Las empresas transnacionales han adquirido un gran poder económico, político y cultural debido a la globalización y las políticas neoliberales. Un pequeño número de grandes corporaciones controlan sectores estratégicos a nivel mundial como la energía, las finanzas y la agricultura. A pesar de su enorme influencia, las empresas transnacionales no están sujetas a suficientes mecanismos de control y regulación que equilibren sus intereses comerciales con los derechos humanos y el medio ambiente.