacer lo que harías Tú, si estuvieras en mi lugar. Amén.
Preguntas:
¿Cuándo has hecho tú algo a uno de estos “pequeños”?
¿Qué sentimientos afloran en usted al leer los versículos de hoy?
Todo lo que Jesús les dijo a los judíos en sus audiencias encajaba en un contexto histórico. La mayoría de los judíos conocía su historia. La culminación de toda
su historia sería el momento en que el Mesías llegara para “hacer las cosas como eran antes”.
¿En qué pensaban?
En la historia judía había dos ejes: el éxodo de Egipto y en exilio en Babilonia. El éxodo es la historia que da un giro de ser esclavos un día, hasta ser un pueblo
libre el próximo. Dios libertó a su pueblo de la esclavitud de Egipto alrededor de mil doscientos años antes de Cristo. Era una historia de libertad. Era una
historia de un Dios mucho más grande que la de los dioses de Egipto. Era un tiempo de cantar, danzar y contar historias para las generaciones por venir.
Luego vino el exilio. Era una historia de juicio acompañada de un intenso sufrimiento. Los judíos fueron llevados al exilio en el 587 a.C. Fue un tiempo de
devastación y lamento. Fue una experiencia terrible.
Obviamente, cuando Jesús llegó a escena, los judíos estaban históricamente más cerca de la experiencia del exilio que del éxodo. La caída de Jerusalén se
narra en los libros de 2° Reyes 25 y Jeremías 52. Lo que les sucedió en el exilio era repulsivo. La pérdida fue total. El canibalismo y el sacrilegio eran horrores
gemelos que acechaban las calles de Jerusalén. Muertes de niños inocentes, sacerdotes asesinados a plena luz del día desafiando a Dios para que interviniera.
Cautividad, el pueblo judío sufrió inmensamente. Poca esperanza se veía venir. Aun cuando regresaron, y con el retorno de alguna semblanza de sanidad y
religión en su propio templo, sus esperanzas se desvanecieron una vez más con la llegada de las legiones romanas. Ahora vivían en su propia tierra, pero
estaban cautivos como cuando estaban en Babilonia.
Fue en este tiempo que Jesús vino. ¿Sería Él quien trajera la libertad que una vez conocieron con el éxodo de Egipto? ¿Pondría fin a sus sufrimientos en manos
de Roma y de los sacerdotes del templo? ¿Qué opina usted de lo que realmente pensaron ellos cuando llegó a Jerusalén en un pollino? ¿Cree usted que
estaban listos para un Dios que vino no a terminar su sufrimiento, sino a unirse al de ellos y acompañarlos? ¿Qué habría pensando usted si hubiera sido un
judío cuando Jesús vino?
Oración: Señor, gracias por sufrir por nosotros y con nosotros. Amén.
Preguntas:
¿Qué más pudo haber hecho Jesús para encontrar su razón de venir?
Describe el amor de Dios por el pueblo judío.
Cuando nuestra nieta tenía 4 años, una vez se preparaba para salir y antes de irse me entregó su muñeca favorita. Me dijo “quiero que la cuides”. Mientras yo
sostenía la muñeca, ella insistió “quiero que me la entregues en las mismas condiciones en que te la entrego a ti”. Esa era toda una tarea para un hombre que
nunca en su vida había tenido una muñeca y que no podía coser ni un trocito de tela. La muñeca tenía un ojo golpeado, su ropa era un desastre y no tenía ni
calzones ni zapatos.
Pensé que podía devolvérsela en mejores condiciones. Cuando mi nieta me entregó su muñeca me convertí en el ministro de muñecas, comisionado para
cuidarla.
De eso se trata la parábola de los talentos.
En la época de Jesús, un talento valía más que el salario de quince años de un obrero. Para el obrero promedio eso es un tercio del trabajo de su vida. Compare
lo que gana usted en el año, multiplique la cifra por 15 y tendrá una idea de lo que Jesús quería decir. No importa de qué economía se trate, un talento era y es
una gran responsabilidad; un reto inmenso y una oportunidad increíble, dependiendo de lo que hiciera usted con él.
Sin embargo, el significado de esta parábola no se centra en la cantidad de dinero. La pregunta básica para todos nosotros es “¿qué estamos haciendo con los
talentos que Dios nos ha encomendado?”
Así como mi nieta me encomendó su muñeca, Dios nos ha encomendado muchas cosas a cada uno de nosotros. Por ejemplo, cada uno de nosotros tiene tantos
años para gastar. Dios nos ha encomendado cada año. Necesitamos preguntarnos qué hacemos con nuestro tiempo.
Cada uno de nosotros tiene dones para ser utilizados en el acercamiento del Reino de Dios. ¿Cómo estamos administrando estos dones?
La Escritura claramente nos enseña que no poseemos nada. Todo lo que somos, todo lo que tenemos y toda relación nos es encomendada por Dios. Sea que
tenga 5, 2 o un talento. Jesús definirá nuestra mayordomía según lo que estamos haciendo con lo que nos ha sido encomendado. Tome un momento y califique
cómo está su mayordomía de todo aquello que Dios le ha encomendado.
¿Qué diría Jesús acerca de lo que usted ha hecho?
Oración: Señor, ayúdame a ser, en la medida de lo posible, el mejor mayordomo de todo lo que me has encomendado. Amén.
Preguntas:
Póngase usted mismo una calificación en su grado de mayordomía de todos los dones que Dios le ha encomendado.
¿Le daría Dios esa misma calificación?
¿Cuándo fue la ultima vez que usted o su iglesia fueron e invitaron a las personas a venir y disfrutar de un banquete en su iglesia?
En la versión “El Mensaje” dice así: “A quien quiera que encuentren, tráiganlo a rastras. Quiero que mi casa esté llena”.
En una escala de 1 a 10 evalúe en cuanto a su disponibilidad y la de su iglesia a arrastras hacia adentro personas que no han tenido un “banquete” en su casa.
Una iglesia bautista en la ciudad de Cleveland hace un tiempo inició un esfuerzo para alcanzar a adolescentes en riesgo de su vecindario. Algunos eran jóvenes
olvidados, otros habían sufrido abuso sexual; todos luchaban por restaurar su propio valor. Estos adolescentes con problemas van a la iglesia bautista luego de la
escuela. ¿Cuál es su necesidad? Necesitan un espacio seguro donde puedan relajarse, saber que alguien cuida de ellos, conseguir alguna ayuda como así también
asistencia médica; y por sobre todo, tener un lugar en el cual se sientan como en su casa.
Por recomendación de consejeros escolares, y con permiso de los padres, cerca de veinte adolescentes (es todo lo que pueden manejar) van cada día a la iglesia.
El director de este programa post escolar es el Sr. Jae, como le llaman los jóvenes. Mediante una donación considerable hecha por un antiguo pastor en memoria
de su madre, que era profesora, la iglesia renovó en su totalidad el espacio que anteriormente era usado como el departamento de música para convertirlo en un
salón de recreación, centro de cómputos y un salón de estudios.
El Sr. Jae, junto a otros miembros adultos de la iglesia, proporcionan una dosis constante de cuidado y tutoría, las vidas de estos jóvenes están siendo cambiada.
“El cambio que hemos experimentado es claro y sabemos que el camino no es fácil. Pero estamos trabajando arduamente para animar y ayudar a adolescentes a
encontrar el respeto y la calidez que tan desesperadamente necesitan; lo cual mucho de ellos no están recibiendo en sus vidas”, expresa el Sr. Jae.
¿Está funcionando? En una ocasión, debido al frío y a la mucha nieve acumulada hubo un corte de electricidad. Por tal motivo, el Sr. Jae notificó a la escuela que
la iglesia no recogería a los jóvenes ese día. Por razones desconocidas, los jóvenes no se enteraron de la suspensión, entonces todo el grupo se presentó de
forma independiente, caminando cuatro kilómetros bajo el frío y las grandes acumulaciones de nieve. ¡Solo para no perderse el banquete ofrecido por Jesús!
Oración: Señor, gracias por aquellos que se interesan en ayudar a aquellos de quienes Tú tienes cuidado. Amén.
Preguntas:
¿Qué estas haciendo para ir e invitar a que otros entren?
A través de su jornada, ¿arrastró a alguien hasta la mesa de Jesús?
¿Por qué Jesús les dijo una vez más que debían amarse los unos a los otros, así como Él los había amado? ¿Acaso estaban teniendo los discípulos
algunos problemas para relacionarse entre ellos? ¿O acaso necesitaban escuchar una vez más solo cuánto los amaba Él? ¿Cuán a menuda necesita
usted escuchar que Dios le ama a pesar de todo lo que usted sabe acerca de sí mismo? ¿Le ama Jesús a usted en esos días llamados “malos”? ¿Le ama
Jesús en el momento que usted hace algo sabiendo que está considerado como pecado? Cuando no le va bien, ¿le ama Jesús? Cuando todo va mal y
sus nervios están crispados, ¿le ama Jesús aún en esos momentos?
En una ocasión tuve la oportunidad de dirigir unos talleres de oración en grupos pequeños. En cierto momento del día, cada persona se iba a orar de
manera personal por una ora en la forma en que esa persona eligiese. Recuero perfectamente una tarde en particular, en un lugar bien remoto,
cuando las cosas no iban nada bien y habían surgido algunos problemas repentinos apareciendo presiones, y nada parecía ir bien; aún yo mismo
pensé si acaso podría orar. Y si lo hacía, qué diferencia haría.
Me dirigí a un lugar en donde había salones pequeños. El salón en el que entré era el utilizado por niños. No había sillas grandes, así que tuve que
sentarme en una silla pequeña para orar. Había poca luz en el salón, y pensé que eso era bueno. Era de la forma que me sentía.
Permanecí sentado mientras mis ojos se ajustaban a la poca luz. No tenía deseos de orar y me sentó culpable por ello. Eso lo hizo aún peor. A medida
que mis ojos se ajustaban a la luz vi una foto en la pared más lejana que captó mi atención porque vi la cabeza de un cachorrito. Me levanté del
asiento y fui a mirar de cerca. En la foto aparecía un cachorrito de lo más gracioso dentro de un cesto de ropa. Su cabeza sobresalía por el borde del
cesto con la lengua afuera, mostrando el esfuerzo que hacía por salir, ya que estaba atrapado. En la parte inferior de la fotografía, una maestra había
escrito a mano las siguientes palabras: “Jesús te ama tal como eres”. Y así de rápido pude recordar las mejores buenas noticias: Sí, Jesús me ama, aún
en esos días.
Oración: Señor, gracias por amarme de la forma en que soy; aún en mis días malos. Amén.
Preguntas:
¿Cómo puede Jesús amarnos aún cuando estamos en nuestro peor momento?
¿Qué piensa usted sobre el hecho de amar a Jesús mientras pasamos el peor de nuestros momentos, o en días malos?
Lucas dibuja todo un cuadro: Jesús rodeado por los tipos malos. Y los llamados “tipos malos” están afuera mirando, haciendo puchero y quejándose.
Después de todo, ¿no sabemos que Dios favorece a los buenos y rechaza y castiga a los malos?
Jesús decidió ir a la ofensiva.
En Lucas 15 encontrará el único lugar en los evangelios en donde Jesús usa tres parábolas, no solo una, para demostrar su idea principal. Quizás usó tres
debido a la densidad de sus críticos, los líderes del templo. Puede que quisiera que los pecadores que estaban más cercanos a Él escucharan las Buenas
Nuevas de esperanza, tres veces seguidas.
¿Es, acaso, que Jesús usó tres parábolas para asegurarse de que todo el mundo entendiese lo que es importante para Dios?
Hay una oveja perdida, una moneda perdida, un hijo pródigo y un hijo perdido que quedó en casa. Las ovejas tienen la tendencia a extraviarse para suplir
sus necesidades de forma más plena. A la moneda obviamente le había sucedido algo, quizás por accidente o negligencia. El hijo pródigo se perdió en su
propio deseo de vivir la buena vida por medio de los estándares dele mundo. Quería tener el control, quiso hacerlo a su manera. El caso del hijo que quedó
en casa es, quizás, más trágico porque estaba perdido y no lo sabía. No estaba consciente de su perdición; nunca dejó la casa, nunca rompió las reglas, sin
embargo, no entendía el regalo de amor incondicional de su padre.
Imaginémonos que Jesús, en persona, ha regresado a visitar su comunidad. ¿A dónde iría primero? ¿Visitaría su iglesia? ¿O quizás alguna cercana a la suya?
¿Visitaría aquella mega iglesia fuera de la ciudad o aquella pequeña iglesia que está lista para cerrar sus puertas?
La respuesta es “ninguna de las anteriores”.
Basado en Lucas 15, encontraría a Jesús en el antro de la esquina, en el bar, de seguro en la cárcel; ni pensar si un grupo de adolescentes estaría tomando
cervezas y drogas en una esquina. Pondría sus manos en el hombro del borracho del barrio, y hablaría con él. Hablaría con la prostituta que está haciendo
su negocio nen la esquina. El amor de Dios es incondicional, es desmesurado e irracional. Dios ama a quienes no aman a Dios, aunque nosotros no lo
hagamos. Con Dios no hay otra forma.
Oración: Señor, ayúdanos a aprender a amar a aquellos que no son amados, como lo haces Tú. Amén.
Preguntas:
En su círculo de vida, ¿a quién ama usted de manera incondicional?
¿Cuándo tocará la vida de alguien que no sabe que Dios le ama?

Devocional Semana 4

  • 1.
    Nos aproximamos ala mitad de nuestra jornada hacia la cruz. Sin embargo, en este punto Jesús ya había transitado más del 99% de su camino en la tierra. Mientras se acercaba al final de su jornada, ¿qué supone usted que estaba pensando? ¿Estaría recordando todo lo que había sucedido? ¿Pensando en todas las vidas que había tocado? ¿O estaría mirando hacia adelante, en lo que venía? Años atrás, cuando nuestros cinco hijos tenías entre seis y dieciséis años, nuestra familia se embarcó en un viaje de treinta días por todo el país. Colocamos una carpa en nuestra vieja camioneta y nos fuimos. El viaje estuvo lleno de visitas a familiares y amigos, parques nacionales, montañas, la playa, desiertos y mucho más. Puedo recordar lo que se empezó a escuchar una vez que ya íbamos en la mitad de nuestro viaje. Aunque habíamos disfrutado cada minuto del viaje, nuestras conversaciones eran sobre lo que venía. Sí, había un mañana luego del viaje, que sería divertido e intenso. A medida que Jesús se acercaba a Jerusalén, Él también miraba hacia el futuro. Aunque la parte más difícil de su jornada todavía estaba delante de Él, miraba más allá de la cruz cuando sus discípulos, usted y yo, seríamos los que llevaríamos a cabo su ministerio. También dijo que haríamos cosas más grandes de las que había hecho Él, “aquel que confía en mi no solo hará lo que yo estoy haciendo, sino cosas mucho más grandes, porque voy camino al Padre, y estoy encomendándoles a hacer la misma tarea que estoy haciendo yo” (El Mensaje). A simple vista puede uno pensar que Jesús estaba siendo un poco ingenuo, no se refería solo a sus discípulos; hablaba de usted y de mi. Sí, miraba hacia adelante casi dos mil años pensando en usted que lee estos devocionales en el 2018. Haga una pausa y responda la pregunta: ¿Qué he hecho yo en el nombre de Jesús este año? Luego considere una segunda pregunta, ¿qué he hecho yo que ha sido mayor de lo que Jesús hizo? Solo usted puede responder estas preguntas. Este era el sueño de Jesús. Este era el plan de Jesús. Ahora, yendo más allá del domingo de resurrección; está usted invitado a elegir un día o una semana cualquiera dentro de los próximos seis meses. Ponga ese día en oración. Pregúntele a Jesús qué cosa mayor Él quisiera que usted haga. Luego determine qué parte del trabajo de Jesús usted hará por Él ese día o en esa semana. Oración: Señor, dame ojos para ver qué necesito hacer. Amén. Preguntas: ¿Qué ha hecho por Jesús hasta ahora? Haga un pacto de empezar a orar ahora para que Jesús le guíe a hacer algo y le dé el poder para hacerlo.
  • 2.
    Cierre sus ojospor unos segundos. Imagínese que está parado detrás de la central telefónica en el cielo. Dios está contestando una llamada. Escuchemos… Persona que llama: “Hola, Dios. No puedo dormir esta noche”. Dios: “¿Por qué? Te fuiste a la cama cansado”. Persona que llama: “Sí, pensé que estaba lo suficientemente cansado para dormirme, pero no puedo. Sigo viendo los rostros que vi hoy y no los puedo olvidar”. Dios: “Cuéntame sobre eso”. Persona que llama: “Primero, le prometí a mi vecino que iría al asilo por él a entregarle un paquete a su anciana madre. Una enfermera me llevó a su habitación. Había ancianos por todos lados. Algunos me querían tocar, otros decían cosas sin sentido, otros gritaban, uno maldecía”. Dios: “¿Y eso te molestó?” Persona que llama: “Sí, porque normalmente no voy a lugares como ese. Parecía tan vieja, su rostro tan arrugado, no podía ni siquiera hablar. Le entregué el paquete y luego ella se acercó a tocarme, pero yo no quería tocar a alguien así. Y sus ojos… nunca olvidaré sus ojos. Sencillamente salí corriendo”. Dios: “¿Qué más sucedió?” Persona que llama: “Tuve que correr a la tienda de la esquina a comprar un par de cosas. Entonces, justo en la puerta, había un hombre con la cara sucia, sin afeitar, con la nariz congestionada, manos sucias y estaba temblando. Parecía hambriento y estaba tan sucio…” Dios: “¿Es por eso que lo recuerdas?” Persona que llama: “Cuando entraba a la tienda él empezó a decir algo y yo ya sabía que iba a pedirme dinero. Sabes, yo no le doy dinero a gente así. Yo doy dinero a mi iglesia, pero no a gente sucia”. Dios: “¿Te pidió dinero?” Persona que llama: “Ni siquiera le di la oportunidad. Pero cuando pasé al lado de él, me miró a los ojos como si fuese a decirme que sabía lo que yo estaba sintiendo dentro de mí”. Dios: “¡Vaya día que has tenido! ¿Sucedió algo más?”
  • 3.
    Persona que llama:“Camino a mi casa, mientras pasaba por un hogar de gente discapacitada, un chico se atravesó en el camino tratando de recoger una pelota y tuve que frenar de golpe. El niño se cayó, peor no lo atropellé”. Dios: “De seguro que te asustaste”. Persona que llama: “Me puse muy nervioso. Salí del vehículo y le pregunté si estaba herido. Solo me miró y era obvio que tenía una discapacidad. Murmuró algunas palabras, se sujetó a mis brazos y me agarró las manos señalando la pelota y que quería que jugara con él”. Dios: “¿Y lo hiciste?” Persona que llama: “Pero… ¿cómo, Dios? Debes estar bromeando. Aún así la mirada en su rostro al momento que arrancaba el vehículo todavía me persigue. Parecía tan desilusionado… ¿Por qué tenía que sucederme esto hoy?” Dios: “Te lo diré. Yo era aquella anciana en el asilo que quería tocarte. Yo era aquel sucio vagabundo. Yo era el niño que quería jugar a la pelota contigo”. Oración: Señor, muéstrame cómo puedo hacer lo que harías Tú, si estuvieras en mi lugar. Amén. Preguntas: ¿Cuándo has hecho tú algo a uno de estos “pequeños”? ¿Qué sentimientos afloran en usted al leer los versículos de hoy?
  • 4.
    Todo lo queJesús les dijo a los judíos en sus audiencias encajaba en un contexto histórico. La mayoría de los judíos conocía su historia. La culminación de toda su historia sería el momento en que el Mesías llegara para “hacer las cosas como eran antes”. ¿En qué pensaban? En la historia judía había dos ejes: el éxodo de Egipto y en exilio en Babilonia. El éxodo es la historia que da un giro de ser esclavos un día, hasta ser un pueblo libre el próximo. Dios libertó a su pueblo de la esclavitud de Egipto alrededor de mil doscientos años antes de Cristo. Era una historia de libertad. Era una historia de un Dios mucho más grande que la de los dioses de Egipto. Era un tiempo de cantar, danzar y contar historias para las generaciones por venir. Luego vino el exilio. Era una historia de juicio acompañada de un intenso sufrimiento. Los judíos fueron llevados al exilio en el 587 a.C. Fue un tiempo de devastación y lamento. Fue una experiencia terrible. Obviamente, cuando Jesús llegó a escena, los judíos estaban históricamente más cerca de la experiencia del exilio que del éxodo. La caída de Jerusalén se narra en los libros de 2° Reyes 25 y Jeremías 52. Lo que les sucedió en el exilio era repulsivo. La pérdida fue total. El canibalismo y el sacrilegio eran horrores gemelos que acechaban las calles de Jerusalén. Muertes de niños inocentes, sacerdotes asesinados a plena luz del día desafiando a Dios para que interviniera. Cautividad, el pueblo judío sufrió inmensamente. Poca esperanza se veía venir. Aun cuando regresaron, y con el retorno de alguna semblanza de sanidad y religión en su propio templo, sus esperanzas se desvanecieron una vez más con la llegada de las legiones romanas. Ahora vivían en su propia tierra, pero estaban cautivos como cuando estaban en Babilonia. Fue en este tiempo que Jesús vino. ¿Sería Él quien trajera la libertad que una vez conocieron con el éxodo de Egipto? ¿Pondría fin a sus sufrimientos en manos de Roma y de los sacerdotes del templo? ¿Qué opina usted de lo que realmente pensaron ellos cuando llegó a Jerusalén en un pollino? ¿Cree usted que estaban listos para un Dios que vino no a terminar su sufrimiento, sino a unirse al de ellos y acompañarlos? ¿Qué habría pensando usted si hubiera sido un judío cuando Jesús vino? Oración: Señor, gracias por sufrir por nosotros y con nosotros. Amén. Preguntas: ¿Qué más pudo haber hecho Jesús para encontrar su razón de venir? Describe el amor de Dios por el pueblo judío.
  • 5.
    Cuando nuestra nietatenía 4 años, una vez se preparaba para salir y antes de irse me entregó su muñeca favorita. Me dijo “quiero que la cuides”. Mientras yo sostenía la muñeca, ella insistió “quiero que me la entregues en las mismas condiciones en que te la entrego a ti”. Esa era toda una tarea para un hombre que nunca en su vida había tenido una muñeca y que no podía coser ni un trocito de tela. La muñeca tenía un ojo golpeado, su ropa era un desastre y no tenía ni calzones ni zapatos. Pensé que podía devolvérsela en mejores condiciones. Cuando mi nieta me entregó su muñeca me convertí en el ministro de muñecas, comisionado para cuidarla. De eso se trata la parábola de los talentos. En la época de Jesús, un talento valía más que el salario de quince años de un obrero. Para el obrero promedio eso es un tercio del trabajo de su vida. Compare lo que gana usted en el año, multiplique la cifra por 15 y tendrá una idea de lo que Jesús quería decir. No importa de qué economía se trate, un talento era y es una gran responsabilidad; un reto inmenso y una oportunidad increíble, dependiendo de lo que hiciera usted con él. Sin embargo, el significado de esta parábola no se centra en la cantidad de dinero. La pregunta básica para todos nosotros es “¿qué estamos haciendo con los talentos que Dios nos ha encomendado?” Así como mi nieta me encomendó su muñeca, Dios nos ha encomendado muchas cosas a cada uno de nosotros. Por ejemplo, cada uno de nosotros tiene tantos años para gastar. Dios nos ha encomendado cada año. Necesitamos preguntarnos qué hacemos con nuestro tiempo. Cada uno de nosotros tiene dones para ser utilizados en el acercamiento del Reino de Dios. ¿Cómo estamos administrando estos dones? La Escritura claramente nos enseña que no poseemos nada. Todo lo que somos, todo lo que tenemos y toda relación nos es encomendada por Dios. Sea que tenga 5, 2 o un talento. Jesús definirá nuestra mayordomía según lo que estamos haciendo con lo que nos ha sido encomendado. Tome un momento y califique cómo está su mayordomía de todo aquello que Dios le ha encomendado. ¿Qué diría Jesús acerca de lo que usted ha hecho? Oración: Señor, ayúdame a ser, en la medida de lo posible, el mejor mayordomo de todo lo que me has encomendado. Amén. Preguntas: Póngase usted mismo una calificación en su grado de mayordomía de todos los dones que Dios le ha encomendado. ¿Le daría Dios esa misma calificación?
  • 6.
    ¿Cuándo fue laultima vez que usted o su iglesia fueron e invitaron a las personas a venir y disfrutar de un banquete en su iglesia? En la versión “El Mensaje” dice así: “A quien quiera que encuentren, tráiganlo a rastras. Quiero que mi casa esté llena”. En una escala de 1 a 10 evalúe en cuanto a su disponibilidad y la de su iglesia a arrastras hacia adentro personas que no han tenido un “banquete” en su casa. Una iglesia bautista en la ciudad de Cleveland hace un tiempo inició un esfuerzo para alcanzar a adolescentes en riesgo de su vecindario. Algunos eran jóvenes olvidados, otros habían sufrido abuso sexual; todos luchaban por restaurar su propio valor. Estos adolescentes con problemas van a la iglesia bautista luego de la escuela. ¿Cuál es su necesidad? Necesitan un espacio seguro donde puedan relajarse, saber que alguien cuida de ellos, conseguir alguna ayuda como así también asistencia médica; y por sobre todo, tener un lugar en el cual se sientan como en su casa. Por recomendación de consejeros escolares, y con permiso de los padres, cerca de veinte adolescentes (es todo lo que pueden manejar) van cada día a la iglesia. El director de este programa post escolar es el Sr. Jae, como le llaman los jóvenes. Mediante una donación considerable hecha por un antiguo pastor en memoria de su madre, que era profesora, la iglesia renovó en su totalidad el espacio que anteriormente era usado como el departamento de música para convertirlo en un salón de recreación, centro de cómputos y un salón de estudios. El Sr. Jae, junto a otros miembros adultos de la iglesia, proporcionan una dosis constante de cuidado y tutoría, las vidas de estos jóvenes están siendo cambiada. “El cambio que hemos experimentado es claro y sabemos que el camino no es fácil. Pero estamos trabajando arduamente para animar y ayudar a adolescentes a encontrar el respeto y la calidez que tan desesperadamente necesitan; lo cual mucho de ellos no están recibiendo en sus vidas”, expresa el Sr. Jae. ¿Está funcionando? En una ocasión, debido al frío y a la mucha nieve acumulada hubo un corte de electricidad. Por tal motivo, el Sr. Jae notificó a la escuela que la iglesia no recogería a los jóvenes ese día. Por razones desconocidas, los jóvenes no se enteraron de la suspensión, entonces todo el grupo se presentó de forma independiente, caminando cuatro kilómetros bajo el frío y las grandes acumulaciones de nieve. ¡Solo para no perderse el banquete ofrecido por Jesús! Oración: Señor, gracias por aquellos que se interesan en ayudar a aquellos de quienes Tú tienes cuidado. Amén. Preguntas: ¿Qué estas haciendo para ir e invitar a que otros entren? A través de su jornada, ¿arrastró a alguien hasta la mesa de Jesús?
  • 7.
    ¿Por qué Jesúsles dijo una vez más que debían amarse los unos a los otros, así como Él los había amado? ¿Acaso estaban teniendo los discípulos algunos problemas para relacionarse entre ellos? ¿O acaso necesitaban escuchar una vez más solo cuánto los amaba Él? ¿Cuán a menuda necesita usted escuchar que Dios le ama a pesar de todo lo que usted sabe acerca de sí mismo? ¿Le ama Jesús a usted en esos días llamados “malos”? ¿Le ama Jesús en el momento que usted hace algo sabiendo que está considerado como pecado? Cuando no le va bien, ¿le ama Jesús? Cuando todo va mal y sus nervios están crispados, ¿le ama Jesús aún en esos momentos? En una ocasión tuve la oportunidad de dirigir unos talleres de oración en grupos pequeños. En cierto momento del día, cada persona se iba a orar de manera personal por una ora en la forma en que esa persona eligiese. Recuero perfectamente una tarde en particular, en un lugar bien remoto, cuando las cosas no iban nada bien y habían surgido algunos problemas repentinos apareciendo presiones, y nada parecía ir bien; aún yo mismo pensé si acaso podría orar. Y si lo hacía, qué diferencia haría. Me dirigí a un lugar en donde había salones pequeños. El salón en el que entré era el utilizado por niños. No había sillas grandes, así que tuve que sentarme en una silla pequeña para orar. Había poca luz en el salón, y pensé que eso era bueno. Era de la forma que me sentía. Permanecí sentado mientras mis ojos se ajustaban a la poca luz. No tenía deseos de orar y me sentó culpable por ello. Eso lo hizo aún peor. A medida que mis ojos se ajustaban a la luz vi una foto en la pared más lejana que captó mi atención porque vi la cabeza de un cachorrito. Me levanté del asiento y fui a mirar de cerca. En la foto aparecía un cachorrito de lo más gracioso dentro de un cesto de ropa. Su cabeza sobresalía por el borde del cesto con la lengua afuera, mostrando el esfuerzo que hacía por salir, ya que estaba atrapado. En la parte inferior de la fotografía, una maestra había escrito a mano las siguientes palabras: “Jesús te ama tal como eres”. Y así de rápido pude recordar las mejores buenas noticias: Sí, Jesús me ama, aún en esos días. Oración: Señor, gracias por amarme de la forma en que soy; aún en mis días malos. Amén. Preguntas: ¿Cómo puede Jesús amarnos aún cuando estamos en nuestro peor momento? ¿Qué piensa usted sobre el hecho de amar a Jesús mientras pasamos el peor de nuestros momentos, o en días malos?
  • 8.
    Lucas dibuja todoun cuadro: Jesús rodeado por los tipos malos. Y los llamados “tipos malos” están afuera mirando, haciendo puchero y quejándose. Después de todo, ¿no sabemos que Dios favorece a los buenos y rechaza y castiga a los malos? Jesús decidió ir a la ofensiva. En Lucas 15 encontrará el único lugar en los evangelios en donde Jesús usa tres parábolas, no solo una, para demostrar su idea principal. Quizás usó tres debido a la densidad de sus críticos, los líderes del templo. Puede que quisiera que los pecadores que estaban más cercanos a Él escucharan las Buenas Nuevas de esperanza, tres veces seguidas. ¿Es, acaso, que Jesús usó tres parábolas para asegurarse de que todo el mundo entendiese lo que es importante para Dios? Hay una oveja perdida, una moneda perdida, un hijo pródigo y un hijo perdido que quedó en casa. Las ovejas tienen la tendencia a extraviarse para suplir sus necesidades de forma más plena. A la moneda obviamente le había sucedido algo, quizás por accidente o negligencia. El hijo pródigo se perdió en su propio deseo de vivir la buena vida por medio de los estándares dele mundo. Quería tener el control, quiso hacerlo a su manera. El caso del hijo que quedó en casa es, quizás, más trágico porque estaba perdido y no lo sabía. No estaba consciente de su perdición; nunca dejó la casa, nunca rompió las reglas, sin embargo, no entendía el regalo de amor incondicional de su padre. Imaginémonos que Jesús, en persona, ha regresado a visitar su comunidad. ¿A dónde iría primero? ¿Visitaría su iglesia? ¿O quizás alguna cercana a la suya? ¿Visitaría aquella mega iglesia fuera de la ciudad o aquella pequeña iglesia que está lista para cerrar sus puertas? La respuesta es “ninguna de las anteriores”. Basado en Lucas 15, encontraría a Jesús en el antro de la esquina, en el bar, de seguro en la cárcel; ni pensar si un grupo de adolescentes estaría tomando cervezas y drogas en una esquina. Pondría sus manos en el hombro del borracho del barrio, y hablaría con él. Hablaría con la prostituta que está haciendo su negocio nen la esquina. El amor de Dios es incondicional, es desmesurado e irracional. Dios ama a quienes no aman a Dios, aunque nosotros no lo hagamos. Con Dios no hay otra forma. Oración: Señor, ayúdanos a aprender a amar a aquellos que no son amados, como lo haces Tú. Amén. Preguntas: En su círculo de vida, ¿a quién ama usted de manera incondicional? ¿Cuándo tocará la vida de alguien que no sabe que Dios le ama?