El documento habla sobre vaciarse del espíritu del mundo y adquirir el conocimiento de uno mismo. Explica que el espíritu del mundo, según San Pablo, pertenece a los príncipes de este mundo abocados a la ruina, mientras que el Espíritu de Dios es una sabiduría misteriosa destinada a nuestra gloria. También describe cómo el espíritu del mundo nos distrae de Dios a través de la televisión, radio y otros medios, y la importancia de hacer espacio para Dios en nuestras vidas