El narrador cava su propia tumba y vacía su ser de todas sus emociones, recuerdos, motivaciones e ilusiones, arrojándolos a la tumba. Luego se abre el pecho para extraer su corazón, dejándolo caer también en la tumba. Al despertar, su pecho se ha cerrado y ya no siente nada. Continúa su camino como un ser no humano.