Castilla-La Mancha se basa principalmente en la agricultura y la ganadería, con cultivos como cereales, vides y olivos. También tiene una importante industria alimentaria, así como sectores emergentes como la aeronáutica. El turismo se centra en el patrimonio histórico y cultural, así como en el enoturismo y turismo rural. Los servicios, especialmente el comercio, son cada vez más importantes para la economía regional.