El octavo mandamiento prohíbe la mentira. Aunque ocultar la verdad a veces es necesario, como guardar un secreto, la verdad es divina. Mentir con frecuencia corrompe el corazón y es más fácil mentir para evadir responsabilidades. Hay casos en que no se debe decir toda la verdad, como cuando preguntan algo injustamente o un político es acorralado. Gravemente, se peca contra este mandamiento al dañar la reputación de otros a través de la maledicencia o calumnia.