El Viernes Santo conmemora la pasión y muerte de Jesucristo, simbolizando su sacrificio redentor para la salvación de la humanidad, y se celebra mediante una liturgia sin eucaristía que destaca la adoración de la cruz como símbolo de victoria en lugar de derrota. A lo largo del documento, se reflexiona sobre la misión de Cristo y la importancia de vivir en función de los demás, culminando en la muerte de Jesús en la cruz, que representa el amor de Dios y ofrece perdón y reconciliación. La celebración invita a los fieles a meditar sobre su propia relación con Dios y a enfrentar sus propias cruces en vida, así como a participar en la liturgia que recuerda el sacrificio de Cristo.