Un ecosistema acuático incluye hábitats de agua dulce y salada, abarcando una diversidad de flora y fauna en entornos como ríos, lagos y mares. Los ecosistemas marinos son más estables y varían en factores como luz y temperatura, mientras que los ecosistemas de agua dulce presentan menor diversidad. La preservación de estos ecosistemas es vital para la supervivencia humana y la salud del planeta.