El nuevo párroco estaba muy nervioso en su primer sermón y casi no pudo hablar. La próxima semana, el arzobispo le sugirió poner gotas de vodka en el agua para relajarse. Sin embargo, el párroco puso gotas de agua en el vodka y dio un sermón incoherente. El arzobispo le dejó una nota detallando los numerosos errores en su sermón y pidiéndole que corrigiera sus formas de conducir la misa.