Una central térmica convierte la energía calorífica de combustibles en energía eléctrica mediante un ciclo de producción de vapor que activa turbinas y alternadores. El proceso incluye calentar agua en una caldera, generar vapor, utilizarlo para mover turbinas y condensar el vapor de vuelta a líquido. Las centrales de ciclo combinado, que suelen usar gas natural, mejoran la eficiencia energética al utilizar dos turbinas, logrando un rendimiento del 55%.