Quien bien quiere a Beltrán, bien quiere a su can.
Pan con pan, comida de tontos.
Quien se pica, ajos come.
Si el prior juega a los naipes, ¿qué harán los frailes?
Sobre gustos no hay nada escrito.
No hay que empezar la casa por el tejado.
No se acuerda el cura de cuando fue sacristán.
No se ganó Zamora en una hora.
1.- Al que madruga Dios le Ayuda.
2.- No por mucho madrugar amanece más temprano.
3.- Despacio que tengo prisa.
4.- A buen entendedor pocas palabras.
Caras vemos, corazones no sabemos
En donde la fuerza sobra, hasta la razón estorba
Las apariencias engañan
Más vale paso que dure, y no trote que canse.
Navegar con bandera de tonto.
No diga de esta agua, no beberé.
Ojos que no ven, corazón que no siente.
Querer es poder.
Te juzgué melón y me saliste calabaza
De tal palo tal astilla
El Padre sin Cabeza
Cuenta la leyenda que en el año 1549 en la ciudad de hoy León Viejo, alentados por su madre
doña María de Peñalosa, los hermanos Hernando y Pedro, hijos del segundo gobernador de
Nicaragua don Rodrigo de Contreras, planearon la muerte del primer Obispo en tierra firme
fray Antonio de Valdivieso, defensor de los Indios y mediador de las ambiciones de los
funcionarios y el clero. Fue asesinado a puñaladas a mano del fiero capitán Juan Bermejo.
Con la muerte de este religioso, el primero cometido en América, los asesinos se repartieron
la provincia, su población, los objetos de valor y las joyas episcopales del Obispo.
Después de este crimen, que llenó de indignación y de malos presagios a todos los creyentes,
aparece una leyenda que refiere, que durante los primeros años de la existencia de la ciudad
de León Viejo, el padre de su iglesia fue decapitado de un solo machetazo en el atrio de su
mismo templo, por dos poderosos hermanos, y que su cabeza había rodado hasta la orilla del
lago Xolotlán, donde se sumergió dando origen a una inmensa ola que se levantó sobre la
superficie y avanzó hacia la ciudad, cada vez más grande y fuerte, llegando a reventar donde
había sido asesinado el religioso y sepultando a la ciudad.
Pasado este hecho devastador, los indígenas empezaron a ver en los atrios de las iglesias y
en las calles solitarias de los pueblos, un bulto negro que se protegía bajo el peso de la lúgubre
oscuridad. Con el paso del tiempo algunos moradores se dieron cuenta que la aterradora y
sombría aparición era nada menos que un padre sin cabeza.
Los que lo han logrado ver cuentan que el padre sin cabeza lleva sotana y zapatos negros, en
la cintura prende un cordón del que cuelga una pequeña campana, la que hace sonar mientras
avanza y lleva un rosario en lo que le queda de cuello.
Refiere la leyenda que el padre sin cabeza camina penando por el mundo, visitando los
templos de las diferentes ciudades, rezando las letanías o el rosario, buscando su iglesia y su
cabeza. Algunos refieren que el padre aparece solo el Jueves y el Viernes Santo, para visitar
las iglesias y que cuando se encuentra frente a cualquiera de ellas hace reverencia en la puerta
del perdón.
La Gigantona y Pepe Cabezón (o enano cabezón)
Es la expresión de la influencia española que hemos tenido y data del período colonial (siglos
XV – XVI). En general, ella representa un ideal de belleza que el conquistador trajo consigo
y que en todo movimiento vinculó con superioridad y poder.
León es el lugar que más homenaje le ha rendido tradicionalmente, donde cada barrio ha
tenido su gigantona que lo representa, habiendo un evento muy importante el 8 de diciembre
de cada año. Todas las gigantonas concursan en La Plaza Central recitando sus mejores
coplas y luciendo los trajes mas llamativos para de esa manera asegurarse el primer lugar o
uno de los mejores lugares en el concurso.
Tienen una relación directa con la juglaría popular española. Los personajes son los
siguientes: La Gigantona, el Pepe Cabezón, Chineado, La Banda Musical, Los Faroles
(luminarias), y El Recitador para la gente y su dama. Los sones son los siguientes: -Paso de
Camino -Son de la Reverencia -Son de la Gigantona -Son del Enano Cabezón -Son de
Despedida.
La Gigantona representa a la sociedad española, y debido a su origen es el personaje más
grande y central. El Pepe Cabezón representa el mestizo nuevo, ser de bajo estatus social;
además representa la inteligencia del hombre nicaragüense como por ejemplo: Rubén Darío,
José de la Cruz Mena, y Alfonso Cortéz, entre otros. Esta tradición tiene mucha relevancia y
se inicia el 6 de noviembre hasta el 6 de Enero del siguiente año.
Personalmente me gustan mucho las coplas, y los recitadores son muy ingeniosos a la hora
de crearlas. Hay de todos los tipos y para todos los gustos, por una modica suma puedes tener
un gran espectaculo en la calle de tu casa. Ademas de León, son populares en todas las fiestas
nicaragüenses.
LA CEGUA
La leyenda de la Cegua que a través del tiempo se ha venido tejiendo entre
nuestra gente campesina, cobra forma al brotar de los labios de cualquier sencillo
narrador de esta clase.
Según la conseja, se trata de mujeres perversas y sin escrúpulos que por las
noches se disfrazan de espantajos poniéndose en la cabeza a modo de trenzas,
crines de caballo, y con el rostro pintado salen a altas horas de la noche por las
calles y caminos solitarios en busca del amante descarriado o del hombre que se
ha burlado de su cariño.
Esta es la mentada Cegua, muy distinta a como la pinta el escritor guatemalteco
Soto Hall, que la hace aparecer como alma del otro mundo. Hace algunos años,
cuando regresaba yo de la frontera hondureña de hacer una inspección por cuenta
de la Compañía Hulera, tuve que pernoctar a causa de lo avanzado del día, en una
de las haciendas aledañas a la guarda-raya.
Ubencio Hernández se llamaba el administrador; era un viejo alto, fuerte y
tostado por el sol. Don Ubencio, que se tenía un magnífico repertorio de leyendas
y consejas, me contó esa noche ante un grupo de impávidos campistas y en torno
al fuego crepitante de la cocina, una de sus tantas aventuras de brujas y
aparecidos.
Don Ubencio, como un preámbulo a su relato sacó un chilcagre de su bolsa,
escupió chirre por la comisura de sus labios, se metió medio puro entre la boca y,
apretando los dientes, lo partió por la mitad. Todo el engranaje molar de aquel
viejo campesino se movía con deleite masticando el chicle de tabaco. -Como verá
usté -comenzó don Ubencio-, en esta vida todos hemos tenido aventuras; las mías
han sido muchas y divertidas.
Para que le voá dicir, yo he sido muy mujerero y casualmente por eso es que me
han pasado tantas vainas, pero algo le queda a uno de experencia para cuando
llega a viejo.
-Cierta vez -continuó diciéndome don Ubencio - me había cogido la noche en el
llano, pues venía de cierta parte onde tenía mi albur tapado, no sé qué me dió
mirar para atrás y vi que una luz me venía siguiendo, seguí caminando sin darle
importancia, pero de momento comencé a inquietarme y volví de nuevo a mirar
atrás; la maldita luz venía detrás de mi pisándome los talones, le apreté las
chocoyas al caballo para que cogiera el trote tendido y así poder alejarme de la
luz que cada vez la vía más cerca, pero cuál sería mi susto cuando al coger una
vuelta del camino ví que la luz se vía encajado en las ancas del caballo.
Le confieso que jué la primera vez en mi vida que sentí miedo al ver aquella
enorme pelota verde en las nalgas del caballo; todo mi cuerpo se tiñó de verde, lo
mismo que el caballo y una parte del camino por donde yo iba.
La cabeza -se me puso grande, se me aflojaron las piernas y las riendas se me
cayeron de las manos. Eso es lo único que recuerdo hasta que mevi acostado en
una hamaca. Unos peones de la hacienda que jueron los que me recogieron, dicen
que estaba tendido en mitá'el camino sin conocimiento.
Pero de lo que más recuerdo hace don Ubencio es de la Cegua que le salió hace
años, allá al otro lado de la frontera y muy cerca del pueblecito de Namasigüe.
Don Ubencio era hondureño y cuando le sucedió el encuentro con la Cegua era
mandador de campo en la Hacienda San Bernardo, propiedad del nicaragüense
don Perfecto Tijerino.
Don Ubencio se había ido al pueblecito de Namasigüe, como siempre lo hacía en
busca de amores libres. Cuando dispuso regresar a la hacienda era ya de tarde y
las sombras de la noche se le habían encajado cuando todavía iba de camino.
Había llovido y la noche estaba helada, pero don Ubencio no la sentía porque
llevaba sus buenas copas de aguardiente bien metidas entre el pecho. La media
hoja de una luna tierna alumbraba débilmente en el respaldo oeste de un cielo que
comenzaba a llenarse de titilantes puntos luminosos. Un viento que llegaba de los
cerros vecinos mecía quejumbrosamente la tupida arboleda del camino solitario.
Don Ubencio, inconsciente por el efecto de las copas iba embrocado sobre el
almuerzo de la albarda en tanto que la bestia caminaba por su propio instinto.
Cuando el caballo bajó al río, el mayoral fué despertado de su borrachera por una
carcajada de mujer lanzada de la orilla opuesta al tiempo que un silbido agudo
hería los tímpanos del hombre. En medio de su borrachera pudo distinguir entre
el claroscuro de la ribera dos bultos sentados sobre una peña que emergía de las
aguas, pero en ese momento le era imposible definir sus sexos, ya fuera por los
vapores del aguardiente o por la densa oscuridad donde losfacultades ante el
peligro, se incorporó, y parándose sobre los estribos puso la mano sobre la frente
a modo de pantalla y escudriñó las sombras. A los pocos minutos de estar en esa
posición sus ojos se fueron acostumbrando a la oscuridad y pudo distinguir en
sus menores detalles a las figuras que antes le fueran imprecisas. Se trataba de
unas mujeres, mejor dicho, de unas ceguas, porque don Ubencio vió que estaban
disfrazadas. De sus cabezas pendían unos guindajos como trenzas, estaban
envueltas en trapos negros, y sus dientes, que tenían fulguraciones de fósforos,
les castañeteaban como los de un perro rabioso. UHHHH LA
CEGUAAAAAAAAAAA Don Ubencio oyó que las mujeres bailaban y cantaban
sobre el peñazco, pero apenas alcanzó a oír las últimas palabras de la canción. fué
oídos sordos ante la súplica de la hechicera, al pie de una mata'e rudaA lo que
don Ubencio, siempre oportuno y gracioso en todo, aún ante el mismo peligro,
les contestó: Ahora quiero que me digan propia puerta del Perdón, y en medio de
todo el gentío cuál es la más tronconudaa que se había congregado para verle Las
ceguas no daban muestras de huir; por el con- trario, inmóviles miraban
fijamente al mayoral. Ante actitud retadora de aquellos espantajos, el hombre, en
vez de atemorizarse entró en cólera, y picando es- puelas aventó su caballo a
medio río al tiempo que les lanzaba una oración de esas que son como
jaculatoriasy que don Ubencio se había aprendido de memoria ...Hasta que llegué
onde el tata cura no la reconomo una defensa a los males que pudieran provocar
sus , cí .....-, ...pues La Cegua era una mujer que continuas conquistas amorosas.
había sido mi querida y que por infiel a su cariño que la había abandonado y la
gran perra no bastándole loca.. Qué juerte venís! más juerte es mi Dios ¡ la
Santísima Trinidá me libre de vos! ................La Ceguaaaaaaaa Qué juerte venís!
más juerte es mi Dios ¡ la Santísima Trinidá me libre de vos! ..........La
ceguaaaaaaaaa Qué juerte venís! más juerte es mi Dios ¡ la Santísima Trinidá me
libre de vos! Dos balazos disparó al aire; una cegua salió huyendo, mientras la
otra, en actitud hostil, seguía parada en la piedra tirándose sonoras carcajadas que
hacían estremecer hasta las mismas piedras del camino. Don Ubencio,
tanteándose los bolsillos, sacó un vasito de mostaza y, haciendo la señal de la
cruz, le espetó de nuevo: -Ahora sí no te capiás, hijeputa, al tiempo que le tiraba
un puño del polvo amarillo. La cegua, comprendiendo que estaba perdida, se le
fué a echar a las propias patas del caballo. Ya con ésta me despido que pedía
clemencia prometiendo enmendarse. -Allá se lo vas a decir al tata cura -fue la
respuesta del hombre enardecido, y amarrándola con elcabresto del caballo se la
llevó al cura del pueblo, quien después de echarle agua bendita la puso en late
Padrenuestros para quitarle el poder de hechizar,porque según me contó don
Ubencio, las malditas lo rezan al revés para tener poder contra la persona aesa
leucción que le dí tuvo lo suficiente para no volverme a salir, porque eso jué hace
munchos años y no la he vido dende entonces -terminó diciéndome don Ubencio,
mientras encendía un puro en la mecha agonizante de su candil.
Dichos,refranes,y mas

Dichos,refranes,y mas

  • 1.
    Quien bien quierea Beltrán, bien quiere a su can. Pan con pan, comida de tontos. Quien se pica, ajos come. Si el prior juega a los naipes, ¿qué harán los frailes? Sobre gustos no hay nada escrito. No hay que empezar la casa por el tejado. No se acuerda el cura de cuando fue sacristán. No se ganó Zamora en una hora. 1.- Al que madruga Dios le Ayuda. 2.- No por mucho madrugar amanece más temprano. 3.- Despacio que tengo prisa. 4.- A buen entendedor pocas palabras. Caras vemos, corazones no sabemos En donde la fuerza sobra, hasta la razón estorba Las apariencias engañan Más vale paso que dure, y no trote que canse. Navegar con bandera de tonto. No diga de esta agua, no beberé. Ojos que no ven, corazón que no siente. Querer es poder. Te juzgué melón y me saliste calabaza De tal palo tal astilla
  • 2.
    El Padre sinCabeza Cuenta la leyenda que en el año 1549 en la ciudad de hoy León Viejo, alentados por su madre doña María de Peñalosa, los hermanos Hernando y Pedro, hijos del segundo gobernador de Nicaragua don Rodrigo de Contreras, planearon la muerte del primer Obispo en tierra firme fray Antonio de Valdivieso, defensor de los Indios y mediador de las ambiciones de los funcionarios y el clero. Fue asesinado a puñaladas a mano del fiero capitán Juan Bermejo. Con la muerte de este religioso, el primero cometido en América, los asesinos se repartieron la provincia, su población, los objetos de valor y las joyas episcopales del Obispo. Después de este crimen, que llenó de indignación y de malos presagios a todos los creyentes, aparece una leyenda que refiere, que durante los primeros años de la existencia de la ciudad de León Viejo, el padre de su iglesia fue decapitado de un solo machetazo en el atrio de su mismo templo, por dos poderosos hermanos, y que su cabeza había rodado hasta la orilla del lago Xolotlán, donde se sumergió dando origen a una inmensa ola que se levantó sobre la superficie y avanzó hacia la ciudad, cada vez más grande y fuerte, llegando a reventar donde había sido asesinado el religioso y sepultando a la ciudad. Pasado este hecho devastador, los indígenas empezaron a ver en los atrios de las iglesias y en las calles solitarias de los pueblos, un bulto negro que se protegía bajo el peso de la lúgubre oscuridad. Con el paso del tiempo algunos moradores se dieron cuenta que la aterradora y sombría aparición era nada menos que un padre sin cabeza. Los que lo han logrado ver cuentan que el padre sin cabeza lleva sotana y zapatos negros, en la cintura prende un cordón del que cuelga una pequeña campana, la que hace sonar mientras avanza y lleva un rosario en lo que le queda de cuello. Refiere la leyenda que el padre sin cabeza camina penando por el mundo, visitando los templos de las diferentes ciudades, rezando las letanías o el rosario, buscando su iglesia y su cabeza. Algunos refieren que el padre aparece solo el Jueves y el Viernes Santo, para visitar las iglesias y que cuando se encuentra frente a cualquiera de ellas hace reverencia en la puerta del perdón. La Gigantona y Pepe Cabezón (o enano cabezón) Es la expresión de la influencia española que hemos tenido y data del período colonial (siglos XV – XVI). En general, ella representa un ideal de belleza que el conquistador trajo consigo y que en todo movimiento vinculó con superioridad y poder. León es el lugar que más homenaje le ha rendido tradicionalmente, donde cada barrio ha tenido su gigantona que lo representa, habiendo un evento muy importante el 8 de diciembre de cada año. Todas las gigantonas concursan en La Plaza Central recitando sus mejores coplas y luciendo los trajes mas llamativos para de esa manera asegurarse el primer lugar o uno de los mejores lugares en el concurso. Tienen una relación directa con la juglaría popular española. Los personajes son los
  • 3.
    siguientes: La Gigantona,el Pepe Cabezón, Chineado, La Banda Musical, Los Faroles (luminarias), y El Recitador para la gente y su dama. Los sones son los siguientes: -Paso de Camino -Son de la Reverencia -Son de la Gigantona -Son del Enano Cabezón -Son de Despedida. La Gigantona representa a la sociedad española, y debido a su origen es el personaje más grande y central. El Pepe Cabezón representa el mestizo nuevo, ser de bajo estatus social; además representa la inteligencia del hombre nicaragüense como por ejemplo: Rubén Darío, José de la Cruz Mena, y Alfonso Cortéz, entre otros. Esta tradición tiene mucha relevancia y se inicia el 6 de noviembre hasta el 6 de Enero del siguiente año. Personalmente me gustan mucho las coplas, y los recitadores son muy ingeniosos a la hora de crearlas. Hay de todos los tipos y para todos los gustos, por una modica suma puedes tener un gran espectaculo en la calle de tu casa. Ademas de León, son populares en todas las fiestas nicaragüenses. LA CEGUA La leyenda de la Cegua que a través del tiempo se ha venido tejiendo entre nuestra gente campesina, cobra forma al brotar de los labios de cualquier sencillo narrador de esta clase. Según la conseja, se trata de mujeres perversas y sin escrúpulos que por las noches se disfrazan de espantajos poniéndose en la cabeza a modo de trenzas, crines de caballo, y con el rostro pintado salen a altas horas de la noche por las calles y caminos solitarios en busca del amante descarriado o del hombre que se ha burlado de su cariño. Esta es la mentada Cegua, muy distinta a como la pinta el escritor guatemalteco Soto Hall, que la hace aparecer como alma del otro mundo. Hace algunos años, cuando regresaba yo de la frontera hondureña de hacer una inspección por cuenta de la Compañía Hulera, tuve que pernoctar a causa de lo avanzado del día, en una de las haciendas aledañas a la guarda-raya. Ubencio Hernández se llamaba el administrador; era un viejo alto, fuerte y tostado por el sol. Don Ubencio, que se tenía un magnífico repertorio de leyendas y consejas, me contó esa noche ante un grupo de impávidos campistas y en torno al fuego crepitante de la cocina, una de sus tantas aventuras de brujas y aparecidos. Don Ubencio, como un preámbulo a su relato sacó un chilcagre de su bolsa, escupió chirre por la comisura de sus labios, se metió medio puro entre la boca y, apretando los dientes, lo partió por la mitad. Todo el engranaje molar de aquel viejo campesino se movía con deleite masticando el chicle de tabaco. -Como verá usté -comenzó don Ubencio-, en esta vida todos hemos tenido aventuras; las mías han sido muchas y divertidas.
  • 4.
    Para que levoá dicir, yo he sido muy mujerero y casualmente por eso es que me han pasado tantas vainas, pero algo le queda a uno de experencia para cuando llega a viejo. -Cierta vez -continuó diciéndome don Ubencio - me había cogido la noche en el llano, pues venía de cierta parte onde tenía mi albur tapado, no sé qué me dió mirar para atrás y vi que una luz me venía siguiendo, seguí caminando sin darle importancia, pero de momento comencé a inquietarme y volví de nuevo a mirar atrás; la maldita luz venía detrás de mi pisándome los talones, le apreté las chocoyas al caballo para que cogiera el trote tendido y así poder alejarme de la luz que cada vez la vía más cerca, pero cuál sería mi susto cuando al coger una vuelta del camino ví que la luz se vía encajado en las ancas del caballo. Le confieso que jué la primera vez en mi vida que sentí miedo al ver aquella enorme pelota verde en las nalgas del caballo; todo mi cuerpo se tiñó de verde, lo mismo que el caballo y una parte del camino por donde yo iba. La cabeza -se me puso grande, se me aflojaron las piernas y las riendas se me cayeron de las manos. Eso es lo único que recuerdo hasta que mevi acostado en una hamaca. Unos peones de la hacienda que jueron los que me recogieron, dicen que estaba tendido en mitá'el camino sin conocimiento. Pero de lo que más recuerdo hace don Ubencio es de la Cegua que le salió hace años, allá al otro lado de la frontera y muy cerca del pueblecito de Namasigüe. Don Ubencio era hondureño y cuando le sucedió el encuentro con la Cegua era mandador de campo en la Hacienda San Bernardo, propiedad del nicaragüense don Perfecto Tijerino. Don Ubencio se había ido al pueblecito de Namasigüe, como siempre lo hacía en busca de amores libres. Cuando dispuso regresar a la hacienda era ya de tarde y las sombras de la noche se le habían encajado cuando todavía iba de camino. Había llovido y la noche estaba helada, pero don Ubencio no la sentía porque llevaba sus buenas copas de aguardiente bien metidas entre el pecho. La media hoja de una luna tierna alumbraba débilmente en el respaldo oeste de un cielo que comenzaba a llenarse de titilantes puntos luminosos. Un viento que llegaba de los cerros vecinos mecía quejumbrosamente la tupida arboleda del camino solitario. Don Ubencio, inconsciente por el efecto de las copas iba embrocado sobre el almuerzo de la albarda en tanto que la bestia caminaba por su propio instinto. Cuando el caballo bajó al río, el mayoral fué despertado de su borrachera por una
  • 5.
    carcajada de mujerlanzada de la orilla opuesta al tiempo que un silbido agudo hería los tímpanos del hombre. En medio de su borrachera pudo distinguir entre el claroscuro de la ribera dos bultos sentados sobre una peña que emergía de las aguas, pero en ese momento le era imposible definir sus sexos, ya fuera por los vapores del aguardiente o por la densa oscuridad donde losfacultades ante el peligro, se incorporó, y parándose sobre los estribos puso la mano sobre la frente a modo de pantalla y escudriñó las sombras. A los pocos minutos de estar en esa posición sus ojos se fueron acostumbrando a la oscuridad y pudo distinguir en sus menores detalles a las figuras que antes le fueran imprecisas. Se trataba de unas mujeres, mejor dicho, de unas ceguas, porque don Ubencio vió que estaban disfrazadas. De sus cabezas pendían unos guindajos como trenzas, estaban envueltas en trapos negros, y sus dientes, que tenían fulguraciones de fósforos, les castañeteaban como los de un perro rabioso. UHHHH LA CEGUAAAAAAAAAAA Don Ubencio oyó que las mujeres bailaban y cantaban sobre el peñazco, pero apenas alcanzó a oír las últimas palabras de la canción. fué oídos sordos ante la súplica de la hechicera, al pie de una mata'e rudaA lo que don Ubencio, siempre oportuno y gracioso en todo, aún ante el mismo peligro, les contestó: Ahora quiero que me digan propia puerta del Perdón, y en medio de todo el gentío cuál es la más tronconudaa que se había congregado para verle Las ceguas no daban muestras de huir; por el con- trario, inmóviles miraban fijamente al mayoral. Ante actitud retadora de aquellos espantajos, el hombre, en vez de atemorizarse entró en cólera, y picando es- puelas aventó su caballo a medio río al tiempo que les lanzaba una oración de esas que son como jaculatoriasy que don Ubencio se había aprendido de memoria ...Hasta que llegué onde el tata cura no la reconomo una defensa a los males que pudieran provocar sus , cí .....-, ...pues La Cegua era una mujer que continuas conquistas amorosas. había sido mi querida y que por infiel a su cariño que la había abandonado y la gran perra no bastándole loca.. Qué juerte venís! más juerte es mi Dios ¡ la Santísima Trinidá me libre de vos! ................La Ceguaaaaaaaa Qué juerte venís! más juerte es mi Dios ¡ la Santísima Trinidá me libre de vos! ..........La ceguaaaaaaaaa Qué juerte venís! más juerte es mi Dios ¡ la Santísima Trinidá me libre de vos! Dos balazos disparó al aire; una cegua salió huyendo, mientras la otra, en actitud hostil, seguía parada en la piedra tirándose sonoras carcajadas que hacían estremecer hasta las mismas piedras del camino. Don Ubencio, tanteándose los bolsillos, sacó un vasito de mostaza y, haciendo la señal de la cruz, le espetó de nuevo: -Ahora sí no te capiás, hijeputa, al tiempo que le tiraba un puño del polvo amarillo. La cegua, comprendiendo que estaba perdida, se le fué a echar a las propias patas del caballo. Ya con ésta me despido que pedía clemencia prometiendo enmendarse. -Allá se lo vas a decir al tata cura -fue la respuesta del hombre enardecido, y amarrándola con elcabresto del caballo se la llevó al cura del pueblo, quien después de echarle agua bendita la puso en late
  • 6.
    Padrenuestros para quitarleel poder de hechizar,porque según me contó don Ubencio, las malditas lo rezan al revés para tener poder contra la persona aesa leucción que le dí tuvo lo suficiente para no volverme a salir, porque eso jué hace munchos años y no la he vido dende entonces -terminó diciéndome don Ubencio, mientras encendía un puro en la mecha agonizante de su candil.