La revolución ganadera sigue una lógica industrializada y reduccionista similar a la Revolución Verde y la Revolución Azul, basada en el control corporativo de la genética animal, el uso masivo de antibióticos, y la ganadería industrial integrada. Esto ha tenido graves impactos ambientales y sociales, incluyendo la erosión de la diversidad genética y el fin de la ganadería campesina. Se propone la soberanía alimentaria como alternativa para apoyar modelos de producción campesinos y sostenibles.