Marina estaba harta de escuchar todas las preguntas estúpidas que le hacían los
mayores: “¿has pensado ya en lo que vas a estudiar?” “¿Qué quieres ser de mayor?”
“¿Irás a la universidad?”, …
    − ¡Hay que ver! Una no puede disfrutar nunca de su niñez... - repetía constantemente
        Marina.
       Un día, la profesora les mandó a todos sus alumnos que escribieran una redacción
de un folio en la que explicaran cómo se veían en el futuro: qué harían, dónde vivirían, en
qué trabajarían,... Y todas esas cosas que preocupan sólo a los adultos.
       Marina cogió su boli y empezó a escribir:


                                       MI FUTURO
       Mi futuro aún no está decidido, porque prefiero vivir mi presente y así no
lamentarme de no haber hecho lo correcto en mi pasado.
       No sé qué quiero ser de mayor, ni dónde viviré, ni con quién estaré. Más bien, no
sé si quiero ser mayor, sinceramente. Vosotros, los adultos, sólo tenéis esa preocupación
en vuestras mentes. Nunca pensáis, por ejemplo, dónde se esconde la ilusión, ni quién
fabrica la felicidad para que todos riamos. Normalemente, tampoco pensáis en por qué la
gente se pelea, y dedicáis el tiempo a lamentar las guerras y toda la gente que muere
cada día. Tampoco pensáis en la gente que no tiene nada para comer, que no tiene una
casa donde vivir...
       Vuestra preocupación es saber qué vamos a ser de mayores. Todo el tiempo
pensando en nuestro futuro... Pero, mientras tanto, nos compráis todos los caprichos que
queramos para intentar llenar ese hueco que dejáis al pasar cada vez menos tiempo con
nosotros: que si la Nintendo DS, la Play Station, un super-mega ordenador con conexión a
Internet libre,...
       Os excusáis diciendo que trabajáis duro para ahorrar el dinero del que
dispondremos en un futuro para estudiar nuestros super másters e ingenierías que, según
vosotros, nos harán adultos de provecho.
       Tampoco vamos al parque ningún domingo, porque es el único día en el que podéis
descansar y sólo os apetece estar tumbados en la cama o en el sofá. Ah, y cuanto menos
ruido hagamos, mejor... Que a los papás les duele la cabeza.
       Casi todo el día estamos solos, o a cargo de nuestros abuelitos y abuelitas, que los
pobres están ya tan mayores que no pueden estar pendientes de nosotros todo el tiempo.
Hacemos los deberes y estudiamos solos. Si tenemos alguna duda, la apuntamos para
preguntarla a la profesora al día siguiente, que parece ser la única adulta que tiene tiempo
para atendernos. Aunque creo que lo hace más bien porque le pagan, también como
todos los adultos. Pero, ahora bien, si en clase hay algún niño maleducado, que saca
malas notas, que no atiende nunca, que pega a sus compañeros,... Eso es culpa de la
profesora. Los padres, inocentes.
      Mientras pasa todo esto, los adultos sólo gastáis vuestro tiempo con nosotros
preguntándonos por nuestro futuro. ¿Es que acaso podemos pensar en un futuro, viendo
nuestro presente tan negro?
      Yo, por ahora, he decidido no cumplir ni un año más. No celebraré cumpleaños, ni
soplaré velas si es necesario. Prefiero mantenerme así a crecer y ser como vosotros...


Cuando terminaron todos de escribir sus redacciones, la profesora pidió un voluntario
para leer en voz alta lo que habían escrito. Marina levantó la mano y comenzó a leer.
Mientras lo hacía, todos sus compañeros la escuchaban en silencio, y la profesora se
quedó muda al escuchar tantas verdades juntas. Esta fue su conclusión:
   − Haces bien, Marina. No crezcas. El mundo necesita niños como tú.

Mi futuro

  • 1.
    Marina estaba hartade escuchar todas las preguntas estúpidas que le hacían los mayores: “¿has pensado ya en lo que vas a estudiar?” “¿Qué quieres ser de mayor?” “¿Irás a la universidad?”, … − ¡Hay que ver! Una no puede disfrutar nunca de su niñez... - repetía constantemente Marina. Un día, la profesora les mandó a todos sus alumnos que escribieran una redacción de un folio en la que explicaran cómo se veían en el futuro: qué harían, dónde vivirían, en qué trabajarían,... Y todas esas cosas que preocupan sólo a los adultos. Marina cogió su boli y empezó a escribir: MI FUTURO Mi futuro aún no está decidido, porque prefiero vivir mi presente y así no lamentarme de no haber hecho lo correcto en mi pasado. No sé qué quiero ser de mayor, ni dónde viviré, ni con quién estaré. Más bien, no sé si quiero ser mayor, sinceramente. Vosotros, los adultos, sólo tenéis esa preocupación en vuestras mentes. Nunca pensáis, por ejemplo, dónde se esconde la ilusión, ni quién fabrica la felicidad para que todos riamos. Normalemente, tampoco pensáis en por qué la gente se pelea, y dedicáis el tiempo a lamentar las guerras y toda la gente que muere cada día. Tampoco pensáis en la gente que no tiene nada para comer, que no tiene una casa donde vivir... Vuestra preocupación es saber qué vamos a ser de mayores. Todo el tiempo pensando en nuestro futuro... Pero, mientras tanto, nos compráis todos los caprichos que queramos para intentar llenar ese hueco que dejáis al pasar cada vez menos tiempo con nosotros: que si la Nintendo DS, la Play Station, un super-mega ordenador con conexión a Internet libre,... Os excusáis diciendo que trabajáis duro para ahorrar el dinero del que dispondremos en un futuro para estudiar nuestros super másters e ingenierías que, según vosotros, nos harán adultos de provecho. Tampoco vamos al parque ningún domingo, porque es el único día en el que podéis descansar y sólo os apetece estar tumbados en la cama o en el sofá. Ah, y cuanto menos ruido hagamos, mejor... Que a los papás les duele la cabeza. Casi todo el día estamos solos, o a cargo de nuestros abuelitos y abuelitas, que los pobres están ya tan mayores que no pueden estar pendientes de nosotros todo el tiempo. Hacemos los deberes y estudiamos solos. Si tenemos alguna duda, la apuntamos para preguntarla a la profesora al día siguiente, que parece ser la única adulta que tiene tiempo
  • 2.
    para atendernos. Aunquecreo que lo hace más bien porque le pagan, también como todos los adultos. Pero, ahora bien, si en clase hay algún niño maleducado, que saca malas notas, que no atiende nunca, que pega a sus compañeros,... Eso es culpa de la profesora. Los padres, inocentes. Mientras pasa todo esto, los adultos sólo gastáis vuestro tiempo con nosotros preguntándonos por nuestro futuro. ¿Es que acaso podemos pensar en un futuro, viendo nuestro presente tan negro? Yo, por ahora, he decidido no cumplir ni un año más. No celebraré cumpleaños, ni soplaré velas si es necesario. Prefiero mantenerme así a crecer y ser como vosotros... Cuando terminaron todos de escribir sus redacciones, la profesora pidió un voluntario para leer en voz alta lo que habían escrito. Marina levantó la mano y comenzó a leer. Mientras lo hacía, todos sus compañeros la escuchaban en silencio, y la profesora se quedó muda al escuchar tantas verdades juntas. Esta fue su conclusión: − Haces bien, Marina. No crezcas. El mundo necesita niños como tú.