Este documento discute el origen no hebreo de las doctrinas de la Trinidad y la Triunidad. Argumenta que estas doctrinas se originaron en el pensamiento griego y pagano y fueron adoptadas por la iglesia cristiana en los concilios de Nicea y Constantinopla. También analiza textos bíblicos comúnmente usados para apoyar estas doctrinas y argumenta que deben interpretarse desde una perspectiva hebrea en lugar de griega o cristiana.