La Iglesia en la Edad Media fue una poderosa institución cultural y religiosa, jerárquicamente estructurada con el Papa en la cima. Controlaba aspectos espirituales y temporales de la sociedad, implementando impuestos y castigos a través de la Inquisición para mantener su autoridad. El cristianismo, declarado religión oficial del Imperio Romano en el 380, se expandió significativamente en Europa, enfrentándose a diversas creencias y estableciendo su influencia durante la época.