El documento habla sobre el poder de las palabras y la importancia de usarlas para edificar y no para condenar, murmurar o sembrar discordia. Aconseja a la iglesia recibir solo la palabra de Dios para ser buena tierra y dar buenos frutos, y evitar dejarse sembrar con palabras malas que los dañen. Finalmente, cita varios versículos sobre el uso adecuado del habla y la necesidad de no juzgar ni condenar a los demás.