Jesús trató a las mujeres de forma respetuosa y digna en una época en la que sufrían mucha discriminación y falta de derechos. Permitió que mujeres le acompañaran y apoyaran en su ministerio, incluyendo a María Magdalena, a quien curó de posesiones demoníacas. Rompió tabúes al hablar y curar mujeres, incluso prostitutas. Defendió a la adúltera de ser condenada y vio la humanidad en todas las personas independientemente de su género.