La liebre fanfarrona se negó a aceptar la ayuda de la hormiga y el venado cuando quedó atrapada en un charco de lodo, insistiendo en que podía resolver el problema por sí misma. Después de horas sin poder liberarse, finalmente aceptó la ayuda del lobo, comprendiendo que a veces es mejor aceptar la ayuda de los demás para resolver los problemas más rápido.