La etapa republicana del Perú se caracteriza por inestabilidad política, económica y social, con frecuentes golpes de estado y cambios constitucionales, así como una destrucción del capital colonial. Durante este período, el país dependió económicamente del capitalismo inglés y enfrentó un racismo persistente hacia las poblaciones indígenas y afrodescendientes. Además, la demarcación territorial y la libre determinación de los pueblos marcaron la pérdida y adquisición de territorios tras los movimientos revolucionarios.