El documento argumenta que quemar iglesias no daña a la Iglesia como institución, sino solo a los edificios. Mientras algunos destruyen propiedad, la Iglesia continúa sirviendo a los necesitados al repartir comida, cuidar a los ancianos y enseñar a los niños. La fe de la Iglesia no puede quemarse, sino que se enciende con amor para perdonar y construir en lugar de destruir. La Iglesia está constituida por personas, no por edificios, y continúa fuerte ayudando