Los bancos surgieron en Grecia en el siglo IV a.C. como instituciones que concedían préstamos y recibían depósitos. Más tarde, en el siglo XII, surgieron en las repúblicas italianas como Venecia, Génova y Florencia, donde su principal función era recibir depósitos. A medida que los bancos se expandieron, especialmente a Suiza, se incrementó la cantidad de bancos en toda Europa y la actividad bancaria logró un gran impulso.