El documento describe cómo Japón se enfrentó a una decisión crucial a mediados del siglo XIX: resistir las fuerzas occidentales y mantener sus tradiciones o emprender un proceso de modernización para alcanzar el nivel de Occidente. Debido a presiones externas como la intervención de potencias occidentales, Japón optó por la modernización bajo la Restauración Meiji, adoptando selectivamente elementos occidentales como el ejército nacional, el ferrocarril, la industria y la educación, pero conservando su unidad nacional y cultura.