Los laicos y consagrados son llamados por Jesús para trabajar en su viña y construir el Reino de Dios en este mundo, participando activamente en la misión de la Iglesia. Todos los miembros de la familia de la Consolación que participan en el carisma del instituto pueden ser agentes de pastoral en sus lugares de trabajo, asumiendo su identidad y formándose para servir como instrumentos del Señor.