El documento discute cómo la globalización ha violado los derechos humanos a través de la imposición del capitalismo financiero y el neoliberalismo. Argumenta que la nueva Constitución ecuatoriana debe garantizar derechos como la educación, la salud, el medio ambiente y la protesta, entre otros, para contrarrestar los efectos negativos de la globalización y restaurar la democracia y la soberanía del país.