Sin título
"Well, kill me now, if I let you down
I swear it one day we're gonna leave this town
Stop
Yes I'm leavin'
'Cause it just won't work"
(NYC cops, the strokes)
Una sonrisa burlona se dibujó en mi rostro cuando miré ese sobre. De eso hace poco
más de dos semanas. Quizá el hecho de que me levantará más temprano de lo
acostumbrado en mi perezosa rutina, era en ese instante una revelación. Te estás
haciendo viejo, me dije. ¿Para un escritor (o aspirante a escritor) sería bueno que noten
el paso y el peso de sus años? La idea de que esa sonrisa burlesca delatara mi
inseguridad más profunda me asaltó de improviso cuando estaba muy cerca de llegar a
la esquina entre Marcavelica y Grau. Que escritor ni qué carajos, todavía no publicas
algo decente huevón, deberías avergorzarte. Quizá esa debí tomar a esa idea
inconiente, introspectiva como una premonición. ¿Y si me niego a querer ver lo que me
sucede? No lo sé. El sobre es rectangular, mediano, de un amarillo demsiado tosco para
mi gusto, no ponían remitente, sellado cuidadosamente. Examiné el sobre
someramente pero su pulcritud milemétrica me impactó. Por eso lo llevo conmigo.
Porque contrasta con mi putera intencionada dejadez andante. Una barba de ¡un año!,
los ojos ocuros achinados por el insomnio prolongado y mal dismulado con el café
amargo, el cabello alborotado, sin peinar y largo; afean en su máxima expresión mi
rostro cuarentón. ¿Mi ropa? Parece que no me compró algo bueno desde una eternidad:
son retazos de ropa más bien. Mis zapatillas están desgastadas por el uso excesivo (es el
único par que tengo, no joder). Quizá suene histríonico que lo diga pero me gusta vivir
así, en la austeridad sincera. Mira, si eres de esos materialistas que compran chorradas
de cosas indistintamente con efectivo o con tarjeta vete a la mierda, escupitajo y fuck
off motherfucker. Los dedos de mi mano derecha sostienen al sobre por la parte
superior, procuro no ajarlo, no estropearlo.
Me gusta ir al quiosco ambulante de Inés. Queda cerca de mi piso (a cinco cuadras
caminando) y tiene tres cosas básicas que parecen enternas: el peridiódico (siempre a
primera y sin retrasos), papel bond extrablanco y los mejores habanos que alguien
(fumador o no) puede coseguir sin la desconfianza de la estafa. Básicas para mí, quiero
decir... Además su trato siempre es afable conmigo, y no lo voy a negar, se ha hecho
querer doña Inés: el cariño es mutuo y en estas épocas el cariño estan común pero tan
falso que haberlo encontrado aquí es lo que es. En varias ocasiones, me invita a cenar en
su casa porque dice que la mayoría de días no como como debe ser.Y de vez en cuando
le llevo alguna cosita que puedo conseguir y cuando no consigo mucho le leo lo que he
estado trabajando. Sí, ella es mi primera crítica, mi correctora sagaz, mi alentadora; sí,
es todo eso y más, por excelencia. Ahora, Inés duerme con su cabeza ladeada sobre el
hombro izquierdo y su respiración luce calmada y su rostro también. No quise
despertarla, tomé el periódico de esa mañana, dejé escondido en el huequito de
siempre (de cómplices pendencieros) ... bendita seas, Inés querida, le susurré y me
marché por el mismo camino.
Esa mañana es apacible, reconfortante. El sol ya ha levantado pero no incomoda,
escucho poco tránsito en la avenida, el aire corre fresco y se deja querer. Bonita mañana
en el noreste; al otro lado, simetricamente opuesto a la ciudad horrible. ¿De qué vivo?
Pues de lo que encuentro: un día puede ser de conserje en la posada maltrecha del
Gilberto, de vez en cuando cargando en carreta la mercadería del mercado principal, de
vez en cuando de vigilante nocturno en fábricas, edifcios, calles o en el cementerio;
otras tantas de mozo en algún restaurante decente, tmabién lavando carros al paso en
las avenidas principales ... y así. Y lo que gane, depende entre comida o efectivo; de
acuerdo a lo que verdaderamente necesite. No me puedo quejar compadre, administro
bien mi dinero.Y pues te digo, al incio, cuando me mudé aquí no sabía hacer mucho de
cosas prácticas... Yo era asquerosamente teórico, pero como ves, la necesidad pudo
más y no me arrepiento de eso en lo absoluto. En casa, cuando aún no estaba
divorciado, no era capaz de cambiar un foco o de pintar una pared ¿puedes creerlo?
Seguro es de una seguidora que ha leido flamante poemario De parroquianos y
cachondeos. Hasta ahora es mi mejor poemario, solo he publicado tres y he decartado
más de diez: nunca publico algo que me dejé insatisfecho y creo que por eso he
publicado poquísimo hasta la fecha. Seguro se ha tomado una foto muy sensual con el
libro. Seguro está desnuda en su cama, en su baño... quién sabe. En blanco y negro,
como un retro fantástico: sugerente pero no vulgar. Como aquellas fotos que le
llegaban a Bukowski sin previo aviso y sin filtros. Pero el poemario, sí que es vulgar,
carnal, lujorioso. De veras, ese poemario no se lo he enseñado a Inés porque es muy
católica y de esas cosas; y no pues, sería una desfachatez insana de mi parte: ni
pensarlo. Intenté hacerlo de otra forma, pero eso es lo que salió: quince poemas de
regular extensión y muy libinidosos. Mira, como lo veo ahora, el poemario es un
desfogue emocional que necesitaba salir de mí.Y no juzgues mal, porque ese poemario
lo escribí completa y deliberadamente sobrio, sin excesos de alcohol o narcóticos en mi
torrente sanguíneo. Coffee and cigarettes, my little friend. Sino fuera escritor escritor,
sería rockero ¿sabes? Pero no tengo la pericia mínima para eso. Me hubiera gustado
versionar el poema diez -my wife and my friend- en un single de garage rock, algo asi
como Last Nite deThe strokes.
Cinco años demoré en este poemario, cinco años felizmente sobrio, cinco años
divorciado de esa p***, cinco años vivendo aquí, cinco años viviendo así, cinco años y
parece que no voy a morir. Era mi primer sobre del semestre y estaba ansioso por ver
que había adentro. El piso que tengo ahora lo conseguí en una ganga, me lo vendió un
ludópata deseparado por marcharse de ahí y conservar su vida. Lo mejoré poco a poco,
centímetro a centrímetro pero todo con cosas de segunda mano obviamente (en buen
estado, eso sí) Cuatro compartimentos: un baño, la cocina/comedor, mi
cuarto/biblioteca y una pequeña sala. Me desplomé sobre el sofa más largo de la sala
apenas llegué antes de mi corazón colapsará. Me estoy haciendo viejo, pensé. Rasgué
lentamente el sobre y por fín la vi: era un poster tamaño real deThis is it deThe strokes.
Al revés, había una dedicatoria escrita a mano: te encontré cabrón, en el otro lado del
mundo. Si te creíamos, ¿acaso huirás otra vez? Con afecto, J.P. Esa portada, es la portada,
puto, como te amo. No tenía teléfono, internet menos, solo le enviaba dos cartas al año
que nunca eran contestadas porque no colocaba nunca mi nueva dirección y así y todo
me había encontrado. Ah, puto como te amo. La resaca que parecía eterna, se me fue
ese domingo con This is it sonando y resonando en todo mi piso. La resaca se me fue un
domingo, cuando Juan Pablo después de cinco años, nunca desconfió de mi palabra de
ficcionista en ciernes. Me estoy haciendo viejo, pensé, Im not at the modern age, y no
me importa.
Sin titulo

Sin titulo

  • 1.
    Sin título "Well, killme now, if I let you down I swear it one day we're gonna leave this town Stop Yes I'm leavin' 'Cause it just won't work" (NYC cops, the strokes) Una sonrisa burlona se dibujó en mi rostro cuando miré ese sobre. De eso hace poco más de dos semanas. Quizá el hecho de que me levantará más temprano de lo acostumbrado en mi perezosa rutina, era en ese instante una revelación. Te estás haciendo viejo, me dije. ¿Para un escritor (o aspirante a escritor) sería bueno que noten el paso y el peso de sus años? La idea de que esa sonrisa burlesca delatara mi inseguridad más profunda me asaltó de improviso cuando estaba muy cerca de llegar a la esquina entre Marcavelica y Grau. Que escritor ni qué carajos, todavía no publicas algo decente huevón, deberías avergorzarte. Quizá esa debí tomar a esa idea inconiente, introspectiva como una premonición. ¿Y si me niego a querer ver lo que me sucede? No lo sé. El sobre es rectangular, mediano, de un amarillo demsiado tosco para mi gusto, no ponían remitente, sellado cuidadosamente. Examiné el sobre someramente pero su pulcritud milemétrica me impactó. Por eso lo llevo conmigo. Porque contrasta con mi putera intencionada dejadez andante. Una barba de ¡un año!, los ojos ocuros achinados por el insomnio prolongado y mal dismulado con el café amargo, el cabello alborotado, sin peinar y largo; afean en su máxima expresión mi rostro cuarentón. ¿Mi ropa? Parece que no me compró algo bueno desde una eternidad: son retazos de ropa más bien. Mis zapatillas están desgastadas por el uso excesivo (es el único par que tengo, no joder). Quizá suene histríonico que lo diga pero me gusta vivir así, en la austeridad sincera. Mira, si eres de esos materialistas que compran chorradas de cosas indistintamente con efectivo o con tarjeta vete a la mierda, escupitajo y fuck off motherfucker. Los dedos de mi mano derecha sostienen al sobre por la parte superior, procuro no ajarlo, no estropearlo. Me gusta ir al quiosco ambulante de Inés. Queda cerca de mi piso (a cinco cuadras caminando) y tiene tres cosas básicas que parecen enternas: el peridiódico (siempre a primera y sin retrasos), papel bond extrablanco y los mejores habanos que alguien
  • 2.
    (fumador o no)puede coseguir sin la desconfianza de la estafa. Básicas para mí, quiero decir... Además su trato siempre es afable conmigo, y no lo voy a negar, se ha hecho querer doña Inés: el cariño es mutuo y en estas épocas el cariño estan común pero tan falso que haberlo encontrado aquí es lo que es. En varias ocasiones, me invita a cenar en su casa porque dice que la mayoría de días no como como debe ser.Y de vez en cuando le llevo alguna cosita que puedo conseguir y cuando no consigo mucho le leo lo que he estado trabajando. Sí, ella es mi primera crítica, mi correctora sagaz, mi alentadora; sí, es todo eso y más, por excelencia. Ahora, Inés duerme con su cabeza ladeada sobre el hombro izquierdo y su respiración luce calmada y su rostro también. No quise despertarla, tomé el periódico de esa mañana, dejé escondido en el huequito de siempre (de cómplices pendencieros) ... bendita seas, Inés querida, le susurré y me marché por el mismo camino. Esa mañana es apacible, reconfortante. El sol ya ha levantado pero no incomoda, escucho poco tránsito en la avenida, el aire corre fresco y se deja querer. Bonita mañana en el noreste; al otro lado, simetricamente opuesto a la ciudad horrible. ¿De qué vivo? Pues de lo que encuentro: un día puede ser de conserje en la posada maltrecha del Gilberto, de vez en cuando cargando en carreta la mercadería del mercado principal, de vez en cuando de vigilante nocturno en fábricas, edifcios, calles o en el cementerio; otras tantas de mozo en algún restaurante decente, tmabién lavando carros al paso en las avenidas principales ... y así. Y lo que gane, depende entre comida o efectivo; de acuerdo a lo que verdaderamente necesite. No me puedo quejar compadre, administro bien mi dinero.Y pues te digo, al incio, cuando me mudé aquí no sabía hacer mucho de cosas prácticas... Yo era asquerosamente teórico, pero como ves, la necesidad pudo más y no me arrepiento de eso en lo absoluto. En casa, cuando aún no estaba divorciado, no era capaz de cambiar un foco o de pintar una pared ¿puedes creerlo? Seguro es de una seguidora que ha leido flamante poemario De parroquianos y cachondeos. Hasta ahora es mi mejor poemario, solo he publicado tres y he decartado más de diez: nunca publico algo que me dejé insatisfecho y creo que por eso he publicado poquísimo hasta la fecha. Seguro se ha tomado una foto muy sensual con el libro. Seguro está desnuda en su cama, en su baño... quién sabe. En blanco y negro, como un retro fantástico: sugerente pero no vulgar. Como aquellas fotos que le llegaban a Bukowski sin previo aviso y sin filtros. Pero el poemario, sí que es vulgar, carnal, lujorioso. De veras, ese poemario no se lo he enseñado a Inés porque es muy católica y de esas cosas; y no pues, sería una desfachatez insana de mi parte: ni pensarlo. Intenté hacerlo de otra forma, pero eso es lo que salió: quince poemas de regular extensión y muy libinidosos. Mira, como lo veo ahora, el poemario es un desfogue emocional que necesitaba salir de mí.Y no juzgues mal, porque ese poemario
  • 3.
    lo escribí completay deliberadamente sobrio, sin excesos de alcohol o narcóticos en mi torrente sanguíneo. Coffee and cigarettes, my little friend. Sino fuera escritor escritor, sería rockero ¿sabes? Pero no tengo la pericia mínima para eso. Me hubiera gustado versionar el poema diez -my wife and my friend- en un single de garage rock, algo asi como Last Nite deThe strokes. Cinco años demoré en este poemario, cinco años felizmente sobrio, cinco años divorciado de esa p***, cinco años vivendo aquí, cinco años viviendo así, cinco años y parece que no voy a morir. Era mi primer sobre del semestre y estaba ansioso por ver que había adentro. El piso que tengo ahora lo conseguí en una ganga, me lo vendió un ludópata deseparado por marcharse de ahí y conservar su vida. Lo mejoré poco a poco, centímetro a centrímetro pero todo con cosas de segunda mano obviamente (en buen estado, eso sí) Cuatro compartimentos: un baño, la cocina/comedor, mi cuarto/biblioteca y una pequeña sala. Me desplomé sobre el sofa más largo de la sala apenas llegué antes de mi corazón colapsará. Me estoy haciendo viejo, pensé. Rasgué lentamente el sobre y por fín la vi: era un poster tamaño real deThis is it deThe strokes. Al revés, había una dedicatoria escrita a mano: te encontré cabrón, en el otro lado del mundo. Si te creíamos, ¿acaso huirás otra vez? Con afecto, J.P. Esa portada, es la portada, puto, como te amo. No tenía teléfono, internet menos, solo le enviaba dos cartas al año que nunca eran contestadas porque no colocaba nunca mi nueva dirección y así y todo me había encontrado. Ah, puto como te amo. La resaca que parecía eterna, se me fue ese domingo con This is it sonando y resonando en todo mi piso. La resaca se me fue un domingo, cuando Juan Pablo después de cinco años, nunca desconfió de mi palabra de ficcionista en ciernes. Me estoy haciendo viejo, pensé, Im not at the modern age, y no me importa.