¿Necesitarás un lifting cerebral?
Hay personas que, cuando creen que su belleza o juventud mengua, recurren a
estiramientos de cutis, relleno de senos o remodelación de la nariz o de los pómulos.
Pero lo que realmente preocupa es el envejecimiento mental. ¿Hay fórmulas para
solucionar este problema?
Estamos viviendo en una época en la que los avances científicos parece que
encuentran soluciones para todo. Hace muy poco Larry Norton, Presidente de la
Sociedad Americana de Oncología Clínica, declaraba que las niñas que nacen ahora,
cuando lleguen a la edad de riesgo de sufrir un tumor mamario, ya no tendrán que
preocuparse de este tipo de cáncer. Para ellas será entonces un problema equivalente a
lo que ahora es la polio en los países desarrollados: nulo. Gracias a la biología
molecular, en esta década se avanzará más en el conocimiento y tratamiento del cáncer
que en el resto de la historia de la medicina.
¿Se pueden esperar avances de este tipo en todos los campos?
Un problema que inquieta a muchas personas es el de envejecer y no tanto por el
simple paso de los años como por el deterioro que en muchos casos conlleva en la
calidad de vida. “Yo no tengo ningún problema, -comenta una mujer,- pero me preocupa
lo que le está ocurriendo a mi madre. Hasta hace poco estaba estupendamente, pero de
repente se empezó a deteriorar a un ritmo vertiginoso. ¡Es horrible pensar que a mí me
pueda suceder lo mismo algún día!”
La enfermedad de Alzheimer, que produce degeneración de ciertas formaciones
neuronales y que se manifiesta sobre todo a personas de edad avanzada, puede estar
afectando hoy día a unos 250.000 españoles mayores de 60 años.
Que es un problema que preocupa lo pone de manifiesto el hecho de que la
cosmética mueve al año en nuestro país más de 420 millones de euros, lo mismo que la
cirugía estética que se está extendiendo mucho gracias al sistema de pagos aplazados.
Los españoles gastan al año 120 millones en productos para conservar el cabello y más
de 180 millones en Viagra para corregir una disfunción sexual y mantener el vigor.
El recurso a soluciones mágicas, por costosas que sean, está a la orden del día.
Pero invariablemente las fórmulas milagrosas se desacreditan o se convierten en riesgo,
como ocurrió recientemente con la llamada hormona de la eterna juventud (DHEA),
que experimentaban desde hace varios años 16.000 mujeres en EE UU, suspendida
porque aumentaba el riesgo de cáncer e infarto. Algo semejante a lo sucedido con la
variante masculina, la testosterona, de la que se dispensaban 45 millones de recetas en
los EE UU, retirada de la red comercial por el riesgo de infarto de miocardio y cerebral.
Gimnasia cerebral, la solución
¿Hay solución para este problema? Efectivamente, hay solución y todas las
personas que se inquietan por el riesgo de un deterioro de la mente pueden serenarse y
recobrar la ilusión. Pero hay que advertir de entrada que no se trata de un remedio
mágico que actúe por sí mismo y al margen de la actitud personal. No se consigue en
clínicas especializadas ni por procedimientos externos, hormonas, drogas o terapia de
especialistas. Es algo que puede hacer cada uno por su propia cuenta y prácticamente
sin coste, aunque sí con dedicación.
Se trata de la gimnasia cerebral, una actividad que prepara nuestra mente para
mantenerse en forma frente a los obstáculos de la vida de la misma forma que el
entrenamiento prepara el cuerpo de un atleta para la alta competición. Una actividad que
tiene aplicación y es útil en todas las edades.
Por contraste con la opinión de la mujer manifestada anteriormente, citamos esta
otra. “Hasta hace algo más de un año mi madre vivía una situación personal muy triste.
Le resultaba difícil hablar, no recordaba las palabras, su movilidad era muy torpe. Pero
todo cambió por completo desde que acude diariamente a un centro donde se ocupan de
estimularla, hacer ejercicio físico y sobre todo mental. Ahora ha recuperado mucho el
ánimo, se expresa muy bien y está muy contenta. Tiene 90 años”.
Nuestra capacidad de pensar tiene su sede en el cerebro, un órgano que posee
una fantástica potencialidad. Como todos los demás órganos de nuestra fisiología, el
cerebro también sufre el deterioro físico del paso del tiempo. Desde los 30 años
perdemos diariamente alrededor de un millón de neuronas. Pero esto no tiene que
sorprender ni asustar: tenemos billones y esa pérdida no es significativa. El cerebro
humano puede conservar activas todas sus funciones hasta el mismo fin de la vida. El
envejecimiento biológico no afecta a la intensidad ni a la naturaleza del pensamiento. El
problema no está en la capacidad, sino en la actividad: dejar de usarlo es perderlo.
O usas el cerebro o lo pierdes
Lo que conocemos hoy del cerebro es bastante, a pesar de los innumerables
aspectos que todavía ignoramos de él. Pero ahora nos consta que podemos remodelarlo
con solo empeñarnos en alguna actividad que no nos sea familiar, porque repetir algo
sólo sirve para mantener las conexiones ya establecidas. Cualquier actividad exigente
estimula el crecimiento de las dendritas y se suma a las conexiones neuronales. Hemos
aprendido que las redes neuronales responden a patrones establecidos por experiencias
pasadas: cuanto más a menudo se dispare un patrón concreto en respuesta a un estímulo,
más firme se volverá la red neuronal. Tenemos que utilizar nuestros sentidos y hacer
trabajar las neuronas que están conectadas con ellos o, si no, las perderemos. La
práctica, la actividad, supone un uso adicional de la corteza cerebral y en la práctica
puede configurar permanentemente un cerebro nuevo.
Los especialistas confirman que el cerebro puede ser moldeado por las
experiencias, tal y como los músculos responden a ejercicios determinados. A medida
que nuestro cerebro se adiestra, las tareas van siendo más fáciles y automáticas.
Monique Le Poncin ha verificado mediante técnicas de tomoescintilogía de medicina
nuclear que la gimnasia cerebral reactiva zonas apagadas del cerebro y también pone en
funcionamiento zonas neuronales que permanecían en silencio, es decir, que no se
habían utilizado nunca.
La conclusión es que el deterioro mental no es inevitable y que la degeneración
física no implica necesariamente la mental. No estamos condenados forzosamente a
padecer trastornos cerebrales. Por eso lo primero que ha de hacer la persona que
comience su entrenamiento es convencerse de que puede dejar fuera la angustia y los
prejuicios. Sólo utilizamos una ínfima parte de nuestros recursos cerebrales; el resto
permanece en somnolencia. La baja actividad cerebral no es inevitable: puede ser
combatida y vencida mediante la gimnasia cerebral.

Necesitarás un lifting cerebral

  • 1.
    ¿Necesitarás un liftingcerebral? Hay personas que, cuando creen que su belleza o juventud mengua, recurren a estiramientos de cutis, relleno de senos o remodelación de la nariz o de los pómulos. Pero lo que realmente preocupa es el envejecimiento mental. ¿Hay fórmulas para solucionar este problema? Estamos viviendo en una época en la que los avances científicos parece que encuentran soluciones para todo. Hace muy poco Larry Norton, Presidente de la Sociedad Americana de Oncología Clínica, declaraba que las niñas que nacen ahora, cuando lleguen a la edad de riesgo de sufrir un tumor mamario, ya no tendrán que preocuparse de este tipo de cáncer. Para ellas será entonces un problema equivalente a lo que ahora es la polio en los países desarrollados: nulo. Gracias a la biología molecular, en esta década se avanzará más en el conocimiento y tratamiento del cáncer que en el resto de la historia de la medicina. ¿Se pueden esperar avances de este tipo en todos los campos? Un problema que inquieta a muchas personas es el de envejecer y no tanto por el simple paso de los años como por el deterioro que en muchos casos conlleva en la calidad de vida. “Yo no tengo ningún problema, -comenta una mujer,- pero me preocupa lo que le está ocurriendo a mi madre. Hasta hace poco estaba estupendamente, pero de repente se empezó a deteriorar a un ritmo vertiginoso. ¡Es horrible pensar que a mí me pueda suceder lo mismo algún día!” La enfermedad de Alzheimer, que produce degeneración de ciertas formaciones neuronales y que se manifiesta sobre todo a personas de edad avanzada, puede estar afectando hoy día a unos 250.000 españoles mayores de 60 años. Que es un problema que preocupa lo pone de manifiesto el hecho de que la cosmética mueve al año en nuestro país más de 420 millones de euros, lo mismo que la cirugía estética que se está extendiendo mucho gracias al sistema de pagos aplazados. Los españoles gastan al año 120 millones en productos para conservar el cabello y más de 180 millones en Viagra para corregir una disfunción sexual y mantener el vigor. El recurso a soluciones mágicas, por costosas que sean, está a la orden del día. Pero invariablemente las fórmulas milagrosas se desacreditan o se convierten en riesgo, como ocurrió recientemente con la llamada hormona de la eterna juventud (DHEA), que experimentaban desde hace varios años 16.000 mujeres en EE UU, suspendida porque aumentaba el riesgo de cáncer e infarto. Algo semejante a lo sucedido con la variante masculina, la testosterona, de la que se dispensaban 45 millones de recetas en los EE UU, retirada de la red comercial por el riesgo de infarto de miocardio y cerebral. Gimnasia cerebral, la solución ¿Hay solución para este problema? Efectivamente, hay solución y todas las personas que se inquietan por el riesgo de un deterioro de la mente pueden serenarse y
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    recobrar la ilusión.Pero hay que advertir de entrada que no se trata de un remedio mágico que actúe por sí mismo y al margen de la actitud personal. No se consigue en clínicas especializadas ni por procedimientos externos, hormonas, drogas o terapia de especialistas. Es algo que puede hacer cada uno por su propia cuenta y prácticamente sin coste, aunque sí con dedicación. Se trata de la gimnasia cerebral, una actividad que prepara nuestra mente para mantenerse en forma frente a los obstáculos de la vida de la misma forma que el entrenamiento prepara el cuerpo de un atleta para la alta competición. Una actividad que tiene aplicación y es útil en todas las edades. Por contraste con la opinión de la mujer manifestada anteriormente, citamos esta otra. “Hasta hace algo más de un año mi madre vivía una situación personal muy triste. Le resultaba difícil hablar, no recordaba las palabras, su movilidad era muy torpe. Pero todo cambió por completo desde que acude diariamente a un centro donde se ocupan de estimularla, hacer ejercicio físico y sobre todo mental. Ahora ha recuperado mucho el ánimo, se expresa muy bien y está muy contenta. Tiene 90 años”. Nuestra capacidad de pensar tiene su sede en el cerebro, un órgano que posee una fantástica potencialidad. Como todos los demás órganos de nuestra fisiología, el cerebro también sufre el deterioro físico del paso del tiempo. Desde los 30 años perdemos diariamente alrededor de un millón de neuronas. Pero esto no tiene que sorprender ni asustar: tenemos billones y esa pérdida no es significativa. El cerebro humano puede conservar activas todas sus funciones hasta el mismo fin de la vida. El envejecimiento biológico no afecta a la intensidad ni a la naturaleza del pensamiento. El problema no está en la capacidad, sino en la actividad: dejar de usarlo es perderlo. O usas el cerebro o lo pierdes Lo que conocemos hoy del cerebro es bastante, a pesar de los innumerables aspectos que todavía ignoramos de él. Pero ahora nos consta que podemos remodelarlo con solo empeñarnos en alguna actividad que no nos sea familiar, porque repetir algo sólo sirve para mantener las conexiones ya establecidas. Cualquier actividad exigente estimula el crecimiento de las dendritas y se suma a las conexiones neuronales. Hemos aprendido que las redes neuronales responden a patrones establecidos por experiencias pasadas: cuanto más a menudo se dispare un patrón concreto en respuesta a un estímulo, más firme se volverá la red neuronal. Tenemos que utilizar nuestros sentidos y hacer trabajar las neuronas que están conectadas con ellos o, si no, las perderemos. La práctica, la actividad, supone un uso adicional de la corteza cerebral y en la práctica puede configurar permanentemente un cerebro nuevo. Los especialistas confirman que el cerebro puede ser moldeado por las experiencias, tal y como los músculos responden a ejercicios determinados. A medida que nuestro cerebro se adiestra, las tareas van siendo más fáciles y automáticas. Monique Le Poncin ha verificado mediante técnicas de tomoescintilogía de medicina nuclear que la gimnasia cerebral reactiva zonas apagadas del cerebro y también pone en funcionamiento zonas neuronales que permanecían en silencio, es decir, que no se habían utilizado nunca.
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    La conclusión esque el deterioro mental no es inevitable y que la degeneración física no implica necesariamente la mental. No estamos condenados forzosamente a padecer trastornos cerebrales. Por eso lo primero que ha de hacer la persona que comience su entrenamiento es convencerse de que puede dejar fuera la angustia y los prejuicios. Sólo utilizamos una ínfima parte de nuestros recursos cerebrales; el resto permanece en somnolencia. La baja actividad cerebral no es inevitable: puede ser combatida y vencida mediante la gimnasia cerebral.