Este documento describe la identidad y espiritualidad del educador católico. Explica que un educador católico debe ser un testigo de Jesucristo, un agente de desarrollo humano, y un servidor eclesial que promueve la comunión. También destaca la importancia de actitudes como la esperanza, el respeto y ser un discípulo misionero de Jesucristo para llevar a los estudiantes a conocerlo.