La Iglesia debe ser una casa y escuela de comunión misionera. Esto requiere promover una espiritualidad de comunión basada en reconocer a Dios en los demás, verlos como hermanos, y apoyarse mutuamente. La comunión lleva a la misión de anunciar el Evangelio, y la misión fortalece la comunión. La Iglesia debe ser un puente de diálogo que promueva la armonía entre personas e instituciones.