El documento destaca la importancia de los dones del Espíritu Santo, especialmente el don de entendimiento, que permite captar la esencia de la fe y profundizar en la revelación divina. Se menciona que, a través de la oración y la guía del Espíritu Santo, se obtiene la comprensión necesaria para vivir la fe auténticamente. Además, se advierte sobre los peligros de la ceguera espiritual y se sugieren prácticas que fomentan la conexión con este don, como el estudio de la doctrina de la Iglesia y la meditación.