Este documento discute el futuro de la vida religiosa y propone que debe haber un cambio a través de un "éxodo" para adaptarse a los nuevos tiempos. Sugiere que la vida religiosa debe centrarse más en la comunión, la pobreza, la acogida y la misión, adoptando formas más flexibles que respondan mejor a la cultura actual. Para tener esperanza en el futuro, la vida religiosa necesita una conversión al evangelio a través de una mayor contraculturalidad y encarnación en la cultura local.