La confirmación proporciona la plenitud del Espíritu Santo y nos transforma en testigos verdaderos de Cristo, otorgándonos dones para defender y propagar nuestra fe. Nos hace soldados de Cristo dispuestos a dar testimonio de él y llevar a otros el conocimiento y amor de Dios a través de cómo vivimos el evangelio. Además, recibimos los siete dones del Espíritu Santo que nos guían a comprender a Dios, discernir su voluntad, y evitar el pecado para permanecer unidos a él.