La espiritualidad ignaciana se centra en seguir personalmente a Jesucristo para servirlo y amarlo como él hizo, buscando los medios prácticos para construir el Reino de Dios en la Iglesia y en el mundo. Implica un proceso de discernimiento espiritual guiado por la paz interior para discernir la voluntad de Dios, así como una vida de oración y acción al servicio de los demás.