El payaso Risitas estaba triste porque no podía hacer reír a los niños en el circo. Su hada madrina lo ayudó haciendo movimientos graciosos con su cuerpo y cara para practicar. En la próxima función, el payaso pudo mover todos sus músculos faciales y hacer reír a todos. Desde entonces siempre estuvo alegre y lo llamaron el payaso Risitas.