La belleza del alma se logra a través de la pureza, la gratitud y la obediencia. La pureza limpia el alma de contaminación. La gratitud reconoce los favores recibidos y valora a quienes los otorgan. La obediencia a Dios y a los padres agrada al Señor y conduce a la sabiduría. Estas cualidades internas dan una belleza eterna en contraste con la belleza física pasajera.