Perpetua y Felicidad, dos jóvenes cristianas, fueron martirizadas en Cartago el 7 de marzo del año 203 durante las persecuciones del emperador Severo. A pesar de las súplicas de sus familias y el sufrimiento en prisión, ambas se mantuvieron firmes en su fe hasta el final, enfrentándose valientemente a su muerte. La historia resalta su fidelidad y el impacto de su testimonio en la comunidad cristiana de la época.