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Santiago JM
Del Pozo Donoso
HISTORIA
DE LOS
BOSQUES NATURALES Y FORESTAL
DE
CHILE
Legislación
Institucionalidad
Tendencias
Desafíos
1
“Conocer el pasado es la única forma de
entender el presente y de intuir el futuro”
(anónimo)
“La Historia la escriben los vencedores”
Napoleón Bonaparte.
“Los jardines fueron antes que los jardineros
Y solo un segundo después de la Creación”
(anónimo)
a mi gotita
2
PRESENTACION
La mitad de los bosques naturales del planeta han sido destruidos en los últimos 8 mil años. Ya en
1912 Federico Albert estimaba que nuestro país había perdido 15 millones de hectáreas de bosque
nativo. Esta situación ha disminuido dramáticamente la capacidad de la Tierra para mantener su
equilibrio ecológico. En consecuencia, con altos niveles de CO2 emitidos a la atmósfera, la
desertificación, falta de agua y extinción de especies, el mundo se encuentre en la actualidad en
una situación de crisis ambiental que puede tener insospechadas consecuencias para la
humanidad.
En nuestro país se intenta contribuir a mitigar los cambios señalados, pero en el sector forestal nos
encontramos con una paradoja consistente en la estimación de que las plantaciones forestales
establecidas en suelos degradados tienen más valor para el país que las 13.000.000 de hectáreas
de bosque nativo que aún Chile posee, lo cual es evidentemente erróneo. Al introducimos en
nuestra historia encontraremos la raíz de lo ocurrido con nuestros bosques nativos y con las
plantaciones forestales, que permite en la actualidad, a unos pocos, sostener la paradoja señalada.
Las 13.000.000 de hectáreas de bosque nativo que Chile posee en la actualidad, corresponde tan
solo al 46,4% de los ecosistemas forestales que poseía al inicio del siglo XVI, lo que no es más que
el remanente de aquellos bosques prístinos que la providencia nos entregó para que lo
atesoráramos con sabiduría.
Estamos hablando de tala indiscriminada para obtener la leña que durante 200 años alimentó los
hornos de la minería de plata en el norte de Chile; eliminación de bosques en los valles para
habilitar terrenos para la agricultura o creación de urbes; incendios colosales, que duraron meses
y dejaron gruesas capas de cenizas sobre el suelo, realizados con el fin de acelerar procesos de
colonización en el sur del país; sobreexplotación para producir madera aserrada la que sin
exigencia alguna eludió el criterios de rendimiento sostenido; exterminio de bosques para aportar
terrenos a la producción triguera para ser exportado a California y Australia.
No tenemos mucho de que enorgullecernos cuando se trata de mostrar la relación histórica que
como país tenemos con la naturaleza. Es probable que sea ese el motivo de que en todos los
análisis que se hacen de la “actividad forestal” o del “sector forestal chileno”, los distintos autores
pongan el acento solo en lo acontecido en nuestros últimos 40 años de historia. En este
documento tenemos la oportunidad de conocer la verdadera Historia Forestal de Chile.
Santiago JM Del Pozo Donoso
Ingeniero Forestal
Santiago, mayo de 2013.
3
INDICE
PRESENTACION.............................................................................................................................. 2
INDICE ........................................................................................................................................... 3
INTRODUCCIÓN ............................................................................................................................. 5
CAPITULO I: Historia de los Bosques Nativos de Chile..................................................................... 7
Origen de la vegetación boscosa del norte de Chile.................................................................... 7
Conquista y dominio del Imperio Inca (siglos XIII al XV) ............................................................ 10
Conquista española y período Colonial..................................................................................... 11
Bosques y matorrales del norte chico para hornos de fundición............................................... 15
Uso del fuego para debilitar al enemigo, despejar lugares peligrosos y tácticas de guerra. ....... 16
Pérdida de bosques del siglo XIX .............................................................................................. 20
Leña para hornos en minería de plata y cobre ...................................................................... 21
Zonas urbanas sin arborización............................................................................................. 24
Exportación de trigo a California y Australia ......................................................................... 26
Colonización del sur de Chile................................................................................................ 28
Resumen siglo XIX.................................................................................................................... 31
Pérdida de bosques siglo XX..................................................................................................... 32
Búsqueda de nuevas especies exóticas de rápido crecimiento.............................................. 32
Uso de especies forestales de rápido crecimiento ................................................................ 35
Lucha contra la erosión ........................................................................................................ 38
Sustitución del bosque nativo............................................................................................... 39
El Servicio de Reservas Forestales......................................................................................... 40
CAPITULO II: HISTORIA DE LA LEGISLACION SOBRE BOSQUES....................................................... 42
CAPITULO III: EVOLUCIÓN DE LAS INSTITUCIONES FORESTALES.................................................... 46
1.- Planificación forestal:.......................................................................................................... 48
2.- Incorporación de Comunidades al Desarrollo Forestal:........................................................ 49
3.- Instituciones forestales públicas:......................................................................................... 49
4.- Aprovechamiento del bosque nativo:.................................................................................. 50
4
5.- Reservas de Bosques Fiscales: ............................................................................................. 52
6.- Áreas Silvestres Protegidas:................................................................................................. 53
7.- Incendios Forestales:........................................................................................................... 54
8.- Arbolado urbano:................................................................................................................ 55
9.- Fomento de Plantaciones Forestales: .................................................................................. 57
10.- Fiscalización Forestal:........................................................................................................ 58
11.- Mecanismos de fomento forestal:..................................................................................... 60
CAPITULO IV: ORGANISMOS FORESTALES PÚBLICOS. ................................................................... 62
CAPITULO V: DESAFIOS DEL SECTOR FORESTAL CHILENO PARA EL SIGLO XXI................................ 65
Lineamientos programáticos.................................................................................................... 66
1.- Organismos forestales públicos:...................................................................................... 66
2.- Conservación de la Biodiversidad .................................................................................... 67
3.- Incorporación del bosque nativo como un valor en la cultura nacional. ........................... 68
4.- Planificación forestal. ...................................................................................................... 69
5.- Incorporación de Comunidades al Desarrollo Forestal:.................................................... 70
6.- Aprovechamiento del bosque nativo:.............................................................................. 72
7.- Reservas de Bosques Fiscales: ......................................................................................... 73
8.- Áreas Silvestres Protegidas:............................................................................................. 74
9.- Incendios Forestales:....................................................................................................... 75
10.- Arbolado urbano: .......................................................................................................... 76
11.- Fomento de Plantaciones Forestales: ............................................................................ 78
12.- Fiscalización Forestal:.................................................................................................... 79
COMENTARIOS FINALES............................................................................................................... 81
BIBLIOGRAFÍA .............................................................................................................................. 84
5
INTRODUCCIÓN
Ha sido fructífera la revisión de documentos elaborados por los conquistadores españoles, por los
cronistas que los acompañaron y también por historiadores, realizada con el fin de identificar
referencias que permitieran conocer las características de los bosques que existían en nuestro
territorio en la segunda mitad del siglo XVI. Ya en esa época se ha dejado constancia de la
frondosa vegetación arbórea y arbustiva que existía en los valles y explanadas de lo que
actualmente es un desierto.
La vegetación señalada es el remanente de los bosques y selvas que existieron en el norte de
nuestro país hace millones de años, vegetación lujuriosa que se fue modificando junto con el fin de
la última glaciación, de la cual eran un mudo testigo los bosques del Valle de Copayasu (Copiapó) y
de las quebradas y valles de más al norte, los bosques de olivillo (Aextoxicon punctatum) del
Parque Nacional Fray Jorge, las Palmas (Jubaea chilensis) de Tilama, Ocoa, Cocalan y del Valle de
Santiago.
La legislación colonial que protegía la vegetación nativa no se aplicó, predominando en esa época
y hasta avanzado el siglo XIX la legislación minera que permitía la corta de bosque, situación que
por falta de fiscalización terminó en depredación y pérdida de valiosos ecosistemas forestales. El
rechazo de esta situación y su denuncia pública efectuada por Claudio Gay Mouret junto con la
Sociedad Nacional de Agricultura (SNA), en 1838, llevó a la creación de las primeras leyes
forestales de la República de Chile. En esa misma época comenzaba el interés por la Arboricultura
Urbana en Chile, que llevó a la creación de parques (Quinta Normal, O’Higgins, Santa Lucía),
proceso que tuvo su máxima expresión con la celebración del primer centenario de la República de
Chile, donde se crearon los Parques: Forestal y San Cristóbal.
En la segunda mitad del siglo XIX, la producción triguera, la minería, la falta de planificación para la
colonización del sur de Chile y la explotación irracional de los ecosistemas forestales para
extracción de madera y leña, generaron el mayor desastre ambiental que haya ocurrido en
nuestro territorio, fenómeno histórico que nuestra sociedad aún no logra dimensionar.
Recién a inicios del siglo XX se crean las primeras instituciones forestales en el Ministerio de
Industria, representadas en la Sección de Aguas y Bosques (1906) que fue reemplazada por la
Inspección General de. Aguas, Bosques, Pesca y Caza (1911), ambas a cargo de Federico Albert,
cuyo fructífero trabajo abarcó la creación de viveros fiscales, de Reservas de Bosques Fiscales,
plantaciones forestales, control de dunas, fomento de árboles forestales y un proyecto de Ley
Forestal que sería la base de la Ley de Bosques de 1931.
6
En la segunda mitad del siglo XX, podría denominarse de la planificación forestal, surgió el Plan
Chillán de CORFO (1958), el Plan de Reforestación del SAG (1964 – 1970), la Corporación de
Reforestación (COREF)(1969) y el traspaso de competencias en áreas protegidas e incendios
forestales a la COREF que significó que surgiera la Corporación Nacional Forestal (CONAF). En 1974
se traspasó al sector privado toda la actividad forestadora que realizaba el estado a través de la
COREF, transformando los presupuestos públicos en un subsidio, lo que quedó recogido en el D.L.
701.
El siglo XXI se inicia sin legislación que fomente el bosque nativo que detenga la degradación y
sustitución de ese recurso, con un sector industrial relacionado al aprovechamiento de pino y
eucalipto que se ha consolidado en los mercados globalizados, con competencias forestales
públicas dispersas en distintos organismos del estado y una serie de otras debilidades. El año 2008
se aprueba una ley de fomento al bosque nativo, no obstante la degradación de ese ecosistema
forestal continúa.
Se identifican numerosas iniciativas que permitirían vincular al sector forestal con el desarrollo del
país, en base a una nueva mirada que entrega la historia forestal de Chile.
7
CAPITULO I: Historia de los Bosques Nativos de Chile
Origen de la vegetación boscosa del norte de Chile.
Son numerosas las voces que por desconocimiento de lo que aquí se expone para ilustrar las
mentes y agudizar la inteligencia, han señalado que el norte de Chile siempre ha sido un desierto
y, que por esa característica de aridez extrema, es imposible que árbol alguno allí haya crecido,
buscando quizás con esa argumentación, concentrar la atención en aquellos recursos que se
encuentran en el centro sur del país. A continuación se dará respuesta para explicar el origen de la
vegetación de la que disfrutaban nuestros pueblos originarios, misma espesura que encontraron
los conquistadores, primero incas y luego españoles, que a nuestras tierras llegaron.
Desde hace varias décadas el mundo científico está de acuerdo en que la última glaciación que
sufrió nuestro planeta acabó hace 10 millones de años, período desde el cual los casquetes
glaciares de los polos no siguieron avanzando, muy por el contrario, estos han ido en retroceso y la
temperatura del planeta se ha elevado gradualmente. Como consecuencia de esta glaciación,
algunas zonas hoy en día áridas, tuvieron en aquella fría época mayores precipitaciones, como es
el caso, por ejemplo, del Altiplano y el desierto chileno. El último periodo glacial empezó hace
unos 110.000 años y alcanzó su apogeo hace unos 20 000 años. Se ha determinado que tuvo un
colapso drástico hace unos 10 000 años.
Diversos estudios realizados en el norte árido de Chile han mostrado que las condiciones
ambientales del Pleistoceno final (entre 1,8 millones de años a 11.500 años) y del Holoceno
temprano habrían sido más húmedas que las actuales; las estimaciones de Grosjean (1994)
señalan que las precipitaciones anuales durante este tiempo en el altiplano habrían llegado a ser
hasta tres veces más grandes que las actuales. De acuerdo a la cronología con correcciones del
efecto reservorio de los cambios en los niveles lacustres evidenciados por los estudios
limnogeológicos (Geyh et al. 1999), la trasgresión comenzó poco después de 13.000-12.000 A.P.,
alcanzando sus niveles máximos entre 10.800 y 8.800 A.P. y retrocediendo aceleradamente hacia
8.000 A.P.
Estas condiciones de temperaturas más benignas y mayores precipitaciones que existieron en el
norte de nuestro país, las que se mantuvieron por miles de años, hicieron posible que la
vegetación creciera y llegara a formar bosques. Producto del aumento de la temperatura y
disminución de las precipitaciones ocurrida a raíz del retroceso de los hielos, se desarrolló en la
zona norte de nuestro país, un espinal xerofítico donde dominaban algarrobos y chañares.
8
Hasta nuestra historia reciente, específicamente el siglo XIX, esta vegetación se encontraba en
quebradas y valles, explanadas bajas y en los lugares que eran cubiertos ocasionalmente por las
crecidas de los ríos.
En el siguiente diagrama se observa la distribución de los distintos tipos vegetacionales del centro-
sur de Chile, durante el período Glacial y en el presente. En el recuadro se muestra la distribución
de las comunidades de olivillo costero (Aextoxicon punctatum), actualmente aisladas en cimas y
quebradas de Chile central. .
“Fitogeografía histórica de la Cordillera de la Costa de Chile”. Villagrán, C y Armesto, J.(2004)
Quien no se ha preguntado alguna vez de donde vinieron los Olivillos (Aextoxicon punctatum) que
encontramos creciendo por la costa en Topocalma (Pichilemu), Cerro Santa Inés (Tongoy), Talinay
y Fray Jorge (La Serena), ya que es una especie propia de los bosques del sur de nuestro país
donde alcanza gran envergadura. No obstante más adelante se aborda en mayor profundidad
estos aspectos, es importante mencionar que muchos piensan aún que exageraba José Joaquín
Vallejo Borkoski, más conocido como Jotabeche, cuando en setiembre de 1842, refiriéndose al
algarrobo de Tinajitas ubicado en Copiapó, escribía lo siguiente: "En la hacienda de Ramadilla,
podéis asilaros en verano bajo un sombroso algarrobo de tan manifiesta antigüedad que quizás
os recostéis en el mismo sitio donde, mas de tres siglos ha, celebraron los indígenas sus consejos
de guerra. Ha sido tasada la madera de este árbol en mil pesos, puede cubrir con su sombra un
9
batallón entero y a pesar de su ancianidad, se conserva tan vivo y tan verde como el joven roble
que acaricia con sus ramas las corrientes del Maule o del Biobío."
¿Podría encontrarse alguna explicación distinta a la presentada aquí a la presencia de palma
chilena (Jubaea chilensis) en la localidad de Tilama, ubicada a 44 Km. al interior de Pichidangui, en
la Región de Coquimbo? ¿o en el valle del Mapocho según describió Rodrigo Gómez de Vivar?
Ciertamente es escasa la vegetación nativa que queda en el norte y centro-norte de Chile, la que
sin justificación alguna ha sido eliminada por las sucesivas generaciones de colonizadores y
compatriotas que esos territorios habitaron y habitan. Pero la fitogeografía nos ofrece hoy
respuestas con base científica que explican claramente la presencia de los bosques que existieron
en el norte de nuestro país.
En el mapa que se muestra más abajo es posible observar los mismos contenidos expuestos más
arriba, señalados por Villagrán y Armesto en el diagrama anterior, apreciándose allí la superficie
que abarcaban las distintas formaciones vegetacionales que en nuestro país han existido, con sus
distribuciones pretéritas y actuales.
Los antecedentes entregados por la ciencia no dejan lugar a duda alguna, no existe racionalidad en
continuar sosteniendo que en el norte de Chile no existían bosques.
10
Luego de conocer la información revisada
hasta aquí es importante preguntarse si en
el valle del actual Copiapó (Copayapu ) y en
sus quebradas existía bosque a la llegada del
conquistador español, bosque del cual aún
quedaba gran cantidad de árboles cuando se
fundó esa ciudad en el año 1745. Para poder
apreciar mejor la situación, a la derecha de
este párrafo se muestra una foto de la
ciudad de Copiapó tal como se encuentra en
la actualidad.
Conquista y dominio del Imperio Inca (siglos XIII al XV)
Los incas llegaron a Chile en la segunda mitad del siglo XV, más precisamente en 1476,
provenientes desde el recién conquistado territorio de Tucumán. Para extender sus dominios
sobre las tierras del sur, alistaron un poderoso ejército (“Crónicas del Perú”. Pedro Cieza de León.
1548), el que se enfrentó al pueblo cazador - recolector que vivía en la región cordillerana donde
nace el valle de Copayapu. La palabra Copiapó viene del aimara Copayapu que puede significar
“valle verde”. El mismo autor señala que los incas conquistaron primero la zona cordillerana de
Copayapu y ocuparon sucesivamente los valles de Paitanas, Coquimpu, Conconcagua y Mapochu,
hasta llegar al rio Mauli”.
Tras ser derrotados por el pueblo promaucae (mapuche) a orillas del río Maule, los incas
remataron allí la conquista. Cuenta el historiador Carlos María Sayago (1840-1926) que la
población de Copayapu, que fue la colonia chilena de los incas más próxima a la metrópoli (Cuzco),
fue distribuida en caseríos asentados a trechos en el valle y acumuladas a orillas del rio sus chozas,
dejando en los intermedios espesos matorrales y bosques de chañares, de algarrobos, de
churques y demás árboles indígenas.
Una descripción más precisa de las características del Valle de Copiapó realizada por Sayago (pg.
239) señala que “cuando la primitiva población descendiera de la cordillera dejando la industria de
la caza, había crecido una vegetación lujuriante y salvaje merced a la soledad, al clima tropical y
al derrame de las aguas del rio: había entonces bosques impenetrables de chañares, de
algarrobos, de espinos y de olivillos, cercados de grandes campos cubiertos de dadin, de chilca,
de amancay y de brea. Y todos esos árboles y arbustos no solo crecían con esplendor en el valle,
sino también en las cañadas, en las quebradas y en los llanos del partido, donde además
brotaban con lozanía las algarrobillas y los barracos.”.
11
Conquista española y período Colonial
Respecto de Chañaral, Sayago (pg 81) apunta lo siguiente: “Ese precioso oasis del desierto, situado
en la subdelegación de Bulnes, que hoy se llama la finca de Chañaral, fue concedido con sus
aguadas, vertientes y serranías en 12 de febrero de 1678, a don Juan Cisternas Escoliar, que
estableció allí unos potreros donde siempre solían pastar las recuas de mulas que marchaban
cargadas de aguardiente con destino al Potosí.
Como veremos a los largo de este texto, con posterioridad los bosques fueron eliminados por
diversos motivos, pero fuera cual fuera el motivo que causa su destrucción, siempre había un
factor común: el uso indiscriminado del fuego y los incendios que se producían.
En 1748, el padre Felipe Gómez de Vidaurre, en su libro titulado “Historia y Geografía Natural y
Civil del Reyno de Chile” señalaba: “El calor proviene de la malísima práctica que se tiene de
incendiar los bosques con el fin de ahorrar fatigas en cortarlos para tener tierras nuevas.”
Recomendaba que “El Gobierno debe prohibirlo porque luego se comunica a posesiones de vecinos
y quema lo que no había de quemar, no quedando exentas ni azin las casas. En Chile no se toma la
más mínima precaución, cada uno se cree dueño de hacer uso de estos incendios sin
responsabilidad, ni al Gobierno ni al daño ajeno”.
Con tales antecedentes a la vista no se requería ser profeta para vislumbrar la extinción de
nuestros bosques, situación que el propio Gómez de Vidaurre señaló de la siguiente forma: “Lo
que sucederá de esto es que al cabo de unos años habrán acabado con ellos, y Chile que ahora
podría proveer a toda Europa de maderas excelentes, no tendrá ni para si. Y en efecto, una parte
considerable del Reyno principia ya a sentir escasez de madera de construcción, sino aún de leña
para cocinar”.
Cartografía antigua. Mapamundi del siglo XVI (año 1589),
de Gerard de Jode, impreso por Cornelis de Jode.
En el mapa que se muestra a continuación, el historiador Alonso de Ovalle señala la vegetación
existente en los distintos territorios del Reyno de Chile a mediados del siglo XVII, donde destaca la
presencia de árboles desde el río Copiapó hasta el sur austral.
12
Primer mapa de Chile elaborado por el jesuita chileno Alonso de Ovalle.
Fue publicado en Roma, en 1646, en la obra “Histórica Relación del Reino de Chile”
Respecto de la desaparición de los bosques del norte chico, Sayago (Pg 239) refuerza sus palabras
cuando señala: “Vejetacion semejante nos consta por los nombres de diversos puntos de nuestro
territorio: allí Chañaral y Chañarcillo, aquí Carrizal y Carrizalillo, allá Cachiyuyal y Cachiyuyo, acá
Totoral y Totoralillo, el Algarrobal, el Breadal y tantos otros que acusan la pasada existencia de
bosques, de abundante follaje y de copiosa verdura.” Más adelante se señala cómo, en 1838,
Claudio Gay Mouret, en carta que envía al ministro del Interior don Diego Portales, se refiere
también a la depredación de los bosques del norte de Chile, los que quizás ya eran los últimos
vestigios de vegetación que persistían a ese entonces,.
Respecto del nombre San Francisco de la Selva de Copiapó se pueden señalar dos referencias
históricas que abordan la presencia de bosques en el Valle de Copiapó, los que están consignados
en las actas de la fundación de esa villa en 1744, donde se indica lo siguiente:
 “Se recordará que el ensanche adquirido por el pueblo hacia la parte del oriente, llegaba
hasta la línea del convento de la Merced, ocupándose así una parte de las tierras
declaradas vacantes por el fiscal de la Real Audiencia, señor Lerma y Salamanca, en 1713;
la extensión restante de esas tierras hasta el pueblo de indios, se hallaba cubierta de una
espesa selva de árboles y matorrales, a la sombra de cuyos corpulentos algarrobos y
chañares, se deslizaban las estrechas sendas que servían para el tráfico.” (Sayago, pg.
99).
 “Pasó en seguida todo el concurso a la iglesia parroquial para extender el acta de la
fundación de la villa, concluido lo cual, el nuevo corregidor, acompañado de los vecinos
más notables, se internó por entre esos árboles y matorrales que por tanto tiempo
13
habían sido la espalda del pueblo viejo, y tendiendo cordeladas de a ciento cincuenta
varas, dejó trazadas la plaza, las manzanas y las calles de que había de constar la villa, la
cual fue bautizada con el nombre de San Francisco de la Selva de Copiapó, en honor del
santo patrono del corregidor Cortez, y en recuerdo de la selva que desde ese día debía
desaparecer para ver alzarse la nueva población. Efectivamente, diose principio a su
corte y desmonte y se procedió a la adjudicación de solares. (Sayago. pg. 102 – 104)
En 1558, Gerónimo de Bibar, en su libro titulado “Crónica y relación copiosa y verdadera de las
Reynos de Chile”, específicamente en el Capitulo titulado “De la provincia de Mapocho, de los
Arboles e hierbas parecientes a las de nuestra España, y de aves y sabandijas que en ellas hay”,
página 132, realiza la siguiente descripción de la vegetación que existe en el Valle del Mapocho:
“Está la ciudad de Santiago en un hermoso y grande llano como tengo dicho. Tiene a cinco y seis
leguas montes de muy buena madera que son unos Arboles muy grandes que sacan muy buenas
vigas. Hay otros Arboles que se llama canela. Los españoles le pusieron este nombre a causa de
quemar la corteza más que pimienta mas no porque sea canela, porque es muy gorda. Es Arbol
crecido y derecho; tiene la hoja ancha y larga, casi se parece como la del cedro. Hay arrayan, hay
sauces, y otro Arbol que se dice molle y no es muy grande; tiene la hoja como granado y lleva un
fruto tan grande como granos de pimienta; lleva muy gran cantidad. De esta fruta se hace un
brebaje gustoso, cociendo estos granos en agua muy bien se hace miel que queda a manera de
arrope. Suple esta miel a falta de las abejas. La corteza de este Arbol cocido con agua es buena
para hinchazones de piernas. Hay laureles. Hay otro Arbol que tiene la hoja como cerezo lleva un
fruto como los granos que tengo dicho; son gustosos. Hay algarrobos; llevan muy buena
algarroba, y los indios se aprovechan dello como en otras partes tengo dicho. Hay otro arbol que se
dice espinillo a causa que lleva muchas espinas como alfileres y mayores; es muy buena leña para
el fuego; crianse en llanos; no se riegan, ni reciben otra agua sino es la del invierno. Lleva una hoja
menudita y una flor menudita a manera de flueco amarilla; es olorosa; no lleva fruto de provecho.
Hay guayacán y se ha dado a muchas personas y no les he visto hacer ningún provecho. y crianse
en cerros muy altos. Es Arbol pequeño. Hay cañas macizas. Hay otros Arboles pequeños que se
llama albahaca que nacen en riberas de las acequias. Los españoles le pusieron este nombre a
causa de parecerse a ella, Hay otro Arbol a manera de romero que se le parece en todo sino es en
el olor, que no la tiene como el de nuestra España. Hay palmas y solamente las hay en esta
gobernación en dos partes, que es en el rio de Maule hay un pedazo que hay de estas palmas, y en
Quillota las hay en torno de siete y ocho leguas. Llevan un fruto tan grande como nueces de que es
tan verdes y despedidas de la cáscara que da un cuesco redondo, y sacado lo que tiene dentro que
es como una avellana. Es gustoso; tienen muy buenos palmitos.”
A las referencias que nos entregan Carlos María Sayago, el padre Felipe Gómez de Vidaurre,
Gerónimo de Bibar y Pedro Cieza de León, sumaremos la del propio Pedro de Valdivia, quien en
14
una carta enviada al Rey Carlos V, el 4 de septiembre de 1545, describe de esta forma el territorio
conquistado: "…..porque esta tierra es tal que para vivir en ella y perpetuarse, no la hay mejor en el
mundo ….. Es la más abundante de pasto y sementeras y para darse todo género de ganado y
plantas que se puede pintar mucha e muy linda madera para hacer casas infinidad otra de leña
para servicio dellas y las minas riquísimas de oro e toda la tierra está llena dello y donde quieran
que quisieren sacarlo allí hallaran en que sembrar y con que edificar. Y agua. Leña y yerba para
sus ganados, que parece la crio Dios a posta para poderlo tener todo a la mano".
Respecto de la descripción anterior, por desconocimiento de lo que en nuestros territorios había,
se ha forjado la idea de que fue elaborada solo con la intención de convencer a los españoles que
viajaban al “Nuevo Mundo” para que vinieran al Reyno de Chile, descripción que a la luz de los
antecedentes revisados, en cuanto a vegetación y bosques, es absolutamente verdadera.
En las tres imágenes de más abajo, referidas a Santiago, se muestran ejemplares de palmeras.
Foto de la izquierda: El villorrio de Santiago (1544); Foto al centro: Palmas chilenas de El Salto (1930)
Foto de la derecha: Ilustración "Una Chingana". Claudio Gay (1854)
En 1600, fray Diego de Ocaña señalaba que en las 70 leguas que separan Coquimbo de Santiago la
"tierra es llana y escombrada de árboles, sino es en los valles por donde pasan ríos". En los
mejores valles esta vegetación silvestre disputaba el espacio con las actividades agrícolas, pues en
todos los sectores regados la tierra era fértil y producía todo género de árboles frutales, flores y
legumbres provenientes de Europa, especialmente trigo, viñas y legumbres, como también
numerosas hierbas medicinales..
15
Atacama, quebrada algarrobal. Valle de Copiapó, desde piedra colgada
Bosques y matorrales del norte chico para hornos de fundición
La legislación vigente en el siglo XVIII permitía el Denuncio de Bosques, que en la práctica consistía
en una petición escrita presentada al juez local para que se le asegurase cualquier bosque en
beneficio de su mina. En cada faena minera se arrasaron los bosques y matorrales cercanos (y
lejanos también) debido a las necesidades de combustible para fundir el mineral y alimentación de
los animales de carga. Además, debido a que frecuentemente se abandonaban las minas en busca
de nuevos y mejores yacimientos, este proceso se fue repitiendo en diversos lugares: Andacollo,
Real de Cogón, Punitaqui, Talca, Vallenar, Petorca, La Ligua, Catapilco, Illapel, entre muchas otras.
Con la intensificación de las actividades mineras en
el siglo XVIII, el uso de la madera local en las
fundiciones se aceleró, lo que explicaría el rápido
proceso de tala de matorrales y arbustos ubicados
en las proximidades de las fundiciones y minas. Se
utilizaba especialmente la jarilla, la algarrobilla, el
algarrobo y el espino. Los bosques del área costera
del norte fueron virtualmente arrasados.
Fundición de cobre. 1824.
En las fotos de más abajo se muestran dos localidades del desierto de Chile, en las que se
observan remanentes de vegetación que dan el nombre a esos lugares. La presencia de chañar y
molle en estos lugares corresponde tan solo a una ínfima parte de la vegetación prístina que
existía allí hace 500 años.
La Finca de Chañaral Molle Valle de Atacama
16
Uso del fuego para debilitar al enemigo, despejar lugares peligrosos y tácticas de guerra.
En el contexto de las contantes hostilidades que existieron entre los indígenas que habitaban de
Copiapó al sur y los conquistadores españoles, el bosque pasó a formar parte importante de las
tácticas militares utilizadas por los pueblos originarios. El bosque ocultaba a los guerreros
facilitando las emboscadas y también la huida, proveía de material para fabricar armamento como
mazas y lanzas, quitaba movilidad al caballo y exponía al jinete que podía ser atacado por
guerreros subidos a las copa de los árboles. Además, habiendo sido arrasados sus campos de
cultivo, los indígenas tenían sus sementeras en lugares escogidos al interior del bosque, las que
eran eliminadas por los españoles para debilitar su resistencia. De esta forma, para los españoles,
el bosque se convertía en un estorbo que debía ser eliminado.
A continuación se entregan diversas referencias que permiten fundamentar lo señalado en el
párrafo anterior:
1.- En el contexto de la discusión de la forma como se debía anexar al pueblo mapuche al
territorio chileno, en 1861, los frailes de la frontera, Palaviccino y Estanislao Leonetti, trataron de
impedir de alguna manera que continuara la masacre, respecto de lo cual argumentaban: “No es la
conquista el medio adecuado para civilizar al araucano. ¿Y cuál sería el resultado de una lucha tan
sangrienta? El araucano con familia y animales huiría a los bosques, i el ejército, como ya otras
veces lo ha hecho, tendría que retirarse, después de penosas expediciones.”“Historia del Pueblo
Mapuche”. José Bengoa. (1995).
2.- En un documento sobre la vida de Lautaro, el
escritor y diplomático Fernando Alegría señala:
“Los 14 soldados salieron del fuerte Puren para ir a
Tucapel, sin saber lo que había pasado con Valdivia.
El capitán Gómez de Almagro estaba muy asustado,
por el hecho de que los indios no los atacaban al
pasar y solo les gritaban que Valdivia había muerto.
Más adelante, los indios saltaron desde los árboles
y los atacaron con sus mazas y lanzas y
rápidamente los españoles fueron derrotados.”
“Lautaro, Libertador de Arauco”.(1943). “Guerreros mapuches” Pedro Subercaseaux.
3.- En un pasaje de su libro “Crónica y relación copiosa y verdadera de las Reynos de Chile”,
Gerónimo de Bibar,( 1558), natural de Burgos, señala: “Viendo los indios que estaban hechos
fuertes, como arriba dijimos, que el general y cristianos no iban a buscarlos, tuvieron entendido
que lo hacía de miedo, por donde acordaron salir y hacer el daño que pudiesen en los yanaconas y
17
gente de servicio, emboscándose de noche en las arboledas que están juntas al alojamiento y
pueblo de Atacama.”
4.- En otro pasaje del mismo texto, Gerónimo de Vivar aporta lo siguiente: “Con demasiado ánimo
que ponían como lo usan, en aquel tiempo cargaron sobre los españoles e hirieron muchos de ellos
y a sus caballos, y ellos no dejaban de matar y asombrar con los arcabuces y ballestas porque
peleaban entre arboleda y áspero monte. De esta suerte salieron a lo llano con gran trabajo.
Puesto que habían salido, no dejaban los indios de herir crudamente en los españoles, diciendo
como suelen a ellos que huyen.”
5.- El 9 de septiembre de 1541, Pedro de Valdivia, cuarenta jinetes y tropas auxiliares incas
abandonaron la ciudad para sofocar una rebelión de los indígenas cerca de Cachapoal. Apenas
llegada la mañana del día siguiente, una joven yanacona volvió con la noticia de que los bosques
periféricos al asentamiento se encontraban llenos de indígenas hostiles.
6.- La Historia geográfica muestra que efectivamente son nuevos los bosques de los llanos del sur,
no los de la cordillera, provienen de cuando la población indígena fue esquilmada y ya no pudieron
(cuidar sus campos de cultivos) controlar los bosques que salían. Hay una cantidad de sabios,
geógrafos, etc., que fueron mostrando que debajo de esos árboles había existido durante
muchísimos años, quizás cientos de años, vida humana, cultivos, vivienda, y cuando llegaron los
colonos a conquistar el sur el siglo XIX ahí había bosques, porque desde el siglo XVI la población
había sido diezmada y por lo tanto no se había podido controlar el crecimiento de la vegetación.
El árbol de las cabezas.
La Historiadora Irma Acevedo Llanos, en un ensayo titulado "Cráneos humanos como Objeto de
Culto: Visión del Mundo Andino y Mapuche a través de las Crónicas (Siglo XVI)" (1995) señala que
en el mundo andino y mapuche (en este caso, entre los ríos Itata y Toltén, zona araucana) al igual
que en casi todas las tribus de Colombia y Venezuela y también en tribus mexicanas la costumbre
de separar la cabeza del resto del cuerpo era, entre otras razones, una situación de guerra. En el
caso mapuche, la cabeza de la víctima era separada del tronco de un corte rápido e
inmediatamente colocada en la punta de una lanza. En seguida se iniciaba un movimiento
amenazador de los guerreros orientado hacia la tierra de sus enemigos, puesto el rostro del
decapitado mirando hacia aquella dirección.
La misma autora se refiere al Loncoprún o baile de las cabezas, que fue una de las celebraciones
más importantes en relación al culto de los cráneos humanos. Núñez de Pineda, en "Cautiverio
Feliz" hace una descripción detallada del escenario donde se efectuaba el baile y González de
Nájera describe detalladamente el baile o danza misma.
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En su libro titulado “Desengaño y reparo de la
guerra en Reino de Chile”, en el Capítulo II
titulado: de la manera que celebran los indios sus
más solemnes bailes y fiestas, página 54, Alonso
González de Najera de forma narrada describe
ese baile o danza, según se transcribe a
continuación: “En lo alto a la redonda de sus
ramas, ponen las cabezas de los españoles que
han muerto, cada una en su rama, de manera
que se ven los rostros desde fuera, las cuales
tienen adornadas de flores y guirnaldas, y aún les
ponen sus mismos zarcillos algunas indias.”
La escena descrita ha sido reconstruida en el
dibujo que se muestra al costado de este párrafo
por Patricio Cisterna Alvarado, Doctor en
Etnohistoria de la Universidad de Chile.
El Árbol de las Cabezas descrito por el cronista
Alonso González de Nájera en el sur de Chile,
En las imágenes siguientes se muestra el Rehue, que es el altar de los mapuches, enterrado afuera
de la ruca se utiliza para marcar el movimiento del día, las constelaciones, el sol, la luna, el tiempo
y las estaciones del año; suele tener forma antropomorfa de un rostro humano en su parte
superior que simboliza la conexión entre el hombre mapuche y el cosmos.
Es en este contexto que se puede interpretar a cabalidad el efecto que tuvo en los guerreros
liderados por Michimalonco, cuando en número de 20.000 atacaron y destruyeron Santiago el
domingo 11 de septiembre de 154, cuando encontraron en el suelo las cabezas decapitadas de los
19
siete príncipes mapuches que luego de invitarlos a conversar Pedro de Valvidia mantenía
prisioneros. La historia señala que ese hecho produjo terror en los atacantes y que huyeron
despavoridos. Es probable que la interpretación de los guerreros mapuches haya sido distinta y
que estando a punto de aniquilar toda resistencia española, lo que efectivamente ocurrió es que
se haya destruido el sentido que ese pueblo ancestral daba a la guerra, a las batallas y al acto de
decapitar. Visto de otra forma nos preguntamos ¿Por qué los guerreros mapuches ensartarían en
las ramas de su altar de su Rehue (altar) las cabezas decapitadas de sus enemigos?
Todos estos elementos: aquellos relacionados con la función del bosque en las tácticas de guerra
mapuche, con la relación del bosque y la producción de alimentos en una época en que estaban
siendo devastados y aniquilados, con el terror que debe haber producido en los españoles la
costumbre el Loncoprún, son motivos para pensar en el surgimiento de una mentalidad negativa
respecto del árbol y el bosque, en los hispánicos y sus descendientes.
20
Pérdida de bosques del siglo XIX
En 1810 se estimaba que la población de Chile alcanzaba los 800.000 habitantes, 200.000 de los
cuales eran indígenas, los que estaban repartidos desde el norte hasta Concepción y más al sur,
por la costa, en Valdivia y Chiloé. Con la creación de la República, el nuevo gobierno necesitaba
activar la economía del país, para lo cual, entre otras medidas se debió recurrir a la contratación
de naturalistas europeos para catastrar los recursos naturales disponibles. Con ese cúmulo de
información especializada se estaría en condiciones de tomar las decisiones políticas adecuadas
para planificar su aprovechamiento. Al mismo tiempo, y una vez obtenidos los resultados de dicha
exploración, los estudios se publicaban como obras científicas en formato libro, artículos de
prensa o revista, de manera de apoyar y difundir el conocimiento científico en las nuevas
instituciones de carácter formativas como el Instituto Nacional (1818) y la Universidad de Chile
(1842).
Es importante resaltar que al inicio de la República aún quedaba abundante bosque en los valles y
quebradas de nuestro país. Así lo relata el historiador Thaddaeus Haenke (1761 - 1817), en su libro
“Descripción del Reyno de Chile”, al referirse al camino entre Coquimbo y Punitaqui, señala que:
entraron a "un caxón de la Cuesta del cura o Martencillo, pequeño valle agostado y escaso de
aguas: cúbrese, no obstante, de variedades de plantas, arbustos y árboles, más o menos
frondoso a proporción de su proximidad al agua". Observaba que, en general, los hombres
habitaban las quebradas y valles, en cambio "los parajes altos son solitarios". Así al llegar a Samo
Alto se encontró con un hermoso valle, por el cual pasamos, recreando nuevamente la vista con
los árboles y arbustos verdes que crecen en su umbría (y) se contrapone con la aridez de las
montañas que le cercan.
En este contexto el conocimiento del territorio y la naturaleza se enmarcaba así en la intensión de
articular e intervenir el espacio, y con ello poder explotarlo económicamente y planificar las obras
públicas adecuadas, donde el bosque debía ser un elemento de la mayor importancia. En 1830 el
gobierno contrató al profesor francés de Física e Historia Natural, Claudio Gay, para realizar un
reconocimiento del territorio y un catastro de los recursos botánicos, zoológicos, minerales,
geográficos y sociales del país. Hasta ese entonces, el estudio de la historia natural de nuestro
territorio había sido realizado por extranjeros que reportaban los conocimientos adquiridos a sus
propios gobiernos, entre los que destacaron los ingleses John Byron, James Cook y el Capitán Fitz
Roy junto a Charles Darwin, y franceses, como Louis Feuillé, Bougainville y J.S.C Dumont D'Urville y
Alcide D'Orbigny, entre otros.
En octubre de 1839, Carlos Durant des Maisons envió a Pedro Mena, Director de la Sociedad de
Agricultura “un cajoncito de semillas” que contenía más de cien especies de árboles, para que “se
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propaguen semillas de los árboles más interesantes del bosque, construcción y frutales de Europa,
que aún no se conocen aquí, y cuya utilidad es escusado encarecer”.
Leña para hornos en minería de plata y cobre
Fue justamente Claudio Gay, quien luego de un viaje realizado a la Provincia de Coquimbo,
mediante una carta que envió en 1838 al entonces ministro del Interior Diego Portales, advierte la
desaparición de los bosques en el norte chico, texto en el cual se puede leer lo siguiente: "En
varios lugares aislados, y sobre todo distantes de las poblaciones, se encuentran todavía árboles
de gran tamaño; allí se ven algarrobos, espinos, talhuenes, litres, etc.". El científico
responsabiliza a la actividad minera por la eliminación de la vegetación al sostener que "las
ordenanzas de la minería autorizan a las minas para cortar y destruirlo todo".
Personajes como Claudio Gay, Rafael Larraín Moxó, Julio Menadier, Francisco Echaurren y
Benjamín Vicuña Mackenna, se hallaban alarmados por la devastación de los bosques del país y el
desértico futuro que nos esperaba.
Fue Rafael Larraín Moxó, uno de los fundadores de la Sociedad Nacional de Agricultura, quien en
1872 señaló: «La explotación de las minas tomó proporciones colosales, los hornos de fundición
cubrieron el territorio que se extiende desde el Maipo a Copiapó, y Chile, que había vivido en la
creencia de que los bosques eran inagotables, supo un día con asombro, que ya no le quedaban
más que restos escasos de aquel tesoro inmenso»
En 1874, de forma concordante a lo señalado por Claudio Gay con 36 años de anterioridad, el
historiador C.M. Sayago, en su libro “Historia de Copiapó”, escribió lo siguiente: “la azada y el
arado por una parte, y por la otra el hacha del intonso leñador han concluido con toda esa
vegetación. Apenas si quedan en toda la extensión del valle unos cuantos de esos añosos
árboles, de grueso tronco y de abundante madera.”
22
Pero, a pesar de todos los esfuerzos realizados por detener el holocausto de nuestra riqueza
forestal, en los siglos XVIII y XIX se arrasaron los bosques del norte chico para alimentar las
calderas de 200 fundiciones minerales. Tan solo en 1860, luego de que se talaran los últimos
árboles centenarios y se destruyera la resiliencia de aquellos bosques que la providencia se había
encargado de heredarnos y dejar a nuestro cuidado, se comenzó a usar carbón fósil.
La situación descrita no solo afectó el
norte de Chile. Se arrasó con los
bosques nativos en todo lugar donde
se quería destinar suelos para la
actividad agrícola y pecuaria o se
necesitara madera o leña. En la foto de
la derecha, tomada en el bosque de
Apoquindo, al lado del estadio del Club
Deportivo de la Universidad Católica,
se muestra la cepa de un quillay de 1,2
metros de diámetro, en cuyo perímetro
se ven varios rebrotes de más de 20
cm. de diámetro cada uno.
Son pocas las personas que han estudiado la vegetación de nuestro país en profundidad, de tal
forma que a muchos les cuesta imaginar siquiera que en nuestros paisajes mediterráneos el
bosque esclerófilo haya alcanzado tal desarrollo. A otros nos cuesta imaginar cómo fue posible
que no se cuidaran esos bosques, llegando la falta de protección y abandono de esos recursos
hasta la actualidad.
Otro de los naturalistas que trabajó en nuestro país en el estudio de la naturaleza fue Rodulfo
Philippi, quien en 1853 fuera nombrado Director del Museo Nacional de Historia Natural,
empezando de esta forma una fructífera actividad científica. En 1889 y contratado por el Gobierno
de Chile arribó a nuestro país Federico Albert, quien durante los diez años siguientes colaboró con
Rodulfo Armando Philippi en estudios de paleontología, ornitología y zoología marina. En 1898,
Federico Albert tomó a su cargo los estudios de zoología y botánica del Ministerio de Industria,
23
donde se le encargó también el trabajo de reconocer los efectos de las dunas entre Constitución y
Llico, tarea que fue el inicio de su principal obra: conformar las bases de la institucionalidad
forestal chilena.
Ya en esa época se había generado el conocimiento que explicaba que la arena de las dunas
provenía de los suelos erosionados, situación que en Chile estaba representada en los suelos
forestales que eran utilizados con fines de producción triguera. El ciclo representado en la
eliminación del bosque nativo, el efecto de la lluvia sobre el suelo desnudo que arrastra el material
hasta los ríos, el transporte de la arena hasta el mar y luego el transporte eólico de la arena
acumulada, era un fenómeno que solo se podía enfrentar restableciendo la cubierta arbórea.
Los tres investigadores señalados, generaron los conocimientos necesarios para dotar al país de la
capacidad técnica necesaria para crear una institucionalidad adecuada con el fomento y la
protección de nuestros recursos forestales. En las siguientes imágenes se muestran a los
científicos que sentaron las bases del sector forestal chileno.
La tarea que enfrentaron no fue fácil ya que durante el siglo XIX el país vivió en una inestabilidad
constante, período en el que se pueden mencionar los siguientes conflictos: Revolución de 1829;
Guerra Confederación Perú Boliviana 19836 – 1839; Guerra de Arauco (finaliza en 1883): Guerra
del Pacífico (1879 y 1883); Fiebre de Oro California (1848 y 1855); Fiebre de oro Australia (1851- )
y la exploración de la Patagonia chilena por parte de Argentina.
24
A la inestabilidad institucional que existía en nuestro país en la época, es necesario agregar que
hasta bien avanzado el siglo XIX, el
territorio nacional tal como lo conocemos
en la actualidad estaba interrumpido por
el territorio mapuche. Además, en medio
del desarrollo de la Guerra del Pacífico, el
Gobierno de Argentina solicitó a Chile
concordar el límite definitivo entre
ambos países, perdiendo Chile en 1881,
la Patagonia y la provincia de Mendoza.
Zonas urbanas sin arborización
La Quinta Normal de Agricultura fue creada en 1841 durante el Gobierno de José Joaquín Prieto,
quedando bajo la dirección de Claudio Gay. El año 1853, a raíz de la construcción del Jardín
Botánico e Invernadero, Rodulfo Philippi también diseña y construye jardines en los alrededores
del Museo Nacional de Historia Natural, constituyendo a ese sector de la capital de Chile en el
primer Parque Urbano Público de nuestro país, el que actualmente ocupa una superficie de 36
hectáreas y en su interior tiene una importante muestra de arbolado urbano, varios museos,
diversas instalaciones administrativas y una laguna artificial.
Originalmente la Quinta Normal de Agricultura eran 25 ha. compradas en 1838 para la
experimentación agrícola de la Sociedad Nacional de Agricultura (SNA). En ellas Claudio Gay plantó
especies para la producción de alimentos. En 1842, se inaugura oficialmente en estos terrenos la
Quinta Normal de Agricultura, como recinto de demostración y extensión agrícola, con una
escuela de prácticos agrícolas a cargo de la recientemente creada Sociedad Nacional de
Agricultura (SNA). Con el tiempo se le anexan chacras vecinas hasta alcanzar 134 ha. y luego,
debido al crecimiento de la ciudad, va perdiendo importancia hasta llegar a su tamaño actual. Con
posterioridad la escuela de prácticos agrícolas fue transformada en el Instituto Agrícola de Chile
(1876-1915) e Instituto Agronómico (1915-1928). En 1928 es incorporada la Facultad de
Agronomía y Veterinaria de la Universidad de Chile. En 1952, dada la importancia que se le
pretendía asignar al sector forestal en la ordenación de los bosques nativos y la sustentabilidad del
país, la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad de Chile crea allí la carrera de Ingeniería
Forestal. Durante la década del '60 se amplió el cuerpo docente. En 1969 se efectuó su traslado al
Campus Antumapu.
25
Teatro Municipal. 1860 Calle Ahumada. 1895 Plaza de Armas. 1861 Cº Sta. Lucía 1874
La creación de un parque público en la Quinta Normal fue un paso que vino a cambiar la cara de
Santiago. A esa fecha el árbol tampoco estaba incorporado en las zonas urbanas. Prueba de lo que
aquí se afirma son las fotos que se muestran más arriba. En la plaza de armas se aprecian algunos
jardines que fueron construidos y mantenidos por largos años por los vecinos pudientes de ese
sector de Santiago.
Así como el bosque era explotado sin cuidado alguno, hasta llegar a la eliminación total de
enormes superficies de ecosistemas forestales que en nuestro país existían, en las zonas urbanas
tampoco existía preocupación por incorporar el árbol como un elemento central de nuestro
entorno.
Santiago, 1864.
Esquinas calles Arturo Prat con Tarapacá. 1920.
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Exportación de trigo a California y Australia
En la segunda mitad del siglo XIX, a la deforestación para extracción de leña, por tácticas de
guerra, habilitación de terrenos agrícolas y urbanización, se sumó la deforestación de terrenos de
aptitud forestal (por pendientes y productividad de los suelos) para producción de trigo. La zona
central del país, de la IV a la IX regiones sufrió una intensiva explotación con fines de producir trigo
para exportarlo a California, a lo que se sumaría como destino Australia, para alimentar a quienes
llegaban atraídos a esos lugares por la “fiebre del oro”. De hecho nuestro país fue considerado el
“granero del mundo” y podría seguir siendo importante si la actividad agrícola se hubiera hecho de
forma consciente y con respecto a la vocación productiva de los territorios.
La fiebre del oro de California tuvo su
origen en el año 1848 y continuó hasta
1854. La fiebre del oro en Australia se
inició en 1851. El oro propició un auge
económico importante que decayó a
fines del Siglo XIX.
La sobreexplotación de los suelos terminó deteriorándolos fuertemente. Durante el apogeo de la
producción triguera en nuestro país, donde se cultivaba en terrenos en los que aún contenían la
fertilidad que los bosques talados le proporcionaban, se llegó a producir 120 quintales promedio
por hectárea. En cambio, la producción a fines del 1800 se encontraba en torno a una media de
tres quintales por hectárea, casi una producción de subsistencia.
En 1870, Benjamín Vicuña Mackenna escribiría
en el diario El Ferrocarril: “De todas las
necesidades más urgentes, la que exige mayor
atención, es la reglamentación de los bosques.
A esta grave cuestión está vinculado el
porvenir del país. ¿Qué es lo que se está
haciendo? nos preguntamos. Se está
incendiando a Chile en nombre de la
agricultura. Se está decretando el desierto en
el sur a nombre del trigo, así como en el norte
se consumió y decretó a nombre del cobre”.
Este tipo de agricultura depredadora dejó enormes problemas al país, ya sea por la inutilidad de
los suelos erosionados, por las dunas que dejaron en nuestras costas las arenas arrastradas por la
lluvia a los ríos y luego al mar, y por el embancamiento de los ríos que hasta inicios de la República
eran navegables.
27
Otro de los problemas que originó el agotamiento de la producción triguera fue la escases de
materia prima para la producción de papel, el que en el siglo XIX se elaboraba en base a paja de
trigo. Al disminuir la producción de trigo, se comenzó a importar celulosa desde Canadá. Se
originó así un problema más grave aún: la idea de destinar los suelos degradados por la
producción de trigo a generar materia prima barata para producir celulosa.
En la foto se muestran suelos forestales descubiertos preparados para plantar
en ellos especies de rápido crecimiento
La utilización de los suelos trigueros degradados y abandonados para producir celulosa
concordaba con la política de sustitución de importaciones que a partir de 1930 comenzó a
aplicarse en Chile. Con posterioridad se verá que a la forestación con especies de rápido
crecimiento se le agregaron ciertas características como la protección de los suelos contra la
erosión y el desarrollo industrial. A partir de la década de los `80, la forestación casi
exclusivamente con pino radiata y la producción principalmente de celulosa, coincidió con la
apertura a los mercados internacionales y el fomento a las exportaciones que se inició en esa
década.
Inexplicablemente, la priorización de las políticas de forestación con especies de rápido
crecimiento, entiéndase pino radiata y eucalipto, se ha mantenido hasta la actualidad de forma
única y privilegiada, dejándose de lado una visión país del desarrollo forestal y la utilización
sustentable de todos sus recursos forestales, aspecto que abordaremos más adelante en
profundidad en este mismo documento. Se ha llegado al extremo de eliminar los viveros fiscales,
situación que tiene el evidente efecto, sino el propósito, de evitar que se pueda forestar con
especies distintas a las que los viveros privados estén privilegiando.
28
Colonización del sur de Chile
Respecto de la colonización del sur de Chile, el eminente historiador Francisco Antonio Encina, en
el tomo XXVI de su obra “Historia de Chile”, escribió lo siguiente: “Hemos visto que Pérez Rosales,
en el verano de 1851, en compañía del ingeniero alemán Guillermo Frick, remontó el río Futa y
desde allí realizó una audaz exploración de las comarcas que baña el lago Llanquihue; y que, no
pudiendo formarse idea de los terrenos, a causa del monte impenetrable que los cubría en su
mayor parte, le hizo prender fuego, con lo cual descubrió una extensión de más de 50.000
cuadras, que quedaron cubiertas por una espesa capa de ceniza, sobre la cual se destacaban,
como testigos de la selva arrancada por el fuego, gigantescos troncos medio carbonizados.”
Colonos alemanes recién llegados, en las propiedades que el
Gobierno de Chile les entregó.
En su libro Encina nos relata la confesión que el propio
Pérez Rosales hiciera respecto lo señalado en el párrafo
anterior: “En mi tránsito ofrecí al indio Pichi Juan treinta
pagas, que eran entonces treinta pesos fuertes, para
que incendiase los bosques que mediaban entre
Chancán y la cordillera.” El incendio duró tres meses.
Demostrando el desorden e improvisación con que
trabajaba, luego Pérez Rosales regresó de Osorno a
Valdivia, “con el fin de calmar el descontento que
comenzó a apoderarse de los inmigrantes, los cuales no
sabían qué hacer en el provisorio alojamiento en que los
había dejado.”
Vicente Pérez Rosales
No cabe la menor duda que, al igual que en los casos anteriores descritos, sea por “denuncios de
bosques” en la minería o por deforestación con fines agrícolas, que en este caso también estamos
en presencia de una falta de Política de Estado que proteja el bosque nativo. Sin duda, es el propio
estado quien incentiva el uso del fuego y la sobreexplotación de los bosques nativos del país, el
que por no prohibir su uso mantiene hasta la actualidad esa conducta del todo inapropiada, cuyos
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efectos han generado una trama, la que según veremos más adelante en este texto, ha generado
pobreza y desolación.
De haber existido una política respecto del uso del bosque y de la actividad agrícola, los colonos
europeos hubieran podido disponer de una enorme riqueza de recursos naturales, pero la realidad
fue otra, parte de la cual se observa en las siguientes fotografías.
En ambas fotos se observa la pobreza en la que vivieron los colonos del sur de Chile
En las imágenes de más abajo, a la derecha se muestra el proceso de deforestación ocurrido
durante 150 años, desde el 1800 a 1950, entre los paralelos 39 a 42º de latitud sur, donde en una
primera etapa los suelos ñadis representaron una barrera que pudo contener la eliminación de
bosque, la que actuó protegiendo los bosques nativos de la Cordillera de los Andes. En la imagen
de la izquierda se muestra la pérdida de bosques que ha ocurrido (y que continúa ocurriendo) en
la Región de Aysén.
DEFORESTACIÓN REGIONES X A XI
1900 1998
Deforestación entre Valdivia y Puerto Montt Cambios de los patrones de distribución del bosque
nativo de la cuenca del río Aysén
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Es importante destacar que en ambos casos se muestran regiones que históricamente han tenido
una alta presencia de bosques nativos, en las que actualmente predominan procesos de
degradación de los ecosistemas forestales, ya sea por floreo, extracción de leña u otra causa. A
fines del siglo XIX, junto con el ferrocarril, en 1890, llegaron a Chile provenientes de Canadá los
primeros aserraderos a vapor, iniciándose de esta forma la época de los locomóviles. Se estima
que en nuestro país estuvieron en funcionamiento alrededor de 2.000 de estas máquinas,
repartidas en todo el sur de Chile. Este incremento en la capacidad de aserrío generó un nuevo
fenómeno de deforestación, asociado esta vez a la sobreexplotación de los bosques, los que
fueron explotados irracionalmente, yendo más allá de lo que permite la aplicación del criterio de
rendimiento sostenido.
31
Resumen siglo XIX
A comienzos del siglo XX, con respecto del uso del fuego, Federico Albert llamaba la atención
sobre la barbarie irracional de algunos roces, los que se hacían sin control alguno y arrasaban con
miles de hectáreas de bosques en pocos días. El primer Director y creador de la Inspección
General de Bosques, Pesca y Caza del Ministerio de Industrias y Obras Públicas, Federico Albert, a
inicios del siglo XX, calculaba que se habían quemado más de 11 millones de hectáreas para
habilitar suelos agrícolas.
La minería que necesitaba combustible para sus altos hornos, la agricultura que ambicionaba la
fertilidad que los bosques habían acumulado en los suelos forestales, la necesidad de contar con
praderas para el ganado, el proceso de colonización realizado con el concurso principalmente de
alemanes, en el sur de Chile, el uso del fuego contra las tácticas de guerra de los pueblos
originarios, la necesidad de leña y madera de construcción, todo eso combinado con políticas
gubernamentales que incentivaban la destrucción de los bosques a como diera lugar, generó el
resultado que se muestra en el diagrama siguiente.
Se observa que al inicio del siglo XX nuestro país ya había perdido la mitad de los bosques nativos
que poseía antes del inicio de la conquista española, quedando a su cargo unos pasivos
ambientales que hasta la fecha, 110 años después, aún no es capaz de resolver.
32
Pérdida de bosques siglo XX
El siglo XX se inicia con un grave problema de escases de madera. Ya habían desaparecido los
bosques de las quebradas y valles del norte y centro del país, los terrenos con bosques que se
encontraban en el valle central fueron devastados para uso agrícola y pecuario, la necesidad de
madera y leña significó primero la pérdida de los ejemplares más robustos, cuyas ramas y
renuevos fueron mutilados una y otra vez hasta hacerlos desaparecer. El uso del fuego ya había
generado un perjuicio enorme a la vegetación nativa de nuestro país, utilizado no solo para
eliminar bosques, generar nuevos pastos o despejar lugares donde habitaban los pueblos
originarios, sino también como una práctica que ahorraba el esfuerzo de talar, destroncar y
transportar la madera generada.
Otro de los problemas originados en el siglo pasado es la disminución de la productividad de los
suelos trigueros. Esta situación significó una drástica disminución de la disponibilidad de paja de
trigo que, entre otras cosas, era utilizada para producir celulosa. En 1915 trabajaban en Chile 139
pequeñas fábricas artesanales de papel para escribir y envolver, las que utilizando paja de trigo
como materia prima producían unas 2.000 toneladas anuales de papel.
Búsqueda de nuevas especies exóticas de rápido crecimiento.
A tan solo un año de la llegada a Chile del Ingeniero Forestal Konrad Peters, en 1908, la Sección de
Aguas y Bosques del Ministerio de Industrias, dirigida por Federico Albert, publicó en Anales
Agronómicos una descripción detallada sobre las especies cultivadas en los viveros establecidos
por Albert. De acuerdo con sus criterios las especies consideradas habían sido seleccionadas no
sólo entre los árboles forestales de “más ligero crecimiento, de mayor talla y de mejor madera,
sino también que se ha tomado muy en cuenta su rusticidad o bien la particularidad que tienen
algunos vegetales de crecer en altitudes más extremas, en los cerros áridos y apretados, en las
orillas y cajas de los ríos o bien en las dunas y vegas salobres o dulces”. El aquel extenso y erudito
texto describió las características del cultivo y uso de 150 especies silvícolas. Con posterioridad, y
seguramente utilizando parte del conocimiento generado por Federico Albert, Konrad Peters
llegaría a ensayar, ya no a nivel de vivero, sino masivamente, 200 especies forestales en la VIII
Región,.generando una importante superficie de plantaciones
Federico Albert observaba que, a raíz de la colonización de las provincias al sur del Bío Bío y el
cambio de la propiedad fiscal en propiedad particular, “ha venido la destrucción de bosques sin
tasa ni medida, consultando cada cual la necesidad propia del primer momento, sin fijarse en las
exigencias futuras de su prosperidad ni mucho menos en los intereses de las primeras
condiciones de vida de la comunidad, como ser el resguardo de las hoyas hidrográficas de las
33
vertientes que deben servir para el agua potable y desagües de las poblaciones, el riego de los
campos, la fuerza motriz, la flotabilidad y navegabilidad de los esteros y ríos, la corrección del
régimen torrencial de las aguas, etc., etc.”
Sobre el pino insigne Albert no tenía una opinión especialmente favorable. Si bien consideraba
que era la especie más rápida en crecer de los pinos aclimatados en el país y que (por su madera
blanda) era apta para puertas, ventanas, cielos y algunas construcciones, también pensaba que
“no se debía esperar de ella, ni postes de buena calidad, ni madera de construcción que exija
cierta resistencia, ni la explotación de resina”. En consecuencia, estimaba que, no convenía
“darle tanta preferencia exclusiva como se ha hecho hasta la fecha”. Recomendaba, en cambio,
la forestación con pino canariensis.
Es interesante destacar que en 1885 ya existía la primera planta industrial de celulosa, que estaba
ubicada en la comuna de Puente Alto y funcionaba con celulosa importada. Resalta aquí un detalle
interesante: desde el siglo XIX habían fuerzas interesadas en promover de forma masiva y
exclusiva la forestación con pino radiata en Chile, quienes mientras se destruía el bosque nativo,
debieron esperar al menos cinco generaciones, hasta que llegó su momento a mediados del siglo
XX.
Otra industria que se vio fuertemente afectada en este período fue
la Compañía Minera de Lota, la que debido a la eliminación de los
bosques desde donde se extraía madera para utilizarla como postes
al interior de las minas de carbón, en 1881, comenzó a importar
semillas de diversas especies forestales con el fin de identificar,
mediante ensayos de introducción de especies forestales a aquellas
que más convenía cultivar para cumplir con sus necesidades de
madera resistente. El Ingeniero Forestal Konrad Peters, de
nacionalidad alemana, contratado por la carbonífera de Lota en
1906, fue el encargado de realizar la tarea descrita. Llegó a ocupar
el cargo de Gerente Forestal de la compañía Carbonífera e industrial
de Lota y posteriormente de Forestal Colcura S.A. hasta 1943.
Con este objetivo, en la provincia de Arauco se plantaron grandes
extensiones de tierra con varias especies de eucalipto, ciprés,
aromo australiano y diversas coníferas, entre las cuales pino insigne
(Pinus radiata), especie de madera blanda, mostró un rápido
crecimiento. Con posterioridad Konrad Peters logró la forestación
con diversas especies de una vasta zona de la región del Bio Bio.
Estas plantaciones, entre las cuales habían diversas coníferas fueron
traspasadas en 1968 a la CORFO para el abastecimiento de la recién
creada empresa "Celulosa Arauco". Los rodales plantados pasaron a
ser propiedad de Forestal Arauco Ltd
34
La escases de madera proveniente de
bosque nativo se hizo cada vez más
acentuada, llegando a representar un
10% del abastecimiento de madera a
fines de la década del ‘70.
A esa fecha el 90% de la madera que se
producía en el país provenía de
plantaciones. La leña proviene
principalmente del bosque nativo.
Entre los años 1917 y 1937 se colonizó la zona de los fiordos, de Puerto Montt al sur. Los colonos
para obtener tierras de pastoreo recurrieron a la ya tan criticada alternativa de utilizar el fuego
para eliminar paulatinamente el bosque virgen, ya que el Estado solo otorgaba los títulos de
propiedad a los mismos, cuando las tierras estaban “limpias”.
Trabajadores estacionales en Chiloé. 1930 Alerce gigante (Fitzroya cupressoides).
A mediados del siglo XIX
La legislación sobre bosques lograda a partir de las propuestas de Federico Albert tuvo un
importante efecto en la creación de áreas silvestres protegidas, pero no logró controlar la
eliminación de bosques a través del uso del fuego.
35
Uso de especies forestales de rápido crecimiento
Según lo señalado, en octubre de 1839, año en que llegaba Claudio Gay a Chile, Carlos Durant des
Maisons se convertía en el primer fomentador de la forestación en Chile al enviar semillas de los
árboles más interesantes del bosque, construcción y frutales de Europa, al Director de la
Sociedad Nacional de Agricultura. Asimismo, Durant des Maisons recomendaba, sin ninguna duda,
la plantación de pinos marítimos (Pinus pinaster) en Santiago para “suplir la leña que cada año va
escaseando en los alrededores de la capital. También en la provincia de Aconcagua, igualmente
entre Valparaíso y Concepción, sobre la costa donde hay tantos terrenos arenosos en que el
árbol se produce tan alto y tan bello”
También a mediados del siglo XIX, Claudio Gay ensayaba en la Quinta Normal de Agricultura, una
serie de especies forestales y agrícolas, de las cuales no se tiene registro respecto de su resultado
y utilización. Este trabajo sería continuado por Rodulfo Philippi y luego por Federico Albert. Fue
justamente Albert, quien preocupado de suplir la falta de madera existente producto de la
depredación del bosque nativo, fijó para el ensayo de especies forestales dirigidos a la
introducción de especies forestales en Chile, los siguientes tres criterios:
1. Más ligero (rápido) crecimiento.
2. Mayor talla y de mejor madera
3. Rusticidad
Se demandaba que las especies ensayadas fueran capaces de crecer en condiciones desfavorables
tales como altitudes más extremas, en cerros áridos y apretados, en orillas y cajas de ríos o en
dunas y vegas salubres o dulces.
De los ensayos de Introducción de especies realizados primero
por Federico Albert (con 150 especies a nivel de viveros y en
algunos casos masivamente) y por Konrad Peters después
(forestando grandes extensiones con 200 especies) en la
Compañía Minera de Lota, se obtuvo el conocimiento y
material necesario para seleccionar las especies que se
utilizarían en futuras campañas de forestación para la
obtención de postes para las minas.
En 1915, la Compañía Minera de Lota poseía 34.339 hectáreas de plantaciones de pino marítimo,
eucaliptos y diversos cipreses, entre otras especies. Algunos autores incluyen pino radiata entre
las especies establecidas, pero es dudosa esa referencia ya que su madera no servía para ser
utilizadas como postes en las minas.
Al amparo de la Ley de bosques de 1931 comenzó un fuerte desarrollo de las plantaciones,
primero en las provincias de Concepción y Arauco, y luego en la provincia de Maule: La Misión
36
Haig señaló que en 1943, la superficie plantada era de 143.450 hectáreas. A mediados de la
década de los treinta, se estableció un sistema de forestación con pino insigne denominado
“parcelas bosques”. Cada parcela tenía una extensión de 1,5 hectáreas, la que estaba plantada
con 2.500 pinos insignes, a una densidad de plantación de dos metros entre árbol, y a
continuación media hectárea sin árboles. Otro sistema de forestación originado en la década de
los treinta fue el de los créditos de forestación iniciados por la Corporación de Fomento de la
Producción (CORFO), a través de la Sección de Forestación de su Departamento de Agricultura, los
que contribuyeron directamente a la plantaciones de especies de crecimiento rápido de mejor
adaptación y aprovechamiento económico, sistema que permitió la forestación de 4.000 hectáreas
plantadas con pinos y eucaliptos.
La historia de las plantaciones forestales en Chile tuvo un punto de inflexión cuando se crearon los
Planes de Forestación: Chillán en 1953 y Colchagua en 1969, lo que significó en la práctica que
CORFO abordara la creación de plantaciones industriales de Curicó al sur y el Ministerio de
Agricultura la forestación de pequeña escala de Curicó al norte.
1. Proyecto de desarrollo agropecuario llamado Plan Chillán y que operó entre las regiones
VII y IX. Corresponde al proyecto Nº 22 de Conservación de Suelos y Aguas. Este Plan
incluyó un punto referido a plantaciones forestales e introducción de especies. Para lograr
el fin señalado se instaló un vivero donde actualmente se encuentra el Centro de Semillas
de CONAF en Escuadrón y se establecieron parcelas de introducción de especies
forestales, en convenio con particulares entre papudo (V Región) y Frutillar (X Región), que
incluían exóticas y algunas nativas.
2. Entre julio y agosto de 1969, se creó el Plan Colchagua de Reforestación pues “esta zona,
en tres cuartas partes del área, sufre de procesos erosivos sumamente avanzados. El
proyecto de reforestación consulta en su primera etapa la plantación de 100 mil
hectáreas, en un plan de 10 años, con el objeto de recuperar los terrenos más degradados
e incorporarlos a la economía de la zona como base para la futura implantación de
industrias forestales de importancia”.
Entre 1940 y 1959, el ritmo de plantación alcanzó las 10.000 hectáreas anuales y, debido a las
prácticas monopólicas de la industria papelera, cuyos bajos precios por la materia prima
desalentaron a los productores, disminuyó a 6.000 hacia 1964. Diversos autores señalan que en
1965, había entre 200.000 y 350.000 hectáreas de pino principalmente, las que estaban
proveyendo un sustitutivo a la materia prima industrial de bosques nativos.
Si bien el Plan de Forestación del Gobierno de Frei Montalva tenía como meta la plantación de
450.000 hectáreas de pino en 6 años, desde 1965 a 1973 se plantaron solamente unas 300.000
hectáreas de pinos. El estado había asumido la iniciativa y los riesgos de una inversión a largo
plazo como la forestal plantando 420.000 hectáreas de árboles en el período 1963-1973. Las
37
plantaciones de Pinus radiata D. Don, en Chile, originalmente destinadas a suelos erosionados y de
dunas, constituyen actualmente el cultivo más extensivo en el país con más de 2,3 millones de ha
distribuidas principalmente entre 34° y 40° S. En Chile, la sustitución de bosques nativos por
plantaciones de pino radiata ha sido un proceso importante, con consecuencias sociales,
económicas y ambientales
En 1920, la compañía Manufacturera de Papeles y
Cartones (CMPC) se hizo cargo de dos plantas en
Puente Alto. En 1944 la CMPC inició extensas
plantaciones de pino radiata destinado a producir
celulosa. En 1959, la Papelera creó la Planta de Laja y
también otras en Valdivia y Bio Bio. En 1963 se creó la
planta de Nacimiento, propiedad de Inforsa y luego de
CORFO, cuyo producto principal era de papel de diario.
A través de la Corporación de Fomento (CORFO) el
estado financiaría la construcción de las plantas
Celulosa Arauco S.A. (1967) y Celulosa Constitución
S.A. (1969), empresas que fueron privatizadas en los
años 1977 y 1979 respectivamente.
Datos del año 2007 señalan que de la madera que se utiliza en la industria, un 98% proviene de
plantaciones. En tanto, del total para el uso energético aún un 44% aproximadamente proviene de
bosques naturales. El resto es de plantaciones y desechos de la industria primaria y secundaria.
Los principales productos exportados son la pulpa blanqueada de pino y eucalipto, seguidos por la
madera aserrada de pino. El sector forestal chileno está muy concentrado en dos grandes
empresas, Arauco y CMPC, que en total explican casi el 72% de las exportaciones y controlan el
70% de las plantaciones de pino y el 40% de las de eucaliptus. La tercera empresa más grande es
Masisa, principal productor de tableros de Latinoamérica.
38
Lucha contra la erosión
En la década de los treinta del siglo pasado, los científicos y agrónomos chilenos comenzaron a
buscar explicaciones sobre los bajos rendimientos de los cultivos de trigo en el país. Desde
entonces tomó fuerza el argumento de que la erosión de los suelos era la causa principal de los
bajos índices de producción. Manuel Elgueta y Juan Jirkal calculaban hacia 1943 que no menos de
4 millones de hectáreas del territorio nacional habían sido afectadas por la erosión.
El experto forestal Irvine Haig, quien dirigió una Misión Forestal contratada en 1944 por CORFO,
con el objetivo el realizar un estudio sobre la situación forestal del país como base para una
planificación del sector, tendiente a su industrialización y a la formulación de una sólida política
forestal nacional, señaló: «la economía forestal de Chile es actualmente de escasez, siendo que
esta riqueza es capaz de mantener una economía de abundancia».
Desde entonces se escribieron numerosos artículos llamando la atención sobre este flagelo,
haciendo un ferviente llamado a detener los procesos erosivos que afectaban gravemente al
medio ambiente y a la agricultura nacional.
Respecto de la lucha contra la erosión, refiriéndose al Plan Nacional de Reforestación creado en su
Gobierno, en un discurso realizado en agosto de 1965 al inaugurar la campaña de reforestación, el
Presidente Frei Montalva señaló: «una de las aspiraciones más grandes que yo tenía al llegar a la
presidencia era afrontar este problema del árbol en Chile». En consecuencia, en su gobierno, se
inició la mayor campaña de reforestación conocida hasta entonces. La meta era formar 450.000
hectáreas de nuevos bosques para asegurar el abastecimiento de madera, el adecuado resguardo
de los recursos naturales, la detención de la erosión causada por la deforestación y la satisfacción
de las funciones recreativas y turísticas de los bosques.
En este contexto, el geógrafo Pedro Cunill planteó en 1974 que en Chile se producía una situación
geográfica paradojal: la de un país joven subpoblado y subutilizado pero que tenia la mayor
parte de su espacio seriamente deteriorado.
39
Sustitución del bosque nativo
Otro experto forestal, en este caso el finlandés Lars Hartmann, miembro del Grupo Forestal de la
FAO, quien fue contratado por el Gobierno de Chile en 1952, señaló en su trabajo que consideraba
que “era indispensable proteger los bosques que aún quedaban para asegurar el abastecimiento
continuo de materia prima y conceder créditos adecuados para las industrias forestales”. Esta
afirmación provenía de la constatación en terreno de que “En las propiedades del bosque natural
no se ha encontrado ni un solo propietario particular que esté manejando la propiedad con
cuidado o preocupación por la producción forestal continua”. La producción maderera se
caracterizó por la falta de manejo adecuado de los bosques y el total desinterés por la renovación
del recurso.
La necesidad de disponer de
combustible para cocinar y
calefacción se resuelve en muchos
lugares del país a través de la
extracción de leña, actividad que en
la actualidad es el principal factor de
degradación del bosque nativo. En el
gráfico de la derecha se observa que
el consumo de maderas nativas para
ser utilizada como leña es muy
superior al consumo de madera
nativa con fines industriales. La
extracción de leña debe ser regulada.
En el siguiente diagrama de muestran las trayectorias de cambio entre las diferentes coberturas
del suelo entre los años 1989 y 2003. La categoría "Otros" incluye terrenos agrícolas, praderas y
terrenos sin vegetación. Se observa que el año 2003 el 63% del bosque nativo fue reemplazado
por plantaciones y que en 1989 la sustitución de bosque nativo por plantaciones se acerca al 30%
del bosque nativo que se degrada.
40
El Servicio de Reservas Forestales.
Producto del notable esfuerzo realizado por Federico Albert como Director de la Inspección
General de Bosques, Pesca y Caza, en una nota enviada en 1914 al Ministro de Industria y Obras
Públicas pudo informar lo siguiente: “se ha logrado reservar a costa de grandes dificultades la
inapreciable cantidad de 360.000 hectáreas” Este resultado representa el inicio del Servicio de
Reservas de Bosques Fiscales en nuestro país, el que a partir de 1984 CONAF pasará a denominar
como SNASPE.
En efecto, si observamos el gráfico que se muestra más abajo, nos daremos cuenta que la
superficie de las áreas protegidas creadas hasta 1969, época en que la sigla SNASPE creada por
CONAF en 1984 no existía, ya superaba los 12.000.000.- de hectáreas, las que estaban contenidas
en alrededor de 60 unidades. Desde la perspectiva de la evaluación de política forestal solo
podemos destacar el éxito del trabajo que realizó la Inspección General de Bosques, Pesca y Caza
bajo el liderazgo de Federico Albert.
En 1925 se creó el primer Parque Nacional con el nombre de “Benjamín Vicuña Mackenna”, el cual
fue desafectado 4 años más tarde. En 1926 se estableció el Parque Nacional Vicente Pérez Rosales,
vigente hasta la actualidad. En 1940 se firma la “Convención para la protección de la flora y fauna y
las bellezas escénicas de América”, también conocida como Convención de Washington”. En Chile
la Convención de Washington entró en vigor el 10 de octubre de 1967. Su implementación estuvo
a cargo del Ministerio de Relaciones Exteriores. Actualmente, esta Convención ha perdido vigencia
práctica, debido a los cambios que las herramientas de conservación han tenido durante las
últimas décadas y al nacimiento de nuevos acuerdos internacionales medioambientales, lo que
estaba contemplado en los objetivos de la Convención de Washington.
41
Entre 1958-1974 se crean 61 unidades entre parques y reservas terrestres al alero del Ministerio
de Agricultura. En 1964 el Ministerio de Agricultura crea la Administración de Parques Nacionales
y Reservas Forestales (APARFO), la cual administraba tan solo unas 3 millones de has. Entre 1969 y
1984, se incorporaron al Servicio de Reservas Nacionales, que a esa fecha existía, alrededor de 2,0
millones de hectáreas contenidas en 20 unidades.
Transcurren 70 años desde 1914 hasta la creación en 1984 de la Ley Nº 18.362. No obstante el
señalado proyecto de ley nunca entró en vigencia, la Corporación Nacional Forestal (CONAF), que
había sido creada tan solo con 10 años de anterioridad a la fecha señalada, en base a los
conceptos y definiciones contenidas en la abortada Ley Nº 18.362, procede a realizar una
reclasificación de las áreas protegidas que le habían sido encargadas, trabajo a partir del cual se
origina la tabla siguiente:
Si al esquema presentado se agrega la categoría Santuario de la Naturaleza, que está representado
en 42 unidades y 471.820 hectáreas se llega a un total nacional de 15.036.738 de hectáreas.
Durante la década de los 80 mediante la creación de un número reducido de unidades se
incorporó una gran superficie, en las regiones de Aysén del General Carlos Ibáñez del Campo y la
Región de Magallanes y la Antártica Chilena, que representan el 35,6% de la superficie total actual,
las que están contenidas en las siguientes unidades: Parque Nacional Bernardo O´Higgins, Parque
Nacional Monte Balmaceda y parte de la Reserva Nacional Alacalufes, las que en total suman
3.525.901 de hectáreas.
Es conocido el argumento de que los Parques Nacionales Bernardo O´Higgins y Monte Balmaceda,
junto con la Reserva Nacional Alacalufes fueron creadas con fines geopolíticos, argumento que
sería cierto si en esos territorios se hubiera avanzado en algún tipo de proyecto o presencia
gubernamental, lo que no ocurrió. El único efecto conocido producto de la creación de esas áreas
silvestres protegidas, es que con esa medida se logró (nuevamente por vía administrativa) casi
duplicar la superficie de áreas silvestres protegidas a cargo del estado, lo que sin duda constituyó
un logro para el gobierno de la época, el que se podía exhibir en los foros internacionales. En ese
mismo período CONAF se encontraba abocada a promover la forestación principalmente con pino
radiata en detrimento del bosque nativo
42
CAPITULO II: HISTORIA DE LA LEGISLACION SOBRE BOSQUES
Al analizar la historia de los pueblos prehispánicos resalta el hecho de que estas culturas tenían
mucha relación con los elementos naturales, al punto de identificar sus principales deidades con la
lluvia, la luna, el sol, el mar, el bosque, los árboles, los animales, el rayo, el trueno y un sinfín de
elementos y fenómenos naturales, inexplicables en aquellas remotas épocas. En la religión del
pueblo mapuche encontramos, entre otros dioses, a Antu o Chau, llamado también Antu fucha
(anciano rey sol), a Antu kuche (anciana reina luna), que en realidad sería la representación de su
esposa Kuyén, a Elche, que es el espíritu creador del hombre y a Elmapu, que es el espíritu creador
del mapu (Tierra).
Durante la Conquista y la Colonia se aplicaron en Chile las leyes que el Rey de España definió
especialmente para que rigieran en el Nuevo Mundo, las que tuvieron vigencia también con
posterioridad a la creación de la República de Chile. Para mantener actualizadas las leyes y
ordenanzas, cada cierto tiempo eran recopiladas, tarea que el Rey de España había encargado a la
Junta de Recopilación.
"Las Ordenanzas de Nueva España y Leyes de India",
destinadas a regir en el nuevo mundo, disponían que "los
montes estuviesen al alcance de toda la comunidad y de
nadie en particular". Es decir, el bosque es considerado
como un bien común que satisface necesidades
colectivas. Procuraba que en los manantiales "se evitare
los desmontes de los montes que los cubran o se rocen
para sembrar, ni ninguna cosa que pueda agotarlos o
minorarlos, procurando por el contrario que se alegren y
se limpien con las precauciones y arbitrios del arte.
Prohibía a los leñadores y carboneros la corta de los
renuevos de árboles y ordenaba que donde no los
hubiere se trate de plantar y replantar arboledas,
principalmente en sitios o parajes donde en otros
tiempos los hubo“.
La sistematización del derecho español conocido como
"La Novísima Recopilación", que rigió tanto en España
como en América, establecía en su Libro VII que los
montes debían conservarse, autorizando sólo la corta de
los árboles grandes y dejando la planta en estado de
volver a crecer o regenerarse.
Lamentablemente, también formaba parte de la legislación colonial las Reales ordenanzas para la
dirección, régimen y gobierno del importante cuerpo de la minería en Nueva España, consistentes
43
en un conjunto de ordenanzas elaboradas para ser aplicadas en México, pero que fueron
implantadas también en Perú y Chile, en cuyo articulado se encontraban los Denuncios de
Bosques. Estas fueron aprobadas el 22 de mayo de 1783. A continuación se transcribe el artículo
respectivo:
Denuncios de Bosques. Art. 12. “Los montes i selvas próximas a las minas
deben servir para proveerlas de madera con destino a sus máquinas, i de
leña i carbón para el beneficio de sus metales; entendiéndose lo mismo con
las que sean propias de particulares, con tal que se les pague su justo precio:
en cuya forma será a éstos prohibido, como les prohíbo, el que puedan
estraer la madera, leña i carbón de las dichas pertenencias para otras
poblaciones que puedan proveerse en distintos parajes.”
A pesar de las regulaciones contenidas en "Las Ordenanzas de Nueva España y Leyes de India" y en
"La Novísima Recopilación", el bosque desde esa época sufrió destrucción, debido a la inacción de
los cabildos y a una explotación incontrolada por parte de los mineros que, debido a los
Denuncios de Bosques, gozaban de preferencia sobre los recursos naturales renovables.
En 1845 se dictó la primera ley de colonización que procuró atraer la inmigración extranjera para
colonizar las regiones del sur de nuestro país. Los primeros colonos alemanes llegaron a Chile en
1851. La revolución de esa fecha casi interrumpe el flujo de inmigrantes pues venían huyendo de
ese tipo de disturbios y no querían encontrarse con la misma situación en su nuevo destino. Hacia
1853, sin embargo, ya sumaban más de mil personas, instalados en Osorno y Valdivia; y desde el
Lago Llanquihue hasta Puerto Montt. El estado los sustentó durante un año y también les regaló
semillas: cinco fanegas de trigo y diez de maíz.
La Ley de terrenos baldíos de 1845, además de
favorecer la llegada de colonos alemanes al sur del país
fue ampliamente utilizada por ingleses para la
explotación minera en el norte. Este cuerpo legal fue
ampliado el 9 de enero de 1851.
El artículo 783 del Código Civil de 1857 es una norma
relacionada con el derecho real de usufructo y dispone
que el "goce del usufructuario de una heredad se
extiende a los bosques y arbolados, pero con cargo de
conservarlo en un ser, reponiendo los árboles que
derribe".
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En 1871, algunos de los artículos más lesivos contenidos en las Ordenanzas de Minería,
especialmente con relación a los denominados "denuncios de bosques", fueron derogados, pero
al siguiente año los intereses mineros consiguieron que tales medidas fueran "suavizadas“.
Las leyes de 13 de julio de 1872 y su correspondiente Reglamento General de Corta y de 3 de
mayo de 1873, limitaron los derechos de los mineros con relación a los "denuncios de bosques".
Estas leyes se limitaron a regular la explotación de los derechos adquiridos a tres años de su
dictación. Por tanto, los denuncios de bosques hechos con anterioridad a esta fecha facultaban a
los denunciantes que tuviesen hornos en labor para seguir ejercitando sus derechos con arreglo a
ordenanza, por el término de tres años contados desde la promulgación de la ley, pudiendo solo
cortar los árboles que se consumieran durante ese período. Quedaban exentos de toda
expropiación forzada los montes anteriormente cortados y aquellos en que no se hubiesen
iniciado aun los establecimientos para lo que se habían solicitado.
Otro avance en la protección de bosques logrado el mismo año 1873 fue que se lograra incorporar
en el Código Penal la tipificación y sanción del delito de incendio de bosques. Esta medida
apuntaba a proteger los bosques que quedaban en nuestro país a esa fecha, luego de 330 años de
depredación y extinción de nuestros ecosistemas forestales en base a la utilización indiscriminada
del fuego.
El 16 de enero de 1879 se promulga el decreto sobre "Reservas de Bosques Fiscales". Disponía
que en la venta de terrenos del Estado en las provincias de Arauco, Valdivia, Llanquihue y en el
departamento de Angol, se reservara una franja de no menos de 10 kilómetros de espesor, que
corriera de norte a sur, con el propósito de formar una barrera verde destinada a la contención de
las aguas y la protección de las tierras agrícolas del valle longitudinal. Desde ese momento y hasta
el año 1913, el fisco formó las reservas forestales de Tirua, Alto del Bíobío, Villarrica, Llanquihue,
Petrohué, Puyehue y Chiloé, con lo que conformó un total de 600 mil hectáreas repartidas entre
Concepción y Puerto Montt.
El 30 de septiembre de 1907 se emitió a través del Ministerio del Interior el Decreto Supremo Nº
1.540, que establecía la Reserva Fiscal Malleco, primera área protegida de este tipo creada en el
país.
Las disposiciones contenidas sobre bosques en la Ley de la Comuna Autónoma, de 1891,
específicamente en el artículo 26, número 4, perseguían “Reglamentar la corta de bosques o
arbolados, i la quema de bosques, rastrojos u otros productos de la tierra.”
45
En 1908 Federico Albert propone una Ley Forestal para Chile. El 5 de abril de 1916 se promulgó
la Ley Nº 3.091 que concedió exención de impuestos y premios para el establecimiento de
plantaciones por los particulares.
Ley de bosques de 1925, modificada por el Decreto Ley 4.363, del año 1931, prohíbe la corta de
árboles y arbustos nativos situados a menos de 200 metros a lo largo de las orillas de cursos de
agua permanentes desde su origen hasta el plano; La corta de árboles y arbustos nativos situados
a menos de 400 metros sobre los manantiales que nazcan en los y prohíbe también la corta de
árboles nativos en pendientes mayores a 45%. Sin embargo, estas prohibiciones no son absolutas
ya que puede solicitarse cortas en dichos sectores por causa justificada y previa aprobación de un
Plan de Manejo por lo que en la práctica ésta no se cumple. Fomenta el establecimiento de
plantaciones a través de exenciones tributarias, de modo de evitar el déficit proyectado en la
disponibilidad futura de madera. También contenía normas respecto del uso del fuego.
El año 1974 se crea el D.L. 701 de fomento a la forestación. Es la Corporación Nacional Forestal el
organismo público encargado de administrar dicho cuerpo legal. El año 1998 se modifica el DL 701
mediante la Ley Nº 19.561 intentando darle una nueva orientación, esta vez al fomento forestal de
pequeños propietarios e incorpora medidas para la forestación en suelos degradados.
La legislación del uso del fuego está conformada principalmente por el D.S 276 de 1980, que
regula el uso del fuego para eliminar desechos agrícolas mediante quemas. A esta normativa se
suma la Ley Nº 20.653, de reciente promulgación que aumenta las sanciones a responsables de
incendios forestales.
46
CAPITULO III: EVOLUCIÓN DE LAS INSTITUCIONES FORESTALES.
Existe una relación estrecha entre instituciones y cultura, vínculo en el que la cultura contiene los
elementos (símbolos y objetos) que moldean y dan forma a las instituciones. El término institución
se aplica por lo general a las normas de conducta y costumbres consideradas importantes para
una sociedad, las que pueden ser informales o formales, estando entre estas últimas las
organizaciones de gobierno y servicio público. Una institución pública es un organismo que
desempeña una función de interés público, es decir, que realiza un empleo que se encuentra
definido bajo la forma de funciones contenidas en la Constitución, las leyes o los reglamentos, y
que están destinadas a ser desempeñadas por una persona natural para atender necesidades
permanentes de la administración pública.
De la exhaustiva revisión que se ha realizado en este trabajo se desprende que en la Conquista, en
la Colonia y en los primeros 100 años de la República, los bosques y el árbol, por motivos que a
continuación revisaremos, no fueron considerados elementos relevantes para el desarrollo de la
sociedad.
1. En efecto, los árboles y el bosque durante la Conquista eran los lugares preferidos por los
indígenas para emboscar a los españoles. Los cronistas señalan también que los indios,
después de atacar o cuando estaban en desventaja corrían hacia los árboles para huir. Se
menciona en varias oportunidades las dificultades que tenían los españoles para moverse
por entre los árboles con sus cabalgaduras. La presencia de bosques y árboles
representaban también un serio peligro de emboscadas para quienes viajaban de un
poblado a otro.
2. Durante la Colonia los bosques y árboles seguían representando un peligro para el viajero,
por la presencia de posibles asaltantes escondidos allí. En los claros de los bosques los
mapuches tenían sus cultivos (sementeras) y lugares donde celebraban sus victorias y ritos
religiosos, los que eran destruidos por los españoles para diezmarlos y debilitar su
resistencia. Los árboles sagrados y Rehues del pueblo mapuche representaban para los
conquistadores españoles un aciago símbolo de muerte y destrucción.
3. Durante los siglos XVIII y XIX se dio la mayor depredación del bosque nativo, el que en el
centro del país era quemado sin miramiento alguno, en el norte era talado para usarlo
como leña o despejar territorios destinados a uso urbano y, en el sur de Chile, bajo el
ejemplo nefasto de Vicente Pérez Rosales, el bosque nativo era arrasado a fuego, como
una práctica digna de imitar.
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4. Es importante destacar que durante el siglo XIX se registraron los principales reclamos en
contra de quienes depredaban el bosque nativo chileno, partiendo por Claudio Gay
Mouret quien junto a la Sociedad Nacional de Agricultura abogaron por la conservación
del bosque nativo del norte de Chile; por Federico Albert quién abogó por la conservación
de los bosques del norte, centro y sur del país; por la Misión liderada por el experto
forestal Irvine Haig; la Misión Forestal liderada por el finlandés Lars Hartmann, miembro
del Grupo Forestal de la FAO; entre tantos otros que levantaron la voz de manera fundada
en igual sentido y, ninguno de ellos fue escuchado.
Los antecedentes señalados llevan a concluir que el bosque nativo y el árbol, desde la Conquista y
hasta décadas más bien recientes, han sido concebidos como elementos sin ningún valor, como
estorbos en nuestro país. La conservación y uso sostenido de los bosques nativos ha estado poco
representada en la agenda pública, salvo por la creación de Reservas de Bosques Fiscales y de
diversas áreas silvestres protegidas. Esta situación explica también la ausencia del árbol en la
ciudad que ha sido histórica, la que recién a mediados del siglo XX se ha comenzado lentamente a
subsanar.
El resultado de lo señalado es que el árbol y el bosque nativo han estado fuera de la cultura
chilena y, por lo tanto, fuera también de su institucionalidad. Prueba de lo señalado son los
dilatados plazos, demoras y omisiones, que se han dado en la elaboración de la legislación forestal
necesaria para proteger el bosque nativo. Me refiero no solo a aquella que se ha elaborado en el
último tiempo, donde la tramitación de la Ley Nº 20.283 de Recuperación y Fomento del Bosque
Nativo demoró 13 años en ser aprobada en el parlamento, sino que se ha dado siempre, desde la
aplicación de la legislación vigente en la Colonia, contenidas en "Las Ordenanzas de Nueva España
y Leyes de India" y "La Novísima Recopilación", pasando por la elaboración de la Ley sobre "corta
de bosques" de 1872 o el decreto sobre "Reservas de Bosques Fiscales" de 1879, que son el
resultado de las denuncias realizadas por Claudio Gay en 1840, las que tardaron 40 años en ser
convertidas en leyes de la República.
Lo mismo ocurrió con la Ley de Bosques de 1931 que se elaboró en base a una propuesta realizada
por Federico Albert en 1912, tardándose 19 años en legislar. El Decreto Ley 701 que se basa en
diversos aspectos de la Ley de Bosques de 1931 y en parte también del Título IV del proyecto de
Ley Forestal, no aprobado, que fue discutido en el parlamento en 1966, tardó 8 años en aprobarse.
Lo mismo ocurrió con las leyes Nº 18.348 que crea la Corporación Nacional Forestal y de
Protección de los Recursos Naturales Renovables y la Ley Nº 18.362 que crea un Sistema Nacional
de Áreas Silvestres Protegidas del Estado, ambas de 1984, las que para colmo nunca entraron en
vigencia.
48
Hemos identificado los elementos generales que explican la falta de protección que han tenido los
bosques nativos de Chile a lo largo de la historia del país. Estos criterios se han conformado en un
paradigma difícil de vencer que ha invisibilizado el bosque nativo y los árboles urbanos ante los
ojos de los tomadores de decisiones y la población en general
A continuación se aborda el efecto que el paradigma que hace invisible el bosque nativo ha tenido
en los distintos componentes de la institucionalidad forestal chilena.
1.- Planificación forestal:
El bosque nativo es un recurso que para alcanzar una producción plena requiere manejado
forestalmente en el largo plazo. Dicho de otra forma: para lograr una producción continua de
bienes y servicios del bosque se requiere alcanzar un funcionamiento ecosistémico estable y
asegurar dicho funcionamiento en base a un equilibrio permanente. También la planificación
forestal provee de una mirada a nivel de todo el territorio del país, abarcando todos los tipos de
bosques que existen en nuestro territorio y los terrenos forestales que están descubiertos pero
que en alguna época estuvieron protegidos por una cubierta boscosa.
En este marco de acción la planificación forestal está en situación de abordar las relaciones básicas
necesarias para generar las condiciones requeridas, ámbito en el cual destacan las comunidades
locales, ya sea que estas vivan en el bosque o del bosque. Los bosques y las comunidades
constituyen el mosaico fundamental que tiene expresión en el ámbito local, cuya interacción, con
el apoyo del estado, posibilita que se exprese el potencial productivo de los territorios.
Han sido numerosos los esfuerzos que el estado ha realizado en el ámbito de la planificación
forestal, los que de una u otra forma han sido desoídos, postergados y olvidados, entre los que se
cuentan los siguientes: el trabajo de Claudio Gay y la Sociedad Nacional de Agricultura, seguido
por los aportes importantísimos realizados por Federico Albert, la Misión Forestal de Irvine Haig; la
Misión Forestal de Lars Hartmann, el Plan de Acción Forestal (PAF) realizado por el Gobierno de
Chile con apoyo de FAO y financiamiento de los Países Bajos. Todos estos esfuerzos tienen en
común que a pesar de su enorme valor y el aporte que realizan al desarrollo del país, ninguno de
ellos fue escuchado, quedando los bosques nativos a merced de la degradación y extinción de las
especies, comunidades y ecosistemas que lo conforman.
Se ha subsidiado a la industria de la celulosa y el papel durante 50 años, a través del
establecimiento de plantaciones de rápido crecimiento y el traspaso al sector privado de empresas
estatales. Considerando que en la actualidad ese sector está conformado por cinco plantas de
celulosa, 2.300.000 hectáreas de plantaciones y se ha internacionalizado de forma exitosa, cabe
49
hacerse las siguientes preguntas: ¿Seguirá el país transfiriendo recursos a la industria asociada a la
producción de celulosa y papel? ¿Existen otros sectores y alternativas forestales productivas que
también requieren apoyo estatal para posicionarse en los mercados globalizados?
Chile necesita un sistema de Planificación Forestal que le permita lograr la protección,
conservación y recuperación de bosque nativo.
2.- Incorporación de Comunidades al Desarrollo Forestal:
Las comunidades locales que viven en lugares con bosque nativo obtienen diversos recursos desde
estos ecosistemas forestales, entre los cuales el más conocido es la leña. Son numerosos los usos
tradicionales que es importante respetar, los que en su mayor parte son obtenidos y
aprovechados por las comunidades de los pueblos originarios. En este contexto se debe considerar
también las zonas donde el suelo forestal alguna vez estuvo cubierto por bosque nativo
En esta perspectiva es fundamental que las comunidades locales sean involucradas en el manejo
del bosque nativo, sobre todo en aquellos lugares donde son propietarias de parte importante de
los terrenos donde estos ecosistemas forestales persisten. El derecho a consulta previa consignado
en el Acuerdo 169 de la OIT debe ser considerado como la primera actividad a realizar en un
proceso de participación, todo lo cual es necesario para lograr que las comunidades indígenas no
solo se involucren en el manejo de bosque y de sus propios bosques, sino que formen parte de los
proyectos que esto significa.
Es necesario revisar lo poco que existe en participación ciudadana, disminuyendo de esta forma
los espacios de autoreferencia que aún posee el estado en el ámbito forestal. Una muestra de esta
situación es haber dejado como alternativa a las comunidades, para el financiamiento de la
forestación, la opción de optar a créditos, donde el propio estado aparece otorgando créditos de
enlace a través del INDAP. Esta situación es tan solo una muestra de lo mal que están concebidos
los instrumentos de fomento forestal que están destinados a ser utilizados por las comunidades
locales.
3.- Instituciones forestales públicas:
El fundador de la institucionalidad forestal pública en Chile es Federico Albert Taupp, a quien
correspondió en 1911 la creación y dirección de la Inspección General de Bosques, Pesca y Caza
del Ministerio de Industria, la que se originó de la Sección de Aguas y Bosques creada en 1906, y
que en 1925 se radica en el entonces Ministerio de Agricultura, Industria y Colonización Durante el
siglo XIX no existió institución alguna que se encargara de la conservación y aprovechamiento
50
racional de los bosques nativos, menos aún de protegerlos contra los incendios y la tala
descontrolada. En la Colonia eran los Cabildos las instituciones que debieron velar por el adecuado
cumplimiento de la legislación forestal, tarea que, efectivamente, nunca se realizó.
Coherente con la falta de relevancia que históricamente se le ha dado al bosque nativo en Chile,
fueron numerosas las competencias forestales que se fueron creando en distintos organismos
públicos durante el siglo XX, relacionadas con reservas de bosques fiscales, plantaciones
forestales, áreas silvestres protegidas, aprovechamiento de maderas, manejo de bosque nativo,
fiscalización forestal, entre otras. El traspaso a la COREF de numerosas competencias forestales
públicas tuvo como objetivo lograr que éstas quedaran radicadas en solo un organismo público,
tarea que, por algún motivo, no se realizó a través de un proyecto de ley que originara un Servicio
Forestal público.
La falta crónica de presupuesto que afectó a CONAF desde su creación, su característica de
organismo privado y la falta de atribuciones en tareas claves, solo vino a comprobar lo que,
producto de la revisión de la historia forestal de nuestro país en este texto se señala, que no es
otra cosa que la falta de preocupación que el estado ha tenido y tiene respecto de los ecosistemas
forestales del país y especialmente con su bosque nativo.
4.- Aprovechamiento del bosque nativo:
La puesta en producción del bosque nativo, siempre buscando generar un equilibrio, supone que
se intervendrá el bosque en dos direcciones: primero se determinarán las condiciones necesarias
que determinan la resiliencia del bosque especificando la cantidad de árboles que es necesario
respetar para que el bosque se recupere y, por otro lado, si existiere disponibilidad, se cosechará
un número de árboles en cantidad suficiente como para generar un ingreso económico que
permita financiar las faenas y dejar alguna utilidad. El estado de degradación en que se encuentra
el bosque nativo no permite que las primeras intervenciones generen ingresos suficientes para
financiar las actividades forestales, motivo por el cual es necesario masificar la disponibilidad de
subsidio para el manejo forestal sustentable de estos ecosistemas forestales.
El criterio señalado constituye la base del concepto de rendimiento sostenido. Se debe respetar la
cantidad de árboles que se debe dejar para que el bosque se recupere de forma satisfactoria, es
decir, el remanente de árboles que quede en el bosque debe ser calculado de forma previa y no se
debe cortar. Si se cortan los árboles que se han destinado para la recuperación del bosque,
entonces se afecta la capacidad de resiliencia del bosque y aparecen en él síntomas de
degradación.
51
Esta situación es justamente la que ocurrió en los siglos XVII y XIX en el centro y norte del país,
donde el bosque fue talado sin dejar un remanente de árboles para que se encargara de la
recuperación de esos ecosistemas. Esta es la situación que ocurre en la actualidad en los bosques
del sur de nuestro país, respecto del cual diversos estudios señalan que el bosque se está
degradando por el floreo y la constante extracción de leña a la que es sometido. Es conocido que
solo tienen Plan de Manejo Forestal entre el 30% y el 40% de los predios que son explotados para
extracción de leña.
La situación descrita es grave porque se constituye en el mecanismo vigente y aceptado para
lograr la sustitución del bosque nativo en Chile, donde se parte de un bosque nativo de calidad y
luego de algunos años de tala indiscriminada se llega a un Bosque Nativo Degradado. En esta
situación de degradación el bosque nativo no tiene oportunidad de recuperarse, pudiendo lograrlo
en condiciones adecuadas, sino que se ofrece la alternativa de plantar allí especies de rápido
crecimiento. Los funcionarios de CONAF califican los Planes de Manejo que permiten la sustitución
del bosque nativo. Por este motivo siempre hay nuevas hectáreas para forestar y de forma
permanente continúa retrocediendo la superficie de bosque nativo. No se sabe si han sido
subsidiadas, conforme a lo que señala el DL 701, las plantaciones forestales que son producto de la
sustitución de bosque nativo
Existen los mecanismos que podrían permitir una mayor protección del bosque nativo, como por
ejemplo poner en red las diferentes bases de datos que existen en el país sobre propiedad,
tenencia, catastro de bosque nativo, cartografía, proyectos existentes, etc, de tal forma de facilitar
el trabajo que debe realizar el estado en el ámbito del fomento al manejo del bosque nativo,
permitiendo dar un salto cuantitativo en gestión que no solo frene la degradación del bosque
nativo, sino, que permita incorporar el bosque nativo al manejo sustentable mediante la aplicación
de prescripciones de manejo. Esto significaría frenar de golpe la sangría de terrenos que año a año
pasan de categoría Bosque Nativo Degradado a Plantaciones Forestales.
Se ha generado información suficiente y necesaria requerida para la definición de las
características que debe tener un bosque nativo para lograr expresar su resiliencia, lo que significa
determinar a priori composición florística, número de especies, distribución diamétrica y espacial
mínima exigible que se debe conservar en un bosque luego de una intervención. De esta forma se
puede asegurar que el bosque intervenido conservará las mismas características que tenía antes
de la intervención.
Algunos autores sostienen que el bosque nativo no se encuentra sobreexplotado porque la tasa de
extracción es inferior a la tasa de crecimiento, fundando este argumento en que el bosque nativo
en Chile crece entre 12 y 18 millones de m3
anuales, siendo la producción (leña, astillas, madera
aserrada y tableros y chapas) de 9 millones de m3
anuales. Si bien este argumento es cierto a nivel
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global, se sabe que la degradación del bosque nativo a nivel predial si lleva a que la tasa de
extracción a nivel predial sea superior a la tasa de crecimiento a nivel predial, dándose las
condiciones para que se degrade el bosque nativo y, como ya hemos visto, sea sustituido.
Lo que ha ocurrido siempre es que no se han determinado las condiciones mínimas exigibles que
se deben respetar en un bosque al momento de su intervención, de tal forma que cada propietario
sepa qué tipo de bosque tiene y cuál es la intensidad de las intervenciones que se le autoriza a
realizar. En la actualidad el propietario del terreno vende el bosque en pie para extracción de leña
y quien compra ese bosque lo explota a tala rasa, dejando las posibilidades de recuperación del
bosque en el retoño de los tocones que allí han quedado. No se conocen experiencias en las que el
estado haya hecho el esfuerzo por utilizar el conocimiento disponible para determinar condiciones
mínimas exigibles para conservar la resiliencia del bosque y tampoco experiencias dirigidas a
entregar a los funcionarios públicos la herramientas TIC necesarias para realizar en forma eficiente
y eficaz una tarea como la señalada.
5.- Reservas de Bosques Fiscales:
Las reservas de bosques fiscales deben asegurar que el bosque nativo que contienen en su cabida
se conserve y perpetúe en el tiempo, lo que puede darse de forma natural, alternativa que no
asegura que dicha recuperación permita lograr su composición florística original. Este propósito
supone que las Reservas de Bosques Fiscales sean manejadas bajo el criterio de ordenación
forestal sostenible, lo que asegura un flujo permanente de bienes y servicios, tales como madera,
productos forestales no madereros y servicios ambientales forestales. Esta tarea debe realizarse
considerando las características del territorio y su potencial de desarrollo local.
En el año 1914 la Inspección General de Bosques, Pesca y Caza del Ministerio de Industrias y Obras
Públicas, apoyada en el Decreto que permite la creación de “Reservas de Bosques Fiscales”
(1879), había creado ocho Servicios de Reservas de Bosques Nacionales (Malleco, Tirúa, Alto del
Bío Bío, Villarrica, Llanquihue, Petrohué, Puyegüe y Chiloé), tarea que continuó con la dictación del
Decreto Ley Nº 4.363 de 1931, más conocido como Ley de Bosques, el que, entre otras
competencias, otorgó al Presidente de la República la facultad para establecer parques y reservas
nacionales.
En la actualidad existen 49 Reservas Forestales en el país, las que en conjunto acumulan una
superficie de 5.601.953 hectáreas. Es importante destacar que existe un número importante de
Reservas Forestales que se han creado en la Zona Norte y también en la Zona Centro del país, en
territorios que no poseen bosques.
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El apoyo que dieron Claudio Gay (francés) y Federico Albert (Alemán) a la conservación y
utilización racional del bosque nativo chileno, a mediados del siglo XIX e inicios del siglo XX
respectivamente, se repite a fines del siglo XX, con la presencia de organismos gubernamentales
de Alemania y Francia, a través de los siguientes dos proyectos:
1. La cooperación alemana, a través de la Gesellschaft für Technische Zusammenarbeit (GTZ),
el Banco de Desarrollo (KfW Entwicklungsbank) y el Servicio Alemán de Cooperación
Social-Técnica (DED), asesoraron, entre 1996 y 2006, a la Corporación Nacional Forestal
(CONAF) y otras instituciones en la implementación de un sistema de incentivos al manejo
y de extensión forestal, en cuyo marco, casi cuatro mil campesinos, entre las Regiones del
Maule y de Aysén, aprendieron a usar métodos de manejo sustentable de este recurso
forestal.
1. En 1995, entre CONAF y la Office National des Forêts (ONF), con el apoyo de los
Ministerios de Relaciones Exteriores y de Agricultura de Francia, se firmó un acuerdo de
cooperación para formular el Proyecto Plan de Ordenación de la Reserva Nacional
Malleco, el que comenzó a operar en 1997 y hasta 2005. Su objetivo fue implementar
operativamente el Plan Piloto de Ordenación Forestal, para demostrar su validez técnica,
su viabilidad ambiental y su rentabilidad económica.
Estas iniciativas han permitido, entre otras cosas, que desde el año 1997 existe en CONAF una
iniciativa dirigida a lograr el Manejo Forestal Sustentable de las Reservas Forestales que poseen
bosque nativo en su cabida, tarea que ha ido concretándose a través de la elaboración de Planes
de Manejo de dichas Áreas Silvestres Protegidas, utilizando el enfoque que provee la Ordenación
Forestal Sustentable.
6.- Áreas Silvestres Protegidas:
Los Art. 10 y 11 de la Ley de Bosques autorizan al Presidente de la República para establecer
reservas de bosques y parques nacionales de turismo y estipulan que estas reservas y las
actualmente existentes no podrán ser destinadas a otro objeto sino en virtud de una ley.
La Convención para la protección de la flora, la fauna y las bellezas escénicas naturales de
América de 1940, comúnmente conocida como Convención de Washington, ratificada por Chile
en 1967, es el cuerpo legal en que se basó CONAF para elaborar los criterios necesarios que
sirvieron de base para la creación de un sistema nacional de áreas silvestres protegidas del estado
en 1984, arreglo administrativo que le permitió a ese organismo privado proceder a la
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reclasificación de las áreas silvestres protegidas existentes en el país, ordenándolas tan solo en
tres categorías.
Pero la realidad seguiría otro rumbo y es así como en la actualidad, el proyecto GEF “Creación de
un Sistema Nacional Integral de Áreas Protegidas para Chile: estructura financiera y operacional”,
mediante un estudio del año 2010, determinó que existen 17 categorías distintas de áreas
silvestres protegidas en el país, exceptuando las distintas categorías de ASP privadas, según se
muestra en el siguiente listado:
1. Monumentos Históricos 2. Áreas de Manejo y Explotación de Recursos Bentónicos (AMERB)
3. Reserva Forestal 4. Áreas Marinas y Costeras Protegidas de Múltiples Usos
5. Parques Nac. de Turismo 6. Zonas Húmedas de Importancia Internacional. Sitios RAMSAR
7. Inmuebles Fiscales 8. Acuíferos de vegas y bofedales en reg. de Tarapacá y Antofagasta
9. Zonas de Cons. Histórica 10. Zonas o Centros de Interés Turístico (ZOIT)
11. Áreas de Preservación Ec. 12. Santuarios de la Naturaleza
13. Parques Marinos 14. Sistema Nacional de Áreas Protegidas del Estado (SNASPE)
15. Reservas Marinas 16. Zonas Típicas o Pintorescas
17. Reservas Genéticas
Se ha constatado también que el mapa que señala los sitios prioritarios para la conservación de la
biodiversidad en Chile, coincide poco con el mapa que señala la ubicación de la Áreas Protegidas
del Estado. Esta situación se explica en que las áreas silvestres protegidas creadas por el estado
tienen el objetivo de proteger la belleza escénica o cautelar el cuidado de los bosques.
Es interesante plantearse la conservación de la biodiversidad del país, cautelando que se haga una
correcta administración de aquellos territorios que corresponden a Áreas Silvestres Protegidas del
Estado que contienen sitios prioritarios de conservación; apoyando la creación de Áreas Silvestres
Protegidas Privadas y, trabajando en la restauración ecosistémica de aquellos lugares que se
encuentran degradados en la actualidad, pero que en alguna época albergaron ecosistemas que
con características singulares.
7.- Incendios Forestales:
De la revisión que se presenta en la primera parte de este documento ha quedado clara la
relevancia que ha tenido el uso del fuego en la destrucción de los ecosistemas forestales de Chile.
En 1911 Federico Albert señalaba que ya se había perdido más de 15.000.000 de hectáreas de
bosques nativos producto principalmente del uso del fuego para despejar terrenos y de la tala
realizada sin criterio alguno de conservación. Sabemos que 60 años antes, en 1851, Vicente Pérez
Rosales, también contratado por el Gobierno de Chile, encargó realizar los peores incendios de los
55
que tendríamos conocimiento en la historia de nuestro país. Sin embargo, Albert no buscaba
prohibir, sino tan solo regular el uso del fuego.
Es necesario revisar la legislación que regula el uso del fuego en nuestro país, debido a la
incidencia del humo proveniente de quemas de desechos agrícolas o forestales en la
contaminación del aire, a la ocurrencia periódica de incendios de magnitud ocurridos en zonas
periurbanas, áreas silvestres protegidas del estado y en lugares de alto interés para la
conservación de la biodiversidad, se hace necesario avanzar en la eliminación del uso del fuego.
En las fotos siguientes se muestran los efectos de incendios de magnitud de reciente data.
Reserva Forestal Malleco
(2002)
La Rufina
(1999)
P.N. Torres del Paine
(2011)
8.- Arbolado urbano:
Las mayor parte de las ciudades chilenas fueron fundadas en valles, sobre los terrenos más
fértiles, y según antecedentes recientes emanados del Museo Nacional de Historia Natural,
algunas de nuestras ciudades fueron establecidas sobre asentamientos indígenas preexistentes.
Como ya se ha expuesto, en los valles existían abundantes bosques que fueron eliminados para
dar espacio a las viviendas, edificios y calles o a la agricultura. La eliminación de la vegetación
natural significó dejar sin árboles las zonas urbanas hasta la primera mitad del siglo XX.
A modo de ejemplo mencionar el caso de la ciudad de Pitrufquen, levantada sobre terrenos
boscosos que fueron donados por el Cacique Ambrosio Paillalef, el día 03 de Enero de 1836.
En las fotografías de más abajo se muestra un aserradero (a la izquierda) donde destaca el
abundante bosque nativo que existía en ese lugar y, la ciudad en sus comienzos (a la derecha),
donde se aprecia la ausencia de árboles en sus calles. La situación que se describe es un
denominador común para todas las ciudades fundadas en nuestro país: la cultura europea de
valorización de los árboles nunca se expresó en nuestro país. El árbol es un elemento que no
forma parte del desarrollo urbano, sino hasta mediados del siglo XX.
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Explotación de bosque nativo. Fines siglo XIX Ciudad de Pitrufquen. . Inicios siglo XX
El primer parque urbano que se crea en Santiago se sitúa en la antigua Quinta Normal de
Agricultura y está conformado por los jardines que alrededor del Museo Nacional de Historia
Natural construye Rodulfo Philippi, a mediados del siglo XIX, iniciativa a la que luego se sumó allí la
construcción de un invernadero de 500 metros de superficie. Se estableció así en este lugar una
importante colección de árboles exóticos que Philippi se encargó de traer al país. Entre los años
1872 y 1874, el intendente de la época, Benjamín Vicuña Mackenna, lidera el proyecto de
transformación en área verde del cerro Santa Lucía.
La ciudad de Santiago comenzó a incorporar el árbol urbano recién a inicios del siglo XX, con
motivo de la conmemoración del primer centenario de la República. Se hicieron importantes
proyectos de forestación en el Parque Forestal, Cerro San Cristóbal y Cerro Santa Lucía. Los árboles
urbanos que habían sido establecidos en la Quinta Normal de Agricultura fueron la base para la
selección y reproducción de especies a utilizar. Este es un detalle no menor ya que cualquier
proyecto de arborización, sea éste urbano o rural requiere contar con viveros que aseguren la
producción y abastecimiento de plantas de calidad y en cantidad adecuadas con el objetivo
perseguido.
Han sido escasos los esfuerzos que se han realizado para lograr la arborización de calles y avenidas
en las distintas ciudades del país. Distintos estudios que se dieron a conocer a fines del siglo
pasado señalan que en las zonas urbanas de Chile existe un enorme déficit de árboles urbano. Tan
solo en el Gran Santiago, donde existen poco más de 6.000.000 de árboles el déficit alcanza el
doble se dicha cantidad. Por otro lado, de forma inexplicable, existen programas de arborización
que han concentrado su accionar en el establecimiento de árboles en zonas rurales, para lo cual se
han definido arbitrariamente distintos territorios que han sido denominados como periurbanos.
Durante la primera década del siglo XXI no se ha logrado resolver el cuello de botella que
representa la falta de viveros especializados en producir árboles urbanos, ya sea que estén
gestionados directamente por el estado o por privados mediante convenios. Esta situación
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contrasta con la realidad en la que comunas como Santiago, La Reina, Providencia y Vitacura
tienen entre 50.000 y 80.000 árboles, de los cuales solo entre el 10% y el 20% están ubicados en
áreas verdes.
Se constata de esta forma que la mayor cantidad de árboles urbanos existentes en las comunas
tradicionales están ubicados en los pequeños espacios que quedan entre las veredas y las calles o
avenidas, situación que determina el tipo de árbol que es necesario producir. Un árbol urbano de
calidad que será establecido en el espacio señalado, que quedan entre las veredas y las calles o
avenidas, debe tener 2 o más metros de altura, al menos cinco cm. de diámetro en el cuelo (base)
y ser establecido con tutor; en lugares con alta contaminación deben ser especies de hoja perenne
y copa densa. Sin embargo y yendo contra toda racionalidad, en ciudades con alta contaminación
del aire, aún se abastece a las municipalidades con arbolitos pequeños y de hoja caduca.
9.- Fomento de Plantaciones Forestales:
El principal proyecto de forestación que se ha impulsado por el estado de Chile fue puesto en
marcha en 1965 y estuvo dirigido a apoyar la industria del papel y la celulosa, que a esa fecha
importaba su materia prima desde Canadá. Esta iniciativa era coherente con la política de
sustitución de importaciones que imperaba en América Latina. Recogiendo la amplia experiencia
en forestación que ya se había acumulado en el país producto de la aplicación de la Ley de
bosques y considerando que CORFO necesitaba materia prima para abastecer dos plantas de
celulosa que estaba empeñada en construir, a saber: Celulosa Arauco S.A. y Celulosa Constitución
S.A, en los años 1967 y 1969 respectivamente. Por este motivo el Plan de Forestación
implementado en el Gobierno del Presidente Eduardo Frei Montalva, consideró solo la utilización
de pino radiata, conífera de rápido crecimiento, de madera blanda, capaz de crecer en suelos
erosionados de baja productividad.
Curiosamente, a casi 50 años del inicio del Plan de Forestación implementado en el Gobierno del
Presidente Frei Montalva, el país continúa profundizando esa iniciativa, como si fuera la única
industria forestal con potencial capaz de ser desarrollada en nuestro país. La única variante que ha
existido en este ámbito ha sido la incorporación de eucaliptus como alternativa para la producción
de leña y también de celulosa.
La Corporación de Reforestación (COREF), creada a fines del Gobierno de Frei Montalva (Escritura
Pública del 2 de febrero de 1970) establecía plantaciones mediante convenios con privados, donde
el privado comprometía su terreno y la COREF forestaba. A la fecha de creación de CONAF, la
COREF tenía más de 12.000 trabajadores, conformando cientos de cuadrillas de forestadores en
gran parte del país. El presupuesto que manejaba la COREF para contratación de personal, compra
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de plantas y herramientas, transporte, alimentación y otros ítems fue calculado en base a un
estándar de forestación de 10 hectáreas y traspasado al sector privado bajo la forma de un
subsidio a la forestación e incorporado en los mecanismos que contempla el Decreto Ley 701.
Además de este traspaso de dinero bajo la forma de un subsidio, en 1977 y 1979,
respectivamente, fueron privatizadas por CORFO Celulosa Arauco S.A. y Celulosa Constitución S.A,
las que fueron adquiridas, y luego fusionadas, por la Compañía de Petróleos de Chile S.A. (hoy
Empresas Copec), entidad que hasta el día de hoy es el principal propietario y controlador de la
empresa, con un 99,9780% de las acciones.
Se sabe que los pequeños propietarios forestales poseen más de 2.000.000 de hectáreas de suelos
erosionados; que existe demanda de madera estructural; que es posible forestar de forma exitosa
con especies nativas; que en la zona centro norte de Chile existieron bosques que es necesario
restaurar.
10.- Fiscalización Forestal:
La pérdida histórica de bosque nativo en el país, debido a eliminación de bosques para producción
agrícola, dedicar los suelos sobre los que están los ecosistemas forestales a otro tipo de
producción forestal o sucesivas tala rasa que producen una irrecuperable degradación, se
denominan en la actualidad habilitación de suelos agrícolas, sustitución forestal directa y
sustitución forestal por degradación. Destaca el hecho que una solicitud de Habilitación de
Terrenos con fines agrícolas no puede ser denegada.
Con respecto a la sustitución de bosque nativo, un informe publicado en la Serie Estudios (Año 9
Nº 223) de la Biblioteca del Congreso Nacional señala que entre los años 1994 y 1998 en la Región
del Bío Bío el bosque nativo tuvo una disminución neta de 9.353 hás., lo que significa una tasa
anual de 2.338 hás., siendo en su mayoría (81%) sustituido por plantaciones forestales. Esta
disminución comparada con el total del suelo regional cubierto con bosque nativo (777.267 hás.)
significa un 1.14%. Para el mismo período en la actual Región de Los Ríos el bosque nativo tuvo
una disminución neta de 16.177 hás., lo que significa una tasa anual de 8.993 hás, las que
mayormente se sustituyeron por plantaciones forestales (41%). Esta disminución comparada con
el total del suelo regional cubierto con bosque nativo (3.590.773 hás.) significa un 0,5%.
La pérdida de bosque nativo ocurre por dos vías: (i) degradación y (ii) sustitución directa por otros
usos productivos del suelo (cultivos, praderas y plantaciones). En el primer caso, se trata de un
proceso lento en el cual el bosque nativo sufre el impacto antrópico de la utilización de productos
madereros, hasta el punto extremo en que éste (según la terminología de los proyectos Catastro y
59
Monitoreo) se convierte en matorral o suelo sin uso (desprovisto de vegetación). (CIPMA.2000).
De acuerdo a estas definiciones, el grueso de la pérdida de bosque nativo en la VIII región ocurre
por sustitución por plantaciones, mientras que en la X región la pérdida se distribuye de modo
importante entre sustitución por plantaciones, degradación en matorrales y degradación en suelos
sin vegetación. En un informe elaborado el año 2012 por Forestal Arauco, esta empresa reconoce
que en las plantaciones de su patrimonio existen 25.044 ha., que corresponden a sustitución de
bosque nativo, las que se desglosan en 11.569 ha de Matorral Esclerófilo y 13.476 ha. de Bosque
Nativo.
La Fiscalización Forestal es una actividad que en teoría abarca toda la legislación forestal, pero que
en Chile ha sido restringida a la verificación del cumplimiento de solo algunos cuerpos legales.
Desde un punto de vista operativo, el país debe disponer de un instrumental que le permita
abordar la fiscalización forestal de forma integral, contando con sistema de información en base a
tecnologías de información y comunicaciones (TIC) que le permitan disponer en tiempo real de
toda la información que se requiera sobre un determinado predio, para apoyar el trabajo que
realiza en gabinete y en terreno.
No es casualidad que fuera Vicente Pérez Rosales, un funcionario público, quien mandara realizar
los más enormes y catastróficos incendios forestales que en el país se conocen. Tampoco puede
extrañarnos que una vez realizados dichos incendios, no hubiera tenido castigo alguno. Lo mismo
ha sucedido siempre en nuestro país, donde el uso del fuego ha gozado de buena salud y
reconocimiento público, donde es impensable lograr su prohibición total, para que de una vez por
todas se elimine de raíz el flagelo de los incendios forestales. Pensemos que en el año 1999 se
quemaron 25.400 hectáreas de pinos y bosque nativo en La Rufina, VI Región, que en el año 2002
se quemaron sobre 8.300 ha de bosque nativo en la Reserva Nacional Malleco destruyendo el 71
% del bosque de Araucaria, y que el año 2011 se quemaron 17.000 hectáreas del Parque Nacional
Torres del Paine, y que en todos los casos señalados a nadie le ocurrió nada. Sigue así
predominando una función pública perniciosa a través de una institucionalidad pública que de esa
forma protege tan deplorables conductas.
Así como es un problema la sustitución de bosque nativo, también es un problema la habilitación
de terrenos agrícolas que permite la corta de bosque nativo, lo que corresponde a una sustitución
encubierta que se realiza bajo el argumento de que es mucho más rentable producir paltas y vino
que poner en producción el escaso bosque nativo que en algunas regiones aún persiste. Otro
aspecto radica en la falta crónica de herramientas técnicas que faciliten las labores de los
Fiscalizadores de CONAF, lo que se puede observar muy claramente en las permanentes denuncias
que aparecen en la prensa sobre corta ilegal de Alerce, aunque lo mismo pasa con otras especies
como Araucaria y aquellas que se encuentran ubicadas más cerca del valle central. Algunas de las
situaciones señaladas se muestran a continuación:
60
1. 1990 – 1997. Sólo durante el período CONAF X Región autorizó para la extracción de
maderas muertas una superficie de 48.248 ha., lo que corresponde al 18% de la superficie
del tipo forestal.
2. 1990 – 2004. Sociedad propietaria del predio Resto Cordillera Río Blanco, Forestal Sarao,
denunciada por corta de Alerce vivo.
3. 2011 y 2013. Corta ilegal del alerce verde en la Cordillera de La Costa sector Huellelhue -
La Catrihuala, comuna de de Río Negro.
4. 2013. Corta ilegal de alerce, raulí, coigue, tepa, mañío, olivillo y ulmo, en el Fundo
“Raulintal”, comuna de La Unión.
5. 2013. Tala ilegal de alerces vivos en sector rural de Purranque, provincia de Osorno.
Fuente: los siguientes web sites: El Ranco, Llanquihue, emol, Crónicas del Sur, Río Negro Chile,
radio Bio Bio Chile y Fundación Terram.
11.- Mecanismos de fomento forestal:
El primer mecanismo de fomento utilizado en Chile fueron los viveros fiscales. Esta decisión es la
más básica en cualquier programa de fomento ya que si no existen plantas de calidad y en
cantidad adecuada, cualquier planificación forestal elaborada para incrementar algún recurso es
impracticable. Es así como en 1914, a tres años de haber sido creada la Inspección de Bosque,
Pesca y Caza del Ministerio de Industria y Obras Públicas, bajo la dirección de Federico Albert, los
establecimientos fiscales de fomento de árboles (viveros fiscales) habían vendido 37.880 árboles y
entregado a otras reparticiones públicas de orden ministerial 25.622 árboles, lo que hacía un total
de 63.502 árboles entregados. Estos eran los primeros esfuerzos que la primera administración
forestal del país realizaba en el ámbito del fomento forestal.
Al amparo del Decreto Ley Nº. 656 de 17 de octubre de 1925, a mediados de la década de los
treinta del siglo pasado, se estableció un sistema de forestación con pino insigne o radiata (Pinus
radiata) denominado “parcelas bosques”. Cada parcela tenía una extensión de 1,5 hectáreas, de
las cuales una estaba plantada con 2.500 pinos, a dos metros de distancia cada uno, y media sin
árboles.
La Corporación de Fomento de la Producción (CORFO) estableció el sistema de Créditos de
Forestación, los que contribuyeron al establecimiento de plantaciones con especies de
crecimiento rápido. En 1943, CORFO estimaba que había realizado préstamos por $ 2.000.000
pesos de la época, los que habían permitido la forestación de 4.000 hectáreas plantadas con pinos
y eucaliptos.
61
El Plan Nacional de Reforestación 1966-1970, contempló fomentar directamente las plantaciones
forestales, para lo cual el estado se hacía cargo de establecer las plantaciones que a través de
este mecanismo se realizaran. En este plan de reforestación participaron las siguientes
instituciones: Servicio Agrícola y Ganadero (SAG), Corporación de la Reforma Agraria (CORA),
Instituto Nacional de Desarrollo Agropecuario (INDAP) y el Departamento Forestal de CORFO. La
meta fue de crear 450.000 hectáreas de nuevas plantaciones lográndose un cumplimiento
superior al 70%
En 1969 se creó el Plan Colchagua de Reforestación, iniciativa que en su primera etapa contempló
la plantación de 100 mil hectáreas. En enero de 1970 se creó la Corporación de Reforestación
(COREF), que además de la mano de obra para la forestación, aportaba con asistencia técnica y
financiera. La COREF llegó a tener 18.000 trabajadores dedicados a las actividades forestales en
1973.
A partir de 1969 la Corporación de Reforestación (COREF), aplicó los “convenios de
reforestación”, siguiendo el modelo español de la época, consistentes en contratos entre la
Corporación y el propietario para concurrir a plantar predios en consorcios, distribuyendo costos e
ingresos según las cláusulas de los contratos respectivos. Hasta el año 1978 se plantaron en virtud
de estos convenios alrededor de 200 000 ha.
Con la creación del DL 701 el estado perdió la importante fuente de ingresos a futuro que
significaba la distribución de ingresos contempladas en los Convenios de Reforestación. El traspaso
al sector privado de la gestión de la actividad de forestación significó dejar en manos del mercado
la elección de las alternativas de forestación y los lugares donde se establecerían las plantaciones
forestales.
En la actualidad el estado ha perdido toda iniciativa en el ámbito del fomento forestal, ya que no
posee viveros ni tiene los mecanismos necesarios para orientar la forestación que en el país se
realiza. Por estos y otros motivos el accionar gubernamental en general se remite a actuar como
facilitadores de las políticas que el sector privado exportador promueve, ocupando el espacio
natural que corresponde a operadores privados y Organismos No Gubernamentales.
62
CAPITULO IV: ORGANISMOS FORESTALES PÚBLICOS.
El Cabildo era la institución encargada de aplicar la legislación durante la Colonia. Sabemos que, en
lo relacionado a explotación de bosques, la legislación contenida en "La Novísima Recopilación“ y
"Las Ordenanzas de Nueva España y Leyes de India“ no fueron respetadas. En la Colonia primó el
“Denuncio de Bosques” utilizado por la minería, el despeje de los territorios para construcción de
ciudades y poblados, la liberación de terrenos para la agricultura y la tala de bosques para obtener
madera para construcción y leña. Durante la Colonia y las primeras décadas de la República no se
fiscalizó el cumplimiento de la legislación relacionada con bosques y vegetación nativa.
Contradictoriamente, el uso del fuego para despejar terrenos fue una práctica fue y es común en
todo el territorio de Chile.
La situación señalada vendría a cambiar con la Constitución Política de 1822, que señala en
Capítulo III, Art. 124, que habrán tres ministerios: de Gobierno y Relaciones Exteriores, de
Hacienda, de Guerra y Marina, entregando todo los relacionado con recursos naturales del país al
Ministerio de Hacienda. Sin embargo, recién el 10 de octubre del año 1.900 se crea la Sección de
Ensayos Zoológicos y Botánicos dentro del Ministerio de Industria, la que quedó a cargo de
Federico Albert. Esta unidad sería el punto de partida para la creación de la futura
institucionalidad forestal pública de Chile.
En 1906 la Sección de Ensayos Zoológicos y Botánicos se transformó en Sección de Aguas i
Bosques.
En 1911, en base a una propuesta elaborada por Federico Albert, la Sección de Aguas y Bosques
del Ministerio de Industrias se transforma en la Inspección General de Bosques, Pesca y Caza del
Ministerio de Industrias y Obras Públicas. Albert había concebido la Inspección General a cargo de
la “supervigilancia superior del cumplimiento de las leyes y reglamentos que se dicten sobre
bosques y caza, la inspección general de los trabajos prácticos que se lleven a efecto y la
representación de los mismos servicios ante las autoridades administrativas superiores”. Según
Albert, debería estar formada por un inspector de repoblaciones y correcciones, un inspector de
reservas y ordenaciones, seis inspectores regionales, 12 conservadores de bosques, 24 ayudantes
primeros, 24 silvicultores, 36 ayudantes segundos, 36 ayudantes auxiliares, 72 guardas primeros,
144 guardas segundos y 288 guardias auxiliares.
En 1914, tres años después de su creación, la Inspección General de Bosques, Pesca y Caza del
Ministerio de Industrias y Obras Públicas estaba compuesta por 21 servicios provinciales, 18 de los
cuales estaban bajo la autoridad de la Sección de Bosques, divididos de la siguiente forma: tres
de fomento de árboles forestales: Atacama, San Fernando y Linares; cuatro de repoblaciones
forestales en suelos áridos, salobres o en quebradas: las Tablas, Bosque de Santiago, El Canelo y
63
Noguen; tres de repoblaciones de dunas: San Antonio, Llico y Chanco y ocho de reservas de
bosques nacionales: Malleco, Tirúa, Alto del Bío Bío, Villarrica, Llanquihue, Petrohué, Puyehue y
Chiloé.
Hasta el año 1914 los establecimientos fiscales de fomento de árboles habían vendido 37.880
árboles por un valor de $ 4,245.85, y se habían entregado a otras reparticiones públicas de orden
ministerial 25.622 árboles con un valor de $ 7,688.4“, lo que hacía un total de 63.502 árboles por
un valor total de la época de $11,914.59”.
En 1924 se crea el Ministerio de Agricultura, Industria y Colonización. En 1930 y por decreto del
Ministerio de Interior se creó el Ministerio de Agricultura.
El Instituto Forestal (INFOR), organismo de investigación forestal del estado, fue creado en 1961,
gracias a un convenio de asistencia técnica entre el gobierno de Chile, el Fondo Especial de
Naciones Unidas y la FAO. Posteriormente, en 1965 y bajo el alero de la CORFO, comenzó a operar
como una corporación de derecho privado. Fue creado con el objetivo de dotar al país de un
organismo con personal técnico, especializado en las distintas materias forestales: impregnación,
industria de conversión mecánica, tableros. Posteriormente, en las siguientes décadas su accionar
se concentró en programas de desarrollo tecnológico-industrial y en el establecimiento de
plantaciones de especies exóticas.
Con el paso del tiempo, el sector comenzó a crecer y diversificarse, al igual que el INFOR, que en
1979 inauguró su sede Biobío, creada con el fin de mejorar las plantaciones y los procesos de
productividad y transformación de la madera. Posteriormente, y con el objetivo de promover el
desarrollo sostenible de los ecosistemas patagónicos, se inauguró, en 1990, la sede Patagonia, en
la Región de Aysén. Dos años más tarde, se inauguró la sede Los Ríos (Valdivia), con el objetivo de
impulsar el desarrollo sustentable de los ecosistemas forestales naturales y plantados. Y en el
2005, se inauguró la sede Diaguitas, en la Región de Coquimbo, cuyo propósito es incrementar la
productividad forestal en ecosistemas áridos y semiáridos. La sede Metropolitana de Santiago, en
tanto, continúa elaborando programas de fomento, financiamiento y transferencia tecnológica.
De acuerdo a las estadísticas oficiales, en 1963 existían en Chile 1.162 aserraderos, de los cuales
574 (52%) estaban en las provincias de cautín, Valdivia, Osorno y Llanquihue, dando trabajo a 15
mil personas (CORFO, 1965). Las principales especies explotadas en 1950 fueron roblepellín, raulí,
coihue, laurel y araucaria.
El 28 de julio de 1967 la nueva Ley de Reforma Agraria, promulgada por el Presidente Eduardo Frei
Montalva, transformó a la Dirección General de Agricultura y Pesca del Ministerio de Agricultura,
en una persona jurídica de derecho público denominada Servicio Agrícola y Ganadero (SAG), el
64
que contaba con una División Forestal. En ese período también fueron creados el Departamento
Forestal de Corporación de Reforma Agraria (CORA), el Programa Nacional de Prevención y
Combate de los Incendios Forestales, el Plan de Reforestación Colchagua, la Administración de
Parques Nacionales y Reservas Forestales, y el 13 de mayo de 1970 la Corporación de
Reforestación (COREF), aparte de otras iniciativas como la creación del Instituto Forestal en 1961,
la Escuela de Técnicos Forestales en Los Ángeles y la Escuela de Prácticos Forestales de Contulmo.
La Corporación Nacional Forestal (CONAF) es una entidad de derecho privado dependiente del
Ministerio de Agricultura, que nace de una modificación de los estatutos de la antigua Corporación
de Reforestación (COREF) mediante Decreto del 19 de abril de 1973 (publicado en el Diario Oficial
el 10 de mayo del mismo año), bajo el Gobierno de Don Salvador Allende Gossens, con el objetivo
de “contribuir a la conservación, incremento manejo y aprovechamiento de los recursos forestales
del país”. CONAF partió con cerca de 300 funcionarios en todo el país y, en menos de un año, esa
dotación creció a 18.000 funcionarios.
65
CAPITULO V: DESAFIOS DEL SECTOR FORESTAL CHILENO PARA EL SIGLO XXI
La forma más común de abordar la identificación de desafíos que se ha utilizado en el sector
forestal chileno, ha sido a través de la presentación de cifras que permitan conocer el tamaño del
sector, entre las que destacan la superficie de bosque nativo por tipo forestal y por región, la
superficie de plantaciones por especie, la superficie de áreas protegidas, los volúmenes y montos
exportados, las decenas y centenas de productos distintos que se elaboran con madera de pino
radiata, el número de empleos que genera la actividad forestal, entre otras muchas cifras. Pero, a
la luz de los antecedentes que hemos conocido en este documento, esta caracterización de la
magnitud del sector forestal presenta una seria debilidad: no tiene dirección ni sentido.
El análisis histórico de la institucionalidad forestal chilena realizado en este trabajo nos revela que,
durante siglos y por diversas razones, el bosque nativo ha sido tratado como un obstáculo para
el desarrollo del país, motivo por el cual ha sido quemado en extensas superficies, talado y
sobreexplotado hasta la desaparición de diversas formaciones, eliminado para usar los terrenos
forestales en producción agrícola no sustentable y degradado hasta el límite con el fin de justificar
su sustitución por especies de rápido crecimiento. Esa es la situación que explica que a inicios del
1900, habían sido eliminadas 15.000.000.- de hectáreas de bosque nativo en Chile, el árbol
urbano estaba ausente en nuestras ciudades y la agricultura triguera había dejado un pasivo
ambiental de 4.000.000.- de hectáreas de suelos con aptitud forestal con distintos niveles de
erosión.
En el marco de la implementación de prioridades provenientes de Acuerdos y Convenciones
internacionales, elaborados para lograr superar los problemas globales que enfrenta el planeta, el
país se desarrollará forestalmente solo si logra incorporar el bosque nativo a la producción forestal
sustentable, permitiendo que ese subsector aporte a la economía nacional productos madereros,
productos no madereros y servicios ambientales del bosque. Ya hemos visto que con el propósito
de evitar “que no se nos vaya el piso al mar” y lograr la sustitución importación de celulosa por
celulosa producida con materia prima chilena, se ha generado una profunda asimetría en el
desarrollo forestal de Chile, lo que requiere un cambio de paradigma que permita transitar desde
la situación actual hacia el desarrollo forestal sustentable.
El país tiene un potencial representado en 13.000.000 de hectáreas de bosque nativo, 2.300.000.-
hectáreas de suelos con distintos grados de erosión cubiertos con plantaciones, al menos
7.000.000 de hectáreas de bosques que pueden ser restaurados, 14.000.000 de hectáreas de áreas
silvestres protegidas del estado, cerca de 4.000.000 de hectáreas de suelos erosionados y una
superficie no determinada aún de áreas silvestres protegidas privadas. Estos son los temas cuyo
abordaje permitirá dimensionar la institucionalidad forestal que Chile necesita para el siglo XXI.
66
Para lograr la finalidad señalada es necesario superar los enfoques impuestos hasta la fecha, en
base a los cuales, desde inicios de la década de los ’90 en el siglo pasado se ha cometido el error
histórico de mirar la institucionalidad forestal de Chile bajo el prisma de lo que es capaz de hacer
o ha dejado de hacer la Corporación Nacional Forestal. Cuando CONAF fue creada ya existían en
nuestro país más de 12.000.000 de hectáreas de reservas de bosques fiscales y parques
nacionales para el turismo; existían también más de 800.000 hectáreas de plantaciones forestales
(Plan Chillán (1958)+Plan de Reforestación (1964)+COREF (1969)), correspondiendo la mayor parte
de ellas a pino radiata seguida por eucalipto; se habían probado diversos mecanismos e
instrumentos de fomento forestal con el fin de incentivar las plantaciones forestales; se habían
creado numerosos viveros fiscales, una década antes se había creado el Programa Nacional de
Prevención y Combate de los Incendios Forestales entre muchas otras medidas de política
forestal que ya habían sido aplicadas.
El año 1984 CONAF crea el Sistema Nacional de Áreas Silvestres Protegidas del Estado (SNASPE),
concepto que le permite reclasificar las áreas protegidas del estado (ASPE) que a esa fecha
existían. Esta medida administrativa no influyó en la profesionalización del manejo y
administración de las áreas protegidas del estado, la elaboración de más Planes de Manejo para
administrar de forma sustentable las ASPE, ni tampoco en un incremento de presupuesto para la
gestión forestal. Uno de los efectos inmediatos que si tuvo la creación del concepto SNASPE fue la
postergación de la creación de un Servicio de Parques para el Turismo, medida esta última que
era coherente con lo que señala la Ley de Bosque y la Convención de Washington. La señalada
resolución administrativa sirvió también para que CONAF aprendiera a dar “saltos cuantitativos
en gestión” a través de la adopción de medidas meramente administrativas.
Lineamientos programáticos
A continuación se presentan contenidos y propuestas en cada uno de los aspectos y temáticas que
se han analizado:
1.- Organismos forestales públicos:
El estado creó en los siglos XIX y XX numerosas competencias forestales que fue radicando en
distintos organismos públicos, las que estaban relacionadas con reservas de bosques fiscales,
plantaciones forestales, áreas silvestres protegidas, aprovechamiento de maderas, manejo de
bosque nativo y fiscalización forestal, entre otras. La acumulación de competencias forestales en la
COREF, que derivó en su cambio de nombre a CONAF, tuvo entre sus objetivos lograr que la mayor
parte de las competencias forestales públicas que a esa fecha existían, quedaran radicadas en solo
una institución.
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Sin embargo, a fines del siglo XX se constata que además de CONAF, también gestionaban
competencias forestales los siguientes organismos públicos: Centro de Investigación de Recursos
Naturales (CIREN), Instituto Forestal (INFOR), Fundación para la Innovación Forestal (FIA), Servicio
Agrícola y Ganadero (SAG). Los organismos que administran fondos de investigación administran
prioridades que no están relacionadas con políticas país de largo plazo.
A diferencia de lo que ocurrió con la creación de CONAF, en la actualidad es fundamental lograr
que la institucionalidad forestal del siglo XXI sea el reflejo de los conceptos y valores con que la
sociedad en su conjunto interpreta el destino que se debe dar en a los ecosistemas forestales,
formaciones xerofíticas, suelos forestales degradados y plantaciones forestales, junto con la
cadena de valor de los productos forestales que originan. Es necesario alejarse de las medidas
meramente administrativas y economicistas, las que sostienen enfoques que acentúan la
concentración de la riqueza y mayor pobreza local.
La adopción del cambio de paradigma señalado permitirá el desarrollo forestal sustentable y
equilibrado de Chile.
2.- Conservación de la Biodiversidad
Un informe elaborado por Pliscoff (2009), concluye que “el SNASPE presenta una baja
representatividad de la biodiversidad del país, ya que “85 de los 127 ecosistemas terrestres
presentan menos del 10% de su superficie remanente actual bajo protección, 43 presentan
menos del 1% y 30 no presentan cobertura del SNASPE”. Además existen 23 ecosistemas que no
presentan ningún tipo de protección a nivel nacional.
La situación descrita se ha señalado como una debilidad del SNASPE, lo que constituye al menos
un error conceptual, debido a que es evidente que ese sistema de áreas protegidas del estado,
contiene numerosas unidades que fueron creadas bajo el criterio que señala la Ley de Bosques de
1931, orientado a la creación de reservas de bosques fiscales y parques nacionales para el turismo.
Tan solo a partir de 1967, con la firma por parte de Chile de la Convención de Washington, en la
creación de áreas silvestres protegidas se incorporó el criterio de “proteger y conservar en su
medio ambiente naturales ejemplares de todas las especies y géneros de su flora y fauna
indígenas”. Las áreas protegidas creadas por el estado a partir de 1992 consideran en plenitud los
criterios sobre diversidad biológica según su definición vigente, fecha que corresponde a la firma
del Convenio respectivo suscrito durante la Cumbre de la Tierra.
Existe conciencia de que la mejor forma de conservar la biodiversidad biológica es a través de la
creación de áreas silvestres protegidas. En consecuencia, la creación de un Servicio Nacional de
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Conservación de la Biodiversidad debiera tener tuición sobre los territorios en que están los
ecosistemas, comunidades y especies que contienen biodiversidad que es importante proteger y
conservar. Dicho de otro modo: las reservas de bosques fiscales y parques nacionales para el
turismo que existen en el país deben ser administrados para cumplir con el objetivo que fueron
creados, dando especial importancia a la conservación del 11% de sitios prioritarios para la
conservación de la biodiversidad que contienen. No es lógico que esas áreas silvestres protegidas
del estado estén incluidas en un Servicio de Biodiversidad
De forma coherente con el criterio enunciado, toda la actividad de manejo de bosque nativo y
establecimiento de plantaciones también debe considerar la conservación de sitios prioritarios de
biodiversidad que se definan, motivo por el cual es tan importante terminar con las holguras que
posee la legislación actual para la sustitución de bosques nativos.
3.- Incorporación del bosque nativo como un valor en la cultura nacional.
Por más de cuatro siglos el bosque nativo ha sido tratado, en un contexto conceptual y valórico,
como un recurso forestal no renovable. Desde los inicios de la formación de la cultura chilena, por
los motivos identificados en este documento, el bosque nativo no ha sido incorporado al
desarrollo del país y, por lo tanto, ha quedado sistemáticamente fuera también de la
institucionalidad que para tal fin se ha forjado.
Prueba de lo señalado son los dilatados plazos, demoras y omisiones, que se han dado en la
elaboración de la legislación forestal necesaria para proteger el bosque nativo. Me refiero no solo
a aquella que se ha elaborado en el último tiempo, donde la tramitación de la Ley Nº 20.283 de
Recuperación y Fomento del Bosque Nativo demoró 13 años en ser aprobada en el parlamento,
sino también, a aquella legislación que se debía aplicar en la Colonia, contenidas en "Las
Ordenanzas de Nueva España y Leyes de India" y "La Novísima Recopilación", cuerpos legales que
nunca se aplicaron en lo relacionado a la protección de los bosques nativos en el Reino de Chile,
pasando por la elaboración de la Ley sobre "corta de bosques" de 1872 o el decreto sobre
"Reservas de Bosques Fiscales" de 1879, que son el resultado de las denuncias realizadas por
Claudio Gay en 1840, las que tardaron 40 años en ser convertidas en leyes de la República.
Para mayor argumentación es preciso señalar que inclusive el Gobierno de Chile ignoró
sistemáticamente todas las solicitudes, conclusiones y recomendaciones que respecto del manejo
forestal con rendimiento sostenido hicieron los expertos que el mismo gobierno contrató para
asesorarlos en tal sentido, me refiero a: Claudio Gay, Rodulfo Philippi, Federico Albert, las Misión
de Expertos Forestales lideradas por Irvine Haig primero y por Lars Hartmann después, olvido en
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el que es posible incluir también las propuestas sobre bosque nativo que están contenidas en el
Plan de Acción Forestal para Chile (1992).
Para relevar el bosque nativo como un valor de la sociedad chilena en su conjunto, es necesario
resaltar sus bondades y beneficios, su aporte a la sociedad y al equilibrio ecosistémico a nivel local
y planetario, desarrollando contenidos y propuestas, apoyando a las comunidades que poseen
este tipo de ecosistemas o que estén interesadas en restaurarlo.
Es preciso estudiar nuestra historia forestal y rescatarla, documentar, elaborar contenidos y
subirlos a la web, convocar a quienes tengan habilidades, conocimientos, capacidades y
competencias para contribuir a realizar esta trascendental tarea. Es importante preguntarse, en
estos tiempos tan marcados por las demandas ciudadanas que mueven a la opinión pública, por
ejemplo: ¿será importante para los habitantes de Copiapó conocer que en sus valles existieron
bosques nativos milenarios, los que fueron eliminados por la codicia de unos pocos, las especies
que conformaban esos ecosistemas forestales y el enorme potencial que representa su
restauración respetando las condiciones actuales? Quizás la respuesta a esa pregunta reste
importancia al pino radiata que es incapaz de crecer en el norte de nuestro país, pero nos
permitirá tener un desarrollo equilibrado.
4.- Planificación forestal.
Al igual que lo ocurrido a Federico Albert a inicios del siglo XX y con la industria del papel y la
celulosa a mediados del siglo pasado, al comienzo del siglo XXI se presenta una nueva oportunidad
de proyectar el desarrollo forestal del país en el largo plazo, aprovechando estratégicamente las
distintas potencialidades que en este ámbito el país posee. Para avanzar en este propósito, Chile
necesita un sistema de Planificación Forestal que le permita poner en el centro de sus
preocupaciones la protección, conservación, recuperación y restauración de su bosque nativo.
La planificación del desarrollo forestal del país (maderero, no maderero y servicios ambientales) es
una actividad de largo plazo debido a las características propias de los ecosistemas forestales, en
la que las comunidades locales y sus organizaciones de representación tienen un rol
preponderante que cumplir.
Si revisamos la historia de nuestra institucionalidad forestal nos daremos cuenta de que nuestro
país ha contado siempre con importantes mecanismos, capacidades e instrumentos de
planificación forestal, cuyos productos, lamentablemente, han sido implementados parcialmente
o a destiempo. Es así como la primera institución forestal chilena es la Inspección de Bosques,
Pesca y Aguas del Ministerio de Industria, creada a inicios del siglo XX, no tuvo la capacidad de
70
abordar todas las tareas que le eran demandadas; luego la Corporación de Fomento (CORFO) crea
el año 1958 el Plan Chillán, con la finalidad de apoyar el desarrollo industrial desde Curicó al sur;
el Servicio Agrícola y Ganadero (SAG), a partir de 1964 implementa el Plan de Reforestación que
da origen a la Corporación de Reforestación (COREF) creada en 1969; el intento de fortalecer la
actividad sectorial forestal al reunir en un solo organismo público todas las competencias
forestales, las que fueron entregadas a COREF mediante modificación de su Escritura Pública,
gestión que dio origen a la Corporación Nacional Forestal (CONAF). En 1990 con el patrocinio del
Ministerio de Agricultura y de la Organización para la Alimentación y la Agricultura (FAO) de las
Naciones Unidas se elaboró el Plan de Acción Forestal para Chile (PAF-Chile), ejercicio de
planificación que no logró ser implementado.
No existe un organismo que se encargue de orientar y coordinar la planificación forestal, cuya
coordinación técnica debería residir en el Instituto Forestal, con participación de Universidades,
las organizaciones de representación de pequeños propietarios, organizaciones campesinas, sector
medianas y grandes industrias, la Corporación Nacional Forestal o la entidad que la reemplace, el
Servicio Nacional de Biodiversidad del Ministerio de Medio Ambiente, la Fundación para la
Innovación Agraria (FIA), el Centro de Investigación de los Recursos Naturales (CIREN), la Oficina
de Planificación Agraria.
Para cumplir adecuadamente con los compromisos globales relacionados con la mitigación del
cambio climático y la provisión de servicios ambientales de los bosques y plantaciones forestales,
es necesario generar las condiciones que permitan que la gestión forestal se realice bajo el
enfoque y criterios que dan forma al manejo de cuencas hidrográfica, completando de esta forma
la ecuación básica que rige la actividad forestal, a saber: ecosistema= (suelo+planta+agua).
5.- Incorporación de Comunidades al Desarrollo Forestal:
En la medida que el estado promueva el bosque nativo como un valor que forma parte de nuestra
cultura e identidad nacional, los propietarios en cuyos terrenos hay presencia de ecosistemas
forestales entenderán que es posible su manejo y recuperación, que se articulen a nivel local las
distintas iniciativas que en torno al aprovechamiento de productos (maderables y no maderables)
y servicios del bosque nativo. Entonces, podremos hablar del Sector Forestal de Chile,
alejándonos de la realidad actual en que la representación gremial gira en torno a los intereses
de una pocas empresas que funcionan en base a plantaciones de rápido crecimiento.
En el ámbito de las plantaciones forestales existe un enorme déficit en la elaboración de
mecanismos e instrumentos de fomento aplicables en el sector forestal que pueden ser utilizados
por los pequeños propietarios, los que son de difícil acceso y de compleja utilidad. El caso más
71
conocido es el DL 701, donde los pequeños propietarios forestales deben trabajar con costos de
forestación calculados para superficies de 10 o más hectáreas; quien plante menos de 10
hectáreas trabajará con costos superiores a los que el estado cubre, debiendo existir costos
variables para pequeños propietarios estimados según la superficie que estimen necesario
forestar.
Además, a los pequeños propietarios se les impone un mecanismo similar al que utilizan las
grandes y medianas empresas, las que financian con recursos propios el establecimiento de las
plantaciones el año cero y están en condiciones de esperar un año para que, una vez verificado
cumplen con porcentaje de prendimiento exigido, puedan cobrar el subsidio forestal. Los
pequeños propietarios deben solicitar un crédito para cubrir el costo de establecer plantaciones el
año cero, debiendo asumir por cuenta propia el pago de los intereses de dichos créditos. Si al año
siguiente no obtuvo prendimiento, la reposición de la plantación la puede cubrir el Seguro Agrícola
o en su defecto con fondos propios, pero considerando un año más de interés del Crédito (de
enlace). Si dicho crédito fue obtenido en INDAP, debe considerar que ese organismo público le
entregará solo un % de lo que requiere, de tal forma que no podrá contar con todo lo necesario
para establecer una plantación de calidad, afectándose sus ingresos futuros. La situación descrita
es tan solo una muestra de lo mal que están concebidos los instrumentos de fomento forestal que
están destinados a ser utilizados por las comunidades locales.
Los mecanismos de acceso de que disponen los pequeños propietarios forestales para acceder a
los apoyos e instrumentos que el estado “pone a su disposición”, condicionan la participación y
articulación de este segmento de actores en las instancias que para tal fin ha diseñado el propio
estado, cuestión que no solo afecta el cumplimiento de metas que los gobiernos se autoimponen,
sino que, mecanismos de acceso dificultosos de utilizar, afectan negativamente los proyectos y
emprendimientos de los pequeños propietarios forestales y productores forestales.
La tarea Nº 33 contenida en el Acta de Acuerdos de la Mesa para el Desarrollo de la Agricultura
Familiar Campesina, comprometía al Programa de Forestación Campesina de CONAF en el logro de
40.000 has. para el año 2005, favoreciendo una mayor participación de las organizaciones
campesinas. Los años 2002 y 2003 la Agricultura Familiar Campesina forestó 20.008 hectáreas y
20.764 hectáreas respectivamente. El año 2003 CONAF incorporó en la concreción de este
compromiso la categoría Medianos Propietarios. El informe Superficie de plantaciones forestales
regiones de Coquimbo a Aysén; e inventario plantaciones PYMP regiones Bío Bío y Araucanía.,
elaborado por INFOR en diciembre de 2088, señala que la superficie forestada por los Pequeños y
Medianos Propietarios los años 2003 y 2005 fue de 42.616 hectáreas y 75.503,1 hectáreas
respectivamente. El Balance de Gestión 2005 entregado por CONAF señala que el año 2005 “los
pequeños(as) y medianos(as) propietarios(as), lograron una superficie de 43.679 hectáreas.” Es
importante destacar que el año 2003, en que se adicionó la categoría Medianos Propietarios, la
72
diferencia entre las 20.764 hectáreas forestadas por la Agricultura Familiar Campesina y las 42.616
hectáreas forestadas por la Agricultura Familiar Campesina más los Medianos Propietarios arroja
una diferencia de 21.852 hectáreas.
Es necesario separar las lógicas de fomento forestal establecidas para grandes y medianos
propietarios y grandes y medianos productores de aquellas definidas para pequeños
propietarios y pequeños productores, considerando mecanismos de acceso, instrumentos de
fomento y ayudas que ofrece el estado, equiparándolas con la forma como se gestionan
instrumentos de fomento en otros servicios del agro, donde en muchos casos se solicita, en el
mismo mes de realizadas las labores que el estado promueve, rendir los gastos realizados.
6.- Aprovechamiento del bosque nativo:
El mercado de la leña mueve anualmente cerca 200 millones de dólares, de los cuales entre un 30
y 40% quedan en manos de los productores rurales y el resto en manos de intermediarios.
Participan en este negocio entre 150 mil y 300 mil productores, entre 5 y 6 mil transportistas, y
entre 500 y 1.000 comerciantes.
El consumo nacional de leña alcanzó en unidades físicas un consumo de 15,5 toneladas el 2011, lo
que representa unos 20,3 millones de metros cúbicos de leña, de los cuales más del 50% tienen su
origen en el bosque nativo Chileno. La forma como esta producción se obtiene, desde hace
décadas es la principal causa de degradación del bosque nativo y no se ha logrado enfrentar, ya
que diversos estudios señalan que tan solo el 30% de la superficie intervenida tiene Plan de
Manejo aprobado por CONAF. La forma irracional en que se realiza la explotación del bosque es la
causa del problema, a saber: el propietario del terreno vende el bosque en pie para extracción de
leña y el comprador lo interviene a tala rasa, debilitando al máximo la capacidad de resiliencia del
bosque, radicando todas las posibilidades de recuperación del bosque (resiliencia) en la cada vez
más escasa capacidad de retoñación de los tocones.
El manejo forestal se basa en el uso racional del recurso bosque nativo, que indica que no se
puede extraer más productos que los que el bosque necesita para su regeneración, equilibrando la
tasa de producción con la tasa de extracción, pero respetando ciertas restricciones. Lo que ocurre
en la realidad es que el bosque nativo ha sido tratado con los mismos criterios extractivos que las
plantaciones, donde sabemos que estas últimas son explotadas bajo el concepto de tala rasa.
Para conservar el bosque nativo y lograr su recuperación es imprescindible proceder a:
73
a) Articular de forma adecuada las bases de datos e información que existen en la
actualidad. En base a esta información se determinará las condiciones mínimas exigibles
que se deben respetar en todos los tipos de bosque nativo que existen en el país al
momento de su intervención, procediendo a elaborar de forma automatizada Planes de
Manejo Prediales de Bosque Nativo, los que serán propuestos a los propietarios, de tal
forma que cada propietario sepa qué tipo de bosque tiene y cuál es la intensidad de las
intervenciones que puede o se le autoriza a realizar.
b) Entregar a los funcionarios públicos herramientas basadas en Tecnologías de la
Información y la Comunicación (TIC) necesarias para realizar en forma eficiente y eficaz
actividades de extensión forestal y fiscalización forestal, necesarias para el fomento de
esos ecosistemas y también la fiscalización forestal y aplicación de sanciones en caso de
incumplimiento.
c) Impulsar proyectos de investigación que articulen conocimiento para determinar
condiciones mínimas exigibles para conservar resiliencia del bosque y métodos silvícolas.
De esta forma, de acuerdo a los productos que se quieran extraer del bosque, el funcionario
forestal que visite el predio podrá entregar una propuesta de Plan de Manejo a cada propietario
de bosque nativo, junto con la capacitación necesaria requerida para aplicarlo. Para la
implementación de esta iniciativa se cuenta también con los antecedentes que arrojó el proyecto
Conservación y Manejo Sustentable del Bosque Nativo que entre los años 1996 y 2006 se
implementó con apoyo de la cooperación del Gobierno Alemán, favoreciendo a casi cuatro mil
campesinos, entre las Regiones del Maule y de Aysén.
7.- Reservas de Bosques Fiscales:
Chile perdió 15.000.000 de hectáreas de bosque nativo entre los siglos XIX y XX. El remanente de
13 millones de hectáreas de bosque nativo que aún queda se encuentra degradado casi en su
totalidad, pues ha sido quemado y sobre explotado. No es posible encontrar superficies amplias de
bosque nativo con árboles adultos de grandes dimensiones, siendo común encontrar en el dosel
superior especies que en bosques prístinos debieran encontrarse en doseles medios o inferiores.
Sin embargo, la exclusión que existe en las Reservas de Bosques Fiscales (reclasificadas por CONAF
como Reservas Forestales o Reservas Nacionales a partir de 1984), ha permitido dar una tregua a
amplias superficies de bosque nativo, los que en la actualidad, para favorecer su recuperación,
requieren se aplique en ellos los conceptos, criterios, metodologías y técnicas propias del Manejo
Forestal Sustentable.
74
Es así como a 90 años de su creación, tan solo a partir de 1997 se comienza a formular el proyecto
Plan de Ordenación de la Reserva Nacional Malleco, que cuenta con el apoyo de la Office National
des Forêts (ONF), a través del cual se elabora e implementa operativamente un Plan Piloto de
Ordenación Forestal para el manejo de sus 16.625 ha. Esta iniciativa permitió demostrar la validez
técnica, viabilidad ambiental y rentabilidad económica de la ordenación forestal, resultado en base
al cual se ha impulsado en CONAF una iniciativa dirigida a lograr el Manejo Forestal Sustentable de
todas las Reservas Forestales que poseen bosque nativo, tarea que ha ido concretándose a través
de la elaboración de Planes de Manejo para dichas Áreas Silvestres Protegidas, utilizando el
enfoque que provee la Ordenación Forestal Sustentable.
Se requiere dar un segundo impulso a la elaboración de Planes de Ordenación de las Reservas
Forestales del país y a la implementación en el tiempo de los Planes de Ordenación de las Reservas
Forestales que ya han sido elaborados, fortaleciendo la relación de estas unidades con las
instituciones de investigación forestal y ambiental.
8.- Áreas Silvestres Protegidas:
Las áreas protegidas públicas y privadas tienen un alto valor para la industria del turismo, para la
investigación y la educación. Es probable que el país se encuentre en un momento propicio para
analizar los distintos valores que ese sistema posee, logrando de esa forma identificar los criterios
necesarios que permitan avanzar en su racionalización, potenciando también su aporte al
desarrollo regional. Se ha establecido también que las áreas silvestres protegidas que el estado ha
creado desde inicios del siglo XX tienen entre sus objetivos la protección de sitios prioritarios para
la conservación de la biodiversidad, ámbito en el cual el SNASPE tan solo alcanza a proteger el 11%
de dichos ecosistemas.
De forma complementaria a la conservación de la biodiversidad, se deberá continuar avanzando
en la implementación de la Convención de Washington, la que apunta también a “proteger y
conservar los paisajes de incomparable belleza, las formaciones geológicas extraordinarias, las
regiones y los objetos naturales de interés estético o valor histórico o científico, y los lugares donde
existen condiciones primitivas”.
Para destrabar la tramitación del reglamento sobre áreas silvestres protegidas privadas (ASPP), en
el artículo Nº63 de la Ley Nº 20.283 se incorporaron modificaciones al artículo Nº 35 de la Ley Nº
19,300, dejando en manos de CONAF la realización de acciones de fomento y el incentivo para la
creación de áreas silvestres protegidas de propiedad privada, junto con la supervisión de estas
áreas silvestres
75
9.- Incendios Forestales:
Desde una perspectiva histórica se puede señalar que los incendios forestales han perdido
importancia a través del tiempo. No obstante el perfeccionamiento de la regulación de su uso del
fuego, los incendios de magnitud son recurrentes, junto con el daño que produce el fuego en
bosques y plantaciones afectando poblados e infraestructura. Se pueden citar a modo de ejemplos
los incendios de los bosques y plantaciones de La Rufina y Sierras de Bellavista (1999); el incendio
de la Reserva Forestal Malleco junto con el del Parque Nacional Tolhuaca (2002) y el tercer
incendio que afectó al Parque nacional Torres del Paine, esta vez en la temporada 2011 -2012,
junto con los incendios de las quebradas de Valparaíso los que son cada vez más recurrentes.
Es común que el análisis de situaciones tan graves como las señaladas en el párrafo anterior
pongan el acento en el desarrollo del combate de los incendios. Pero esta acción de combatir se
desarrolla, de una u otra forma, dependiendo de las prevenciones que se hayan tomado con
anterioridad. El combate contra incendios, al igual que el enfrentamiento en cualquier batalla,
requiera de una planificación previa que posibilita tener una idea precisa respecto de la necesidad
de los insumos, medios, herramientas, infraestructura y personal, que se requieren para
combatirlos adecuadamente, según sean las condiciones de cada región o provincia, todo lo cual
debe traducirse en planes, presupuestos y las coordinaciones pertinentes.
La planificación que se realiza previamente al comienzo de una temporada de incendios forestales
se denomina Presupresión y se define como: “el conjunto de actividades destinadas a organizar,
preparar y operar tanto recursos humanos como materiales, para detectar y combatir incendios
forestales o de pastizales. Este procedimiento se realiza previo a la supresión o combate”. La
presupresión cobra importancia en un escenario de reducción presupuestaria permanente, de
incremento permanente del costo de las remuneraciones del personal brigadista y de los insumos,
de necesidad de aplicación de nuevas tecnologías y métodos, entre numerosos aspectos que se
pueden mencionar.
La presupresión supone disponer justificadamente de los presupuestos que permitan disponer de
lo necesario para combatir adecuadamente los incendios forestales, siempre bajo el principio de
menor tiempo de llegada al incendio (tiempo de respuesta). Un breve análisis del incendio que
afectó el año pasado al Parque Nacional Torres del Paine permite observar que había una distancia
considerable desde el lugar donde se inició el incendio al lugar donde estaba el personal de
Combate de Incendios; que se debía recorrer un tramo en lancha como parte del camino que se
debía recorrer para llegar al lugar donde se debía combatir el incendio; que en la zona es habitual
la presencia de fuertes vientos. Los tres aspectos señalados son importantes de ser considerados
76
en la etapa de Presupresión, para identificar la mejor forma de anular sus efectos y, en
consecuencia, contar con los medios, materiales, insumos, infraestructura y personal, en cantidad,
calidad y oportunidad adecuados.
El Plan Anual de Presupresión para el Combate de Incendios Forestales, debería ser elaborado
entre los meses de mayo y agosto, para ser incorporados en la discusión presupuestaria y
presentarlo al parlamento en septiembre de cada año. Es necesario también revisar la legislación
que regula el uso del fuego en nuestro país, debido a la incidencia del humo proveniente de
quemas de desechos agrícolas o forestales en la contaminación del aire, condiciones que hacen
necesario avanzar en la eliminación del uso del fuego.
10.- Arbolado urbano:
En 1820 se construyó la Alameda de las Delicias, cuyos árboles se originaron a partir de álamos
traídos desde Mendoza por la Orden de los Franciscanos, iniciativa a partir de la cual el árbol ha
sido incorporado lentamente en las zonas urbanas de nuestro país. En Santiago, además de La
Cañada, existieron el Paseo del Marqués de Obando de 1745, la Alameda de San Pablo de 1775 y
el Paseo del Tajamar, construido en 1792. Al igual que la ciudad de Santiago del Nuevo Extremo,
San Felipe el Real, San Fernando, Santa Rosa de Los Andes, San Rafael de las Rozas (Illapel),
Rancagua, San José de Buenavista (Curicó), Talca, San José de Floridablanca (Parral), La Serena y
Santa Bárbara de la Reina de Casablanca tuvieron cañadas que también sirvieron de paseos.
Luego de que Rodulfo Philippi construyera un Jardín Botánico en la Quinta Normal de Agricultura,
en 1853, iniciativa que fue la coronación del trabajo que comenzó Claudio Gay en 1838,
consistente en plantar allí diversas especies nativas y foráneas, comenzaron a crearse diversas
áreas verdes, como el parque O’Higgins (1873),Parque Santa Lucía (1874). Con motivo de la
celebración del primer centenario de la República, se procedió a la creación del Parque Forestal
(1910), y el Parque Cerro San Cristóbal (1917), complementándose con nuevos jardines el Cerro
Santa Lucía.
Según lo demuestran numerosos registros fotográficos, no fue hasta mediados del siglo XX que el
árbol urbano comenzó a ser incorporado de forma más masiva en las calles, avenidas y plazas de
nuestras ciudades. Existen excepciones, como por ejemplo el caso de la Plaza de la República en
Valdivia, que fue diseñada y plantada con olmos y arces por Carlos Anwanter en 1860.
Para la arborización del Parque Forestal se requirieron 7.700 árboles, los que vinieron desde los
viveros de don Salvador Izquierdo en la Quinta Región, palmas chilenas donadas por don Ascanio
Bascuñán, dueño de la hacienda de Ocoa y 300 plátanos orientales, que fueron traídos desde
77
Francia. Los árboles que se utilizaron para los parques señalados provinieron principalmente del
vivero que existía en la Quinta Normal de Agricultura, de lo que se destaca la importancia de
disponer de un vivero en la ciudad con capacidad de producción de árboles que satisfaga las
demandas de la ciudad.
En las zonas urbanas del país existe un enorme déficit de árboles urbano. Tan solo en el Gran
Santiago, que cuenta con más de 6.000.000 de árboles, el déficit alcanza al doble de dicha cifra. A
partir de la década de los ’90 del siglo pasado, con la finalidad de contribuir a la descontaminación
de Santiago, CONAF construyó viveros que en conjunto entregan un promedio de 25.000
árboles/año.
Durante la primera década del siglo XXI no se ha logrado resolver el cuello de botella que
representa la falta de viveros especializados en producir árboles urbanos, ya sea que estén
gestionados directamente por el estado o por privados mediante convenios. En la presente década
los programas de arborización han concentrado su accionar en el establecimiento de árboles en
zonas urbanas y rurales, denominándose a éstas últimas como periurbanas, donde destaca el
Programa gubernamental “Un árbol por cada chileno” que el año 2011 logró repartir tan solo
543.363 (28,5%) en zonas urbanas de un total de 1.905.348 reportados, donde el resto de los
árboles reportados por CONAF como parte del programa de arborización señalado,
correspondiente a 1.361.985 (71,5%) de plantas fueron establecidos en zonas rurales,
denominadas por CONAF como zonas periurbanas.
En el marco de la ejecución del programa “Un árbol por cada chileno” del año 2012, la Corporación
Nacional Forestal informó a la Cámara de Diputados la entrega de un total de 3.210.117.- de
plantas, de las cuales, de mantenerse la proporción urbano/rural del año 2011, el año 2012 se
entregaron en las zonas urbanas tan solo 914.883.- pequeños arbolitos. El cálculo anterior no es
trivial ya que el programa “Un árbol por cada chileno” está circunscrito en el marco del Programa
de Arborización Urbana contenido en el marco del Programa de Gobierno del Presidente Piñera, el
que es implementado por el Programa de Arborización Urbana de CONAF. En ninguno de los
compromisos señalados se contempla la arborización rural y menos aún la forestación rural en un
contexto “periurbano”.
Es probable que en la actualidad no se cuente con viveros que produzcan plantas en cantidad y
calidad suficientes para abastecer los programas de arborización urbana que ha comprometido el
gobierno. Por este motivo es importante establecer al menos un vivero de plantas urbanas (2
metros de altura y 5 cm de diámetro en la base del tronco) por región, que abastezcan de árboles
urbanos a las municipalidades, organizaciones comunitarias, organismos del estado y a la propia
CONAF.
78
11.- Fomento de Plantaciones Forestales:
El trabajo realizado por Federico Albert en 1915 en el control del avance de dunas o “arenas
volantes”, consistente en un vasto plan de reforestación y la creación de viveros, logró la
plantación de dos millones de árboles aproximadamente. Cuando se inició el Plan Chillán en 1958,
las plantaciones establecidas por Konrad Peters en extensas superficies de la provincia de Arauco
se encontraban en su tercera rotación. Producto de la aplicación de la Ley de Bosques, entre 1940
y 1959 se establecieron plantaciones a una tasa anual de 10.000 hectáreas, la que hacia 1964 bajó
a 6.000 hectáreas/año. Si a estas iniciativas se suman el Plan de Reforestación iniciado por el
gobierno en 1964 y el trabajo realizado por COREF a partir de 1970, se tiene que a 1974 ya existían
en el país más de 800.000 hectáreas de plantaciones forestales.
Las experiencias señaladas sumadas a la aplicación del D.L. 701 de fomento forestal, proveen los
antecedentes necesarios para que en la actualidad se proceda a la creación de Programas
Regionales de Forestación, que se adecúen a las realidades productivas y culturales de los
pequeños propietarios, utilizando principalmente especies nativas y algunas especies introducidas
seleccionadas. Debido a los efectos ambientales y sociales que generan las plantaciones forestales,
es fundamental incorporar un nuevo enfoque en el establecimiento de estás plantaciones, donde
se puede mencionar, a modo de ejemplo, las dificultades que experimentan los pequeños
propietarios en su abastecimiento de agua cuando, en sus predios o en predios vecinos, se
establecen plantaciones de especies de rápido crecimiento.
Otra consideración fundamental a tener en cuenta en la estrategia señalada radica en que es
necesario realizar una revisión completa de los mecanismos, medios e instrumentos de fomento
que se utilizan para fomento de plantaciones con pequeños propietarios, a quienes hasta la fecha,
en líneas generales, se les han aplicado las mismas medidas de política forestal que a los grandes
propietarios. Es imprescindible considerar la aplicación efectiva de paquetes tecnológicos de
última generación que aseguren la viabilidad de la plantación y el compromiso del operador
forestal, generando las condiciones que permitan la eliminación de créditos de enlace de cualquier
tipo, junto con el uso efectivo del Seguro Agrícola.
Para avanzar en el desarrollo forestal sustentable del país es necesario dar por concluido el apoyo
gubernamental que durante 50 años se ha dado a la industria de la celulosa, destinando un
esfuerzo público similar o al menos parecido a los pequeños propietarios forestales. Es importante
apoyar a las regiones en definir el tipo de industria que mediante forestación con especies de
características nobles, o al menos de mejor calidad, requiera apoyo del estado para posicionarse
con el tamaño que los mercados globalizados demandan de sus actores.
79
En esta tarea es importante la asignación de subsidios, e igual de importante es el rol que juegan
los organismos de fomento forestal en la aplicación de mecanismos e instrumentos de fomento,
junto con la promoción de determinados paquetes tecnológicos por parte de las comunidades
locales de pequeños propietarios. Las articulaciones que desarrollan los organismos públicos son
el principal apoyo que tienen los pequeños propietarios para lograr cumplir sus objetivos en el
ámbito forestal, de tal forma que las acciones de extensión forestal y de fomento forestal recogen
el sentido que los pequeños propietarios definen, ayudan a direccionar las acciones que es
necesario implementar y, finalmente posibilitan la entrega de apoyos y subsidios. El estado no
puede seguir eludiendo este importante rol, que es una potente herramienta para salir de la
pobreza.
12.- Fiscalización Forestal:
La puesta en marcha de la Ley Nº20.283 de 30 de julio de 2008,.elaborada para la recuperación del
bosque nativo y el fomento forestal, ha puesto el acento en el otorgamiento de subsidios para
financiar diversas actividades contempladas en Planes de Manejo elaborados para la Ordenación
Forestal Sostenible. No obstante estos esfuerzos, continúa la pérdida de bosque nativo por
degradación, sustitución directa por otros usos productivos del suelo (cultivos, praderas y
plantaciones) y por habilitación de terrenos agrícolas.
En las últimas décadas se ha puesto el acento en las características que debe tener el organismo
que tiene a su cargo las competencias forestales públicas, entre las cuales están la Fiscalización
Forestal, Administración Forestal y Normativas Forestales, situación que ha distraído al país de una
discusión quizás mucho más relevante, como es la identificación de acciones necesarias para
fortalecer y potenciar la actividad forestal en el ámbito general y amplio de la fiscalización
forestal.
A raíz de una denuncia por la supuesta tala ilegal de alerce verde, presentada en febrero de 2004
ante el Segundo Juzgado de Policía Local de Puerto Montt por la Dirección Provincial Llanquihue
de CONAF, se abrió una investigación por el otorgamiento de guías de libre tránsito para sacar
madera de alerce talado ilegalmente. En el marco de esta investigación se constituyó una
Comisión Investigadora en la Cámara de Diputados, la que identificó diversos aspectos necesarios
de implementar para fortalecer la protección de la especie forestal señalada. Un informe
elaborado por Fundación Terram señala que durante el período 1993–2003, el gasto que hizo
CONAF en actividades de fiscalización fue de sólo el 4,5% del presupuesto general de la entidad.
Existen otros mecanismos que podrían permitir una mayor protección del bosque nativo, como
por ejemplo poner en red las diferentes bases de datos que existen en el país sobre propiedad,
tenencia, catastro de bosque nativo, cartografía, proyectos existentes, etc. Esta medida que sirve
80
también para potenciar la extensión y el fomento forestal, facilita y amplía el trabajo que debe
realizar el estado en el ámbito de la fiscalización forestal, permite dar un salto cuantitativo en
gestión al poner restricciones al uso irracional del bosque nativo. Es posible exigir el cumplimiento
de condiciones mínimas exigibles para asegurar la resiliencia del bosque.
Conjuntamente es necesario proveer a los funcionarios públicos de equipos Y herramientas
basadas en Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (TIC’s) necesarias para realizar en
forma eficiente y eficaz actividades de fiscalización forestal.
La Fiscalización Forestal es una actividad que en teoría abarca toda la legislación forestal, pero que
en Chile ha sido restringida solo a la verificación del cumplimiento de solo algunos cuerpos legales.
Desde un punto de vista operativo, el país debe disponer de un instrumental que le permita
abordar la fiscalización forestal de forma integral, contando con sistema de información en base a
tecnologías de información y comunicaciones que le permitan disponer en tiempo real de toda la
información que se requiera sobre un determinado predio, para apoyar el trabajo que realiza en
gabinete y en terreno.
81
COMENTARIOS FINALES
Son numerosos los aspectos de la actividad forestal que es posible explicarse y conocer mirando la
historia del país, contenidos que en este documento han sido abordados, de cuyo conocimiento es
posible llegar a comprender el interés de unos pocos por mantener la situación actual. Por no
conocer nuestra historia permitimos que continúen aplicándose malas prácticas que hace siglos se
debería haber desterrado de nuestra relación con el bosque nativo.
Estamos frente a una paradoja en la que se continúa implementando una política forestal que fue
concebida a mediados del siglo pasado, lo que nos mantiene atados a una cierta forma de hacer
las cosas que nos impide desarrollar forestalmente otros sectores del país. Por este motivo la
institucionalidad forestal tampoco logra desarrollarse en toda la amplitud que se requiere para
aprovechar el potencial forestal que nuestro territorio posee, satisfaciendo las expectativas de
desarrollo de amplios sectores de nuestra población.
Para avanzar en el desarrollo forestal sustentable del país es necesario dar por concluidas las
políticas forestales ideadas el siglo pasado bajo el criterio de sustitución de importaciones,
destinando un esfuerzo público similar, o al menos parecido, al que se ha entregado durante los
últimos 50 años a la industria de la pulpa y la celulosa. Es importante que mirando al futuro el país
responda la siguiente pregunta: ¿Cuál podría ser aquella otra industria que mediante forestación
con especies de características más nobles, o al menos mejor calidad, requiera apoyo del estado
para lograr posicionarse en los mercados globalizados?
La historia nos muestra que el éxito de la forestación que se ha realizado en Chile se ha basado en
los Planes Forestales que el estado ha elaborado, (que ahora deben ser participativos) y en la
creación de viveros fiscales para la producción masiva de plantas forestales. Estos factores se han
dado desde 1840 cuando en Santiago y Aconcagua se comenzó a plantar pino marítimo (Pinus
pinaster) para suplir la falta de leña; con el Plan Chillán (1958) que tuvo sus viveros en la localidad
de Escuadrón, VIII Región; con el Plan de Reforestación de 1964; con la Corporación de
Reforestación (COREF) y el Plan Colchagua (1969-1973); con el accionar de la Corporación Nacional
Forestal la que al momento de su creación absorbió integra a la COREF y sus capacidades de
forestación.
La decisión de plantar especies de calidad, alejándose de la producción de materia prima barata,
debe estar respaldada de una disponibilidad de plantas con calidad y en cantidad adecuadas. De
otra forma la forestación de los pequeños propietarios queda reducida a las plantas que le
entregan los viveros que estén en funcionamiento en un momento determinado y de las especies
que sea posible encontrar. De esta forma dejamos fuera de los circuitos que apoyan el
82
emprendimiento y la innovación a los segmentos del sector forestal que más apoyo requieren del
estado.
El resultado de la actividad de forestación depende de la asignación de subsidios, pero también
depende de la orientación y sentido que el estado a través de sus instituciones le quiera dar,
propósitos que están contenidos en los planes regionales de forestación que desde hace décadas
han sido olvidados en nuestro país, dejando a los pequeños y medianos propietarios sin
posibilidades de decidir lo que en sus predios quieren plantar.
Con el bosque nativo ha ocurrido algo similar. La ausencia de Planes Forestales en la
institucionalidad forestal chilena orientados al manejo sustentable del bosque nativo (por tipo
forestal o por región), es la principal causa de la pérdida de bosque nativo bajo la forma de
sustitución de estos ecosistemas forestales, sea por degradación o que se produzca en forma
directa, proceso en el cual se identifican tres causas principales: a) los incendios forestales y mal
uso del fuego, b) extracción de leña sin respetar la resiliencia del bosque y c) el floreo para uso
industrial.
Es necesario derribar el discurso imperante que explica la neutralidad de las instituciones
forestales frente a los magros resultados de las políticas forestales. Las instituciones forestales no
son neutras en dichos resultados. La ausencia de Planes Forestales como un elemento articulador
del desarrollo forestal local en base a la utilización del potencial del territorio y la participación
ciudadana es la causa principal de: a) la pobreza histórica de las comunidades que viven en zonas
con recursos forestales y b) la acumulación de riqueza en base a la creación de plantaciones
forestales y c) la entelequia que se ha tejido en torno al bosque nativo donde se pone el acento en
lo que puede hacer la Ley Nº 20.283 y no se considera que sean los organismos forestales los que
en conjunto con las organizaciones sectoriales elaboren e implementen planes forestales para
lograr el manejo sustentable. Existen formas modernas de hacer las cosas que aún no han sido
consideradas.
Es común que los análisis sobre la actividad forestal en Chile se realicen observando lo que ha
ocurrido en los últimos 40 años, situación que lleva a que los propósitos que se definan se centren
en el establecimiento de plantaciones de pino y eucalipto, el aprovechamiento de la madera que
esos cultivos forestales generan, poniendo el acento en lo que es capaz de administrar o dejar de
hacer la CONAF.
La situación descrita ha llevado a que los demás componentes de la actividad forestal, por ignorar
su origen y su historia, queden fuera de la política forestal, como es el caso de las áreas silvestres
protegidas, que miradas con una visión reduccionista, se intenta que pasen a formar parte de un
Servicio de Biodiversidad; la situación de la fiscalización forestal que teniendo un sentido amplio y
83
de la mayor relevancia para el país pareciera que no tiene otro propósito que ser el garante de un
Sistema de Pago de Bonificaciones Forestales, o la situación del fomento forestal donde el estado
hasta ha abandonado la producción de plantas forestales, dejando a los pequeños y medianos
propietarios y productores en manos de un mercado muy concentrado, que solo les permite
actuar como productores de materia prima.
El principal resultado rescatable de la historia reciente de la actividad forestal de Chile, a través del
fomento durante 50 años de las plantaciones de especies de rápido crecimiento, radica en la
constatación del enorme potencial del bosque nativo, ya que utilizando como materia prima
especies de bajo valor y escasas propiedades, óptimas para la producción de pulpa y celulosa, al
año 2012 se ha logrado exportar sobre los US$ 5.500 millones. Este dato nos permite imaginar el
enorme desarrollo que lograría nuestro país al poner en producción sustentable los 13.000.000 de
hectáreas que posee.
84
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BREVE RESEÑA DEL AUTOR
Santiago JM Del Pozo Donoso es Ingeniero Forestal de la Universidad de
Chile, Diplomado en Estudios Políticos y Estratégicos. Ha participado en la
elaboración de los siguientes documentos: Plan Nacional de Extensión
Forestal de CONAF (2001); Estrategias Regionales de CONAF para el
Desarrollo Regional (2003); Propuesta de Política Forestal Nacional y del
Bosque Nativo que fue leída en el parlamento por el Senador Rafael
Moreno Rojas (2005); Política de CONAF para el Fomento del Árbol en la
Ciudad (2004-2006) y en la formulación del Plan Santiago Verde del
Gobierno Regional Metropolitano (2007).
Se ha desempeñado como académico en la Universidad Iberoamericana de Ciencias y Tecnología,
a cargo de las cátedras de Certificación Forestal, Sistemas Especiales de Administración de
Empresas y Práctica Profesional en base a la aplicación del Método Marco Lógico. Actualmente
tiene a su cargo la Cátedra de Recursos Naturales de la carrera de Prevención de Riesgos y Medio
Ambiente en la Universidad Miguel de Cervantes. También es relator del tema Conservación de
Especies y Áreas Protegidas en el Diplomado en Políticas Públicas de Medio Ambiente, Energía y
Desarrollo Sustentable, en la misma universidad.
Su carrera profesional la inició en la Corporación Nacional Forestal (CONAF), organismo en el que
se desempeñó como Jefe de Gabinete del Director Ejecutivo de esa Corporación (1997), Jefe del
Departamento Fomento Forestal (2001 – 2005) y Director Regional Metropolitano (2006 -2007).
También tuvo a su cargo la Jefatura de la Unidad de Medio Ambiente del Gobierno Regional
Metropolitano de Santiago (2008).
Actualmente ejerce libremente la profesión de Ingeniero Forestal, como asesor y consultor en
temas forestales, de medio ambiente, arboricultura urbana, docencia, capacitación y probidad
administrativa.
Publica en los siguientes blog: http://accionforestal.blogspot.com/;
http://leydelarbol.blogspot.com/; http://arboriculturaurbana.blogspot.com/. Mayores
antecedentes sobre su carrera profesional en: http://cl.linkedin.com/in/santiagodelpozo
Este libro está dedicado a la memoria de
Daniel Fernández Moena,
abogado, amigo, camarada, sindicalista y compañero de ruta en la lucha contra la corrupción.