El salmo establece que para ser huésped del Señor y participar en el culto divino, se requiere vivir con justicia y amor hacia los demás en lugar de rituales externos. Según el salmo, aquel que desea hospedarse en la tienda de Dios debe proceder honradamente, practicar la justicia, no difamar ni hacer daño a otros, y honrar a quienes temen al Señor.