www.slideshare.net/jorgeromerodiaz3
Pacto de Sal
Sísara, pues, había huido a pie hasta la tienda de Jael, mujer de Heber ceneo, porque había paz entre
Yabín rey de Hazor y la casa de Heber ceneo. Y salió Jael al encuentro de Sísara, y le dijo: ¡Entra,
señor mío, entra aquí, no temas! Entonces él entró en la tienda de ella, y ella lo cubrió con una
manta. Y él le dijo: Dame, te ruego, un poco de agua para beber, pues tengo sed. Ella entonces abrió
un odre de leche y le dio de beber, y lo volvió a cubrir. Y él le dijo: Quédate en la puerta de la tienda,
y si alguno viene y te pregunta y dice: ¿Hay alguien aquí?, tú le responderás que no. Pero Jael, mujer
de Heber, tomó una estaca de la tienda y asiendo un mazo en su mano, fue calladamente hacia él, y
le clavó la estaca en la sien, la cual penetró hasta la tierra, pues él estaba cansado y dormía
profundamente. Y así murió.
«Jueces 4:17-21 Biblia Textual 3»
Si alguna vez existió un General que fuera una persona miedosa, ese fue Barac. El debería haber estado
luchando, pero dijo que no subiría a la batalla a menos que Débora fuera con él. Si esta profetisa lo
acompañaba, creía que tendría éxito en la batalla. No es extraño que Dios tuviera que usar a una mujer
en aquel entonces. Débora prometió ir con Barac, pero le dijo que una mujer sería la heroína de la batalla.
Débora era una mujer directa, y ella quería lograr la liberación de su pueblo, Barac reunió a su ejército y
se alistaron para ir contra el enemigo y Dios les da la victoria.
Cuando todo el ejército de Sísara había sido destruido, su deseo principal fue salvarse a sí mismo. Al
parecer, los cananeos no habían molestado a los ceneos, y Sísara creía que estaría seguro entre esta gente.
En su huida, Sisara buscó la salvación en la tienda de Jael, la mujer de Heber, y ella le ofreció la
hospitalidad al soldado fatigado.
Según la costumbre de la gente nómada, el deber de recibir a una persona extraña en ausencia del jefe
correspondía a la esposa, por tanto; ella lo recibe y lo cubre con una manta, significando con ello, que la
protección de la casa se encuentra sobre él, desde ese momento queda establecido el derecho de ser
defendido y escondido de sus perseguidores. Este es el primero de los pactos que Jael hizo con Sísara.
Y él le dijo: Dame, te ruego, un poco de agua para beber, pues tengo sed. Ella entonces abrió un odre de
leche y le dio de beber, y lo volvió a cubrir.
Este es el versículo donde se encuentra inherente el pacto de sal, y es que la leche que se guardaba en un
odre dentro de una tienda no podría ser leche dulce como la guardamos nosotros en el refrigerador, esta
tenía que ser leche batida, preparada con sal para poder preservarla dentro del odre. Si te fijas, verás que
Sísara lo que le pide es agua, Jael podría haberle dado a Sísara simplemente agua tal como él se lo pidió,
pero en vez de eso le dio leche, de esta manera, lo que hizo fue hacer un pacto de sal, prometiéndole así
que nunca le traicionaría.
Y él le dijo: Quédate en la puerta de la tienda, y si alguno viene y te pregunta y dice: ¿Hay alguien aquí?,
tú le responderás que no.
Este es otro acuerdo entre los dos, la promesa de que Jael mentirá si alguien viniese preguntando por él.
Pero Jael, mujer de Heber, tomó una estaca de la tienda y asiendo un mazo en su mano, fue
calladamente hacia él, y le clavó la estaca en la sien, la cual penetró hasta la tierra, pues él estaba
cansado y dormía profundamente. Y así murió.
Este versículo parece que vuelca de patas arriba toda la situación. Quienes desconocen el contexto
histórico en que se desarrolló esta historia, sin entender nada, se horrorizan al darse cuenta de que Jael
hiciese tal cosa. Pero sigamos leyendo un poco más adelante (Jue_4:22):
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En esto, he aquí Barac que venía persiguiendo a Sísara, y Jael salió a recibirlo, y le dijo: Ven, te mostraré
al hombre que buscas. Y él entró donde ella estaba, y he aquí Sísara yacía muerto con la estaca en la sien.
La clave aquí se encuentra en “donde ella estaba”. Y donde ella se encontraba era en la parte privada de
“su tienda.” ¿cómo lo sabemos?, en el Oriente, todos los lugares donde se habita tienen un sitio apartado
y privado solamente para las mujeres, el cual se encuentra separado de la mayor parte de la casa. Este
espacio es inviolable; aún hoy; ni siquiera la policía puede violar la privacidad de este sitio de las mujeres,
guerras se han dado a causa de esto, aun en el caso de una tienda, como la que compartían Jael y su
esposo, debía tener un lugar apartado y dividido por un velo sólo para ella. En esa parte de la tienda, por
tanto, le sería muy fácil al fugitivo dormirse sin ser detectado, para tener una garantía más de protección
en la parte secreta de la tienda de ella.
Sísara es lo que debió haber pensado, porque dice que Barac entró donde ella estaba (modismo que
indica su morada privada). Cuando Jael al principio convidó a Sísara a la tienda, sin duda alguna lo llevó
a la parte de la tienda de los hombres, para que descansase allí, lo cubrió con el manto, y le dio leche
salada. Pero posteriormente penetró en la parte que ella habitaba en esa tienda.
Realmente, se buscó su propia desgracia cuando se introdujo en el aposento de la mujer, porque la pena
que se sufre por eso es la muerte. Jael mató a Sísara, porque al introducirse en su lugar privado, la insultó,
pues no confió en ella cuando le recibió, lo cubrió con un manto y le compartió sal al darle leche para
beber en lugar de agua, él no creyó en los pactos que habían hecho juntos, por tanto; él murió por su
incredulidad.
Cuando entendemos la importancia histórica de compartir sal en la bebida o comida con alguien,
podemos entender lo despreciable del acto de Judas, que después de comer del mismo plato con nuestro
Señor Jesucristo (Mr_14:18), fue y lo vendió.
Nosotros tenemos la palabra de Dios, de que Jesucristo murió por todos nuestros pecados, de una sola
vez y para siempre (Heb_10:14), que todo aquel que le recibe como su Señor y Salvador, jamás le
abandonará; y que suplirá todas sus necesidades de acuerdo a Sus riquezas en gloria. Si no creemos esto,
y desechamos la seguridad de la palabra de Dios; si no le creemos, al igual que Sísara, moriremos por
nuestra incredulidad.
Como prueba de que la acción de Jael se encontraba justificada, observe el capítulo siguiente en
Jue_5:24-25: Bendita sea entre las mujeres Jael. Mujer de Heber ceneo; sobre las mujeres sea bendita en
la tienda. Él pidió agua y ella le dio leche; en tazón de nobles le presentó crema... (etc.)
Esta es una indicación posterior de que hasta loores recibió Jael por haberle matado. Anteriormente en
el capítulo cuarto, el Señor señaló que Sísara sería destruido en la batalla; Jael fue meramente el
instrumento en las manos de Dios para que se cumpliese este propósito.
Hay quienes quedan confusos cuando leen en la Biblia que la mujer de Lot se volvió una estatua de sal
cuando desobedeció a Dios y se volvió para mirar la destrucción de Sodoma (Gén_19:26).
Los orientales, sin embargo, comprenden inmediatamente que ella se convirtió en un monumento de su
desobediencia.
Joya bíblica
¿No ha salido ya YHVH delante de ti? (4:14).
Bibliografía
A través de la Biblia, por el Dr. J. Vernon McGee
Comentario Exegético y Explicativo de la Biblia, Tomo I por Robert Jamieson, A. R. Fausset, David Brown.
Orientalismos de la Biblia. Por el Dr. Pillai

Pacto de sal

  • 1.
    www.slideshare.net/jorgeromerodiaz3 Pacto de Sal Sísara,pues, había huido a pie hasta la tienda de Jael, mujer de Heber ceneo, porque había paz entre Yabín rey de Hazor y la casa de Heber ceneo. Y salió Jael al encuentro de Sísara, y le dijo: ¡Entra, señor mío, entra aquí, no temas! Entonces él entró en la tienda de ella, y ella lo cubrió con una manta. Y él le dijo: Dame, te ruego, un poco de agua para beber, pues tengo sed. Ella entonces abrió un odre de leche y le dio de beber, y lo volvió a cubrir. Y él le dijo: Quédate en la puerta de la tienda, y si alguno viene y te pregunta y dice: ¿Hay alguien aquí?, tú le responderás que no. Pero Jael, mujer de Heber, tomó una estaca de la tienda y asiendo un mazo en su mano, fue calladamente hacia él, y le clavó la estaca en la sien, la cual penetró hasta la tierra, pues él estaba cansado y dormía profundamente. Y así murió. «Jueces 4:17-21 Biblia Textual 3» Si alguna vez existió un General que fuera una persona miedosa, ese fue Barac. El debería haber estado luchando, pero dijo que no subiría a la batalla a menos que Débora fuera con él. Si esta profetisa lo acompañaba, creía que tendría éxito en la batalla. No es extraño que Dios tuviera que usar a una mujer en aquel entonces. Débora prometió ir con Barac, pero le dijo que una mujer sería la heroína de la batalla. Débora era una mujer directa, y ella quería lograr la liberación de su pueblo, Barac reunió a su ejército y se alistaron para ir contra el enemigo y Dios les da la victoria. Cuando todo el ejército de Sísara había sido destruido, su deseo principal fue salvarse a sí mismo. Al parecer, los cananeos no habían molestado a los ceneos, y Sísara creía que estaría seguro entre esta gente. En su huida, Sisara buscó la salvación en la tienda de Jael, la mujer de Heber, y ella le ofreció la hospitalidad al soldado fatigado. Según la costumbre de la gente nómada, el deber de recibir a una persona extraña en ausencia del jefe correspondía a la esposa, por tanto; ella lo recibe y lo cubre con una manta, significando con ello, que la protección de la casa se encuentra sobre él, desde ese momento queda establecido el derecho de ser defendido y escondido de sus perseguidores. Este es el primero de los pactos que Jael hizo con Sísara. Y él le dijo: Dame, te ruego, un poco de agua para beber, pues tengo sed. Ella entonces abrió un odre de leche y le dio de beber, y lo volvió a cubrir. Este es el versículo donde se encuentra inherente el pacto de sal, y es que la leche que se guardaba en un odre dentro de una tienda no podría ser leche dulce como la guardamos nosotros en el refrigerador, esta tenía que ser leche batida, preparada con sal para poder preservarla dentro del odre. Si te fijas, verás que Sísara lo que le pide es agua, Jael podría haberle dado a Sísara simplemente agua tal como él se lo pidió, pero en vez de eso le dio leche, de esta manera, lo que hizo fue hacer un pacto de sal, prometiéndole así que nunca le traicionaría. Y él le dijo: Quédate en la puerta de la tienda, y si alguno viene y te pregunta y dice: ¿Hay alguien aquí?, tú le responderás que no. Este es otro acuerdo entre los dos, la promesa de que Jael mentirá si alguien viniese preguntando por él. Pero Jael, mujer de Heber, tomó una estaca de la tienda y asiendo un mazo en su mano, fue calladamente hacia él, y le clavó la estaca en la sien, la cual penetró hasta la tierra, pues él estaba cansado y dormía profundamente. Y así murió. Este versículo parece que vuelca de patas arriba toda la situación. Quienes desconocen el contexto histórico en que se desarrolló esta historia, sin entender nada, se horrorizan al darse cuenta de que Jael hiciese tal cosa. Pero sigamos leyendo un poco más adelante (Jue_4:22):
  • 2.
    www.slideshare.net/jorgeromerodiaz3 En esto, heaquí Barac que venía persiguiendo a Sísara, y Jael salió a recibirlo, y le dijo: Ven, te mostraré al hombre que buscas. Y él entró donde ella estaba, y he aquí Sísara yacía muerto con la estaca en la sien. La clave aquí se encuentra en “donde ella estaba”. Y donde ella se encontraba era en la parte privada de “su tienda.” ¿cómo lo sabemos?, en el Oriente, todos los lugares donde se habita tienen un sitio apartado y privado solamente para las mujeres, el cual se encuentra separado de la mayor parte de la casa. Este espacio es inviolable; aún hoy; ni siquiera la policía puede violar la privacidad de este sitio de las mujeres, guerras se han dado a causa de esto, aun en el caso de una tienda, como la que compartían Jael y su esposo, debía tener un lugar apartado y dividido por un velo sólo para ella. En esa parte de la tienda, por tanto, le sería muy fácil al fugitivo dormirse sin ser detectado, para tener una garantía más de protección en la parte secreta de la tienda de ella. Sísara es lo que debió haber pensado, porque dice que Barac entró donde ella estaba (modismo que indica su morada privada). Cuando Jael al principio convidó a Sísara a la tienda, sin duda alguna lo llevó a la parte de la tienda de los hombres, para que descansase allí, lo cubrió con el manto, y le dio leche salada. Pero posteriormente penetró en la parte que ella habitaba en esa tienda. Realmente, se buscó su propia desgracia cuando se introdujo en el aposento de la mujer, porque la pena que se sufre por eso es la muerte. Jael mató a Sísara, porque al introducirse en su lugar privado, la insultó, pues no confió en ella cuando le recibió, lo cubrió con un manto y le compartió sal al darle leche para beber en lugar de agua, él no creyó en los pactos que habían hecho juntos, por tanto; él murió por su incredulidad. Cuando entendemos la importancia histórica de compartir sal en la bebida o comida con alguien, podemos entender lo despreciable del acto de Judas, que después de comer del mismo plato con nuestro Señor Jesucristo (Mr_14:18), fue y lo vendió. Nosotros tenemos la palabra de Dios, de que Jesucristo murió por todos nuestros pecados, de una sola vez y para siempre (Heb_10:14), que todo aquel que le recibe como su Señor y Salvador, jamás le abandonará; y que suplirá todas sus necesidades de acuerdo a Sus riquezas en gloria. Si no creemos esto, y desechamos la seguridad de la palabra de Dios; si no le creemos, al igual que Sísara, moriremos por nuestra incredulidad. Como prueba de que la acción de Jael se encontraba justificada, observe el capítulo siguiente en Jue_5:24-25: Bendita sea entre las mujeres Jael. Mujer de Heber ceneo; sobre las mujeres sea bendita en la tienda. Él pidió agua y ella le dio leche; en tazón de nobles le presentó crema... (etc.) Esta es una indicación posterior de que hasta loores recibió Jael por haberle matado. Anteriormente en el capítulo cuarto, el Señor señaló que Sísara sería destruido en la batalla; Jael fue meramente el instrumento en las manos de Dios para que se cumpliese este propósito. Hay quienes quedan confusos cuando leen en la Biblia que la mujer de Lot se volvió una estatua de sal cuando desobedeció a Dios y se volvió para mirar la destrucción de Sodoma (Gén_19:26). Los orientales, sin embargo, comprenden inmediatamente que ella se convirtió en un monumento de su desobediencia. Joya bíblica ¿No ha salido ya YHVH delante de ti? (4:14). Bibliografía A través de la Biblia, por el Dr. J. Vernon McGee Comentario Exegético y Explicativo de la Biblia, Tomo I por Robert Jamieson, A. R. Fausset, David Brown. Orientalismos de la Biblia. Por el Dr. Pillai