El autor critica la tendencia de los medios de comunicación colombianos a ocultar las malas noticias y retorcer la realidad para evitar molestar a la gente. Usa la historia de la caída de Granada como metáfora de cómo los gobernantes y medios prefieren enmarcar los problemas del país en términos patrióticos en lugar de abordarlos directamente. Predice que la situación empeorará si continúa ignorándose la verdad.