El documento describe las tres dimensiones de la función pastoral del sacerdote: a quiénes va dirigida su misión (a la comunidad que le ha sido encomendada), con qué finalidad (para evangelizar, santificar y servir) y cómo llevarla a cabo (con conciencia de llamado, disponibilidad gozosa, en comunión presbiteral y con estilo de buen pastor). El sacerdote debe ser un pastor que guía al pueblo de Dios y que camina con ellos como discípulo misionero, según el ejemplo de Jesús.