La peste negra asoló Europa en la Edad Media, matando aproximadamente a un tercio de la población. La enfermedad se propagó desde Asia a Europa a través de puertos comerciales italianos en 1347-1350, posiblemente traída por ejércitos mongoles. La falta de conocimientos médicos y malas condiciones de higiene en ciudades medievales permitieron que la peste se extendiera rápidamente, causando estragos en la población.