El retrato del Papa Inocencio X realizado por Velázquez en 1650 captura la psicología compleja del Papa a través de su expresión severa y melancólica. Técnicamente, Velázquez usa una gama de colores rojos atrevidos que resaltan el rostro del Papa a pesar de la superposición de tonos. Esta obra maestra muestra el dominio de Velázquez de la luz y su habilidad para penetrar en la personalidad de sus sujetos.