El consumo excesivo de alcohol afecta el funcionamiento del cerebro y otras áreas del cuerpo. En primer lugar, afecta la corteza prefrontal, lo que causa una desinhibición temporal y comportamiento impulsivo. Luego afecta áreas inferiores del cerebro involucradas en funciones motoras, lenguaje, visión, memoria y estado de ánimo. A largo plazo, el consumo excesivo de alcohol puede causar daño cerebral, enfermedades hepáticas como cirrosis, y trastornos emocionales como la depresión.