Pedro, un pastorcillo aburrido, decidió divertirse gritando falsamente que el lobo venía para asustar a los vecinos del pueblo. En dos ocasiones los vecinos acudieron en vano, enfadándose con Pedro. El tercer día, un lobo de verdad atacó el rebaño y, al ignorar sus gritos de auxilio, se comió a casi todas las ovejas de Pedro, quien tuvo que buscar otro trabajo al quedarse sin rebaño.